El milagro del Padre Stu

Fue el año 1992 cuando Stuart Long regresaba del trabajo en su moto, sería atropellado por un auto, ocasionándole una conmoción cerebral, tobillo roto y múltiples moretones. Su entonces novia se valió de la Iglesia para ayudar a rehabilitarlo. Stuart recibiría el bautismo en la Vigilia Pascual de 1994 en la cual tendría la repentina convicción de que Nuestro Señor le estaba llamando al sacerdocio. Comenzó a dar clases en una escuela católica de California, para 1997 se muda al Bronx con el objetivo de discernir su vocación con los Frailes Franciscanos de la Renovación que a su vez lo enviaron a la Universidad Franciscana Steubenville en Ohio, donde obtuvo la maestría en filosofía.

Fue en el seminario Monte Ángel que empezaría a experimentar problemas físicos que afectarían de tal manera que poco a poco le dejaría imposibilitado para ejercer su ministerio. Fue ordenado diácono en 2006 y se vislumbraba la posibilidad de que no pudiera ser sacerdote. Desolado, decidió hacer una peregrinación al Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, Francia; en busca de un milagro que curase su enfermedad, pero lo que halló fue la paz que le faltaba. A su regreso, recibió la noticia de que el Obispo George Thomas había decidido –después de discernimiento y la guía de Dios- ordenarlo sacerdote en la Catedral de Santa Elena; para entonces corría el año 2007. El Padre Stuart trabajaría como pocos en su ministerio sacerdotal.

Hace unas semanas se estreno en nuestro país una película basada en la vida de este ejemplar sacerdote titulada “El milagro del Padre Stu” dirigida por Rosalind Ross, estelarizada por Mark Wahlberg, Mel Gibson, Jacky Weaver y Teresa Ruiz. Anunciada por múltiples medios católicos y más tarde recomendada por un sinfín de personas. En medio de una aplastante mayoría de películas de antivalores, pareciera que una película que narra la historia de un sacerdote es un oasis al que aferrarnos, pero no siempre es así dado que “El milagro del Padre Stu” tiene contenido que es necesario observar, (que no es lo mismo que criticar las conversiones de los demás), tenga esto presente.

La película nos muestra a Stu (Mark Wahlberg) como un hombre tosco, de carácter difícil y obstinado que boxea; básicamente no ha hecho nada trascendente en su vida y, una vez que le indican que padece una infección de mandíbula, debe dejar el boxeo. Dolido bebe y visita a su hermano en el cementerio, enojado por su suerte golpea una imagen de Jesucristo. La madre Kathleen (Jacky Weaver) y el padre Bill Long (Mel Gibson) son retratados como el matrimonio en caos que se rompió hace muchos años a raíz de la muerte de su hijo menor. Ahora Bill es trabajador de la construcción cuyo vicio es el alcohol, ateo, soez, el típico padre desobligado y vicioso. Kathleen, la madre que trata de cuidar a su hijo, dándole ánimos.

Conoce a una joven hispana por la que se acerca a la Iglesia y se bautiza. Sobrevive a un accidente en motocicleta, en su recuperación siente el llamado de Dios al sacerdocio que causa el rompimiento de su noviazgo. Entra al seminario, al poco tiempo empieza su enfermedad degenerativa. A pesar de las circunstancias es ordenado sacerdote y lleva a cabo su ministerio en medio de innumerables complicaciones de salud. La película es la opera prima de Rosalind Ross quien también escribió el guion. Lo anterior resulta de trascendencia dado que los diálogos están prácticamente plagados de vulgaridades que, por ratos intentan hacer reír al público y en otros, ridiculizar temas importantes de la fe católica.

Stuart es retratado como un verdadero asno, sin educación alguna, sin embargo, el verdadero Stuart era letrado, se había licenciado en Escritura y Literatura Inglesas. Su padre, siendo operador de maquinaria pesada, viajaba mucho, responsable con su familia, la cual siempre estaba encantada de verlo. Su pequeña hermana Amy decía que Stuart había tenido una infancia feliz. La familia pasó dificultades, sí, pero no era disfuncional, algo que, la película deja  plasmado. Vemos a un Stuart que desafía a la jerarquía católica para poder cristalizar su sueño de ser sacerdote y, le llamo sueño más no vocación, dado que pareciera que este es uno más de sus experimentos para realizarse en la vida.

Él sigue siendo el mismo, antes y después de su ingreso al seminario, “denuncia” en su perorata lo “injusta y avariciosa” que es la jerarquía católica por impedir su sueño de ser sacerdote. Otro absurdo es darle un toque de “picardía” cuando manosea a su exnovia al ofrecerle ella su apoyo ante la situación; su reacción cuando por un breve instante se resigna a casarse con ella, ignorando que le van a regalar la ordenación sacerdotal. Pero un sacramento no es un regalo humano, tampoco se otorga por causar más pena al ser una persona con discapacidad, por ser de escasos recursos o porque la diócesis entera lo solicite. Las libertades cinematográficas que se tomo la producción fueron tantas que despedazaron la historia de este sacerdote.

La película está plagada de diálogos vulgares, alguna toma en ropa interior, la crítica/mofa siempre presente a la Iglesia Católica, desde su manejo interno hasta errores deliberados como decir que Jesucristo se sintió traicionado a la hora de su muerte. Todo ello en un afán de agradar a un público no solo agnóstico o ateo sino también a un público católico terriblemente formado. Algunos dirán “¡Vamos solo bromean! Lo que importa es el mensaje”, pero lo vulgar y la critica mal intencionada a la fe católica no es para tomarse a la ligera. Incomprensible que tantos católicos –sacerdotes incluidos- la recomendasen, es de obviar que han hecho una lectura muy pobre de la misma.

