De olimpiadas y patriotismo

«Haced de cada hogar una escuela de patriotismo, sin que os importe el tener o no fortuna; tenéis el patrimonio espiritual, y ese basta; porque no importa nada que los caballeros sean mendigos, con tal de que los mendigos sean caballeros». Juan Vázquez de Mella

La estrategia de la Federación Mexicana de Softbol de reclutar jugadoras en el país donde se juega el mejor softbol del mundo daría frutos a nuestro país cuando clasificaron por primera vez a unos Juegos Olímpicos y se metieron a la pelea por el bronce. El 27 de julio la selección mexicana obtuvo un maravilloso 4º lugar en las Olimpiadas de Tokyo sucumbiendo ante la selección canadiense que se llevaría el bronce. Dicha selección mexicana está conformada casi en su totalidad por jugadoras nacidas en suelo estadounidense pero de origen mexicano. Los aplausos por el evidente logro no se hicieron esperar.

La polémica se desataría dos días después cuando las boxeadoras mexicanas Brianda Cruz y Esmeralda Falcón publicaron en redes sociales que la selección de dicha disciplina había tirado a la basura uniformes de gala, además de playeras y tenis. El presidente del Comité Olímpico Mexicano pidió una sanción ejemplar que incluya el veto de la selección y el caso esta bajo investigación. Por su parte el presidente de la Federación Mexicana de Softbol argumentó exceso de equipaje, razón por la cual se vieron en la necesidad de dejar los uniformes, sin embargo salió a la luz que optaron por llevarse sabanas y almohadas de la Villa Olímpica.

Un hecho desafortunado, una evidente falta de respeto de las jugadoras al haber tirado  sus uniformes a la basura; no hay modo alguno en que se pueda justificar y/o defender tal acción. Si bien es cierto que todos cometemos errores, minimizarlo o deformarlo sería un error. Y digo esto a partir de los argumentos que varios comunicadores, analistas deportivos y aficionados han puesto sobre la mesa en defensa de las jugadoras:

*Bien, un uniforme de seleccionado no es solo una tela o un trapo el cual podemos tirar cuando mejor nos parezca; el uniforme lleva la bandera del país al cual se representa en la mayor justa deportiva del mundo, es irrepetible. No, no existe un contrato donde diga que deba conservarse, lo dice la educación, el respeto y el amor a la patria que se mama desde el seno del hogar.

*Criticar su acción no es una actitud machista o misógina (aquí hace su aparición el feminismo lacerante que aprovecha la ocasión para llevar agua a su molino), toda vez que la crítica objetiva per se carece de odio y sesgo. No se les llama la atención porque sean mujeres, ni porque se les odie sino porque independientemente de su sexo, su acción es reprobable.

*Aludir a la xenofobia es otro error garrafal ya que no se les desprecia en modo alguno, menos aún por haber nacido en Estados Unidos, por tener apellidos anglosajones o por hablar solo ingles; de ser así no habrían formado parte del seleccionado mexicano en ninguna disciplina; no, repito, se critica su actuar carente sentido común y de todo respeto a su país.

*Tanto aquel que gana la presea dorada, el 4º lugar o es último en su prueba no tiene disculpa ante una acción de esa naturaleza. ¿La entrega en la competencia disculpa o le da derecho a un deportista a tirar los uniformes a la basura? No. La entrega en competencia se espera de cualquiera que asiste a Juegos Olímpicos; el respeto y amor a su país es parte de esa entrega, no están disociados.

Y el caso es que justamente ese respeto y amor no se manifiesta en el presente caso, porque la historia no empezó el día del escándalo sino cuando omitieron el logotipo y la bandera de México en el uniforme de competencia. ¿Y quién es el insensato que osaría decir que no hay ofensa cuando alguien hace tales desprecios a través de acciones concretas? Se ha dicho que las jugadoras vienen de una cultura de desechar todo, muy propia de Estados Unidos, pero sabemos también que ellos aprovechan cualquier oportunidad para ensalzar a su patria, sea en el deporte, en espectáculos, películas, etcétera.

Ahora bien, después de enfocarnos en las jugadoras de softbol que sin duda alguna se llevaran un gran aprendizaje de esta situación, aprovechemos nosotros para recordar lo que es el amor a la patria y no cometamos la insensatez de confundirlo con patrioterismo barato, nacionalismo o xenofobia. Nos daremos cuenta de que el amor a la patria no se puede imponer jamás, no se compra y no tiene precio alguno; puesto que a diferencia del nacionalismo que es una ideología, el patriotismo es una virtud que se cultiva en la familia desde el día en que nacemos; es un afecto natural que halla su arraigo en el alma, que trae a la memoria la tierra de nuestros padres y que, tarde o temprano se refleja en nuestro actuar: en el aula, en la sociedad o en la mayor justa deportiva del mundo…

Libertad de expresión, el católico y Libertas Praestantissimum

«No estoy luchando por una libertad que signifique el derecho a hacer lo que me plazca, sino por una libertad que signifique el derecho a hacer lo que se deba. La obligación implica Ley; la Ley implica inteligencia; y la inteligencia implica a Dios». Arz. Fulton J. Sheen

Es común hallar el pensamiento laxo en el católico de que la libertad de expresión significa poder decir lo que queramos. El liberalismo cuenta con flamantes ejemplos de ello, uno es John Stuart Mill, economista y filósofo británico, escribió: “No podemos jamás tener seguridad de que la opinión que tratamos de ahogar sea falsa y aún cuando de ello estuviésemos seguros, el ahogarla sería un mal”. Otro ejemplo es hallado en la Declaración de Derechos de Virginia (que más tarde inspiraría la constitución de los EEUU), en su artículo 12 afirma: “La libertad de prensa es uno de los grandes baluartes de la libertad y no puede ser restringida jamás de no ser por gobiernos despóticos”. Ambos, claros errores del concepto de libertad de expresión. Es un hecho que los EEUU se fundaron sobre principios liberales en todos los aspectos.

