El desamor fruto de un capricho

Por: Alejandra Diener

Una paternidad responsable implica que los padres de los hijos sean personas que respondan ante las adversidades que puedan presentarse en el cuidado y crianza, de manera enaltecida. Sin evadirse, sino enfrentando sus compromisos al haberse convertido en padres de los vástagos.

La autoridad que se emplee en la educación de los niños, tiene que venir acompañada de su etimología, es decir, augere ayudar a ser mejor persona a quien tiene menos edad y experiencia, a quien carece de competencias en los distintos campos de la vida. En este caso, la vida misma es una ventaja para los padres y por ello los hijos deben de someterse a su guía, por el bien de su desarrollo emocional y evolutivo.

El amor, que es lo que surge de manera natural en una relación paterno filial, es lo que dará vida a la paternidad responsable y a la autoridad. El amor que implica el sentido ágape, el no esperar nada a cambio. Dejar de comer para que ellos coman, dejar de dormir para que ellos descansen. El amor que busca manifestarse en enseñar a amar para saberse amados, para saciar la necesidad innata humana de amar y ser amados. El amor, que es motivado por ver a los más pequeños, vulnerables y delicados hijos, crecer con autoestima, con libertad y con sentido de pertenencia. El amor que motiva a los padres a entregarse a ellos incondicionalmente.

En la actualidad, la familia se ha visto atacada por ideologías de distinta índole que han trastocado violentamente la verdadera situación de los padres en su desarrollo para encaminar y ayudar a ser mejores personas a sus hijos. El progresismo equivocado que ha confundido que todo tiene que ser redefinido para lograr el progreso, sin considerar que muchos conceptos y sobre todo, muchas instituciones no requieren redefinirse ya que funcionan por su naturaleza.

El matrimonio, por ejemplo, una institución que tiene una función específica y que en resumen es proteger a la prole legalmente y darles estabilidad a los integrantes de  ésta, principalmente a los esposos, funciona por su objeto. Pero falla por ser manoseada y relativizada. Bombardeada en primera instancia por el machismo inherente en el ser humano, que sobaja a la mujer y la devalúa simplemente porque es la progenitora que gesta a los hijos en su vientre, quien amamanta, quien se desvela y se entrega a todos sin esperar nada.

Por el contrario, el varón ensombrecido del machismo antes mencionado, se aprovecha de su condición de fuerza y de proveedor. ¡Sin él no comemos! ¡Sin él no tenemos techo! Y sin él no hay bienestar. Este pensamiento primitivo, pero tan aceptado, aún en este siglo de progresismo equivocado, ha provocado la destrucción de la familia, de los matrimonios, de los hijos, ha roto el tejido social.

La familia, atacada primeramente por medio del matrimonio, ahora está siendo atacada por medio de sus menores de edad. Está emancipando y volviendo a relativizar a los hijos, haciéndolos libres para algunas cosas y prisioneros para otras. Han logrado confundir la diferenciación biológica, permitiendo y promoviendo que los jóvenes y niños que transitan por una etapa de falta de identidad propia de su edad, crean que pueden cambiarse de sexo, como se le ha acuñado “cambiarse de género”. Pero a su vez son prisioneros pues no se les permite comer frituras, ni consumir tabaco, alcohol, ni conducir. Se les permite abortar a sus hijos pero no casarse, se les permite decidir si no quieren vivir ya con alguno de sus progenitores, pero no pueden trabajar por ser menores de edad.

Esta confusión, así como la que se generó con el matrimonio, con el machismo, luego con el justificado feminismo, hoy es el divorcio de los hijos de los padres por tener derechos que sobrepasan los inalienables y se les crean nuevos que los empoderan y provocando así que menosprecien a sus progenitores. Peor aún, con el feminismo radical se ningunean a papás que seguramente son loables, pero que sus madres han decidido por despecho desprestigiarlos. El machismo, a su vez ningunea a las progenitoras, apoyando a los hijos diciendo que son unas “locas” “autoritarias”, “intransigentes”. Machismo que el mismo feminismo fortaleció al querer imponer una igualdad entre los sexos, hasta el grado de desaparecerlos y denominarlos géneros.

El amor, que inicialmente llevó a la humanidad a propagarse, a reproducirse y a querer formar familias, hoy es un desamor que lejos de enseñar a los hijos a amar para ser amados, los ha educado a ser despechados, a violentar a sus padres con apoyo de alguno de ellos. Mostrando que si se desea odiar a alguno, es permitido sin justificación lógica y real. El desamor que viene principalmente por ese deterioro del tejido social, es lo que se vive en este siglo caótico y desastroso.

Que como resultado, dejaremos personas que odian y son vengativas, que son alentadas a destruir a sus propios padres y que se les incita a tomar decisiones tan graves como querer mutilarse el cuerpo, destrozar otro cuerpo o inclusive quitarse el apellido de alguno de sus progenitores por un simple capricho hoy avalado por la comunidad.

Capricho que sutilmente disfraza una violencia agresiva y constante, terrible y desafiante que las políticas públicas inspiradas por ideologías destructivas, pero que a simple vista soban el ego y engrandecen el orgullo humano, han propiciado que la familia, desde el matrimonio y ahora desde las decisiones de los hijos, se desintegre y desvanezca por el desamor en donde esposos utilizan armas letales que contienen como balas a sus propios hijos.