Pregúntese ¿Toda argucia cinematográfica o vulgaridad es válida para llegar al corazón de las personas? La respuesta es absolutamente no, puesto que un verdadero cine católico no busca que los demás sientan bonito –al más puro estilo protestante- sino incomodar, provocar conversiones, tal como lo hizo “La Pasión” de Mel Gibson, la mayor producción cinematográfica de todos los tiempos. Ahora pregúntese ¿Cuál era el problema de retratar la verdadera historia de este sacerdote? También estamos necesitados de ejemplos reales de familias que superan sus dificultades, pero ello fue omitido dolosamente.

La película “El Milagro del Padre Stu” es apenas para adultos, no es católica y mucho menos recomendable. No se conforme jamás con un cine de ínfima calidad.

Elena Poniatowska, ídolo de la izquierda y cultura contemporánea

“La literatura contemporánea, en cualquier época, es el peor enemigo de la cultura. El tiempo limitado del lector se gasta en leer mil libros mediocres que embotan su sentido crítico y lesionan su sensibilidad literaria”. Nicolás Gómez Dávila

Hace unos días, durante el día, estaciones de radio anunciaban a Elena Poniatowska con bombo y platillo la celebración por su cumpleaños número 90. El festejo fue llevado a cabo en el Palacio de Bellas Artes, máximo recinto cultural de nuestro país. Entre los asistentes se hallaba Alejandra Frausto Guerrero, secretaria de Cultura federal; Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno de la Ciudad de México; Marcelo Ebrard Casaubon, secretario de Relaciones Exteriores, Marta Lamas, antropóloga, feminista y pro aborto, María Teresa Priego, feminista y pro aborto; entre otros más.

Hija de Paula Amor y el príncipe Jean E. Poniatowski, Elena junto a su madre y hermana, llegarían a México a causa de la Segunda Guerra Mundial librada en Europa, mientras su padre iba al frente de batalla. Dedicada al periodismo y a la escritura, fue apodada como la «princesa roja” por su adhesión a la izquierda y su origen real. Se le conoce como una escritora cercana a las “causas justas” y feministas. Autora del libro “La noche de Tlatelolco” que vio la luz en 1971 y fue la recopilación de relatos acerca de la matanza ocurrida en 1968, en la que se alteró testimonios y presento una historia intrincada, situación que le costaría una demanda por parte del escritor Luis González de Alba quien había vivido y escrito al respecto, ganando el pleito legal contra Elena.

Las “causas justas” la llevarían a escribir y opinar en varias ocasiones a favor de la organización abortista “Católicas por el Derecho a Decidir”, apoyando así el aborto, como ella misma lo expresaría: “Obviamente soy católica, tengo antecedentes religiosos y de niña scout, pero creo que la única que debe decidir sobre su cuerpo es la mujer”. Elena crítica reacia de la “jerarquía católica” como hacen tantos de izquierda y derecha para posicionar opiniones deleznables, en este caso el asesinato en el vientre materno. Otra de sus “causas justas” es el apoyo a la prostitución que hizo al firmar un manifiesto en contra de la ilegalización del sindicato de trabajadoras sexuales OTRAS en España; toda vez que la prostitución no es ningún trabajo sino la explotación de la mujer, favoreciendo así a los proxenetas.

Entre los galardones recibidos por Elena, está el Premio Miguel de Cervantes que otorga el Ministerio de Cultura y Deporte de España, considerado el galardón literario más importante en lengua castellana y es entregado por el Rey de España. Como es bien sabido, el gran literato participó en la Batalla de Lepanto, recibiendo heridas graves en el brazo izquierdo que le provocarían inmovilidad, dando paso a su sobrenombre “El manco de Lepanto”, autor de la máxima obra de la literatura castellana “Don Quijote de la Mancha”. Miguel de Cervantes, sobrado ejemplo de que una discapacidad motora no limita el escribir una obra magistral, pero una inteligencia deformada por la nefasta ideología de izquierda e ideología de género puede dar paso a las opiniones más abyectas, apoyando causas deleznables como hace Elena.

Pero nuestros contemporáneos otorgan los galardones más importantes a la literatura intrascendente; se exhibe en los máximos recintos culturales a los ídolos de izquierda, derecha y liberales cuyas obras impregnadas de su ideología inundan las bibliotecas, las ferias de libros y acaparan la “cultura” del día. Ya lo decía Nicolás Gómez Dávila: “La prensa de izquierda le fabrica a la izquierda los grandes hombres que la naturaleza y la historia no le fabrican”.

Desarrolle gusto por la lectura y aspire siempre a leer aquello que valga la pena y ayude a su intelecto…

De la fiebre de la lectura a la fiebre por la basura de Los Bridgerton

Se dice que a mediados del siglo XVIII ocurrió la fiebre de la lectura, particularmente los jóvenes dedicaban mucho tiempo a la lectura de novelas. En nuestros días existe, diría yo, la fiebre por las series en varios portales de internet. A este respecto, puede hallarse varias adaptaciones a la pantalla grande de los clásicos de la literatura inglesa de la época georgiana y victoriana como Jane Austen, las hermanas Brontë, Charles Dickens, Elizabeth Gaskell, Thomas Hardy, entre otros.

