CDMX: El asesinato en el vientre materno se extiende a las 20 de semanas de gestación

En 1984 el Dr. Bernard Nathanson grabó por medio de ultrasonido el aborto de un bebé de 12 semanas de gestación, demostrando que éste siente dolor y hace movimientos violentos para evadir la punta de succión. Al percibir la agresión, su corazón se acelera a 200 latidos/min; el cuerpo es desmembrado y el bebé abre su boca en un grito de dolor que el doctor describió como “El grito silencioso”. Ahora bien, la madre puede sentir a las 20 semanas el movimiento del bebé en su vientre; 20 semanas significa poco más de la mitad del embarazo, el bebé mide entre 16 y 20 cm de largo y pesa entre 250-300 gramos aproximadamente.

Lo anterior viene a colación por lo sucedido en nuestra ciudad en recientes días: con 45 votos a favor, 12 votos en contra y cero abstenciones, el 29 de abril del presente año los congresistas de la Ciudad de México abrogaron la Ley de Salud del Distrito Federal y en su lugar expidieron la Ley de Salud de la Ciudad de México. La diputada Lourdes Paz Reyes indicó: “Esta nueva ley sienta las bases para una transformación de los servicios de salud. Su finalidad será que toda persona cuente con un sistema que garantice el acceso al servicio de manera gratuita, universal, equitativa y con perspectiva de género”.

La legisladora no miente, una de las transformaciones está en haber aprobado el aborto hasta las 20 semanas de gestación, siempre y cuando el embarazo sea consecuencia de una violación sexual. La gran particularidad es que al acudir al «centro de salud» no importará si la mujer denunció o no la violación; el personal médico tampoco está obligado a verificar si la mujer fue violada o no. ¿De qué hablamos? De una flagrante mentira, de acceso al aborto hasta las 20 semanas a cualquier mujer que afirme haber sido violada, puesto que ella puede inventarlo y solicitar el aborto. Sí, en efecto hay mujeres que mienten sobre el origen de su embarazo.

Esta además el hecho insultante de la impunidad otorgada implícitamente al violador al indicar que no importa si su crimen fue denunciado o no, lo mismo aplica a los tratantes de blancas. Curiosamente el personal médico que debe reportar de inmediato a las autoridades si hay un herido de bala, no esta obligado –léase bien- a corroborar en modo alguno la violación de la mujer, es decir a ponerla en entredicho, cuando lo que realmente sucede es que esta ayudando al violador a quedar impune. Todo ello significa una serie de fallas deliberadas de la ley en cuestión. Así que, llegados a este punto deberíamos preguntarnos ¿A quién conviene esta nueva ley? Algo es seguro: no a la mujer.

Por lo que se refiere al aborto provocado, es asesinato en el vientre materno, no importa si la concepción fue a causa de una infidelidad, de una violación, durante el noviazgo o en pleno matrimonio. El aborto es asesinato en el vientre materno, no importa si se lleva a cabo a la semana 1, 12, 20 o 9 meses, es el mismo ser humano en una etapa diferente. Y desechar vidas humanas por motivo de su concepción, por algo de lo que no son culpables es una aberración porque implícitamente decimos que unas vidas valen más que otras.

En la era de los derechos humanos, se comete frente a nuestros ojos el crimen más execrable de todos, se legisla sobre ello sin que apenas opongamos resistencia y después nos sorprendemos de la violencia que vivimos en las calles, esa que nos hace sentir temerosos cuando ya hemos colaborado en llevar a cabo el aborto con nuestro cobarde silencio. Pero tengamos por seguro que si nosotros calláramos, las piedras gritarían. Los que han decidido callar ya han tomado partido por las injusticias que se viven actualmente. Y huelga decir que hay una diferencia abismal entre el grito silencioso de los inocentes y el silencio de los cobardes, motivo de censura.

Todo aquel que apoya el aborto debería avergonzarse. Pero todo aquel que no hace algo por la defensa de la vida sabiendo el crimen que se comete, merece una reprobación mayor. Los hay quienes piensan que no hacen daño al opinar de manera favorable al aborto; nunca piensen que una opinión no hace daño a nadie, se hace y mucho; no es respetable en modo alguno. Debe combatirse, más aún si se trata de su propia familia y amigos. La sola pregunta de Dios  ¿DÓNDE ESTÁ TU HERMANO? debería llevarnos a actuar en pro de los más indefensos, so pena de convertirnos en un verdadero Caín…

¿Por qué el aborto se sigue aprobando en nuestro tiempo?

La república de Argentina en fecha reciente aprobó el aborto. El Presidente de Estados Unidos, Joe Biden quiere elevar a rango constitucional el aborto. En otros países, como México, se encuentra en estudio la posibilidad de aprobarlo.

La pregunta es: ¿Se han vuelto locos los gobernantes y legisladores? ¿Alguna   vez  han visitado una clínica en la que se destruyen vidas humanas y se arrojan a los basureros? Son pequeños cadáveres mutilados, destrozados, deformados; bebés a los que se les arrancaron sus brazos, sus piernas y machacaron sus cabecitas. Es un espectáculo tremendo de observar. No se puede llegar a comprender que tanta crueldad ocurra en este siglo XXI, que se jacta de ser la época de los derechos humanos y del respeto por el medio ambiente, los animales y la flora y la fauna submarina.

Las frases que se suelen emplear para justificarlo son: “Aceptar el aborto es propio de ‘sociedades de avanzada’; ‘políticamente correctas’; de ‘’apertura a los nuevos tiempos’ ”.