Ahora bien, el pensamiento liberal ha permeado en el católico, podemos encontrar grupos como el ENJES (Encuentro Nacional de Jóvenes en el Espíritu Santo) que publicaron en una ocasión un dibujo donde aparecen dos jovencitas sonriendo y abrazándose, una provida y otra proaborto con la leyenda “Podemos pensar distinto sin agredirnos”. A primera vista parece aceptable pero lo que hacemos es afirmar que nos importa un bledo si alguien opina que asesinar en el vientre materno esta bien, porque al fin y al cabo está en su derecho de decir lo que le plazca, mientras no me agreda (ya sabe el “amor y la cordialidad” ante todo). ¿No le parece insultante el pensamiento liberal y su deformado concepto de libertad que se ha extendido en el mundo?

Si llegados a este punto, a usted católico le parece escandalosa la crítica a estos conceptos de libertad, no se preocupe, nuestra Madre Iglesia vigilante y defensora de la verdadera libertad tiene el antídoto para combatir y erradicar su pensamiento liberal. Uno de los mayores combates presentados al liberalismo, condenándolo, lo dió SS León XIII en el año 1888 en su encíclica “Libertas Praestantissium” en la que marca incluso el liberalismo de primero, segundo y tercer grado, aquí algunos extractos sobre el tema que nos atañe:

*En una sociedad humana, la verdadera libertad no consiste en hacer el capricho personal de cada uno ya que esto provocaría una extrema confusión y una perturbación que acabaría destruyendo al propio Estado, sino que consiste en que, por medio de las leyes civiles, pueda cada cual fácilmente vivir según los preceptos de la ley eterna.

*El derecho es una facultad moral. Existe el Derecho de propagar en la sociedad, con libertad y prudencia, todo lo verdadero y virtuoso para que pueda participar de las ventajas de la verdad y del bien el mayor número posible de ciudadanos.

*Las opiniones falsas, máxima dolencia mortal del entendimiento humano, y los vicios corruptores del espíritu y de la moral pública deben ser reprimidos por el poder público para impedir su paulatina propagación, dañosa en extremo para la misma sociedad. Los errores de los intelectuales depravados ejercen sobre las masas una verdadera tiranía y deben ser reprimidos por la ley con la misma energía que otro cualquier delito inferido con violencia a los débiles.

*Si se concede a todos una licencia ilimitada en el hablar y en el escribir, nada quedará ya sagrado e inviolable. Ni siquiera serán exceptuadas esas primeras verdades, esos principios naturales que constituyen el más noble patrimonio común de toda la humanidad.

Así pues, todo lo bello, bueno y verdadero tiene derecho a ser propagado, no así el mal ni la podredumbre. “¡Estaríamos limitando la libertad!” gritara el católico liberal; en efecto, porque para llamarse a sí misma libertad, ha de ser virtuosa y estar circunscrita dentro de la moral. La libertad ilimitada para hacer lo que nos plazca no es otra cosa que la esclavitud del pensamiento y del actuar. Cuando nos sintamos tentados a defender la libertad de expresión ilimitada, piense que aboga para que el cerdo publique pornografía en las redes sociales, lo mismo que una mujer de publicar sobre el derecho a la vida del no nato y la conversión de homosexuales que comienzan a vivir una vida plena y ordenada.

Y solo el liberal, el estulto o el imbécil ignorarían la clara diferencia entre libertad y esclavitud, entre el bien y el mal, entre comer estiércol o una comida nutritiva…

Lucía Alarcón y la deformada libertad de expresión

“¿Se puede curar de la homosexualidad? Si se admite con humildad que el deseo homosexual es el signo de una herida identitaria y amorosa, si se cree que Dios lo puede todo y que tiene los medios para curar incluso nuestras heridas más profundas, yo pienso que SÍ”. Philippe Ariño

Hace unos días Lucía Alarcón, editora en jefe de la revista de moda Harpers Bazaar México, publicó un tweet que tituló: ¡Jesús cambia vidas!, contenía un video de testimonios de personas que practicaron la homosexualidad y lograron ordenar su vida: “Former LGBTQers Testify: If You No Longer Want to Be Gay or Transgender, You Don’t Have to Be”. La publicación se hizo viral provocando la ira y las reacciones de odio hacia su persona, llegando al linchamiento mediático.

La aplanadora homosexual se le ha ido con todo, así como periodistas y comunicadores. Entre la gente que le increpa se hallan cuentas verdaderamente nauseabundas que le exigen su renuncia y que se “eduque”. Ellos publican -lea bien- videos y fotos de actos homosexuales y orgías, promoción de sitios de servicios sexuales. Twitter no restringe el acceso a estas cuentas, cualquiera puede acceder enseguida a ese contenido y nadie pide su censura, nadie reacciona y todos se escudan en la mal llamada “libertad de expresión”, la cual para ser verdadera debe estar circunscrita dentro de la moral.

Lucía solía publicar sobre el derecho a la vida del no nato, sobre el conflicto en Palestina, algo sobre religión y política, entre otros temas, nada contrario al bien común. Los que publican y promueven el estiércol son los que piden su cabeza a tal grado que ella ha presentado una disculpa diciendo que tomará cursos sobre diversidad y agradece a quienes la han «orientado». Sería sencillo hablar de su falta de firmeza, pero ¿acaso sabemos con qué la han presionado? ¿El cierre de la editorial? ¿Pérdida de empleos además del suyo? Y ¿Cómo podríamos hablar de cobardía cuando muchos no somos capaces de publicar nada sobre los verdaderos valores en nuestras redes sociales?

