Simplemente Bella…

“Conocer tus heridas me permite ayudarte con todo lo que yo soy. Dar mi vida por ti significa orar por ti para ayudarte a llegar al Cielo”. (Anónimo)

José es cocinero en el restaurante de su hermano Manny. De cuando en cuando le asaltan los recuerdos de un suceso doloroso de su vida. Una mañana, su hermano despide a una de las empleadas llamada Nina debido a faltas recurrentes; José la sigue y ella le confiesa que está embarazada. En un gesto de empatía y percibiendo que necesita desahogarse, se ofrece a escucharla además de invitarla a la playa. En el trayecto Nina le dice que el padre de su hijo la ha dejado sola y ninguno de los dos quiere que éste nazca, así que piensa abortar. José la escucha atentamente y le plantea opciones de vida, a lo que ella contesta agriamente.

Al llegar a casa de sus padres, le muestra a Nina su antiguo auto y le confía aquel suceso doloroso que cambio su prometedora vida de futbolista para siempre: el haber atropellado a una pequeña niña quitándole la vida, motivo por el cual fue condenado a prisión por cuatro años. Todo cambiaría a partir de entonces pues viviría con el dolor de haber cegado una vida. Por su parte, conviviendo aquella tarde con su familia, Nina se da cuenta de lo importante que es tener un respaldo ante las dificultades de la vida, algo de lo que ella careció desde su infancia. Al hablar de sus heridas, ambos encuentran un bálsamo y el camino para restaurarlas mientras una nueva vida llega a este mundo.

Ganadora del Premio del Público en la XXXI edición del Festival Internacional de Cine de Toronto considerado el máximo galardón. Alejandro Monteverde y Eduardo Verástegui lograron una película simplemente excepcional y maravillosa que contiene un profundo mensaje provida. El eje principal sin duda es la defensa de la vida en el vientre materno, una verdadera osadía en una industria cinematográfica que se ha empeñado en destruir  la familia y la vida del no nato. Muestra que es posible realizar una película con valores, respetando la dignidad del ser humano.

Es menester señalar lo sencillo que habría sido para José el haber recurrido al suicidio, tal como hizo Ben Thomas en “Siete almas” creyendo “redimirse” cuando dicho acto es realmente una confesión de impotencia para soportar los dolores, amarguras y yerros de la vida; se afirma con ello que no existe la misericordia, ni el perdón y por ende la salvación. ¿Puede ahora ver la diferencia abismal? José no regala una casa, ni dona sus corneas o su corazón; no manipula a un amigo para participar en su suicidio; no, José enfrenta una condena y sigue adelante tratando de vivir con el dolor de sus heridas.

Cuando la oportunidad se presenta, escucha a Nina, le ofrece su hombro y ello tiene un impacto tan profundo que no lo solo evita que ella aborte, sino que le hace ver que siempre hay esperanza y todavía puede cambiar de vida; es decir, salva ambas vidas y la suya propia. Cuán sencillo hubiera sido aconsejar apoyar a Nina para que abortase. He aquí el poderoso mensaje de Bella: desde la concepción hasta la muerte natural, hombres o mujeres, gente virtuosa o no; toda vida importa.

Poco advertimos  lo reparador que puede ser una simple conversación en la que nuestros semejantes hallen un bálsamo a sus heridas, consuelo y esperanza  para seguir adelante. Cuan sencillo puede ser aconsejar a alguien matar a su propio hijo, so pretexto de “ayudar”. En ese orden, se ha preguntado alguna vez respecto a las conversaciones que ha sostenido a lo largo de su vida: ¿Cuántas fueron edificantes? ¿Cuántas ayudaron sinceramente? ¿Cuántas salvaron a otros del abismo en el que se encontraban? ¿Cuántas lograron una conversión? … ¿Cuántas salvaron una vida?

Trabajamos cada día –querámoslo o no- para destruir todo a nuestro paso o bien para restaurarlo todo en Cristo. Porque ciertamente no se trata de salvarnos a nosotros mismos, sino en conjunto; no se trata únicamente de salvar vidas, sino de cambiar vidas; no solo se trata de salvar la vida material, sino ante todo salvar el alma para Dios…

¿Hacia el infanticidio?

La Asamblea Nacional francesa, acaba de aprobar hace algunos días, un proyecto de ley que permitiría a las mujeres abortar, incluso hasta antes del nacimiento del niño, bajo la excusa del ambiguo y generoso concepto de “angustia psicosocial”, siempre que sea avalada por un médico. La desgraciada moción deberá ahora ser revisada por el Senado (el otro órgano que conforma el equivalente a nuestro Congreso en ese país), lo que posiblemente ocurrirá a fines de este año, para que eventualmente –esperamos que no– se convierta en ley.

            Tal vez la única virtud de un proyecto como este, sea que muestra el verdadero rostro de muchos de los que defienden y luchan por el aborto, al punto de llegar a considerarlo un “derecho humano”. Es decir, que en varios casos, las tres causales típicas que inicialmente se invocan para legitimar esta práctica, son solo un primer paso para llegar a su liberalización total, idealmente financiada por el Estado. En este sentido, debiera hacer despertar y despabilarse a quienes creen que el este debate termina al aprobarse dichas causales, como ha ocurrido en Chile.

            Ahora bien, más allá de lo terrible de esta mentalidad, que en atención al proyecto mencionado es capaz incluso de matar a un niño perfectamente viable, que podría haber sido sacado del vientre materno antes de su eliminación y vivir perfectamente, esta nueva frontera abre variadas e inquietantes interrogantes, dos de las cuales mencionamos aquí.