Los que no se dice es que detrás del aborto se mueve mucho dinero: hospitales, médicos, enfermeras, material quirúrgico, medicamentos. Lo que podemos afirmar, con absoluta certeza, es que se trata un lucrativo negocio porque, como sostenía el Doctor Bernard Nathanson hace años: “Es cuestión de aritmética: a 300 dólares cada aborto, y si lo multiplicamos por 1,550,000 abortos, nos encontramos con una industria que produce más de 500 millones de dólares anualmente, de los cuales, la mayor parte van a parar a los bolsillos de los médicos que lo practican”.

Existen numerosos millonarios del Primer Mundo que se oponen abiertamente al desarrollo demográfico de países en vías de desarrollo. Y, en vez de apoyarlos económicamente para que sean autosuficientes, prefieren irse por la vía del exterminio y aniquilación.

Ese fue el mismo camino que determinó Adolfo Hitler, líder del nacionalsocialismo alemán, en sus tristemente célebres campos de concentración. Lo que nunca he llegado a comprender cómo es que enfervorizó a millones de arios para detener, maltratar, humillar, torturar y asesinar a miles y miles de judíos. Sabemos que en su mente perversa también los latinoamericanos y afroamericanos nos encontrábamos en su lista macabra porque de la misma manera éramos considerados seres inferiores que no teníamos derecho a existir.

He leído varias historias dramáticas, me viene a la memoria, por ejemplo: una enfermera que colaboró en varios abortos y, al finalizar la jornada, al salir del quirófano y pasar por los botes de basura, escuchaba el lamento de un bebé que había quedado con vida. Ella se movió a compasión, lo recogió, lo llevó a escondidas a su casa, lo limpió, lo curó, le brindó sus cuidados médicos, lo alimentó. Luego le proporcionó educación y cariño como si fuera su hija. Pudo desarrollarse con normalidad e incluso llegó a asistir a la universidad. Con el tiempo, se casó y tuvo hijos. Ella quiso brindar su testimonio en diversos medios de comunicación y me llamó mucho la atención el hecho de que afirmó que no guardaba rencor ni resentimiento contra sus padres naturales ni contra el médico que la abortó. Y, en cambio, un gran agradecimiento a Dios y a la enfermera que le permitieron vivir y desarrollarse como ser humano. Su conclusión fue hacer un urgente llamado para frenar este demencial genocidio silencioso.

Da mucha pena ver en los medios de comunicación a cientos de jovencitas que se colocan su pañoleta verde y levantan sus puños manifestando su apoyo al aborto. Sabemos que han sido “mentalizadas” o manipuladas con unas cuantas frases superficiales y no tienen la menor idea de lo horroroso que resulta el destrozar a una criatura indefensa e inocente en el seno de su madre y privarla de su primer derecho humano: el derecho a vivir.

Estas jóvenes dicen que con ello manifiestan su “liberación femenina”. Pienso que a ellas serían a las primeras a las que habría que llevarlas a esas clínicas en las que se practica el aborto y que observen detenidamente cómo son arrojados a los basureros y el deplorable estado en que quedan esos pequeños cadáveres destrozados de los bebés.

Una última reflexión para animar a los ciudadanos mexicanos a que tengamos una participación ciudadana más activa, dejando de lado la pasividad y la indiferencia, y que hagamos todo lo posible por detener y terminar con este silencioso holocausto, una importante conclusión a la que llegaba el Doctor Bernard Nathanson: “Aprendimos que lo único que se necesita para que el mal triunfe, es que los hombres de buena voluntad simplemente no hagan nada”.

Regina Blandón y la causa provida

“Sus papás siempre le dijeron que era la rara, la no deseada, ¿Tú crees que Bibi va a estar a favor de traer hijos no deseados al mundo?” Respuesta: “Claro que no. Bibi siempre investiga, lee, se informa… Una persona “pro-vida” no es alguien que, creo yo, investigue, lea o se informe lo suficiente como para ver que legalizar el aborto es un tema de salud pública y de tener el derecho a decidir, no de creencias personales”.

Así respondía Regina Blandón a la pregunta de un usuario en las redes sociales, lo que ha levantado polvo entre la gente. Ante dicha respuesta, cabe señalar que es precisamente por informarse y formarse que una persona sabe que la vida comienza desde el momento de la concepción; que la matanza de seres humanos en el vientre de sus madres no es un derecho, solo existe el derecho a la vida; que el aborto no es interrumpir un embarazo sino matar; que la búsqueda de salud pública es -o debería ser- el cuidar la vida desde la concepción hasta la muerte natural y no buscar matarle con anuencia del Estado en alguna de sus etapas.

Regina Blandón y aquellos que promueven el aborto como un tema de salud pública, omiten hablar de las terribles secuelas que quedan después de un aborto, el dolor esta unido profundamente a la “conciencia biológica”. El psiquiatra Karl Stern habla al respecto: mujeres que han abortado por ejemplo en el tercer mes, seis meses después caen en depresión, sin que se den cuenta conscientemente de que “ya es el momento” en que habría nacido el bebé. Su profunda reacción de pérdida (que no va necesariamente unida con una preocupación consciente por el parto fallido) coincide con el tiempo en que éste hubiera tenido lugar.

Por lo que se refiere a lo que despectivamente llama «creencias personales», ¿cómo podría ser la embriología, biología y genética una creencia personal? Los provida no imponemos creencias personales; son precisamente aquellos que promueven el aborto, los que imponen el asesinato en el vientre materno disfrazado de derecho de la mujer. Con esa afirmación va de la mano la crítica velada a la religión, a lo que cabe aclarar que nuestra madre Iglesia lejos de ponernos una venda en los ojos es quien nos los abre cientos de veces a lo largo de nuestra vida, nos ilumina el intelecto y basta con que digamos sí para que nos abrace y conduzca por la Verdad respecto a todo lo que nos atañe, especialmente la vida en gestación.

