Francisco en Chile, ¿éxito o fracaso?

Francisco realizó una visita apostólica muy especial a una “Iglesia herida” por escándalos mediáticos, en la que ha disminuido la participación de los fieles. ¿Qué podía hacer el Papa para revitalizar a la Iglesia chilena?

1. Un viaje complicado. El cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado vaticano, declaró unos días antes de que el Papa Francisco comenzara su visita a Chile y Perú: “No va a ser un viaje fácil”.
Según la cadena alemana Deutsche Welle (DW), “los casos de pederastia y la incapacidad mostrada hasta ahora por la jerarquía católica para acabar con esta lacra han abierto una herida en la relación de muchos chilenos con la Iglesia”. (dw.com, 18 ene. 2018)

Otros analistas, en cambio, destacaron que la falta de entusiasmo por la visita fue generada por la política interna y por los partidos, “todos en crisis de credibilidad”, porque temían que el Papa mencionara el tema de la muy larga controversia entre Santiago y La Paz con respecto a la solicitud de esta última de una salida al Pacífico. (Vatican Insider, 3 ene. 2018)

2. Violencia contra la Iglesia. La visita del Papa generó protestas por parte de grupos laicos e indígenas, así como de víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes. El viernes 12 de enero, grupos no identificados atacaron cuatro iglesias católicas en Santiago de Chile y dejaron amenazas al papa Francisco.
Por su parte, las autoridades manifestaron su desacuerdo con los ataques. La Presidenta chilena, Michelle Bachelet, pidió que el Pontífice sea respetado, mientras que el Presidente electo, Sebastián Piñeira, pidió al pueblo recibir al Papa “con alegría y con paz”. (BBC.com, 12 ene. 2018)

3. Sintonía con la nueva generación. Fue muy llamativo que hubiera miles de jóvenes que participaron como voluntarios en la organización y desarrollo de la visita apostólica, pues antes del viaje papal los medios más bien parecían reflejar desinterés por parte de la juventud.
Francisco tuvo un evento masivo con los jóvenes, a los que se dirigió en términos muy usuales para ellos. Al hablarles de las dificultades de la vida, cuando se quedan “sin conexión” o cuando se quedan “sin batería”, les recordó cuál es “la contraseña” para conectarse Dios: hacerse la pregunta “¿qué haría Cristo en mi lugar?”

4. Por una Iglesia cercana a la gente. Un momento especial de la visita fue cuando el Papa manifestó su “dolor y la vergüenza ante el daño irreparable causado a niños por parte de los ministros de Iglesia”. Horas más tarde, el Pontífice se reunió en privado con varias de estas víctimas.
Al igual que en muchos países de mayoría católica, en Chile se suele confundir la Iglesia con la jerarquía (los obispos y sacerdotes) como si los fieles laicos no fueran parte de ella. Por eso, Francisco les recordó a los clérigos que no forman una élite, sino que ellos también son parte del santo Pueblo fiel de Dios.
El Pontífice explicó que la misión cristiana “es de toda la Iglesia y no del cura o del obispo”, y aclaró que los fieles laicos no peones, ni empleados de los sacerdotes, y que por eso no tienen que repetir como “loros” lo que dicen los miembros de la jerarquía.

Epílogo. Aunque algunos comentaristas atribuyen sólo a los obispos la lejanía entre las autoridades de la Iglesia chilena y la gente, en realidad, se trata de una crisis global de descristianización que también ha afectado a Chile.
A pesar de que algunos medios locales, basados sólo en la escaza asistencia a los eventos de Temuco e Iquique, consideran que ese viaje apostólico fue un fracaso, la aportación de Francisco a los católicos chilenos ha sido muy grande, pues les planteó una renovada visión de la relación de los obispos con los fieles y dio un nuevo impulso a los creyentes que pertenecen a la llamada generación digital.

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Algunas reflexiones sobre la visita del Papa Francisco a Chile y Perú

Manuel Ocampo Ponce

Universidad Panamericana, Guadalajara.

Intensos días de la visita del Papa a Chile y Perú. Países con contextos políticos y religiosos difíciles por el bajo porcentaje de católicos cuyas tasas están por debajo del 50% y por las dificultades de un mundo secularizado y hasta apóstata que se ha ido generalizando en occidente las últimas décadas. En ese contexto el Papa Francisco, ha acudido como peregrino de la alegría del Evangelio a llevar un mensaje de esperanza, de fe y de paz sin descuidar la caridad y la misericordia sobre todo con los más pobres.

