Entendiendo la Bioética ante la pandemia COVID-19

Por: Alejandra Diener Olvera

Doctora en Bioética (Candidata)

ale@alediener.com

México ha entrado en Fase tres con relación a la pandemia del Coronavirus. La fase temida por la población ya que significa que es el periodo de máxima transmisión, la de máximos casos por día. Durante este periodo de cuarentena hemos ido viviendo distintas etapas, en las cuales hemos estado pendientes de nuevos términos y acontecimientos poco conocidos o antes nunca mencionados. La bioética es uno de los conceptos que se ha estado planteando desde finales de la segunda fase, pues se publicó una Guía Bioética de Asignación de Recursos Escasos de Medicina Crítica. Un documento que deja mucho que desear.

Una guía que ha sido ampliamente criticada por ser poco considerada con las personas de edad avanzada. Tanto que la han retirado de la red para seguramente revisarla y lograr un nuevo planteamiento que logre alcanzar los lineamientos que requiere el sector salud en la situación actual.

Al respecto, hemos considerado prudente hacer una radiografía de lo que la bioética implica. Desde la academia intentando usar un lenguaje amigable para que cualquiera pueda comprender lo que esta disciplina implica para la vida humana.

Como inicio, es imprescindible explicar el término desde la raíz etimológica y que como su nombre lo dice, es la ética aplicada a la vida. A cualquier forma de vida. Lo que se debe y no se debe de hacer con relación a la vida. El ser humano, dotado con inteligencia, voluntad y libertad es capaz de enfrentarse a varios dilemas, que a pesar de poder lograr manipular o crear ciertas cosas, gracias al avance tecnológico y científico, puede discernir qué sí y qué no, aunque le sea casi todo posible.

Ante la pandemia del Coronavirus, nos centraremos en una bioética dirigida al ser humano. A las personas enfermas del virus y a su estadio de gravedad. Sus requerimientos y el discernimiento de la asignación de recursos de medicina crítica. Qué sí y qué no.

Para ello hemos elegido definir brevemente las distintas corrientes que existen en la bioética y concluyendo, explicaremos en cuál de ellas nos basaremos para emitir juicios de valor ante la situación de emergencia vivida en México actualmente y en cuál o cuáles la Guía de referencia presumimos se basó según la información ofrecida. Asimismo, concluiremos intentado proporcionar los elementos bioéticos para poder discernir un dilema.

Comenzamos con la bioética utilitarista, que busca el bien mayor para el mayor número de personas. Sobre los valores individuales, están los de la sociedad, es decir, los valores éticos tienen que ver con la utilidad. La línea de pensamiento utilitarista es pragmática, pues considera la utilidad de las cosas a la par que de las personas poniéndolos al mismo nivel.

La bioética universalista, es una corriente de pensamiento que deja la toma de decisiones a que la opinión de la mayoría de las personas involucradas en el dilema ético, las considere. Es decir, sin importar las competencias de las personas involucradas, basta con que en promedio sean las más para que se acepte o se rechace un acto humano ante una disyuntiva.

La bioética personalista, es la que considera a la persona y su dignidad ontológica por encima de todo. Parafraseando a Juan Manuel Burgos, fundador y presidente de la Asociación Española de Personalismo y de la Asociación Iberoamericana de Personalismo, esta corriente bioética desde el punto de vista estructural, se caracteriza por la centralidad de la persona, lo que significa no solo que una filosofía o línea de pensamiento “tenga en cuenta” a la persona, algo relativamente común, sino que emplea este concepto como “clave arquitectónica de su antropología.” Sintetizando, del qué al quién: el hombre no es una cosa, y ni siquiera un qué, una naturaleza. Es un sujeto individual irrepetible, es decir, un quién.

Y finalmente, aunque estamos conscientes de que pueden existir otras distintas formas de considerar a la bioética, está el principialismo bioético. Con estas cuatro, desglosamos las más importantes dentro de la disciplina en cuestión. Al respecto, cuenta con cuatro grandes características para considerarla dentro de un dilema; la beneficencia, la autonomía, la no maleficencia y la justicia.

A decir, la beneficencia busca el bien del usuario sin menospreciar a nadie, la autonomía supone que el usuario puede gobernarse a sí mismo y decidir sobre su propio estado y corporeidad, la no maleficencia se refiere a que no haya una mala intención y la justicia implica un trato igual sin importar las condiciones del usuario.

Ahora bien, habiendo explicado brevemente las distintas corrientes de pensamiento bioético que en la actualidad más se aceptan en la academia, emitiremos nuestro juicio con relación a la asignación de recursos escasos durante la actual pandemia del COVID 19 desde la línea de pensamiento personalista. Ya que consideramos que es la más acorde a la vida humana y sus dilemas éticos. Una antropología defensora de la dignidad de la persona. El personalismo nació para defender al ser humano de los peligros opuestos representados por el colectivismo y el liberalismo individualista. Desde entonces siempre ha luchado por la defensa de la persona. Por ello, quien comparta esta convicción encontrará sin duda en el personalismo un poderoso aliado para las contiendas que se libran y se librarán en este terreno.

