Antonio Azorín: un escritor que dejó una profunda huella literaria

José Martínez Ruiz (1873-1967) fue conocido con el seudónimo de Antonio Azorín, o simplemente Azorín. He de reconocer que me identifico con él porque este célebre autor tuvo que superar el estilo oratorio, abigarrado y poco comprensible del largo período decimonónico (los discursos de Emilio Castelar, el teatro aparatoso de José Echegaray o el sentimentalismo de Ramón de Campoamor).

Azorín estuvo mucho tiempo puliendo su estilo hasta que decidió escribir en forma sencilla con “sujeto-verbo-predicado (o complemento)”. Recuerdo que cuando escribía mis artículos para las páginas editoriales de algunos periódicos reconozco que lo hacía con párrafos muy largos y complejos de tal modo que el lector quedaba confundido sin llegar a una conclusión clara y precisa de lo que quería expresar.

Pero leyendo a Azorín con su prosa sencilla y transparente y decidí a imitarle, lo mismo que a Pío Baroja (1972-1956) y Antonio Machado (1875-1939). Todos ellos formaron parte de la llamada “Generación del ‘98” a quienes les afectó mucho que España perdiera los territorios de Filipinas, Puerto Rico y Cuba.  Miguel de Unamuno (1864-1937), líder de esta Generación, lo decía en frase gráfica “Me duele España”. Todos ellos tienen un afán europeizante; desearon que España progresara en todos los sentidos tanto económico como social.; tenían un ansia renovadora de romper con los viejos moldes e incursionar en la literatura moderna y dotar al castellano de nueva renovada belleza y eficacia.

Todos ellos buscaron con enorme pasión el modo de solucionar los grandes problemas de su Patria: unos participando activamente en la vida política, y otros, escribiendo en los principales diarios y revistas.

Azorín decidió establecerse en París donde recibió influencia del Romanticismo alemán, del Simbolismo y el Impresionismo francés. Sus primeras obras literarias consistían en trazar breves frases o pinceladas sobre su realidad circundante y la fidelidad a su percepción sensorial, tal y como lo hacían los pintores Claude Monet, Edgar Degas, Pierre Renoir, Paul Cézanne, Vincent van Gogh y muchos más.

Tiempo después, regresa a España y adopta ese estilo literario directo y sencillo en el que evoca con nostalgia paisajes de su tierra. Por ejemplo, Castilla (1912), los Pueblos (1905), Valencia (1941), El paisaje de España (1917), Río Frío de Ávila (1916), El Escritor (1942), Tiempo y Paisaje (1968), Tiempos y Cosas (1971). Se trata de una revalorización de los valores que su Patria tiene.

Todos ellos fueron sobresalientes estudiosos del Siglo de Oro Español, en particular de Miguel de Cervantes Saavedra, para beber en las fuentes de la riqueza literaria de los clásicos.

También Azorín escribió novelas, obras de teatro y numerosos ensayos en diversos periódicos de su Patria.

En su primera etapa, Azorín estudia Derecho y trabaja en un despacho de abogados. Luego comienza a escribir en periódicos como el “ABC”, “El Imparcial”, “El Globo” y otros más. Asiste con regularidad a las tertulias y reuniones literarias hasta que decide a entregarse por completo al quehacer literario.

Fue un profundo estudioso del estilo y el lenguaje castellanos, por ello, en 1924 fue elegido para formar parte de la Real Academia de la Lengua. Publicó más de cien libros.

He aquí la descripción de una pequeña ciudad castellana: “…Vienen todos a la ciudad; bajan ahora de las colinas y entran en la vega. Cruza la vega un río: sus aguas son rojizas y lentas (…) Crecen los árboles tupidos en el llano.  Una ancha vereda –parda entre la verdura-  parte de la ciudad y sube por la empinada montaña de allá lejos. Esa vereda lleva los rebaños del pueblo, cuando declina el otoño hacia las cálidas tierras de Extremadura. Ahora las mesetas vecinas, la llanada de la vega, los alcores (las colinas) que bordean el río, están llenos de blancos carneros que sobre las praderías forman como grandes copos de nieve. (…) Desde que quiebra el alba, la ciudad entra en animación; cantan los perailes (desenredadores del paño y que prepara lana para tejerla) los viejos romances de Blancaflor y del Cid; (…) ya tocan las campanillas cristalinas…”.

Ha ejercido bastante influencia en muchos otros autores como Camilo José Cela (1916-2002) sus primeras obras y sus viajes descriptivos como “Viaje a la Alcarria”; Miguel Delibes (1920-2010) “Cinco horas con Mario”, “La Hoja Roja”, “Señora de Rojo sobre Fondo Gris”; la escritora italiana Susana Tamaro (1957) (“Donde el corazón te lleve”, “Respóndeme”, “Cada palabra es una semilla”) y otros autores más. Curiosamente el escritor ruso Aleksandr Solzhenitsyn (1918-2008), Premio Nobel de Literatura 1970, tiene ese mismo estilo, como en sus obras “Breves Poemas en Prosa”, “Un día en la vida de Iván Denísovich”, “Por el bien de la causa”, “Primer Círculo”)

A las personas que deseen mejorar su estilo periodístico y literario, les recomiendo leer con calma las obras de Azorín, Antonio Machado, Miguel Delibes, Aleksandr Solzhenitsyn y Susana Tamaro. Considero que se puede aprender mucho de ellos por su sencillez y claridad narrativa.

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