Dentro de los motivos que se pueden atribuir a la baja de católicos en la región, se pueden mencionar, además de la secularización y la vida consumista y materialista con sistemas políticos y educativos que van en contra de los valores del Evangelio, la falta de formación de los bautizados para poder comprender el misterio de la Iglesia peregrina en la Tierra y que es santa, porque su fundador es el mismo Cristo y está asistida por el Espíritu Santo, pero compuesta por pecadores, que peregrinan en este mundo en el que el católico está en camino de santidad.

Otro de los motivos en que diferentes medios insisten, son los constantes escándalos producidos por las fallas de los católicos, sean laicos o ministros, aunadas a los sistemas políticos, económicos y educativos anticristianos, que han sido la causa de la disminución en el número de personas que se manifiestan católicas. Pero hay que ser conscientes de que muchos católicos, aun cuando recibieron la fe, el hecho de no tener los elementos y la formación necesaria para madurar esa fe y comprender el sentido sobrenatural de la Iglesia que está por encima de cualquier escándalo. Ha provocado que su fe se vea afectada. Y es que cuando la fe no se fundamenta adecuadamente, y no se cimienta sobre elementos sólidos, es fácil que se deteriore frente a cualquier ventisca.

No obstante, el Papa se presenta como mensajero de paz para reavivar la fe, que, aunque es un don que sólo Dios puede dar y que se recibe por medio del bautismo o por una gracia actual, la gracia de estado del pontífice y su buena disposición de reavivar la fe, son elementos importantes en la acción del Espíritu Santo sobre los bautizados y los llamados a reavivar su fe y llamados a la conversión. No podemos dejar de mencionar que, durante su pontificado, aunque el Papa Francisco ha sido muy contundente en no dejar impunes las agresiones de algunos fieles sobre todo ministros, a las víctimas de atropellos contra sus derechos humanos, no ha dejado de promover la necesidad de una formación en la Iglesia que recupere la importancia del perdón, la misericordia, la reconciliación y la vida de conversión como elementos fundamentales del cristianismo.

Por último, quisiera añadir, que para un análisis realmente objetivo de este contexto. Así como es importante reconocer las fallas de los bautizados de la Iglesia peregrina en camino de conversión y movernos hacia la promoción de una vida justa, también es preciso enfatizar que no todos los escándalos tienen un fundamento en la realidad, y que muchos de ellos son propiciados por personas que, aun cuando pueda parecer que tienen buena disposición, sus declaraciones difamatorias, injuriosas y en algunos casos hasta calumniosas, no siempre van con la intención de lograr la justicia y de favorecer y ayudar realmente a las víctimas y a los agresores, ni de evitar nuevas víctimas, sino a aprovechar el escándalo para agravar los problemas, destruir la labor evangelizadora de la Iglesia e incluso realizar la justicia por su propia mano por medio de actos de venganza, que destruyen la fe y la vida cristiana.

Esta es la razón por la que la Iglesia, que custodia la Verdad de Cristo y que has sido siempre promotora del verdadero bien del hombre y de sus derechos humanos, ha constituido un llamado constante a la conversión que consiste en el perdón y en la restitución del pecador para que vaya dando pasos por el camino de la santidad en lugar del camino de la marginación y la condenación. Porque es consciente de que Dios se vale de los más débiles y de los más pequeños para en su miseria mostrar la grandeza de su obra.

 

¿Por qué el Papa pide dejar prejuicios sobre Lutero?

A 500 años del inicio de la Reforma protestante, el Obispo de Roma pide superar prejuicios sobre Martín Lutero. ¿Cómo interpretar estas palabras? ¿El Papa le da la razón al reformador alemán?

1. Las palabras y su contexto. Generalmente, las frases sueltas son las que suscitan dificultades, pues se pueden tomar con un sentido diferente al que fueron dichas. En este caso, se trató de un discurso del Papa Francisco en el Vaticano a una delegación de la Federación Luterana Mundial, que representa a 72 millones de cristianos.

En su mensaje al presidente de esa federación, el arzobispo nigeriano Musa Panti Filibus, el Pontífice habló largamente de la oración, como “combustible de nuestro viaje a la plena unidad”, y explicó que el Espíritu Santo ha suscitado el camino ecuménico.

Y en ese contexto de oración y unidad, afirmó el Papa que ese mismo Espíritu “nos ha llevado a abandonar los antiguos prejuicios, como aquel sobre Martín Lutero y sobre la situación de la Iglesia en aquel periodo”. (Discurso, 7 dic. 2017)

2. ¿Qué quiso decir el Papa? Es importante valorar el alcance de la afirmación del Papa, porque algunos pretenden sacar de esas palabras una descalificación hacia el Pontífice, como si Francisco apoyara la Reforma en detrimento de la Iglesia católica.

