El desamor fruto de un capricho

Por: Alejandra Diener

Una paternidad responsable implica que los padres de los hijos sean personas que respondan ante las adversidades que puedan presentarse en el cuidado y crianza, de manera enaltecida. Sin evadirse, sino enfrentando sus compromisos al haberse convertido en padres de los vástagos.

La autoridad que se emplee en la educación de los niños, tiene que venir acompañada de su etimología, es decir, augere ayudar a ser mejor persona a quien tiene menos edad y experiencia, a quien carece de competencias en los distintos campos de la vida. En este caso, la vida misma es una ventaja para los padres y por ello los hijos deben de someterse a su guía, por el bien de su desarrollo emocional y evolutivo.

El amor, que es lo que surge de manera natural en una relación paterno filial, es lo que dará vida a la paternidad responsable y a la autoridad. El amor que implica el sentido ágape, el no esperar nada a cambio. Dejar de comer para que ellos coman, dejar de dormir para que ellos descansen. El amor que busca manifestarse en enseñar a amar para saberse amados, para saciar la necesidad innata humana de amar y ser amados. El amor, que es motivado por ver a los más pequeños, vulnerables y delicados hijos, crecer con autoestima, con libertad y con sentido de pertenencia. El amor que motiva a los padres a entregarse a ellos incondicionalmente.

En la actualidad, la familia se ha visto atacada por ideologías de distinta índole que han trastocado violentamente la verdadera situación de los padres en su desarrollo para encaminar y ayudar a ser mejores personas a sus hijos. El progresismo equivocado que ha confundido que todo tiene que ser redefinido para lograr el progreso, sin considerar que muchos conceptos y sobre todo, muchas instituciones no requieren redefinirse ya que funcionan por su naturaleza.

El matrimonio, por ejemplo, una institución que tiene una función específica y que en resumen es proteger a la prole legalmente y darles estabilidad a los integrantes de  ésta, principalmente a los esposos, funciona por su objeto. Pero falla por ser manoseada y relativizada. Bombardeada en primera instancia por el machismo inherente en el ser humano, que sobaja a la mujer y la devalúa simplemente porque es la progenitora que gesta a los hijos en su vientre, quien amamanta, quien se desvela y se entrega a todos sin esperar nada.

Por el contrario, el varón ensombrecido del machismo antes mencionado, se aprovecha de su condición de fuerza y de proveedor. ¡Sin él no comemos! ¡Sin él no tenemos techo! Y sin él no hay bienestar. Este pensamiento primitivo, pero tan aceptado, aún en este siglo de progresismo equivocado, ha provocado la destrucción de la familia, de los matrimonios, de los hijos, ha roto el tejido social.

La familia, atacada primeramente por medio del matrimonio, ahora está siendo atacada por medio de sus menores de edad. Está emancipando y volviendo a relativizar a los hijos, haciéndolos libres para algunas cosas y prisioneros para otras. Han logrado confundir la diferenciación biológica, permitiendo y promoviendo que los jóvenes y niños que transitan por una etapa de falta de identidad propia de su edad, crean que pueden cambiarse de sexo, como se le ha acuñado “cambiarse de género”. Pero a su vez son prisioneros pues no se les permite comer frituras, ni consumir tabaco, alcohol, ni conducir. Se les permite abortar a sus hijos pero no casarse, se les permite decidir si no quieren vivir ya con alguno de sus progenitores, pero no pueden trabajar por ser menores de edad.

Esta confusión, así como la que se generó con el matrimonio, con el machismo, luego con el justificado feminismo, hoy es el divorcio de los hijos de los padres por tener derechos que sobrepasan los inalienables y se les crean nuevos que los empoderan y provocando así que menosprecien a sus progenitores. Peor aún, con el feminismo radical se ningunean a papás que seguramente son loables, pero que sus madres han decidido por despecho desprestigiarlos. El machismo, a su vez ningunea a las progenitoras, apoyando a los hijos diciendo que son unas “locas” “autoritarias”, “intransigentes”. Machismo que el mismo feminismo fortaleció al querer imponer una igualdad entre los sexos, hasta el grado de desaparecerlos y denominarlos géneros.

El amor, que inicialmente llevó a la humanidad a propagarse, a reproducirse y a querer formar familias, hoy es un desamor que lejos de enseñar a los hijos a amar para ser amados, los ha educado a ser despechados, a violentar a sus padres con apoyo de alguno de ellos. Mostrando que si se desea odiar a alguno, es permitido sin justificación lógica y real. El desamor que viene principalmente por ese deterioro del tejido social, es lo que se vive en este siglo caótico y desastroso.

Que como resultado, dejaremos personas que odian y son vengativas, que son alentadas a destruir a sus propios padres y que se les incita a tomar decisiones tan graves como querer mutilarse el cuerpo, destrozar otro cuerpo o inclusive quitarse el apellido de alguno de sus progenitores por un simple capricho hoy avalado por la comunidad.

Capricho que sutilmente disfraza una violencia agresiva y constante, terrible y desafiante que las políticas públicas inspiradas por ideologías destructivas, pero que a simple vista soban el ego y engrandecen el orgullo humano, han propiciado que la familia, desde el matrimonio y ahora desde las decisiones de los hijos, se desintegre y desvanezca por el desamor en donde esposos utilizan armas letales que contienen como balas a sus propios hijos.