La Guía Bioética, en donde en la primera parte se pretende orientar de manera específica cómo asignar recursos escasos de medicina crítica y en la segunda, describe el procedimiento a utilizarse para dicha asignación, notamos que no consideran la estructura tridimensional de la persona. Puesto que para una comprensión adecuada del ser humano es necesario superar la distinción alma-cuerpo y pasar a una estructura más compleja, tripartita, que permite explicar mucho mejor las características del ser personal. Estas tres dimensiones son cuerpo, psique y espíritu.

La Guía sopesa al usuario enfermo conforme a su utilidad y lo reduce antropológicamente a un objeto que puede durar más o menos tiempo. “Paciente A de 80 años necesita de un ventilador, paciente B de 20 años necesita de un ventilador. Si paciente A recibe el ventilador ella vivirá 7 años más, si paciente B recibe el ventilador ella vivirá 65 años más. Ante dicho problema se tiene que introducir un principio adicional: salvar la mayor cantidad de vidas-por-completarse.” Es claramente un pensamiento utilitarista.

Cabe señalar, entonces que para poder discernir un dilema desde una línea personalista, contamos con cuatro principios “relativos a la intervención del hombre sobre la vida humana en el terreno biomédico”. Que son los siguientes:

  1. El principio de defensa de la vida física
  2. El principio de libertad y responsabilidad
  3. El principio de totalidad o principio terapéutico
  4. El principio de socialidad y subsidiaridad

          Continuando con el caso del paciente A y el paciente B, es preciso hacer notar que los dos pacientes cumplen con el Principio de Totalidad, ya que la persona humana —de suyo libre— con el organismo corpóreo, constituye una totalidad y el organismo mismo es una totalidad. De aquí se deriva el principio terapéutico, por el cual es lícito intervenir en una parte del cuerpo cuando no hay otra forma para sanar la totalidad del cuerpo. Y para tal efecto se requieren las siguientes condiciones precisas: consentimiento informado de la persona, esperanza de éxito, e imposibilidad de curar la totalidad sin intervención.

          Los criterios de limitación de recursos no resultan válidos cuando se toman aisladamente por: edad, prioridad en el tiempo, enfermedad, vulnerabilidad, discapacidad, deterioro cognitivo, como si fuera posible cuantificar sin más estos valores y formular matemáticamente una relación costo-beneficio. (www.Bioeticaweb.com Comité de Bioética de España)

Quitar o poner el respirador debe igualmente de cumplir con el principio de proporcionalidad, en donde el acto sea proporcional al caso. Es decir, ponerlo no implica necesariamente salvar la vida, ya que el paciente puede tener una comorbilidad y se podría ocasionar una distanasia (alargar la vida).

          Finalmente, conscientes del breve espacio y de lo complejo del tema, dejamos a reflexión las líneas redactadas desde un conocimiento bioético, recomendando que quien durante esta emergencia decida emitir una Guía Bioética como ayuda para el personal de salud, sea un experto en esta disciplina y no así solamente conocedor.

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La depresión, el mal del siglo

Cada vez son más las personas que sufren de depresión en nuestro tiempo. ¿Cuáles son las causas de esta enfermedad del sistema nervioso?

Son diversos los factores que la provocan: 1) la pérdida irreparable de un ser querido; 2) los fuertes conflictos familiares; 3) el trabajar bajo mucha presión; 4) el vivir habitualmente con demasiado estrés y llevar una actividad vertiginosa, sin concederle descanso al cuerpo ni a la mente; 4) el tener una personalidad proclive al pesimismo o ser demasiado negativo; 5) salirse fuera de la realidad, por ejemplo, exigirse a sí mismo más de los que las cualidades personales puedan dar y eso produce una frustración permanente que con frecuencia desemboca en un estado depresivo.

¿Cómo se manifiesta esta enfermedad? 1) En una tristeza habitual, sin razones de peso; 2) en una sensación de desánimo e infelicidad; 3) con sentimientos de culpabilidad infundados; 4) con frecuentes insomnios; 5) con explosiones de carácter ante dificultades ordinarias; 5) pérdida de interés por la vida; 6) se deja de disfrutar lo que antes resultaba agradable o placentero; 7) considerable baja rendimiento laboral o en los estudios; 8) sentirse completamente solo, aunque esté rodeado de personas; 9) estado general de malestar; 10) pérdida de la memoria; 11) sufrir de mucha ansiedad y miedo; 12) Deseos de no socializar con nadie., etc.

Cuando un familiar o un amigo se encuentra en este estado, hay que animarle o acompañarlo con un psiquiatra para que lo analice y le proporcione el tratamiento médico adecuado mediante antidepresivos y calmantes nerviosos. Si se obedece a las indicaciones de los doctores especializados en esta materia, a la vuelta de seis meses, uno o dos años se puede salir adelante, dependiendo de la gravedad del caso. Aunque no hay que dejar de continuar asistiendo a consulta médica, una vez que el paciente se va sintiendo mejor.