            La primera, es qué procedimiento habrá que llevar a cabo para abortar a estos niños cuando ellos sean capaces de vivir por sus propios medios fuera del vientre maternos. Mal que mal, si se los elimina luego de nacidos, estaríamos no frente a un aborto, sino a un infanticidio, situación que al menos por ahora, está penalizada. Ello hace suponer que para evitarlo, primero habría que matar al niño dentro de su madre (poniéndola en riesgo también a ella, dado su tamaño) y luego extraer el cadáver. O también, para recordar una dantesca práctica (creada precisamente para no cometer infanticidio), de proceder al llamado “aborto por nacimiento parcial”. En este caso, se hace salir al niño del claustro materno comenzando por los pies, deteniendo el procedimiento cuando se llega al cuello, para luego perforar el cráneo y succionar el cerebro, y finalmente terminar de expulsarlo ya muerto, evidentemente. De ahí su nombre –“aborto por nacimiento parcial”–, pues técnicamente, no ha nacido por completo, sino solo en parte, con lo cual estaríamos técnicamente ante un aborto.

            La segunda y tal vez más inquietante reflexión, es qué diferencia sustancial existe entre un niño de 8 meses de gestación y uno ya nacido; tan sustancial, que haga lícito matarlo impunemente en el primer caso y no en el segundo. Sin embargo, más allá de este absurdo –y precisamente por eso, por tratarse de un absurdo–, nada impide que con esta lógica, se termine legitimando el mismo infanticidio, con lo cual ni siquiera habiendo superado la “prueba” del nacimiento, nuestros niños estarían a salvo, pues se podría disponer de ellos libremente, quién sabe hasta qué etapa de su crecimiento.

            Una prueba más de lo que ocurre cuando sin ningún derecho, nos arrogamos la decisión de determinar quién vive y quién no, motivada por nuestros caprichos o intereses. El problema es que esta frontera, una vez traspasada, puede correrse –como de hecho se ha ido haciendo–, notable y peligrosamente.

 

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

Jueces, leyes y democracia

En un reciente fallo, la Corte Suprema de Kansas, Estados Unidos, declaró que existe el “derecho natural” de la mujer a abortar, en razón de su libertad, establecida de manera bastante genérica en el preámbulo de su constitución federal. De esta forma, pretende que ningún interés ajeno a dicha libertad pueda poner en jaque esta decisión de la madre.

            Ahora bien, al margen del consabido problema de estar acabando con otro ser humano inocente, a quien se le está quitando arbitrariamente su calidad de persona, pero que posee igual dignidad que la madre (o incluso más, al tratarse de un ser indefenso que merece mayor protección), la sentencia de este máximo tribunal federal es un botón de muestra más, del creciente y en buena medida incontrolado poder que están adquiriendo los jueces en muchos países, quienes mediante la “interpretación” de los textos que supuestamente los limitan, terminan imponiendo su propia voluntad.

            En efecto, tanto a nivel nacional como internacional, el activismo judicial está haciendo que uno se pregunte, sinceramente, de qué sirve tener leyes, constituciones o tratados, si llegado el momento de aclarar su sentido y aplicarlos, el intérprete se convierte en un auténtico demiurgo de los mismos, que los puede trastocar completamente.

            De nada sirve la a veces meridiana claridad del texto a analizar; a tanto llega el poder de este verdadero creador de derechos. Es cosa de recordar la Convención Americana sobre Derechos Humanos, que establece en su art. 4.1 que el derecho a la vida se protege desde la concepción y que persona es todo ser humano (art. 1.2). Pese a ello, la Corte Interamericana determinó que el no nacido no es una persona (casos Artavia Murillo vs. Costa Rica, de 2012, y Gómez Murillo vs. Costa Rica, de 2016).

            En por eso que la situación anterior podría compararse con aquel estudioso que, al analizar una partitura, la modifica, introduciendo nuevas notas musicales. De esta manera, no existe ninguna claridad ni previsibilidad sobre cuál podría ser el producto final que saldrá de su inspiración.

            Pero más allá de metáforas, lo peligroso de una situación semejante es que si los jueces tienen casi total libertad para modificar como les plazca el texto que interpretan, la pregunta hecha más arriba vuelve a inquietarnos: ¿para qué tenemos entonces leyes, constituciones y tratados? Ello, porque se supone que la escrituración de las normas jurídicas, hace ya milenios, significó un gran avance, precisamente, para evitar las arbitrariedades que se cometían en su aplicación, cuando ellas eran solo transmitidas por la costumbre. El paso desde la tradición oral a la escrituración, tenía precisamente el objetivo de dejar claro lo establecido por estas normas, darles fijeza, publicidad y terminar con estos abusos.

            Mas, si de manera creciente todo o casi todo depende del intérprete, de nada vale tener estas normas escritas, pues los juegos con la semántica han llegado ya a límites intolerables.

            Sin embargo, de manera más profunda, si todo o casi todo queda en las manos del juez, ¿de qué vale la labor de los órganos que emiten estas normas, los más importantes de los cuales han surgido del voto popular? La democracia misma queda en entredicho, al punto que tal vez sería mejor hablar del gobierno de los jueces, o incluso de “jurisdocracia”.

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del DerechoUniversidad San Sebastián

La Conferencia del Episcopado Mexicano y los perros que nunca ladraron…

“Sobre el campanario de la iglesia moderna, el clero progresista, en vez de cruz, coloca una veleta”.

Nicolás Gómez Dávila

Con muchas dificultades San Juan María Vianney hizo sus estudios en el seminario; fue relegado a la pequeña parroquia de un pueblo llamado Ars. Le haría la guerra a los vicios que reinaban en su pequeño pueblo, a grado tal que dirían: “Ars ya no es Ars”. En efecto, he aquí que Dios le daría a Francia y al mundo, un verdadero ejemplo del buen pastor que conoce a sus ovejas, ejemplo de virtud, guiando a su grey con autoridad y firmeza, haciendo uso de la predica frecuente. Fundo escuelas cristianas, siempre dispuesto en el confesionario donde lo visitaban miles de personas al año, logrando su conversión. Todo ello iría siempre acompañado de penitencias, oración y caridad.

