Nuevamente sobre la educación sexual integral

Mientras todo el mundo está preocupado por los avances de la actual pandemia, el confinamiento forzado al que se nos ha obligado por su causa, o a la grave crisis económica ya presente y sobre todo futura como resultado de todo lo anterior, diversos proyectos de ley, de alto y polémico contenido valórico, siguen avanzando sigilosamente en el Congreso. En este sentido, el actual inmovilismo que afecta a nuestras sociedades, ha venido como anillo al dedo para los partidarios de estos proyectos, puesto que la ciudadanía no puede expresar su malestar como en tiempos normales, o al menos, generar la legítima y pacífica presión que es de la esencia de cualquier verdadera democracia.

            Según se comentaba en nuestra columna anterior, el proyecto de Educación Sexual Integral (ESI) busca que se imponga de manera global y al margen del querer de los padres, una determinada forma de entender la sexualidad a nuestros niños, desde la más tierna infancia. De esta manera, además de sexualizarlos de forma casi patológica, de aprobarse este proyecto, surgirán muchísimos problemas, tanto entre los padres y el Estado por medio de las entidades educacionales, como entre estos padres y sus propios hijos, pues como se ha dicho, se pretende adoctrinarlos de acuerdo a la perspectiva de género, de acuerdo a la cual, la sexualidad es una realidad completamente plástica y cambiable. Y sobre esta base impuesta, se buscará otorgarles una completa libertad y autonomía para llevarla a la práctica.

            Así, solo por poner algunos problemas sobre la mesa, ¿se imagina alguien las consecuencias que podría tener para las próximas generaciones el haber sido empujado a dar rienda suelta con su sexualidad desde párvulo y experimentar con ella a más no poder, probando todas las formas posibles a su respecto? ¿Existe algún estudio que advierta sobre las posibles secuelas que lo anterior podría tener para nuestros niños, secuelas que sin duda los afectarán durante toda su vida? O para mencionar problemas más concretos y medibles, ¿se imagina alguien la proliferación de enfermedades de transmisión sexual que podría producirse, fruto de forzar a ejercer una sexualidad sin límites? ¿O los abusos de que podrían ser objeto los niños, al postular su tempranísima “autonomía progresiva” en este ámbito?

            Lo anterior, sin perjuicio de la delicada pregunta de si el Estado tiene realmente el derecho de imponer su visión en esta materia, haciendo tabula rasa con las concepciones y la libertad de los padres. Ello, pues lo anterior equivale a un auténtico secuestro de nuestros niños, cuya formación pasa a depender casi exclusivamente del Estado. Más, ¿por qué habría que preferir a un funcionario público en vez de la familia natural para la formación de nuestros niños y jóvenes? ¿Es que los padres van a perder la tuición de sus propios hijos si no están de acuerdo con estas políticas? Incluso, ¿tienen los padres alguna función respecto de sus hijos o solo deben comportarse como obedientes borregos en lo que a su formación atañe, según los dictados del Estado?

            En fin, las preguntas e inquietudes pueden seguir acumulándose hasta el infinito. Sin embargo, un aspecto que pocas veces se señala, es que parece absolutamente contradictoria una legislación totalitaria como esta, dentro de un sistema democrático. De ahí que surjan razonables dudas de si realmente seguimos viviendo en un régimen semejante.

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

Entendiendo la Bioética ante la pandemia COVID-19

Por: Alejandra Diener Olvera

Doctora en Bioética (Candidata)

ale@alediener.com

México ha entrado en Fase tres con relación a la pandemia del Coronavirus. La fase temida por la población ya que significa que es el periodo de máxima transmisión, la de máximos casos por día. Durante este periodo de cuarentena hemos ido viviendo distintas etapas, en las cuales hemos estado pendientes de nuevos términos y acontecimientos poco conocidos o antes nunca mencionados. La bioética es uno de los conceptos que se ha estado planteando desde finales de la segunda fase, pues se publicó una Guía Bioética de Asignación de Recursos Escasos de Medicina Crítica. Un documento que deja mucho que desear.

Una guía que ha sido ampliamente criticada por ser poco considerada con las personas de edad avanzada. Tanto que la han retirado de la red para seguramente revisarla y lograr un nuevo planteamiento que logre alcanzar los lineamientos que requiere el sector salud en la situación actual.

Al respecto, hemos considerado prudente hacer una radiografía de lo que la bioética implica. Desde la academia intentando usar un lenguaje amigable para que cualquiera pueda comprender lo que esta disciplina implica para la vida humana.

Como inicio, es imprescindible explicar el término desde la raíz etimológica y que como su nombre lo dice, es la ética aplicada a la vida. A cualquier forma de vida. Lo que se debe y no se debe de hacer con relación a la vida. El ser humano, dotado con inteligencia, voluntad y libertad es capaz de enfrentarse a varios dilemas, que a pesar de poder lograr manipular o crear ciertas cosas, gracias al avance tecnológico y científico, puede discernir qué sí y qué no, aunque le sea casi todo posible.

Ante la pandemia del Coronavirus, nos centraremos en una bioética dirigida al ser humano. A las personas enfermas del virus y a su estadio de gravedad. Sus requerimientos y el discernimiento de la asignación de recursos de medicina crítica. Qué sí y qué no.