Hay un aspecto importante a considerar: la reacción de los familiares. Con frecuencia sucede que donde más incomprensión sufre el enfermo es en su propio hogar. Como a simple vista no se le mira nada extraño en su presencia física, como podría ser, en cambio, cuando alguien se fractura de una pierna y se le pone una férula y debe de usar muletas. En el caso de la depresión se supone erróneamente que el enfermo tiene pereza, desgana o piensa demasiado en sí mismo.

De parte de los seres queridos, lo más aconsejable es nunca decirle a una persona con esta enfermedad, frases como: “Échale ganas”; “Sí puedes trabajar más, lo que pasa es que no quieres”; “En el fondo lo que sucede es que no te importamos los de tu familia”; “Te estás dejando llevar por la flojera”; “Te has puesto en plan egoísta, cómodo y no cumples con tus obligaciones como profesionista, ni como padre y esposo…”. ¿Por qué? Porque el deprimido racionalmente se da perfecta cuenta de que no está sacando adelante todos sus deberes, que tiene reacciones negativas en la que él mismo se sorprende, se siente atrapado como en un oscuro laberinto sin salida.

¿Qué conducta deben de manifestarle sus familiares? En primer lugar, estar al pendiente de que vea al médico con la debida regularidad y que efectivamente tome sus medicamentos. En segundo lugar, tenerle mucha comprensión y paciencia porque no busca deliberadamente ponerse raro o egoista sino que es una enfermedad como cualquier otra; brindarle afecto y cariño porque lo necesita; darle confianza y seguridad en sí mismo; acompañarle a salir de la casa a un lugar recreativo; que tenga una terapia ocupacional; animarlo ante el más pequeño logro que vaya teniendo en lo laboral o familiar. Y, sobre todo, decirle palabras de esperanza y optimismo de que realmente se podrá curar, si cumple con las prescripciones médicas.

¡Año nuevo, lucha nueva!

Una realidad a la que nos enfrentamos año tras año es la brevedad de la vida. Cuando somos jóvenes quizá nos comiencen a parecer más cortas las semanas, luego los meses; con el paso del tiempo, nos parece que las estaciones se suceden más rápido y finalmente los años, las décadas…

Parecería que el tiempo transcurre sin darnos cuenta, mientras realizamos nuestras actividades cotidianas y estar concentrados en el trabajo diario. Con el crecimiento de los hijos comprobamos el paso vertiginoso del tiempo. O bien, al mirarnos frente a un espejo, al principio notamos algunas arrugas, menos cabello, canas…que posteriormente proliferan.

¡Qué importante es aprender a aprovechar bien el tiempo y ofrecer el trabajo para la gloria de Dios! Una labor bien hecha, acabada hasta los últimos detalles. No por manía sino por amor al Señor. Y es que lo que permanece en la vida de los seres humanos es el amor. El amor con que servimos al prójimo, comenzando por los de nuestra casa; el amor con que buscamos la presencia y trato íntimo con Dios; el amor con que le entregamos nuestro trabajo, hecho a conciencia, con deseos de agradarle.

Es frecuente escuchar el dicho: “Año Nuevo, Vida Nueva”. Pero sabemos de sobra que nuestra vida no cambia por el sólo hecho de que pasen las hojas de un calendario y caigamos en cuenta de que estamos en un nuevo año.

Nuestra vida realmente cambia cuando ponemos empeño y lucha por crecer en las virtudes y arrancar los propios defectos. ¿Qué es tarea de toda la vida? Lo es. Pero con esa meta de mejorar cada día un poco, vamos avanzando y mejorando como personas ya que por lo pequeño se llega a lo grande.

Conocí a un Ingeniero que le iba muy bien en su trabajo y llevaba una vida económicamente desahogada. Les daba a su esposa e hijos lo necesario para vivir holgadamente. Sin embargo, no se preocupaba de sus familiares. En cierta ocasión enfermó gravemente del hígado y tuvo que pasar largos meses en reposo, sin poder trabajar. Eso le sirvió para hacer un examen sobre su vida. Y cayó en cuenta de que, por las prisas de la vida, se ocupaba muy poco de sus parientes.

Decidió cambiar radicalmente. Y comenzó a invitar a sus familiares a su casa para conversar con ellos y enterarse de su situación personal, de sus problemas y sus necesidades. “De la noche a la mañana se volvió más humano” me decía uno de sus más cercanos familiares. “Ahora me sonríe, me escucha, se interesa por mi vida”.

Y yo pensaba: ¿Hace falta que nos ocurra una situación similar para que cada uno nos decidamos a cambiar y ser más generosos con nuestros seres queridos? Me parece que no. Cada día de nuestra vida, hemos de levantarnos con la ilusión de servir a los demás, de prestarles nuestra ayuda, aunque sólo sea el hecho de escucharlos con atención y brindarles palabras de ánimo, optimismo y afecto.

Por ello, considero que un lema más realista, al comenzar este nuevo ciclo es: “Año Nuevo, Lucha Nueva”. Es una frase de san Josemaría Escrivá de Balaguer que nos puede servir para decidirnos a cambiar, quizá en cosas pequeñas, pero significativas y que nos cuestan porque suponen un vencimiento personal. Mientras el Señor nos sorprenda así, luchando por mejorar cotidianamente, podremos escuchar aquella frase evangélica: “Siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor”.