En un contraste vergonzoso de nuestros días, el 25 de febrero el arzobispo de Monterrey, Rogelio Cabrera López, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano emitió un comunicado expresando su apoyo al paro nacional convocado por las feministas “Las brujas del mar”. Dijo además que esto es «un regalo» que merece cada mujer (refiriéndose al descanso) porque «no se arruina la economía, ni la agenda de nadie», agregando que respaldaban la “libre decisión de sus compañeras religiosas y laicas que laboran en la Conferencia del Episcopado Mexicano, para sumarse a esta iniciativa como lo crean conveniente”. Sobra decir que el comunicado es por demás un insulto a la inteligencia de toda persona que se llame católica.

¿Cómo es que un paro nacional que promueve el aborto en todo el país, puede ser un regalo para la mujer?

¿Cuándo fue que la economía llego a tener más relevancia que decir la verdad sobre una ideología que esta aniquilando la vida en el vientre materno y a la familia?

¿Cuándo fue que al sacerdote dejo de importarle el debido discernimiento de lo que acontece en su parroquia, en su diócesis, en su país, de lo que sucede a sus ovejas, a grado tal que se hable sobre la “libre decisión de las religiosas para participar como mejor les parezca”?

¿Cómo es que a la Conferencia del Episcopado Mexicano no le insulta el uso que hace el colectivo “Las brujas del mar” de la imagen de la Madre de Dios con un pañuelo verde y muy por el contrario les motiva a apoyarlo so pretexto de “defensa de la mujer”?

¿Cuántos se verán arrastrados por las palabras del arzobispo y de no pocos sacerdotes, sin discernir y únicamente guiados porque se trata de una autoridad eclesiástica?

El Papa Juan XXIII afirmo: “El sacerdote tiene el deber de recordar que, según los designios insondables de la Divina Providencia, la suerte de muchas almas está ligada a su celo pastoral y al ejemplo de su vida. Y este pensamiento ¿no bastará para provocar una saludable inquietud en los tibios y para estimular a los más fervorosos?”

Los sacerdotes tienen el imperioso deber de leer, adquirir conocimientos y evitar ser negligentes en su pastoral; saber que hablar de participar en dicho paro feminista es el peor de los yerros cometidos. El comunicado es plenamente una distorsión de la Doctrina Social de la Iglesia porque no se puede hablar de justicia social, de preocupación por la mujer siendo los tontos útiles de aquellos que promueven el asesinato en el vientre materno. Ahora bien, es absurdo hablar de concordia y comunión guardando silencio ante un error garrafal de la Conferencia del Episcopado Mexicano. Las divisiones se superan hablando con la verdad de lo que sucede justo ahora, para poder corregir el camino y dar verdadero ejemplo a la feligresía.

Por desgracia estimado lector, aquí no acaba todo. ¿Cuántos colegios y universidades católicas están haciendo lo mismo uniéndose al paro nacional abortista? Nauseabundo.

Este momento es el sueño dorado de la ideología de género: unir a todos en la causa deleznable del aborto, maquillado de defensa de la mujer. Pero no debería sorprendernos, ¿cuantos católicos provida aparentemente «formados» usaron la vida en el vientre materno como moneda de cambio desde hace mucho? Para ellos siempre hay algo más importante que atender en el momento crucial: los migrantes, la economía, violencia contra la mujer, las remesas, etc.

Pero la conversión de Ars hace casi dos siglos nos indica que, tal como sea el sacerdote, así serán sus feligreses. Celoso de su deber, el Santo Cura de Ars, preocupado por las almas de su grey, no vacilo en decirle a su Obispo: “Si queréis convertir vuestra diócesis, habéis de hacer santos a todos vuestros párrocos”. (Estimados sacerdotes y obispos, favor de leer esto más de una vez, entendiendo lo que significa la santidad a la que todos estamos llamados).

Ante el evidente silencio de quienes debieran ser los primeros en denunciar el ataque a la vida humana en el vientre materno, contenido en un paro nacional disfrazado de “defensa de la mujer”, debemos estar seguros de que lo peor que pueda decirse sobre nosotros, particularmente de los que debieron haber cuidado del rebaño es:

Sois como perros que no habéis ladrado jamás…

“El 9 ninguna se mueve”, los ignorantes y zánganos

“Los hombres no pueden mejorar una sociedad prendiéndole fuego. Deben buscar sus viejas virtudes y traerlas de vuelta”. Russell Kirk

Recientemente el colectivo “Las brujas del mar” convoco a marcha y paro nacional “El 9 ninguna se mueve” que se realizará los días 8 y 9 de marzo respectivamente. Lo hacen bajo la bandera de protestar sobre la violencia contra la mujer y los homicidios cometidos las últimas semanas que acapararon los medios de comunicación. Para ello piden que no haya mujeres en las calles, en las escuelas, en el trabajo, en las universidades o haciendo compras.

Así que, varios “provida”, “conservadores”, la “derecha política” y autoridades eclesiásticas (los últimos merecen una especial y posterior mención) se han sumado a la convocatoria argumentando que es perfectamente válida pues se exige seguridad para las mujeres, usando la conocida frase “nos están matando”. Lo que no quieren ver –o aun viéndolo les importa poco- es que se busca apuntalar el aborto en todo el país; luego ¿acaso no es absurdo apoyar una marcha y un paro por la “seguridad” de las mujeres y al mismo tiempo exigir el derecho a matar al bebé (independientemente de su sexo) en el vientre materno?