El amor paterno filial debe de fortalecerse, no redefinirse. Las leyes se escriben para darnos estabilidad, fundadas en los derechos y obligaciones inalienables. Como sociedad, debemos de estar conscientes, que el daño moral y social que se está generando a costa del progresismo, se nos demandará en el futuro a partir de la deformación de personas criadas en el desamor. A causa de padres y madres que dejaron un vacío, delegando su paternidad, su autoridad y el amor a un sistema corrompido de poder.

ESI: Educación sexual integral

Casi como impulsado por un frenesí obsesivo, ha seguido avanzando en el congreso el polémico proyecto de Ley de Educación Sexual Integral (ESI), que busca, como su nombre indica, incluir este tema en la formación de nuestros niños desde la más tierna infancia.

            Además de darse a momentos la impresión que para sus promotores, esta fuera la primera y más urgente necesidad de los menores –a una edad en que están claramente interesados en otras cosas–, lo que produce verdadera indignación, es el sentido u orientación que pretende darse a esta mal llamada “educación”, al punto que en no pocos casos, podría hablarse directamente de corrupción de menores.

            En efecto, incentivar a la fuerza la sexualidad en nuestros niños y niñas casi desde que abren los ojos a este mundo, no sólo busca adelantar artificialmente un proceso que despertará años después, sino además, implica, literalmente, robarles su niñez e inocencia.

            Por otro lado, se habla insistentemente que gracias a esta nefasta legislación, los menores estarían en condiciones de reclamar “sus” derechos “sexuales y reproductivos”, lo cual no puede menos que llamar la atención, ya que hasta donde todo el mundo sabe, antes de la pubertad, los niños y niñas no pueden reproducirse.

            Pero además, el proyecto ESI va de la mano de otras ideas, como el controvertido concepto de “autonomía progresiva”, que en el fondo, pretende privar a los padres de su legítimo e irrenunciable derecho a criar y educar a sus hijos de acuerdo a sus propias convicciones. Por tanto, todo este proceso equivale a una especie de “expropiación” de nuestros niños. Sin embargo, de manera más profunda, muestra que algunos legisladores confían más en el Estado que en los padres, y estiman que a través de sus funcionarios, organismos y reglas, este Estado cuidará mejor a los menores que sus propios progenitores.

            De esta manera, se pretende que los menores tengan una autonomía absoluta en relación a su sexualidad (autonomía que curiosamente, no les permite impedir ser adoctrinados de forma dictatorial por el Estado en esta materia), lo que incide, entre otras polémicas y peligrosas cosas, en la edad necesaria para el consentimiento sexual. Así, se busca por vía legal, homologar en este asunto a menores y adultos, con lo cual no hay que ser demasiado suspicaz para darse cuenta del enorme campo que surge para el abuso a su respecto. Ello, pues por mucho que la ley pretenda imponer una ficción (es decir, algo que no es cierto), en este caso, la madurez del menor en esta materia, los adultos tendrán una enorme ventaja en este escenario. Incluso abre las puertas a la pedofilia, justificada aquí por la decisión supuestamente libre y madura del menor.

            Evidentemente, siempre pueden sacarse a colación ejemplos dramáticos de progenitores desalmados y de menores en situaciones inaceptables. Mas, si se van a buscar casos límite para justificar esta inadmisible ley, convendría indagar en cómo le ha ido a las instituciones del Estado en su labor subsidiaria de formar a nuestros niños, las que como se sabe, se encuentran en un proceso de profunda revisión, dado el verdadero infierno que se vivía en su interior. Por tanto, llegado el momento de comparar, el Estado sale perdiendo sin apelación posible. ¿Le entregaremos así algo tan preciado como nuestros niños?

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

La importancia de los padres en la formación de sus hijos

Acaba de pasar el “Día del Padre”. Esta fecha me ha hecho recordar que durante 15 años estuve dando clases en una primaria y secundaria llamada “Educar, A.C.”, en el municipio de Ixtapaluca (Estado de México). Me parece que aprendí de los alumnos, profesores y de sus padres mucho más que lo que yo pude haberles enseñado. Por su alegría, testimonios de vida de sacrificio en el trabajo cotidiano y de entrega responsable en sus deberes como padres.

Los papás seguían muy de cerca la formación académica y humana de sus hijos. Y ellos mismos participaban en convivencias especialmente destinadas a proporcionarles cursos para que desempeñaran mejor su labor como padres y esposos.

Tengo muy grabada una frase de uno de ellos quien, al final de una de esas convivencias, me comentó: “¡Muchas gracias por darnos estos cursos tan necesarios! ¡Es que nadie nace sabiendo cómo ser un buen padre!”

En otra ocasión, les pedí a los alumnos de primero de secundaria que dibujaran cómo era el ambiente de sus casas. Me llamó la atención que, uno de ellos, dibujó únicamente una gran televisión y abajo una frase: “Me gustaría ser un aparato de televisión”.