Para ello hemos elegido definir brevemente las distintas corrientes que existen en la bioética y concluyendo, explicaremos en cuál de ellas nos basaremos para emitir juicios de valor ante la situación de emergencia vivida en México actualmente y en cuál o cuáles la Guía de referencia presumimos se basó según la información ofrecida. Asimismo, concluiremos intentado proporcionar los elementos bioéticos para poder discernir un dilema.

Comenzamos con la bioética utilitarista, que busca el bien mayor para el mayor número de personas. Sobre los valores individuales, están los de la sociedad, es decir, los valores éticos tienen que ver con la utilidad. La línea de pensamiento utilitarista es pragmática, pues considera la utilidad de las cosas a la par que de las personas poniéndolos al mismo nivel.

La bioética universalista, es una corriente de pensamiento que deja la toma de decisiones a que la opinión de la mayoría de las personas involucradas en el dilema ético, las considere. Es decir, sin importar las competencias de las personas involucradas, basta con que en promedio sean las más para que se acepte o se rechace un acto humano ante una disyuntiva.

La bioética personalista, es la que considera a la persona y su dignidad ontológica por encima de todo. Parafraseando a Juan Manuel Burgos, fundador y presidente de la Asociación Española de Personalismo y de la Asociación Iberoamericana de Personalismo, esta corriente bioética desde el punto de vista estructural, se caracteriza por la centralidad de la persona, lo que significa no solo que una filosofía o línea de pensamiento “tenga en cuenta” a la persona, algo relativamente común, sino que emplea este concepto como “clave arquitectónica de su antropología.” Sintetizando, del qué al quién: el hombre no es una cosa, y ni siquiera un qué, una naturaleza. Es un sujeto individual irrepetible, es decir, un quién.

Y finalmente, aunque estamos conscientes de que pueden existir otras distintas formas de considerar a la bioética, está el principialismo bioético. Con estas cuatro, desglosamos las más importantes dentro de la disciplina en cuestión. Al respecto, cuenta con cuatro grandes características para considerarla dentro de un dilema; la beneficencia, la autonomía, la no maleficencia y la justicia.

A decir, la beneficencia busca el bien del usuario sin menospreciar a nadie, la autonomía supone que el usuario puede gobernarse a sí mismo y decidir sobre su propio estado y corporeidad, la no maleficencia se refiere a que no haya una mala intención y la justicia implica un trato igual sin importar las condiciones del usuario.

Ahora bien, habiendo explicado brevemente las distintas corrientes de pensamiento bioético que en la actualidad más se aceptan en la academia, emitiremos nuestro juicio con relación a la asignación de recursos escasos durante la actual pandemia del COVID 19 desde la línea de pensamiento personalista. Ya que consideramos que es la más acorde a la vida humana y sus dilemas éticos. Una antropología defensora de la dignidad de la persona. El personalismo nació para defender al ser humano de los peligros opuestos representados por el colectivismo y el liberalismo individualista. Desde entonces siempre ha luchado por la defensa de la persona. Por ello, quien comparta esta convicción encontrará sin duda en el personalismo un poderoso aliado para las contiendas que se libran y se librarán en este terreno.

La Guía Bioética, en donde en la primera parte se pretende orientar de manera específica cómo asignar recursos escasos de medicina crítica y en la segunda, describe el procedimiento a utilizarse para dicha asignación, notamos que no consideran la estructura tridimensional de la persona. Puesto que para una comprensión adecuada del ser humano es necesario superar la distinción alma-cuerpo y pasar a una estructura más compleja, tripartita, que permite explicar mucho mejor las características del ser personal. Estas tres dimensiones son cuerpo, psique y espíritu.

La Guía sopesa al usuario enfermo conforme a su utilidad y lo reduce antropológicamente a un objeto que puede durar más o menos tiempo. “Paciente A de 80 años necesita de un ventilador, paciente B de 20 años necesita de un ventilador. Si paciente A recibe el ventilador ella vivirá 7 años más, si paciente B recibe el ventilador ella vivirá 65 años más. Ante dicho problema se tiene que introducir un principio adicional: salvar la mayor cantidad de vidas-por-completarse.” Es claramente un pensamiento utilitarista.

Cabe señalar, entonces que para poder discernir un dilema desde una línea personalista, contamos con cuatro principios “relativos a la intervención del hombre sobre la vida humana en el terreno biomédico”. Que son los siguientes:

  1. El principio de defensa de la vida física
  2. El principio de libertad y responsabilidad
  3. El principio de totalidad o principio terapéutico
  4. El principio de socialidad y subsidiaridad

          Continuando con el caso del paciente A y el paciente B, es preciso hacer notar que los dos pacientes cumplen con el Principio de Totalidad, ya que la persona humana —de suyo libre— con el organismo corpóreo, constituye una totalidad y el organismo mismo es una totalidad. De aquí se deriva el principio terapéutico, por el cual es lícito intervenir en una parte del cuerpo cuando no hay otra forma para sanar la totalidad del cuerpo. Y para tal efecto se requieren las siguientes condiciones precisas: consentimiento informado de la persona, esperanza de éxito, e imposibilidad de curar la totalidad sin intervención.