Es increíble que el grueso de la gente pase por alto que el paro esta promocionado por abortistas que, como es obvio no les importa nadie, ni la mujer. ¿Cómo es esto posible? El feminismo radical ha sabido capitalizar la indignación de la gente respecto a la violencia que se vive en el país, así como la falta de seguridad y justicia.

Han logrado embaucar a mujeres ignorantes. Ahora bien, cuando digo ignorantes no me refiero a analfabetas; la ignorancia anida en personas sumamente preparadas, prueba de ello son las mujeres con cargos políticos, empresarias y  profesionistas de diversas áreas que están sumándose al paro nacional; incluso cuando parecía que varias apoyaban la vida en el vientre materno.

Como suele decirse, ignorantes ha habido siempre, pero ahora salen de las universidades, tienen maestrías y doctorados. Cabe mencionar que todos somos ignorantes en cierto sentido, pero hay que superarlo viendo más allá de una convocatoria; no solo se trata de estar plagados de información, sino de formarse; saber discernir el acontecer diario. Tenga por seguro que unirse a un paro que aprovecha la situación actual de violencia para promover el aborto y el libertinaje sexual no será jamás una opción para mejorar las cosas. Nadie necesita el odio de aquellos que dicen defender a la mujer pero promueven su degradación, arrastrando con ello a toda la sociedad.

Es verdad, no todos los que participen en la marcha o el paro nacional están a favor del aborto, pero es un hecho que todos los que tomarán parte en ese evento le hacen el flaco favor –les guste o no- a los abortistas, apuntalando la ideología de género en este país.

Varios hemos sido víctimas de la delincuencia, el punto es ¿qué hacer con lo que nos sucede? Por ejemplo:

Las cosas materiales, su auto, su celular, su dinero ¿valen la pena como para exigir la imposición del asesinato masivo de ancianos?

Si asesinan a sus hijos adolescentes o a su cónyuge ¿exigiría que mataran a los niños de cinco años o menos, so pretexto de que es el mal menor para garantizar justicia para usted y otros?

¿Le parece absurdo el planteamiento? Lo es; tal y como ahora lo es el hecho de que infinidad de mujeres y hombres de bien (pero terriblemente estultos) se unirán al paro nacional exigiendo justicia para las mujeres negándose a  ver que lo que ahí se exigirá será el asesinato en el vientre materno. Se encuentran apoyando lo que nunca hubieran apoyado de haber estado realmente formados, porque sabrían que la seguridad de unos no está en función de la matanza de inocentes, ni de la destrucción de la familia.

La reacción ante la situación actual de violencia es tan simple y llana que, o nos unimos a los que promueven un crimen nefando, a los que fomentan el odio para mitigar nuestra indignación aprovechándose de ello; o luchamos por el bien común desde el lugar en el que estamos, empezando por nuestra familia. Parece fácil pero es el trabajo más exigente de todos.

No se necesitan zánganos exigiendo no laborar, se necesitan hombres y mujeres dispuestos a trabajar cada día de su vida por un mundo más justo y más humano…

No paro ante el Caballo de Troya

Un paro detiene algo. Detener el desarrollo de algo para demostrar algo, es lo que se busca en el del próximo nueve de marzo. Parar la economía que producimos las mujeres. Con el propósito de que se sienta nuestra ausencia asemejándola a que si todas fuéramos asesinadas, el motor económico se desaceleraría.

Si bien es cierto, no es necesario esta simulación para entenderlo, basta con ver las cifras económicas y comprender que efectivamente las mujeres somos parte importante del PIB nacional. Y también es preciso notar que muchas tienen salarios inferiores por trabajos iguales a los de sus homólogos hombres. Este tema es puramente económico y se debe de tratar justamente desde esa disciplina. No es un asunto de discriminación, sino de costo beneficio que desde hace décadas debió de haber solventado la industria y el gobierno a través de políticas públicas que faciliten una verdadera conciliación entre el trabajo y la familia.

Pero por otro lado, continuando con el paro, el nueve se está realizando para detener la ola de asesinatos a mujeres que ha ido en aumento. Este incremento se relaciona directamente con la escasez de políticas públicas que atiendan, castiguen y prevengan, por ejemplo, la violencia en la pareja o para erradicar la discriminación por sexo que persiste en distintos espacios.

Hay una desigualdad natural entre varones y mujeres en el mercado laboral no sólo salarial sino también de costumbres, pues siguen existiendo ejemplos machistas que resultan adversos para la mujer como cuando se reúnen para cerrar negocios en tugurios de  bailarinas eróticas.

Asimismo, existe una crisis de seguridad más amplia, se requieren políticas que garanticen un control efectivo de armas; que impulsen la desmilitarización de la seguridad pública; y que fortalezcan a las instituciones civiles para que realmente sean capaces de responder a la violencia de manera inteligente, focalizada, transparente y justa, desde lo local y de la mano de la comunidad.

El paro no está proponiendo nada para revertir lo antes mencionado, por el contrario está queriendo detener los llamados “feminicidios” que dada su ambigüedad en la definición, la mayoría de la población considera que el asesinato de una mujer implica automáticamente un “feminicidio”. No obstante se ha querido definir que se relaciona con que el asesino sea varón y que mate a una mujer por el hecho de ser mujer (lo cual es muy complicado demostrar) sin embargo las estadísticas han arrojado datos interesantes: en 17 años por cada 100 mil habitantes se registraron en el año 2000, 19.8 asesinatos de hombres contra 2.6 de mujeres y en el 2017, 45.8 asesinatos de hombres contra 5.2 de mujeres por cada 100 mil habitantes. Y a su vez no podemos descartar el número de abortos que se realizan anualmente en nuestro país.