Comunicadores como Mónica Garza le pidieron reconsiderar su postura, porque “se trata de la vida y la estabilidad emocional de ya demasiadas víctimas”. Sin embargo no la veo exigiendo la suspensión de las cuentas abiertamente pornográficas e inmorales donde se cosifica precisamente a los homosexuales que dice defender. ¿Percibe el insulto a la inteligencia y la hipocresía de nuestros flamantes medios de comunicación? Censuramos a quien promueve el bienestar común, mientras que aquel que promueve el estercolero tiene abierta licencia. Todos hablan de la “plenitud” de la practica homosexual, de que no hay nada que curar, pues bien, veamos que tiene que decir Philippe Ariño:

“Lo que me gustaría es que las personas homosexuales se den cuenta de que la gente que les aplaude no las ama, porque en realidad no las conoce y cierra los ojos ante sus sufrimientos, ante su deseo erótico”.

Por otro lado, estamos a veces tan inmersos en nuestra cotidianeidad y nuestros asuntos -yo la primera- que no vemos lo que sucede a nuestro alrededor; somos muchos a favor de los valores cristianos, pero sucede que los vivimos tan privadamente que apenas se nota que somos católicos; y de las redes sociales, diríase que vivimos eternamente en la burbuja de fantasía mientras la ideología de género avanza a pasos agigantados. Vivimos tan separados unos de otros que al estar dispersos (física, intelectual y espiritualmente) difícilmente lograremos algo que contrarreste a la aplanadora de la ideología de género.

Ellos trabajan día y noche, en las redes sociales, en la vida pública sin la menor vergüenza de lo que promueven; manejan los medios de comunicación, modifican las leyes a su arbitrio logrando atrincherar al primero que se le ocurra decir que alguien que practica la homosexualidad puede cambiar y vivir plenamente. No les importa la disculpa, no les importa la dignidad o la vida de los homosexuales; lo que ellos buscan es imponer una mordaza a todo aquel que disienta del discurso políticamente correcto. La pregunta es ¿Dónde estamos cuando eso ocurre? ¿O acaso usted se traga aquel argumento de “discurso de odio” por parte de Lucía? No le creo tan estulto.

Su caso pone de manifiesto hasta qué punto hemos deformado el concepto de libertad de expresión; muchos reirán de cómo lograron doblarla, de cómo es que no ha “quedado bien” con nadie. Donde otros ven una derrota yo veo el valor y el mérito de una mujer que promovía los valores siendo una figura pública. Más nos valdría caminar y tropezar que permanecer cómodamente sentados en la tranquilidad de nuestra casa… cobardemente. No le faltaba razón a Juan Donoso Cortés cuando decía que había que unirnos, no para estar juntos, sino para hacer algo juntos. Y entre más tardamos la aplanadora homosexualista y abortera se adueña de todo…

Madre siempre, madre solo hay una

«¿Por qué no deberíamos pelear por una palabra? ¿De qué sirven las palabras si no son lo suficientemente importantes como para pelear? La Iglesia y las herejías siempre solían pelear por las palabras, porque son las únicas cosas por las que vale la pena pelear» Gilbert Keith Chesterton

 

Es un hecho que toda persona es concebida a través de la unión de un espermatozoide y un óvulo, aportados por el padre y la madre respectivamente. Es un hecho que dos óvulos o dos espermatozoides no pueden unirse ni dar vida a absolutamente nada; un óvulo no puede convertirse en espermatozoide y viceversa. Es un hecho que un hombre no puede llevar una vida en su vientre, solo el cuerpo de la mujer esta estructurado para ello. Es un hecho que si usted nace mujer, morirá siendo mujer; si usted nace hombre así morirá y no hay nada que pueda cambiar ni transformar esa realidad objetiva.

Dicho lo anterior, es importante mencionar un artículo que el diario de circulación nacional “El Sol de México” publicó el 9 de mayo en relación al día de las madres. Como ya es habitual en este periódico al promover la ideología de género, el artículo fue titulado “Madre no, persona gestante sí”. Su contenido es la negación total de que solo la mujer puede concebir, es la afirmación falaz de que una mujer que se identifica como hombre y haga su “transición” para verse como hombre, es ya un hombre y puede gestar (pero obviamente nunca dejo de ser mujer), una sarta de mentiras que son un insulto a la inteligencia.

El caso presentado de Danna Sultana, un hombre que se percibe como “mujer con pene” y su pareja Esteban Landrau, una mujer colombiana que se percibe como hombre; ambos recibieron tratamiento hormonal sin llegar a la mutilación genital. Decidieron tener un bebé de forma natural, algo que es señalado como “él hombre que dio a luz”; se habla de que el embarazo y la maternidad se han “considerado” por mucho tiempo “cosa de mujeres”. Es en este punto que usted debe detenerse y ser consciente hechos objetivos:

Esteban es una mujer y su cuerpo esta estructurado para llevar una vida, por tanto fue posible su embarazo. Danna es un hombre, mismo que aporto los espermatozoides para hacer posible la vida. No existen las maternidades trans sino solo la maternidad, exclusividad de mujer. Independientemente de que alguien crea ser algo que no es, los cromosomas no mienten, la estructura ósea no miente. Este caso se promociono para demostrar que un hombre puede embarazarse, aunque demuestra justamente lo contrario: que solo la mujer puede llevar una vida en su vientre, que solo la mujer es madre y solo existe una maternidad.

Lo anterior no es una consideración, ni una imposición de la sociedad sino la realidad objetiva. No se niega la “maternidad trans” puesto que ésta no existe; los hombres no se embarazan. Usted ha de ser cauto cuando lea un simple artículo, cuando encienda el televisor para ver el noticiero o su serie de acción/drama favorito, cuando escuche un programa de radio. La ideología de género ha permeado en todos los medios de comunicación, en todos los niveles y en todas las estructuras. De suerte tal que la gente difícilmente cuestiona lo que le llega a través de los medios masivos de comunicación.

Quien dude del poder de las palabras debería saber lo nauseabundo de los textos cargados de ideología de género que promueven los mayores desórdenes morales que jamás hayan estado presentes en una sociedad. Lo mismo sucede con aquello que es bello, bueno y verdadero: lo maravilloso de un poema, la delicadeza de una carta que alimenta el alma, lo nutritivo de una lectura inteligente que nos abre los ojos o la importancia de un texto contenido en una ley que protege la vida en el vientre materno, el matrimonio y la familia.

