Noli me tangere (parte I)

«La fe no es, como muchos creen, una confianza emocional; no es la creencia de que algo te va a pasar a ti; no es ni siquiera una voluntad de creer a pesar de las dificultades. Más bien la fe es la aceptación de una verdad por la autoridad de Dios revelador.» Mons. Fulton Sheen

En los primeros años el cristianismo conocía como único modo de dar la Sagrada Eucaristía a los fieles, el depositarla en las manos. Sin embargo, llegaría el tiempo en que sería consciente de una mayor reverencia al profundizar en la verdad del misterio y una mayor humildad, lo cual beneficio el hábito de depositarla en la lengua. En efecto, una costumbre debe ceder ante la profundización de la fe en el Misterio Eucarístico.

En la época reciente, la práctica de administrar la comunión en la mano fue introducida –léase bien- como un abuso litúrgico y teológico hacia el Santísimo Sacramento; se había extendido en países como Alemania, Bélgica, Holanda y Francia, en una clara indisciplina que venía precedida por problemas doctrinales con el misterio de la Sagrada Eucaristía. Ante ello, el Papa Paulo VI, concedió en 1968 un indulto solo a Alemania y Bélgica, el cual estaba sujeto a limitaciones; más tarde, ante las protestas suspendió la concesión ese mismo año.

Al año siguiente la Instrucción Memoriale Domini recogió el resultado de una consulta mundial hecha a los obispos, en el cual la mayoría aplastante se oponía a la introducción de ésta práctica abusiva. Dicha Instrucción no equipará jamás ambas formas de recibir la Sagrada Eucaristía, sino que considera la comunión en la lengua como la forma más apropiada de recepción. Tolera la comunión en la mano dando un indulto solo donde se habían cometido los abusos. Al mismo tiempo la Instrucción indicaba la necesidad de impartir una catequesis que destacara los méritos de recibir la Sagrada Comunión en la boca.

La problemática de dar la Comunión en la mano, no solo es litúrgica, sino también teológica, dado que la Eucaristía es el centro de nuestra religión. Ésta práctica expone al Santísimo a una infinidad de profanaciones; por tanto aludir a un pasado para defender la comunión en la mano es un gravísimo error; se trata de una involución, un retroceso que conlleva las más catastróficas consecuencias.

Entre éstas, se halla el hecho de que se reduce el respeto a la Sagrada Eucaristía, vulgarizando al tomarle como objeto y teniendo un dominio sobre la Sagrada forma, sobrepasando los límites que fija los deberes del culto de latría (que es debido solo a Dios). La caída de fragmentos, la profanación de las especies sagradas va unido a ésta práctica. Por si esto no fuera suficiente, le acompaña la deformada y abusiva costumbre de celebrar la Santa Misa como un banquete de alegría en la que se reúnen amigos; en lugar de celebrarla como lo que es: el sacrificio incruento de Cristo en la Santa Cruz.

Se argumenta en no pocos ambientes católicos o pseudocatólicos que a Dios lo que le importa es lo que tenemos en el corazón, Él ve las intenciones y no unas “anacrónicas” reglas y ritos que “matan” el amor en nosotros. Craso error. Debemos entender que nosotros no solo somos intenciones y sentimientos, sino también sentidos y actos, hablamos del culto externo. Yerra terriblemente quien prescinde de dicho culto pues ello no puede suprimirse jamás.

Hemos de recibir la Sagrada Eucaristía lo más consciente y amorosamente posible, con el debido estado de Gracia; el nuestro debe ser un amor que nos estimule a hacer todo lo posible para honrarlo y nunca un sentimentalismo o necedad que lo vulgariza y produce infinidad de profanaciones.

Así pues, el gesto externo habla de un correcto o deficiente respeto por lo sagrado, de un adecuado entendimiento o no, del Santísimo Sacramento. La Sagrada Eucaristía no es un símbolo, no es una galleta, no es un banquete; es la Presencia Real de Jesucristo, dogma de fe.

El ataque al centro de nuestra religión no es nuevo, los modernistas en su momento habían pedido a San Pío X autorización para comulgar de pie alegando que “Los israelitas comieron de pie el cordero pascual”, el Santo Padre les respondió: «El Cordero Pascual era tipo (símbolo, figura o promesa) de la Eucaristía. Pues bien, los símbolos y promesas se reciben de pie, más la realidad se recibe de rodillas y con amor”.

Así sea…

El Obispo Celestino Áos, el Masterplan y los abusos litúrgicos

Hace un par de meses era noticia que el Obispo Celestino Áos Bracco, de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, español radicado en Chile, negaba la Sagrada Comunión a los laicos que se arrodillaron. Era la Santa Misa Crismal del Jueves Santo en la Arquidiócesis de Santiago de Chile.

Cabe mencionar que la Instrucción Redemptionis Sacramentum preparada durante el pontificado de San Juan Pablo II, indica en el apartado 91: “…Así pues, no es lícito negar la sagrada Comunión a un fiel, por ejemplo, sólo por el hecho de querer recibir la Eucaristía arrodillado o de pie”.

