Sonríe y los demás la gozarán contigo

Considero que ante la actual situación económica y social por la que atraviesa el país, me parece oportuno exponer este animante y valioso tema.

Cuando una persona rebosa de buen humor, optimismo y alegría de ordinario suele tener personas a su alrededor porque sabe compartir ese gozo de vivir y resulta como un poderoso imán que atrae a los demás.

¿Por qué? Por la sencilla razón de que todos queremos ser felices y si alguien tiene gracia para contar chistes o ve la vida con una perspectiva amable, graciosa y ocurrente inevitablemente los amigos y conocidos lo buscarán porque resulta muy divertido y reconfortante el estar con personas con ese agradable carácter.

Desde luego, no me refiero a tener humor para burlarse de los demás ni para hacer pasar un mal rato a otra persona haciendo escarnio de ella, con la finalidad de conseguir de forma grotesca la risa de los demás. Ésas son conductas muy poco solidarias con el prójimo.

El verdadero sentido de humor es el que une a todos los familiares, colegas, amigos y conocidos en una grata convivencia. Y, por supuesto, estrecha más los lazos de amistad. Incluso el aprender a reírse de sí mismo resulta muy sano, cuando las circunstancias lo ameriten.

Se requiere de ingenio, creatividad y chispa para mover a la risa a los que nos rodean. Los médicos recomiendan el aprender a divertirse sanamente porque resulta muy beneficioso para la salud.

En muchas ocasiones nos encontramos con amigos o colegas en el trabajo que son obsesivos ante los problemas normales y terminan agotándose. Es cuando el doctor le recomienda “cambiar de aires”, pasar unos días en la playa o en el lugar que más le descanse y así se olvide de sus preocupaciones.

Hay enfermedades que son catalogadas como “psicosomáticas” por esa estrecha conexión del cuerpo con la mente. Y así podemos observar a personas que ante el exceso de trabajo -con sus lógicas dificultades- sufren de infartos, úlceras, insomnios crónicos, problemas con la vesícula biliar u otro vital órgano, infartos cerebrales, etc. O bien, en su sistema nervioso sufren de depresión y otros trastornos emocionales.

La risa es contagiosa. Ayuda a eliminar el estrés; mejora la autoestima; contribuye a mejorar la imaginación; se redimensionan los problemas que parecían como irresolubles o que se habían agigantado para darles su justa dimensión. A través de la risa las personas exteriorizan sus emociones y sentimientos; se establecen mejores relaciones sociales; se logran vencer miedos e inseguridades y proporcionan una sensación de bienestar. Todo ello es altamente provechoso para la salud de la mente y del cuerpo (cfr.efisioterapia.net).

El filósofo Henri Bergson tiene un magnífico ensayo, titulado: “La risa. Ensayo sobre el significado de la comicidad” (1) (2). Entre otros aspectos destaca los hechos que resultan como “disparadores” de la comicidad, como:

La confusión; Lo inesperado. Lo ridículo. Lo ilógico. El cariz psicológico. Lo exagerado. La imitación.

Paso a paso, este pensador va exponiendo con maestría y hondura el resultado de sus investigaciones. Es un ensayo que vale la pena leer con calma y meditarlo para nuestro propio provecho.

El Psicólogo Jesús Garanto Alós afirma: “El humor es un gran médico. Su eficacia terapéutica se debe al hecho de que constituye el clima psicológico ideal para que el sistema nervioso -que es la clave de la salud- pueda realizar su trabajo regulador en las mejores condiciones de facilidad, de buena circulación vital y de relajamiento. Posibilita que la vida tenga sentido en cualquier circunstancia”.

Reír siempre será la mejor terapia para el espíritu. Si nuestra disposición interior es positiva en todo momento, existirán suficientes motivos para ver el lado divertido de las cosas.

El deseo de hacer felices a los demás es el verdadero y profundo motor que mueve a poner siempre una nota simpática en nuestro diario actuar.

Pienso, por ejemplo, en los casos en que un familiar o amigo hayan perdido a un ser querido; o bien, que se encuentren con graves dificultades en su trabajo; cuando les aparezca una grave enfermedad; o en el caso de que una persona haya tenido una gran desilusión y necesite unas palabras de ánimo. El hecho de acompañarles en su dolor y pena, consolar al que sufre, ayudarles a visualizar la existencia humana con un sentido trascendente son, sin duda, apoyos de bastante ayuda.

Es muy importante aprender a ser felices en esta Tierra. Recordar que la vida es sólo una. Por ello, ¡vale la pena vivir con alegría, optimismo y buen humor! Es la mejor herencia que dejaremos a los demás.

  • Bergson, Henri, “La risa. Ensayo sobre el significado de la comicidad”: Buenos Aires, Editorial Espasa Calpe, 2011.
  • Espinoza Aguilera Raúl, “Si quieres, puedes ser feliz”, “Panorama Editorial”, México, 2019. Capítulo 14.
  • Garanto Alós, Jesús, Paidología del humor, Barcelona, Editorial Herder, 1983.