Con nuestro actuar, cada día usted y yo trabajamos para instaurar el orden o el caos; abonamos al bienestar común o apoyamos la demolición de su familia y la mía, de la sociedad en su conjunto. Y solo hablamos de gramática…

CDMX: El asesinato en el vientre materno se extiende a las 20 de semanas de gestación

En 1984 el Dr. Bernard Nathanson grabó por medio de ultrasonido el aborto de un bebé de 12 semanas de gestación, demostrando que éste siente dolor y hace movimientos violentos para evadir la punta de succión. Al percibir la agresión, su corazón se acelera a 200 latidos/min; el cuerpo es desmembrado y el bebé abre su boca en un grito de dolor que el doctor describió como “El grito silencioso”. Ahora bien, la madre puede sentir a las 20 semanas el movimiento del bebé en su vientre; 20 semanas significa poco más de la mitad del embarazo, el bebé mide entre 16 y 20 cm de largo y pesa entre 250-300 gramos aproximadamente.

Lo anterior viene a colación por lo sucedido en nuestra ciudad en recientes días: con 45 votos a favor, 12 votos en contra y cero abstenciones, el 29 de abril del presente año los congresistas de la Ciudad de México abrogaron la Ley de Salud del Distrito Federal y en su lugar expidieron la Ley de Salud de la Ciudad de México. La diputada Lourdes Paz Reyes indicó: “Esta nueva ley sienta las bases para una transformación de los servicios de salud. Su finalidad será que toda persona cuente con un sistema que garantice el acceso al servicio de manera gratuita, universal, equitativa y con perspectiva de género”.

La legisladora no miente, una de las transformaciones está en haber aprobado el aborto hasta las 20 semanas de gestación, siempre y cuando el embarazo sea consecuencia de una violación sexual. La gran particularidad es que al acudir al «centro de salud» no importará si la mujer denunció o no la violación; el personal médico tampoco está obligado a verificar si la mujer fue violada o no. ¿De qué hablamos? De una flagrante mentira, de acceso al aborto hasta las 20 semanas a cualquier mujer que afirme haber sido violada, puesto que ella puede inventarlo y solicitar el aborto. Sí, en efecto hay mujeres que mienten sobre el origen de su embarazo.

Esta además el hecho insultante de la impunidad otorgada implícitamente al violador al indicar que no importa si su crimen fue denunciado o no, lo mismo aplica a los tratantes de blancas. Curiosamente el personal médico que debe reportar de inmediato a las autoridades si hay un herido de bala, no esta obligado –léase bien- a corroborar en modo alguno la violación de la mujer, es decir a ponerla en entredicho, cuando lo que realmente sucede es que esta ayudando al violador a quedar impune. Todo ello significa una serie de fallas deliberadas de la ley en cuestión. Así que, llegados a este punto deberíamos preguntarnos ¿A quién conviene esta nueva ley? Algo es seguro: no a la mujer.

Por lo que se refiere al aborto provocado, es asesinato en el vientre materno, no importa si la concepción fue a causa de una infidelidad, de una violación, durante el noviazgo o en pleno matrimonio. El aborto es asesinato en el vientre materno, no importa si se lleva a cabo a la semana 1, 12, 20 o 9 meses, es el mismo ser humano en una etapa diferente. Y desechar vidas humanas por motivo de su concepción, por algo de lo que no son culpables es una aberración porque implícitamente decimos que unas vidas valen más que otras.

En la era de los derechos humanos, se comete frente a nuestros ojos el crimen más execrable de todos, se legisla sobre ello sin que apenas opongamos resistencia y después nos sorprendemos de la violencia que vivimos en las calles, esa que nos hace sentir temerosos cuando ya hemos colaborado en llevar a cabo el aborto con nuestro cobarde silencio. Pero tengamos por seguro que si nosotros calláramos, las piedras gritarían. Los que han decidido callar ya han tomado partido por las injusticias que se viven actualmente. Y huelga decir que hay una diferencia abismal entre el grito silencioso de los inocentes y el silencio de los cobardes, motivo de censura.

Todo aquel que apoya el aborto debería avergonzarse. Pero todo aquel que no hace algo por la defensa de la vida sabiendo el crimen que se comete, merece una reprobación mayor. Los hay quienes piensan que no hacen daño al opinar de manera favorable al aborto; nunca piensen que una opinión no hace daño a nadie, se hace y mucho; no es respetable en modo alguno. Debe combatirse, más aún si se trata de su propia familia y amigos. La sola pregunta de Dios  ¿DÓNDE ESTÁ TU HERMANO? debería llevarnos a actuar en pro de los más indefensos, so pena de convertirnos en un verdadero Caín…

No mataras, San Carlos Borromeo y la licitud de exponer la vida

«El sacerdote y el soldado; ni uno ni otro viven para sí; para el uno y para el otro en el sacrificio, en la abnegación, está la gloria». Juan Donoso Cortés

Como bien sabemos, el quinto mandamiento no matarás, prohíbe atentar voluntaria e injustamente contra la vida del prójimo o la vida propia. En esto último el suicidio consiste en la destrucción de la propia vida, acto que atenta directamente contra los derechos de Dios violando gravemente el orden por Él establecido. Los seres humanos hemos sido dotados de un fuerte instinto de conservación que nos lleva a proteger la propia vida, por ello el suicidio se considera un mal que confronta ese legítimo amor propio.

Sin embargo, así como el suicidio es un crimen contra Dios y contra uno mismo; existen casos en los que es lícito exponer la vida: por motivos de religión, de justicia y de caridad. En efecto, hemos de diferenciar la causa injusta de la causa lícita, aquella en que es laudable e incluso obligatorio sacrificar la propia vida. Ejemplos de ello tenemos a raudales: los mártires a través de los siglos que prefirieron morir antes de ofender a Dios; el policía que expone la vida para aprehender a los criminales; el militar que pierde la vida por defender a la Patria; el sacerdote y el médico que arrostran las epidemias para ejercer su ministerio o su profesión.

