Para que el amor conyugal sea pleno

El célebre autor de El Principito, el literato francés, Antoine de Saint Exupéry, escribió un pensamiento que ha trascendido a través del tiempo acerca del amor mutuo entre los esposos y que afirma: “Amar, es mirar juntos en la misma dirección”. Y también sostiene que: “El amor es lo único que crece cuando se reparte”.

En este mismo sentido, me viene a la memoria una canción del poeta y cantautor que más influyó en la generación de los sesenta, Bob Dylan. En el ocaso de su vida este artista compuso una bella canción, titulada: “Deja que Sientas mi Amor”. En su letra se trasluce una melodía en la que el compositor ha madurado como persona y ofrece a su amada un amor profundo. En ella dice: “Cuando la lluvia cae sobre tu cara/ y el mundo entero está en tu maleta,/ puedo ofrecerte un cálido abrazo/ para hacerte sentir mi amor. /Cuando las sombras del atardecer y las estrellas aparecen/ y no hay nadie que pueda secar tus lágrimas/ podría abrazarte durante un millón de años,/ para hacerte sentir mi amor. (…) / Podría hacerte feliz y convertir tus sueños en realidad. / No hay nada en este mundo que no haría por tu amor, / iría por ti hasta el confín de la tierra /para hacerte sentir mi amor”.

Pensaba en el joven que se compromete a amar de esta manera a su prometida, con la finalidad casare y formar una familia. A lo largo de toda su melodía, Dylan aporta las características esenciales de cómo debe de ser el amor conyugal: a) un amor sin limitantes y para toda la vida; b) en que estaría dispuesto a realizar el más grande de los sacrificios con tal de mantener la llama viva de su amor; c) en que cuando ella estuviera pasando una difícil temporada (una enfermedad, un problema económico, el dolor por la muerte de un ser querido…), él sería el primero en acudir en su auxilio; d) si ella tuviera graves adversidades y contradicciones, le asegura que no la abandonaría y le daría lo mejor de su afecto y cariño, permaneciendo siempre a su lado; e) añade que a lo largo de todo su matrimonio pondría los medios necesarios para serle fiel; f) que lucharía siempre por agradarla y hacerla feliz; g) se empeñaría por convertir los mutuos ideales y sueños en realidad; h) que nada lo haría solo, sino siempre en compañía de su esposa; i) y finalmente, le promete que nunca le faltará su tierno y cálido abrazo.

Sin duda son palabras que hacen reflexionar acerca del amor entre los esposos. Pero no hay que olvidar que ese cariño y afecto constituyen como una bella música de fondo donde la existencia de los hijos -frutos vivientes de su amor- se va desarrollando armónicamente, con alegría, fortaleza y buen humor. Si hay paz, esmerada formación y comprensión dentro del hogar, sin duda alguna se reflejará en la forja misma de los caracteres y personalidades de cada uno de los hijos.

¡Dichosa! Mujer estéril.

Por *Juan Alberto Echeverry

Sab 3,13 Dichosa la mujer estéril que se ha mantenido irreprochable y no ha tenido relaciones prohibidas: recibirá el premio merecido cuando el Señor venga a juzgar a los hombres!
14 ¡Dichoso también el castrado que nunca cometió ninguna maldad ni tuvo malos pensamientos contra el Señor: por su fidelidad recibirá una recompensa especial y un lugar muy agradable en el templo del Señor!

El anhelo de millones de mujeres y matrimonios en el mundo entero, es poder tener el don de ser padres, sin embargo, hay muchísimas mujeres que a pesar de ese anhelo ferviente, su vientre no se ha abierto a la vida, y con mucha razón sufren, lloran y mantienen una batalla interior. No obstante, también hay un camino de felicidad para quienes no han podido concebir un hijo.

Si acaso esa es tu situación, piensa con sensatez, que por algún motivo Dios o la vida no lo han permitido. Sin dejar de orar, clamar y trabajar por ese don, dedícate a buscar tu felicidad. Vuelca tu vida al servicio de Dios y de los demás, y tendrás la recompensa que Dios regala a sus hijos amados. Abraza tu realidad presente y esfuérzate por crecer en virtudes y conocimiento, recuerda que los tiempos que vivimos son cada vez más complicados moralmente y no vale la pena que ensucies tu vida con el pecado, o te la pases amargada(o) por aquello que no llega.

Ciertamente la maternidad es hermosa y sin embargo, cuántos padres sufren terriblemente por hijos enfermos, descarriados, asesinos, drogadictos, rebeldes y a veces, viven unos cuadros terriblemente dolorosos sin poder hacer nada por sus propios hijos.

Si te dedicas a dar de lo que tienes, a vivir la vida disfrutando sencillamente cada momento, a crecer espiritual e intelectualmente, te aseguro que encontrarás tu verdadera felicidad, y tal vez las obras que realices, se convertirán en muchos hijos amados, tal como lo ha prometido el Señor, en el siguiente texto bíblico. He sido testigo también de muchos hogares estériles, que ahora tienen cientos de hijos espirituales y son profundamente felices. Son personas que traen bendición a su familia, sobrinos, empleados, huérfanos y sociedad en general.

Isa 54,1 Da gritos de alegría, mujer estéril y sin hijos; estalla en cantos de gozo, tú que nunca has dado a luz, porque el Señor dice: “La mujer abandonada tendrá más hijos que la mujer que tiene esposo.”

Así que ánimo, levántate de la amargura, haz santamente lo que esté en tus manos por hacer, mira con otros ojos la esterilidad, pero no te agobies más, deja que Dios disponga el mayor bien en tu vida, y confía en su perfecto plan.