¿Se contrapone la justicia con la misericordia?

Bajo una mirada rápida y superficial, parecería que no hay demasiada relación de la justicia con la caridad. Pero al leer este libro con calma, nos percatamos de que al combinarse estos dos valores se llega a la perfección en nuestra convivencia y trato con el prójimo. Sin lugar a dudas, estamos frente a una pequeña obra maestra, escrita por el Dr. Santiago Martínez Sáez (1), cuyo texto lo presenta bien estructurado, con un admirable orden y rigor lógico.

Ante todo, pienso que hay que destacar las dotes didácticas de su autor porque en pocas páginas resume conceptos complejos y profundos a la vez, acompañado de recursos pedagógicos, como pueden ser: un oportuno dibujo didáctico, un cuadro del resumen general de la virtud de la justicia y, además, con una singular claridad expositiva en su narrativa, no obstante que abarca una considerable cantidad de temas, con múltiples facetas y enfoques acerca de estas dos importantes virtudes.

En primer lugar, explica los diversos tipos de justicia con base al pensamiento de Aristóteles, Santo Tomás de Aquino y un buen número de autores modernos. Destaca la justicia para con el prójimo y para con Dios, así como la importancia del respeto al derecho de los demás y la imperiosa necesidad de dar a cada uno lo que le corresponde, entre otros aspectos.

En la segunda parte de esta publicación, Martínez Sáez abunda en un concepto medular: no basta con la justicia solo, sino que es necesaria la misericordia para llegar a la perfección de la caridad. Recomienda la práctica de las obras de misericordia tanto materiales como espirituales. Un aspecto de gran valía de este libro es que su autor desciende a ejemplos concretos, tomados de la vida cotidiana, a través de los cuales invita a reflexionar al lector sobre dónde se pueden cometer pequeños o grandes abusos dentro de la justicia, o bien, presenta formas prácticas de vivirla mejor y con una mayor eficacia.

Considero que lo más interesante de esta publicación es que anima al lector a profundizar sobre estas importantes virtudes, de tal modo que aprende a razonar adecuadamente y le ayuda a normarse un criterio tanto de pensamiento como de acción.

Ahora que el Papa Francisco ha vuelto a insistir en la trascendencia que tiene el que vivamos estas virtudes con el prójimo, puede convertirse en un libro de cabecera y frecuente consulta, además que ofrece una rica bibliografía para continuar profundizando en infinidad de temas.

(1) Martínez Sáez, Santiago, Justicia y Misericordia, Editorial Minos III Milenio, México, 2016. Págs. 161.

La Actualidad de la Encíclica “Dios es amor” (Deus Caritas est), de Su Santidad Benedicto XVI

Es natural que la primera Encíclica del Papa Benedicto XVI haya sido Deus Caritas est. Porque siendo uno de los más grandes teólogos contemporáneos, sabe la importancia que radica en que seamos conscientes de que Dios es amor, y de que quien permanece en el amor, permanece en Dios, y Dios en él” (1Jn 4, 16). Pero además SS. Benedicto XVI nos dice que para realizar esta permanencia, hay que ser conscientes de que Jesucristo es el amor encarnado, cuyo acto de entrega se ha perpetuado en la Eucaristía. También nos dice que la unión de amor con Cristo es unión con los demás a los que Él se entrega, de modo que el amor a Dios y el amor al prójimo se funden entre sí (I, 15). El Papa Benedicto XVI nos recuerda en su Encíclica, que aunque no podemos ver Dios,  Dios sale a nuestro encuentro en Cristo en quien podemos ver al Padre. Para que entendamos mejor el amor, el Santo Padre nos aclara el sentido de los términos eros, filía y agapé, señalando que el eros es el amor mundano, filía es el amor de amistad, mientras  el agapé es el amor fundado en la fe cuya fuente es Jesucristo (I, n 7).

Una parte muy hermosa de la Encíclica es aquélla en la que dice que el amor de Dios y nuestro amor, es abandono, proceso y amor al prójimo a quien veo con los ojos de Cristo, haciendo énfasis en que el mandamiento del amor no es un mandato externo sino que nos hace unos para otros hasta que Dios sea “todo para todos” (1 Co 15, 28; I, 18).

Con un sentido teológico muy profundo, el Papa afirma que el Cristo total que es la Iglesia, infunde en sus miembros el amor trinitario. Cuando Cristo entrega su espíritu en la Cruz, se lleva a cabo un preludio del don del Espíritu Santo después de su Resurrección. De modo que la caridad es tarea de cada miembro de la Iglesia e implica un servicio comunitario y ordenado (II, 20) que mantiene el núcleo esencial, a lo largo del tiempo, desde la elección de los siete varones al servicio, hasta el día de hoy.

El Papa Benedicto XVI nos aclara que la caridad no es una suerte de asistencia social, sino la manifestación de su propia naturaleza que supera los confines de la Iglesia, que une la caridad y la justicia y que se expresa en la Doctrina Social Católica (II, 26 y 27), cuya finalidad es lograr un orden social y estatal justo, que exige el amor de caridad (II, 28).