¿Por qué hallamos a tanta gente dispuesta a promover el aborto sin más? Porque desde hace décadas se ha introducido en la sociedad un pensamiento que deshumaniza a las personas. Dejamos de ver al bebé en gestación como un ser humano para considerarlo unas células, un tejido o incluso un parásito; pensamos que el amor a nuestros padres se expresa dándoles una “muerte digna” en el ocaso de sus días; que ante una enfermedad grave es mejor “desconectar” al paciente, etcétera. Y así ante cada deseo o exigencia nuestra, alegamos “derechos” que no existen, proclamamos que alguien debe morir para conseguir lo que queremos.

Nos hallamos en el último punto del “progreso” humano donde todos, absolutamente todos somos desechables. Cada uno ha de decidir aquí y ahora lo que hará. Nadie puede ser indiferente, porque quien pretende ser neutral colabora con el asesinato en el vientre materno y perpetua el maltrato hacia la mujer. Cuando infinidad de personas apoyan sin más el aborto y se enorgullecen ello gritándolo a los cuatro vientos, ¿qué haremos nosotros? Simple: debemos formarnos e informarnos, combatir al mal con el bien. Tengamos por seguro que en esta lucha no estamos solos.

Cuando dudemos de ir hacia adelante para defender la vida desde la concepción hasta la muerte natural, no olvidemos jamás lo que decía Gilberth Keith Chesterton: “Poco importará sí escribimos bien o mal, sí luchamos con cañas o mayales, pero si importará y mucho de qué lado luchamos»…

Corea del Sur y su guerra más sanguinaria: el aborto

“Los hombres no pueden mejorar la sociedad prendiéndole fuego: deben buscar sus viejas virtudes y traerlas de nuevo a la luz” Russell Kirk

En 1945 al término de la Segunda Guerra Mundial, Corea fue ocupada por fuerzas estadounidenses y soviéticas, cuyas zonas estaban separadas por el paralelo 38. Tres años después los comunistas habrían de proclamar una república popular en la zona norte que ellos ocupaban. Más tarde, en 1950 la zona norte atacaría sorpresivamente a la zona sur, dado que los comunistas querían dominar la totalidad de la península. Corea se vería hundida en una guerra sangrienta y dolorosa por tres largos años.

Al terminar ésta, Corea del Sur promulgaría un Código Penal que prohibía el aborto bajo cualquier circunstancia; quedaba claro que la perdida de incontables vidas había afectado profundamente a la nación; no podían permitirse más perdidas humanas. Sin embargo, en 1973, a través de la Ley de Salud Materna e Infantil se permitió realizar abortos en situaciones tales como enfermedad genética, violación, incesto o poner en riesgo la vida de la madre. El país asiático abría así, la rendija a la cultura de la muerte. Esa fractura en la defensa de la vida sería algo que tarde o temprano reflejaría sus consecuencias.

El 30 de diciembre del año pasado, mientras todos volteábamos hacia Argentina por la legalización del aborto hasta la semana 14 de gestación e incluso hasta los 9 meses en casos específicos; en Corea del Sur sucedía lo mismo a partir del 1o de enero de este año. Una noticia sumamente dolorosa, tanto más si nos enteramos de que en Corea del Sur existe la particularidad de contar la edad de una persona sumando los 9 meses de gestación (cerrándolo a 1 año). Daba cuenta de la importancia de la vida del bebé en el vientre materno.

Este país es hoy uno de los gigantes de la tecnología, convirtiéndose en una de las economías más grandes del mundo; han exportado al mundo la llamada “ola coreana” que incluye sus producciones televisivas; sus grupos juveniles de música pop conocida como el K-pop, su gastronomía, cultura tradicional, literatura, afecto por su idioma; sus producciones cinematográficas que a últimos años ha concentrado los reflectores logrando ganar el premio Oscar en 2019 con la nefasta película “Parásitos” etcétera. La industria ha sabido vender al mundo un rostro atractivo de la cultura coreana.

La otra cara de la moneda es que esta entre los países con menor tasa de natalidad. A ello se suma que para reducir los abortos selectivos, el gobierno promulgo en 1988 una ley que prohibía a los doctores dar a conocer el sexo del bebé en gestación, dada la enorme diferencia de nacimientos de niñas con respecto a niños (en aquel entonces 116.5 niños por cada 100 niñas); su eslogan fue “Una hija vale por diez hijos”. Que en la industria del entretenimiento, los casos de abusos sexuales son cada vez más comunes; que los suicidios han aumentado entre las estrellas de la música y de la televisión.

De haber padecido la humillante ocupación y represión japonesa el siglo pasado; de conocer los horrores de una guerra entre hermanos; de haber renacido de entre las cenizas y convertirse en un país fuerte, Corea del Sur se dirige hoy con paso firme hacia la destrucción de su sociedad mediante el asesinato en el vientre materno. El país asiático es el mejor ejemplo del estado denigrante al que puede llegar una nación otrora sojuzgada y ahora tan orgullosa y pagada de sí misma. A estas alturas apenas nada podría diferenciarla de su hermana comunista Corea del Norte que tanta aversión causa al mundo occidental. He aquí al Capitalismo y Comunismo aniquilando por igual naciones enteras.