Es necesario incluir a la tasa de homicidios esta escalofriante cifra, en México hay más de 1 millón de abortos al año y si la tasa de abortos en México es tan elevada es porque más de la mitad del total de los embarazos son no planeados (es decir un millón 900 mil) de los cuales 54 por ciento terminan en un aborto inducido, 34 por ciento resultan en un nacimiento no planeado y 12 por ciento corresponde al aborto espontáneo.

Mujeres que se sienten abandonadas por su pareja y por la sociedad llegan a tomar la decisión de abortar, lo cual es un tipo de violencia sigilosa que no se quiere ver a simple vista.

El “feminicidio” es evidente, en promedio nacemos más mujeres que hombres lo que nos lleva a deducir que ha habido entonces más muertes de mujeres que hombres aunque haya sido antes de nacer. Muertes perpetradas por mujeres hacia un gran número de mujercitas. ¿Cómo tendría entonces que llamarse a este asesinato? ¿Infanticidio femenizado?

Vemos que el problema no es en sí el caso de Fátima, Ingrid, o quien haya sido vilmente asesinada, el problema radica en la raíz. La promiscuidad, la falta de compromiso real en las parejas,  las condiciones de pobreza y la vivienda que no es apta para un sano desarrollo psicológico aunado a la impunidad que hace pensar que es fácil matar y nadie te castiga, son los principales disparadores de la violencia en contra de la mujer.  El alcoholismo y la drogadicción que muchas personas padecen para evadir esa realidad, conlleva a la descomposición social actual. Aunado al consumo desmedido de pornografía que vuelve a la mujer en objeto sexual de dominio.  Asimismo, a la militarización y falta de control de armas que hay en México.

El paro del nueve es el resultado del hartazgo que legitima, cierto, la lucha por la justicia, pero no tiene un objetivo claro y específico que busque componer el tejido social. Más bien lo han replicado de movimientos similares llevados a cabo en Estados Unidos “Day without woman” auspiciado por ONG’s que buscan a partir del lamentable hecho comentado en este escrito, continuar gradualmente imponiendo el aborto como un derecho más de la mujer.

Se dice que la agrupación “Las Brujas del Mar” comenzó a darle vida al paro en México para llegar a movilizar las redes sociales y polarizar a la sociedad. En especial a las mujeres que apoyan la vida desde el vientre materno, pero que condenan la violencia femenina.

Muchos se están aprovechando de la situación de podredumbre, para sus fines perversos construyendo un Caballo de Troya que sin duda le costará a la sociedad. Pues a pesar de que el común denominador sea la defensa de la mujer, cohabitar con grupos de choque que ya han demostrado su violencia y furia contra las instituciones que funcionan, como el matrimonio y la familia o la figura de la maternidad, así como en contra de las iglesias, es delicado.

Potenciará el movimiento que busca demostrar que la mujer es víctima del hombre y que la igualdad implica ser como el hombre, entonces el aborto pertenece a la misma premisa, para que se dé en la lógica del feminismo revolucionario.

Si piensas participar, sugiero que te sirvas del movimiento para alzar la voz por las mujeres que no tienen voz. Que son las niñas que están por nacer y vistas de azul, pero que asumas las consecuencias cuando en su pliego petitorio, las organizadoras exijan aborto libre y seguro en México.

Hay que luchar por México, porque no haya más asesinatos, y que nadie quede impune. Luchar por una policía competente con salarios justos. Control de armas y ataque frontal al narcotráfico con estrategias de calidad.

Programas integrales para que las familias se solidifiquen, se acote la brecha de pobreza, campañas que prevengan y asistan las adicciones y reformas para regular la pornografía y su consumo.

Que no haya más Fátimas, Norbertos, Ximenas, universitarios muertos por la violencia. Que no haya más mexicanos inocentes asesinados en México. Que no haya más muertes violentas de hombres y mujeres.

Triste, ciertamente, México sangra pero sin objetivos claros, la marcha y el paro pueden resultar contraproducentes al  empoderar con tu presencia a las arquitectas del Caballo que está por envestir a las instituciones. Por eso no paro para seguir trabajando por México.

Nos leemos pronto para no quedarnos atrás y ver hacia delante.

El miedo de traer hijos al mundo

Estamos viviendo una época en que la familia -como institución- se encuentra sufriendo duros embates. Se tiende a ridiculizar, en ciertos ambientes, que el matrimonio es la unión de un hombre con una mujer en orden a procrear hijos y formar una familia estable.

Otras veces se pone en tela de juicio la indisolubilidad del vínculo y que esa unión de los cónyuges es para toda la vida.

En repetidas ocasiones y a lo largo de la historia, los gobiernos socialistas o comunistas sostienen la absurda idea de que los hijos de una familia les pertenecen al Estado y no a sus padres, como está ocurriendo actualmente en España.

A principios de 1970, el candidato a la Presidencia de la República por el P.R.I., Luis Echeverría Álvarez afirmaba que “Gobernar es poblar”. Tiempo después lanzó la campaña con el eslogan de que “La familia pequeña vive mejor” y autorizó que en las comunidades indígenas se esterilizaran tanto a mujeres (mediante la ligadura de trompas) o a los hombres (mediante la vasectomía) sin pedirles su consentimiento.

Fue un brutal abuso a la dignidad y a los derechos humanos de estas comunidades. También se lanzaron campañas de reducción de la natalidad al precio que fuera, como la difusión masiva de preservativos, el colocar  dispositivos intrauterinos sin previo aviso a los esposos, a la menor dificultad –según lo decidían arbitrariamente algunos médicos- extirpar la matriz, provocar abortos, etc.