El amor paterno filial debe de fortalecerse, no redefinirse. Las leyes se escriben para darnos estabilidad, fundadas en los derechos y obligaciones inalienables. Como sociedad, debemos de estar conscientes, que el daño moral y social que se está generando a costa del progresismo, se nos demandará en el futuro a partir de la deformación de personas criadas en el desamor. A causa de padres y madres que dejaron un vacío, delegando su paternidad, su autoridad y el amor a un sistema corrompido de poder.

ESI: Educación sexual integral

Casi como impulsado por un frenesí obsesivo, ha seguido avanzando en el congreso el polémico proyecto de Ley de Educación Sexual Integral (ESI), que busca, como su nombre indica, incluir este tema en la formación de nuestros niños desde la más tierna infancia.

            Además de darse a momentos la impresión que para sus promotores, esta fuera la primera y más urgente necesidad de los menores –a una edad en que están claramente interesados en otras cosas–, lo que produce verdadera indignación, es el sentido u orientación que pretende darse a esta mal llamada “educación”, al punto que en no pocos casos, podría hablarse directamente de corrupción de menores.

            En efecto, incentivar a la fuerza la sexualidad en nuestros niños y niñas casi desde que abren los ojos a este mundo, no sólo busca adelantar artificialmente un proceso que despertará años después, sino además, implica, literalmente, robarles su niñez e inocencia.

            Por otro lado, se habla insistentemente que gracias a esta nefasta legislación, los menores estarían en condiciones de reclamar “sus” derechos “sexuales y reproductivos”, lo cual no puede menos que llamar la atención, ya que hasta donde todo el mundo sabe, antes de la pubertad, los niños y niñas no pueden reproducirse.

            Pero además, el proyecto ESI va de la mano de otras ideas, como el controvertido concepto de “autonomía progresiva”, que en el fondo, pretende privar a los padres de su legítimo e irrenunciable derecho a criar y educar a sus hijos de acuerdo a sus propias convicciones. Por tanto, todo este proceso equivale a una especie de “expropiación” de nuestros niños. Sin embargo, de manera más profunda, muestra que algunos legisladores confían más en el Estado que en los padres, y estiman que a través de sus funcionarios, organismos y reglas, este Estado cuidará mejor a los menores que sus propios progenitores.

            De esta manera, se pretende que los menores tengan una autonomía absoluta en relación a su sexualidad (autonomía que curiosamente, no les permite impedir ser adoctrinados de forma dictatorial por el Estado en esta materia), lo que incide, entre otras polémicas y peligrosas cosas, en la edad necesaria para el consentimiento sexual. Así, se busca por vía legal, homologar en este asunto a menores y adultos, con lo cual no hay que ser demasiado suspicaz para darse cuenta del enorme campo que surge para el abuso a su respecto. Ello, pues por mucho que la ley pretenda imponer una ficción (es decir, algo que no es cierto), en este caso, la madurez del menor en esta materia, los adultos tendrán una enorme ventaja en este escenario. Incluso abre las puertas a la pedofilia, justificada aquí por la decisión supuestamente libre y madura del menor.

            Evidentemente, siempre pueden sacarse a colación ejemplos dramáticos de progenitores desalmados y de menores en situaciones inaceptables. Mas, si se van a buscar casos límite para justificar esta inadmisible ley, convendría indagar en cómo le ha ido a las instituciones del Estado en su labor subsidiaria de formar a nuestros niños, las que como se sabe, se encuentran en un proceso de profunda revisión, dado el verdadero infierno que se vivía en su interior. Por tanto, llegado el momento de comparar, el Estado sale perdiendo sin apelación posible. ¿Le entregaremos así algo tan preciado como nuestros niños?

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

La importancia de los padres en la formación de sus hijos

Acaba de pasar el “Día del Padre”. Esta fecha me ha hecho recordar que durante 15 años estuve dando clases en una primaria y secundaria llamada “Educar, A.C.”, en el municipio de Ixtapaluca (Estado de México). Me parece que aprendí de los alumnos, profesores y de sus padres mucho más que lo que yo pude haberles enseñado. Por su alegría, testimonios de vida de sacrificio en el trabajo cotidiano y de entrega responsable en sus deberes como padres.

Los papás seguían muy de cerca la formación académica y humana de sus hijos. Y ellos mismos participaban en convivencias especialmente destinadas a proporcionarles cursos para que desempeñaran mejor su labor como padres y esposos.

Tengo muy grabada una frase de uno de ellos quien, al final de una de esas convivencias, me comentó: “¡Muchas gracias por darnos estos cursos tan necesarios! ¡Es que nadie nace sabiendo cómo ser un buen padre!”

En otra ocasión, les pedí a los alumnos de primero de secundaria que dibujaran cómo era el ambiente de sus casas. Me llamó la atención que, uno de ellos, dibujó únicamente una gran televisión y abajo una frase: “Me gustaría ser un aparato de televisión”.