Este abuso litúrgico es, por desgracia, practicado por varios sacerdotes, diáconos, seminaristas y ministros extraordinarios de la comunión. Rechazan las normas referentes a la liturgia; todo aquello que implique una regla es menospreciado para dar paso a la imaginación sobre lo que creen que debería hacerse en la administración de los sacramentos. Cuando se cometen abusos en materia litúrgica, se da paso a una paulatina pérdida del sentido de lo sagrado, una desacralización.

¿No lo cree? Piense en cuantas veces nos excusamos de seguir las normas litúrgicas con aquello de que “Dios no ve los ritos sino lo que está en nuestros corazones”; se adoptan las ideas más insensatas; se promulga una Iglesia sin jerarquías, sin dogmas, sin doctrina,… y a la postre sin Dios. Si bien, está permitido comulgar de pie y en la mano (esto último únicamente en ciertas Conferencias Episcopales y solo tolerado), el comulgar de rodillas y en boca es la forma más respetuosa de recepción del sacramento, dado que es señal de adoración y de reconocimiento de Dios.

Si usted encuentra excesivo o insignificante el gesto externo de comulgar de rodillas y en la boca, debo recordarle la existencia del Masterplan para destruir a la Iglesia Católica desde dentro. Un plan de la masonería que salió a la luz en 1973, el cual intenta atacar el dogma de la Eucaristía de forma paulatina, erradicando todo aquello que huela a sagrado: que la gente no se arrodille para la Comunión; que vea como cosa normal el tomar la Hostia con la mano, pues se trata de un “banquete” y por ende se de fomentar la “hermandad” con la palabra, el canto, el diálogo (como elementos principales). Desaparece el concepto de Sacrificio en la Santa Misa; que no se use bandeja para la Comunión, así que no importa si caen partículas al suelo,  étc. Este plan ataca también a la Santísima Virgen, a los Santos, las devociones como el Santo Rosario, conseguir que los sacerdotes se casen, étc. Confía en la acción de  1,300 marxistas introducidos en el Sacerdocio para horadarla desde sus entrañas.

La pregunta obligada es ¿cree usted en la presencia real de Nuestro Señor Jesucristo en la Eucaristía? Si su respuesta es afirmativa, entonces ¿por qué no se arrodilla?

Grave es la responsabilidad de los sacerdotes que por ignorancia, dolo o deficiente formación,  arrastran a otros a cometer abusos litúrgicos y a una desacralización cada vez mayor en sus parroquias y diócesis. Extienden la ignorancia en los fieles que, ávidos están de regirse por el corazón y los sentimientos antes que por una correcta disposición del alma y del cuerpo para comulgar dignamente.

En 2001, el entonces Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en su libro  “Introducción al Espíritu de la Liturgia” escribió el siguiente párrafo que debemos recordar:

“Existen ambientes, no poco influyentes, que intentan convencernos de que no hay necesidad de arrodillarse. Dicen que es un gesto que no se adapta a nuestra cultura (pero ¿cuál se adapta?); no es conveniente para el hombre maduro, que va al encuentro de Dios y se presenta erguido. (…) Puede ser que la cultura moderna no comprenda el gesto de arrodillarse, en la medida en que es una cultura que se ha alejado de la fe, y no conoce ya a aquel ante el que arrodillarse es el gesto adecuado, es más, interiormente necesario. Quien aprende a creer, aprende también a arrodillarse. Una fe o una liturgia que no conociese el acto de arrodillarse estaría enferma en un punto central.”

Esta es una batalla por la salvación de las almas…

Sin Dios no existe la verdad, ni el bien ni el mal: Benedicto XVI

El Papa Emérito, Benedicto XVI, con la expresa autorización del Papa Francisco, acaba de publicar un revelador documento, titulado: “La Iglesia y el escándalo del abuso sexual”. En el que aporta valiosos consejos y sugerencias para resolver esta dolorosa situación por la Iglesia está atravesando desde hace algunos años. Una de sus conclusiones es que la verdadera solución se encuentra en volver al amor Dios.

Considero que este importante documento de Benedicto XVI hay que leerlo con calma, sopesando cada una de sus frases, porque vierte muchos conceptos luminosos y brinda bastantes pistas para comprender mejor esta compleja problemática. Todo ello es resultado de su amplia experiencia pastoral, lo mismo que de sus análisis e investigaciones como un brillante teólogo de nuestra época.

Parte desde la revolución sexual de los años sesenta hasta lo que está ocurriendo actualmente en ciertos ambientes de la Iglesia. Todo este cambio radical del pensamiento y del sistema de valores, condujo a algunas personas a introducirse dentro de una mentalidad hedonista, manifestada en una afanosa y desbocada búsqueda “del placer por el placer mismo”.