Como no capté el sentido de su dibujo ni de su mensaje e intuí que algo le ocurría al muchacho, al final de la clase lo llamé aparte y le pregunté por el significado de su dibujo. “Sí, profesor. Es muy sencillo: mi papá está poco tiempo en la casa. Y cuando llega, enseguida prende la televisión y no platica ni conmigo ni con mis hermanos. Le pregunto algo y ni me contesta o como que se molesta. Cuando llega el domingo, invita a sus compadres a ver el futbol. Sólo habla conmigo para pedirme que vaya a la tienda a comprarle cervezas. Por eso es que me gustaría ser televisión: para que me mire, platique y se interese por mí.

Al poco tiempo, cité a este padre de familia al colegio. Le mostré el dibujo y la relaté la conversación que había tenido con su hijo. Le recordé amablemente algunos de los conceptos explicados en los cursos de capacitación familiar. Y su respuesta fue magnífica porque me dijo que no era consciente de su teleadicción en detrimento de la atención y formación de cada uno de sus hijos e hizo el propósito de corregirse en este punto y algunos otros.

En otra ocasión, se les pidió a los alumnos de sexto año que elaboraran, con cartón y otros materiales, edificios como hospitales, aeropuertos, multifamiliares, etc. Me impresionó que, desde muy temprano, aparecieron las mamás y los papás                    –acompañando a sus hijos- con ese trabajo escolar ya que se les había dicho que habría un concurso y se entregarían premios para los tres mejores proyectos. Los padres, muy solidarios, estaban tan interesados como los alumnos.

Finalmente, un tema recurrente para conversar con los papás era que se plantearan ambiciosas metas profesionales para con sus hijos. En ese tiempo, principios de los años noventa, la mayoría eran agricultores o ganaderos. Sé que muchas familias hicieron ahorros e importantes sacrificios para enviar a sus hijos a la universidad. Y, a la vuelta de los años, da mucho gusto comprobar que ahora son destacados ingenieros, abogados, administradores de empresas, pedagogos, etc.

Sin duda, el mérito es tanto de los padres como de las madres y, por supuesto, de los alumnos por su empeño y dedicación. Los padres les han brindado una educación esmerada y un cariño manifestado con obras, que se han quedado grabados para siempre en las mentes agradecidas de sus hijos.

Valores y virtudes ciudadanas en la familia

Este mes de marzo está dedicado a la familia. Sabemos que el hogar es la escuela donde se forman a los futuros ciudadanos en valores y virtudes para ejercer sus derechos y cumplir con sus obligaciones. Muchos personajes ilustres de la historia tuvieron unos progenitores que educaron a sus hijos con ideales de servir a la Patria y las brindaron adecuada formación.

¿Cuáles son los objetivos en que los padres pueden ayudar en la formación cívica de sus hijos?

  1. Escuela de amistad: Se trata de entablar relaciones de verdadera amistad con todos los miembros de la comunidad, sin importar su raza, nacionalidad, lengua, condición social;
  1. Escuela de humanización y personalización: que ha de llevar al entendimiento entre las distintas personas. Los padres han de formar a sus hijos para que tengan interés en la cuestión social y, de acuerdo a su edad y libremente, animarlos a participar en la vida política; que tengan la sana inquietud de poner remedio a las dolorosas injusticias y actos de corrupción o a las pronunciadas diferencias en los diversos estratos socioeconómicos.
  1. Fomentar en los hijos un gran cariño por su país, su estado y su terruño de tal manera que se sientan solidarios de todos los demás ciudadanos, con el deseo de participar activamente en mejorar las condiciones materiales y en los valores de sus conciudadanos.
  1. En un mundo tantas veces dividido por tensiones y luchas de unas personas contra otras, resulta fundamental la invitación a la comprensión recíproca. Su mejor escuela ha de ser la familia, en la que se viva con gozo la experiencia de la entrega a los demás.

Otros aspectos a considerar son:

  1.  e) La familia ha de constituir, de igual forma, un ámbito de irradiación   –de apertura- a los demás, a otras familias y a otros ambientes de la sociedad entera
  2. f) La comunidad familiar, sociedad perfecta en su orden, ha de estar abierta a las otras comunidades semejantes y a la entera sociedad, de modo análogo como las células de un organismo sano, aún teniendo vida propia, cooperan al bien de todo el cuerpo.
  3. g) Es preciso, por tanto, que los valores familiares no queden solamente en el hogar para provecho de unas cuantas personas. La vida familiar puede alcanzar un gran eco, un efecto multiplicador de enorme bien para toda la sociedad.

Por ello, conviene fomentar en los hijos de modo particular:

  1. La convivencia con otras personas; las relaciones de amistad y vecindad; con compañeros de escuela o de deporte, etc.
  1. i) El respeto mutuo, la amabilidad para con todos, la cordialidad y otras virtudes aprendidas en el hogar, tienen repercusión en ámbitos más amplios. Si en el seno de la familia se ha aprendido a dialogar; a comprender los puntos de vista de otros; a ceder en las propias opiniones cuando se está equivocado; a prestar servicios con forma desinteresada, será más fácil transmitir esos modos de vivir a la sociedad.