Como no capté el sentido de su dibujo ni de su mensaje e intuí que algo le ocurría al muchacho, al final de la clase lo llamé aparte y le pregunté por el significado de su dibujo. “Sí, profesor. Es muy sencillo: mi papá está poco tiempo en la casa. Y cuando llega, enseguida prende la televisión y no platica ni conmigo ni con mis hermanos. Le pregunto algo y ni me contesta o como que se molesta. Cuando llega el domingo, invita a sus compadres a ver el futbol. Sólo habla conmigo para pedirme que vaya a la tienda a comprarle cervezas. Por eso es que me gustaría ser televisión: para que me mire, platique y se interese por mí.

Al poco tiempo, cité a este padre de familia al colegio. Le mostré el dibujo y la relaté la conversación que había tenido con su hijo. Le recordé amablemente algunos de los conceptos explicados en los cursos de capacitación familiar. Y su respuesta fue magnífica porque me dijo que no era consciente de su teleadicción en detrimento de la atención y formación de cada uno de sus hijos e hizo el propósito de corregirse en este punto y algunos otros.

En otra ocasión, se les pidió a los alumnos de sexto año que elaboraran, con cartón y otros materiales, edificios como hospitales, aeropuertos, multifamiliares, etc. Me impresionó que, desde muy temprano, aparecieron las mamás y los papás                    –acompañando a sus hijos- con ese trabajo escolar ya que se les había dicho que habría un concurso y se entregarían premios para los tres mejores proyectos. Los padres, muy solidarios, estaban tan interesados como los alumnos.

Finalmente, un tema recurrente para conversar con los papás era que se plantearan ambiciosas metas profesionales para con sus hijos. En ese tiempo, principios de los años noventa, la mayoría eran agricultores o ganaderos. Sé que muchas familias hicieron ahorros e importantes sacrificios para enviar a sus hijos a la universidad. Y, a la vuelta de los años, da mucho gusto comprobar que ahora son destacados ingenieros, abogados, administradores de empresas, pedagogos, etc.

Sin duda, el mérito es tanto de los padres como de las madres y, por supuesto, de los alumnos por su empeño y dedicación. Los padres les han brindado una educación esmerada y un cariño manifestado con obras, que se han quedado grabados para siempre en las mentes agradecidas de sus hijos.

El miedo de traer hijos al mundo

Estamos viviendo una época en que la familia -como institución- se encuentra sufriendo duros embates. Se tiende a ridiculizar, en ciertos ambientes, que el matrimonio es la unión de un hombre con una mujer en orden a procrear hijos y formar una familia estable.

Otras veces se pone en tela de juicio la indisolubilidad del vínculo y que esa unión de los cónyuges es para toda la vida.

En repetidas ocasiones y a lo largo de la historia, los gobiernos socialistas o comunistas sostienen la absurda idea de que los hijos de una familia les pertenecen al Estado y no a sus padres, como está ocurriendo actualmente en España.

A principios de 1970, el candidato a la Presidencia de la República por el P.R.I., Luis Echeverría Álvarez afirmaba que “Gobernar es poblar”. Tiempo después lanzó la campaña con el eslogan de que “La familia pequeña vive mejor” y autorizó que en las comunidades indígenas se esterilizaran tanto a mujeres (mediante la ligadura de trompas) o a los hombres (mediante la vasectomía) sin pedirles su consentimiento.

Fue un brutal abuso a la dignidad y a los derechos humanos de estas comunidades. También se lanzaron campañas de reducción de la natalidad al precio que fuera, como la difusión masiva de preservativos, el colocar  dispositivos intrauterinos sin previo aviso a los esposos, a la menor dificultad –según lo decidían arbitrariamente algunos médicos- extirpar la matriz, provocar abortos, etc.

Los siguientes Presidentes de este partido continuaron con estas funestas medidas al punto que el índice de la natalidad se ha visto reducida en forma considerable de 50 años a la fecha. Los sociólogos sostienen que a mediados de este siglo en México habrá mayoría de personas de la tercera edad, como ya ha está ocurriendo en Suecia, Dinamarca, Holanda, Inglaterra, Francia, Canadá…sin que haya relevos generacionales para los diversos trabajos.

Decía la ilustre filósofa y escritora mexicana, Dra. Emma Godoy: “Dios perdona siempre, los hombres algunas veces, pero la naturaleza no perdona nunca”. Es decir, cuando se trastorna seriamente el crecimiento poblacional y a los ciudadanos se les siembra un “terror a tener hijos”, entonces sobrevienen estos serios desórdenes que hoy observamos.

El célebre músico y poeta, Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura en 2016, escribió en su melodía “Señores de la Guerra”: “Ustedes han sembrado el peor de los miedos / que jamás se haya lanzado; / el miedo a traer niños al mundo. / Han amenazado a mi bebé, / cuando todavía no ha nacido / y ni siquiera tiene un nombre. / Y es porque ustedes no valoran / la sangre que corre por sus venas”.

El intelectual Antonio Socci, en su libro titulado El Genocidio Censurado, afirma que esta oleada de legalizaciones del aborto en muchos países del planeta, se ha convertido en el mayor genocidio de los siglos XX y XXI.

Ninguna guerra mundial -por sangrienta que haya sido- ha arrojado la escalofriante cifra de más de mil millones de víctimas inocentes abortadas como saldo de este genocidio.