Cuando se deslumbre por el estilo de vida de una sociedad, por su tecnología, por su cultura, gastronomía, cinematografía o música, procure tomar en cuenta antes el aspecto más importante: el humano. Porque en el trato dado a los más inocentes es que se decide el futuro de una nación. Vale la pena preguntarse ¿Qué vamos a hacer? Seremos conocidos como la generación más genocida de la historia; la que teniendo antepasados que sobrevivieron guerras y pestes, hoy en plena paz contamina sociedades enteras; la que llevo la guerra a sus propios hogares mediante el asesinato en el vientre materno.

¿Hay alguna solución que nos salve de un nefasto destino? Sí, dejar de matar a nuestros propios hijos; solo así recuperaremos nuestra alma y lo demás vendrá por añadidura…

Simplemente Bella…

“Conocer tus heridas me permite ayudarte con todo lo que yo soy. Dar mi vida por ti significa orar por ti para ayudarte a llegar al Cielo”. (Anónimo)

José es cocinero en el restaurante de su hermano Manny. De cuando en cuando le asaltan los recuerdos de un suceso doloroso de su vida. Una mañana, su hermano despide a una de las empleadas llamada Nina debido a faltas recurrentes; José la sigue y ella le confiesa que está embarazada. En un gesto de empatía y percibiendo que necesita desahogarse, se ofrece a escucharla además de invitarla a la playa. En el trayecto Nina le dice que el padre de su hijo la ha dejado sola y ninguno de los dos quiere que éste nazca, así que piensa abortar. José la escucha atentamente y le plantea opciones de vida, a lo que ella contesta agriamente.

Al llegar a casa de sus padres, le muestra a Nina su antiguo auto y le confía aquel suceso doloroso que cambio su prometedora vida de futbolista para siempre: el haber atropellado a una pequeña niña quitándole la vida, motivo por el cual fue condenado a prisión por cuatro años. Todo cambiaría a partir de entonces pues viviría con el dolor de haber cegado una vida. Por su parte, conviviendo aquella tarde con su familia, Nina se da cuenta de lo importante que es tener un respaldo ante las dificultades de la vida, algo de lo que ella careció desde su infancia. Al hablar de sus heridas, ambos encuentran un bálsamo y el camino para restaurarlas mientras una nueva vida llega a este mundo.

Ganadora del Premio del Público en la XXXI edición del Festival Internacional de Cine de Toronto considerado el máximo galardón. Alejandro Monteverde y Eduardo Verástegui lograron una película simplemente excepcional y maravillosa que contiene un profundo mensaje provida. El eje principal sin duda es la defensa de la vida en el vientre materno, una verdadera osadía en una industria cinematográfica que se ha empeñado en destruir  la familia y la vida del no nato. Muestra que es posible realizar una película con valores, respetando la dignidad del ser humano.

Es menester señalar lo sencillo que habría sido para José el haber recurrido al suicidio, tal como hizo Ben Thomas en “Siete almas” creyendo “redimirse” cuando dicho acto es realmente una confesión de impotencia para soportar los dolores, amarguras y yerros de la vida; se afirma con ello que no existe la misericordia, ni el perdón y por ende la salvación. ¿Puede ahora ver la diferencia abismal? José no regala una casa, ni dona sus corneas o su corazón; no manipula a un amigo para participar en su suicidio; no, José enfrenta una condena y sigue adelante tratando de vivir con el dolor de sus heridas.

Cuando la oportunidad se presenta, escucha a Nina, le ofrece su hombro y ello tiene un impacto tan profundo que no lo solo evita que ella aborte, sino que le hace ver que siempre hay esperanza y todavía puede cambiar de vida; es decir, salva ambas vidas y la suya propia. Cuán sencillo hubiera sido aconsejar apoyar a Nina para que abortase. He aquí el poderoso mensaje de Bella: desde la concepción hasta la muerte natural, hombres o mujeres, gente virtuosa o no; toda vida importa.

Poco advertimos  lo reparador que puede ser una simple conversación en la que nuestros semejantes hallen un bálsamo a sus heridas, consuelo y esperanza  para seguir adelante. Cuan sencillo puede ser aconsejar a alguien matar a su propio hijo, so pretexto de “ayudar”. En ese orden, se ha preguntado alguna vez respecto a las conversaciones que ha sostenido a lo largo de su vida: ¿Cuántas fueron edificantes? ¿Cuántas ayudaron sinceramente? ¿Cuántas salvaron a otros del abismo en el que se encontraban? ¿Cuántas lograron una conversión? … ¿Cuántas salvaron una vida?

Trabajamos cada día –querámoslo o no- para destruir todo a nuestro paso o bien para restaurarlo todo en Cristo. Porque ciertamente no se trata de salvarnos a nosotros mismos, sino en conjunto; no se trata únicamente de salvar vidas, sino de cambiar vidas; no solo se trata de salvar la vida material, sino ante todo salvar el alma para Dios…

¿Hacia el infanticidio?

La Asamblea Nacional francesa, acaba de aprobar hace algunos días, un proyecto de ley que permitiría a las mujeres abortar, incluso hasta antes del nacimiento del niño, bajo la excusa del ambiguo y generoso concepto de “angustia psicosocial”, siempre que sea avalada por un médico. La desgraciada moción deberá ahora ser revisada por el Senado (el otro órgano que conforma el equivalente a nuestro Congreso en ese país), lo que posiblemente ocurrirá a fines de este año, para que eventualmente –esperamos que no– se convierta en ley.