En otro orden de ideas, tiene también importancia:

  1. j) El animar a los hijos –adolescentes y universitarios-a participar activamente en la conformación de la opinión pública escribiendo en las redes sociales o en diversos medios de comunicación. Muchas vocaciones al periodismo, a las humanidades y a la vida intelectual han surgido por ese aliento de los padres. Bastantes escritores reconocen que su afición por dedicarse a la Literatura se inició gracias a que sus progenitores les facilitaron –desde su infancia y juventud- los clásicos de la literatura universal, entre otros muchos libros.
  2. k) Considero clave que los hijos tengan relación con los niños desamparados; con los enfermos y ancianos, para despertar en ellos la generosidad y el deseo de servir a los demás.
  1. l) Escuela del buen ejemplo: El propio testimonio y el ejemplo son el mejor modo de inculcar, también, en los demás valores, sin respetos humanos y con una firme convicción.

                En conclusión, como afirma acertadamente el Dr. Ángel Rodríguez Luño: “la defensa de la familia no hunde sus raíces únicamente en los derechos que ella posee por naturaleza; es también un deber derivado del derecho irrenunciable de toda sociedad a la conservación y defensa de su propia vida.”

El miedo de traer hijos al mundo

Estamos viviendo una época en que la familia -como institución- se encuentra sufriendo duros embates. Se tiende a ridiculizar, en ciertos ambientes, que el matrimonio es la unión de un hombre con una mujer en orden a procrear hijos y formar una familia estable.

Otras veces se pone en tela de juicio la indisolubilidad del vínculo y que esa unión de los cónyuges es para toda la vida.

En repetidas ocasiones y a lo largo de la historia, los gobiernos socialistas o comunistas sostienen la absurda idea de que los hijos de una familia les pertenecen al Estado y no a sus padres, como está ocurriendo actualmente en España.

A principios de 1970, el candidato a la Presidencia de la República por el P.R.I., Luis Echeverría Álvarez afirmaba que “Gobernar es poblar”. Tiempo después lanzó la campaña con el eslogan de que “La familia pequeña vive mejor” y autorizó que en las comunidades indígenas se esterilizaran tanto a mujeres (mediante la ligadura de trompas) o a los hombres (mediante la vasectomía) sin pedirles su consentimiento.

Fue un brutal abuso a la dignidad y a los derechos humanos de estas comunidades. También se lanzaron campañas de reducción de la natalidad al precio que fuera, como la difusión masiva de preservativos, el colocar  dispositivos intrauterinos sin previo aviso a los esposos, a la menor dificultad –según lo decidían arbitrariamente algunos médicos- extirpar la matriz, provocar abortos, etc.

Los siguientes Presidentes de este partido continuaron con estas funestas medidas al punto que el índice de la natalidad se ha visto reducida en forma considerable de 50 años a la fecha. Los sociólogos sostienen que a mediados de este siglo en México habrá mayoría de personas de la tercera edad, como ya ha está ocurriendo en Suecia, Dinamarca, Holanda, Inglaterra, Francia, Canadá…sin que haya relevos generacionales para los diversos trabajos.

Decía la ilustre filósofa y escritora mexicana, Dra. Emma Godoy: “Dios perdona siempre, los hombres algunas veces, pero la naturaleza no perdona nunca”. Es decir, cuando se trastorna seriamente el crecimiento poblacional y a los ciudadanos se les siembra un “terror a tener hijos”, entonces sobrevienen estos serios desórdenes que hoy observamos.

El célebre músico y poeta, Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura en 2016, escribió en su melodía “Señores de la Guerra”: “Ustedes han sembrado el peor de los miedos / que jamás se haya lanzado; / el miedo a traer niños al mundo. / Han amenazado a mi bebé, / cuando todavía no ha nacido / y ni siquiera tiene un nombre. / Y es porque ustedes no valoran / la sangre que corre por sus venas”.

El intelectual Antonio Socci, en su libro titulado El Genocidio Censurado, afirma que esta oleada de legalizaciones del aborto en muchos países del planeta, se ha convertido en el mayor genocidio de los siglos XX y XXI.

Ninguna guerra mundial -por sangrienta que haya sido- ha arrojado la escalofriante cifra de más de mil millones de víctimas inocentes abortadas como saldo de este genocidio.

Sin duda, se trata de la peor de las barbaries de nuestra civilización. Precisamente ahora en que se tiene tanta sensibilidad por el adecuado equilibrio en el ecosistema, por preservar animales en extinción; salvar ballenas, delfines, tortugas; cuidar los manglares y corales, etc. es justo ahora cuando se mira con enorme desprecio e indiferencia el valor de la vida humana.

Es innegable que diversos organismos internacionales aportan bastante dinero y presionan constantemente para que en los países denominados del “Tercer Mundo” o “subdesarrolados” se imponga esta “Cultura de la muerte”.

Me impacto mucho una entrevista que les hicieron a un par de jovencitas mexicanas al salir de una preparatoria pública, sobre si estaban de acuerdo o no con el aborto, una contestó que ya había abortado una vez, y la otra, respondió con displicencia que en dos ocasiones lo había hecho y que no sentía remordimiento alguno por haberlo realizado. Y todavía añadió que estaría dispuesta a tener un tercer aborto.

Pienso que esto es precisamente el trasfondo de lo que pretenden estos organismos internacionales: destruir la moral ciudadana al extremo que una chica pierda la conciencia del bien y del mal y le dé exactamente lo mismo asesinar a una criatura inocente en su vientre o practicar el infanticidio (es decir, dejarla morir al nacer).