En realidad, el Obispo de Roma reconoció que un principio superior a las dos confesiones es el que promueve la reconciliación: el Espíritu Santo. Se trata de un fenómeno sobrenatural, pues sólo una fuerza divina puede sanar las heridas producidas en cinco siglos de separación.

Francisco dio a entender así que acción divina se manifiesta en la superación de los prejuicios de ambas confesiones: tanto de parte católica, que ve a Lutero como un destructor malvado, como de la parte luterana, que enfatiza que la Iglesia católica del siglo XVI estaba totalmente corrompida.

Ciertamente, había problemas morales en la Iglesia de aquella época, pero a la vez, había bastante actividad de católicos comprometidos con la fe. De igual manera, Lutero no pretendía fundar una nueva Iglesia, sino purificar la existente, aunque su movimiento tomó un giro inesperado.

3. Una nueva visión del ecumenismo. En el mencionado discurso, el Papa dejó ver su paradigma sobre el modo de llegar a la unidad entre las diversas confesiones cristianas reformadas y la Iglesia católica.

Francisco retoma el tema de Juan Pablo II sobre “purificar la memoria”, o sea, reconocer los errores que se cometieron por parte de las dos confesiones. Desde ahí el Papa pide mirar al futuro sin “el peso de los contrastes y preconceptos del pasado”, para poder acoger los dones que provienen de las diversas tradiciones confesionales y “acogerlos como patrimonio común”.

Además, el Papa quiere superar “las heridas del pasado”, porque hay una realidad común de origen sobrenatural que es más fuerte: el Bautismo. Como el bautismo nos ha hecho hijos de Dios, nos ha convertido en hermanos y, por eso, “nunca más podemos permitirnos ser adversarios o rivales”, concluyó.

Epílogo. Francisco es un gran continuador del movimiento ecuménico que inició con Pablo VI en 1967. El Papa argentino sabe que la unidad no se va a lograr únicamente por la vía doctrinal, pues cinco siglos de disputas teológicas no lo consiguieron. Sin cambiar nada el contenido de la fe, el Pontífice busca que católicos y luteranos retomen la vía sobrenatural –la oración y la fraternidad bautismal– para “caminar juntos” hacia el milagro de la unidad completa.

 

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El más difícil viaje del Papa

Francisco acudió a Myanmar a defender a una minoría musulmana, atacada y desplazada. Pero, ¿cómo podía el Papa defender a los rohinyás y, a la vez, mantener la buena relación con el gobierno birmano y la mayoría budista que niegan esta crisis?

1. La crisis de los rohinyás. La etnia musulmana rohinyá habita en Arakan, al occidente de Myanmar (antes Birmania), país de mayoría budista. Según Amnistía Internacional, esta minoría ha sufrido violaciones a sus derechos humanos bajo la Junta birmana, desde 1978, por su oposición a la formación de un estado budista en Birmania, y como resultado muchos han huido a la vecina Bangladés.

Los budistas radicales afirman que los rohinyás no son birmanos, porque llegaron ilegalmente cuando el país era colonia inglesa, los acusan de no coexistir en paz y de querer imponer la ‘sharia’ (la ley islámica). El gobierno ha recluido a más de 140 mil personas en el gueto de Aungmingalar.

Como respuesta, desde octubre de 2016, grupos terroristas musulmanes en esa zona han atacado a civiles y militares. El ataque más sangriento ocurrió el pasado 25 de agosto. Por las represalias del ejercito a ese hecho, alrededor de 640 mil rohinyás huyeron al sur de Bangladesh. Según la ONU, se trata de una “limpieza étnica” (El País, 13 sep. 2017). Suman ya un millón los rohinyás desplazados en Bangladés.

2. Dificultades políticas del viaje papal. Con tiempo, el cardenal de Myanmar le advirtió al Papa que utilizara la palabra “rohinyás”, porque esto podría acarrear consecuencias para la minoría católica del país.

Esto es algo más que no utilizar una palabra incómoda. Más bien, como el gobierno local no quiere aceptar que existe una represión militar contra esa minoría ética, mencionar ese término equivaldría a denunciar la represión en su propia cara.

3. Una solución ingeniosa. Francisco, que desde el conflicto de agosto había expresado públicamente su preocupación por los desplazados, no podía ahora mencionar abiertamente el tema en tierras birmanas. Pero lo que sí pudo hacer fue dirigir mensajes en los que invitó a las autoridades a vivir la justicia y a los líderes religiosos a convivir en paz.

A los dirigentes de la sociedad civil de ese país, el Pontífice les pidió a los que pidió dejar a un lado las diferencias porque crean división, y los exhortó a respetar a las diferentes etnias del país.