Recientemente se transmite en un portal de internet una serie llamada Los Bridgerton ambientada (o tratando de ser ambientada) en la época georgiana, más específicamente el período de la Regencia en aristocracia británica. La serie presenta absurdos en todos sus puntos: noviazgos y matrimonios interraciales, aristocracia de raza negra, vestuario absurdamente colorido y ostentoso, contenido sexual, diálogos irrisorios: vulgaridad pura y dura. El resultado es una abyecta producción, de las miles que se pueden hallar en internet, solo que ésta ha sido vista por millones alrededor del mundo.

No es que la producción rompa estereotipos, es que miente de manera flagrante sobre la aristocracia y realeza británica de entonces, en la que los negros no formaban parte. Y de ello dan cuenta no solo las novelas sino la historia del país. ¡Racista! ¡Xenófoba! No, no están mal los matrimonios interraciales, sino pretender que eran algo habitual en el período georgiano, cuando es bien sabido que en el país británico la esclavitud era una práctica normalizada ¿Mintió Jane Austen al retratar en sus novelas a una aristocracia exclusivamente blanca? No. Este simple hecho es suficiente para darse cuenta de la tremenda tomada de pelo que significa la serie.

Otros argumentaran que la producción no busca un rigor histórico, que se trata de una fantasía inclusiva, el sueño dorado de esta generación deformada hasta el tuétano en el intelecto. Como fantasía y cuento de hadas es pésima, como novela de época una basura total. Algunos la comparan con Orgullo y Prejuicio –penoso-, la escritora sin duda volvería a morirse al saber que su célebre novela es comparada con un producto de nula calidad. Los Bridgerton cumple con el objetivo primario de ser el centro de discusión sobre su “inclusión racial”, sobre el sexo consensuado o violación, sobre el empoderamiento de la mujer, etcétera.

Pero la deformación de los clásicos no empezó con esta producción sino con adaptaciones tales como la de Orgullo y Prejuicio en 2007 (Keira Knightley y Mattew McFadyen), que mostraba a las señoritas Bennet como harapientas, viviendo en una casa sucia con animales por todos lados, sin modales; poca veracidad en la vestimenta de la época, aunque su banda sonora es de lo mejor. Mujercitas 2019 es otra producción que deformo de manera similar la novela original. Nadie duda que estas dos producciones puedan enganchar, pero siempre hay que aspirar a ver algo de calidad, como sus versiones previas: Orgullo y Prejuicio 1995 y Mujercitas 1967.

Desde luego la podredumbre siempre ha existido, películas de época con contenido sexual, el nulo rigor histórico en otras, pésimas interpretaciones en aquellas, fallas deliberadas aisladas. Sin embargo en Los Bridgertone los límites no existen más, cada aspecto es atacado, destruido y reconstruido falazmente. Si lo duda, tan solo vea las opiniones de varios fanáticos que se asombran de que, en aquella época hubiera “inclusión racial”, verdaderamente penoso. Solo nosotros somos responsables de lo que llega a la pantalla. Que esta serie sea de las de mayor audiencia habla mucho del público consumidor.

¿Fue un error que los jóvenes del siglo XVIII se aficionaran tanto a la lectura? No. Lo que está mal antes y ahora es no diferenciar lo valioso de lo que es basura, leer solo por leer, puesto que las lecturas execrables han existido siempre. ¿Está mal ver series de televisión o internet? No, pero debe desecharse no solo lo que no aporta nada sino también aquello que claramente esta diseñado para embrutecer el intelecto. Infinidad de mujeres gustan de la literatura inglesa y sus adaptaciones a la pantalla grande, esto lo sabe la industria cinematográfica, por tanto han de cuidar sigilosamente lo que ven, so pena de verles enganchadas de un producto como Los Bridgerton, algo muy propio para simios…

Burger King: las blasfemias y el boicot

«Si soportar las injurias que nos alcanzan personalmente (y respetar a las personas que lo profieren) es un acto virtuoso, soportar las que atañen a Dios es el colmo de la impiedad». Santo Tomás de Aquino

Durante la Semana Santa, la cadena de comida rápida, Burger King desplego una campaña publicitaria en la ciudad de Sevilla, España para promocionar menús vegetarianos. Podía leerse lo siguiente en la parada de autobús:

“Tomad y comed todos de él. Que no lleva carne” y “Carne de mi carne”, y después las palabras “carne” tachadas y escritas sobre ellas: “Vegetal”.

A este respecto debemos saber que la blasfemia consiste en decir o hacer gestos injuriosos contra Dios, la Santísima Virgen, los santos o la Iglesia. Comete blasfemia aún si el ofensor es o no católico. La blasfemia intenta presuntuosamente deshonrar a Dios. Pueden leerse infinidad de argumentos excusando la campaña de la empresa, sin embargo, no ha sido error o una idea ingeniosa para llamar la atención al consumidor. Cualquier campaña está pensada, pasa por rigurosa revisión de impacto, así que sabían perfectamente a quien ofendían.

Aludir a libertad de expresión o broma es absurdo, es blasfemia pura y dura; no hay forma alguna de admitirla. Con deliberada voluntad la blasfemia es pecado grave y en ello no se admite parvedad de materia, es decir, que si alguien comete blasfemia, no hay blasfemia grave y blasfemia leve, todas son graves. La empresa se “disculpo” este Domingo de Pascua con el siguiente mensaje vía Twitter:

“Pedimos disculpas a todos aquellos que se hayan sentido ofendidos por nuestra campaña dirigida a promocionar nuestros productos vegetales en Semana Santa. Nuestra intención nunca ha sido ofender a nadie y ya ha sido solicitada la retirada inmediata de la campaña”.

Empero hay que aclarar algunos puntos al católico en general y en especial a los proclives a “perdonar, aceptar y disculpar” lo que sea no importa cuánto ofendan su fe.