En esta hermosa Encíclica, el Papa Benedicto XVI se refiere al principio de subsidiariedad afirmando que, aun en las estructuras justas, son necesarias las obras de caridad (II, 30). Y esto es importante porque vemos que cuanto más se proclama el amor en este mundo, más percibimos la ausencia del amor verdadero. Sin embargo, nos dice que la existencia de organizaciones que trabajan en favor del hombre, se explican porque el imperativo del amor al prójimo ha sido grabado por el Creador en la naturaleza humana, y por el mandato sobrenatural de Cristo que trasciende las fronteras de la fe cristiana (II, 31).

El Papa nos explica lo que es el amor de Cristo que es puro don gratuito, servidumbre que hace humilde al que sirve como Cristo, y nos aclara que el poder ayudar a otros, es gracia que nos hace instrumentos suyos (II, 35). Pero además, SS Benedicto XVI nos dice que para comprender esto, tenemos los modelos que son los santos y la Virgen María, espejo de toda santidad en la que la Palabra de Dios se convierte en palabra suya, y su palabra nace de la Palabra de Dios (II 41). Y en este sentido resalta que los gestos de la Virgen, son los de una mujer que ama e intercede por sus hijos en el Hijo. La belleza de esta Encíclica radica en que se centra en el amor de Dios y el prójimo. Nos enseña que la vida espiritual sobrenatural se vuelve estéril sin el amor como unidad del amor sensible que es el eros, y del agapé que es el amor fundado en la fe.

Por último, SS Benedicto XVI deja muy claro que sin el amor, el culto y la liturgia son una malla vacía. Y la Teología sin amor y humildad perece, porque toda la organización de la Iglesia depende del amor a Cristo. Y por eso mismo, sin unidad entre el eros y el agapé como don absoluto, no puede evangelizarse el mundo.

Manuel Ocampo Ponce

Universidad Panamericana

Guadalajara Jalisco, México.

Tres transplantes de riñón, ¿sólo se vive tres veces?

Cuando cayó en mis manos este libro (1), recordé aquella película del agente secreto británico, James Bond, el célebre agente 007, con aquel sugerente título del filme: “Sólo se vive dos veces”. En este relato autobiográfico el autor narra con detalle una historia que parecería increíble: sobrevivir a tres trasplantes de riñón. Es decir, tuvo la dura experiencia de observar y palpar de cerca la fría realidad de la muerte en tres ocasiones sucesivas.

Nos introduce de lleno –como en un torbellino- en ese mundo áspero pero real, de aquellos que sufren padecimientos con este órgano: frecuentas entrevistas con doctores, atención de las enfermeras, visitas a hospitales, necesidad de hacerse hemodiálisis, preparativos para los trasplantes, infinidad de análisis médicos, la selección de los futuros donadores, el temido quirófano, las operaciones, las numerosas molestias y dolores, los cuidados postoperatorios… En un constante fluir de buenas y malas noticias sobre su estado de salud.

Quizá lo más sobresaliente de este texto vivencial es que queda de manifiesto la grandeza que puede tener un ser humano para sobreponerse a las adversidades, contradicciones y dificultades que implica el estar gravemente enfermo del riñón y enfrentarse con valentía y garbo humano a tres trasplantes.
También el apasionado anhelo de vivir, en que a Armando Cobos no le importa tomar el riesgo de dar sucesivos saltos al vacío con la luz de la esperanza y el optimismo en que las operaciones resultarán acertadas.

El autor confiesa que -en medio de sus miedos, inseguridades y pensamientos depresivos-, lo que más le ayudó a salir adelante fue su fe firme; el vivir y sentir cercana la presencia de Dios y confiar plenamente en Él, no obstante los sombríos augurios que en ocasiones se le presentaban.

En resumen, ha sido la historia de un hombre doliente que luchó contra toda esperanza y llegó hasta la otra orilla, para lograr estabilizarse en su salud.

Sin duda, jugaron un importante papel el apoyo cercano e incondicional de su esposa, sus familiares y amistades, sus donadores. Al final del libro, Armando Cobos externa jubiloso un agradecimiento por el tiempo de vida que le ha sido concedido.

Además, su prosa trasparente, sencilla y amena contribuyen a que el lector avance por los capítulos con un creciente interés, como si se tratase de una novela de suspenso. En conclusión, se trata de un original testimonio de una gran valía humana y espiritual.

(1) Cobos, Armando, Vale la Pena Vivir. Historia de tres trasplantes, Editorial Minos III Milenio, México, 2016. 190 páginas.

Actualidad de la Carta de San Juan Pablo II a las Mujeres

Este contexto tan explosivo respecto a todo lo que gira en torno a la mujer, me lleva a recordar una hermosa carta de gran actualidad que San Juan Pablo II escribió a las mujeres. Es una carta llena de riqueza para que la mujer alcance su realización como mujer cristiana. En esta carta San Juan Pablo II se dirige directamente a cada mujer, para reflexionar con ella sobre sus problemas y sobre las perspectivas de la condición femenina (n.1). Se centra en dos temas principales que son la dignidad y los derechos de las mujeres, considerados a la luz de la Palabra de Dios.