Después, cuando habló de las diferentes confesiones religiosas, Francisco afirmó que éstas “no deben ser una fuente de división y desconfianza, sino más bien un impulso para la unidad, el perdón, la tolerancia y una sabia construcción de la nación”. (ACI, 28 nov. 2017)

Y, como colofón, el Papa viajó al vecino país de Bangladés, que ha acogido a los desplazados, y desde ahí lanzó una llamada a la comunidad internacional para que ayudé a los refugiados, aunque evitó utilizar el término “rohinyás”.

Epílogo. Francisco asumió el riesgo de una visita complicada, que podía generar un conflicto diplomático con el gobierno de Myanmar y romper la armonía con los líderes budistas. Pero la misión del Papa lo ameritaba, pues el Papa quería defender los derechos humanos de una minoría maltratada y, a la vez, necesitaba recordarles a los líderes espirituales el verdadero papel de las religiones, que están para fomentar la paz y la unidad.

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Francisco: el mundo está en guerra

     El Papa insiste en que vivimos una guerra mundial por fragmentos repartidos por el planeta. Como un nuevo profeta, Francisco advierte que la guerra nos destruye a todos, también a nosotros.

   1. Día de difuntos con el Papa. Este año, el Santo Padre tuvo dos eventos con motivo de la Conmemoración de todos los fieles difuntos (2. nov.). Primero, celebró la Santa Misa en sufragio por los caídos de todas las guerras, en el Cementerio Americano de Neptuno, cerca de Roma. Y después tuvo un Momento de oración en el Mausoleo de las Fosas Ardeatinas (Roma) por las víctimas de la masacre ordenada por Hitler el 24 de marzo de 1944.

     Francisco explicó el significado de estos gestos: “Las guerras no producen nada más que cementerios y muerte: es por ello que he querido dar este signo en un momento en el que nuestra humanidad parece que no ha aprendido la lección o no la quiere aprender”. (News.va, 1 nov. 2017)

   2. La guerra no soluciona nada. Francisco visitó el Cementerio Americano Sicilia-Roma que custodia los restos de 7,861 soldados y enfermeras norteamericanos, caídos durante la II Guerra Mundial. Se trata de jóvenes que perdieron la vida entre 1943 y 1944 durante la liberación de Sicilia y la batalla de Anzio, con la que Roma fue liberada.

     En la homilía, el Papa recordó que, a lo largo de la Historia, muchos han pensado que la guerra habría resuelto sus problemas; pero que, sin embargo, la guerra sólo trajo un infierno de pérdidas y dolor. E insistió que actualmente hay una guerra a trozos en el mundo, que se está extendiendo cada vez más.

    El Pontífice explicó también que “los hombres hacen de todo para declarar y hacer la guerra. Y al final, se destruyen a sí mismos. Esto es guerra: la destrucción de nosotros mismos”. Y añadió en tono de denuncia que hoy “el mundo de nuevo está en guerra y se prepara para estar en guerra con más fuerza” y advirtió que “con la guerra, todo se pierde”. (Rome reports, 2 nov. 2017)

   3. Las guerras sólo dan frutos de odio y muerte. Por la tarde del Día de difuntos, Francisco visitó las Fosas Ardeatinas, pues en este lugar a las afueras de Roma, en 1944, el ejército nazi ejecutó a 335 personas. Fue una represalia ordenada por el propio Hitler como respuesta al ataque de los partisanos contra 31 soldados nazis. Hitler ordenó que se asesinara al menos a 10 civiles italianos por cada soldado del Reich.

     El Papa estuvo en el sitio donde en grupos de cinco, los nazis iban asesinando a sus víctimas de un tiro en la nuca. Ahí fueron asesinados 68 militares y 255 civiles; de ellos, 73 eran judíos. Allí el Pontífice depositó una rosa blanca en algunas de las sepulturas y caminó en silencio.

     Al terminar, Francisco firmó en el libro de honor del mausoleo, en el que dejó un mensaje importante para la paz del mundo, pues señala que “estos son los frutos de la guerra: odio, muerte y venganza”, y concluye con una petición: “Perdónanos, Señor”. (Rome reports, 2 nov. 2017)

   Epílogo. Francisco ha escogido un lugar icónico de la II Guerra Mundial para lanzar un mensaje válido para nuestra época. Aunque los puntos de combate estén localizados en unos pocos países, en realidad, afectan a todo el mundo, y por eso constituyen una “guerra mundial a pedazos”. Nos hemos acostumbrado a vivir rodeados de conflictos bélicos, pero estos siguen siendo la causa de destrucción, tristeza e injusticia. ¡No más guerras!

   Pero no podemos hablar de la guerra como si fuera un mero dato histórico. Por eso, ante todo, ofrecemos una oración sincera por todas las víctimas de las guerras, de ayer y de hoy, junto con una plegaria por el consuelo de sus deudos.