  1. La ofensa y blasfemia no fueron error, fue dolo
  2. Burger King nunca se disculpo
  3. No aplica lo de poner la otra mejilla

Quien sea observador, se dará cuenta de que la empresa nunca se disculpó, antes bien señala a «quien se haya sentido ofendido», pero jamás tomo la responsabilidad por la ofensa cometida, solo habla de la delicada sensibilidad de algunos, es decir que la culpa la tienen los que se ofendieron. Presentar su comunicado justo cuando termina la Semana Santa es la continuación de la burla, pues lo retiran no por presión o rectificación de sus acciones, sino porque la blasfemia cumplió su cometido. Además una disculpa deshonesta es tan repugnante como la ofensa y blasfemia previas.

Por lo que se refiere al argumento de poner la otra mejilla, la cita bíblica se refiere a cuando nos ofenden a nosotros, con los enemigos personales; en cuanto a los asuntos de Dios se le debe defender en todo momento. Dejarlo pasar es muy propio de quien prefiere la amistad del mundo que el respeto y amor a Dios. La impiedad siempre admite un amplio abanico de actitudes: desde apatía o tibieza para los actos de culto a Nuestro Señor, hasta la calumnia, desprecio o ataques a la religión. Por tanto, el boicot es lo mínimo que deberíamos hacer; en todo ataque es un deber salir al paso.

Hágalo particularmente en la vida cotidiana, donde no hay publicidad de por medio, cuando la ocasión se presente, no lo dudemos, hay que actuar en defensa de Nuestro Señor, la Virgen Santísima y la fe católica. Pero hagamos sobretodo actos de reparación tratando de recompensar con mayor amor el agravio presentado…

Guerra justa en la Conquista de América

«Para una guerra justa hace falta una causa justa» Santo Tomás de Aquino

Hace varios años fue realizado un vídeo titulado “La expansión del Cristianismo”. Un mapa mundial en el que se ilustra la difusión del Evangelio a través de la historia; vemos cómo nace durante el Imperio Romano, después hace su aparición el Imperio Bizantino, más tarde el Islam que permanecería hasta el final donde aparece el Comunismo. La parte emotiva se da cuando el Cristianismo llega a América a través de la Conquista, cómo es iluminado casi la totalidad del continente. Gran parte del rechazo a la Evangelización de América alude a la “violencia y crímenes” cometidos por los españoles; otros críticos por la total oposición a la erradicación de las costumbres execrables aludiendo a “cultura”.

A este respecto hay que señalar que, en efecto hubo razones legítimas para llevar a cabo la Conquista del modo en que se realizó, naturalmente haciendo a un lado las mentiras y exageraciones que tantos son proclives a lanzar. Y para ello no hace falta más que observar la transgresión de la ley natural que los indios hacían. La ley natural es el designio de Dios que está presente en todas las cosas de la creación, grabada en nuestro corazón desde el primer instante de nuestra existencia. Así pues, dicha transgresión se hacía mediante sacrificios humanos y ritos idólatras, desordenes sexuales y antropofagia, acciones presentes como un modo de gobierno en toda su sociedad.

Ahora bien, se condena que, al llevar el Evangelio se hiciera una Conquista, una guerra a los indios en lugar de haberlo hecho por medios pacíficos. Los españoles, llámese militares o misioneros, encontraron hostilidad y no paz a su llegada. Difundir la mentira de que los indios eran seres pacíficos y civilizados responde al rechazo de la propagación del Evangelio. El uso de las armas fue necesario para pacificarlos, suprimiendo así las costumbres execrables puesto que el derecho natural obliga, en conciencia, a intervenir para restaurar el orden deseado por Dios, no para exterminar como haría el protestantismo ingles sino como hizo el catolicismo español con la fundación de Virreinatos, catedrales y universidades; llevando a cabo el mestizaje y la instauración de la Ley de Indias; pero principalmente para la Salvación de las almas.

Si buscamos que un drogadicto escuche la palabra de Dios, es evidente que le será imposible hacerlo en estado de intoxicación, -por más insistente y buena que sea nuestra intención-; será necesario primeramente desintoxicarlo, rehabilitarlo y alejarlo de aquel ambiente dañino para que esté en condiciones de escuchar el Evangelio. Del mismo modo, los indígenas habituados a crímenes nefandos requerían estar bajo un gobierno que los dominara y humanizara, para entonces escuchar el Evangelio. Y ¿quién que vea a alguien sumido en las drogas, alcoholismo o en la práctica de sacrificios humanos no querría que dejara de hacerlo y además buscar su conversión y salvación? Esta acción, desde luego, no cualquiera podría llevarla a cabo.

La Conquista de América y la difusión del Evangelio cumplió con lo solicitado para ser llamada guerra justa: bajo autoridad legítima, que hubiese culpables de injuria o agresión a la ley natural y la recta intención de los combatientes. Sin embargo en nuestros días suele oírse diversidad de opiniones al respecto, como el hecho de que es mejor una mala paz que la guerra; instaurar una “paz” no importa sobre qué y acosta de qué haya que hacerlo, propiciando abusos. Otros más opinan que habría sido mejor dejar a los indígenas vivir sumidos en sus costumbres nefandas como lo habían hecho hasta antes de la Conquista, lo cual equivale a estar en contra de la ley natural.

Tales opiniones no son más que una verdadera deformación del Evangelio, pero es comprensible dado que, el discernimiento sobre las cosas de Dios se ha visto nublado con el paso del tiempo:

Hay una distancia abismal entre la España católica de hace cinco siglos, evangelizadora de la mitad del orbe y la España anticatólica y liberal de nuestros días que se avergüenza de sus raíces cristianas.