En esta última situación es preciso remarcar el caso particular de los sacerdotes que voluntariamente se han recluido por la situación del Covid; no solo ellos sino también la jerarquía eclesiástica en general al reaccionar de manera desmedida y poca caritativa para con la feligresía al cerrar las iglesias. ¿Por qué? Porque al hacerlo privaron de los sacramentos a los laicos en un mal entendido deber de preservar a cualquier costo la vida material. Y como ya sabemos, la vida material no es un bien supremo; puede a veces ser sacrificada a cambio de otros bienes superiores, tal es el caso de la salvación de la vida del prójimo y su alma.

No es raro que al considerar erróneamente la preservación de la vida como un bien absoluto, nos parezca inconcebible que los sacerdotes expongan la suya ante una epidemia, porque ¿Quién administraría después los sacramentos a los laicos? El sacerdote no vive para sí mismo, tiene el deber especial e insoslayable de cuidar al rebaño que le fue confiado el día de su ordenación. Nuestra generación no tiene más que mirar a través de la historia para poner en su justa dimensión la situación actual y entender cómo fue que las generaciones precedentes superaron adversidades mayores a las nuestras:

El caso particular de San Carlos Borromeo que reacciono ejemplarmente ante la peste que asoló Milán en 1576. Le escribiría al gobernador Don Antonio de Guzmán (que junto a muchos nobles abandonaron la ciudad), echándole en cara su cobardía consiguiendo que éste volviera a su puesto para poner orden al desastre. Como era de esperarse la peste acabo con el comercio produciendo carestía. San Carlos Borromeo agotó sus recursos contrayendo deudas. Ver el pequeño hospital repleto de enfermos, moribundos y muertos, arrancaría lágrimas a este santo pidiendo ayuda a los sacerdotes de los valles alpinos, puesto que los de Milán se habían negado, al principio, a ir al hospital.

El Arzobispo no se limitó a orar, hizo penitencia, organizó y distribuyó víveres; asistió personalmente a los enfermos, a los moribundos y socorrió a los más necesitados. Es éste caso, un ejemplo de cómo es lícito exponer la propia vida en aras de un bien mayor. ¿Qué habría sucedido si San Carlos Borromeo no hubiese actuado a la altura de las circunstancias? ¿Si no hubiera llamado la atención tan duramente al gobernador por su cobardía ante la peste negra? Cabe mencionar que este santo tuvo como tarea principal la de formar un clero virtuoso y bien preparado, haciendo frente a una oposición violenta y sin escrúpulos del clero rebelde de aquella época, destituyendo clérigos indignos.

Contemporáneo de San Felipe Neri, empleo su influencia para que el Concilio de Trento fuera reanudado; encomendó a Palestrina la composición de la Missa Papae Maecelli; impuso la obligación a los sacerdotes de enseñar públicamente el catecismo, todos los domingo y fiestas de guardar; estableció escuelas mediante la Cofradía de la Doctrina Cristiana; etcétera. San Carlos Borromeo habría de sufrir atentados, habría de padecer el amedrentamientos de los gobernantes en turno, a los que respondería con excomunión si la ocasión lo ameritaba; sin duda un gran santo que empleo mano de hierro en las injusticias; sería bastión para la Madre Iglesia durante la contrarreforma y ayuda para los más necesitados durante la peste negra.

Los sacerdotes están llamados a atender a la feligresía, llevando los sacramentos a los enfermos, no privándolos jamás ellos y de la Santa Misa en un mal entendido concepto de salud pública; están llamados a catequizar a los niños y particularmente mantener la virtud. ¿Cuántos San Carlos Borromeo, San Felipe Neri o Santo Cura de Ars ve usted ahora? La sequía de sacerdotes santos y virtuosos como ellos coincide -quiéralo o no- con la idea imperante entre laicos católicos de considerar la vida material como el bien supremo, olvidando las causas lícitas en que se puede matar a un semejante o exponer la vida en aras de un bien mayor.

Seamos ante todo, católicos antes que profesionistas, católicos antes que una cartilla de identidad, católicos antes que provida. Solo así lograremos un discernimiento real ante situaciones de gravedad sin exponer a las almas al abandono. No era casualidad que San Pío X expresara con preocupación: «Todo el mal depende de nosotros, sacerdotes… si todos estuviesen inflamados de un celo de amor, bien pronto la tierra entera sería católica». Ahí lo tiene…

No matarás y la pena de muerte

“La muerte infligida como pena por los delitos borra toda la pena debida por ellos en la otra vida, o por lo menos parte de la pena en proporción a la culpa, el padecimiento y la contrición. La muerte natural, sin embargo, no la borra”. Santo Tomás de Aquino

El quinto mandamiento no matarás, prohíbe atentar voluntaria e injustamente contra la vida del prójimo o la vida propia. Hacerlo es cometer homicidio injusto que per se es un gran crimen, pues atenta contra los derechos de Dios, Señor y Dueño de la vida. A lo largo de la historia, las leyes humanas han castigado de ordinario tales homicidios con la pena capital, como también se castigaba en la ley de Moisés. (Éxodo XXI, 12). Sabemos que la vida material tiene un valor innegable e importante, sin embargo no es el bien supremo dado que puede ser sacrificada a cambio de otros bienes superiores. De aquí partimos en que haya casos en los que está permitido matar a un semejante que, a saber son:

*Legítima defensa. Cuando no hay otra manera de rechazar la agresión injusta se puede matar en defensa de ese bien que se nos quiere arrancar. Para ello, quien es agredido injustamente no debe proponerse jamás la muerte del agresor sino la defensa propia (de otro modo estaría actuando por venganza u odio); que no haya otro modo de salvar su vida.

*Guerra justa. Es lícito matar a los enemigos en el campo de batalla, ésta debe decretarse por una autoridad legítima, no por odio sino por un derecho que se ha violado, que hay causa justa y desde luego, que sea el último recurso habiendo agotado todos los medios pacíficos. Cabe mencionar que la causa justa se da en la guerra defensiva, cuando se contesta una agresión injusta.