          Los criterios de limitación de recursos no resultan válidos cuando se toman aisladamente por: edad, prioridad en el tiempo, enfermedad, vulnerabilidad, discapacidad, deterioro cognitivo, como si fuera posible cuantificar sin más estos valores y formular matemáticamente una relación costo-beneficio. (www.Bioeticaweb.com Comité de Bioética de España)

Quitar o poner el respirador debe igualmente de cumplir con el principio de proporcionalidad, en donde el acto sea proporcional al caso. Es decir, ponerlo no implica necesariamente salvar la vida, ya que el paciente puede tener una comorbilidad y se podría ocasionar una distanasia (alargar la vida).

          Finalmente, conscientes del breve espacio y de lo complejo del tema, dejamos a reflexión las líneas redactadas desde un conocimiento bioético, recomendando que quien durante esta emergencia decida emitir una Guía Bioética como ayuda para el personal de salud, sea un experto en esta disciplina y no así solamente conocedor.

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Bioética y responsabilidad social en México: Guía bioética de covid-19

María Santillana 1

Doctora en Bioética (Candidata)

UNIVERSIDAD ANÁHUAC, MÉXICO-NORTE

1 mariaeugenia.santillana@gmail.com

Universidad Anáhuac, México-Norte

https://www.anahuac.mx/

Ciudad de México, México

Palabras clave: bioética, responsabilidad y derechos humanos.
En una pandemia es imprescindible la Bioética

       Cada sociedad se dota de un conjunto de valores que definen lo que la gente cree que está bien y mal, y que se reflejan en las conductas que se aceptan y rechazan. Todo ello se plasma en unas leyes que definen lo que se puede y no se puede hacer, y en un código penal que determina las consecuencias que deberá afrontar quien infrinja esas normas.

       Con frecuencia aparecen conflictos que hay que resolver, cuando confrontamos dos hechos que están bien pero entran en conflicto. En ese caso debemos optar por uno de ellos. Estos dilemas son los que resuelve la ética, que analizará las circunstancias que hay detrás de cada uno, sus posibles beneficios y riesgos asociados y la legislación. Así emitirá un juicio razonado y una recomendación sobre el camino a seguir.

       La evaluación ética es una reflexión crítica sobre la moralidad, un marco al que acudir para tomar la mejor decisión posible con nuestra escala de valores y con las normas existentes. Cuando los dilemas a debatir tienen que ver con las ciencias de la vida y la salud hablamos de Bioética.

     La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) expresó su preocupación ante el documento denominado «Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica», elaborada por integrantes del Consejo de Salubridad General para la emergencia de COVID-19, la cual plantea cómo resolver casos extremos en los que no haya equipos suficientes de terapia intensiva.

         De manera particular contiene criterios que ejercen una discriminación indirecta hacia las personas mayores, y las pone en desventaja en el acceso a los recursos de medicina crítica, lo que vulnera su derecho a la salud, a la vida y a la dignidad de la persona. La CNDH alertó que se trata de un documento en borrador, hasta donde se ha dicho, pero que tiene muchas posibilidades de instrumentarse ante el tamaño de la exigencia que le impondrá la pandemia a nuestros servicios de salud.

     Ante las implicaciones de decisiones bioéticas de emergencia como las que plantea un escenario de sobresaturación de servicios médicos asociada al COVID-19, la CNDH llama la atención para que se tomen en cuenta cuestiones tales como la de saber si desde la perspectiva del bloque de constitucional, la eventual aplicación de esta Guía violaría los derechos humanos de quienes no recibieran atención urgente debido a las circunstancias extremas de no disponer de recursos suficientes.

     A partir del análisis desde el bloque constitucional de derechos humanos, es importante precisar que la Guía es  contraria a disposiciones sobre el derecho a la salud vinculantes para México, tanto en el Sistema Universal como en el Sistema Regional de protección de los derechos humanos, ya que es un documento que justifica que el Estado Mexicano no garantice el acceso efectivo a los bienes de salud a todos los pacientes con COVID-19, en este caso a los recursos de medicina crítica.

    Es delicado que la Guía proponga que el triaje funcione como un órgano decisorio, que no esté supervisado y/o acompañado por un Comité de Bioética, que le permita tomar decisiones que involucren vidas humanas; asimismo, que sus criterios de integración del equipo de triaje, deban de aplicarse «idealmente», lo cual no garantiza la adecuada decisión en el respecto y garantía de los derechos humanos los pacientes con COVID-19.

    La Guía Bioética referida no posee una adecuada fundamentación, a pesar de que el mismo documento dice, en una nota al pie de página, sustentarse en “lo ordenado por el artículo 73, fracción XVI secciones 1ª. 2ª. y 3ª (sic)” de la Constitución.

      Se trata de una fundamentación errónea, con la que se pretende validar, y hacer vinculante, lo que en términos legales solo son una serie de recomendaciones, que no cuentan con el consenso de todos los miembros del Consejo, y que en algunos casos pueden generar responsabilidades jurídicas para los médicos que las sigan.

     De hecho, las irregularidades del documento incluyen una invasión de facultades que le corresponden exclusivamente al Poder Judicial de la Federación, pues el Consejo de Salubridad General, también en nota al pie, dice que “en caso de que se soliciten suspensiones por vía de amparo respecto de las decisiones tomadas con apego a la presente guía, las mismas deberán ser denegadas”. Como mencionábamos anteriormente, el CSG no solo pretende que la “Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica” sea obligatoria para todas las autoridades administrativas del país, sino que -ilegalmente- también intenta normar el criterio de los jueces y magistrados, violentando la independencia del Poder Judicial de la Federación.