San Juan Pablo II inicia dando gracias a cada mujer por lo que representa en la vida de la humanidad. A la mujer-madre, a la mujer-esposa, a la mujer-hija, a la mujer hermana, a la mujer trabajadora, a la mujer-consagrada, resaltando las características esenciales de cada rol de la mujer (n.2).

En esta hermosa carta San Juan Pablo II reconoce el difícil camino de la mujer que ha sido despreciada en su dignidad, olvidada en sus prerrogativas, marginada frecuentemente e incluso reducida a la esclavitud (n.3). Pero no sólo reconoce eso, sino también reconoce que esas dificultades han hecho que la humanidad entera se haya empobrecido de las auténticas riquezas espirituales de la mujer.

Un punto muy importante de la carta, es que invita a toda la Iglesia al compromiso de ser fieles a la inspiración del Evangelio en lo que se refiere a la liberación de la mujer de toda forma de abuso y de dominio. San Juan Pablo II, nos recuerda que hay un mensaje de perenne actualidad que brota de la actitud misma de Cristo, quien tuvo para con las mujeres una actitud de apertura, respeto, acogida y ternura (n.3). San Juan Pablo II señala la gravedad de que el don de la maternidad sea muchas veces penalizado más que gratificado sin considerar que a ese don la humanidad debe su misma supervivencia (n.4). También afirma que urge alcanzar la efectiva igualdad de los derechos de la persona como son la igualdad de salario, de tutela de la madre-trabajadora, las justas promociones en su carrera y la igualdad de los esposos en el derecho de familia. Para San Juan Pablo II el superar estas injusticias, no sólo es un acto de justicia sino también es una necesidad. San Juan Pablo II se pronuncia enérgicamente respecto a los abusos cometidos contra las mujeres en el campo de la sexualidad. Ante los abusos y las perversiones, reconoce a las mujeres que con amor heroico por su criatura, llevan a término un embarazo derivado de la injusticia de las relaciones sexuales impuestas por la fuerza. Y afirma con mucha claridad, que siendo el aborto un pecado grave, antes de ser una responsabilidad de las mujeres, es un crimen imputable al hombre y a la complicidad del ambiente que lo rodea (n.5).

En este contexto, San Juan Pablo II considera que es necesaria una renovada y universal toma de conciencia de la dignidad de la mujer, considerando la Palabra de Dios que nos permite descubrir con claridad, el radical fundamento antropológico de la dignidad de la mujer en el designio de Dios sobre la humanidad (n.6). Resalta las palabras del Génesis (Gn 1,27) en las que Dios nos manifiesta que ha creado al ser humano a imagen suya y nos dice que el ser humano desde el principio fue creado como varón y mujer (Gn 1, 27). Como Dios se dio cuenta de que no era bueno que el hombre estuviera sólo, creó a la mujer como complemento del hombre y al hombre como complemento de la mujer, de modo que mujer y hombre son entre sí complementarios, lo masculino y lo femenino con una modulación diversa y complementaria a tal grado que sólo gracias a la dualidad de lo masculino y de lo femenino lo humano se realiza plenamente (n.7).

San Juan Pablo II enfatiza que la relación más natural, de acuerdo con el designio de Dios, es la unidad de hombre y mujer en una relación interpersonal y recíproca a la que Dios confía la obra de procreación y de la vida de la familia, así como la construcción misma de la historia. En la carta enfatiza que es mucho lo que deben a la aportación de la mujer los diversos sectores de la sociedad, los Estados, las culturas nacionales y, en definitiva, el progreso de todo el género humano (n.8). Pero no sólo se refiere al progreso científico y técnico sino al progreso ético y social, el de los valores espirituales por los que la sociedad está en deuda con la mujer (n.9).

En esta carta San Juan Pablo II se dirige con mucho cariño a las mujeres exhortando a que se reflexione con mucha atención sobre el tema del genio de la mujer, para que se reconozca en ella el proyecto de Dios y para que se proporcione a la mujer un mayor espacio en el conjunto de la vida social y eclesial (n.10). Nos recuerda que la Iglesia ve en María la máxima expresión del genio femenino, por su obediencia a la Palabra de Dios con que acoge su vocación privilegiada, nada fácil, de esposa y de madre en la familia de Nazaret de tal manera que poniéndose al servicio de Dios, ha estado también al servicio de los hombres con un servicio de amor (n.10).

Por último, San Juan Pablo II se refiere también a la mujer consagrada, a través de la cual se da una especie de profecía con carácter de icono, que se realiza plenamente en María y que expresa muy bien el ser mismo de la Iglesia como comunidad consagrada totalmente con corazón virgen, para ser esposa de Cristo y madre de los creyentes (n.11). Y hace referencia a la larga serie de mártires, santas y místicas insignes así como mujeres que han emprendido iniciativas de importancia social especialmente al servicio de los más pobres (n.11). San Juan Pablo II afirma que no sólo se refiere al papel de las mujeres importantes y famosas, sino también al de las sencillas, que expresan su talento femenino en el servicio de los demás en lo ordinario de cada día, descubriendo así la vocación profunda de su vida (n.12).