*Pena de muerte. Es legítima en virtud del derecho que Dios delega a sus representantes para mantener el orden en la sociedad. Se da en la defensa de toda la sociedad ante criminales especialmente peligrosos. Su aplicación es lícita cumpliendo un par de condiciones: al tratarse de crímenes muy graves, que hayan sido claramente especificados en la ley y que éstos sean evidentemente probados.

Hace unos días la reciente conversa al catolicismo Guadalupe Batallán escribió que “había que tener estómago para ser católico y estar a favor de la pena de muerte”. Bien, debe aclararse que bíblicamente tiene sustento y, hasta nuestros días la pena de muerte ha estado presente en las leyes de diferentes países y la doctrina católica a lo largo de dos milenios la marcó claramente. Así pues, a la luz de la fe católica al hablar de homicidio es importante diferenciar la ocasión voluntaria e injusta de la ocasión justa y lícita. El sentimiento no debe llevarnos a compadecernos del asesino declarándonos enemigos de la pena de muerte. La pena capital no es asesinato (quitar la vida con malos fines y de manera injusta), sino homicidio justificado (cumpliéndose las condiciones mencionadas previamente).

De igual modo, la pena de muerte no debe equipararse jamás con el asesinato en el vientre materno que jamás el lícito y en el que cada uno de los que participa es culpable: los abuelos que pagaron el aborto de su nieto, el amigo que aconsejo el aborto, el que presto el dinero para pagarlo, el personal médico, el fabricante de material quirúrgico, el que vota por el partido abortista, el padre que consiente o abandona a la mujer y la madre que aborta. El bebé en el vientre materno es la víctima más indefensa, desprotegida por las leyes del mundo, mientras que el asesino condenado a pena de muerte, previamente tuvo infinidad de ocasiones en las cuales pudo cambiar el rumbo de su vida y sin embargo obstinado en su actuar daño gravemente a la sociedad. En tales circunstancias la doctrina católica reconoció el legítimo derecho de una sociedad a salvaguardar la seguridad al dictar pena de muerte al asesino.

El católico ha de ser ante todo, católico. Significa que ha de mirar las verdades de fe y poner la vida y el acontecer cotidiano a la luz del Magisterio de la Iglesia Católica, tener presente la doctrina y sus dogmas, la práctica de la vida sacramental, etc. En el movimiento provida se hallan personas de diferentes creencias como judíos, musulmanes, budistas, evangélicos, protestantes, luteranos, agnósticos, liberales, incluso ateos como lo fue Guadalupe Batallán. Todos unidos en una lucha común loable, entonces ¿qué podría estar mal? Que en los momentos cruciales fallaran en uno u otro aspecto, muy propio de sus creencias e ideas: los métodos anticonceptivos son aceptables, que la fecundación in vitro es buena, que los vientres de alquiler son de gran ayuda, que la pena de muerte es indignante o que la guerra siempre es mala y debe evitarse a toda costa, etcétera.

He aquí que el católico ha de ser luz para los demás, porque es indudable que un católico es provida, (entiéndase un católico que conoce su fe), pero un provida no es necesariamente católico. Sin embargo el católico liberal o el católico contagiado por las ideas del mundo se convierte en el Caballo de Troya perfecto al interior del movimiento provida y más aún en cuestiones de fe católica, relegándola al terreno del sentimiento. Por ello, el que un católico sea provida no es prueba alguna de su fe católica. Pero el católico coherente es, a la postre, garantía de la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural, entendiendo los casos en que está permitido matar a un semejante sin que ello implique contradicción alguna.

El converso al catolicismo Gilbert Keith Chesterton comprendía lo que significaba abrazar la fe católica como un todo, plasmándolo en una magistral frase: “La iglesia nos pide que al entrar en ella nos quitemos el sombrero, no la cabeza”. Un recordatorio siempre necesario a los recientes conversos que no logran desprenderse aún de las ideas del mundo.

Seamos ante todo católicos y lo demás vendrá por añadidura…

El miedo: la enfermedad más contagiosa

«La juventud prolongada -permitida por la actual prosperidad de la sociedad industrial- redunda meramente en un número creciente de adultos puerilizados». Nicolás Gómez Dávila

Es un hecho que las personas mueren, es parte de la vida, sin embargo, con la situación del Covid parece que apenas nos damos cuenta -horrorizados- de que eso sucede con frecuencia. Las pérdidas humanas siempre son dolorosas. En épocas anteriores con una esperanza de vida menor, no era casualidad que apenas naciera un bebé, era bautizado a la mayor brevedad. Los padres eran conscientes de la importancia de la recepción de los sacramentos antes de que fuese demasiado tarde.

No obstante, para nosotros ahora, la salud y la vida material pareciera lo importante y en torno a ella hemos permitido que todo, absolutamente todo gire, desde nuestros hábitos, las relaciones sociales e incluso, nuestra vida religiosa. Muchos toman decisiones no por responsabilidad, ni siquiera porque les importe la salud de los demás, sino por miedo, sí, miedo a morir. Comenzamos a denunciar a otros por no obedecer, por reunirse con su familia, por abrir su negocio para sobrevivir. Tan solo ver lo que hemos hecho, en lo que hemos convertido las relaciones interpersonales y la sociedad en un tiempo record, para darnos cuenta de que el miedo es la enfermedad más contagiosa; no la peste, no un virus, sino el miedo.

Solo mire a su alrededor, ¿cuántos se encierran para salvar la propia vida? y aunque lo logren, habrán perdido valiosas oportunidades de estar con los demás, de ayudarles. Vivimos la caída de la economía, la pérdida de empleos, el cierre de negocios y la supresión del culto religioso. Tenga claro que la vida material tiene su valor porque en ella hay un alma a la cual salvar. Pero en nuestro afán de salvar la vida material, comenzamos a vivir sin Dios, sin sacramentos, sin los demás. Nos dicen que no habrá Misa y ni siquiera nos damos cuenta de lo que eso significa. ¿Cuándo fue que tuvo más valor la vida material que salvar el alma?