Sin duda, se trata de la peor de las barbaries de nuestra civilización. Precisamente ahora en que se tiene tanta sensibilidad por el adecuado equilibrio en el ecosistema, por preservar animales en extinción; salvar ballenas, delfines, tortugas; cuidar los manglares y corales, etc. es justo ahora cuando se mira con enorme desprecio e indiferencia el valor de la vida humana.

Es innegable que diversos organismos internacionales aportan bastante dinero y presionan constantemente para que en los países denominados del “Tercer Mundo” o “subdesarrolados” se imponga esta “Cultura de la muerte”.

Me impacto mucho una entrevista que les hicieron a un par de jovencitas mexicanas al salir de una preparatoria pública, sobre si estaban de acuerdo o no con el aborto, una contestó que ya había abortado una vez, y la otra, respondió con displicencia que en dos ocasiones lo había hecho y que no sentía remordimiento alguno por haberlo realizado. Y todavía añadió que estaría dispuesta a tener un tercer aborto.

Pienso que esto es precisamente el trasfondo de lo que pretenden estos organismos internacionales: destruir la moral ciudadana al extremo que una chica pierda la conciencia del bien y del mal y le dé exactamente lo mismo asesinar a una criatura inocente en su vientre o practicar el infanticidio (es decir, dejarla morir al nacer).

Por ello, resulta urgente que los ciudadanos tengan un papel más protagónico en la sociedad y pongan los medios necesarios a su alcance para evitar que se continúe con este nuevo holocausto.

La formación de los hijos a través de las buenas lecturas

Con la invasión de las tecnologías digitales en jóvenes y niños, es fundamental que los padres de familia no pierdan de vista la prioridad que entraña el fomentar el hábito de las buenas lecturas. Y pongo énfasis en llamarlas “buenas lecturas” porque hay libros que resultan perniciosos y desorientadores en la formación de los chicos.

¿Qué es lo que activa en el cerebro el despertar la afición por las lecturas? En primer lugar, hay que tomar en cuenta que la inteligencia tiene una capacidad asombrosa de aprender fechas, lugares, historias de personajes, anécdotas, etc. Si los hijos no la ejercitan es similar a cuando se tiene un coche de carreras Fórmula 1, con un motor imponente, y se prefiere guardarlo en la cochera, quedando la mente entelarañada y perezosa. 2) En cambio, cuando se practica la lectura se tiene una participación muy activa dentro de la trama, ya que el lector va hilvanando ideas y conceptos y sacando sus propias conclusiones. 3) Las lecturas contribuyen a expresarse mejor, a mejorar la sintaxis y la ortografía. 4) También avivan la creatividad, el ingenio y la imaginación, herramientas claves para el posterior desarrollo académico. 5) Es notorio que cuando un chico no lee, se manifiesta en que le falta lógica en su discurso y no discurre con facilidad. 6) Y, finalmente, carece de un bagaje cultural tan necesario en el desempeño profesional.

¿Qué lecturas básicas recomiendo? Me he dado a la tarea de elaborar un elenco de lecturas formativas y recomendables. Comencemos por la Literatura Clásica: “La Ilíada” y “La Odisea” de Homero; “La Eneida” de Virgilio; “Historia de Roma” de Tito Livio, “Los Diálogos” de Platón.

Sobre la Literatura de la Edad Media: “La Divina Comedia” de Dante Alighieri, “Los Milagros de Nuestra Señora” de Gonzalo de Berceo, “Las Cantigas” de Alfonso X, el Sabio. Escritores españoles del siglo XVI-XVII: “Naufragios” de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, “Cartas de Relación” de Hernán Cortés, “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, “La Vida es Sueño” de Calderón de la Barca.

Lecturas recomendables del siglo XIX: “Oliver Twist” y “David Copperfield” de Charles Dickens; “Moby Dick” de Herman Melville, “La Isla del Tesoro” de Robert Louis Stevenson, “La Dama de Blanco” de Wilkie Collins; “Los Hermanos Karámazov”, “El Jugador”, “Crimen y Castigo” de Fiódor Dostoyevski; “La Guerra y la Paz” y “Cuentos Escogidos” de León Tolstói, “Narraciones Extraordinarias” de Edgar Allan Poe; “Las Aventuras de Sherlock Holmes” de Arthur Conan Doyle; las obras completas de Julio Verne y Emilio Salgari.

Libros interesantes del siglo XX: “El Principito” de Antonio de Saint-Exupéry; “1984” y “Rebelión en la Granja” de George Orwell; “Don Camilo” de Giovanni Guareschi; “Un día en la vida de Iván Denísovich”, “Pabellón de Cáncer” y “Cuentos en Miniatura” de Alexandr Solzhenitsyn; “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury, “Matar a un Ruiseñor” de Harper Lee, las obras completas de Agatha Christie, “El Viejo y el Mar” de Ernest Hemingway, “La Tierra Baldía” de Thomas S. Eliot; “El Señor de los Anillos” de J. R. R. Tolkien; “El Diario de Ana Frank” de Anne Frank; “La Sombra del Ciprés es Alargada”, “La Señora de Rojo sobre Fondo Gris” y “El Príncipe Destronado” de Miguel Delibes.