Por ello, resulta urgente que los ciudadanos tengan un papel más protagónico en la sociedad y pongan los medios necesarios a su alcance para evitar que se continúe con este nuevo holocausto.

¿Cómo crecer en la alegría y el optimismo?

Sin duda, la alegría, el buen humor y el optimismo son virtudes que hacen más amable la vida en familia y resultan muy formativos por la sencilla razón de que todas las personas hemos nacido para ser felices.

En primer lugar, la alegría se aprende por contagio, es decir, por el ejemplo que los hijos vean en sus padres. Si en el ambiente hogareño se escuchan habitualmente, como se dice coloquialmente, “gritos y sombrerazos”, lo lógico es que haya hijos temerosos, taciturnos, siempre a la espera de alguna reprimenda.

En cambio, si los hijos observan que sus padres se quieren y perdonan y crean un grato entorno de buen humor, entusiasmo, optimismo, comprensión; si saben gozar la chispa de la vida y tantas cosas divertidas que tiene nuestra existencia, eso lo transmiten –casi inconscientemente- en los hijos. Naturalmente, todo ello combinado con la necesaria exigencia y educación en sus virtudes.

De la proclividad a la alegría surgen, otros valores como: el optimismo realista; la esperanza; la seguridad y autoestima; la satisfacción por las obras bien hechas y realizadas; el buen humor; el espíritu deportivo; la paz….

¿Cuáles son las actitudes necesarias para aprender a ser feliz?

  1. Saber disfrutar de las cosas sencillas y cotidianas. Todos conocemos a personas que tienen como la tendencia a mirar “con lentes alegres” lo que de positivo tiene la vida. Y suelen comentar por ejemplo:

-¿Se fijaron qué día tan espléndido luce hoy? El clima está como para ir a hacer deporte o tomar un café con los amigos.

O el marido le dice a su esposa:

-¡Qué sabrosos te quedaron los “chilaquiles”! ¡Qué se repita con frecuencia esta nueva receta!

O el hijo que regresa de la escuela y cuenta entusiasmado:

-¡Hoy ganamos los de mi grupo en el concurso de robótica y pasamos a la ronda interestatal

  1. Mostrar un sentido positivo ante las personas y los acontecimientos. Tener la capacidad de descubrir lo positivo en mayor medida que lo negativo. Dice una de las hijas:

-Hoy no me fue bien con las preguntas de Biología, pero me va a servir para ponerme a repasar más a fondo la materia… O aquél otro que comenta: “Por llegar tarde al examen, me bajaron un punto. Voy a cuidar más la puntualidad”. De esta manera, un hecho que podría resultar desalentador o enojoso, se puede convertir en un reto o un suceso positivo.

3.Valorar el trabajo de los demás: reconocer el esfuerzo y los logros obtenidos; estimular alabando el trabajo o el estudio bien hecho y de lo que puede hacerse mejor; animar para que construyan una imagen real y positiva de sí mismos y refuercen los sentimientos de eficacia y seguridad.

4.Sonreír es educar en positivo. Cuando se corrige o se estimula a un hijo de buen modo, con una sonrisa, ¡cuánto ayuda a que los demás busquen superarse alegremente y con espíritu deportivo!

En conclusión, la alegría no está vinculada al tiempo ni a las circunstancias. Se trata de vivir siempre alegres y eso significa flexibilidad, apertura de mente, ilusión, capacidad de asumir riesgos y compromisos. La alegría se abre y expande en una persona que se entrega generosamente a los demás. Y, además, tiene la característica de convertir ese gozo de su existencia, en una actitud permanente, estable y segura y -como consecuencia lógica- se acaba siendo muy feliz y haciendo felices a los demás miembros de la familia.

Algunas sugerencias sobre cómo planear las vacaciones

Las vacaciones son una temporada en que los padres deben de prever y adelantarse para que resulten formativas, interesantes y entretenidas.

Recuerdo -en mis años de preadolescencia- mi madre nos inscribió, a dos de mis hermanos y a mí, en un activo club de campamentos y excursiones para caminar el campo y los montes. El objetivo era tener plan una cada fin de semana. Al principio no nos convencían mucho estos planes campestres, pero poco a poco nos fuimos aficionando a ellos.

Y, con especial gusto, esperábamos el campamento anual en “La Laguna Encantada” al sur de Sonora. Tal ver éramos como sesenta asistentes, junto con instructores. Ahí eran mucho muchas intensas las actividades, como: construir balsas de madera y organizar competencias en la laguna; subir a uno de los montes más altos; practicar el tan popular juego de las pistas nocturnas; carreras con obstáculos, o bien, a campo traviesa; realizar excursiones de un día completo subiendo varios montes de menor altura…

Y todo aquello, dentro de un ambiente de sana y cordial camaradería entre los estudiantes. Los instructores -profesores nuestros- además, nos impartían charlas sobre valores: fraternidad, compañerismo, orden, aprovechamiento del tiempo, sinceridad, fortaleza, estudiar y trabajar con empeño…

Mi padre, por su parte, era un gran aficionado a la música clásica. Siempre animó a mi hermana Yoli a que estudiara algo referente a este bello arte. Y en un verano, ella se inscribió en una academia en la que aprendió a tocar el piano bastante bien. Sin tanto éxito como Yoli, un verano yo también me apunté a tocar y a cantar canciones rancheras, de rock and roll y pop. La profesora, era muy cordial, con una voz privilegiada (cantaba ópera) aunque, como suele ocurrir en algunos de estos casos, era algo temperamental.  Lógicamente el hecho ir todos los días con esta maestra, a las cuatro de la tarde y con altas temperaturas (alrededor de los 40 grados), a recibir lecciones, muchas veces resultaba fatigoso, cuesta arriba, monótono.