Los siguientes Presidentes de este partido continuaron con estas funestas medidas al punto que el índice de la natalidad se ha visto reducida en forma considerable de 50 años a la fecha. Los sociólogos sostienen que a mediados de este siglo en México habrá mayoría de personas de la tercera edad, como ya ha está ocurriendo en Suecia, Dinamarca, Holanda, Inglaterra, Francia, Canadá…sin que haya relevos generacionales para los diversos trabajos.

Decía la ilustre filósofa y escritora mexicana, Dra. Emma Godoy: “Dios perdona siempre, los hombres algunas veces, pero la naturaleza no perdona nunca”. Es decir, cuando se trastorna seriamente el crecimiento poblacional y a los ciudadanos se les siembra un “terror a tener hijos”, entonces sobrevienen estos serios desórdenes que hoy observamos.

El célebre músico y poeta, Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura en 2016, escribió en su melodía “Señores de la Guerra”: “Ustedes han sembrado el peor de los miedos / que jamás se haya lanzado; / el miedo a traer niños al mundo. / Han amenazado a mi bebé, / cuando todavía no ha nacido / y ni siquiera tiene un nombre. / Y es porque ustedes no valoran / la sangre que corre por sus venas”.

El intelectual Antonio Socci, en su libro titulado El Genocidio Censurado, afirma que esta oleada de legalizaciones del aborto en muchos países del planeta, se ha convertido en el mayor genocidio de los siglos XX y XXI.

Ninguna guerra mundial -por sangrienta que haya sido- ha arrojado la escalofriante cifra de más de mil millones de víctimas inocentes abortadas como saldo de este genocidio.

Sin duda, se trata de la peor de las barbaries de nuestra civilización. Precisamente ahora en que se tiene tanta sensibilidad por el adecuado equilibrio en el ecosistema, por preservar animales en extinción; salvar ballenas, delfines, tortugas; cuidar los manglares y corales, etc. es justo ahora cuando se mira con enorme desprecio e indiferencia el valor de la vida humana.

Es innegable que diversos organismos internacionales aportan bastante dinero y presionan constantemente para que en los países denominados del “Tercer Mundo” o “subdesarrolados” se imponga esta “Cultura de la muerte”.

Me impacto mucho una entrevista que les hicieron a un par de jovencitas mexicanas al salir de una preparatoria pública, sobre si estaban de acuerdo o no con el aborto, una contestó que ya había abortado una vez, y la otra, respondió con displicencia que en dos ocasiones lo había hecho y que no sentía remordimiento alguno por haberlo realizado. Y todavía añadió que estaría dispuesta a tener un tercer aborto.

Pienso que esto es precisamente el trasfondo de lo que pretenden estos organismos internacionales: destruir la moral ciudadana al extremo que una chica pierda la conciencia del bien y del mal y le dé exactamente lo mismo asesinar a una criatura inocente en su vientre o practicar el infanticidio (es decir, dejarla morir al nacer).

Por ello, resulta urgente que los ciudadanos tengan un papel más protagónico en la sociedad y pongan los medios necesarios a su alcance para evitar que se continúe con este nuevo holocausto.

Los sacrificios y el penoso discurso de Michelle Williams

“Los hábiles aceptan envilecerse para triunfar y terminan fracasando porque se envilecieron” Nicolás Gómez Dávila

Solemos decir que hemos hecho sacrificios cuando nos esforzamos por conseguir algo que deseábamos: una licenciatura, un doctorado, aprender otro idioma, recuperarnos de una enfermedad, estar en forma, viajar a algún lugar, obtener una medalla, étc. Y los sacrificios pueden ser de diversa índole: privarnos de ciertas comodidades, levantarnos muy temprano y dormir hasta tarde, ahorrar, estudiar en días de descanso, dejar de asistir a fiestas, étc.

En la reciente entrega de los Globos de Oro, la actriz Michelle Williams dirigió un “poderoso” discurso al recibir su premio, algo digno de observar:

“Como mujeres sabemos que le pueden ocurrir cosas a nuestros cuerpos que no son nuestra elección”. Cada mujer sabe que teniendo relaciones sexuales puede quedar embarazada, por tanto la elección de tener un hijo o no es antes de mantener dichas relaciones sexuales. Hay que enfatizar que el uso de anticonceptivos no es la solución al aborto como muchos incautos piensan, muy por el contrario, ambos son parte del círculo vicioso que conviene a la industria del aborto

“Y no hubiese podido hacerlo sin usar mi derecho como mujer a decidir. De poder decidir cuándo y con quién tener mis hijos cuando me sintiera preparada, apoyada y capaz de balancear mi vida, que como madres sabemos la balanza siempre se debe apuntar a favor de nuestros propios hijos”. El embarazo no convierte a la mujer y al hombre en inútiles, (favor de leer más de una vez), antes bien, impele a redoblar los esfuerzos para salir adelante. ¿Cómo es que la balanza se inclina a favor de los hijos si se les mata?

“Sé que mis opciones pueden parecer diferentes a las de otras personas, pero gracias a Dios o a quien quiera que le recéis, vivimos en un país fundado en el principio de vivir acorde a lo que pensamos”. Matar al bebé en el vientre materno no es una opción como lo es el ser fanático de cierto equipo de fútbol soccer, de pertenecer a un club, de viajar, de comprar tal o cual modelo de auto, de vivir en la montaña o en la ciudad. Michelle Williams al igual que infinidad de personas, viven en un país donde es legal matar al bebé en el vientre materno en una o más circunstancias, desde las primeras semanas o hasta el noveno mes de gestación. Y agradecer a Dios por abortar es la burla en pleno; a Él se le agradece las bendiciones recibidas, la salud de nuestra familia, la conversión de otros, las difíciles pruebas que a la larga nos fortalecen; pero uno simplemente no agradece poder matar a los propios hijos. ¿Se da cuenta ahora de la degradación a la que hemos llegado?