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El Papa y la pena de muerte

Luis-Fernando Valdés

   En el itinerario hacia la abolición global de la pena de muerte, el Papa Francisco ha dado un paso muy grande: ha sugerido que se modifiquen las ambigüedades del Catecismo de la Iglesia Católica sobre la pena capital.

   1. Una pesada herencia doctrinal. Aunque los últimos Pontífices han pedido constantemente a las naciones que sea abolida la pena de muerte, es un hecho histórico que durante siglos algunos papas han justificado la ejecución capital.

    Esta doctrina pontificia se basaba en un principio moral: que el derecho a la “legítima defensa” permitiría eliminar a un “injusto agresor”. Y con el paso de los siglos está postura se incorporó como parte de la Doctrina oficial de la Iglesia, e incluso fue incluida en la primera edición del Catecismo de la Iglesia Católica (1992).

   2. La lucha abolicionista de Juan Pablo II. El Papa polaco publicó la encíclica “Evangelium Vitae” en 1995, y dio un giro en este tema, al afirmar que los casos en los que se necesitara suprimir al agresor “son ya muy raros, si no es que prácticamente inexistentes” (n. 56).

   Esto llevó una nueva formulación en la segunda versión del Catecismo, en 1998. Y, en la Exhortación “Ecclesia in América” (1999), Juan Pablo II escribió que una sociedad que emplea la pena de muerte “lleva la impronta de la cultura de la muerte y se opone al mensaje evangélico” (n. 63). (Cfr. La Croix, 4 ene. 2007)

   3. Los argumentos de Francisco. El Papa argentino ha manifestado el rechazo total a la pena de muerte por ser una “ofensa a la inviolabilidad de la vida y a la dignidad de la persona humana que contradice el designio de Dios sobre el hombre y la sociedad y su justicia misericordiosa”.

   En 2015, ante un grupo de juristas, el Pontífice refutó que las doctrinas del “injusto agresor” y la “legítima defensa” se pudieran aplicar a los presos. Afirmó que los presupuestos de la legítima defensa personal no son aplicables al medio social, sin riesgo de tergiversación, porque “cuando se aplica la pena de muerte, se mata a personas no por agresiones actuales, sino por daños cometidos en el pasado”.

   Y añadió que tales casos, la pena capital “se aplica, además, a personas cuya capacidad de dañar no es actual, sino que ya ha sido neutralizada, y que se encuentran privadas de su libertad”. Por eso, dijo, “hoy en día la pena de muerte es inadmisible, por cuanto grave haya sido el delito del condenado”. (Discurso, 20 mar. 2015)

   4. Una posible modificación al Catecismo. En un reciente encuentro sobre los 25 años del Catecismo, Francisco explicó algunas de sus claves de comprensión, como la necesidad de dar luces a cada época y leerlo siempre desde el amor que nos ha revelado Jesucristo.

   El Papa mismo aplicó estos principios a la doctrina sobre la pena de muerte, y señaló que esa enseñanza no debe reducirse al “mero recuerdo de un principio histórico”, sino que tiene que tomar en cuenta “el progreso de la doctrina llevado a cabo por los últimos Pontífices” y la conciencia del pueblo cristiano que rechaza la ejecución capital.

   Francisco reconoció que “en el Estado Pontificio se acudió a este medio extremo e inhumano, descuidando el primado de la misericordia sobre la justicia”. Y añadió: “asumimos la responsabilidad por el pasado, y reconocemos que estos medios fueron impuestos por una mentalidad más legalista que cristiana”.

   El mensaje del Papa fue claro: dejar atrás aquella pasada visión favorable a la pena de muerte, porque hoy día “a nadie se le puede quitar la vida ni la posibilidad de una redención moral y existencial que redunde en favor de la comunidad”. (Discurso, 11 octubre 2017)

   Epílogo. Francisco nos da una gran lección, la de admitir con humildad que, en ocasiones, los condicionamientos sociales de una época de la historia han prevalecido sobre la auténtica doctrina del Evangelio, como el caso de la pena de muerte. Francisco nos impulsa así a recuperar en profundidad el auténtico mensaje evangélico de amar y defender la vida desde su concepción hasta su fin natural.

 

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Un optimista mensaje del Papa para la próxima Jornada Mundial de la Juventud

El próximo 2019, la Jornada Mundial de la Juventud se llevará a cabo en Panamá. Con este motivo el Santo Padre les ha escrito a los jóvenes una valiosa carta llena de entusiasmo, alegría, optimismo y con un aspecto particularmente destacado: todo este mensaje gira alrededor del ejemplo de la vida de la Santísima Virgen María.