Pero esa perseverancia fructificó porque al llegar la edad de la adolescencia, nunca me imaginé que tocar la guitarra y cantar las canciones de moda, sería un buen modo de relacionarme con amistades, organizar pequeñas reuniones sociales y, en otras ocasiones, dirigir tertulias musicales con la guitarra eléctrica.

Tengo un recuerdo muy vivo del acompañamiento de mis padres ante estos hobbies o aficiones. Con el paso de los años, Yoli se convirtió en magnífica maestra de piano. Mis otros hermanos cultivaban también su afición por las buenas lecturas, las excursiones, los paseos en bicicleta a la “Laguna del Náinari”…

Sin duda, son lecciones inolvidables porque dejan una honda huella en la formación de cada uno de los hijos.

La formación de los hijos a través de las buenas lecturas

Con la invasión de las tecnologías digitales en jóvenes y niños, es fundamental que los padres de familia no pierdan de vista la prioridad que entraña el fomentar el hábito de las buenas lecturas. Y pongo énfasis en llamarlas “buenas lecturas” porque hay libros que resultan perniciosos y desorientadores en la formación de los chicos.

¿Qué es lo que activa en el cerebro el despertar la afición por las lecturas? En primer lugar, hay que tomar en cuenta que la inteligencia tiene una capacidad asombrosa de aprender fechas, lugares, historias de personajes, anécdotas, etc. Si los hijos no la ejercitan es similar a cuando se tiene un coche de carreras Fórmula 1, con un motor imponente, y se prefiere guardarlo en la cochera, quedando la mente entelarañada y perezosa. 2) En cambio, cuando se practica la lectura se tiene una participación muy activa dentro de la trama, ya que el lector va hilvanando ideas y conceptos y sacando sus propias conclusiones. 3) Las lecturas contribuyen a expresarse mejor, a mejorar la sintaxis y la ortografía. 4) También avivan la creatividad, el ingenio y la imaginación, herramientas claves para el posterior desarrollo académico. 5) Es notorio que cuando un chico no lee, se manifiesta en que le falta lógica en su discurso y no discurre con facilidad. 6) Y, finalmente, carece de un bagaje cultural tan necesario en el desempeño profesional.

¿Qué lecturas básicas recomiendo? Me he dado a la tarea de elaborar un elenco de lecturas formativas y recomendables. Comencemos por la Literatura Clásica: “La Ilíada” y “La Odisea” de Homero; “La Eneida” de Virgilio; “Historia de Roma” de Tito Livio, “Los Diálogos” de Platón.

Sobre la Literatura de la Edad Media: “La Divina Comedia” de Dante Alighieri, “Los Milagros de Nuestra Señora” de Gonzalo de Berceo, “Las Cantigas” de Alfonso X, el Sabio. Escritores españoles del siglo XVI-XVII: “Naufragios” de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, “Cartas de Relación” de Hernán Cortés, “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, “La Vida es Sueño” de Calderón de la Barca.

Lecturas recomendables del siglo XIX: “Oliver Twist” y “David Copperfield” de Charles Dickens; “Moby Dick” de Herman Melville, “La Isla del Tesoro” de Robert Louis Stevenson, “La Dama de Blanco” de Wilkie Collins; “Los Hermanos Karámazov”, “El Jugador”, “Crimen y Castigo” de Fiódor Dostoyevski; “La Guerra y la Paz” y “Cuentos Escogidos” de León Tolstói, “Narraciones Extraordinarias” de Edgar Allan Poe; “Las Aventuras de Sherlock Holmes” de Arthur Conan Doyle; las obras completas de Julio Verne y Emilio Salgari.

Libros interesantes del siglo XX: “El Principito” de Antonio de Saint-Exupéry; “1984” y “Rebelión en la Granja” de George Orwell; “Don Camilo” de Giovanni Guareschi; “Un día en la vida de Iván Denísovich”, “Pabellón de Cáncer” y “Cuentos en Miniatura” de Alexandr Solzhenitsyn; “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury, “Matar a un Ruiseñor” de Harper Lee, las obras completas de Agatha Christie, “El Viejo y el Mar” de Ernest Hemingway, “La Tierra Baldía” de Thomas S. Eliot; “El Señor de los Anillos” de J. R. R. Tolkien; “El Diario de Ana Frank” de Anne Frank; “La Sombra del Ciprés es Alargada”, “La Señora de Rojo sobre Fondo Gris” y “El Príncipe Destronado” de Miguel Delibes.

La lista se podría extender mucho más, pero me parece que con estas obras célebres de la Literatura Universal que he mencionado, podrían contribuir a despertar en los hijos el hábito por las buenas lecturas.