La lista se podría extender mucho más, pero me parece que con estas obras célebres de la Literatura Universal que he mencionado, podrían contribuir a despertar en los hijos el hábito por las buenas lecturas.

¿Cómo pasar unas vacaciones divertidas y formativas?

Habitualmente las vacaciones escolares son muy esperadas por los alumnos. En cambio, con los padres de familia, no siempre ocurre lo mismo. Se suelen preguntar: ¿Y qué vamos a hacer con nuestros hijos con tantos días sin clases? ¿Cómo vamos a conseguir el suficiente dinero para que se diviertan y mantenerlos entretenidos?

Lo primero que hay que decir sobre las vacaciones es que son unas semanas para aprovecharlas bien, para tener un enriquecimiento como personas. Y para lograr eso, no se requiere gastar “una fortuna” sino de tener ingenio y creatividad.

Pienso que los padres deben de tomar la iniciativa y proponer a sus hijos planes interesantes, divertidos, constructivos, y, a la vez, que les ilusionen. A continuación, sugiero algunas propuestas concretas:

1. Actividades deportivas. El ejercitar un deporte fortalece la voluntad de los hijos; acrecienta el espíritu de sacrificio; facilita la convivencia y el conocimiento de los mismos miembros de la familia y sus amigos. Resultan bastante formativos los paseos y excursiones al campo, para que entren los pequeños en contacto con la naturaleza. Existen muchos sitios donde se pueden levantar tiendas de campaña y pasar varios días de intensa convivencia. Esto integra mucho a la familia. Además, normalmente es una opción que suele ser económica y en la que los hijos desarrollan otras habilidades como aprender a nadar, a subir pequeños montes, a conocer animales, a pescar en un río, a pasear en bicicleta, etc.

2. Visitar ciudades y pueblos interesantes. Nuestro país tiene una gran tradición histórica y cultural. Los niños y jóvenes pueden visitar Centros Históricos de la Ciudad de México y de hermosas ciudades coloniales como Querétaro, Puebla, Morelia, San Miguel de Allende, San Luis Potosí, o también pueblos pintorescos a los que se les ha denominado como “Pueblos Mágicos”.

3. Otras posibilidades son: visitar museos, exposiciones de pintura, de escultura, casas de la cultura, bibliotecas, librerías… con la finalidad de que los hijos entren en contacto con el mundo cultural.

4. Juegos infantiles y lecturas. Se puede pensar en conseguir juguetes educativos, de acuerdo a las edades. También es importante aficionar a los hijos a los buenos libros y a los Clásicos de la Literatura Universal.

Precisamente en nuestro tiempo, en que muchos niños y adolescentes emplean demasiado tiempo viendo videos y películas a través de su iPad o tablet, navegando por internet, escuchando música con sus ephones o interactuando con su celular, es interesante cultivarles el gusto por la lectura es adentrarles y descubrirles un mundo insospechado y maravilloso donde intelectualmente desarrollan su inteligencia, su memoria, su imaginación y su creatividad. Hay muchas librerías que ofrecen, a precios módicos, excelentes libros para los hijos o se pueden obtener a precios módicos para la tablet o a la iPad en formato ebook.

5. Aficionarlos por el arte: que tomen clases de algún instrumento musical, de pintura, de dibujo, de baile, de canto, de oratoria, etc.

6. Trabajos manuales. Es formativo también que los hijos adquieran destrezas en el manejo de las herramientas. Les puede servir que realicen pequeños trabajos de carpintería, de pintura, de arreglos materiales dentro de la casa, jardinería…Eso, sin duda, contribuye a desarrollar en ellos otras habilidades.

7. Hay, también, quienes se interesan en tomar cursos intensivos de algún idioma o por integrarse a campamentos infantiles o juveniles. También constituye una buena forma de aprovechar bien las vacaciones.

8. En materia de TV, DVD, archivos en USB y aparatos cibernéticos: sugiero que en vez de estar entretenidos simplemente lo que se les vaya ocurriendo o “lo que aparezca en la pantalla” y estar continuamente cambiando de canales, a la TV se le puede dar un empleo positivo y los padres pueden planear el ver en familia, por ejemplo, programas sobre historia, biografías de personajes célebres, sobre geografía, de carácter científico o cultural, que resultan –sin duda- más formativos, y a continuación, comentarlos con los hijos para subrayar las ideas claves y que vayan aprendiendo nuevos conocimientos.

9. Actividades del espíritu. Las vacaciones son también un tiempo en el que podemos tener un mayor acercamiento a Dios, meditando y leyendo los Evangelios, algún buen libro de lectura espiritual, vidas de santos. El cultivo de la presencia de Dios en la familia ayuda a fortalecer los valores espirituales.

10. La convivencia familiar. Las vacaciones son un tiempo estupendo para hacer mayor amistad con los hijos, para conocerlos más a fondo. También para tener más cercanía con los abuelos, los tíos, los primos…

11. Realizar obras de servicio social. También ayuda mucho a los hijos el visitar a un orfelinato, un asilo de ancianos, el visitar a un familiar enfermo y llevarle un rato de compañía y de alegría. ¡No cabe duda que se aprende más dándose a los demás, con generosidad, que organizando planes pensando únicamente en pasarla bien!