Para que el trabajo profesional sea fecundo y eficaz

Con cierta frecuencia nos encontramos con personas que nos dicen que en su trabajo cotidiano experimentan aburrimiento, monotonía, rutina, pereza y ante un resfriado, un ligero desajuste estomacal o una pequeña desvelada dejan de ponerle intensidad a su actividad y comentan que no saben cómo superar esos obstáculos.

Conviene recordar que la personalidad humana posee razón y fuerza de voluntad al igual que los sentimientos. Es verdad que los estados de ánimo pueden ser volubles y tener altas y bajas, pero la fuerza de voluntad es la que debe imperar para vencer dichas dificultades. Por ello, hay que decidirse a enfrentar esa pasajera desgana con fortaleza y determinación, porque como dice el proverbio chino: “son meros tigres de papel”.

El célebre político inglés, Winston Churchill toda su vida padeció de una fuerte depresión nerviosa a la que denominó “su perro negro”. Pero comenta que en cuanto comenzaba a escribir un discurso o a redactar un artículo para la prensa o un nuevo capítulo para su próximo libro, recobraba la ilusión y terminaba bien su día. Satisfecho se decía así mismo: “Hoy he vencido a mi perro negro”.

Los trabajos que nos parecen arduos para poder realizarlos y que imaginamos que son como una especie de montaña, en cuanto nos concentramos en irlos resolviendo uno a uno, con paciencia y serenidad, nos damos cuenta que no son tan difíciles de resolver como inicialmente no daba esa impresión.

Al comenzar el día, conviene trazar un pequeño plan de los quehaceres prioritarios a realizar porque hoy en día es muy fácil evadirlos con tanto distractor, como el celular o las redes sociales, y se cae en el peligro de avocarse en asuntos secundarios, cuando lo importante -como se dice en términos taurinos- es “entrarle al toro por los cuernos”. Si no se sabe enfrentar lo que es prioritario y se pospone lo importante un día y otro día, de poco habrán servido esas jornadas.

¿Y los asuntos muy urgentes? Lo muy urgente debe de esperar porque una decisión precipitada puede llevarnos fácilmente a equivocarnos y podría tener serias consecuencias para la institución donde se labora. Dicho en otras palabras, esos asuntos conviene estudiarlos con calma para proponer la solución más acertada.

También en el trabajo debemos de ponernos metas realistas y optimistas porque caminar sin metas es como “tirar golpes al aire”. Una meta es un camino trazado, pensado y bien reflexionado.

Es interesante el ejemplo de Cristóbal Colón que buscando una ruta marítima hacia las Indias Orientales (Filipinas, China, India) encontró algo mucho mejor: el descubrimiento del Continente Americano. Tuvo una travesía muy accidentada en la que perdió el rumbo, pero luego lo recuperó. Por momentos los de la tripulación querían amotinarse, adueñarse de la nave y regresar a España. Colón los persuadió que ya estaban cerca de tierra firme y eso les animó.

A los pocos días, con aquel inolvidable grito del marinero Rodrigo de Triana: “¡Tierra a la vista!”, llegaron a la primera isla perteneciente a Santo Domingo y Haití que Colón le puso el nombre de “La Española”. Ahí los nativos le informaron que más adelante encontrarían la tierra firme del inmenso continente recién descubierto.

El ejemplo que nos dio Colón fue que siempre siguió adelante con optimismo, sin desánimos y, desde luego, su esfuerzo valió mucho la pena. Regresó con los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, para notificarles de su importante hallazgo y que era importante organizar nuevas expediciones para conocer la dimensión de los nuevos territorios.

Otro aspecto destacado en el trabajo consiste en aprovechar bien el tiempo, viviendo en primer lugar la puntualidad para rendir al máximo. Conocí al Dr. Carlos Llano Cifuentes, fundador del IPADE y la UP. Me llamaba mucho la atención que cada año publicara un nuevo libro. Un día le pregunté que cómo se organizaba para lograr ese importante logro en medio de tanto quehacer que tenía. Me respondió que evitaba perder su tiempo en internet, y que, si lo usaba, iba directo a encontrar la información que requería. Vivía el mismo criterio con respecto a las revistas y periódicos.

Me comentaba que los capítulos de sus libros los iba elaborando cuando los fines de semana subía los montes circundantes a la Ciudad de México –que era su gran afición- y al volver de regreso a su casa, anotaba las ideas centrales sobre lo que había reflexionado. De esta manera iba desarrollando y madurando su nuevo libro. Después elaboraba un borrador general de su publicación y finalmente se lo entregaba a un corrector de estilo.

Por otra parte, nos encontramos con “minutos heroicos” que debemos de vivir durante el día. Tanto al momento de iniciar la jornada como al concluir a tiempo para atender a la propia familia, que es otro importante trabajo que tenemos entre manos para dedicar el tiempo necesario a la esposa y a la atención de los hijos. Con ella, escucharla y cambiar las impresiones del día; ayudar a los hijos en sus tareas escolares; contribuir en las labores cotidianas del hogar. Otro “minuto heroico” es aprender a ir a descansar a la hora conveniente, de tal manera que se duerma el tiempo necesario para comenzar el día siguiente con nuevos bríos. En medio de todo, imprimir alegría y buen humor a nuestra labor diaria, de tal manera que se desee retornar con ilusión para sacar adelante las metas planeadas y contagiar de esa visión positiva a los colegas de la oficina. Con este enfoque, el trabajo jamás se considerará como un “peso insoportable” que hay que cumplir, sino como un gustoso quehacer que nos llena de entusiasmo y satisfacción.