Oración: Dios Padre de amor: Una vez más vengo a tu presencia con el corazón compungido. Tú conoces el anhelo profundo de mi corazón por ser mamá (papá), pero si esto no es posible por algún motivo que yo desconozca, te pido que me regales la paz interior, la serenidad y la felicidad que mi corazón anhela. Te pido en el nombre de Jesús, que este anhelo no se convierta en mi vida en un ídolo que me esclaviza, sino más bien, confiando en tu amor eterno, pueda dedicar mi vida a servir a los demás con entrega absoluta, y a crecer espiritual e intelectualmente. Hoy declaro con todas las fuerzas de mi corazón que acepto tu perfecta voluntad en mi vida y me levanto en el nombre de Jesús a conquistar mi felicidad. Si por algún motivo llegare a tener el don de la maternidad (paternidad), la acogeré con el mismo a mor que vivo cada día de mi vida, porque el mayor regalo que me has dado, es poderte conocerte y amarte a Ti que eres el verdadero amor eterno. Hoy quiero interceder por todos los padres de familia del mundo entero, que sufren a causa de sus hijos. También oro por todos los huérfanos que han sido abandonados, carentes de amor o maltratados, para que encuentren verdaderos padres espirituales que los acojan y los amen. Oro por las mujeres que están pensando abortar, para que por tu misericordia, envíes gracias de conversión a sus corazones. Amén.

*Facilitador católico Director de la FUNDACION CATÓLICA IMMAH

Eres mi esposa…

Por *Juan Alberto Echeverry

Pro 5,18 ¡Bendita sea tu propia fuente!
¡Goza con la compañera de tu juventud,
19 delicada y amorosa cervatilla!
¡Que nunca te falten sus caricias!
¡Que siempre te envuelva con su amor!

Eres mi esposa, pero también quiero que seas mi amante, mi secretaria, mi confidente, mi socia, mi hermana, mi cómplice en las pequeñas diabluras, la madre de mis hijos, mi hija para cuidar y sobre todo, la luz para mis momentos de oscuridad, la mujer idónea para mí vida.

Pero por ningún motivo quiero que seas mi madre; y no es que ella sea mala, sino que siento que muchas veces eres quien quiere controlarlo todo, la que se vive quejando, la que cada vez quiere más y exige más; la que no reconoce mis esfuerzos, la que se olvida que también soy frágil y necesito abrigo y cariño. No quiero que seas el policía que me persigue, ni el dedo acusador que sólo señala mis errores. Quiero que seas mi verdadera esposa, mi ángel, mi amada, mi ternura.

Quiero amarte con toda mi transparencia, porque eres más que mi esposa, eres el alimento de mí vida, el abrigo para mis momentos de frío, eres la razón en este mundo para conquistar mis mejores metas, eres la alegría de mí corazón. Contigo deseo saciar mis más loables apetitos.

Ef 5,25 Esposos, amen a sus esposas como Cristo amó a la iglesia y dio su vida por ella.

Col 3,19 Esposos, amen a sus esposas y no las traten con aspereza.

Cant 4,10 ¡Qué gratas son tus caricias,
hermanita, novia mía!
¡Son tus caricias más dulces que el vino,
y más deliciosos tus perfumes
que todas las especias aromáticas!

*Facilitador católico Director de la FUNDACION CATÓLICA IMMAH

La virtud del compromiso en la familia y en la sociedad.

El compromiso voluntario, verbal o escrito, hecho de buena fe a través de la palabra dada o de un documento, es lo que alguien se compromete moral o jurídicamente a realizar. Debe ser cumplido totalmente y respetado rigurosamente, en la medida en que sea moralmente justo. Ese compromiso ante terceros, se convierte en obligación y puede generar responsabilidades, en caso de no cumplirse e incluso, poner en juego la credibilidad del que no lo cumple.

Compromiso también se denomina a la promesa matrimonial religiosa (esponsales), que los futuros cónyuges se hacen recíprocamente, de contraer nupcias en el futuro. No tiene que dar miedo a nadie, el asumir el compromiso y la responsabilidad de querer, cuidar y proteger al cónyuge, para toda la vida.

Hay dos formas de entender el compromiso matrimonial: Los que lo contraen eclesiástica y voluntariamente ante Dios y ante los hombres, con el firme compromiso para ambas partes de ser indisoluble a perpetuidad, y la unión civil, inscribiéndose solamente en un registro, para vivir simplemente junto a otro, donde la ruptura del compromiso adquirido, ya está establecida incluso antes del comienzo.

Este último grupo no quiere asumir el compromiso del matrimonio para siempre y se casan civilmente, solamente por un tiempo, mientras les convenga. Por lo tanto las razones o excusas para el divorcio son muy diferentes, ya que si no tienen creencias religiosas, solamente lo consideran como un contrato civil, sin compromiso perpetuo, que cuando quieran lo pueden disolver con el divorcio.

El compromiso hecho a otra persona en nombre de Dios, comprometen el honor, la fidelidad, la veracidad y la autoridad debida a Dios, por lo que en justicia deben ser respetados fielmente y el no cumplirlos supone una falta grave. Pero los compromisos hechos para hacer una obra mala, no obligan a nadie.

Asumir un compromiso adquirido voluntariamente, va más allá de las obligaciones impuestas y se convierte en una obligación, hacia uno mismo y hacia los demás, cuando se hace público y tiene consecuencias sobre otros. Por eso hay que pensarlo muy bien antes de hacerlo, para no conformarse solamente con lo afectivo de las “relaciones líquidas”, que son las que se adaptan a cualquier “recipiente” situación.