     La Guía Bioética publicada por el CSG apunta que, ante la posible saturación del sistema de salud, los recursos de la medicina crítica, como lo son los respiradores mecánicos, deberán utilizarse siguiendo el criterio de “salvar la mayor cantidad de vidas-por-completarse (sic)”. “Lo anterior se traduce en que las y los pacientes que tienen mayor probabilidad de sobrevivir con la ayuda de la medicina crítica son priorizados sobre los pacientes que tienen menor probabilidad de sobrevivir”. Es decir, si solo hay un respirador mecánico y dos pacientes lo necesitan, los galenos tendrían que elegir primero al enfermo que tiene mayores posibilidades de recuperarse, y de vivir más tiempo tras ello. Siguiendo ese criterio, primero debería atenderse a quien no tenga comorbilidades serias como diabetes, obesidad o hipertensión; en seguida a quienes aun teniendo esos padecimientos pueden tener una supervivencia a largo plazo, en tanto que en último lugar estarían los pacientes que tienen una “alta probabilidad de muerte dentro de un año”, afirma la guía.

      Estamos ante decisiones bioéticas que no están exentas de generar responsabilidades jurídicas, por lo que, en ese tenor, para evitarse problemas, los médicos deben seguir primero lo estipulado en la Constitución y en la Ley General de Salud. Al trabajar en una institución pública, los galenos están obligados a proteger la vida de todas las personas, derechos humanos que deben privilegiarse, independientemente de las recomendaciones del Consejo de Salubridad General.

     En caso de que se tenga que elegir a quién atender primero, si el sistema de salud pública llegara a saturarse con la actual pandemia de COVID-19, el profesional de la salud debe considerar lo que mandatan nuestras normas, y lo que la buena práctica médica estipula (lex artis). En este punto es importante señalar que los médicos no pueden ser sancionados si deciden no obedecer la Guía Bioética del Consejo de Salubridad General, pues esta, además de no contar con una fundamentación jurídica adecuada, no es obligatoria, por lo que tampoco genera responsabilidad alguna en caso de no seguirse.

     Considerando nuestro sistema jurídico, las decisiones médicas -por difíciles que sean- deben regirse, en primera instancia, por lo que señala la ley, enseguida vienen los criterios éticos que rigen el adecuado desempeño de la profesión. Las valoraciones subjetivas sobre lo que se considera justo o injusto son juicios de valor que no necesariamente son compartidos por una mayoría.

     Lamentablemente, la “Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica” del Consejo de Salubridad General no sigue estas pautas, adolece de la fundamentación legal adecuada, e incluye el calificativo de “injusto” para ejemplificar algunas situaciones que pudieran presentarse con la pandemia de coronavirus. Esto último es una muestra más de la deficiente elaboración del documento, el cual, por cierto, ya fue rechazado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

     “La Universidad Nacional se deslinda de los términos y del contenido del referido documento”, pues ni esa casa de estudios, ni su rector, Enrique Graue Wiechers, fueron convocados para la eventual aprobación de dicha guía, a pesar de que Graue, quien por cierto también es médico, es uno de los vocales titulares del Consejo de Salubridad General, aseveró la UNAM en un comunicado.

     Al respecto, no debemos olvidar que lo que es justo para algunos no necesariamente es legal, y lo que suele estar en las normas jurídicas no siempre responde a lo que cada persona considera como justicia. Por ello, antes de introducir este tipo de valoraciones, la obligación de todas las autoridades es acatar la ley, pues vivimos en un Estado de derecho, a pesar de las deficiencias que este presenta en México. Como autoridad sanitaria, el Consejo de Salubridad General no puede exceptuarse de este cumplimiento.

     El derecho a la salud es un derecho humano que salvaguarda el mayor bienestar físico, psicológico y social para todas las personas. Los sucesos que han derivado de la aparición de este nuevo coronavirus han mostrado que el alcance de ese bienestar implica muchos factores, como los ya anteriormente mencionados, y probablemente muchos más, por lo que, queda pendiente una redefinición interseccional de la salud desde una perspectiva de derechos humanos.

  Siempre se espera que a partir de las crisis surjan nuevos elementos que puedan mejorar las condiciones de vida vigentes. Esta pandemia ha sacado a relucir muchas carencias, desigualdades y rezagos que, muy probablemente, en otros momentos, no serían de gran relevancia. El mundo no volverá a ser el mismo una vez que se retomen las actividades cotidianas y comience a girar a la misma velocidad vertiginosa que solía hacerlo. Sin embargo, cuando se intente restablecer es el momento de replantear muchos aspectos partiendo desde la bioética social, herramienta que propicia el debate plural, ético y político, el respeto a los derechos humanos, la interdisciplinaridad, la libertad de pensamiento, la toma de decisiones centradas en el individuo y su contexto y aspira al desarrollo social en equilibrio con el entorno social, cultural y ambiental.

   Toda pandemia supone enormes retos a nivel social, sanitario y económico. Para una respuesta adecuada a esta emergencia, es imprescindible disponer de un marco ético de referencia para la planificación y toma de decisiones Por el momento, quedémonos con este simple mensaje: no nos olvidemos de la bioética.