            Tal vez la única virtud de un proyecto como este, sea que muestra el verdadero rostro de muchos de los que defienden y luchan por el aborto, al punto de llegar a considerarlo un “derecho humano”. Es decir, que en varios casos, las tres causales típicas que inicialmente se invocan para legitimar esta práctica, son solo un primer paso para llegar a su liberalización total, idealmente financiada por el Estado. En este sentido, debiera hacer despertar y despabilarse a quienes creen que el este debate termina al aprobarse dichas causales, como ha ocurrido en Chile.

            Ahora bien, más allá de lo terrible de esta mentalidad, que en atención al proyecto mencionado es capaz incluso de matar a un niño perfectamente viable, que podría haber sido sacado del vientre materno antes de su eliminación y vivir perfectamente, esta nueva frontera abre variadas e inquietantes interrogantes, dos de las cuales mencionamos aquí.

            La primera, es qué procedimiento habrá que llevar a cabo para abortar a estos niños cuando ellos sean capaces de vivir por sus propios medios fuera del vientre maternos. Mal que mal, si se los elimina luego de nacidos, estaríamos no frente a un aborto, sino a un infanticidio, situación que al menos por ahora, está penalizada. Ello hace suponer que para evitarlo, primero habría que matar al niño dentro de su madre (poniéndola en riesgo también a ella, dado su tamaño) y luego extraer el cadáver. O también, para recordar una dantesca práctica (creada precisamente para no cometer infanticidio), de proceder al llamado “aborto por nacimiento parcial”. En este caso, se hace salir al niño del claustro materno comenzando por los pies, deteniendo el procedimiento cuando se llega al cuello, para luego perforar el cráneo y succionar el cerebro, y finalmente terminar de expulsarlo ya muerto, evidentemente. De ahí su nombre –“aborto por nacimiento parcial”–, pues técnicamente, no ha nacido por completo, sino solo en parte, con lo cual estaríamos técnicamente ante un aborto.

            La segunda y tal vez más inquietante reflexión, es qué diferencia sustancial existe entre un niño de 8 meses de gestación y uno ya nacido; tan sustancial, que haga lícito matarlo impunemente en el primer caso y no en el segundo. Sin embargo, más allá de este absurdo –y precisamente por eso, por tratarse de un absurdo–, nada impide que con esta lógica, se termine legitimando el mismo infanticidio, con lo cual ni siquiera habiendo superado la “prueba” del nacimiento, nuestros niños estarían a salvo, pues se podría disponer de ellos libremente, quién sabe hasta qué etapa de su crecimiento.

            Una prueba más de lo que ocurre cuando sin ningún derecho, nos arrogamos la decisión de determinar quién vive y quién no, motivada por nuestros caprichos o intereses. El problema es que esta frontera, una vez traspasada, puede correrse –como de hecho se ha ido haciendo–, notable y peligrosamente.

 

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

Jueces, leyes y democracia

En un reciente fallo, la Corte Suprema de Kansas, Estados Unidos, declaró que existe el “derecho natural” de la mujer a abortar, en razón de su libertad, establecida de manera bastante genérica en el preámbulo de su constitución federal. De esta forma, pretende que ningún interés ajeno a dicha libertad pueda poner en jaque esta decisión de la madre.

            Ahora bien, al margen del consabido problema de estar acabando con otro ser humano inocente, a quien se le está quitando arbitrariamente su calidad de persona, pero que posee igual dignidad que la madre (o incluso más, al tratarse de un ser indefenso que merece mayor protección), la sentencia de este máximo tribunal federal es un botón de muestra más, del creciente y en buena medida incontrolado poder que están adquiriendo los jueces en muchos países, quienes mediante la “interpretación” de los textos que supuestamente los limitan, terminan imponiendo su propia voluntad.

            En efecto, tanto a nivel nacional como internacional, el activismo judicial está haciendo que uno se pregunte, sinceramente, de qué sirve tener leyes, constituciones o tratados, si llegado el momento de aclarar su sentido y aplicarlos, el intérprete se convierte en un auténtico demiurgo de los mismos, que los puede trastocar completamente.

            De nada sirve la a veces meridiana claridad del texto a analizar; a tanto llega el poder de este verdadero creador de derechos. Es cosa de recordar la Convención Americana sobre Derechos Humanos, que establece en su art. 4.1 que el derecho a la vida se protege desde la concepción y que persona es todo ser humano (art. 1.2). Pese a ello, la Corte Interamericana determinó que el no nacido no es una persona (casos Artavia Murillo vs. Costa Rica, de 2012, y Gómez Murillo vs. Costa Rica, de 2016).

            En por eso que la situación anterior podría compararse con aquel estudioso que, al analizar una partitura, la modifica, introduciendo nuevas notas musicales. De esta manera, no existe ninguna claridad ni previsibilidad sobre cuál podría ser el producto final que saldrá de su inspiración.

            Pero más allá de metáforas, lo peligroso de una situación semejante es que si los jueces tienen casi total libertad para modificar como les plazca el texto que interpretan, la pregunta hecha más arriba vuelve a inquietarnos: ¿para qué tenemos entonces leyes, constituciones y tratados? Ello, porque se supone que la escrituración de las normas jurídicas, hace ya milenios, significó un gran avance, precisamente, para evitar las arbitrariedades que se cometían en su aplicación, cuando ellas eran solo transmitidas por la costumbre. El paso desde la tradición oral a la escrituración, tenía precisamente el objetivo de dejar claro lo establecido por estas normas, darles fijeza, publicidad y terminar con estos abusos.

            Mas, si de manera creciente todo o casi todo depende del intérprete, de nada vale tener estas normas escritas, pues los juegos con la semántica han llegado ya a límites intolerables.