Comenta el Romano Pontífice que en cuanto Santa María se enteró por Arcángel San Gabriel que su prima Santa Isabel estaba embarazada y en espera del nacimiento de San Juan Bautista, ella tomó la iniciativa y recorrió a pie una larga distancia (150 kilómetros) para cuidar y atenderla durante tres meses. María “no es una joven-sofá”, que hubiese permanecido cómoda y tranquilamente en su casa, sino que los Evangelios nos revelan su gran amor a Dios traducido en el deseo de servir a los demás.

Luego el Papa pasa a considerar la vocación que el Señor puede suscitar en jóvenes: “Cuando Dios toca el corazón de un joven o una joven, se vuelven capaces de grandes obras. (…) En el momento en que (Jesús) nos llama, Él está mirando todo lo que podríamos dar, todo el amor que somos capaces de ofrecer”. Y añade que como la Virgen María muchos jóvenes podrían ser instrumentos del Señor para mejorar el mundo y para ello se requiere generosidad en la correspondencia al Llamado Divino y así dejar una huella en la historia.

Luego les habla a los jóvenes en el lenguaje al que están acostumbrados, en términos cibernéticos: “Nuestros recuerdos no deben quedar amontonados como la memoria en el disco duro. Y no se puede almacenar todo en una ‘nube’ virtual”. Señala que se requiere reflexionar sobre el pasado para vivir el presente y proyectar el futuro en sus vidas y en la entera sociedad para llevar la Luz de Cristo.

“En las ‘redes sociales’ –continúa- aparecen muchos rostros de jóvenes en multitud de fotografías que hablan de hechos más o menos reales, pero no sabemos cuánto de todo es ‘historia’, una experiencia que pueda ser narrada, que tenga una finalidad y sentido. Los programas de televisión están llenos de los así llamados ‘reality show’, pero no son historias reales, son sólo minutos que corren delante de una cámara, en los que los jóvenes viven al día, sin un proyecto”. Y añade que no se deben dejar engañar por esa falsa imagen de la realidad sino que cada uno debe de ser protagonista de su propia historia, darle un sentido trascendente a su existencia y decidir libremente sobre su futuro.

Concluye el Papa Francisco animando a los jóvenes a ser fieles a su vocación de cristianos, a tener creatividad e ingenio para construir tiempos nuevos y llevar a Cristo a todas las encrucijadas del mundo, acudiendo a la intercesión de la Virgen María y encomendando a ella todas las alegrías, inquietudes y preocupaciones, a la vez que teniendo una familiaridad y amistad con Nuestra Señora.

22 de febrero: día de la fidelidad al Romano Pontífice

El 22 de febrero se celebra en la Iglesia la Cátedra de San Pedro. Es la fiesta en que los católicos nos unimos firmemente en torno a la figura del Papa para secundar con fidelidad sus enseñanzas y su Magisterio porque él es el Sucesor de San Pedro.

Jesucristo vino a este mundo para redimirnos mediante su Pasión, Muerte y Resurrección, y de esta forma, abrirnos las puertas del Cielo. En su pasó por la tierra se mostró como el Mesías esperado de las naciones; realizó los prodigios y milagros que los profetas anunciaron y vino también para fundar una Iglesia, que sería el mejor testimonio de que Cristo está presente entre los cristianos.

Pero un aspecto fundamental era el nombramiento de su representante directo en la tierra, cuando Jesús ascendiera a los Cielos. Y el Señor eligió a San Pedro como su Cabeza Visible; el que haría sus veces como su Vicario. Por ello, fue un querer divino que este ministerio petrino se extendiera a través de los siglos con la elección sucesiva de los Romanos Pontífices.

Ya desde el siglo III, San Cipriano escribía: “Se da a Pedro el primado para mostrar que es una la Iglesia de Cristo y una la Cátedra”, es decir, el Magisterio y el gobierno. Y para recalcar más la unidad añadía: “Dios es uno, uno es el Señor, una es la Iglesia y una es la Cátedra fundada por Cristo”.

Sabemos por fe, que es el Espíritu Santo quien gobierna a su Iglesia a través de su Vicario en la tierra, el Santo Padre. Y con esta fiesta se ha querido realzar y señalar el episcopado del Príncipe de los Apóstoles, su potestad jerárquica y magisterio en la urbe de Roma y por todo el orbe.

Esta fiesta nos recuerda a todos los católicos, la obediencia y el gran amor que profesamos al que hace las veces de Cristo en la tierra, “al dulce Cristo en la tierra” como acostumbraba decir Santa Catalina de Siena, quien amó con obras y de verdad a la Iglesia y al Romano Pontífice en tiempos particularmente turbulentos.