Es evidente que la industria del aborto y la industria cinematográfica van con todo en el negociado del aborto y contra su restricción: el mensaje de Michelle Williams esta dirigido a todos aquellos que no habían sido totalmente absorbidos por la ideología de género, que todavía presentaban oposición, que mostraban aversión a las feministas desnudas o semidesnudas profiriendo blasfemias, actuando violentamente y defecando en la calle o frente a iglesias católicas. Ahora les han presentado a una actriz embarazada y sonriente; recibiendo un premio, defendiendo el asesinato en el vientre materno con palabras emotivas (o engaña bobos); agradeciendo a Dios por ello, agradeciendo vivir en un país donde sus leyes permiten matar al no nato, nauseabundo.

Es cierto que los padres hacen sacrificios por los hijos, trabajan a tiempo completo para proveer mejor a su familia; lograr un aumento de sueldo que les permita enviarlos a la universidad; abstenerse incluso de probar alimento para dárselo a sus pequeños. Se sacrificaba el tiempo, se sacrificaban cosas, se sacrificaban a sí mismos. ¿Quién diría que llegaría el día en que los padres sacrificarían a sus propios hijos en el vientre materno para lograr sus sueños? Y no solo eso, que también lo dirían a los cuatro vientos y les aplaudirían efusivamente por ello.

Esto, desde luego no tiene fin, pregúntese ¿A quién sacrificaría por un título universitario? ¿Mataría a su hermano por obtenerlo? ¿Mataría a sus padres por un empleo en Wall Street? ¿Mataría a su cónyuge por vivir eternamente en Los Alpes Suizos o en Nueva York? Las personas no son moneda de cambio para materializar nuestros sueños. Ni centenares de diplomas o trofeos obtenidos pueden compararse jamás con la vida de una persona.

El estiércol y el vómito contenido en un mensaje le fascina a mucha gente con solo verlo; otros necesitan que vaya envuelto en papel brillante y moño para digerirlo, a éstos últimos va dirigido el “poderoso” discurso de Michelle Williams. De usted depende tragárselo o no.

Solo hay una cosa en que la actriz tiene razón: acuda a las urnas y vote a favor de la vida, vote por políticos que defiendan la vida, el matrimonio y la familia; alce la voz en el lugar en el que está justo ahora; tome el micrófono, su pluma, su trabajo y actúe. Si la vida humana no fuera tan importante no habría infinidad de gente, empresas y organismos internacionales atacándola.

Haga que el mundo sea más humano y no una tragedia humana…

¡La hora de defender a los niños y a la familia!

Me ha llamado positivamente la atención, que por muchos puntos de la amplia geografía del país, este fin de semana -y en muchas otras ocasiones- han proliferado numerosas manifestaciones en favor de la vida del no concebido y de la familia, organizado por el “Frente Nacional por la Vida” ante las amenazas del aborto y de la ideología de género en México.

El conocido actor y productor Eduardo Verástegui, envió “un fuerte abrazo y mucho ánimo a las familias e instituciones que de manera pacífica se (han manifestado) este fin de semana a favor de la vida, la familia y las libertades fundamentales” (“Aciprensa”, 21-09-19).

El Presidente nacional de este movimiento, Rodrigo Iván Cortés afirmó con determinación: “Queremos darles voz a los que no tienen voz. Queremos abrazar a México y decir de manera fuerte y clara: Ni un mexicano menos”.

Estuve observando varios vídeos de diversas marchas y pude constatar que los participantes -familias enteras de las más diversas condiciones económicas y sociales- lo hicieron de manera espontánea y por propia iniciativa. “No hubo acarreados” como se acostumbra decir en los mítines políticos populacheros.

De acuerdo a las cifras que reporta la periodista Siboney Flores en www.animalpolitico.com del 24 de abril de 2019, en su nota titulada: “Aborto legal en la CDMX: Más de 209 mil mujeres recurrieron a ese procedimiento en 12 años”, es decir, desde abril de 2007 al mes de abril del año en curso. (ver: https://www.animalpolitico.com/2019/04/aborto-legal-cdmx-datos-mujeres/).

Es desconcertante cómo cada institución o medio de comunicación que investiga sobre el tema del aborto, aporta cifras y datos de sus estudios con una exagerada gama de variantes en sus resultados que no coinciden, o bien, se contradicen. ¿Falta de seriedad científica? ¿Cuestiones políticas? ¿Buscan cuidar su imagen pública? ¿Temor a presentar la realidad tal y cómo es y recibir represalias de las altas autoridades?

Porque el pasado 5 de octubre de 2016, la ciudadana Alejandra Flores Arroyo recibió una respuesta oficial del gobierno de la CDMX a su expresa consulta, mediante un serial de preguntas, sobre el tema de la interrupción legal del embarazo y la respuesta, en carta membretada, que llegó a sus manos, fue la siguiente: el número de abortos legales provocados en la CDMX ha sido de 164,954 desde abril de 2007 al 31 de agosto de 2016. Se adjunta carta oficial de la CDMX (1). Una visión de más amplio espectro nos proporciona la información del INEGI sobre las defunciones fetales, a nivel nacional, por tipo de parto o aborto, de 1989 a 2017 (2). Según el ile.salud.cdmx.gob.mx de abril de 2007 al 19 de diciembre de 2018, en la CDMX se han cometido 143, 598 Interrupciones Legales del Embarazo, y en total, en la república mexicana, se han cometido la escalofriante cifra de 205, 353 abortos (3).