Hay una diferencia abismal entre los Reyes Católicos de entonces y los actuales reyes adheridos al Nuevo Orden Mundial, cuyo rey recibió la más alta distinción de la masonería española.

Hay una diferencia abismal entre el concepto de Evangelización de entonces y el que se entiende y practica frecuentemente ahora, que es capaz de dejar al pecador en su estado de ofensor de Dios so pretexto de respetar su libertad hundiéndolo en un sincretismo galopante.

Se afirma que toda guerra es injusta. Solo espero que se detenga unos instantes para hacerse esta pregunta:

¿Acaso no hay guerra más justa cuya causa es la Salvación de las almas?

Guerra justa

«Entre los verdaderos adoradores de Dios, las mismas guerras son pacíficas, pues se mueven por deseo de paz, no por codicia y crueldad, para que sean frenados los malos y favorecidos los buenos». San Agustín de Hipona

Cuando vemos los estragos causados por dos guerras mundiales en el pasado siglo y lo fatal que resulto para Europa y su impacto en el mundo, nos inclina a tener cierta aversión o repudio a una guerra; es comprensible, nadie quiere ver a sufrir a otros, verlos heridos, nadie quiere ver desplazados o familias separadas. La clara impotencia y necesidad de justicia nos lleva a cuestionar ¿por qué nadie hace algo ante la injusticia? En efecto, ¿dónde estaba el mundo durante el Holodomor o el genocidio armenio? ¿quién levantaba la voz ante el genocidio congoleño o la hambruna de Bengala? Injusticias que debieron ser combatidas para frenarlas y librar a aquellas personas de tales horrores.

Sin embargo, para respaldar que no debemos hacer la guerra en absoluto, se refiere que Nuestro Señor Jesucristo predico el amor y la paz, mencionando pasajes bíblicos como «Amaos los unos a los otros como yo os he amado» (Juan 15, 9-17). No obstante, lo anterior no está en contradicción con la ley natural que proviene de Dios, Uno y Trino, ésta no se abole jamás con el nacimiento del Salvador, esta presente tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Debemos saber que toda guerra hecha con agravio es injusta y todo agravio es injusto. Tanto el agravio como la injuria son contrarios a la ley natural, cuyo origen se halla en la ley eterna, ésta última definida por Santo Tomás de Aquino como la razón o voluntad divina que manda conservar el orden natural y prohíbe alterarlo.

Cuando hay guerras injustas, significa también que hay guerras justas, las cuales son afines a la ley natural. Desde luego para que merezca el nombre de guerra justa debe cumplir con ciertas condiciones expresadas por el filósofo escolástico en la Suma Teológica:

*Autoridad legítima para hacer la guerra: que sea decretada por la autoridad, como un príncipe; en el caso actual sería la máxima autoridad del Estado. Así pues, la persona particular no tiene competencia para convocar a la colectividad.

*Recta intención de los contendientes: es el fin que se persigue, que debe ser encaminado a promover el bien y evitar el mal. A ello va ligado el uso de medios moderados que deben primar siempre en el desarrollo de la guerra justa, es decir, no hay vía libre para usar cualquier acción y obtener la victoria.

*Causa justa: rechazo de injurias; para dominar a los pueblos bárbaros y atraerlos a la verdadera fe; para someter a un gobierno heril a pueblos que nunca cambiarán sus costumbres pecaminosas.

En la guerra justa como en lo referente a la Doctrina Social de la Iglesia, nuestras opiniones y expectativas personales están por debajo; antes bien, debemos permitir que la Madre Iglesia ilumine nuestro intelecto y podamos diferenciar una guerra justa de una injusta. Atribuir el estado de paz y la no violencia a una verdadera civilización no es más que una deformación del Evangelio, ya que el mal y la injusticia han de combatirse mediante condiciones y causas justas a fin de restaurar el orden natural deseado por Dios…

Querétaro y la tragedia en el estadio Corregidora

“La violencia no es necesaria para destruir una civilización. Cada civilización muere por indiferencia hacia los valores únicos que la crearon” Nicolás Gómez Dávila.

Transcurría el minuto 62 cuando fue detenido el partido entre los Gallos Blancos del Querétaro y los Zorros del Atlas, la gente ingresó a la cancha huyendo de la bronca que inicio en las gradas. Imágenes estremecedoras en el estadio Corregidora de Querétaro, hombres actuando como viles asesinos, pateando y pisoteando la cabeza y el cuerpo de otros, sin importarles absolutamente nada, les arrastraban y desnudaban. Algunos hombres pueden verse convulsionándose, otros totalmente inconscientes. En un acto propio de crimen organizado y no de simples aficionados enojados, el partido de fútbol termino en una verdadera tragedia.

Al ver una violencia exacerbada donde no importó que hubiera niños, puede asegurarse de un acto de crimen organizado y no solo de aficionados o barras bravas; y siendo así, para éstos los ajustes de cuentas es tema obligado. El personal de seguridad fue insuficiente e incluso acusado de hacer una revisión estricta a aficionados del Atlas para ingresar al estadio, no podían pasar anillos, monedas, llaves; sin embargo, los aficionados agresores del equipo local llevaban cadenas, picahielos, piedras, sillas e incluso pistolas. Los vídeos muestran que policías abrieron puertas a los aficionados del Querétaro para entrar por ambos lados a la zona central donde se hallaban los aficionados del equipo visitante.