De olimpiadas y patriotismo

«Haced de cada hogar una escuela de patriotismo, sin que os importe el tener o no fortuna; tenéis el patrimonio espiritual, y ese basta; porque no importa nada que los caballeros sean mendigos, con tal de que los mendigos sean caballeros». Juan Vázquez de Mella

La estrategia de la Federación Mexicana de Softbol de reclutar jugadoras en el país donde se juega el mejor softbol del mundo daría frutos a nuestro país cuando clasificaron por primera vez a unos Juegos Olímpicos y se metieron a la pelea por el bronce. El 27 de julio la selección mexicana obtuvo un maravilloso 4º lugar en las Olimpiadas de Tokyo sucumbiendo ante la selección canadiense que se llevaría el bronce. Dicha selección mexicana está conformada casi en su totalidad por jugadoras nacidas en suelo estadounidense pero de origen mexicano. Los aplausos por el evidente logro no se hicieron esperar.

La polémica se desataría dos días después cuando las boxeadoras mexicanas Brianda Cruz y Esmeralda Falcón publicaron en redes sociales que la selección de dicha disciplina había tirado a la basura uniformes de gala, además de playeras y tenis. El presidente del Comité Olímpico Mexicano pidió una sanción ejemplar que incluya el veto de la selección y el caso esta bajo investigación. Por su parte el presidente de la Federación Mexicana de Softbol argumentó exceso de equipaje, razón por la cual se vieron en la necesidad de dejar los uniformes, sin embargo salió a la luz que optaron por llevarse sabanas y almohadas de la Villa Olímpica.

Un hecho desafortunado, una evidente falta de respeto de las jugadoras al haber tirado  sus uniformes a la basura; no hay modo alguno en que se pueda justificar y/o defender tal acción. Si bien es cierto que todos cometemos errores, minimizarlo o deformarlo sería un error. Y digo esto a partir de los argumentos que varios comunicadores, analistas deportivos y aficionados han puesto sobre la mesa en defensa de las jugadoras:

*Bien, un uniforme de seleccionado no es solo una tela o un trapo el cual podemos tirar cuando mejor nos parezca; el uniforme lleva la bandera del país al cual se representa en la mayor justa deportiva del mundo, es irrepetible. No, no existe un contrato donde diga que deba conservarse, lo dice la educación, el respeto y el amor a la patria que se mama desde el seno del hogar.

*Criticar su acción no es una actitud machista o misógina (aquí hace su aparición el feminismo lacerante que aprovecha la ocasión para llevar agua a su molino), toda vez que la crítica objetiva per se carece de odio y sesgo. No se les llama la atención porque sean mujeres, ni porque se les odie sino porque independientemente de su sexo, su acción es reprobable.

*Aludir a la xenofobia es otro error garrafal ya que no se les desprecia en modo alguno, menos aún por haber nacido en Estados Unidos, por tener apellidos anglosajones o por hablar solo ingles; de ser así no habrían formado parte del seleccionado mexicano en ninguna disciplina; no, repito, se critica su actuar carente sentido común y de todo respeto a su país.

*Tanto aquel que gana la presea dorada, el 4º lugar o es último en su prueba no tiene disculpa ante una acción de esa naturaleza. ¿La entrega en la competencia disculpa o le da derecho a un deportista a tirar los uniformes a la basura? No. La entrega en competencia se espera de cualquiera que asiste a Juegos Olímpicos; el respeto y amor a su país es parte de esa entrega, no están disociados.

Y el caso es que justamente ese respeto y amor no se manifiesta en el presente caso, porque la historia no empezó el día del escándalo sino cuando omitieron el logotipo y la bandera de México en el uniforme de competencia. ¿Y quién es el insensato que osaría decir que no hay ofensa cuando alguien hace tales desprecios a través de acciones concretas? Se ha dicho que las jugadoras vienen de una cultura de desechar todo, muy propia de Estados Unidos, pero sabemos también que ellos aprovechan cualquier oportunidad para ensalzar a su patria, sea en el deporte, en espectáculos, películas, etcétera.

Ahora bien, después de enfocarnos en las jugadoras de softbol que sin duda alguna se llevaran un gran aprendizaje de esta situación, aprovechemos nosotros para recordar lo que es el amor a la patria y no cometamos la insensatez de confundirlo con patrioterismo barato, nacionalismo o xenofobia. Nos daremos cuenta de que el amor a la patria no se puede imponer jamás, no se compra y no tiene precio alguno; puesto que a diferencia del nacionalismo que es una ideología, el patriotismo es una virtud que se cultiva en la familia desde el día en que nacemos; es un afecto natural que halla su arraigo en el alma, que trae a la memoria la tierra de nuestros padres y que, tarde o temprano se refleja en nuestro actuar: en el aula, en la sociedad o en la mayor justa deportiva del mundo…

La dimensión humana en el trabajo profesional

Me parece que todos hemos visto esa graciosa película de Charles Chaplin, titulada: “Tiempos Modernos” en la que hace una sátira de la sociedad altamente tecnológica, pero que se está deshumanizando.