En conclusión, las vacaciones pueden ser una magnífica oportunidad para tener un mayor crecimiento como personas; un tiempo de formación cultural; de desarrollo de nuevas actividades o destrezas; de realizar labores solidarias por el bien de la comunidad y de grata convivencia familiar.

¿Cómo mejorar en la formación de los hijos?

Hoy en día se habla y se escribe mucho acerca que los padres deben de cumplir mejor sus responsabilidades para formar mejor a sus hijos ya que se observa en el entorno social que, en no pocos casos, jóvenes de las actuales generaciones adolecen de una educación familiar adecuada, con serias “lagunas” en su formación y ello se refleja en su desorientada actuación.

Los principales aspectos de esa formación son:

1. Educar en la fe. Las instituciones escolares no pueden suplir la enseñanza en la fe. De allí la importancia que tienen los padres de animar a los hijos a que aprendan, de acuerdo a su edad, las oraciones fundamentales y brindarles una esmerada formación cristiana.

2. Educar a los hijos en valores y virtudes para que sean, en primer lugar, estudiantes responsables y dedicados y, luego, participativos ciudadanos; mujeres y hombres de bien. Esta tarea no se improvisa. Hay que pensar con detalle cómo dar buen ejemplo y formar acertadamente a los hijos, combinando fortaleza con cariño.

3. Educarles en el carácter y en sus diversas manifestaciones. Quizá ahora más que nunca se impone el dedicar tiempo a los hijos para forjarlos en la virtud de la fortaleza, en la fuerza de voluntad, en el dominio de sí mismos, en su capacidad de plantearse ideales generosos en sus vidas y encauzarles bien los sentimientos para que no se generen esos “hijos-amorfos” -desadaptados e insociables- o “hijos-problema”, con bajo rendimiento escolar y actitudes incongruentes, hoscas o violentas.

4. Educarlos en la sexualidad. Es conveniente tener oportunas conversaciones padre-hijo y madre-hija -en forma individual- en el que aclaren sus dudas, cuestiones y preguntas sobre esta delicada materia. Más vale llegar antes, que lamentarse después. Y para ello se requiere en los padres se documenten bien para resultar claros y convincentes.

5. Invertir tiempo en los hijos. Propiciar conversaciones íntimas y de confianza, de tal manera que se cree un entorno en el que puedan preguntar sobre los tópicos que escuchan en la escuela, los que comentan sus amistades, ven en los medios de comunicación o se divulgan en las redes sociales: la drogadicción, el alcoholismo, el noviazgo, el matrimonio, las sectas, la trata de personas, la violencia, la corrupción, la pornografía…

6. Enseñarles a razonar los asuntos y sus problemas, sin imponerles una conducta de manera violenta. Sería un error decirle a un hijo, por ejemplo: “¡Me tienes que obedecer porque soy tu padre y te callas!”. Nunca debe ser así, sino de buen modo, de manera pedagógica, constructiva, positiva y, sobre todo, ¡paciente! Dice el dicho: “Con una gota de miel se obtiene más que con un barril de hiel”. De esto se desprende que ellos deben de vivir una libertad responsable, en la que sean ellos mismos quienes den cuenta cabal de sus propios actos.

7. Aprender a encauzar sus pequeñas inconformidades, molestias, rebeldías… Hacer un esfuerzo por “ponerse en sus zapatos” y comprenderlos a fondo porque a veces tienen razón, parcial o totalmente.

8. Mostrarles confianza y cariño -aunque alguna vez fallen a esa confianza otorgada- y, al mismo tiempo, es importante que aprendan a obedecer con inteligencia y por propia convicción. Por ejemplo, que ellos mismos tengan el criterio suficiente para pensar y tomar decisiones de este tipo: “No me conviene ver la pornografía que contiene esta película o mirar en este portal de internet porque deforma una realidad noble en el ser humano como es la sexualidad y terminaré viendo a las mujeres de una manera errónea, como meros objetos de placer”.

9. Si los padres de familia dan un buen testimonio como esposos y papás, poniendo por delante su personal lucha por mejorar, su propio ejemplo, entonces se generará un referente, un modelo atractivo a seguir.

Son muchas más las virtudes a vivir en el hogar, pero sólo he querido mencionar las que me parecen fundamentales para lograr que en cada familia realmente se respire un ambiente grato, amable, de mutua confianza y sea una auténtica escuela de virtudes y valores, vividos con naturalidad.

Ni Juniors, ni NiNis

Al ver a los hijos pequeños, hermosos, cariñosos, vulnerables y totalmente dependientes de nosotros, quisiéramos por un momento, en un deseo secreto egoísta, que nuestros hijos nunca crecieran y que estuvieran con nosotros para siempre. ¿Pero realmente queremos eso?

El deseo real de todo papá y mamá es que sus hijos crezcan, que sean independientes, que tengan un buen trabajo, y que sean felices.

El Informe Panorama de la Educación 2015 de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos revela que en México, el 22.3% de jóvenes ni estudian ni trabajan.

En otra nota periodística de “El Universal”, los especialistas comentan que los jóvenes de 30 años no logran las condiciones para independizarse, por lo que salir del “nido”, es decir, de la casa de sus padres, ya no es tan atractivo. Prefieren seguir disfrutando de las comodidades que tienen con papá y mamá.