La formación recibida de mis abuelos

A propósito de la reciente conmemoración de “El Día de los Abuelos”, el pasado 28 de agosto, recordé que tuve la fortuna de recibir una estrecha formación por parte de mis abuelos maternos (los paternos ya habían fallecido en años anteriores). Mi abuelo, Don Alejo, era agricultor, tenía un rancho y había incursionado en la banca. Fue Presidente municipal de Navojoa, Sonora. Tuvo una infancia llena de privaciones por haberse quedado huérfano a temprana edad.

Mi abuela, Doña Rosita, también sonorense, procreó once hijos, tenía un carácter dulce y apacible, y a la vez, era sumamente laboriosa y aprovechaba el tiempo al máximo para atender a la numerosa familia y los múltiples quehaceres en la vieja casona, con la ayuda de mis ocho jóvenes tías. Le entretenía cultivar una pequeña huerta en el jardín y le divertía mucho tener animalitos domésticos: perros, gatos, muy variados pajaritos con sus jaulas, y a los nietos nos enseñó a quererlos y cuidarlos.

La principal virtud que recuerdo de ella era su prudencia, su serenidad y su paciencia. Sin dejar de poner en juego la fortaleza y el saber inculcar con determinación criterios claros, cuando era necesario aplicarlos en la formación de los hijos y sus numerosos nietos.

Algo que he agradecido siempre de mi abuelo era su capacidad de escuchar, con calma y sin prisas, y de dar consejos acertados. Como se había abierto camino en la vida cuesta arriba y todo lo que poseía le había costado mucho obtenerlo, me enseñaba a valorar las cosas materiales; lo que costaba ganar el dinero y me insistía en que debía de estar agradecido con mis padres por su esfuerzo en poder brindarme esos medios.

Don Alejo era un gran conversador. Solía sentarse en el sillón central de la casa. A mis primos y a mí, nos contaba animadamente y con bastante detalle sus relatos sobre los hechos que le habían tocado vivir muy de cerca sobre el desarrollo de la Revolución Mexicana en los estados de Sonora y Sinaloa.

Rememoraba aquel célebre lema de: “Sufragio Efectivo y No Reelección”, dirigido contra el gobierno del entonces Presidente de México, el General Porfirio Díaz, quien injustamente se había perpetuado en el poder, mediante una dictadura, y de los numerosos clubes políticos opositores que surgieron y rápidamente se organizaron en todo el país. Nos comentaba que escuchó de viva voz los discursos de Don Francisco I. Madero y de su hermano Gustavo, de Don Venustiano Carranza y de muchas célebres personalidades más, y nos describía el fuerte impacto social que causaron en la comunidad.

Todo ello me parecía una clase de Historia de México narrada por un testigo ocular de los hechos, como una especie de libro abierto. Sin duda, eran apasionantes todos esos episodios nacionales.

De igual forma, nos relataba –con mucha gracia- la sorpresa que causó en el entonces pequeño pueblo cuando el primer ruidoso automóvil circuló por sus polvorientas calles; la instalación de la primera modesta central telefónica, así como de la pequeña planta de luz eléctrica; sobre el primer avión que aterrizó, que fue todo un acontecimiento regional…

Después, cuando llegué a la adolescencia, conversábamos de Literatura, de Historia, de biografías de personajes ilustres; de los libros best-sellers del momento. Después que leía libros interesantes, me los pasaba también a mí para que los leyera y luego los comentábamos. También, platicábamos de política nacional e internacional; de sus experiencias como pionero en la agricultura y ganadería en el Valle del Mayo…

A propósito de que iniciábamos el camino de nuestras vidas, a todos sus nietos nos subrayaba la importancia de que había que tener grandes ideales, metas claras y no ser unos conformistas o mediocres.

Me narraba sus vivencias, sus recuerdos, sus memorias…Era mi abuelo, pero también, mi amigo y mi interlocutor.

Me escuchaba con interés sobre las preguntas que le hacía; me aconsejaba y orientaba; me contaba buenos chistes porque gozaba de buen humor; me corregía cuanto tenía que hacerlo. De igual forma, mi abuela, Rosita, me transmitió aprovechables consejos y valiosas experiencias de vida, que todavía recuerdo.

Siempre tuve la impresión, que mis abuelos -al habernos transmitido tantas vivencias personales- todo ese rico bagaje de testimonios constituyó como una escuela práctica de ejemplos a imitar y virtudes para incorporarlas a nuestra existencia.

Me parece que cada lector podría contar su propia historia familiar. Cada uno podría rememorar muchas anécdotas de sus abuelos, dentro de un marco de una vida normal y ordinaria como la que relato. Y es que los abuelos son un factor de unidad para toda la familia; de transmisión de experiencias, de valores y tradiciones. Ellos nos dejaron muy en claro que la familia es un invaluable patrimonio -humano y espiritual- que tenemos no sólo que agradecer, sino también cuidar y preservar para este tiempo presente y para el futuro mismo de nuestra sociedad.

¿Cuál son los anhelos del Papa Francisco sobre las familias?

Del 21 al 26 de agosto de 2018, se llevará a cabo en Dublín, Irlanda, el “Encuentro Mundial de las Familias”, bajo el lema: “El Evangelio de la Familia: Alegría para el Mundo” al que asistirá el Santo Padre.