El Super Bowl y la ideología de género

Cada año se lleva a cabo en los EEUU el Super Bowl, es decir la final de la NFL (Liga Nacional de Futbol) entre los ganadores de la conferencia nacional y conferencia americana. Un espectáculo por demás esperado por la afición internacional. Este año se enfrentaron los Carneros de Los Ángeles contra los Patriotas de Nueva Inglaterra, resultando ganadores éstos últimos.

Es costumbre que haya espectáculo musical y que ambos equipos lleven a sus respectivas porras. Esta edición no ha sido la excepción, contando con una novedad: dos hombres formaron parte de las porristas de los Carneros de Los Ángeles: Quinton Peron y Napoleon Jinnies.

Durante el proceso de audiciones, ambos bailan con una mujer al lado, misma rutina. Si bien sonríen y en efecto son perfectamente capaces de hacer los mismos movimientos, la audición muestra las diferencias entre un hombre y una mujer. La gracia, delicadeza y belleza propia de las féminas es algo que nunca podrá ser igualado por un hombre.

Quinton Peron en entrevista dijo: “Me preguntaba ¿por qué no puedo estar ahí? He hecho coreografías para mujeres que bailan para equipos profesionales. He bailado con mujeres en varios equipos profesionales.”

Cabe mencionar en este punto que la ideología de género asegura que las diferencias entre hombre y mujer son producto de una construcción social, cultural y psicológica y nunca por cuestiones biológicas. Argumentan que el “género” es diferente del sexo y que el primero se elige. Su inmediata consecuencia es la justificación del homosexualismo, la promiscuidad, el “cambio de sexo” que no es otra cosa que la mutilación de genitales, la anticoncepción, el aborto, la fecundación in vitro, los vientres de alquiler; no hay límites y se han asegurado de respaldarlo legalmente con leyes mordaza y leyes protectoras de derechos inventados. La ideología de género tiene por objetivo la destrucción de la sociedad imponiendo una visión deformada de la naturaleza humana.

Ese “¿por qué no?” de Quinton Peron es justo el lugar donde ataca la ideología de género: no existen límites. La NFL incluso se aseguró de que fueran dos hombres negros los que ingresaran a la porra; si usted disiente de lo sucedido, será tachado no solo de retrograda, sino también de racista, ¿lo ve ahora? mordazas por todos lados. Esta guerra contra la naturaleza humana y la familia viene dándose con bastante éxito y agresividad particularmente en los últimos años, ejemplos sobran: un hombre vestido de mujer participando en el concurso de belleza Miss Universo, un hombre llamado “mujer transgénero” que lesionó gravemente a una mujer en una lucha de artes marciales mixtas; niños que han iniciado su “tratamiento hormonal” porque dicen ser del “género” opuesto; unión de un hombre que se cree mujer y una mujer que se cree hombre; un hombre que “se embaraza” cuando es evidente que se trata de una mujer, étcetera.

Todo lo anterior junto con el lema de “igualdad” es mostrado continuamente por los medios de comunicación con tal eficacia que la gente ya ni siquiera discierne lo que ve, es incapaz de identificar el absurdo y el insulto a la inteligencia. No se dan cuenta de que la “igualdad” y la “inclusión” son la bandera bajo la cual la familia y la sociedad están siendo destruidas. La ideología de género a través de Los Carneros de Los Ángeles y de los organizadores de la NFL han querido mostrar lo incluyentes que son, que un hombre puede ser porrista como una mujer, aunque si usted es observador, muestra precisamente lo contrario: que un hombre no podrá ser jamás una mujer y viceversa, no importa cuánto se obstinen en ello.

Hombre y mujer son diferentes y complementarios, fundamentos de la familia.

Depende de usted el dejarse engañar, recuerde que de por medio esta su familia, sus hijos, ambos son el principal blanco en esta guerra.

Ciencia en crisis: bebés modificados genéticamente

El científico chino He Jiankui anunció que modificó el ADN de dos bebés para que fueran inmunes al VIH. La respuesta de la comunidad científica internacional ha sido unánime: eso no fue ético.

  1. Una posible chapuza. En su intervención durante la 2ª Cumbre Internacional sobre la Edición del Genoma Humano, el genetista chino He Jiankui anunció el nacimiento de dos gemelas cuya ADN había sido modificado, utilizando la técnica CRISPR-Cas9, para que fueran resistentes al virus del SIDA.

El investigador chino no ha sometido su investigación a la revisión de otros científicos, ni ha revelado la verdad a algunos de sus colaboradores y no ha tomado en cuenta el consenso internacional contra la edición genética en bebés. Por eso, según M. Vidal, “su experimento ha generado una repulsa tan inmediata como generalizada”. (El País, 29 nov. 2018)

El diario El País tildó a He Jiankui, como “un fracasado buscador de gloria” (ver), mientras que La Vanguardia publicó la noticia con este titular: “La gran chapuza genética del doctor He” (ver), y además lo compara con el embriólogo italiano Severino Antinori cuando anunció en el 2002, también sin pruebas, que había clonado embriones humanos y los había implantado en tres mujeres.

  1. El riesgo de la manipulación genética. El supuesto experimento del Dr. He Jiankui consistiría en eliminar del material genético (ADN) de las dos niñas el receptor molecular (el gen CCR5) a través del cual el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) puede penetrar la célula e infectarla.