El Papa Emérito realiza un espléndido diagnóstico en que resume el fenómeno de este convulsionado tiempo, cuando escribe: “Un mundo sin Dios solo puede ser un mundo sin significado. (…) En cualquier caso, no tiene propósito espiritual. De algún modo está simplemente allí y no tiene objetivo ni sentido. Entonces no hay estándares del bien ni del mal. La verdad no cuenta, en realidad no existe”.

Pero uno de los conceptos que más me impactaron es su afirmación de que detrás de todos los desórdenes sexuales dentro de la Iglesia Católica, en el trasfondo subyace una profunda crisis de fe. Porque hay teólogos que ya no creen en el mensaje de Jesucristo. Y comenta que en el Posconcilio se quiso crear una «nueva iglesia», algunos teólogos y clérigos realizaron el experimento, pero fracasaron.

Ante esa confusión doctrinal, el Papa Juan Pablo II, con ayuda del Cardenal Ratzinger y un equipo de expertos, elaboraron el Catecismo de la Iglesia Católica. Sin embargo, hubo quienes se opusieron a aceptar las verdades objetivas, universales y perennes, sobre todo en materia de moralidad.

Debido a ello, se publicó la encíclica «Veritatis Splendor» («El Esplendor de la Verdad») en la que se aclara –entre otros temas- que es equivocado pensar que la moral es relativa; meramente circunstancial, pasajera y efímera; en la que todas las conductas del actuar humano son concebidas dentro de una visión laxa y opinable (subjetivismo).

Como algunos teólogos no obedecieron ni fueron dóciles a este trascendental documento papal vino todo este estado de caos y anarquía, particularmente en materia de sexualidad. Y en su confusión, siguieron las teorías psiquiátricas de Sigmund Freud (Pansexualismo), Erich Fromm, Alfred. Adler, Wilhelm Reich, Carl Gustav Jung, y todo ello, mezclado con las doctrinas de Karl Marx, Friedrich Engels, del filósofo Herbert Marcuse (quien propone conjuntar las teorías de Freud con las de Marx), etc. El resultado fue esa combinación explosiva y devastadora que observamos en nuestros días.

Gracias a Dios, todo lo descrito no es una situación generalizada dentro de la Iglesia, sino que se reduce a puntos muy focalizados. En otras palabras, todo lo expuesto no nos debe llevar a una actitud pesimista y desesperanzada. En primer lugar, porque la Iglesia es Jesucristo presente entre los cristianos, el Cuerpo de Cristo, el Pueblo de Dios y Sacramento universal de Salvación y, además, durará por siempre. En segundo lugar, porque continuamente se está renovando y surgen en los cinco continentes numerosas vocaciones para la vida sacerdotal, religiosa, misionera y laical. Son miles de personas las que se convierten, encuentran a la Persona de Cristo y son bautizados. Se palpa a diario cómo la gracia de Dios fluye abundantemente y, a lo largo de su historia, la Iglesia ha superado todas sus crisis por muy acentuadas que hayan sido.

Una última reflexión. Es admirable que este Papa Emérito continúa velando por el bien de la Iglesia. Sigue siendo fiel y congruente a sus principios: ahondar en la verdad, con energía y determinación, aunque en ciertos sectores no sean bien recibidos sus documentos y despierten ciertas críticas. Pero, sin duda, estamos ante un Papa Emérito santo, valiente y sabio.

¿Qué podemos esperar de la cumbre anti-pederastia en el Vaticano?

Durante cuatro días, el Papa Francisco se reunió con obispos de todo el mundo, en el encuentro titulado “La protección de menores en la Iglesia”, para responder con firmeza al problema de abusos sexuales. Les ofrezco hoy unas guías para ver el impacto de esta reunión sinodal que tendrá en la Iglesia.

1. ¿Por qué reúne se el Papa con los obispos? La respuesta no es tan obvia. Ante un problema tan grave y de escala mundial, alguno quizá piense que el Pontífice reúne a los obispos para regañarlos o, tal vez, para darles órdenes imperiosas.

La clave para entender esta cumbre la explica muy bien el historiador inglés y biógrafo del Papa Francisco, Austin Iveriegh, quien explica que “para enfrentarse a una crisis de credibilidad que atañe a la vida y la misión de la Iglesia misma, el Papa no ha dictado normas y leyes, sino que ha convocado una asamblea sinodal”. (RC, 21 feb. 2019)

Se trata del “camino de la sinodalidad”, o sea, de la Iglesia que se reúne para escuchar y para discernir los temas que afectan a todos, pues esta la vía indicada por Francisco en 2015, cuando manifestó su convicción de que esta sinodalidad “es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”. (Ibidem).

2. Las víctimas son lo más importante. El encubrimiento de los culpables fue lo que dio pie a esta crisis global de la Iglesia. Durante décadas se mantuvieron en secreto estos crímenes, para no manchar a la Iglesia, dado que estos abusos los perpetraron unos pocos clérigos. Y en no pocos casos no se les creyó a las víctimas que denunciaron estos hechos.

Ahora la Iglesia ha rectificado y ha empezado por reconocer el dolor de las víctimas y pedirles perdón. Al inicio de la reunión, Francisco pidió a los obispos escuchar “el grito de los pequeños que piden justicia”, para “sanar las graves heridas del escándalo de la pederastia”.