Cuando veo esas cifras, se me parte el corazón de pensar en todos esos talentos y potencialidades que nunca se desarrollaran, que están enterrados tal vez en las buenas intenciones, o muy dentro de un corazón que no ha sido descubierto. Esto nos hace preguntar, ¿Qué fue lo que pasó? Cómo padres, ¿qué fue lo que hicieron mal?

En pláticas o talleres con papás que he impartido, al hablarles a los padres de como el éxito está relacionado con hacer que los niños asuman sus responsabilidades es común escuchar frases de los padres como “yo no puedo ver llorar a mi hijo, por eso le doy lo que me pide” o “yo le quiero dar todo en charola de plata para que no sufra lo que yo”, sin tomar conciencia que precisamente ese “sufrimiento” entendido como esfuerzo, es lo que llevo a las personas a forjar su carácter y a ser exitosas. Ese “sufrimiento” es imprescindible para la formación del carácter de cualquier persona.

Como padres de familia se puede lograr que los hijos logren el éxito y la independencia. Para alcanzarlo es importante no sobreproteger ni anticiparse a las acciones del niño, es decir, no hacer las cosas por ellos, sino ayudarlos a actuar por ellos mismos. Los niños tienen un deseo innato de demostrar que son grandes en todo momento, y podemos aprovechar las actividades diarias en la casa, en el colegio o en la guardería para desarrollar su independencia y autonomía.

Y ahora viene la pregunta del millón, ¿y yo como padre como puedo lograrlo?

Merrilee Boyack en su libro, “Teaching Your Children To Fly” ofrece un plan de responsabilidades diarias que los niños pueden hacer en casa para lograr su autonomía, fortalecer su autoestima, construir confianza y desarrollar habilidades sociales que les ayudarán a lo largo de su vida.

Aunque podría parecer un poco extremo, Al explicarlo a los padres, los primeros que “saltan” son ellos mismos, al decir “es que esto es una locura, no puede hacerlo, está muy chiquito”. Sin embargo, la realidad es que está probado que los niños pueden lograr estas actividades. A veces los primeros que no dejamos crecer somos nosotros mismos con nuestras creencias limitantes sobre nuestros hijos o nuestra sobreprotección, de que no pueden hacer las cosas. Claro está, si nosotros creemos que ellos no pueden, nuestros hijos también lo creerán.

La siguiente es una lista de responsabilidades sugeridas que los niños son capaces de hacer, diferenciada por edades que establece la autora. El cómo hacerlo, depende de cada padre y madre que con su ejemplo, dedicación, atención, enseñanza, paciencia y repetición lograrán incentivar a sus hijos para realizarlas. No es necesario que a la primera lo hagan a la perfección, pero si es importante que los niños se esfuercen por hacerlo lo mejor que puedan.

0-3 años
-Vestirse solo
– Ya debe de estar entrenado para ir al baño
-Lavarse los dientes
-Recoger los juguetes
-Saber datos personales
-Decir sus oraciones antes de dormir
-Decir: si papá, si mamá
-Obedecer a papás

4 años
-Hacer la cama
-Hacer su desayuno sencillo
-Hacer sándwiches
-Empezar limpieza de algún cuarto
-Limpiar mesas
-Aprender modales
-Tener domingo o mesada

5 años
-Arreglar su cuarto
-Poner la mesa
-Memorizar teléfonos
-Recoger la mesa
-Preparar su almuerzo para el kínder
-Combinar su ropa

6 años
-Bañarse
-Sacudir la mesa
-Poner los trastes en el lavabo
-Limpiar lavabo
-Usar teléfono
-Empezar planes personales

7 años
-Leer y comprender
-Lavar trastes
-Aprender nutrición y cuidado del cuerpo
-Limpiar baño
-Tener ahorros y manejar dinero
-Levantarse con el despertador
– Tener modales en la mesa

9 años
-Trapear
-Hornear galletas
-Estar preparado para emergencias
-Saber un poco sobre primeros auxilios
-Lavar carro
-Limpiar interiores carro
-Cocinar verduras con precaución

11 años
-Limpiar el refrigerador
-Acomodar cajones
-Acomodar closets
-Hornear un pastel o pay
-Planear comidas
-Planchar
-Usar cámara fotográfica
-Saber tejer

12 años
-Leer el periódico
-Hablar en público
-Hacer citas
-Ordenar algo por teléfono
-Ordenar por correo
-Pintar paredes
-Cuidar niños (poco tiempo)
-Remendar
-Limpiar ventanas
-Revisar aceite auto

13 años
-Planear una fiesta
-Clases de cocina
-Hacer lista de súper y comprar
-Presupuesto para útiles escolares o libros
-Pagar servicios de la casa
-Utilizar teclado sin verlo
-Saber cómo usar cajero automático
-Defensa personal
-Planchar

14 años
-Decoración interiores básica
-Guardar el súper
-Acompañar a los padres a votar
-Saber cómo o que hacer para cambiar una llanta
-Mecánica básica
-Limpiar cochera

16 años
-Tener licencia de manejar
-Pagar su celular
-Tener un trabajo, aunque sea pequeño
-Tener y administrar una cuenta en el banco
-Hacerse cargo de su coche si es que tiene

17 y 18 años
-Concentrarse en el estudio, trabajo y la misión de la vida. Ya está oficialmente entrenado para ser exitoso en el mundo real.