            Sin embargo, de manera más profunda, si todo o casi todo queda en las manos del juez, ¿de qué vale la labor de los órganos que emiten estas normas, los más importantes de los cuales han surgido del voto popular? La democracia misma queda en entredicho, al punto que tal vez sería mejor hablar del gobierno de los jueces, o incluso de “jurisdocracia”.

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del DerechoUniversidad San Sebastián

La Conferencia del Episcopado Mexicano y los perros que nunca ladraron…

“Sobre el campanario de la iglesia moderna, el clero progresista, en vez de cruz, coloca una veleta”.

Nicolás Gómez Dávila

Con muchas dificultades San Juan María Vianney hizo sus estudios en el seminario; fue relegado a la pequeña parroquia de un pueblo llamado Ars. Le haría la guerra a los vicios que reinaban en su pequeño pueblo, a grado tal que dirían: “Ars ya no es Ars”. En efecto, he aquí que Dios le daría a Francia y al mundo, un verdadero ejemplo del buen pastor que conoce a sus ovejas, ejemplo de virtud, guiando a su grey con autoridad y firmeza, haciendo uso de la predica frecuente. Fundo escuelas cristianas, siempre dispuesto en el confesionario donde lo visitaban miles de personas al año, logrando su conversión. Todo ello iría siempre acompañado de penitencias, oración y caridad.

En un contraste vergonzoso de nuestros días, el 25 de febrero el arzobispo de Monterrey, Rogelio Cabrera López, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano emitió un comunicado expresando su apoyo al paro nacional convocado por las feministas “Las brujas del mar”. Dijo además que esto es «un regalo» que merece cada mujer (refiriéndose al descanso) porque «no se arruina la economía, ni la agenda de nadie», agregando que respaldaban la “libre decisión de sus compañeras religiosas y laicas que laboran en la Conferencia del Episcopado Mexicano, para sumarse a esta iniciativa como lo crean conveniente”. Sobra decir que el comunicado es por demás un insulto a la inteligencia de toda persona que se llame católica.

¿Cómo es que un paro nacional que promueve el aborto en todo el país, puede ser un regalo para la mujer?

¿Cuándo fue que la economía llego a tener más relevancia que decir la verdad sobre una ideología que esta aniquilando la vida en el vientre materno y a la familia?

¿Cuándo fue que al sacerdote dejo de importarle el debido discernimiento de lo que acontece en su parroquia, en su diócesis, en su país, de lo que sucede a sus ovejas, a grado tal que se hable sobre la “libre decisión de las religiosas para participar como mejor les parezca”?

¿Cómo es que a la Conferencia del Episcopado Mexicano no le insulta el uso que hace el colectivo “Las brujas del mar” de la imagen de la Madre de Dios con un pañuelo verde y muy por el contrario les motiva a apoyarlo so pretexto de “defensa de la mujer”?

¿Cuántos se verán arrastrados por las palabras del arzobispo y de no pocos sacerdotes, sin discernir y únicamente guiados porque se trata de una autoridad eclesiástica?

El Papa Juan XXIII afirmo: “El sacerdote tiene el deber de recordar que, según los designios insondables de la Divina Providencia, la suerte de muchas almas está ligada a su celo pastoral y al ejemplo de su vida. Y este pensamiento ¿no bastará para provocar una saludable inquietud en los tibios y para estimular a los más fervorosos?”

Los sacerdotes tienen el imperioso deber de leer, adquirir conocimientos y evitar ser negligentes en su pastoral; saber que hablar de participar en dicho paro feminista es el peor de los yerros cometidos. El comunicado es plenamente una distorsión de la Doctrina Social de la Iglesia porque no se puede hablar de justicia social, de preocupación por la mujer siendo los tontos útiles de aquellos que promueven el asesinato en el vientre materno. Ahora bien, es absurdo hablar de concordia y comunión guardando silencio ante un error garrafal de la Conferencia del Episcopado Mexicano. Las divisiones se superan hablando con la verdad de lo que sucede justo ahora, para poder corregir el camino y dar verdadero ejemplo a la feligresía.

Por desgracia estimado lector, aquí no acaba todo. ¿Cuántos colegios y universidades católicas están haciendo lo mismo uniéndose al paro nacional abortista? Nauseabundo.

Este momento es el sueño dorado de la ideología de género: unir a todos en la causa deleznable del aborto, maquillado de defensa de la mujer. Pero no debería sorprendernos, ¿cuantos católicos provida aparentemente «formados» usaron la vida en el vientre materno como moneda de cambio desde hace mucho? Para ellos siempre hay algo más importante que atender en el momento crucial: los migrantes, la economía, violencia contra la mujer, las remesas, etc.

Pero la conversión de Ars hace casi dos siglos nos indica que, tal como sea el sacerdote, así serán sus feligreses. Celoso de su deber, el Santo Cura de Ars, preocupado por las almas de su grey, no vacilo en decirle a su Obispo: “Si queréis convertir vuestra diócesis, habéis de hacer santos a todos vuestros párrocos”. (Estimados sacerdotes y obispos, favor de leer esto más de una vez, entendiendo lo que significa la santidad a la que todos estamos llamados).