Este evento internacional tiene la característica que habrá actividades para toda la familia: 1) Para los adultos: conferencias, talleres, charlas, testimonios, debates. 2) Para jóvenes se les plantearán –en forma interactiva- los retos y desafíos para enriquecer y potenciar a la familia en el inicio del siglo XXI; 3) Para los niños, divertidas, entretenidas y formativas actividades para que, en forma didáctica, capten la importancia del cariño y de la unión que debe existir entre los papás y sus hijos. 4) También habrá celebración diaria de la Eucaristía, actividades de oración, ferias, eventos culturales y conciertos de música y todo dentro de un contexto de cordialidad, fraternidad, grata convivencia y alegría.

En una Carta que el Romano Pontífice escribió al Cardenal Kevin Farrell, Prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, reflexiona: “¿El Evangelio sigue siendo alegría para el mundo? (…) ¿La familia sigue siendo una buena noticia para el mundo de hoy?” Y añade con seguridad: “¡Yo estoy seguro de que sí!” Y en otro reciente texto señalaba: “Es el ‘sí’ de Dios a la unión entre el hombre y la mujer, abierta a la vida y al servicio de ella en todas sus fases. ¡Sueño con una Iglesia en salida, no autorreferente, una Iglesia que no pase lejos de las heridas del hombre, una Iglesia misericordiosa que anuncie el corazón a la revelación de Dios Amor que es la Misericordia”.

El Papa desea que en las familias se cultiven en los hijos -mediante el propio ejemplo de sus padres- virtudes y valores, tales como: generosidad, caridad, comprensión, capacidad de perdonar y disculpar, espíritu de servicio y de llevar la alegría del Evangelio a otras familias del entorno social, particularmente en las personas más necesitadas.

No puedo dejar de mencionar, que hace pocos días, un amigo Ingeniero Civil me relataba un hecho que me conmovió profundamente. Resulta que habitualmente su esposa y él iban a comprar a la misma carnicería y habían hecho amistad con el encargado. Un día se percataron de que una pequeña niña le solicitaba “los sobrantes” de los trozos de carne. Al retirarse la pequeña, este matrimonio le pidió más explicaciones al carnicero. Y éste les comentó que se trataba de una familia que vivía en pobreza extrema y que “esos sobrantes” eran el único alimento diario para ese hogar. También se enteraron que su padre los había abandonado hacía tiempo. Su madre no tenía trabajo y que eran cuatro chiquillos que vivían en una humilde choza.

Entonces, este matrimonio decidió por propia iniciativa, solicitarle al encargado de la carnicería que diariamente preparara una suculenta canasta con víveres que alimentara bien a esa familia que estaba pasando serios apuros económicos y que ellos pagarían todos los gastos por adelantado. Y le pidieron al carnicero que simplemente le explicara a la niña: “Que se trataba de un regalo de un matrimonio que los quería mucho, a ella y a toda su familia”.

El asunto no paró ahí, porque un día que coincidieron la niña y el matrimonio en este local, el carnicero le dijo a la pequeña: “Éste es al matrimonio que les regala diariamente la canasta con alimentos”. Y tomando la iniciativa el encargado, le dijo al matrimonio: “Les recomiendo que esta pequeña les muestre “el lugar” dónde vive con su familia porque no es una casa ni de cemento ni de adobe, sino que son unas cuantas láminas, colocadas de cualquier forma, y es increíble la tremenda pobreza en la que viven.

Así que, siguiendo esta buena sugerencia, acompañaron a la niña hasta la choza de láminas y se dieron cuenta que sólo constaba de un pequeñísimo espacio –de pocos metros cuadrados- que la hacía de lugar para dormir, para cocinar, para convivir o estar reunidos.

Mi amigo, Ingeniero Civil, de inmediato tomó cartas en el asunto y, con la autorización de la madre de esa familia, buscó un terreno cercano donde pudiera construir –con la ayuda generosa de otros Ingenieros y varias familias que se enteraron de este dramático hecho- una casa de cemento bien construida, con cocina, habitaciones para dormir, baños, sala de estar, etc.

Eso contribuyó a que esos niños, con el paso del tiempo –ya que la ayuda de este matrimonio continuó con los años- quisieran estudiar, no sólo sus estudios básicos y de educación media, sino también una carrera profesional. Porque estaban convencidos y comentaban: “Así como el Ingeniero, su esposa y muchas otras personas nos apoyaron para salir adelante, también nosotros queremos continuar ayudando a nuestra mamá; llevar una vida digna construyendo nuestras propias casas donde vivan bien nuestros hijos y poder servir también a los demás que han pasado por una situación tan dura como la nuestra”.

Considero que esta anécdota ilustra acertadamente los anhelos que están en el corazón del Papa: “Que las Familias sean la Alegría para el Mundo”, que cada vez más, se tiendan mutuamente su ayuda y colaboración desinteresada para elevar el nivel económico, social, educativo, así como sus valores humanos y espirituales. De esta manera, como externa el Santo Padre y que es el sueño que lleva en su corazón con el lema para este próximo “Encuentro Mundial en Irlanda”: “La Familia seguirá siendo una buena noticia para el mundo de hoy.”

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