Las familias no se salvaron, en una escena se aprecia al menos a 10 hombres agrediendo a un matrimonio y a su hijo. Camarógrafos y fotógrafos también fueron agredidos. En ese momento se habló de una cifra extraoficial de 17 muertos dada por el comentarista deportivo David Medrano, que, realmente serían asesinatos; no en un tiroteo, no en una guerra, sino en un estadio de fútbol a plena luz del día. Dichos decesos nunca fueron confirmados por las autoridades, ni por los medios de comunicación, hablan únicamente de heridos. Aficionados del Atlas aseguran que amigos suyos fallecieron pero se negaron a dar nombres por respeto y por miedo a represalias. Pero ¿quién al ver las imágenes crudas podría negar que hubo muertos?

Mauricio Kuri suspendió lo que sería su primera gira por Europa siendo gobernador del Estado de Querétaro, la cual tenía programada para la segunda semana de marzo. En dicha gira viajaría, además, una comitiva de servidores públicos y empresarios locales, cuyo objetivo era cerrar importantes acuerdos para atraer empleos al estado mediante 20 reuniones que habían sido programadas para llevarse a cabo en el lapso de una semana. En efecto, el hecho acontecido en el Corregidora requería la atención de las autoridades y ha tenido un impacto negativo; no fue algo aislado, sino organizado para golpear al Estado de Querétaro en todos los aspectos: político, comercial, económico, social y deportivo.

Querétaro fue reconocido en 2017 como el estado más limpio; hoy es un referente de la economía nacional y uno de los más seguros del país, manteniendo bajos índices de incidencia delictiva. Al entrar Querétaro uno puede apreciar la diferencia abismal con otros estados del país. El hecho ocurrido enviaba al país -mediante una transmisión en vivo-, el siguiente mensaje: la seguridad no esta garantizada para nadie. Las sanciones debieron ser más estrictas; abrazarse al minuto 62 en los demás partidos de la liga, ¿es un acto loable? no, es un insulto en toda la extensión de la palabra cuando los mismos equipos toleran las barras bravas y violencia en sus estadios.

Ahora bien, la pregunta obligada es ¿de dónde viene tanta violencia? Habrá mil explicaciones; feministas y pro lgbt dirán que se debe a las “masculinidades tóxicas” intentando conseguir apoyo a sus causas deleznables y justificando sus desmanes en las marchas del 8M. Pero lo sucedido en aquella jornada solo se resume a una causa: es un hecho que cuando los abortos aumentan en un país, la violencia y asesinatos de diferente índole aumentan de manera exponencial; violencia que no había sido vista jamás a plena luz del día, aparece engullendo a la sociedad; porque ha bastado que vulneremos la vida del más indefenso para que vulneremos todo lo demás.

El retorno a los verdaderos valores, entre los que el respeto a la vida en el vientre materno es el primero de todos, es la solución a la tragedia vivida…

Ucrania y los efectos de una guerra

“La humanidad anhela liberarse de la pobreza, del trabajo, de la guerra, de todo lo que pocos eluden sin envilecerse”. Nicolás Gómez Dávila

Sucedió al término de los Juegos Olímpicos de Invierno en Sarajevo 1984, una de las guerras más crudas de la era moderna, la guerra de Bosnia. Tan solo esperaban que la justa invernal terminara para dar paso a una guerra que cobraría miles de vidas y causaría miles de desplazados. En esta ocasión se vaticinaba que después de los Juegos Olímpicos de Invierno Pekin 2022, Rusia invadiría Ucrania. La salida del país de todos los deportistas visitantes era la prioridad del gobierno chino. Los pronósticos se hicieron realidad: el 24 de febrero a las 5 am, hora de Kiev, el mandatario ruso Vladimir Putin anunciaba una operación militar especial para proteger a los separatistas de las zonas de Donetsk y Luganks situadas en la región del Donbass.

Horas después, Ucrania condenando la invasión a su territorio, declarando ley marcial, por ello el Ministerio del Interior prohibió la salida del país a hombres de 18 a 60 años, para servir de manera militar. Rápidamente comenzó la despedida de sus familias. Del mismo modo, llevaron a cabo la distribución de rifles entre los civiles. Una medida desesperada ante la guerra con Rusia. Esta claro que cuando las cosas se tornan difíciles nadie piensa en la insensatez de la ideología de género, en prohibir la salida de mujeres para que defiendan la patria so pretexto de la igualdad. Esta discriminación hacia la mujer y niños se da en razón de su capacidad reproductiva y protección a la futura generación, respectivamente.

Por otro lado, al margen de la terrible situación en la que se hallan los civiles orillados a refugiarse, la defensa de la patria no debería ser obligatoria, sino una exigencia personal. El amor a la patria obliga en conciencia a defenderla, de tal suerte que no habría que esperar a que un gobierno obligue, sino acudir en su defensa cuando la están invadiendo. Pero aquello de la «paz y fraternidad mundial», aquello de la «no violencia» a cualquier costo ha producido sus frutos: oleadas de esclavos intelectualmente débiles, indiferentes a su patria, so pretexto de su seguridad. Ahora bien, decir que toda guerra es mala y debe evitarse a como dé lugar, es muy propio de una sociedad occidental cada vez más afeminada. Hay razones válidas para tomar las armas y matar: en legítima defensa y en guerra defensiva (entre otras más).