Según el biólogo alemán Jan Korbel, entrevistado por el periódico digital Deutsche Welle (DW), “este procedimiento no solo es éticamente criticable, sino muy arriesgado”, porque durante el procedimiento para quitar del ADN el receptor molecular del VIH, también se pueden quitar otros genes que en el futuro afectarán a esas niñas. (DW, 26 nov. 2018)

Además, Josep Corbella explica que la edición genética que ha realizado He Jiankui no tiene justificación médica, porque “una de las niñas que presuntamente ha nacido sigue siendo vulnerable al VIH porque tiene una de las dos copias del gen intacta, cosa que He sabía –o hubiera debido saber– antes de implantar el embrión.” (La Vanguardia, 29 nov. 2018)

  1. Una reacción a favor de la ética. Aunque la veracidad del experimento está en duda por parte de la comunidad científica, la noticia ha unido a decenas de científicos internacionales quienes ha condenado falta de ética de He Jiankui.

La agencia Reuters reporta que más de 100 científicos, chinos la mayoría de ellos, escribieron una carta abierta y publicada la web de noticias china Paper, en la que afirman que “el análisis ético biomédico de esta denominada investigación sólo existe de nombre. Llevar a cabo experimentos humanos directos sólo se puede describir como una locura.” (La Jornada, 27 nov. 2018)

Con motivo de esta noticia, el Comité de Bioética del Consejo de Europa recordó que la ética y los derechos humanos deben guiar cualquier uso de las tecnologías de edición del genoma en los seres humanos, y alertó que la edición del ADN plantea “muchos problemas éticos, sociales y de seguridad”. (infosalus.com, 30 nov. 2018)

Epílogo. He Jiankui acaba de abrir la “caja de pandora”, pues ha puesto en riesgo la salud futura de seres humanos. Resuenan las palabras que la serpiente a Eva: “seréis como dioses”. Sin embargo, han sido la comunidad científica y medios de información laicos los que han protestado por el experimento de He, y han recordado que la ciencia no debe rediseñar a los seres humanos.

@FeyRazon   lfvaldes@gmail.com

http://www.columnafeyrazon.blogspot.com

Cuando el pragmatismo enloda el pensamiento católico

Es por demás sabido que la ideología de género busca la destrucción del ser humano, diríase que es el monstruo de mil cabezas, cada una destinada a atacar una parte del ser humano. Nada está dejado al azar

Muchos en la actualidad le combaten en alguno o en varios frentes: en la defensa de la vida en el vientre materno, en la defensa del matrimonio natural, en los derechos de los niños a tener padre y madre, otros más luchando contra el feminismo radical, la injusticia social.

Sin embargo esta lucha presenta sus fracturas cuando la conciencia moral está afectada por la ignorancia o la negligencia en la formación, o simplemente cuando el pragmatismo le pasa por encima a nuestra visión católica dando como resultado un juicio errado de una situación en particular. Hace poco un activo luchador contra la ideología de género decía lo siguiente:

“El Estado no puede ni debe prohibir que personas del mismo sexo formen pareja” y “Lo que cada quien haga con su sexualidad es un tema íntimo en el que nadie puede intervenir”

Tales palabras son de lo más endeble y progresista que he escuchado en boca de un católico, por decir lo menos, son de las favoritas del feminismo radical que alega derechos para hacer lo que sea. Si bien la lucha de varios es loable, siendo católicos debemos promover el bien común en las instancias en las que estemos. Todos sabemos que el Estado hará cuanto sea para imponer leyes contrarias al bien común, pero es deber del católico instarlo en todo momento a legislar para proteger la dignidad del ser humano, a saber que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados y que el Estado esta en el deber de no legalizar conductas sexuales de suyo dañinas. Instar a los padres de familia a formar a sus hijos en la castidad. Nuestro catolicismo jamás debe ser pragmático.

Algunas de las fracturas en el pensamiento católico actual son:

-Defender la vida en el vientre materno y al mismo tiempo defender que los jóvenes ejerzan su sexualidad libremente bajo el concepto del mundo

-Pensar que no se es responsable por el prójimo, por tanto no corregirlo jamás so pretexto de respetar la libertad ajena

-Ser próvida pero pensar que los métodos anticonceptivos son la solución, que la fecundación in vitro es una solución aceptable para tener hijos

-Estar en contra de la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo pero aprobar el mal llamado “matrimonio” homosexual

-Luchar por los migrantes, los animales, el medio ambiente, dejando de lado la defensa de la vida en el vientre materno

-Pensar que seguir la doctrina de la Iglesia Católica es intolerancia y que deberíamos ser más prácticos al ajustarnos a los tiempos

En todos los ejemplos citados, el católico comete el garrafal error de defender solo aquello que a su endeble juicio considera importante, desechando todo lo demás, excusándose así de la responsabilidad que tiene de promover el bien común en todos los aspectos, que sólo puede resultar de llevar una vida ordenada, acorde a los valores morales y vida sacramental, como lo pide nuestra Madre Iglesia desde siempre.

Si bien es cierto que los hay quienes actúan sin dolo, es deber formarse en la conciencia moral a la luz del Magisterio de la Iglesia Católica (a quien se le ha encomendado el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios) y jamás manejarse bajo la sombra del relativismo. Basta con que leamos un poco para saber que las enseñanzas del Magisterio velan por la dignidad del ser humano.