Los padres tienen la obligación de insistir en la enseñanza a los hijos, de la virtud del compromiso. Hay muchas personas que gracias a su acertado concepto del compromiso, su ayuda a la sociedad civil es inmensa, a través de las ONG (Organizaciones No Gubernamentales). Nadie les obliga a comprometerse, pero esas personas lo hacen de forma continua, sincera y altruista. Mayoritariamente son las personas han recibido una educación, en la que los valores del compromiso y de la fidelidad, son el motor que les permite amar al prójimo como a ellos mismos.

6  Situaciones analizables sobre los compromisos futuros:

Cuando el compromiso conlleva cansancio físico, intelectual y económico, hasta el límite de las posibilidades y no hay forma de pararse para reparar las fuerzas una vez empezado.

Cuando el compromiso produce grandes interrogantes y dudas que afectan a la mente, sugiriendo abandonarlo.

Cuando hay diferencias entre los que se comprometen y los que tienen que sufrir el desacuerdo o los silencios largos y reflexivos.

Cuando hay un compromiso cuyo incumplimiento o diferencias, se tiene que someter a árbitros o amigables componedores.

Cuando son sobre asuntos graves o importantes, sobre el que se compromete y los que no reciben la obligación contraída.

Cuando todo se va desarrollando normalmente y no hay discrepancia, entre el compromiso adquirido, ni con lo que influye en los demás.

Aceptar o imponerse compromisos, puede producir miedos e inseguridad, pero las personas tienen que mostrar y transmitir confianza, en saber que van a cumplir lo comprometido, con la seguridad que ello les hará bien y evitarán el rechazo de los demás, la soledad personal y el aislamiento si no lo cumplen.

El compromiso consiste en saber en qué y cómo comprometerse y cómo mantener lo comprometido, en proyectar la mejor comunicación posible y en abrir de par en par los brazos, especialmente a los más necesitados, para acoger, escuchar, dialogar, comprender y enriquecer.

Hay que comprometerse, darse y dar, sobre todo cuando alguien pide con necesidad nuestra ayuda, nuestro quehacer y nuestra obligación. No hacerlo, supone perder la sensibilidad, que es igual a los que oyen, pero no escuchan.

El verdadero compromiso es un estilo de vida, que define a determinados tipos de personas. No se improvisa, hay que irlo desarrollando poco a poco, según las capacidades y deseos de cada uno. Con el ejemplo hay que intentar que haya personas que lo crean, lo sigan y lo extiendan.

El compromiso basado en el conocimiento y la práctica de las virtudes y valores humanos, produce felicidad, plenitud de vida, alegría y desarrollo emocional. Tiene que servir para ponerse a pensar en el presente y en el futuro, en la vida del prójimo, en la existencia de cada uno, en las necesidades de la familia y de la sociedad, en la promoción humana.

El compromiso no debe producir un temor que justifique el refugiarse en la superficialidad, ni puede ser algo efímero, del estilo de “si te he visto, ni me acuerdo”. Supone una obligación, pero no debe tener el sentido de sumisión, o que solamente se puede asumir en ocasiones excepcionales.

Rechazar o eludir el compromiso, abre paso a una espontaneidad aleatoria, gracias a la cual cada uno hace lo que le da la gana, es decir, lo que se le ocurre imprevisiblemente. Hay que comprometerse porque la vida está llena de compromisos, en el plano familiar, en el profesional, en el social, en el afectivo, en el jurídico, en el religioso y en muchos más. La vida es una suma de compromisos y vínculos. Los que pretenden no utilizar su capacidad de compromiso, no son libres, son prisioneros de su egoísmo.

La valía de una persona puede medirse por el número y calidad de sus compromisos, y que esté dispuesta a cumplir. Por eso, aunque todo compromiso en algún momento de la vida, resulta costoso y difícil de llevar, perder el miedo al compromiso, es el único modo de evitar que sea el azar o la indecisión, quien acabe por comprometernos. Quien jamás haya sentido el tirón que supone la libertad del compromiso, no puede disfrutar de la profunda naturaleza de la libertad. No se es más libre, cuantos menos compromisos haya que asumir.

La sociedad se mejora a través de los compromisos fuertes, personales o colectivos, sacando a relucir o actualizando sus potencialidades de responsabilidad, equilibrio y generosidad, lo que no puede hacer nadie ajeno a los compromisos. Es necesario que todos participemos, cada uno según el lugar que ocupemos y el papel que desempeñemos en la sociedad, en asumir voluntariamente el compromiso generoso de hacer el bien al prójimo en las tareas sociales, pues ésto es un deber inherente a la dignidad de la persona humana.

Graves situaciones que destruyen los compromisos:

Cuando da un miedo incontrolable, las consecuencias del compromiso adquirido.

Cuando desaparece el encanto físico de los comienzos, y empiezan a romperse u olvidarse los compromisos y proyectos asumidos, incluso el de construir juntos el futuro familiar.

Cuando falta el respeto interior y exterior, la comprensión y el entendimiento entre los cónyuges, estando solos o acompañados.

Cuando la ruptura del vínculo matrimonial quebranta o lesiona el derecho del otro cónyuge, y el bien de los hijos, los cuales necesitan la unión estable de los padres, para su desarrollo.

Cuando no hubo desde el principio, la suficiente preparación para estudiar y entender el compromiso que se iba a adquirir, y las responsabilidades que conllevaba.