Chaplin trabajaba en una gran industria como obrero. Su trabajo era sumamente elemental. Recuerdo que se encontraba frente a una banda sin fin y pasaban multitud de tuercas y, con un par de herramientas, las iba ajustando. Pero se tenía que poner listo y apurarse porque de lo contrario la banda avanzaba más rápido y no alcanzaba a apretar todas las tuercas

Era lo único que hacía durante todo el día. De manera que, al concluir su larga jornada laboral, le quedaba un acentuado tic de mover sus manos sin parar, como si estuviese apretando y apretando más tuercas imaginarias.

No pasa de ser una broma, pero pienso en muchas personas que acuden a su trabajo cotidiano con aburrimiento o monotonía; o bien, tensos, con estrés, nerviosos y no acaban de encontrar el lado amable, sino que lo consideran un mero quehacer fastidioso. Y están contando las horas para que termine e irse cuanto antes a cualquier otro sitio.

Lo primero que hay que decir es que todos debemos encontrar los aspectos que nos entusiasmen e ilusionen, de manera que todos los días vayamos a trabajar con optimismo y planteándonos metas concretas. Muchas veces en los detalles pequeños se encuentran cosas que debemos descubrir porque nos alegran, nos dan buen humor, paz y serenidad.

No hay que olvidar que un trabajo profesional bien hecho y a conciencia, nos ayuda a crecer en virtudes, como: orden, aprovechamiento de tiempo, constancia, fortaleza, creatividad, ingenio.

Es decir, mientras que producimos algo bien elaborado, a la vez nos está impulsando a mejorarnos a nosotros mismos como personas en nuestros valores y virtudes.

En cierta ocasión, visité la ciudad de Oaxaca y fui a observar con unos amigos cómo elaboraran las ollas y otros objetos con el famoso barro negro y me di cuenta que el alfarero realizaba verdaderas obras maestras. Lo felicité por su labor.

Él me contestó:

“- Como vengo al trabajo con gusto e ilusión, todo sale mucho mejor.”-dijo sonriente.

Otro aspecto, no menos importante es contagiar a los colegas del trabajo con esa misma alegría y buscar servir a los demás en lo que se les ofrezca.

En otras ocasiones, hay que aconsejar a los colegas o subalternos que no dramaticen los normales problemas del quehacer diario ni se estén continuamente quejando, sino enseñarles a ver lo positivo y aprovechable de cada situación. Incluso de los errores y equivocaciones se puede aprender y sacar una lección.

A veces nos hemos topado con compañeros de trabajo que “todo lo ven negro”, son pesimistas. Se llenan de amargura, están crispados y tienden a ser ácidos o sarcásticos ante los defectos de los demás. De sobra sabemos que esa clase de personas terminan con gastritis, colitis, piedras en la vesícula biliar o problemas del hígado.

Con el buen ejemplo y una sonrisa se puede ayudar a esas personas que sufren inútilmente. Se les puede enseñar a ver –como dicen los ingleses- “el lado luminoso de la nube”. A no criticar ni caer en la murmuración, que no conduce a nada, sino a generar mal ambiente laboral. También en toda empresa hay que tener espíritu de competitividad y afán de superación, pero es fundamental no meterse mutuamente zancadillas –por celos o envidias- ni desprestigiar a nadie.

Otro elemento clave en el trabajo es luchar contra el excesivo individualismo y la hostilidad hacia los demás, creando un grupito separado como un quiste aislado del conjunto. Todos trabajamos por el bien común de la empresa y, por tanto, debe de existir ese ambiente de confianza y camaradería. Para ello, hay que saber comprender, perdonar y disculpar los pequeños defectos que todos tenemos. En otras palabras, ser amables y sociables con todos, sin excluir a nadie, lo mismo que tener capacidad de adaptarse a todos los caracteres.

Considero esencial respetar la dignidad humana que cada persona tiene, en especial, lo relativo a los valores éticos. Fomentar virtudes, como: honradez, honestidad, templanza, solidaridad para con todos, etc.

Reviste, también, gran relevancia el estar abiertos y convivir amigablemente con los demás. De este modo, se combaten las tendencias hurañas y los egoísmos. Algo que se agradece mucho en toda convivencia es evitar los resentimientos, las actitudes altaneras, despectivas; el ser autoritarios, complicados, o bien, no convertirnos en los típicos “aguafiestas” cuando alguien ha conseguido un logro y merece ser felicitado o animado.

Si se es directivo, es necesario aprender a motivar al personal y saber compartir metas comunes para que se ilusionen todos los colaboradores. Como decía Tomás Moro: “Hay que aprender a tener corazón”, tomando en cuenta que los demás no son máquinas ni robots y agradecen todas las delicadezas y atenciones humanas.