La causa justa se da siempre en la guerra defensiva, contestando una agresión injusta y habiendo agotado los medios pacíficos, debe ser decretada por una autoridad legítima, nunca se produce por odio sino por un derecho que se ha violado. La guerra ofensiva en sentido estricto es injusta. En el presente caso sería difícil asegurar si hay causa justa en la guerra y en quién recae el derecho legítimo a defenderse. Hay muchos intereses en juego y el panorama del conflicto bélico que los medios de comunicación nos presentan es, en gran parte, sesgado. Sale a la luz por ejemplo, la guerra que Ucrania mantiene desde el 2014 en la región de Donbass con tintes de limpieza étnica; pero los separatistas en esa zona son instigados por Rusia que ambiciona lo que una vez fue parte de la Unión Soviética.

Así pues, resulta osado justificar/disculpar la invasión de este país a Ucrania so pretexto de una guerra que lleva 8 años en aquella región y que Rusia misma ha provocado. Y en medio de todo esto, la OTAN que comete crímenes impunemente y cuyos intereses geopolíticos nos lleva a cumplir rápidamente con la Agenda 2030 del Nuevo Orden Mundial: dos años de “pandemia”, después una guerra que producirá carestía y alza de precios, más tarde, el hambre. Una guerra puede ordenar nuestras prioridades y hacer a un lado la estupidez, una guerra puede sacar el valor o la cobardía de las personas, puede abrirnos los ojos sobre la miseria del mundo y mostrarnos lo equivocados que estábamos obligándonos a reaccionar; he ahí algunos de los efectos de una guerra, viviendo a distancia.

Está claro que en todo este caos, la víctima es la población civil no solo en la región de Ucrania sino a nivel mundial, porque, lo que hoy sucede en el país eslavo, nos arrastrará a todos, eso es seguro…

Louis Veuillot, el liberalismo y el ultramontanismo

«La Iglesia, así como sabe ciertamente que ninguna persecución la podrá destruir, sabe del mismo modo que la persecución nunca le ha de faltar» Louis Veuillot

El ultramontanismo vio la luz en el siglo XIX; el término (usado despectivamente) alude a “más allá de las montañas” que definía la fidelidad de los católicos a la autoridad del Santo Padre. Se dió como reacción a la revolución liberal, una reacción frente al proceso de secularización del Estado. Defendía la autoridad absoluta del pontífice sobre la Iglesia universal, oponiéndose totalmente al regalismo (intromisión del poder estatal en la Iglesia), galicanismo (limitación del poder del papado sobre las Iglesias nacionales y sobre los obispos individualmente), el jansenismo (autoridad del obispo en su diócesis y su independencia jurídica y doctrinal frente al papado), y como no podía ser menos, el ultramontanismo combatía el liberalismo que se define como una filosofía política, moral, y económica que defiende la falsa libertad del hombre: la rebelión del hombre contra Dios.

Francia, la hija primogénita de la Iglesia Católica se vería infestada por el catolicismo liberal (cuyas raíces se hallaban en la época del Renacimiento), tendría como exponentes a: Félicité de Lamennais, impulsor del periódico L’Avenir que difundía la idea de que la Iglesia Católica debía adoptar las doctrinas liberales del siglo XIX. Charles de Montalembert, periodista y político francés que conciliaba el catolicismo con el mundo moderno, autor de la desafortunada frase “La Iglesia libre en el Estado libre”; colaborador del L’Avenir al igual que Jean Baptiste Lacordaire dominico, cuya formación librepensador daría sus contribuciones más agresivas. Dicho periódico sería condenado por los obispos de Francia y más tarde, aunque apelaron a Roma, el Papa Gregorio XVI condenaría en 1832 la política de L’Avenir mediante la encíclica Mirari Vos; fue también la condenación explícita del liberalismo.

En el siglo decimonónico le arrebatarían a la Iglesia los Estados Pontificios; el beato Pío IX sería el último Papa-Rey, fue la pérdida del poder temporal. Pero el mundo sería testigo de uno de los papados más largos y luminosos: emitiría la encíclica Quanta Cura que condenaba las ideas liberales; el Syllabus que fue el índice de los principales errores de la época y el Concilio Vaticano I. Pero en toda época de crisis la madre Iglesia ha dado hijos dispuestos a servir, en este caso sería Louis Veuillot, católico francés, periodista y polemista; el más célebre exponente laico del ultramontanismo. A través de su periódico L’Univers sostuvo polémicas con los católicos liberales, además de acuñar el concepto de “periodismo defensivo”. Al lado del Cardenal Louis Édouard Pie presentarían resistencia al bloque liberal. Tan grande fue su labor que influyó en el periodismo católico de Europa, tal fue el caso de la Revista Popular editada por el sacerdote español Félix Sardá y Salvany.

Veuillot, escribió una de las mejores obras católicas: “La ilusión liberal”, en la cual respondería de manera colosal a Montalembert: “Es una ambigüedad sostener que la Iglesia no puede ser libre más que en el seno de una libertad general. ¿Qué se quiere decir con esto, sino que la libertad de la Iglesia depende de causas extrínsecas? (…) Si la Iglesia no puede ser libre más que en el seno de una libertad general, quiere decir que ella no puede ser libre sino a condición de ver levantarse contra ella la libertad de negarla y de destruirla mediante todas las ofensas y todos los medios legales que tal orden de cosas pondrá necesariamente en las manos de sus enemigos. Y como en este caso ella debe añadir a esto no menos necesariamente la renuncia a sus “privilegios” sin lo cual no habrá ya libertad general, tendrá como resultado que perderá también el poder de imponer a los hombres el freno interior por el cual llegan a ser capaces y a sentirse dignos de la libertad”.