Cuando por la infidelidad conyugal, de adulterio o económica, se rompe el compromiso del amor mutuo, exclusivo y para siempre, produciendo la desconfianza, la traición y el fracaso.

Cuando se alega que son preferibles las malas consecuencias, que cumplir el compromiso, sin tener en cuenta el daño que se hace al prójimo, por no cumplirlo.

Cuando surge la indiferencia, la falta de comunicación, la frialdad amorosa, la crítica constante, la mutua responsabilidad y el entendimiento hacia el otro cónyuge.

Los padres si quieren demostrar una verdadera autoridad y credibilidad, tienen que ser los primeros, en saber hacer compromisos y cumplir con firmeza y consistencia la palabra dada, principalmente en los conceptos de educación, desarrollo y relaciones familiares y sociales. Cumplir los compromisos conlleva inteligencia, disciplina, obligación y responsabilidad con uno mismo y con los demás.

Los hijos siempre esperan que se cumplan los compromisos que sus padres, les han dado bajo su palabra. Si esto no ocurre, la desilusión y desconfianza, pueden llegar a ser muy difícil de recuperar.

francisco@micumbre.com

Esposo quiero que seas sensato

*Juan Alberto Echeverry

Esposo quiero que seas sensato

En cuanto a ustedes, los esposos, sean comprensivos con sus esposas. Denles el honor que les corresponde, teniendo en cuenta que ellas son más delicadas y están llamadas a compartir con ustedes la vida que Dios les dará como herencia. Háganlo así para no poner estorbo a sus propias oraciones.

Sé que es difícil controlar y gobernar las pasiones, los malos hábitos y sobre todo, la mala formación que hemos arrastrado a nuestro propio hogar; pero es bien importante y necesario para el mundo entero, ser muy sensatos y sabios para elevar nuestro hogar al estatus divino.

Los frutos de este estatus, no se hacen esperar en cada uno de nosotros, en nuestros hijos y en las siguientes generaciones, con abundantes bendiciones afectivas, sociales, económicas y de salud. Faltar al respeto a tu esposa, es faltarte al respeto a ti mismo.

Ser infiel a tu esposa, es ser infiel a ti mismo y a tus hijos. Ser tacaño con tu esposa, es ser tacaño contigo mismo. Ser agresivo con tu esposa e hijos, es ser agresivo contigo mismo, pues tú y ella junto con tus hijos, son una sola carne, dignos de todo respeto y amor de Dios.

Con tu voluntad, la gracia de Dios y con la fuerza del Espíritu Santo, puedes comenzar a educar y controlar tu propia naturaleza; y para ello, es importante que hagas esfuerzos superiores. Así, además de conquistar la paz en tu hogar, tendrás vía libre para tus oraciones.

Ahora la pregunta es: ¿Esposa eres en realidad, delicada, tierna, apacible y dócil, a la cabeza del hogar que es tu esposo? Si no es así, tú también puedes comenzar a ocupar el lugar que Dios ha querido darte, para que seas exaltada y cuidada por tu esposo.

Los dos pueden y tienen la obligación, de ayudarse a entrar a la eternidad con la verdadera altura de hijos de Dios. ¡No pisoteen mutuamente la dignidad de hijos de Dios!

*Facilitador católico
Director de la FUNDACION CATÓLICA IMMAH

Mi esposo(a) me dejó 17 consejos

De cada 10 correos de consejería que se reciben, cuatro son referentes a este dolor; pero, ¿qué hacer cuando esto sucede?

*Juan Alberto Echeverry

No podemos generalizar todos los casos, pero en la gran mayoría hay unos elementos comunes que debemos tener en cuenta, así como unas acciones concretas que deberíamos hacer como creyentes:

1 Un abandono o separación siempre tiene una causa que nos debe llevar a preguntarnos con objetividad: ¿En qué fallé?

Celos, cantaleta, descuido personal, abandono del hogar, falta de comunicación, irrespeto, rutina, negación sexual, etc.

De ser así, sea que nuestra pareja regrese o no, debemos hacer un propósito firme de cambio radical para mejorar en nuestra vida.

2 Tener claro que no podemos obligar a nadie a que nos ame o esté a nuestro lado, pues el amor nunca se entrega por obligación.

3 Por ningún motivo es conveniente rogar, hacer pataleta o shows de dramáticos para que la persona regrese, eso empeora las cosas.

4 Hacer un contacto profundo con Dios y con la espiritualidad cristina católica, pues ella nos llevará a darle el verdadero orden a nuestra vida, consolando nuestro corazón y mostrándonos que sólo Dios no nos defrauda; de esta manera, recuperaremos el orden de los afectos en nuestra vida, y tendremos la madurez y la sabiduría para manejar nuestras relaciones interpersonales.

5 En caso que la separación no tenga ninguna explicación lógica, podemos comenzar un proceso de batalla espiritual con el objetivo de deshacer la obra del maligno. Esta batalla espiritual debe estar apoyada con Rosario, consagración de la pareja a la Virgen, a San José. Utilización de sacramentales como sal, agua y aceite exorcizados. Oraciones de liberación.

6 Tratar de tener una rutina edificante basada en lectura, oración, deporte, estudio, trabajo etc, que nos permita recuperar la auto estima.

7 Tratar por todos los medios que nuestra ex-pareja nos vea bien en todos los aspectos, equilibrio emocional, aspecto físico y progreso en todas las áreas.