Lo que caracteriza a la generación actual es que somos frágiles, no solo de pensamiento sino de forma de vida, proporcionada por la tecnología y los avances en diferentes campos. Vivimos instalados en una placentera comodidad que nos ha dañado. Olvidamos que si estamos aquí es por gracia de Dios y por lo que las generaciones precedentes enfrentaron: las hambrunas, las pandemias como la peste negra o la gripe española, guerras mundiales, revoluciones; los padres daban su vida para proteger la de sus hijos, hoy no queremos ni saludar de mano a nuestra familia. Hemos convertido la vida material en el bien supremo no importando si desechamos a otras personas en el camino para protegernos.

¿Cuánta gente se encuentra sola sin recibir visita de nadie? ¿Cuántos que viven sanos y encerrados voluntariamente pero que mueren cada día de miedo y basados en ello toman las decisiones más absurdas? Esperan que pasé esta situación para vivir nuevamente, tal vez mañana, el mes entrante, el próximo año. Ignoran que esta situación no pasará jamás; ha llegado para instaurar un nuevo orden mundial; ha llegado para generar un cambio radical en el seno mismo de las familias, en las relaciones interpersonales, el comercio, la industria, la migración, llegando al ámbito moral y religioso; control poblacional ni más, ni menos.

La situación en la Iglesia no es alentadora tampoco, el miedo esta presente: ¿Cuántos sacerdotes que toman las medidas sanitarias más absurdas en Misa llevando a la feligresía a cometer abusos litúrgicos, pero se niegan a salir para administrar los sacramentos a los enfermos? Recientemente escuche a un sacerdote decir “Prefiero molestarlos con el cubrebocas que velarlos”, bien, resulta que ese mismo sacerdote se ha negado a llevar la sagrada comunión a los enfermos, menos velarlos. De más está decir que el sacerdote no ha de guardar jamás su vida para sí mismo sino para servir al rebaño y ganar almas para Dios, sobre todo en los momentos más necesarios. ¿Se da cuenta ahora de lo absurdo que es valorar más la propia vida material que la salvación de las almas?

Salga a caminar, converse, sonría y ría a carcajadas, respire aire fresco, visite a sus familiares, reúnanse y abrácense. Vaya a Misa, usted y los suyos reciban los sacramentos con la debida reverencia y disposición, especialmente si están convalecientes. No se trata de ser irresponsables y descuidar la vida material, sino de no darle el mayor valor aislándonos para “preservarla” cuando de sobra sabemos que la muerte es un destino al que todos estamos llamados. Cuando dejemos de temer el morir tomaremos decisiones conscientes para cuidar de los nuestros como es debido; dejaremos de obedecer órdenes solo porque sí, discerniremos si es pertinente seguirlas. Cuidaremos el estado de nuestra alma y nuestra fe.

Hay miedos comprensibles, pero el que hoy pulula entre la gente por la situación de Covid es una de las peores cosas y lo más terrible es que se contagia fácilmente. «¡Nos veremos pronto!» decía un eslogan de salas de cine y que ahora está grabado en las mentes de casi todos. Esperemos que ese mañana no sea tarde, cuando la vida se nos haya consumido, precisamente cuando más queríamos conservarla…

El amor, la guerra gramatical y la homosexualidad

“Ser homosexual significa extender los parámetros del sexo, la sexualidad y la familia, y transformar el tejido mismo de la sociedad” Paula Ettelbrick

El 14 de febrero, el diario de circulación nacional “El Sol de México” publicó varios artículos referentes al día de San Valentín en el que uno de esos artículos hablaba sobre el «amor» entre hombres heterosexuales y «mujeres trans», es decir una relación de hombres con hombres. El hombre que vive como si fuera mujer narraba que «ellas» sufrían porque los hombres con los que se involucraban se avergonzaban de su relación y por tanto, era necesario que la sociedad normalizara las relaciones entre hombres heterosexuales y «mujeres trans» para que «ellas» se sintieran libres de prejuicios y seguras.

¿Qué es lo que está mal? Todo.

El amor no es un sentimiento sino un acto de la voluntad, acorde al amor unitivo entre hombre y mujer. El amor verdadero se da en la complementariedad de los sexos, en la apertura a la vida y las relaciones homosexuales son el repudio físico, emocional y sexual a esa complementariedad. El rechazo de la realidad, la falta de solidez y la consiguiente promiscuidad en que viven limitan también sus relaciones; no tienen la estabilidad propia de un matrimonio.

Un hombre ciego es un ciego, una prostituta es una prostituta y no una sexoservidora. Ahora bien, un hombre vestido de mujer sigue siendo hombre, un hombre con los genitales mutilados sigue siendo un hombre dado que el cambio de sexo no existe, usted nace hombre o mujer y así morirá. Por tanto, no puede hablarse de relación entre hombres heterosexuales y “mujeres trans” cuando es evidente que ambos son del sexo masculino. Dejar de llamar a las cosas por su nombre no solo significa mentir de manera flagrante, el objetivo es transformar todo lo que conocemos mediante las palabras. Estamos en una guerra gramatical en la que se están cambiando los conceptos de la naturaleza humana; todo ello desde el seno mismo de las leyes, hasta un simple artículo dominical.

No falta quien opine que no hay nada de malo en los actos homosexuales. Cabe señalar que ser comprensivos con los demás no implica mentirles sobre las consecuencias que conlleva una conducta desordenada. El argumento recurrente de “solo buscan el amor”, no es verdad. Con el pretexto del “amor” los que impulsan la ideología de género exigen que la sociedad “normalice” las relaciones homosexuales intrínsecamente desordenadas; más tarde demandan el derecho al matrimonio buscando su redefinición y posterior destrucción mediante legislaciones absurdas; después reclaman su “derecho” a formar una familia y como es obvio que no pueden hacerlo de manera natural, exigen tenerla mediante la adopción de niños, la fertilización in vitro y los vientres de alquiler; hablamos de la destrucción total de la familia y la manipulación de la vida humana.