Como vemos, esta es una hermosa y oportuna carta sobre la mujer, que toca aspectos fundamentales sobre los que todo cristiano debe reflexionar.

Manuel Ocampo Ponce
Universidad Panamericana
Guadalajara Jalisco, México.

La actualidad de la Encíclia Evangelium vitae (El Evangelio de la vida) de San Juan Pablo II

Una Encíclica de máxima actualidad es la Encíclica Evangelium vitae de San Juan Pablo II. Esta Encíclica es importante porque estamos en un mundo cada vez más incapaz de distinguir entre el bien y el mal en todos los ámbitos, pero sobre todo en el ámbito del derecho a la vida. Por eso San Juan Pablo II, en esta Encíclica, nos dice que es necesario llamar a las cosas por su nombre (n.58); ya que uno de los peores errores de las últimas décadas, ha sido la negación del orden natural de las cosas. Y es que lo que se entiende por natural o naturaleza, en el mejor de los casos, se entiende bajo una visión materialista y superficial de la realidad. Por eso es tan valiosa esta Encíclica porque sus temas centrales son: el orden natural, el derecho natural, la ley natural y la conciencia moral (n.2, 62, 65, 70, 71, 72, 73, 77, 82, 90, 96).

Para entender el sentido de la Encíclica hay que explicar que la relación real de las cosas creadas por Dios es el orden de la naturaleza que se llama ley natural. De modo que para que el ejercicio de la libertad del hombre sea recto, debe respetar ese orden del que San Juan Pablo II nos habla en la Encíclica Evangelium vitae y en otra Encíclica muy importante que es la Veritatis splendor. Y es que el hombre con su conocimiento y su libertad es dueño de sus actos, y es capaz de intervenir en el orden de la naturaleza que no es más que el orden de las cosas, que debe respetar cuando ejerce su libertad.

De hecho, la Encíclica Evangelium vitae retoma a Santo Tomás diciendo que la ley humana es ley sólo si está conforme a la recta razón (n.72). Y la recta razón es conocer el orden de las cosas conforme al fin que cada una tiene y con respecto al fin de todas que es Dios, y además ordenar cada uno de los actos libres respecto a esos fines y respecto a Dios que es su último fin.

Si el hombre con sus leyes no reconoce el orden natural de las cosas y no ordena sus actos libres respecto a ese orden, no hay verdadera ley ni hay recta razón. Este es el argumento central de la Encíclica Evangelium vitae al que se refiere San Juan Pablo II cuando habla de los atentados actuales contra la vida, afirmando que la doctrina que respeta la vida se fundamenta en la ley natural (n.62). Y esto lo enfatiza cuando se refiere a la eutanasia como homicidio, agregando que la violación del orden natural usurpa el poder de Dios Creador usándolo fatalmente para la injusticia y para la muerte.

El problema que señala la Encíclica es que por no entender profundamente lo que es la naturaleza y el orden natural o ley natural, resulta que lo que antes eran pecados, ahora tienden a ser “derechos humanos” (n.11). San Juan Pablo II nos dice que el problema es que el lenguaje está enfermo de muerte y por eso sus significados se han limitado a puras descripciones sin contenido de verdad. Y bajo esta perspectiva ya no es posible hablar de ley natural, porque con puras descripciones no se puede acceder al ser, a la verdad y al bien objetivos.

Actualmente cada uno interpreta y describe las cosas como le conviene en sus circunstancias y sin definir nada. Y con esto se destruye la cultura y se instala lo que San Juan Pablo II llama la “cultura de la muerte”, que por un lado proclama los derechos humanos y la defensa de la vida, y por otro lado acaba negándolos al reducirlos a un ejercicio retórico estéril (n.18). Así se promueve la anticoncepción, el aborto, lo que llaman “muerte digna”, que es la eutanasia o incluso el suicidio. Porque el hombre se cree señor de la vida y de la muerte (n.15), todo lo cual constituye una real estructura de pecado (n.12). Por eso la Encíclica Evangelium vitae afirma que estamos ante un enorme y dramático choque entre el bien y el mal, entre la muerte y la vida. Entre lo que San Juan Pablo II llama la “cultura” de la muerte y la cultura de la vida (n.28).

Esta Encíclica es muy oportuna e importante porque nos dice muy claramente que el hombre ya perdió el verdadero sentido del misterio del dolor (n.31), de la misma vida como tal (n.32) y de su originalidad e inviolabilidad (n.34 al 45). Hay que leer los números 57, 58 y 62 de la Encíclica, en los que se refiere al aborto y a todos los atentados contra la vida de la persona inocente, que no son más que la señal de una peligrosísima crisis del sentido moral.

Pero San Juan Pablo II no sólo plantea los problemas sino que propone como solución, afirmar la necesidad de la primacía del ser sobre el tener (n.98). Por eso es muy importante que conozcamos esta Encíclica y que reflexionemos sobre sus temas procurando salir de la superficialidad de las descripciones y de las opiniones, para defender la vida como verdaderos cristianos, es decir, conforme al Evangelio de la vida.