8 Intentar con todos los esfuerzos, tener una relación pacífica y amigable con la pareja, especialmente cuando hay hijos por medio. No hay cosa que más dañe a los hijos y a la sociedad en general que las agresiones de pareja.

9 Recordar que Dios siempre quiere la salvación eterna de todos y por ello, debemos hacer oración de intercesión por la salvación de nuestra pareja.

10 Si se tiene el vínculo del sacramento del matrimonio católico, clamar el poder de ese sacramento en nuestra oración, así como pedir al ángel de la guarda de nuestra pareja, que lo(a) traiga de regreso y que le hable de la santidad de vida.

11 Estar dispuesto(a) a perdonar toda ofensa o herida del pasado, para evitar enfermar y poder tener la esperanza de una nueva oportunidad en la relación, en caso de que ella se dé.

12 No odie ni maldiga a la otra persona que se llevó a su pareja, esto empeorará las cosas y te hará perder el equilibrio y la lucidez en tus actos y palabras.

13 Por ningún motivo consulte a brujos o hechiceros que le prometan traer de regreso a su pareja, esto trae graves consecuencias.

14 En caso de prolongada y grave injusticia económica, proceda por las vías legales, sin tener que agredir o faltar a la verdad.

15 En caso de tener hijos, trate por encima de todo tener una muy buena relación con ellos y nunca les hable mal a ellos de su papá o mamá. Esto genera unas huellas imborrables. No llore, grite o hable mal con sus amigas delante de ellos.

16 No entre en el terreno de la venganza, buscando otra persona para desquitarse de su pareja, esto le hará sentirse peor de lo que está y genera huellas irreparables en su vida.

17 Rodéate de personas de oración y buenas que intercedan por tu hogar y te apoyen; no recibas consejos de cualquier persona.
Rom 12,16 Vivan en armonía unos con otros. No sean orgullosos, sino pónganse al nivel de los humildes. No presuman de sabios.
17 No paguen a nadie mal por mal. Procuren hacer lo bueno delante de todos.

18 Hasta donde dependa de ustedes, hagan cuanto puedan por vivir en paz con todos.

19 Queridos hermanos, no tomen venganza ustedes mismos, sino dejen que Dios sea quien castigue; porque la Escritura dice: “A mí me corresponde hacer justicia; yo pagaré, dice el Señor.”

20 Y también: “Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber; así harás que le arda la cara de vergüenza.”

21 No te dejes vencer por el mal. Al contrario, vence con el bien el mal.

*Facilitador católico
Director de la FUNDACION CATÓLICA IMMAH

Propiedades del Matrimonio

Autor: Cristina Cendoya de Danel

Fuente: www.catholic.net

Unidad y la indisolubilidad.

Las propiedades del matrimonio son “la unidad” y la “indisolubilidad”, como consecuencia lógica de los fines. Ellas son propiedades que se aplican, tanto a la institución natural que Dios instituyó, como al sacramento porque son características propias de la naturaleza humana.

La unidad: es la unión de un solo hombre con una sola mujer. En el matrimonio los cónyuges se donan recíprocamente uno al otro, uniendo sus inteligencias, voluntades, sentimientos, teniendo los mismos deseos y objetivos. La fidelidad – prometida al contraer matrimonio – es requisito indispensable para esta unión, de no existir provocaría un gran desequilibrio en el matrimonio. Por ello la poligamia (unión de un hombre con varias mujeres) y la poliandria (unión de una mujer con varios hombres) atentan contra esta propiedad del matrimonio. Únicamente está permitido volverse a casar cuando el vínculo se deshace al morir uno de los esposos (Cfr. 1 Cor. 7, 39).

Un matrimonio se puede desbaratar si no se une sólidamente para hacer frente a todas las dificultades y vencer los muchos obstáculos que surgen durante la vida. No es nada más la unión en una sola carne, sino un solo corazón y una sola alma. Caminar juntos el mismo camino. Hay dificultades en todo matrimonio. No es posible que dos personas piensen igual, pero deben luchar juntos por vencer esas dificultades. Recordemos que ambos tienen la misma dignidad.

La indisolubilidad: significa que el vínculo matrimonial dura para toda la vida y nadie lo puede deshacer. El matrimonio rato y consumado no puede ser disuelto por ningún poder humano, ni por causa alguna, sólo la muerte deshace el vínculo. “Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”. (Mt. 19, 6). Otro tipo de unión no se considera como matrimonio.

Estas propiedades son necesarias porque – por medio de ellas – se logra conservar y fomentar la fidelidad conyugal, se facilita la ayuda mutua y el perfeccionamiento de ambos cónyuges. Todo esto es muy importante para la educación de los hijos que requiere una estabilidad familiar. Además propician la paz y la armonía en la familia y llena de bendiciones a toda la familia.

Existen casos en que el vínculo matrimonial puede ser disuelto, como son:

El matrimonio rato (sacramentado) pero no consumado, es decir sin haberse llevado a cabo el acto conyugal. En este caso puede ser disuelto por causas justas. (Cfr. CIC. no. 1142)

Cuando dos personas no bautizadas están casadas y una se bautiza y la otra se opone a vivir según los designios de Dios. A esto se le llama “privilegio paulino” (Cfr. 1Cor. 7, 12-15; CIC. no. 1143).

Siendo el matrimonio la unión del hombre y la mujer para ayudarse mutuamente y transmitir la vida humana, Dios bendice esta unión en el sacramento. El hombre y la mujer fueron creados el uno para el otro.

El matrimonio cristiano ha de ser fiel, unido, total, indisoluble y fecundo.