Ya nací a mediados del siglo pasado, en una mediana población de Sonora, con bastante menos de 60,000 habitantes. De acuerdo a las cifras que aporta la publicación “Animal Político” estamos hablando que con este plan sistemático de eliminación de personas mediante “la interrupción legal del embarazo” –además los muchísimos miles de abortos que no se reportan de los hospitales privados- dan casi cuatro veces la población de mi natal Ciudad Obregón (240,000 muertes). ¡Es como si hubiese estallado una guerra civil de mexicanos contra los mismos mexicanos! Sólo que en este caso, se está agrediendo injustamente a los seres más vulnerables e indefensos. ¿Acaso el gobierno quiere una sociedad con mayoría de ancianos sin relevos en los trabajos que ocupan los jóvenes de la índole que sea? Esto ya está ocurriendo en Europa y los sociólogos afirman ya no hay modo de echar marcha atrás.

Pienso que ha llegado el momento de las posturas valientes y contundentes para defender lo más valioso que tenemos los mexicanos: el derecho y respeto por la vida humana de los no nacidos; la educación de nuestros hijos de acuerdo a nuestros principios y convicciones; propugnar por la familia constituida por padre, madre e hijos y todos aquellos valores que han hecho grande a nuestra patria.

  • Ver: file:///C:/Users/Raul/Pictures/ILE´s%20DF-2007-2015.pdf e ILE’s DF-2007-2015.pdf Consultado el 23 de septiembre de 2019.
  • https://mail.google.com/mail/u/0/#inbox/FMfcgxwDrRShHGXPwKkXxNMQtFnxDtlZ?projector=1&messagePartId=0.1 Datos INEGI: Consulta: 23 de septiembre de 2019.
  • salud.cdmx.gob.mx de abril de 2007 al 19 de diciembre de 2018, según estadísticas de GIRE, en la CDMX se han realizado 143, 598 Interrupciones Legales del Embarazo, y en total, en la república mexicana, se han cometido la escalofriante cifra de 205, 353 abortos.

El aborto por violación, la mujer y el hombre…

La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha aprobado la Norma Oficial Mexicana (NOM) 046-SSA2-2005 que ordena a todos los hospitales públicos practicar abortos cuando el embarazo sea resultado de violación, sin necesidad de que la víctima haya denunciado el delito ante las autoridades. Tan solo bastará que la víctima presente una solicitud bajo protesta de decir verdad de haber sufrido violación. En cuanto al personal médico, no está obligado a corroborar si lo que dice la mujer es verdad. En el caso de menores de 12 años, la solicitud será presentada por los padres o el tutor.

Como era de esperarse la norma ha sido el beneplácito de muchos. Si bien la violación de una mujer es un acto terrible, se le impone otro más: matar al hijo en las entrañas. Aunque parece justificable dado que el padre es un violador, en definitiva no es la solución: se somete a la mujer a un trauma mayor diciéndole que puede abortar a su hijo; una adolescente o mujer adulta puede mentir sobre la causa del embarazo y tener acceso al aborto solo porque su palabra basta, que la víctima no denuncie jamás la violación y el violador esté libre. El aborto es el sueño dorado de los violadores y tratantes de blancas al no quedar evidencia de su abuso. El aborto es también la solución del hombre que es incapaz de hacerse responsable por el hijo que engendró en una relación.

Las consecuencias de haber aprobado la modificación de la norma son por tan graves que esto nos pone a escasos pasos del aborto libre. Hay quienes piensan que actúan acertadamente al defender la vida con excepciones, refiriéndose al aborto por violación, pero apoyarlo bajo esta causa es afirmar que una vida vale menos que la de otros. La ley que debería usarse para castigar al culpable es ahora usada para castigar al bebé en el vientre materno, ni siquiera nos detenemos en buscar soluciones de vida. Por supuesto, no olvide que el aborto es un negocio muy lucrativo.

La defensa del aborto ha permeado a un nivel tan alarmante que sin más encontramos mujeres apoyándolo (desde las pláticas más casuales hasta un activismo deleznable) recomendando, exigiendo o  financiándolo, particularmente si es por violación. Esto último es lo que cautiva a muchos estultos: la “protección” de una víctima. El caso de los varones no es para menos, puede verse infinidad de jóvenes que creyendo ser provida, apoyan el aborto solo en casos de violación; peor aún, afirman no ser abortistas, dando como argumento la consabida cantaleta del feminismo radical. Pero nada tan grande sucede de pronto.

¿Cómo es que el cáncer que implica la defensa del aborto por violación avanzo tanto en tan poco tiempo? Observe detenidamente. Infinidad de mujeres se quejan de la clase de hombres que hay en la actualidad, pero ¿acaso no saben que el aborto quita toda responsabilidad al hombre? ¿qué esperaban de los varones que fueron acostumbrados por las mismas mujeres a una mentalidad anticonceptiva? Una vez que vieron que podían usarlas y salir bien librados, prepararon el camino para que otras fueran tratadas de la misma manera. Se quejan de que ellos sólo ven su cuerpo, pero muchas mujeres sólo presentaron eso. Se dicen a sí mismas que buscan el placer al que tienen «derecho», cuando lo único que propician es que sean usadas. Se han reído en su cara los hombres patanes, sus “amigos” que les aconsejan vivir su sexualidad como les plazca, las farmacéuticas que venden los anticonceptivos, sus padres incapaces de guiarlas y corregir sus ideas abortistas (o peor aún, fomentándolas) y hoy también los violadores, los tratantes de blancas, y la flamante Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Y ninguno de ellos protegió los derechos de la mujer jamás, menos aún su dignidad.

Deleznable ¿no le parece?

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