Es penoso ver que en los últimos años acusen al ultramontanismo de la crisis actual de la Iglesia, tachándolo de haber deformado la obediencia al Papa, abriendo así, la puerta abusos de los pontífices en turno. Pero el ultramontanismo nunca practicó una obediencia ciega, antes bien, respeto el orden jerárquico, rechazando el error que quebrantase la Ley Divina. La adhesión y afecto ordenados hacia el papado ha sido su característica particular. Cualquier postura diferente no puede ser llamada ultramontanismo, sino una parodia. Es una obviedad que no se puede seguir a un Papa en el error; tal postura solo podría ser concebida por los enemigos de la Iglesia entre los que podemos contar a los católicos liberales, los cuales el Papa Pío IX señalaba como el enemigo interno.

Louis Veuillot describiría en uno de los últimos párrafos de su obra la verdadera obediencia: “La obediencia, única cosa que nos mantiene en la verdad, pone por ello mismo en nuestras manos el depósito de la vida. No privemos de ella a la humanidad caída en la demencia. No la entreguemos, ni la adulteremos. Que nuestra palabra, al confesar la verdad durante el transcurso de la tribulación y del castigo, no cese de golpear a la puerta del perdón; ella apresurará la liberación”.

Louis Veuillot, el Cardenal Louis Édouard Pie, el P. Félix Sardá y Salvany verdaderos ultramontanos que dieron ejemplo de la defensa de la Iglesia y el Papado, como todo católico deberíamos serlo. No llamemos ultramontanos a quienes no lo son y toleran abusos so pretexto de “obediencia”, menos aún culpemos al ultramontanismo de las desgracias que solo pudieron engendrarse en el liberalismo…

Cardenal Blase Cupich: Dos amores fundaron dos ciudades

“Agradezco a Dios vivir en una época en la que el enemigo está fuera de la Iglesia y saber en dónde se encuentra y qué propone. Pero preveo un día cuando el enemigo esté al mismo tiempo fuera y dentro de la Iglesia. Y rezo desde ahora por los pobres fieles que serán víctimas de un fuego cruzado”. San John Henry Newman

A principios de enero se llevó a cabo la marcha por la vida en Chicago, en ella hablo el Cardenal Blase Cupich, Arzobispo de la ciudad quien fue abucheado cuando dirigía unas palabras a los asistentes. ¿Qué pudo haber causado aquella reacción? Imposible saberlo. Pero su discurso se caracterizó por tocar temas diversos que poco o nada tenían que ver con la marcha provida: uso de la mascarilla, terminar con la pandemia, derechos de los migrantes, la pobreza, alguna filosofa judía, el nacer para comenzar y no para morir. ¿Qué podría estar mal? Mencionar los tópicos del día pero no el tema que atañía a todos: el derecho a la vida del no nato. Era el lugar idóneo para hablar del tema y no lo hizo.

El error de no pocos católicos, -sean feligreses, teólogos o sacerdotes- ha sido precisamente el de igualar situaciones de injusticia cuando la gravedad es claramente diferente; para ellos siempre hay algo más importante que la vida del no nato; apenas escuchan asesinato en el vientre materno y reaccionan la defensiva: “¡los migrantes!”, “los enfermos de covid”, “¡cuántos pobres hay en el mundo!”. Habrá que recordarles que la Doctrina Social de la Iglesia marca con toda claridad que el derecho a la vida del no nato debe defenderse más que ningún otro. No es exclusión sino prioridad. Y la razón de ello obedece a una jerarquía de valores, jamás podría haber igualdad de condiciones, por mucho que esto moleste a un católico.

Volviendo al Cardenal Cupich, aquel discurso tan solo era la punta de un iceberg, su actuar en diferentes situaciones dista del comportamiento de un sacerdote católico: no aprueba la oración a San Miguel Arcángel, ni el Ave María al final de la Misa, así que prohibió su rezo; restringió la Misa Tradicional en su diócesis pero ha presidido ceremonias paganas chinas; apoya a sacerdotes como James Martin que promueven la practica homosexual; ha luchado por el “derecho” a recibir la Sagrada Comunión de políticos “católicos” pro aborto como el presidente de los EEUU Joe Biden. Los yerros del Cardenal no son al azar, van directo a dos puntos: la vida en el vientre materno y la Sagrada Eucaristía. Los abucheos aquel día en Chicago eran de esperarse.

Lejos están los días en que su predecesor el Cardenal Francis George exhortaba a los políticos católicos a considerar su fe en sus opciones públicas; manifestaba su reprobación hacia el actuar de políticos católicos pro aborto: “Un político católico que excusa su decisión de asesinar al no nacido y a otros que no pueden protegerse, porque cree que ‘no puede imponer la doctrina católica a otros’ me parece que es alguien intelectualmente deshonesto». Habló sobre la protección del matrimonio ante el ataque por parte del Estado y de los movimientos de liberación homosexual que buscan su redefinición; llamó también a fortalecer la vida familiar. Todo ello teniendo presente a la Sagrada Familia de Jesús, la Virgen María y San José.

Hemos llegado a un punto en que la negligencia de varios sacerdotes es abiertamente insultante; una evangelización contraria a la fe católica y al bien común, disfrazándolo de amor al prójimo. Depende del fiel católico diferenciar al pastor del lobo, pedir por la conversión de los sacerdotes que se hayan alejado del recto camino y, desde luego combatir la predica contraria a los valores cristianos. San Agustín de Hipona decía: “Dos amores fundaron dos ciudades, es a saber: la terrena el amor propio hasta llegar a menospreciar a Dios, la celestial el amor a Dios hasta llegar al desprecio de sí mismo”.

¿Para cual ciudad estamos trabajando?

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