Y todo ello para que se sientan “aceptados”; aluden a un sentimiento destruyéndolo todo. Pero no hace falta más que sentido común: Si un hombre dice que tiene que estar con más mujeres además de su esposa para sentirse pleno ¿Usted va a exigir que se normalice el adulterio? Si un pedófilo dice que para sentirse amado deben dejarle abusar de los niños ¿Usted va a ayudarle a que lo logre? Bien, lo mismo sucede con los que practican la homosexualidad, su bienestar no radica en que se vistan como mujeres, se mutilen los genitales, se les acepte en las competencias deportivas y del espectáculo de mujeres, se le llame matrimonio a sus uniones, etc. Su bienestar radica en aceptar el sexo con el que han nacido, ordenar sus afectos y vivir a plenitud.

La sociedad no debe normalizar algo que es de suyo desordenado, menos aún presentarlo como lícito so pretexto de tratar en igualdad algo que no lo es. Estimado lector, jamás se atreva a enseñar tales mentiras a un niño porque gran parte de la estupidez mental en que vemos sumidos a no pocos adolescentes y jóvenes que defienden conductas desordenadas proviene de lo que han aprendido en su hogar, en sus aulas, con los amigos, en internet. Tenemos el deber insoslayable de no enseñarles que los actos homosexuales, la pedofilia, la violación, la prostitución, la pornografía, el adulterio y el aborto sean moralmente lícitos y buenos. El amor no está presente en ninguno de esos actos, antes bien, matan, denigran y hieren profundamente al ser humano.

Llamar a las cosas por su nombre es visto como una fobia a algo o a alguien, no lo crea en absoluto. Hable con base a la realidad y a la verdad. Gilbert Keith Chesterton lo advertía el siglo pasado: “Llegará el día en que será preciso desenvainar una espada por afirmar que el pasto es verde”

Henos aquí, deseo que libre usted la mejor de sus batallas…

Noticias del gran mundo

“Para poder avanzar, primero hay que recordar”

El capitán Jefferson Kyle Kidd es un veterano de la Guerra de Secesión que viaja de condado en condado para narrar noticias del mundo, sea de política, aventuras o actos heroicos de la gente común. En su travesía encuentra a una niña que era trasladada por las autoridades a casa de sus familiares; sus padres y su hermana habían sido asesinados hacia seis años siendo ella la única sobreviviente y por tanto secuestrada por los indios Kiowa. Ante la falta de personal militar, decide llevarla él mismo con su familia. La historia se trata de la travesía a lo largo de 640 km que ambos recorren para llegar al hogar de Johanna, una travesía llena de contrariedades, problemas, peligros, dolor y al final, sanación.

Basada en la novela homónima de Paullete Jiles, “Noticias del gran mundo” está dirigida por Paul Greengrass y protagonizada por Tom Hanks (capitán Jefferson Kyle Kidd) y la pequeña actriz alemana Helena Zengel quien a su corta edad cuenta con un Premio de Cine de Alemania por su participación en el drama “Syster Chasher” y que ha sido nominada al Globo de oro por interpretar a Johanna Leonberger en la presente producción “Noticias del gran mundo”.

Volviendo a la trama, con el pasar de los días Johanna recuerda palabras de su idioma natal, el alemán; resulta evidente que recuerda mucho más: el asesinato de su familia. Ella desarrolla el gusto por las historias que narra el capitán Jefferson quien perdió a su esposa y su imprenta en la Guerra de Secesión, así que tuvo que reinventar su vida para seguir adelante. Si bien ya no imprimía los periódicos, empezó a leerlos a la gente a cambio de algunas monedas. De esa forma encontró el medio para vivir y al tiempo daba esperanza a aquellos que oían sus historias, porque no solo se limitaba a leer, también les ofrecía una reflexión.

Una vez que Jefferson se da cuenta de la gravedad de la situación, decide ayudar a Johanna; no la suelta jamás aunque ello pone en peligro su vida y lo manifiesta así: -“Supongo que ambos enfrentaremos nuestros temores en este camino”, en efecto, habrían de forjar una amistad. Una lección para nosotros que hemos hecho de este mundo uno que tiende a “soltar” todo y a todos cuando se presentan dificultades, que ha puesto la felicidad en un peldaño y no tolera el dolor ni las contrariedades. Bien podríamos reflexionar ¿Cuántas veces nos hemos comportado egoístamente con los demás cuando atraviesan un suceso difícil?

En la travesía, encuentran la casa de Johanna; ella baja de la carreta y se acerca. Encuentra solo las huellas de aquello que perdió, de una vida otrora bella y hoy una casa vacía y desolada. Si bien Jefferson hubiera querido ahorrarle los recuerdos dolorosos, ella le contesta algo tan cierto como esperanzador: –“Para poder avanzar, primero hay que recordar”. Recordar puede ser muy doloroso, más aún si se trata de algo maravilloso de nuestra vida, sean personas, lugares o vivencias que ya no están y que es imposible recuperar. Recordar es necesario, no para vivir en el dolor del pasado sino para sanar las heridas del alma y hallar la fuerza para continuar hacia adelante.

Un proceso desde luego nada sencillo. Pocos pueden entender el duelo que se vive ante una pérdida, pocos comprenden cuando alguien necesita reconstruirse a sí mismo. Atravesando una situación así, podemos llegar a ser un poco como Johanna: difíciles de tratar, difíciles de comprender y difíciles de querer que algunos optarán por alejarse. Lo extraordinario es que Dios en su infinita misericordia no nos olvida jamás y nos permite encontrar a otros que nos fortalecen en la vorágine del día a día. La historia del capitán Jefferson y Johanna no es más que la historia de la superación del dolor profundo de una pérdida y el largo camino que se debe recorrer, a veces tortuoso para sanar, reconstruir todo y seguir avanzando.

Una maravillosa y memorable película llena de esperanza que no debe

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