En conclusión, si una persona se encuentra relajada, a gusto y contenta con su trabajo, toma buenas decisiones y obtiene mejores resultados. Trabajando todos de esta manera, en un cualquier trabajo, se logra mayor productividad, a la vez que una mejor eficacia.

Tips para mejorar la convivencia en familia

Estamos recorriendo “El Año de la Familia”. Para lograr una mayor integración de todos sus miembros es necesario cuidar una serie de detalles fundamentales para que esa convivencia no se convierta en algo monótono, rutinario o aburrido.

Con la proliferación en los hogares de celulares, ipads, iphones, lap tops y las redes sociales ciertamente se corre el peligro de que cada hijo construya su mundo aparte, que viva aislado, que esté viendo las películas que le interesan o escuchando su música favorita. Desde luego, eso es lo más cómodo para el niño o el joven, pero rompe con la unidad familiar y se desentiende lo que ocurre a su alrededor.

Aclaro que yo uso todas esas tecnologías y me resultan muy útiles en mi oficio de comunicador y escritor. Pero quizá sea la queja y preocupación más frecuente de los padres de familia. Con expresiones que me comentan, como: “Véalo, vive como embobado con su celular”, “prefiere retirarse y estar en ‘su cueva’ “ ( su habitación), “ha bajado mucho su promedio escolar porque se desvela hasta bastante tarde viendo cosas y no hace bien sus tareas”.

Sin duda, cada asunto tiene su propio lugar. Para un estudiante, es prioritario dedicar suficiente tiempo a estudiar y sacar adelante sus tareas escolares. También conviene que los chicos hagan deporte, que tengan lecturas formativas, que aprendan a socializar en familia y con sus amistades.

¿Qué pasa si en una familia se conversa animadamente –cara a cara- sin estar mirando de continuo los celulares? Los integrantes se van conociendo más y mejor; los padres les dedican tiempo a sus hijos; se está pendiente si alguien está enfermo o tiene una preocupación; se sabe y se prevé cuándo son sus cumpleaños o santos; se comparten las buenas noticias –pequeñas grandes- de cada uno. De esta forma; todos contribuyen a crear un hogar más humano y alegre y se vence el fantasma de la indiferencia.

Un principio esencial es “Ponerse en los zapatos de los demás”. Ese “sentir” lo que cada uno “siente” para lograr tener más corazón e interesante auténticamente por los demás. Sin este elemento, puede haber “apariencia de familia” pero resulta un mero “formalismo”. Porque a la gente se le tiene que querer tal y como es y no como nos gustaría que fueran; vencer todo tipo de antipatías o prejuicios.

Hacer poco fui a una farmacia a comprar una medicina. Me llamó la atención que había nuevo personal. Le pregunté a la chica de la caja que si esa era la política de la empresa y me dio una respuesta que me resultó lamentable: “Lo que pasa es que nosotras (la mayoría son jovencitas) tenemos entre nosotras muchos roces, fricciones y diferencias. Entonces a los dueños no les queda más remedio que estarnos rotando cada cierto tiempo.

Ése es otro concepto fundamental: el saber comprender, perdonar, disculpar y pasar por alto los defectos de los demás. De lo contrario se generan rencores, resentimientos, aversiones e incluso verdaderos odios.

En una familia hemos de tener un corazón grande donde quepan todos, independientemente de que algunos nos caigan mejor que otros. Y esta norma de conducta la deben de vivir, en primer lugar, los mismos padres para que los hijos aprendan de ese buen ejemplo.

“Vivir en familia” significa aprender a “ceder ante los propios caprichos” y pensar primero que es lo que hace feliz a los demás. Muchas veces a un padre se le puede antojar ver un partido de tenis y al hijo, el futbol. Pero si la mamá convoca a todos a un plan conjunto, por ejemplo, salir a dar un paseo toda la familia, entonces se dejan de lado esos proyectos particulares y se piensa en el bien común. Como puede ser unirse al plan general para lograr enriquecer y hacer más grata esa convivencia.

No olvidar que “convivir” ante todo significa “servir” a los demás para que la pasen lo mejor posible. Aunque muchas veces cada uno tenga que sacrificar sus planes originales. Otro aspecto del hecho de “servir” es darse generosamente a los demás, con olvido de sí mismo.

Recuerdo que unas vecinas me comentaban -como un grato recuerdo de su infancia que les venía a la memoria- sobre un tío ya fallecido que invariablemente los invitaba a todos los sobrinos, algunos vecinos y amigos a salir de paseo los domingos. De esta manera fueron conociendo muchos lugares agradables en el campo, en el bosque; museos, el centro de la ciudad; exposiciones pictóricas; ferias del libro; kermeses con bailables, rifas y concursos. Y todo porque al tío Luis le gustaba que los chiquillos salieran a pasear y pasarla bien. A todos les quedó un recuerdo imborrable y un gran aprecio por este familiar.