Ante el evidente silencio de quienes debieran ser los primeros en denunciar el ataque a la vida humana en el vientre materno, contenido en un paro nacional disfrazado de “defensa de la mujer”, debemos estar seguros de que lo peor que pueda decirse sobre nosotros, particularmente de los que debieron haber cuidado del rebaño es:

Sois como perros que no habéis ladrado jamás…

“El 9 ninguna se mueve”, los ignorantes y zánganos

“Los hombres no pueden mejorar una sociedad prendiéndole fuego. Deben buscar sus viejas virtudes y traerlas de vuelta”. Russell Kirk

Recientemente el colectivo “Las brujas del mar” convoco a marcha y paro nacional “El 9 ninguna se mueve” que se realizará los días 8 y 9 de marzo respectivamente. Lo hacen bajo la bandera de protestar sobre la violencia contra la mujer y los homicidios cometidos las últimas semanas que acapararon los medios de comunicación. Para ello piden que no haya mujeres en las calles, en las escuelas, en el trabajo, en las universidades o haciendo compras.

Así que, varios “provida”, “conservadores”, la “derecha política” y autoridades eclesiásticas (los últimos merecen una especial y posterior mención) se han sumado a la convocatoria argumentando que es perfectamente válida pues se exige seguridad para las mujeres, usando la conocida frase “nos están matando”. Lo que no quieren ver –o aun viéndolo les importa poco- es que se busca apuntalar el aborto en todo el país; luego ¿acaso no es absurdo apoyar una marcha y un paro por la “seguridad” de las mujeres y al mismo tiempo exigir el derecho a matar al bebé (independientemente de su sexo) en el vientre materno?

Es increíble que el grueso de la gente pase por alto que el paro esta promocionado por abortistas que, como es obvio no les importa nadie, ni la mujer. ¿Cómo es esto posible? El feminismo radical ha sabido capitalizar la indignación de la gente respecto a la violencia que se vive en el país, así como la falta de seguridad y justicia.

Han logrado embaucar a mujeres ignorantes. Ahora bien, cuando digo ignorantes no me refiero a analfabetas; la ignorancia anida en personas sumamente preparadas, prueba de ello son las mujeres con cargos políticos, empresarias y  profesionistas de diversas áreas que están sumándose al paro nacional; incluso cuando parecía que varias apoyaban la vida en el vientre materno.

Como suele decirse, ignorantes ha habido siempre, pero ahora salen de las universidades, tienen maestrías y doctorados. Cabe mencionar que todos somos ignorantes en cierto sentido, pero hay que superarlo viendo más allá de una convocatoria; no solo se trata de estar plagados de información, sino de formarse; saber discernir el acontecer diario. Tenga por seguro que unirse a un paro que aprovecha la situación actual de violencia para promover el aborto y el libertinaje sexual no será jamás una opción para mejorar las cosas. Nadie necesita el odio de aquellos que dicen defender a la mujer pero promueven su degradación, arrastrando con ello a toda la sociedad.

Es verdad, no todos los que participen en la marcha o el paro nacional están a favor del aborto, pero es un hecho que todos los que tomarán parte en ese evento le hacen el flaco favor –les guste o no- a los abortistas, apuntalando la ideología de género en este país.

Varios hemos sido víctimas de la delincuencia, el punto es ¿qué hacer con lo que nos sucede? Por ejemplo:

Las cosas materiales, su auto, su celular, su dinero ¿valen la pena como para exigir la imposición del asesinato masivo de ancianos?

Si asesinan a sus hijos adolescentes o a su cónyuge ¿exigiría que mataran a los niños de cinco años o menos, so pretexto de que es el mal menor para garantizar justicia para usted y otros?

¿Le parece absurdo el planteamiento? Lo es; tal y como ahora lo es el hecho de que infinidad de mujeres y hombres de bien (pero terriblemente estultos) se unirán al paro nacional exigiendo justicia para las mujeres negándose a  ver que lo que ahí se exigirá será el asesinato en el vientre materno. Se encuentran apoyando lo que nunca hubieran apoyado de haber estado realmente formados, porque sabrían que la seguridad de unos no está en función de la matanza de inocentes, ni de la destrucción de la familia.

La reacción ante la situación actual de violencia es tan simple y llana que, o nos unimos a los que promueven un crimen nefando, a los que fomentan el odio para mitigar nuestra indignación aprovechándose de ello; o luchamos por el bien común desde el lugar en el que estamos, empezando por nuestra familia. Parece fácil pero es el trabajo más exigente de todos.

No se necesitan zánganos exigiendo no laborar, se necesitan hombres y mujeres dispuestos a trabajar cada día de su vida por un mundo más justo y más humano…

No paro ante el Caballo de Troya

Un paro detiene algo. Detener el desarrollo de algo para demostrar algo, es lo que se busca en el del próximo nueve de marzo. Parar la economía que producimos las mujeres. Con el propósito de que se sienta nuestra ausencia asemejándola a que si todas fuéramos asesinadas, el motor económico se desaceleraría.

Si bien es cierto, no es necesario esta simulación para entenderlo, basta con ver las cifras económicas y comprender que efectivamente las mujeres somos parte importante del PIB nacional. Y también es preciso notar que muchas tienen salarios inferiores por trabajos iguales a los de sus homólogos hombres. Este tema es puramente económico y se debe de tratar justamente desde esa disciplina. No es un asunto de discriminación, sino de costo beneficio que desde hace décadas debió de haber solventado la industria y el gobierno a través de políticas públicas que faciliten una verdadera conciliación entre el trabajo y la familia.

Pero por otro lado, continuando con el paro, el nueve se está realizando para detener la ola de asesinatos a mujeres que ha ido en aumento. Este incremento se relaciona directamente con la escasez de políticas públicas que atiendan, castiguen y prevengan, por ejemplo, la violencia en la pareja o para erradicar la discriminación por sexo que persiste en distintos espacios.

