Actualidad de la Carta de San Juan Pablo II a las Mujeres

Este contexto tan explosivo respecto a todo lo que gira en torno a la mujer, me lleva a recordar una hermosa carta de gran actualidad que San Juan Pablo II escribió a las mujeres. Es una carta llena de riqueza para que la mujer alcance su realización como mujer cristiana. En esta carta San Juan Pablo II se dirige directamente a cada mujer, para reflexionar con ella sobre sus problemas y sobre las perspectivas de la condición femenina (n.1). Se centra en dos temas principales que son la dignidad y los derechos de las mujeres, considerados a la luz de la Palabra de Dios.

San Juan Pablo II inicia dando gracias a cada mujer por lo que representa en la vida de la humanidad. A la mujer-madre, a la mujer-esposa, a la mujer-hija, a la mujer hermana, a la mujer trabajadora, a la mujer-consagrada, resaltando las características esenciales de cada rol de la mujer (n.2).

En esta hermosa carta San Juan Pablo II reconoce el difícil camino de la mujer que ha sido despreciada en su dignidad, olvidada en sus prerrogativas, marginada frecuentemente e incluso reducida a la esclavitud (n.3). Pero no sólo reconoce eso, sino también reconoce que esas dificultades han hecho que la humanidad entera se haya empobrecido de las auténticas riquezas espirituales de la mujer.

Un punto muy importante de la carta, es que invita a toda la Iglesia al compromiso de ser fieles a la inspiración del Evangelio en lo que se refiere a la liberación de la mujer de toda forma de abuso y de dominio. San Juan Pablo II, nos recuerda que hay un mensaje de perenne actualidad que brota de la actitud misma de Cristo, quien tuvo para con las mujeres una actitud de apertura, respeto, acogida y ternura (n.3). San Juan Pablo II señala la gravedad de que el don de la maternidad sea muchas veces penalizado más que gratificado sin considerar que a ese don la humanidad debe su misma supervivencia (n.4). También afirma que urge alcanzar la efectiva igualdad de los derechos de la persona como son la igualdad de salario, de tutela de la madre-trabajadora, las justas promociones en su carrera y la igualdad de los esposos en el derecho de familia. Para San Juan Pablo II el superar estas injusticias, no sólo es un acto de justicia sino también es una necesidad. San Juan Pablo II se pronuncia enérgicamente respecto a los abusos cometidos contra las mujeres en el campo de la sexualidad. Ante los abusos y las perversiones, reconoce a las mujeres que con amor heroico por su criatura, llevan a término un embarazo derivado de la injusticia de las relaciones sexuales impuestas por la fuerza. Y afirma con mucha claridad, que siendo el aborto un pecado grave, antes de ser una responsabilidad de las mujeres, es un crimen imputable al hombre y a la complicidad del ambiente que lo rodea (n.5).

En este contexto, San Juan Pablo II considera que es necesaria una renovada y universal toma de conciencia de la dignidad de la mujer, considerando la Palabra de Dios que nos permite descubrir con claridad, el radical fundamento antropológico de la dignidad de la mujer en el designio de Dios sobre la humanidad (n.6). Resalta las palabras del Génesis (Gn 1,27) en las que Dios nos manifiesta que ha creado al ser humano a imagen suya y nos dice que el ser humano desde el principio fue creado como varón y mujer (Gn 1, 27). Como Dios se dio cuenta de que no era bueno que el hombre estuviera sólo, creó a la mujer como complemento del hombre y al hombre como complemento de la mujer, de modo que mujer y hombre son entre sí complementarios, lo masculino y lo femenino con una modulación diversa y complementaria a tal grado que sólo gracias a la dualidad de lo masculino y de lo femenino lo humano se realiza plenamente (n.7).

San Juan Pablo II enfatiza que la relación más natural, de acuerdo con el designio de Dios, es la unidad de hombre y mujer en una relación interpersonal y recíproca a la que Dios confía la obra de procreación y de la vida de la familia, así como la construcción misma de la historia. En la carta enfatiza que es mucho lo que deben a la aportación de la mujer los diversos sectores de la sociedad, los Estados, las culturas nacionales y, en definitiva, el progreso de todo el género humano (n.8). Pero no sólo se refiere al progreso científico y técnico sino al progreso ético y social, el de los valores espirituales por los que la sociedad está en deuda con la mujer (n.9).

En esta carta San Juan Pablo II se dirige con mucho cariño a las mujeres exhortando a que se reflexione con mucha atención sobre el tema del genio de la mujer, para que se reconozca en ella el proyecto de Dios y para que se proporcione a la mujer un mayor espacio en el conjunto de la vida social y eclesial (n.10). Nos recuerda que la Iglesia ve en María la máxima expresión del genio femenino, por su obediencia a la Palabra de Dios con que acoge su vocación privilegiada, nada fácil, de esposa y de madre en la familia de Nazaret de tal manera que poniéndose al servicio de Dios, ha estado también al servicio de los hombres con un servicio de amor (n.10).

Por último, San Juan Pablo II se refiere también a la mujer consagrada, a través de la cual se da una especie de profecía con carácter de icono, que se realiza plenamente en María y que expresa muy bien el ser mismo de la Iglesia como comunidad consagrada totalmente con corazón virgen, para ser esposa de Cristo y madre de los creyentes (n.11). Y hace referencia a la larga serie de mártires, santas y místicas insignes así como mujeres que han emprendido iniciativas de importancia social especialmente al servicio de los más pobres (n.11). San Juan Pablo II afirma que no sólo se refiere al papel de las mujeres importantes y famosas, sino también al de las sencillas, que expresan su talento femenino en el servicio de los demás en lo ordinario de cada día, descubriendo así la vocación profunda de su vida (n.12).

Como vemos, esta es una hermosa y oportuna carta sobre la mujer, que toca aspectos fundamentales sobre los que todo cristiano debe reflexionar.

Manuel Ocampo Ponce
Universidad Panamericana
Guadalajara Jalisco, México.

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