La fidelidad

Es esencial en el matrimonio. La entrega total no permite el compartir al cónyuge. Ambos deben luchar diariamente por buscar vivir unidos en su corazón, en su mente y en su cuerpo.

La totalidad.

Los esposos han de entregarse totalmente el uno al otro: cuerpo, sentimientos, inteligencia y voluntad. Una entrega de todo lo que son. No podemos amar nada más a una parte del otro. Lo debemos amar todo: con sus defectos y cualidades, en todas las circunstancias, en lo próspero y en lo adverso, en la salud y la enfermedad. Si un esposo o una esposa ama al otro, le podrá decir: tú eres el único que existes para mí, eres mi único amor.

El matrimonio es para siempre. No puede haber una entrega total si es nada más por un tiempo. El matrimonio es la base de la familia y la seguridad de los hijos, por eso, a quien más afecta la ruptura es a ellos.

La credibilidad se gana día a día y se pierde en un minuto

credibilidadLa credibilidad es lo que puede o merece ser creído y es uno de los pilares que sustentan, la educación que dan los padres. Si los padres pierden la credibilidad ante los hijos, incluso cuando todavía son pequeños, posteriormente no les creerán nada de lo que dicen o hacen y como consecuencia, no podrán educarles correctamente.

La credibilidad se proyecta a la familia, a las amistades, a los negocios, a los políticos y en general a la sociedad.

La credibilidad es un valor que se va adquiriendo, poco a poco y día a día, pero se puede perder totalmente en un minuto, en cuanto aparece la primera mentira, falsedad u ocultación. Recuperar la credibilidad es muy difícil, es como cuando se echan al viento las plumas de una almohada, después es casi imposible recogerlas todas.

Cuando se pierde la credibilidad, sea de niño o de adulto, muy pocas veces se tiene una segunda oportunidad, para volverla a ganar. Después nadie toma en serio, lo que dicen o hacen, debido a la cantidad de cosas erróneas que han dicho o hecho. Sobre todo si son mezclas de mentiras, medias verdades, exageraciones, chabacanerías, manipulaciones, burlas, mofas y befas, de los sentimientos de los demás, o ser expresiones de desprecio groseras e insultantes.

La Credibilidad está íntimamente relacionada, con las virtudes y valores humanos de la Fe, la verdad, la sinceridad, la confianza, la fidelidad, la honradez, la certeza, la evidencia, la formación, el conocimiento, el sentimiento, etc. La credibilidad no se gana callando por falsa prudencia, sino invitando siempre a la razón.

El engaño, en una sóla ocasión o continuado, sea voluntaria o involuntariamente, si es descubierto, induce a los demás a suprimir la credibilidad de la persona o institución que ha engañado. Después del primer engaño, ya no puede pasar ningún filtro o duda en las siguientes ocasiones, habrá perdido su credibilidad.

El hablar con seguridad y certeza, algunas veces se convierte en la irrisión de los ignorantes. Estos suelen estar acostumbrados a oír lo que quieren oír. Por eso les sorprende. cuando no se lo dicen como ellos quieren, pero el que les habla, no tiene que tener miedo a perder la credibilidad ante ellos, pues tampoco es dueño de la ignorancia de los que se ríen.

La persona es creíble. cuando puede o merece ser creído. La credibilidad hay que ganarla. día a día. Hay quienes nunca cumplen lo que prometen, sea importante o no, lo incumplen por sistema, por costumbre e incluso por atavismo generacional. Son los que cuando prometen algo. lo hacen sin ninguna idea de cumplirlo, olvidándose de la responsabilidad o palabra comprometida. Luego se extrañan de no tener credibilidad ante nadie.

Algunas personas no tienen la credibilidad de nadie, debido a que nunca han tenido que ganársela, ya que por su trabajo, profesión o cargo público, se han acostumbrado a que la autoridad con la que le invistieron, les ha permitido decir o hacer las cosas, sin esperar a que les demás les crean o no. Se han acostumbrado a creer, que todos les hablan con desacato a esa autoridad investida.

La atavismo profesional, algunas veces deja unas huellas imborrables que se trasmiten en las conversaciones con los familiares y amigos, por eso se limitan a no contestar y a hacer como que no han oído, lo que hace que estos, se aburran de tener que soportar esas costumbres adquiridas durante los años profesionales, pero que ya no son trasladables a la vida familiar, amistosa o social.

Después en la vida familiar y social esa misma actitud, les deja descalificados para que nadie se preocupe de cuestionar su credibilidad. No les creen nada y así siguen andando por la vida, como si continuaran estando donde tenían investido el derecho, a hacer lo que quisieran, fuera bueno o malo, cierto o incierto. Pierden el interés en fomentar el conocimiento y ejemplo de la virtud y valor humano de la credibilidad. No lo han necesitado nunca, ya que lo que hacían o decían era “ordeno y mando”, por eso cuando están en la familia o en la sociedad, solamente tienen como objetivo, la manipulación para conseguir que les crean.

Al perder la credibilidad, llega un momento en que ya nadie les, cree ni las verdades más elocuente. El mejor ejemplo queda reflejado en la fábula de Esopo ¡Que viene el lobo!  Era mentira, pero todos los pastores la creyeron. Después cuando de verdad llegó el lobo, nadie lo creyó, por la incredibilidad que había originado el pastor, y el lobo se comió a las ovejas.

La credibilidad en las personas, en los negocios y en los productos o servicios, produce confianza y es uno de los principales pilares de su continuidad y éxito. Se puede engañar a todos poco tiempo, se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todos, todo el tiempo.