Durante la primera reunión de esta cumbre, fueron proyectados en el aula sinodal los testimonios de cinco víctimas que sufrieron abusos de sacerdotes. Una de ellas contó que cuando hizo la denuncia, “me trataron como a un mentiroso”.

En esa misma jornada, el Papa Francisco saludó al polaco Marek Lisinski, víctima de abusos y creador de la organización “Ending Clerical Abuse” (ECA ,‘Para poner fin a los abusos del clero’). El Pontífice besó su mano como signo de perdón. (video)

3. Soluciones concretas. Desde Benedicto XVI se empezaron a dictar pautas de actuación ante estos casos, pero aún son un poco generales y no han tenido un alcance global. Por eso, Francisco ha pedido que en esta reunión se establezcan líneas muy claras.

En su breve discurso inaugural, el Pontífice dijo a los obispos y peritos: “El Pueblo santo de Dios nos mira y espera de nosotros, no solo simples y obvias condenas, sino disponer medidas concretas y efectivas. Es necesario concreción”.

Buscando esa concreción, el Papa entregó a los participantes una líneas de acción. Se trata de 21 puntos de reflexión, que Francisco elaboró tomando en cuenta las propuestas de las Conferencias episcopales de todo el mundo.

Los primeros siete puntos dan los pasos a seguir cuando se conoce un caso (escuchar a las víctimas, informar a las autoridades civiles, establecer protocolos, etc.). Los puntos 8, 9 y 10, se refieren a la atender y sanar las heridas de las víctimas.

El punto 11 trata sobre colaborar con los medios de comunicación para poder discernir los casos verdaderos de los falsos, evitando difamaciones. El n. 14 habla sobre el derecho a la defensa (la presunción de inocencia). Y el 15 pone a consideración que los obispos y sacerdotes culpables sean expulsados del ministerio.

Epílogo. Francisco, siguiendo la tarea de purificación iniciada por Benedicto XVI, está realizando una verdadera reforma en la Iglesia, y ha sido valiente para abordar un tema complicado y desafiar los encubrimientos.

Lo que podemos esperar de esta cumbre anti-pederastia es una auténtica purificación de la Iglesia, es decir, el reconocimiento de esta plaga con la finalidad de atender a las víctimas, castigar a los culpables y dar medidas concretas para evitar nuevos casos.

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Termina el “cisma” de la Iglesia en China

Luego de 60 años de conflicto entre el gobierno comunista chino y la Santa Sede, ambas partes llegan a un Acuerdo provisional sobre el nombramiento de obispos. Ofrecemos hoy un breve análisis para comprender el alcance de este pacto, que logra reunir de nuevo a los católicos chinos.

  1. El origen del problema. Después de la llegada del comunismo a China, el régimen consideró a Roma y al Papa como influencias externas al país, que podrían provocar desacuerdos con el gobierno. Por eso, el régimen creó la Asociación Católica Patriótica China en 1957, para coordinar a todos los obispos de ese país.

La situación se tornó crítica cuando esta Asociación nombró obispos sin el permiso de Roma y dando lugar a la llamada “Iglesia oficial”. Esos obispos automáticamente quedaron excomulgados, dando lugar a un cisma.

Esa mismo deseo de control directo del gobierno chino, más allá de las funciones legítimas de los poderes del Estado, hizo que apareciera el fenómeno de la “Iglesia clandestina”, que son las diócesis cuyos obispos está reconocidos por Roma pero no por el Gobierno, y por eso son perseguidos y arrestados.

  1. La solución provisional. Después de muchos años de pacientes negociaciones, el pasado día 22 de septiembre, la Santa Sede y la República Popular China alcanzaron un Acuerdo provisional, que tiene como núcleo el complicado tema del nombramiento de obispos.

El vocero del Vaticano, Greg Burke, señaló que “el objetivo del acuerdo no es político, sino pastoral, permitiendo a los fieles tener Obispos que estén en comunión con Roma y, al mismo tiempo, que sean reconocidos por las autoridades chinas”.

Este Acuerdo permitirá que desde ahora será el Papa quien nombre a los obispos chinos, como enfatizó Francisco en la conferencia de prensa en el vuelo de regreso del viaje a los países bálticos. Se tratará de un proceso en que el gobierno chino podrá proponer candidatos, que deberán ser aceptados o rechazados por el Papa.

  1. Una medida no fácil de entender. Desde comienzos de este años, cuando se rumoraba la firma de este acuerdo, algunos católicos chinos clandestinos, como el Card. Joseph Zen Ze-kiun, manifestaron que se sentían “abandonados” por la Santa Sede, a pesar de su resistencia a los embates del gobierno.

Por eso, Francisco dirigió una Carta a los católicos chinos, el pasado 26 de septiembre, en la que explica los motivos del Acuerdo. El Pontífice ahí manifiesta que es “consciente de que semejante torbellino de opiniones y consideraciones habrá provocado mucha confusión, originando en muchos corazones sentimientos encontrados”.