Nadie es perfecto pero todos somos perfectibles dentro del plan del Padre. Tarde o temprano nos daremos cuenta de lo que Gilbert Keith Chesterton decía:

“No necesito una iglesia que me diga que estoy equivocado cuando ya sé que estoy equivocado; necesito una Iglesia que me diga que estoy equivocado cuando yo creo que estoy en lo correcto.»

Alexa Tovar alexatovar2017@yahoo.com

¿Soy sólo mi mente?

Como se sabe, el proyecto de ley de identidad de género ha ido avanzando en el Congreso, no sólo produciendo polémica por su contenido, sino además, por la suma urgencia que el gobierno le impuso hace unos días, impidiendo así que una materia tan delicada y polémica sea debatida como corresponde. Lo menos que puede decirse es que se trata de un apresuramiento injustificado.

Ahora bien, al margen de algunas situaciones francamente dramáticas a las que apunta el proyecto (bien o mal: eso no lo sé), lo que a mi juicio más llama la atención es que su letra y espíritu hace depender todo de lo que la persona que quiera invocar esta ley, piense, perciba o sienta acerca de sí misma, sin importar otros elementos que el sentido común aconseja tener en cuenta.

Es por eso que el proyecto habla de “género”, no de “sexo”, pues el primero apunta a algo construido, subjetivo y hasta cambiante, mientras que el segundo, por el contrario, a un dato de la propia realidad, algo dado y por ello, medible y cuantificable. A fin de cuentas, el “sexo” de cada uno se manifiesta a partir de nuestra configuración genética, que en este aspecto permanece invariable desde la concepción hasta la muerte.

En consecuencia, y según se ha dicho, lo que manda es una especie de “autoconcepto”, sin importar si esta percepción coincide o no con el modo en que los demás ven al sujeto. Es decir, alguien que a todas luces aparenta ser varón podría, de aprobarse este proyecto, legalmente ser mujer y viceversa, lo cual no sólo puede producir confusión, sino varios malentendidos e incluso infracciones legales (por ejemplo, por la edad de jubilación).

Pero además, este proyecto muestra casi un total desprecio por la realidad, al hacer depender todo de la subjetividad. Lo cual no es más que el lógico resultado de la vieja división cartesiana, que escindía el mundo entre el “yo” pensante (la “res cogitans”) y el resto de la realidad, la materia (la “res extensa”), de suyo medible y cuantificable, que abarcaba al propio cuerpo. De esta manera, lo que importaba era la subjetividad, no la realidad, a la cual incluso se la despreciaba; como si esa subjetividad pudiera existir al margen o sin dicha realidad.

Mas, si fuera así, si efectivamente resultara legítimo ignorar la realidad de las cosas, al menos debiera exigirse que quien pretende usar su subjetividad para bancarse esa realidad, fuera una persona madura y responsable. Mal que mal, si se quiere hacer girar el mundo en torno al “yo”, obligando al resto a seguirle el juego, sin importar lo que ellos perciban, esa autopercepción debiera ser firme y largamente meditada. De ahí que llame más aún la atención el hecho que so pretexto de “autonomía progresiva”, se otorgue la posibilidad de cambiar de “género” a adolescentes, que como todo el mundo sabe, están en el proceso de formación de su personalidad. ¿Qué pasa si luego cambian de parecer? Lo anterior sin perjuicio de pasar a llevar seriamente la patria potestad.

Finalmente, si todo depende de nuestra autopercepción, con estos argumentos, ¿qué pasa si alguien se siente de una edad muy diferente a la suya (se considera un niño, por ejemplo)? ¿O llevando el tema al absurdo, está convencido de ser un animal? ¿Tendríamos que tratarlo todos nosotros de esa manera y hacer caso omiso a la realidad?

 

Max Silva Abbott
Doctor en Derecho
Profesor de Filosofía del Derecho
Universidad San Sebastián

“Autonomía progresiva”

La creciente incursión del Estado en la vida privada de las personas en nombre de los “derechos humanos”, está avanzando a pasos agigantados en diversas partes del mundo y Chile no es la excepción.

En efecto, cada vez es más común que se le encomiende al Estado una mayor participación en la promoción, puesta en práctica y tutela de los “derechos humanos”, que pretenden afectar a todas las esferas de la vida. De este modo, se da la paradoja que hoy por hoy, muchos de los actuales “derechos humanos”, lejos de ser una defensa contra la intromisión del Estado, se están convirtiendo en la excusa para darle más y más facultades y poderes sobre los ciudadanos, apoyado y azuzado por diversas instancias internacionales.

Uno de los muchos ejemplos de lo que venimos diciendo es la notable evolución que han tenido en los últimos veinte años los derechos de la niñez. Antes, se consideraba que por su estado de desarrollo, resultaba evidente la necesidad de protegerlos (apoyado sobre todo en el principio del “interés superior del niño”), precisamente porque dado su nivel de madurez, no estaban preparado todavía para ser independientes. Y dentro de esta labor de protección y por razones evidentes, los padres tenían un papel protagónico.

Ahora, por el contrario, y amparado en la Convención de los Derechos del Niño y sobre todo en los dictámenes de su Comité, se ha ido abriendo paso de manera inquietante el concepto de “autonomía progresiva”. Según él, el menor debiera tratar de igual a igual con los adultos a una edad muy temprana, a fin de tomar sus propias decisiones y no ser influenciado por otros, quienes vendrían a quitarle libertad y no lo estarían tratando como un titular de sus propios derechos.