Cuando las personas han perdido la credibilidad de otros, estos suelen comenzar a tratarles mofándose y befándose, incluso sobre cosas inverosímiles, pudiendo llegar a suponer una forma de desprecio intelectual.

Las personas pierden su credibilidad, cuando sistemáticamente desprecian, humillan o critican a todas las personas de su alrededor, incluso sin conocerles bien y casi siempre sin ninguna razón. Demostrando desdén, arrogancia o soberbia hacia los demás, para creerse y sentirse superiores a todos. Suele ser un problema de complejo de inferioridad y frustración, que se refleja en la arrogancia. Después ni los testigos, ni los afectados directa o indirectamente, les conceden credibilidad a lo que dicen o hacen.

La falta de credibilidad hace que las personas se desvinculen de la vida real, pues al dejar de creerles, los familiares, amigos y en general la sociedad, los aísla del grupo, evitando preguntarles o informarles de las cosas, lo que llega a convertirles en ignorantes. Su falta de credibilidad, les encierra en su propia burbuja social y les aísla del conocimiento. Pasar a no ser creíble en los hechos, dichos y expresiones, produce apatía en las personas que tienen que convivir con ellos. Deben pasar un largo proceso de adaptación, hasta que llegan a ser creíbles.

Algunos pierden la credibilidad ante su cónyuge, familiares o amigos, debido a sus propias palabras o acciones. Y se auto descalifican con sus silencios, cuando deben hablar, o con sus preguntas inadecuadas y fuera de tiempo o motivo. Otros la pierden debido a su soberbia, al considerar que todos los demás son inferiores o menos inteligentes o más incultos, cuando sistemáticamente se expresan con prepotencia a quienes les escuchan.

No responder como se debe y cuando se debe, también es el camino directo hacia la pérdida de credibilidad.Frases comunes para los que han perdido la credibilidad: “Solo contesta cuando le conviene hacerlo” “No contesta cuando no tienen salida y no quiere reconocer su error o falta de conocimiento”.

Para que los familiares y amigos de su entorno, empiecen a darle credibilidad, tienen que hacer un profundo examen de su comportamiento, para ver los defectos que tienen y en su caso, fomentar la virtud y valor humano de la humildad. Analizar los motivos, por los que esas mismas personas, que incluso les quieren y respetan, no sienten ninguna credibilidad por lo que dicen o hacen. Tienen que dejar de mentir. Hay quienes mienten sin necesidad, lo hacen por costumbre e incluso se llegan a creer sus propias mentiras. Engañar se convierte en su pan de cada día y no saben hablar sin  mentir, pero quieren que los demás les crean. La franqueza evita problemas y crea credibilidad.

Incluso hay amigos verdaderos, que pueden perder la credibilidad hacia otros, cuando ya no contestan a las preguntas, ni nunca prueban lo que dicen, porque se creen superiores a los demás. Incluso a estos amigos les tienen tan aburridos con sus comentarios, que hacen que ya no les interesa nada de lo que dicen. Pierden la credibilidad, no por las mentiras, sino por la continua falta de congruencia. Por las preguntas que hacen fuera de tono y lugar, se conoce perfectamente a las personas, sin entrar en análisis psicografológicos.

Discutir los motivos por los que le han adjudicado su incredibilidad, no corresponde a los que no creen en él, ya que si se ponen a explicarlo, seguramente empezarán una nueva discusión, donde la prepotencia volverá a aparecer y la credibilidad todavía será menor.

Cuando las personas se esconden y no contestan el teléfono, no devuelven las llamadas e incluso no contestan a los correos, se van alejando poco a poco de ser creíbles, ya que indican que solamente hacen lo que les conviene hacer y cuando les conviene. Por lo tanto pierden su credibilidad, a la hora de contar con ellos para algunas coas. Suele decirse: “A ese no le creas lo que te dice, pues solamente te habla cuando tienen interés, en algo que le benéfica personalmente, en los otros casos o se esconde, o sus respuestas son como tirar balones fuera, para no comprometerse”

La credibilidad se gana por los hechos y los resultados, y se pierde con la  mentira, una vez que esta ha quedado al descubierto, pues es muy difícil que el mentiroso recobre la credibilidad. La mentira está a la orden del día, sobre todo si no se valora la palabra dicha, máxime si es una promesa que hay que cumplir. Las personas que ya han perdido su credibilidad, son las que más ruido meten, para soportar sus mentiras o tratar de hacerse creer gritando o gesticulando. Suelen estar llenos del “Yo mismo y para mí mismo”.

Hay personas que por su cargo en la familia, empresa o sociedad, dan consejos o deberían darlos, pero no tienen credibilidad de lo que dicen o hacen porque:

  • Aconsejan siempre para obtener su propio beneficio.
  • Han mentido tantas veces, que ya es imposible seguir dándoles oportunidades para creerles.
  • Llevan una doble vida.
  • No dan testimonio ni coincide lo que dicen. con lo que hacen.
  • Poseen demasiado egoísmo.
  • Tienen un modo de ver las cosas que va en contra de la moral.
  • Etc.

Los padres pierden totalmente el concepto de credibilidad, que a priori la tienen que tener por derecho propio, cuando hablan sin conocimiento, sin verdad, sin respeto, sin elocuencia y sin pasión. Después ya no tiene remedio, para recuperar la credibilidad, si es que la tenían. La credibilidad es el escudo protector, para la educación de sus hijos y el éxito familiar presente y futuro. Tiene que estar soportada en la práctica y enseñanza de las virtudes y valores humanos.