En toda convivencia es clave aprender a sonreír, estar alegres y añadir detalles de buen humor. Tengo una hermana que es capaz de pasarse más de una hora contando chistes buenísimos. Claro está que las demás hermanas, primas, sobrinas y sus amistades la invitan a todos los festejos de la familia o convivios para escucharla y reírse a gusto. Y le piden que vuelva a contar, aunque sea los mismos chistes y bromas. Ella se percata que es una forma de hacer agradable la vida a las demás, por ello pone su mejor esfuerzo.

La alegría, por tanto, es el aceite que hace mucho más agradable nuestra cotidiana convivencia. De ahí nace una profunda alegría, aún en medio de penas, sufrimientos y contradicciones, que nunca faltan. Todo ello contribuye a mejorar la convivencia en familia.

Día del padre: su papel fundamental en la formación de los hijos

En cierta ocasión, saludé a una experimentada Psicóloga –madre de ocho hijos- y, tanto su esposo como ella, se dedican desde hace muchos años a la orientación familiar.

Conversando con ella sobre varios temas, me comentaba: “Nunca me ha gustado que en los anuncios publicitarios se ponga tanto énfasis en la importante función de la mamá en el hogar, por ejemplo, con ocasión del Día de la Madre”.

  • ¿En qué sentido lo dices? -le pregunté.
  • “Desde luego el papel de la mamá es fundamental, pero observo que con frecuencia se relega al padre a un segundo o tercer plano, como si importara menos o fuera muy secundario”.

Y añadía:

  • “Mi marido y yo hemos atendido a decenas y decenas de casos de chicas y chicos con trastornos emocionales por la ausencia de la figura paterna. En numerosos casos, incluso viviendo el papá en el mismo hogar. Porque resulta que él no se interesa por sus vidas, por sus estudios, sus novios, sus ilusiones, sus aficiones deportivas o culturales o qué carrera universitaria sueñan con estudiar”.

Me quedé reflexionando y pienso que tiene mucha razón. Porque en nuestra cultura “machista” es típico que el esposo piense: “Mi función es trabajar y traer dinero para sacar adelante los gastos de la familia. Lo demás le corresponde a mi mujer”.

Además de que en la actualidad la tendencia es que los dos cónyuges trabajen, el marido no se debe de colocar en esa actitud cómoda y quedarse al margen de sus responsabilidades.

¿Cómo rescatar la figura paterna?

  1. Padre es aquél que participa en todos los acontecimientos importantes de sus hijos y sabe cómo organizar bien sus horarios para llegar temprano a casa y acompañar a la esposa en resolver las tareas de los niños y en todo lo que haga falta.
  1. Se acerca a conversar con cada una y cada uno de ellos para que le cuenten privadamente sus inquietudes, sus pequeñas preocupaciones, sus tristezas, sus alegrías. Es copartícipe –paso a paso- de sus vidas desde que son niños, luego cuando pasan por la adolescencia y la juventud.
  2. Es una persona equilibrada y madura que está unido a su esposa y conversan sobre cómo ayudar mejor a cada uno de sus hijos.
  1. Sabe disfrutar de sus hijos en cualquier etapa en que se encuentren. Desde acompañarles en sus juegos infantiles, salir de paseo o en bicicleta. Que los hijos lo vean como su mejor amigo en quien pueden confiar todas sus pequeñas intimidades.
  1. Debe estar dispuesto a compartir las responsabilidades de la crianza: darles de comer, bañarlos; llevarlos al médico si están enfermos y seguirlos de cerca para que tomen los medicamentos indicados; asistir a las juntas de padres de familia en el colegio junto con su esposa; tratar de no fallar a los torneos deportivos o participaciones musicales de los hijos.
  1. Aprender a corregirles en el momento oportuno en plan positivo, amable y constructivo. Nunca a gritos ni con regaños y menos en frente de toda la familia o con extraños. De lo contrario, quedan dolidos, con resentimientos.
  1. Es decir, el padre no puede convertirse en el típico “ogro regañón” al que los hijos le tengan miedo y por ello se distancien de su presencia o le pierdan la confianza. Sería un grave error. Un buen papá debe ser tolerante y comprensivo. Que anima, que impulsa, que brinda sus consejos con una sonrisa y buen humor.
  1. El padre tiene que mostrar su cariño y ternura hacia cada uno de sus hijos. Esa conducta no le hace perder autoridad; todo lo contrario, muestra que tiene corazón y sentimientos afectuosos para con ellos. También es clave saber perdonar, comprender, disculpar.
  1. Organizar los festejos de los hijos, en compañía de su esposa. Sin miedos y con naturalidad, aprender a dar abrazos o un beso cuando la ocasión lo amerite. Me he encontrado con personas mayores que dolidas me comentan: “Mi padre nunca fue capaz de darme un abrazo y decirme que me quería. Sólo me lo comentó en su lecho de muerte, ¿por qué no me lo dijo en mi infancia o cuando era joven? Siempre me había quedado con la impresión de que no me quería”.

 En resumen, el padre debe de buscar los mejores momentos del día o del fin de semana para estar con sus hijos, con el objetivo claro de ser el mejor amigo de sus hijos (cfr. www.lafamilia.info).