Hay una desigualdad natural entre varones y mujeres en el mercado laboral no sólo salarial sino también de costumbres, pues siguen existiendo ejemplos machistas que resultan adversos para la mujer como cuando se reúnen para cerrar negocios en tugurios de  bailarinas eróticas.

Asimismo, existe una crisis de seguridad más amplia, se requieren políticas que garanticen un control efectivo de armas; que impulsen la desmilitarización de la seguridad pública; y que fortalezcan a las instituciones civiles para que realmente sean capaces de responder a la violencia de manera inteligente, focalizada, transparente y justa, desde lo local y de la mano de la comunidad.

El paro no está proponiendo nada para revertir lo antes mencionado, por el contrario está queriendo detener los llamados “feminicidios” que dada su ambigüedad en la definición, la mayoría de la población considera que el asesinato de una mujer implica automáticamente un “feminicidio”. No obstante se ha querido definir que se relaciona con que el asesino sea varón y que mate a una mujer por el hecho de ser mujer (lo cual es muy complicado demostrar) sin embargo las estadísticas han arrojado datos interesantes: en 17 años por cada 100 mil habitantes se registraron en el año 2000, 19.8 asesinatos de hombres contra 2.6 de mujeres y en el 2017, 45.8 asesinatos de hombres contra 5.2 de mujeres por cada 100 mil habitantes. Y a su vez no podemos descartar el número de abortos que se realizan anualmente en nuestro país.

Es necesario incluir a la tasa de homicidios esta escalofriante cifra, en México hay más de 1 millón de abortos al año y si la tasa de abortos en México es tan elevada es porque más de la mitad del total de los embarazos son no planeados (es decir un millón 900 mil) de los cuales 54 por ciento terminan en un aborto inducido, 34 por ciento resultan en un nacimiento no planeado y 12 por ciento corresponde al aborto espontáneo.

Mujeres que se sienten abandonadas por su pareja y por la sociedad llegan a tomar la decisión de abortar, lo cual es un tipo de violencia sigilosa que no se quiere ver a simple vista.

El “feminicidio” es evidente, en promedio nacemos más mujeres que hombres lo que nos lleva a deducir que ha habido entonces más muertes de mujeres que hombres aunque haya sido antes de nacer. Muertes perpetradas por mujeres hacia un gran número de mujercitas. ¿Cómo tendría entonces que llamarse a este asesinato? ¿Infanticidio femenizado?

Vemos que el problema no es en sí el caso de Fátima, Ingrid, o quien haya sido vilmente asesinada, el problema radica en la raíz. La promiscuidad, la falta de compromiso real en las parejas,  las condiciones de pobreza y la vivienda que no es apta para un sano desarrollo psicológico aunado a la impunidad que hace pensar que es fácil matar y nadie te castiga, son los principales disparadores de la violencia en contra de la mujer.  El alcoholismo y la drogadicción que muchas personas padecen para evadir esa realidad, conlleva a la descomposición social actual. Aunado al consumo desmedido de pornografía que vuelve a la mujer en objeto sexual de dominio.  Asimismo, a la militarización y falta de control de armas que hay en México.

El paro del nueve es el resultado del hartazgo que legitima, cierto, la lucha por la justicia, pero no tiene un objetivo claro y específico que busque componer el tejido social. Más bien lo han replicado de movimientos similares llevados a cabo en Estados Unidos “Day without woman” auspiciado por ONG’s que buscan a partir del lamentable hecho comentado en este escrito, continuar gradualmente imponiendo el aborto como un derecho más de la mujer.

Se dice que la agrupación “Las Brujas del Mar” comenzó a darle vida al paro en México para llegar a movilizar las redes sociales y polarizar a la sociedad. En especial a las mujeres que apoyan la vida desde el vientre materno, pero que condenan la violencia femenina.

Muchos se están aprovechando de la situación de podredumbre, para sus fines perversos construyendo un Caballo de Troya que sin duda le costará a la sociedad. Pues a pesar de que el común denominador sea la defensa de la mujer, cohabitar con grupos de choque que ya han demostrado su violencia y furia contra las instituciones que funcionan, como el matrimonio y la familia o la figura de la maternidad, así como en contra de las iglesias, es delicado.

Potenciará el movimiento que busca demostrar que la mujer es víctima del hombre y que la igualdad implica ser como el hombre, entonces el aborto pertenece a la misma premisa, para que se dé en la lógica del feminismo revolucionario.

Si piensas participar, sugiero que te sirvas del movimiento para alzar la voz por las mujeres que no tienen voz. Que son las niñas que están por nacer y vistas de azul, pero que asumas las consecuencias cuando en su pliego petitorio, las organizadoras exijan aborto libre y seguro en México.

Hay que luchar por México, porque no haya más asesinatos, y que nadie quede impune. Luchar por una policía competente con salarios justos. Control de armas y ataque frontal al narcotráfico con estrategias de calidad.

Programas integrales para que las familias se solidifiquen, se acote la brecha de pobreza, campañas que prevengan y asistan las adicciones y reformas para regular la pornografía y su consumo.

Que no haya más Fátimas, Norbertos, Ximenas, universitarios muertos por la violencia. Que no haya más mexicanos inocentes asesinados en México. Que no haya más muertes violentas de hombres y mujeres.

Triste, ciertamente, México sangra pero sin objetivos claros, la marcha y el paro pueden resultar contraproducentes al  empoderar con tu presencia a las arquitectas del Caballo que está por envestir a las instituciones. Por eso no paro para seguir trabajando por México.

Nos leemos pronto para no quedarnos atrás y ver hacia delante.

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