Los padres tienen que intentar conseguir y mantener la credibilidad, día a día y por encima de todo, inclusive hasta la extenuación, pues es un valor imprescindible. No importa si otros ignorantes no les creen, el secreto está en mantenerla con respeto, confianza y tolerancia, de lo contrario su misión familiar se pierde, sobre todo en los momentos difíciles de la educación de los hijos.

¿Cómo elegimos pareja?: el mito de la media naranja

México D.F., Febrero 2014. IFO Colaboradores. Desde tiempos remotos, el hombre ha buscado vivir en pareja, conseguirla tenía un solo fin: la procreación. Esta situación delimitaba y facilitaba la búsqueda, ya que no era necesario cumplir con una serie de requisitos y expectativas estéticas y afectivas… ¡no existía la idea del “para  siempre”!

Hoy en día las cosas son un poco más complicadas, pues las teorías al respecto, todavía no alcanzan para explicar los complejos mecanismos y comportamientos que se generan cuando elegimos una pareja y menos, del por qué nos equivocamos al hacerlo.

“Aprendemos a conocer lo que llamamos AMOR  a través de la información que adquirimos en la vida: el comportamiento de nuestros padres, nuestras experiencias tempranas y las de los amigos nos llevan a construir un primer modelo, a formar nuestra idea de lo que debe ser una pareja”, comenta la Mtra. Ericka Juárez, psicóloga y especialista de TAD (THINK ·ACTION· DEVELOPMENT). Pero ¿Por qué nos equivocamos en la elección? Las razones pueden suelen ser diversas, pero una de las más frecuentes, es el afán de buscar nuestra “media naranja”.

El mito de la media naranja parte de la idea de buscar lo que nos complementa. Buscar a ese otro que nos hará felices. Lo que implica que no lo somos por nosotros mismos y que no nos sentimos completos –y quizá ni satisfechos- con lo que somos. Al respecto, la Mtra. Juárez explica: “Por ejemplo, si suelo no ser muy sociable, busco una pareja con mayores habilidades al respecto, lo que me permite socializar en distintos grupos, pero con el paso del tiempo, esa característica que hacia atractiva a la pareja, se puede volver la razón de los desacuerdos, pues llega un momento en que ya no resulta tan atractivo/divertido que todos los fines de semana haya una reunión a la cual acudir”. Para la especialista en terapia de parejas “no necesitamos buscar mitades, lo que debemos hacer es fortalecer el concepto que tenemos de nosotros mismos, aceptarnos tal como somos nos hará más libres de elegir a otro y aumentará nuestras probabilidades de vivir un amor más sano y sincero”.

La Familia como Bagatela

Por diversos motivos, el gobierno ha dado suma urgencia al proyecto de ley de Acuerdo de Vida en Pareja (AVP), sin percibir que se trata de una materia tan compleja, delicada y crucial, que sin exagerar, puede considerarse de la mayor trascendencia para un país.

En efecto, la experiencia más elemental nos dice que por regla general, las personas no viven solas, sino en familia: padre y madre (o al menos uno de ellos) e hijo(s), sean biológicos o adoptivos, y en no pocas veces, algún otro pariente. No sólo eso: también, sabemos perfectamente que es en estas familias donde prácticamente todos nos formamos como personas, al punto que somos lo que somos gracias a ellas. La familia es la ONG más grande del mundo y además, resulta insustituible: ni el Estado, con todo su poder y recursos, podría ni de lejos realizar su labor.

Así, es fácil darse cuenta que cuando hablamos de familia, debemos tener una visión social (no socialista) de las cosas, o si se prefiere, no individualista. Ello, no sólo porque aquí se fraguan las personas –ni más ni menos, nosotros mismos–, sino además, porque en buena medida, la familia es la principal razón para existir de la gran mayoría de las personas, porque sólo en ella se generan esos vínculos tan fuertes y profundos que hacen que uno tenga un real sentido de pertenencia, estabilidad y proyección.

Es por eso que desde hace milenios, la ley ha protegido esta institución natural, estableciendo derechos y deberes recíprocos mediante la normativa matrimonial. Ello no impide que los que no quieran acogerse a ella puedan simplemente convivir; pero la entrada para cobijarse bajo esta normativa existe, y actualmente, pese a los enormes males que ha traído, el divorcio facilita esta opción. Lo importante es darse cuenta que lo que señale la ley respecto de la familia, influirá a la postre –y mucho– en la vida de todos nosotros.

Ahora bien, si se pretende generar una institución paralela al matrimonio (el AVP) que establezca sus mismos derechos; un nuevo estado civil (que es algo así como el papel o rol que tengo frente a los demás en la sociedad), en este caso, el de “conviviente”; y al mismo tiempo, exima a la pareja de los deberes propios del matrimonio (como el de fidelidad, ni más ni menos), ¿qué se pretende conseguir?

De hecho, al ser más fácil de romper que nuestro ya liberal divorcio, un sujeto podría pasar en pocos años por varios estados civiles (casado, divorciado, conviviente, ex conviviente), dejando un reguero de desconsuelo y confusión a su paso: personas heridas, hijos abandonados y quién sabe qué más.

Esto, sin perjuicio de ser el AVP la puerta de entrada para el futuro matrimonio entre personas del mismo sexo con adopción de menores incluida.

¿Vamos a dejar que algo tan importante se debata entre bambalinas, como si se tratara de una bagatela?

 Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

1 2