El arte de cultivar los buenos hábitos

Muchas veces hemos conocido a personas y amigos que desde jóvenes viven una serie de buenos hábitos –también llamados valores o virtudes- y los realizan con la mayor naturalidad.

Cuándo les preguntas a esos conocidos cómo fue que los adquirió, su respuesta parece muy sencilla:

-Mi papá me invitaba todos los días a levantarme temprano y nos íbamos a caminar, o a correr o andar un rato en la bicicleta.

-También mi mamá nos animaba a aprovechar el tiempo. Nos decía, por ejemplo. “No quiero que nadie en la casa se pase horas y horas viendo películas o con los videojuegos. ¡Hay muchas más cosas útiles que hacer!”

Algo similar ocurrió con mi educación en la escuela en Ciudad Obregón, Sonora. Tenía reuniones periódicas con mi preceptor o asesor académico y revisaba mis calificaciones mensuales, trimestrales o semestrales y me decía: “Está claro que tienes que mejorar en Biología, Química y Física. Si quieres, al finalizar las clases de cada día, te puedo ayudar a resolver dudas que tengas de estas materias o a resolver algunos problemas. Pero considero conveniente que subas de promedio. Al principio te costará esfuerzo, pero luego te dará mucho gusto por los resultados obtenidos. La clave es la disciplina y la constancia, ¡no lo olvides!

Gracias a ese buen maestro, al final de la Preparatoria obtuve un magnífico promedio, que me ayudó a entrar sin problemas en la carrera universitaria.

Otro profesor de Literatura, me animaba mucho a leer a los clásicos de la Literatura Mexicana y Universal e interesantes biografías. Me parece que a él le debo mi afición por las buenas lecturas.

En casa, la costumbre era, en primer lugar, sacar bien las tareas escolares. Si algo se me dificultaba, me ayudaban mi madre o mi padre.

Un formativo detalle de ayuda fraterna, era al concluir mis tareas y el estudio, me pedía mi padre:

-Ahora ayuda a tu hermano Enrique que se le dificultan mucho las matemáticas.

La verdad es que lo hacía con gusto por el ejemplo de generosidad que observaba en mis padres, invirtiendo tiempo en asesorar mis tareas.

Finalmente llegaba el momento esperado, practicar un poco de basketball con unos vecinos porque teníamos en la escuela un torneo deportivo.

Recuerdo en mi natal Sonora, aquellos calores del verano en que subía mucho la temperatura y casi todo el mundo tenía la costumbre de dormir un rato de siesta después de la comida.

Pero llegaba un buen amigo al que apodábamos “el Zurdo”. Como era de total confianza, entraba sin tocar hasta mi habitación, me despertaba de la siesta y me mostraba un balón de basket y a continuación me decía:

– ¡Imagínate, nos esperan libres todas las canchas de basket de la escuela! Al principio, yo protestaba y le comentaba: – “¡Hace “un calorón, Zurdo. Ahorita ni los chanates vuelan!”.

-Pero, él volvía a insistirme: mira ya “picados en el juego ni cuenta te das del calor. Además, después de sudar “te sientes a todo dar”. Y era verdad.

He de reconocer que debido a su entusiasmo me aficioné a este deporte, lo mismo que al baseball.

A otro amigo, le gustaban mucho las carreras de 100 y 200 metros planos y pasaba a mi casa a invitarme. Para animarme me decía:

-Allá en la escuela nos espera el profesor de Educación Física que está empeñado en que mejoremos nuestras marcas personales para poder ir a competir a la gran final estatal en Hermosillo.

Y de esta manera, a través de mis padres y de las buenas amistades, fui adquiriendo una serie de buenos hábitos.

“Todo se logra con la paciencia”

En una sociedad que premia “la inmediatez”, es decir, que nos ha ido acostumbrando a resolver los asuntos “hoy, ahora y cuanto antes”, la virtud de la paciencia se encuentra infravalorada.

Pero, ¿qué es la paciencia? Es la virtud que hace soportar los males con resignación, por ello se dice que “la paciencia es más útil que el valor”. Otros pensadores afirman que es la cualidad del que sabe esperar con tranquilidad las cosas que tardan. Esta virtud se vincula con la perseverancia o constancia, acompañada del optimismo y la visión positiva de las dificultades cotidianas.

Fui muchos años profesor de primaria y secundaria y en esa institución educativa teníamos el sistema de la asesoría académica y de fomentar valores integrales. También, en forma periódica, conversábamos con los padres para ponernos de acuerdo en cómo formar mejor a sus hijos. Recuerdo en varias ocasiones, ellos me decían: “No sabemos qué hacer con nuestros niños porque uno es muy desordenado y el otro pone poca dedicación en sus tareas escolares. Les hemos dicho que tienen que cambiar, pero no notamos en ellos grandes cambios; quisiéramos que pusieran mucho mayor empeño”. Les hacía ver que en su labor de padres –como la de nosotros los maestros- teníamos que tener la paciencia de un agricultor que con frecuencia va observando el desarrollo de los plantíos que sembró y decide si a aquellas plantitas les hace falta más agua, fertilizante para combatir una plaga, eliminar una zona encharcada, etc. Así el agricultor sabe que con esa paciencia obtendrá los frutos deseados. Y les hacía la comparación, un tanto chusca: “a base de estirar el tallo, las ramas o las hojas de las plantas, no iban a crecer más de prisa”. Que precisamente ésa era la virtud que debíamos de cuidar tantos los papás como los profesores: ser constantes, pacientes, no perder el buen ánimo, corregir con cariño y sentido positivo, etc. Pienso que me entendían y cambiaban de actitud.