El amor al Papa Francisco es señal cierta de nuestro amor al Cristo. Y este amor y veneración se han de poner de manifiesto en la petición diaria por su persona y por sus intenciones. La fiesta de hoy nos ofrece, también, una oportunidad más para manifestar nuestra filial adhesión a las enseñanzas del Santo Padre, a su Magisterio y hacer un examen personal sobre con qué interés nos mantenemos informados de lo que el Papa va predicando en sus encíclicas, exhortaciones apostólicas, homilías, documentos, escritos, alocuciones, etc. y, sobre todo, llevar a la práctica esas enseñanzas.

¡Qué duro debe ser el peso que grava sobre el Papa en el gobierno universal de toda la Iglesia! Sin duda que se deberá de enterar de todas las buenas noticias pero también de las malas, algunas de ellas particularmente dolorosas. Y ello nos debe animar a venerarle, a quererle con verdadero afecto y ayudarle con la oración. San Josemaría Escrivá de Balaguer escribía: “Ama, venera, reza, mortifícate -cada día con más cariño- por el Romano Pontífice, piedra basilar de la Iglesia, que prolonga entre todos los hombres, a lo largo de los siglos y hasta el final de los tiempos, aquella labor de santificación que Jesús confió a Pedro” (Forja, números 134 y 136).

Sinfonía de amor conyugal

En su reciente documento postsinodal del Papa Francisco, titulado: “La Alegría del amor. Sobre el Amor en la Familia”, el Santo Padre redacta un bello texto que es como una sinfonía del amor entre los cónyuges para conseguir su felicidad en el matrimonio y enttre los miembros de la familia.

Tiene como punto de partida ese profundo y elocuente escrito de San Pablo, comúnmente llamado el “Himno de la Caridad (o del Amor)” y dice así: “El amor es paciente,/ es servicial;/ el amor no tiene envidia,/ no hace alarde,/ no es arrogante,/ no obra con dureza,/ no busca su propio interés,/ no se irrita,/ no lleva cuentas del mal,/ no se alegra de la injusticia,/ sino que goza con la verdad./ Todo lo disculpa, / todo lo cree,/ todo lo espera, / todo lo soporta” (Primera Carta a los Colosenses 13, 4-7).

Y a continuación el Romano Pontífice brinda magníficos consejos para los esposos y las familias, desglosando las frases antes citadas. Comenta en que no se puede pretender que las personas sean “perfectas” sino que hay que aprender a quererlas, también, con sus defectos y limitaciones. Hay que tener “una profunda compasión” acerca de cómo son los demas para comprenderlos, perdonarlos y disculparlos, en vez de reaccionar con venganza o agresividad.

Amar, dice el Papa, no sólo significa “querer al otro cónyuge” y a los hijos sino también “procurarles y hacerles el bien”, servirles y llenarles de detalles de cariño y afecto de tal manera que se contribuya a hacer más agradable la convivencia.

El escritor inglés, C. S. Lewis, autor de “Las Crónicas de Narnia” y “Cartas del diablo a su sobrino”, entre otras muchcas obras, señala en ésta última que parte de la acción diabólica -a simple vista imperceptible, pero muy eficaz- es sembrar entre los miembros de una familia: pequeñas envidias, discordias, divisiones, roces, fricciones, antipatías, etc. Así, una familia que podría ser plena y feliz, sus miembros se llenan de amargura, rencor y resentimiento cuando se gira en “la órbita del yo”, esto es, del marcado egoísmo. Por ello, el Papa Francisco propone alegrarse de todo corazón ante los logros y éxitos -pequeños o grandes- de los que convivimos cotidianamente.

Otras recomendaciones del Santo Padre son: ser siempre amables y vivir las finas normas de urbanidad y cortesía en la familia. No hay porqué descuidarlas con el paso del tiempo ni caer en un mal “acostumbramiento” provocado por la rutina o el abandono. También anima a las familias a no dejarse llevar por el mal humor y los reacciones bruscas o ásperas en la convivencia diaria, sino a “meter el lubricante de la caridad” para que el amor y el perdón siempre triunfen.

En todo trato humano indudablemente que existen aspectos que pueden costar o resultar arduos, pero debe imperar la paciencia, la tolerancia y la comprensión hacia los demás porque el verdadero amor “lo soporta todo”.

Concluye el Papa Francisco afirmando que cada familia debe ser un remanso de paz y de alegría. Con ese buen humor y esa mutua comprensión será más fácil que el gozo y la alegría de Dios reine en el centro de los hogares.

6 citas de Francisco en Amoris Laetitia que denuncian la ideología de género y su presión política.