Estas tareas podrían parecer difíciles, pero más difícil es entrenar para el mundo real a un hombre al que no se le entreno de pequeño a ser autosuficiente. El mundo necesita hombres y mujeres completos que desarrollen todas sus potencialidades, que sean felices y que aporten todo lo que solo ellos en su unicidad pueden ser capaces de aportar. Tú como padre de familia, tienes la responsabilidad de saber sacar lo mejor de cada uno de tus hijos. No desaproveches ese regalo y responsabilidad que se depositó en tus manos, y ayúdalo a ser independiente. Tu hijo, tu familia, tu comunidad y sociedad te lo agradecerán. El mayor acto de amor que podemos hacer a una persona que amamos no es darle todo en charola de plata, sino ayudarle para que consiga las cosas por sí mismo. Amarlo y acompañarlo a crecer.

Mi principal motivación de escribir este artículo fue ver un México y un mundo con millones de talentos desperdiciados. Con muchos ninis que son un estrago para la sociedad, pero principalmente para ellos mismos, porque no se conocen, ni otros tienen la fortuna de conocerlos, no saben lo valiosos que son, ni todo lo que son capaces de aportar. ¿Te imaginas si todos fuéramos lo que tenemos que ser? Como diría Santa Catalina de Siena, y que luego adopto Juan Pablo II; prenderíamos fuego al mundo.

Conclusiones
• Para asegurar la independencia de los hijos es importante no sobreproteger ni anticiparse a las acciones de los niños, sino ayudarlo a actuar por sí solo.
• Educar a los hijos en el esfuerzo es imprescindible para la formación del carácter.
• Es responsabilidad del padre o madre de familia ayudar a descubrir lo mejor de cada uno de los hijos

Por Violeta Hinojosa Almanza

Violeta Hinojosa es Orientadora familiar. Actualmente imparte talleres para adultos y padres de familia. Es locutora de radio del programa “La Sobremesa” desde el año 2010, que se transmite en Amplitud Modulada en la cd. De Monterrey, Nuevo León y la puedes escuchar todos los sábados a las 4 de la tarde, hora de México en www.mujer1310.com

Facebook: Violeta Hinojosa
https://www.facebook.com/violetahinojosaradio/
Twitter: LCFVioleta
Email: violetahinojosalma@gmail.com

¿Cómo entender a los jóvenes de hoy?

El autor expone que actualmente la juventud es más dispersa, menos tolerante a la frustración, más enfocada al placer inmediato, menos tendiente al compromiso, por lo tanto, a menudo adolece de la necesaria estabilidad de ánimo y de congruencia en su actuar. Se trata de una generación de jóvenes –desde luego no todos- imbuida de lleno en una sociedad consumista, materialista, hedonista y menos preparada para reflexionar sobre temas trascendentes de la existencia humana porque no reportan un beneficio inmediato.

Fernández Palacio afirma que nos encontramos con jóvenes excesivamente comunicados con los demás y en su entorno -en su país o en el extranjero-, pero que paradójicamente sufren de soledad, hastío y vacío existencial. Se engañan fácilmente con la abundancia de información de la internet o las amistades “cibernéticas” creadas a partir de las redes sociales. Pero todo ello resulta superficial, efímero y descartable.

En consecuencia, se impone que los padres, además de pedir a sus hijos un satisfactorio desempeño académico, se animen también a ponerles límites en el uso de las modernas tecnologías; evitar caer en una educación permisiva que todo lo acepta o lo tolera, sin reflexionar en las consecuencias; enseñarles a seleccionar bien a sus amistades; estar atentos a los lugares de diversión a los que asisten; que aprendan a beber con moderación; que tengan criterios claros sobre la sexualidad y cuidar de que no caigan en la esclavitud de las drogas, pero todo ello dentro de un clima de libertad responsable (1).

En la educación de los jóvenes, un punto de partida es la personalización para que resulte verdaderamente eficaz y duradera. Solamente de persona a persona, de corazón a corazón es cuando se logran cambios definitivos y permanentes tanto en el educando como en el educador.

La persona humana es única e irrepetible, por ello no existen fórmulas generales o vagas para la formación de los jóvenes. Hay que atender las necesidades de cada uno; impulsar sus virtudes y cualidades; animarles a corregir sus deficiencias. De allí la importancia de saber escuchar y tener paciencia en el proceso educativo.

El autor presenta útiles casos prácticos e interesantes sugerencias acerca de la orientación familiar para los padres y educadores. Concluye que el mejor camino para educar es convivir con los hijos; interesarse por sus grandes o pequeños asuntos; tratar de pensar y sentir lo que ellos piensan y perciben con la finalidad de llegar a ser unos padres cordiales, afectuosos y cercanos.

(1) Fernández Palacio, José María, Cómo entender a los jóvenes de hoy: sus problemas, sus motivos y su educación. Editorial Minos III Milenio, México, 2015. 87 páginas.

1 2 3 6