Añade que “en algunos, surgen dudas y perplejidad; otros, tienen la sensación de que han sido abandonados por la Santa Sede y, al mismo tiempo, se preguntan inquietos sobre el valor del sufrimiento vivido en fidelidad al Sucesor de Pedro”(n. 1).

Y, por eso, los invita a ellos y a toda la comunidad católica china a “permanecer unida, para superar las divisiones del pasado que tantos sufrimientos han provocado y lo siguen haciendo en el corazón de muchos pastores y fieles”. Y les pide “que todos los cristianos, sin distinción, hagan ahora gestos de reconciliación y de comunión” (n. 6).

Epílogo. En todo pacto de paz cada una de las partes pierde algo para poder ganar lo más grande, recordó el Papa Francisco, con motivo de este acuerdo. Aunque el “precio” fue caro (pedir a la Iglesia clandestina acoger a los obispos oficiales, gesto doloroso para los que tuvieron que resistir la persecución), la ganancia para la Iglesia fue muy grande: garantizar la comunión de todos los obispos chinos con la Santa Sede. Así ha desaparecido el cisma “de facto” que existía en la Iglesia católica china.

@FeyRazon   lfvaldes@gmail.com

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Tiempo de purificación

La profunda crisis por la cual atraviesa la Iglesia chilena está lejos de terminar, tanto por las denuncias que van apareciendo de tiempo en tiempo, como debido a que muchos adversarios suyos, que quisieran borrarla de la faz de la tierra, ven en esta situación una oportunidad ideal para hacer leña del árbol caído.

Por iguales motivos, quienes hasta ahora han visto en la Iglesia un instrumento para escalar socialmente o como una pantalla de idoneidad moral, pronto comenzarán a abandonarla, pues ninguna ventaja terrena podrán obtener de su adhesión interesada en estos momentos y podremos ver así realmente quién es quién dentro de ella. No faltarán incluso quienes se sumarán a las críticas y se convertirán así en los peores inquisidores.

Finalmente, esta crisis será el momento de muchos laicos “comprometidos”, que exigirán a la Iglesia todo tipo de reformas, desde la moralidad hasta los sacramentos. En fin, todo indica que el presente calvario continuará.

Sin embargo, y pese a la vergüenza y el dolor –tanto por la Iglesia como por las víctimas– que no puede dejar de producirle a todo auténtico católico la situación descrita, la anterior es una circunstancia propicia para que todos nosotros, los verdaderamente interesados en el bien de la Iglesia, hagamos una profunda reflexión como creyentes. Y la clave la dio el mismo Francisco, en la dura carta que dirigió a los obispos chilenos en Roma.

En efecto, la esencia del problema es una profunda crisis de fe, que hizo que muchos, incluidos varios prelados, pusieran como centro de su actividad a la Iglesia misma, indebidamente “terrenizada”, considerada lo más importante. Se olvidaron así de lo verdaderamente fundamental: Cristo, su fundador, cabeza y razón de ser.

Dicho de otra manera: esta “terrenización” de nuestra Iglesia se debe a que en buena medida, muchos olvidaron cuál es su misión fundamental, impostergable, al lado de la cual todo lo demás es añadidura: la salvación de las almas. Es esa y no otra su tarea principal: lograr que los hombres y mujeres de este mundo logren la bienaventuranza eterna.

Si lo anterior suena extraño, obsoleto o pasado de moda, ello es la mejor prueba de lo que estamos diciendo: que dentro de buena parte de la Iglesia, se perdió la brújula, se puso lo accesorio en el lugar de lo principal y se terminó cayendo en una auténtica idolatría, al adorar a ídolos (el poder, la imagen, los problemas sociales, etc.), no a Dios mismo.

Por tanto, y reiterando el profundo dolor que la actual situación produce y no puede dejar de producir a un auténtico católico, ella es una muy buena oportunidad para “ordenar la casa”, como se dice y asistidos por el Espíritu Santo y por María, poner realmente a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas.

Es, en suma, un doloroso pero necesario proceso de purificación, para soltar lastre y expulsar todas aquellas impurezas que han nublado nuestra visión y oscurecido nuestro juicio. Un tiempo para crecer en la tan necesaria humildad y volver a ser realmente instrumentos de Dios.

Pero para ello, es necesario que salga toda esta suciedad, toda esta miseria humana que tanto daño ha hecho, tal como es necesario que salga todo el pus de una herida para que ella, con la ayuda de Dios, realmente sane. Amén.

Max Silva Abbott
Doctor en Derecho
Profesor de Filosofía del Derecho
Universidad San Sebastián

¿Qué páginas web informan bien sobre el Papa?

Resulta cada vez más abundante la información distorsionada que se difunde prácticamente a diario sobre el Papa Francisco a través de algunos medios de comunicación. Por supuesto, no en todos, porque numerosos medios realizan una labor admirable, objetiva y positiva de difusión de la Voz del Sucesor de Pedro.