Fuente: Religionenlibertad

Algunos textos del Papa Francisco en Amoris Laetitia tratan sobre la ideología de género (a la que llama «gender», como se la denomina en Italia), sobre la aceptación del propio cuerpo (frente al uso ideológico de los sentimientos transexuales), sobre la sexualidad despersonalizada, y sobre las legislaciones que deconstruyen jurídicamente la familia. Especifica incluso que los poderes políticos presionan a las iglesias locales para intentar obligarlas a aceptar esta ideología.

Destacamos 6 párrafos que tratan estos temas en la Exhortación Apostólica Postsinodal Amoris Laetitia firmada por el Papa Francisco.

1. Número 53: “Avanza en muchos países una deconstrucción jurídica de la familia que tiende a adoptar formas basadas casi exclusivamente en el paradigma de la autonomía de la voluntad”.

2. Número 56: “Otro desafío surge de diversas formas de una ideología, genéricamente llamada gender, que «niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer. La identidad humana viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el tiempo»”.

“No caigamos en el pecado de pretender sustituir al Creador. Somos criaturas, no somos omnipotentes. Lo creado nos precede y debe ser recibido como don. Al mismo tiempo, somos llamados a custodiar nuestra humanidad, y eso significa ante todo aceptarla y respetarla como ha sido creada”.

3. Número 153: “No podemos ignorar que muchas veces la sexualidad se despersonaliza y también se llena de patologías, de tal modo que «pasa a ser cada vez más ocasión e instrumento de afirmación del propio yo y de satisfacción egoísta de los propios deseos e instintos»”.

“¿Acaso se pueden ignorar o disimular las constantes formas de dominio, prepotencia, abuso, perversión y violencia sexual, que son producto de una desviación del significado de la sexualidad y que sepultan la dignidad de los demás y el llamado al amor debajo de una oscura búsqueda de sí mismo?”.

4. Número 155: “En la lógica del dominio, el dominador también termina negando su propia dignidad, y en definitiva deja «de identificarse subjetivamente con el propio cuerpo», ya que le quita todo significado”.

5. Número 251: “Es inaceptable que las iglesias locales sufran presiones en esta materia”.

6. Número 285: “Más allá de las comprensibles dificultades que cada uno pueda vivir, hay que ayudar a aceptar el propio cuerpo tal como ha sido creado, porque «una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica a veces sutil de dominio sobre la creación […] También la valoración del propio cuerpo en su femineidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente. De este modo es posible aceptar gozosamente el don específico del otro o de la otra, obra del Dios creador, y enriquecerse recíprocamente». Sólo perdiéndole el miedo a la diferencia, uno puede terminar de liberarse de la inmanencia del propio ser y del embeleso por sí mismo.La educación sexual debe ayudar a aceptar el propio cuerpo, de manera que la persona no pretenda «cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma»”.

Lo que Francisco decía en Laudato Si´
No es la primera vez que el Papa Francisco aborda estos temas, y ya lo hizo en su encíclica sobre la ecología humana, la Carta Encíclica Laudato Si’. Allí afirmaba:

Número 115: “Si el ser humano no redescubre su verdadero lugar, se entiende mal a sí mismo y termina contradiciendo su propia realidad: «No sólo la tierra ha sido dada por Dios al hombre, el cual debe usarla respetando la intención originaria de que es un bien, según la cual le ha sido dada; incluso el hombre es para sí mismo un don de Dios y, por tanto, debe respetar la estructura natural y moral de la que ha sido dotado»”.

Número 155: “La ecología humana implica también algo muy hondo: la necesaria relación de la vida del ser humano con la ley moral escrita en su propia naturaleza, necesaria para poder crear un ambiente más digno. Decía Benedicto XVI que existe una «ecología del hombre» porque «también el hombre posee una naturaleza que él debe respetar y que no puede manipular a su antojo».

En esta línea, cabe reconocer que nuestro propio cuerpo nos sitúa en una relación directa con el ambiente y con los demás seres vivientes. La aceptación del propio cuerpo como don de Dios es necesaria para acoger y aceptar el mundo entero como regalo del Padre y casa común, mientras una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica a veces sutil de dominio sobre la creación. Aprender a recibir el propio cuerpo, a cuidarlo y a respetar sus significados, es esencial para una verdadera ecología humana. También la valoración del propio cuerpo en su femineidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente. De este modo es posible aceptar gozosamente el don específico del otro o de la otra, obra del Dios creador, y enriquecerse recíprocamente. Por lo tanto, no es sana una actitud que pretenda «cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma»”.

El corto Modern Educayshun parecía exagerado… pero se queda corto ante algunas leyes posteriores de ideología gender o de género, como las que han aprobado en la comunidad de Madrid, la catalana y otras autonomías españolas.

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