En realidad, resulta evidente que el menor tiene sus opiniones, más maduras a medida que crece y que su punto de vista debe ser tomado en cuenta, de acuerdo a las circunstancias de su desarrollo, en muchas materias importantes, como en juicios de familia, por ejemplo.

Pero una cosa muy distinta es pretender, so pretexto de “autonomía progresiva”, separar a los hijos de sus padres, privando además a estos últimos de su derecho fundamental a criarlos y educarlos de acuerdo a sus propias convicciones. Y es aquí precisamente donde la intromisión del Estado se hace intolerable, al pretender imponer su visión de las cosas.

Además, las relaciones familiares son concebidas aquí de acuerdo a la vieja dialéctica marxista de oprimidos y opresores. Sólo ello explica que esta “autonomía progresiva” pretenda que los menores puedan, como literalmente señalan sus promotores, “protegerse del poder de la familia”, de la “dependencia y subordinación de los padres”, “liberarse de los valores socialmente hegemónicos” propios de un “orden biopolítico opresor” que los condena a “la servidumbre de la repetición”, y varias otras impactantes frases por el estilo. En consecuencia, para esta visión, el logro de esta “liberación” debiera ser un objetivo del Estado, lo que justificaría su creciente intervención.

Ahora bien, la gran pregunta que surge es: si efectivamente la familia fuera una entidad “opresora”, ¿cómo evitar que “liberados” de ella, los menores no caigan en las garras del Estado? O si se prefiere: si se los “libera” de la “maldita familia”, ¿quedarán por ese solo hecho protegidos o liberados de otras influencias verdaderamente nefastas?

 

Max Silva Abbott
Doctor en Derecho
Profesor de Filosofía del Derecho
Universidad San Sebastián

Como dos imanes que se repelen

Según hemos dicho muchas veces, las ideas –buenas o malas, acertadas o desastrosas– son lo más poderoso que existe en el ser humano, ya que si ellas logran convencer a muchos, son capaces de transformar el mundo para adaptarlo a esas ideas. Es cosa de ver nuestra organización política o económica para darse cuenta de ello.

De ahí entonces que sea de vital importancia saber cuáles son las ideas que hoy están circulando y se encuentran asentadas en grupos importantes de la población, lo cual no impide que ellas sigan luchando por expandirse y ganar más adeptos para su causa. Se equivocan rotundamente, pues, quienes consideran que ellas son un tema demasiado etéreo, teórico, inútil o baladí. Por eso se ha dicho que no hay nada más práctico que una buena teoría.

Ahora bien, dentro del cúmulo de ideas que hoy luchan por la hegemonía, el autodenominado “progresismo” se encuentra en una auténtica lucha sin cuartel por cambiarlo todo, el menos en Occidente, pretendiendo así dejar su impronta profunda en nuestras sociedades en un cúmulo de materias.

Así, sólo por mencionar las más llamativas, se pretende afectar a la vida (control de la natalidad, aborto, eutanasia, procreación artificial, manipulación genética, hibridación, transhumanismo); la familia (intento del Estado por sustituir a los padres en la formación de sus hijos, uniones civiles, matrimonio homosexual con adopción incluida, “matrimonio con uno mismo”, poligamia e incluso incesto); la ecología (consideración del ser humano como un animal más, “derechos” de los animales, atribuirles la calidad de persona, cambios en los hábitos alimenticios); la sexualidad (educación sexual, anticoncepción, la ideología de género, con sus cada vez más orientaciones u opciones sexuales –el conglomerado LGBTTTI y suma y sigue–, los derechos sexuales y reproductivos); la libertad de conciencia y de expresión (al existir un cúmulo de “verdades oficiales”, como las recién señaladas, contra las cuales está vedado oponerse, so pena de ser juzgado por discriminador o intolerante) y el gelatinoso concepto de derechos humanos (elevados a la categoría de religión y que cada vez abarcan más y más aspiraciones, por descabelladas, injustas o imposibles que sean).

La lista es larga y obviamente hay muchas otras materias no mencionadas aquí. Mas lo que nos interesa recalcar, es que esta verdadera “cruzada progresista” no tiene ninguna intención de detenerse, pues siempre abogará por nuevos cambios, por inimaginables que sean. Se equivocan rotundamente quienes creen que cediendo por aquí o por allá, lograrán aplacar su sed de reformas, pues a fin de cuentas, quieren cambiarlo todo, precisamente, para hacerlo calzar con estas ideas “progre” que buscan transformar de raíz nuestras sociedades.

En realidad, quien cede en algún punto, creyendo que con eso podrá “abuenarse” con el adversario, sólo logra que este último dé un paso más, “corriendo el cerco” más lejos, si así pudiera decirse, pues su “leit motiv” es siempre estar en la vanguardia de los cambios, siempre “progresar”, nunca detenerse ni estancarse como si la misión estuviera en parte ya cumplida. En suma, son como dos imanes que se repelen, de tal suerte que si se mueve uno, el otro inevitablemente se aleja. Esa es, en verdad, nuestra actual situación.

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho
Profesor de Filosofía del Derecho
Universidad San Sebastián

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