Pero no deja de ser sorprendente la grave desorientación que están causando esas falsas noticias, frases o supuestas declaraciones del Santo Padre que nunca dijo ni pronunció, no sólo me refiero a los lectores en general, sino dentro del ambiente de los mismos católicos, incluso entre quiénes son fervientes y practicantes.

Con frecuencia, esas personas preguntan: “Oye, ¿es verdad que el Papa ya permitió el aborto?”; “¿Es cierto que el Papa es comunista?”; “Dicen que el Santo Padre ya autorizó los matrimonios homosexuales, ¿es verdad?”; “Se afirma que Francisco es el ‘Anti-Papa’, ¿eso es cierto?”, etc.

Ante esa confusión informativa, recomiendo las siguientes páginas web:

1) Para saber lo que el Papa exactamente afirmó (y que nunca dijo, o al menos, no con ese matiz) lo mejor es ir a las fuentes. El boletín de prensa diario de la Santa Sede, recoge las palabras del Romano Pontífice. Los contenidos se publican primero en italiano y luego en las otras lenguas, entre ellas, español e inglés. Este portal se llama: http://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino.html

2) Similar al boletín es una nueva newsletter de http://www.vaticannews.va/es.html Está en español y en la parte de abajo de ese portal se ofrece la opción de suscribirse.

3) Un boletín de información sereno y equilibrado es: https://www.zenit.org/ (en español).

4) En inglés hay un órgano informativo profesional y generalmente bien orientado: https://cruxnow.com/

5) El blog http://www.iglesiaendirecto.com/ ofrece materiales de documentación interesantes para un lector que busca darle el contexto adecuado a las noticias.

6) Es también recomendable la página web: www.romereports.com que brinda videos e información escrita del día a día de la actividad pastoral del Santo Padre.

7) www.aciprensa.com ofrece información de gran actualidad sobre la Iglesia católica en Roma, México, el resto de los países de América Latina, así como del mundo entero. Sale al paso en muchos temas de debate eclesiales o morales.

8) Un contenido valioso presenta el portal www.comcatolicos.org. Elaborado por comunicadores católicos de nuestro país.

Considero que una labor importante de los católicos es dar a conocer a los familiares, colegas y amistades, páginas web con estas características, que no sólo informan, sino que forman criterio y ofrecen documentación segura, confiable y acertada sobre temas que son claves en la vida de la Iglesia y en la actividad pastoral del Romano Pontífice.

Lo que hay que saber sobre la revelación de Dios en la historia.

Manuel Ocampo Ponce
Universidad Panamericana, Guadalajara.

En el cristianismo, Dios tiene un plan de salvación para el hombre que ha manifestado en Cristo y que es dado a conocer a las naciones por medio de la predicación de la Iglesia. Es una verdad de la fe cristiana, que el hombre no puede acceder al plan de salvación de Dios si no es por la revelación. Por eso es fundamental para los cristianos, saber bien que el cristianismo es la religión revelada por Dios. El cristiano debe comprender que Cristo es Dios mismo en persona que se revela al hombre. Porque eso coloca al cristianismo en un lugar único en el contexto de las religiones. Es muy importante para los cristianos saber que la religión cristiana es la única religión cuya revelación se encarna en una Persona que se presenta como nuestro Salvador. (Hech 4, 12).

El cristiano ha de tener muy claro que Cristo no es un simple fundador de una religión más entre muchas, sino Dios mismo que se revela. El problema es que el hombre actual es un hombre que ha caído en la apostasía o negación de la fe, en el ateísmo, en la indiferencia, en la ignorancia y en la confusión. Es lo que se ha denominado el hombre pos-cristiano, que por eso ha caído en el vacío y en el sinsentido. El hombre pos-cristiano no quiere pensar para no enfrentarse a su vacío y se llena de cosas, de metas y de actividades para tapar su vacío. No tiene tiempo para saber de Dios ni para escucharlo.

Sin embargo, aunque el hombre no quiera verlo, es un hecho que sólo en Cristo, el hombre puede encontrar la plenitud y el sentido venciendo el mal y la muerte. Cristo es la única respuesta que puede sanar al hombre de su vacío existencial. Y es que, aunque todas las religiones surgen de la religiosidad intrínseca que forma parte del hombre, porque el ser humano naturalmente busca al Dios trascendente; el cristianismo no es una religión más, porque sólo el cristianismo es fruto de la intervención de Dios que sale al encuentro del hombre para salvarlo. Cristo libra al hombre del pecado y de la muerte y le otorga la filiación divina. Por eso sólo en Cristo el nombre puede encontrar la plenitud de su existencia.