Manuel Ocampo Ponce
Universidad Panamericana
Guadalajara Jalisco, México.

El rescate de la manta gigante en Costa Rica. Gerardo del Villar fotógrafo subacuático.

En sus propias palabras Gerardo del Villar reconocido fotógrafo subacuático (“bautizado” por Alejandra Diener como: “El hombre que no le tiene miedo al miedo”) nos relata la emocionante experiencia que vivió en Costa Rica al participar en el rescate de una manta gigante:

“En el mes de agosto, nos juntamos un grupo de amigos, casi todos muy aficionados a los tiburones al igual que yo, con la idea de ir a fotografiar, tiburones toro a Costa Rica a una Islas llamadas: Islas Murciélago en el Océano Pacifico.

Como toda Costa Rica el lugar es espectacular, aunque Playas del Coco es supuestamente una área árida, sigue siendo un lugar con mucha vegetación.

Realizamos varios buceos en estos días, pero vale mucha la pena ahondar en el último día, en donde vivimos suceso sin precedentes, el mismo que les platico a continuación:

Cuál fue nuestra sorpresa, que al llegar al sitio no sólo nos encontramos con tiburones toro sino también nos encontramos con mantas diablo. Las mantas diablo son las mantas gigantes que son conocidas mundialmente como las mantas rayas.

En la parada de seguridad, nos encontramos una manta diablo que estaba enredada en una línea de pesca para tiburones.

Por una parte es algo muy emocionante el haber podido tener la oportunidad de tener a uno de esos animales tan grandes tan cerca, pero al ver ese comportamiento que no es normal, que no es natural en ellos y darse cuenta que necesitaba ayuda, fue un sentimiento un poco de desesperación”.

Este tema me tiene  muy emocionado y podría seguir escribiendo por horas, pero creo que lo mejor es que vean este video que preparamos:

Gerardo del Villar

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La virtud de la fortaleza.

Me parece que la fortaleza es una de las virtudes más importantes en la formación de la personalidad de los hijos dentro del hogar. Por eso se le llama virtud cardinal junto con la prudencia, la justicia y la templanza.

Es fuerte, en primer lugar, el que persevera en conseguir un bien arduo o difícil. Como esos alpinistas que observamos que suben elevadas montañas y no corren, sino que llevan un paso constante, cuidando el ritmo respiratorio. Ya les podrá llover, nevar, o tal vez se enfrenten a una ventisca fuerte, pero ellos continúan avanzando a pesar de las dificultades.

También, un aspecto poco llamativo de la fortaleza (porque habitualmente no se percibe por los sentidos), pero que en muchas ocasiones reviste una enorme importancia es la lucha personal contra los defectos del propio carácter.

De mismo modo, existe la superficial idea de que fortaleza es igual a “hombre dotado de vigor físico”, una especie de Superman, que acomete y se enfrenta al enemigo con valor.

Sí, es un aspecto importante de esta virtud, Pero la otra cara escondida, y en ocasiones más valiosa, es la capacidad para soportar las pruebas, las contradicciones. Por ejemplo, el saber llevar bien una pequeña enfermedad –sin quejas- y ofrecerla a Dios; el vencer la pereza; el atreverse a derrotar las tentaciones que intentan hacernos girar en la órbita del “yo”; el trabajar con diligencia y eficacia aunque no se tengan ganas; no desanimarse ante un fracaso más o menos relevante; el que tiene un detalle de servicio con un familiar aunque ese día se encuentre un poco cansado o cargado de actividades, etc.

En estos aspectos se puede ayudar mucho a los hijos para que mejoren. Anoto algunos ejemplos:

1. Animarles que se levanten a la hora que suena el despertador, y no, 15 ó 30 minutos después;
2. El ser diligente y darse prisa para llegar a tiempo a clase;
3. El no darle importancia a un pequeño resfriado. En vez de quedarse en cama, hacer el esfuerzo de cumplir con los deberes escolares y funcionar con normalidad durante el día;
4. El decir que “no” a la pereza, cuando se tiene que cumplir con una tarea o un encargo;
5. El soportar con buen ánimo una pequeña incomodidad: el frío o el calor, un embotellamiento vial; una lluvia inesperada que obliga a cambiar de planes, etc.
6. El vencer un pequeño defecto, como hablar demasiado o ser habitualmente desordenado para trabajar o estudiar;
7. El acomedirse con espíritu de servicio para ayudar en las tareas ordinarias del hogar;
8. El mantener el buen ánimo si no se obtuvo la calificación esperada en una materia y poner soluciones prácticas para mejorar en ese punto específico;
9. El llevar con alegría una pequeña humillación como haber perdido en una competición deportiva, de oratoria o natación, cuando el hijo pensaba que sería el seguro ganador.
10. El ser paciente y comprensivo con los pequeños defectos de los otros hermanos.

Quizá algún lector podría pensar que son cosas pequeñas. Pero en el negarse o superar un detalle y otro –de forma continúa-, se irá logrando que los hijos templen el carácter, la fuerza de voluntad y, en definitiva, que crezcan en la virtud de la fortaleza.

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