De modo que, el cristiano debe saber que la revelación cristiana es histórica y progresiva y tiene su punto culminante en la encarnación del Verbo. Se trata de la historia de Dios que interviene para salvar y va expresando al hombre su designio de salvación. (Concilio Vaticano II DV 2). La revelación se hace a través de los testigos que son los profetas, Cristo y los apóstoles conectando íntimamente los hechos y las palabras que explican el sentido salvífico de los mismos hechos. (DV 2). Por eso se trata de una revelación progresiva, que comienza cuando Dios rompe el silencio con la elección de Abraham y culmina en Cristo (Hb 1,1). El cristiano debe tener muy claro que Cristo es la plenitud de la revelación de modo que la revelación es el misterio de Dios que se comunica al hombre en Cristo. De aquí que, dentro de la formación cristiana, el cristiano debe conocer dos cosas: el misterio de la salvación y la credibilidad de la intervención de Dios en la historia. O sea:

   1. La revelación en sí misma, considerando su contendido, sus etapas y sus modalidades, es decir, la naturaleza de la comunicación de Dios al hombre, que consiste en la teología de la palabra de Dios que se encuentra en las fuentes de la revelación, que son: la Sangrada Escritura y la Tradición tal como la Iglesia la presenta.

    2. La credibilidad de esa revelación que consiste en establecer y demostrar, antes que nada, que Cristo es el Hijo de Dios y fundador de la Iglesia que nos presenta el dogma y decreta los libros que son inspirados.

Como vemos estas dos cosas que el cristiano debe conocer, son una dogmática y otra apologética y, por lo tanto, requieren dos metodologías distintas. La primera que es la dogmática consiste en profundizar en la revelación, tal y como aparece en la Tradición y en la Sagrada Escritura interpretadas por la Iglesia (Esta presupone la fe en Cristo y en la Iglesia). Y la segunda, analiza la credibilidad de la revelación en Cristo y la fundación de la Iglesia desde una perspectiva histórico-crítica que prescinde de la fe y que funda la fe a partir de la razón histórica. O dicho de modo más sencillo, esta segunda, demuestra que Dios es el que ha revelado y por eso el cristiano cree en todo eso que ha revelado.

De modo que la fe es un don de Dios que se recibe por la gracia. Pero no se trata de una fe irracional, sino de una fe fundada en que la Iglesia demuestra que Dios es el Autor de la revelación. Y de ese modo, los cristianos creemos en todo lo que Dios ha revelado porque recibimos el don de la fe y porque sabemos que es el mismo Dios el que lo revela.

Francisco en Chile, ¿éxito o fracaso?

Francisco realizó una visita apostólica muy especial a una “Iglesia herida” por escándalos mediáticos, en la que ha disminuido la participación de los fieles. ¿Qué podía hacer el Papa para revitalizar a la Iglesia chilena?

1. Un viaje complicado. El cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado vaticano, declaró unos días antes de que el Papa Francisco comenzara su visita a Chile y Perú: “No va a ser un viaje fácil”.
Según la cadena alemana Deutsche Welle (DW), “los casos de pederastia y la incapacidad mostrada hasta ahora por la jerarquía católica para acabar con esta lacra han abierto una herida en la relación de muchos chilenos con la Iglesia”. (dw.com, 18 ene. 2018)

Otros analistas, en cambio, destacaron que la falta de entusiasmo por la visita fue generada por la política interna y por los partidos, “todos en crisis de credibilidad”, porque temían que el Papa mencionara el tema de la muy larga controversia entre Santiago y La Paz con respecto a la solicitud de esta última de una salida al Pacífico. (Vatican Insider, 3 ene. 2018)

2. Violencia contra la Iglesia. La visita del Papa generó protestas por parte de grupos laicos e indígenas, así como de víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes. El viernes 12 de enero, grupos no identificados atacaron cuatro iglesias católicas en Santiago de Chile y dejaron amenazas al papa Francisco.
Por su parte, las autoridades manifestaron su desacuerdo con los ataques. La Presidenta chilena, Michelle Bachelet, pidió que el Pontífice sea respetado, mientras que el Presidente electo, Sebastián Piñeira, pidió al pueblo recibir al Papa “con alegría y con paz”. (BBC.com, 12 ene. 2018)

3. Sintonía con la nueva generación. Fue muy llamativo que hubiera miles de jóvenes que participaron como voluntarios en la organización y desarrollo de la visita apostólica, pues antes del viaje papal los medios más bien parecían reflejar desinterés por parte de la juventud.
Francisco tuvo un evento masivo con los jóvenes, a los que se dirigió en términos muy usuales para ellos. Al hablarles de las dificultades de la vida, cuando se quedan “sin conexión” o cuando se quedan “sin batería”, les recordó cuál es “la contraseña” para conectarse Dios: hacerse la pregunta “¿qué haría Cristo en mi lugar?”

4. Por una Iglesia cercana a la gente. Un momento especial de la visita fue cuando el Papa manifestó su “dolor y la vergüenza ante el daño irreparable causado a niños por parte de los ministros de Iglesia”. Horas más tarde, el Pontífice se reunió en privado con varias de estas víctimas.
Al igual que en muchos países de mayoría católica, en Chile se suele confundir la Iglesia con la jerarquía (los obispos y sacerdotes) como si los fieles laicos no fueran parte de ella. Por eso, Francisco les recordó a los clérigos que no forman una élite, sino que ellos también son parte del santo Pueblo fiel de Dios.
El Pontífice explicó que la misión cristiana “es de toda la Iglesia y no del cura o del obispo”, y aclaró que los fieles laicos no peones, ni empleados de los sacerdotes, y que por eso no tienen que repetir como “loros” lo que dicen los miembros de la jerarquía.

Epílogo. Aunque algunos comentaristas atribuyen sólo a los obispos la lejanía entre las autoridades de la Iglesia chilena y la gente, en realidad, se trata de una crisis global de descristianización que también ha afectado a Chile.
A pesar de que algunos medios locales, basados sólo en la escaza asistencia a los eventos de Temuco e Iquique, consideran que ese viaje apostólico fue un fracaso, la aportación de Francisco a los católicos chilenos ha sido muy grande, pues les planteó una renovada visión de la relación de los obispos con los fieles y dio un nuevo impulso a los creyentes que pertenecen a la llamada generación digital.

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Algunas reflexiones sobre la visita del Papa Francisco a Chile y Perú

Manuel Ocampo Ponce

Universidad Panamericana, Guadalajara.

Intensos días de la visita del Papa a Chile y Perú. Países con contextos políticos y religiosos difíciles por el bajo porcentaje de católicos cuyas tasas están por debajo del 50% y por las dificultades de un mundo secularizado y hasta apóstata que se ha ido generalizando en occidente las últimas décadas. En ese contexto el Papa Francisco, ha acudido como peregrino de la alegría del Evangelio a llevar un mensaje de esperanza, de fe y de paz sin descuidar la caridad y la misericordia sobre todo con los más pobres.

Dentro de los motivos que se pueden atribuir a la baja de católicos en la región, se pueden mencionar, además de la secularización y la vida consumista y materialista con sistemas políticos y educativos que van en contra de los valores del Evangelio, la falta de formación de los bautizados para poder comprender el misterio de la Iglesia peregrina en la Tierra y que es santa, porque su fundador es el mismo Cristo y está asistida por el Espíritu Santo, pero compuesta por pecadores, que peregrinan en este mundo en el que el católico está en camino de santidad.

Otro de los motivos en que diferentes medios insisten, son los constantes escándalos producidos por las fallas de los católicos, sean laicos o ministros, aunadas a los sistemas políticos, económicos y educativos anticristianos, que han sido la causa de la disminución en el número de personas que se manifiestan católicas. Pero hay que ser conscientes de que muchos católicos, aun cuando recibieron la fe, el hecho de no tener los elementos y la formación necesaria para madurar esa fe y comprender el sentido sobrenatural de la Iglesia que está por encima de cualquier escándalo. Ha provocado que su fe se vea afectada. Y es que cuando la fe no se fundamenta adecuadamente, y no se cimienta sobre elementos sólidos, es fácil que se deteriore frente a cualquier ventisca.

No obstante, el Papa se presenta como mensajero de paz para reavivar la fe, que, aunque es un don que sólo Dios puede dar y que se recibe por medio del bautismo o por una gracia actual, la gracia de estado del pontífice y su buena disposición de reavivar la fe, son elementos importantes en la acción del Espíritu Santo sobre los bautizados y los llamados a reavivar su fe y llamados a la conversión. No podemos dejar de mencionar que, durante su pontificado, aunque el Papa Francisco ha sido muy contundente en no dejar impunes las agresiones de algunos fieles sobre todo ministros, a las víctimas de atropellos contra sus derechos humanos, no ha dejado de promover la necesidad de una formación en la Iglesia que recupere la importancia del perdón, la misericordia, la reconciliación y la vida de conversión como elementos fundamentales del cristianismo.

Por último, quisiera añadir, que para un análisis realmente objetivo de este contexto. Así como es importante reconocer las fallas de los bautizados de la Iglesia peregrina en camino de conversión y movernos hacia la promoción de una vida justa, también es preciso enfatizar que no todos los escándalos tienen un fundamento en la realidad, y que muchos de ellos son propiciados por personas que, aun cuando pueda parecer que tienen buena disposición, sus declaraciones difamatorias, injuriosas y en algunos casos hasta calumniosas, no siempre van con la intención de lograr la justicia y de favorecer y ayudar realmente a las víctimas y a los agresores, ni de evitar nuevas víctimas, sino a aprovechar el escándalo para agravar los problemas, destruir la labor evangelizadora de la Iglesia e incluso realizar la justicia por su propia mano por medio de actos de venganza, que destruyen la fe y la vida cristiana.

Esta es la razón por la que la Iglesia, que custodia la Verdad de Cristo y que has sido siempre promotora del verdadero bien del hombre y de sus derechos humanos, ha constituido un llamado constante a la conversión que consiste en el perdón y en la restitución del pecador para que vaya dando pasos por el camino de la santidad en lugar del camino de la marginación y la condenación. Porque es consciente de que Dios se vale de los más débiles y de los más pequeños para en su miseria mostrar la grandeza de su obra.

 

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