Por otra parte, me gusta observar la labor de los escultores o artesanos quienes, con infinita paciencia, con el cincel y el martillo, van conformando del tosco mármol una bella figura o de una masa informe de arcilla, van modelando hermosas vasijas de barro. Observo que ellos trabajan con serenidad y calma y no existe precipitación en su labor creativa.

Me vienen a la memoria aquellas palabras sobre el quehacer literario expresadas tanto por Juan Rulfo como por Juan José Arreola sobre que ellos, en realidad, eran “artesanos de la palabra”. Se referían a que para escribir una buena obra de Literatura se requería sopesar cada expresión o palabra hasta que quedara un conjunto verdaderamente estético.

En ese mismo sentido, admiro mucho a esos jóvenes que con muchos esfuerzos logran realizar sus estudios universitarios. Recuerdo a Manuel Antonio que vivía en Chalco y diariamente se trasladaba en transporte público hasta la UNAM. Estudiaba Leyes. Se levantaba alrededor de las cuatro de la mañana para poder llegar a tiempo a su primera clase de siete. Al terminar sus clases, se iba a trabajar a un despecho de abogados y recuerdo que en varias ocasiones me lo encontré en camiones de pasajeros con los típicos libros enormes para llevar a firmar.

Después regresaba a la Facultad de Derecho para cursar otro par de materias y ya tarde tomaba su medio de trasporte colectivo para llegar a su casa alrededor de las diez de la noche. Saludaba a su familia, cenaba algo y se ponía a estudiar hasta cerca de las doce. Yo le preguntaba que si el dormir tan pocas horas no le afectaba y él me respondía que ya estaba acostumbrado y que “se echaba sus cabeceadas” en esos trayectos tan largos de su casa a la universidad y de regreso. De esta manera, resumía Manuel Antonio, no me resulta tan fatigoso.

Posteriormente realizó una especialidad en Derecho Corporativo y económicamente, con el paso de los años, le ha ido bien, al punto que lo primero que quiso fue conseguir para sus padres una casa más grande y confortable.

Pero esto es algo que se observa de forma cotidiana y normal en miles de estudiantes, empleadas y trabajadores en la Ciudad de México. Me gusta llamarles “los héroes anónimos” porque a base de grandes sacrificios sacan adelante a sus hogares, la formación de sus hijos y sus estudios profesionales.

Otro ángulo en el fortalecimiento de la paciencia, es el vencer problemas como la incomprensión o el rechazo inicial. Eso me recuerda a los pintores de la “Escuela Cubista” como Georges Braque, Juan Gris, Diego Rivera, Pablo Picasso, Fernand Léger, etc. que cuando comenzaron a pintar sus cuadros fueron calificados de “estrafalarios”, “extravagantes” y que sus obras no eran realmente arte. Pero el tiempo y la crítica se han encargado de demostrar lo contrario.

Me hace gracia recordar una anécdota del músico Ígor Stravinsky (1882-1971) que fue un compositor y director de orquesta ruso, quien compuso obras como “Petrushka”, “El Pájaro de Fuego”, “La Consagración de la Primavera”. Al inicio, sus composiciones de música clásica moderna fueron muy criticadas. Tanto que cuando se estrenó esta última obra en un teatro de París, el recinto estaba abarrotado de críticos artísticos y personas amantes de la buena música.  El compositor Ïgor estaba sentado en primera fila. Pero fue tal el repudio del público a su novedosa obra que paulatinamente aquel gran teatro se fue vaciando. Stravisnky en vez de sentirse indignado o fracasado, comentó con ecuanimidad: “No pasa nada. Algún día ellos comprenderán mi arte” y siguió componiendo. Actualmente es considerado uno de los músicos más importantes y trascendentes del siglo XX.

Por ello, es muy certero el célebre el dicho que afirma: “¡La paciencia todo lo alcanza!”.

14 de febrero: los frutos del verdadero amor

Recuerdo la letra de una canción de un grupo de música moderna, “Los Apson”, que decía: “Cuando apenas era un jovencito / mi mamá me decía / mira, hijito, si  un amor, tratas de encontrar / no la busques, hijo, muy bonita / porque al paso del tiempo se le quita: / busca amor, nada más que amor.”

Esto viene a colación por el 14 de febrero, “Día del Amor y la Amistad”. Me gusta conversar con esposos mayores que ya son abuelos o bisabuelos porque son “como libros abiertos de sabiduría”. En esos encuentros me suelen mostrar, por ejemplo, sus fotografías desde cuando eran novios, luego se casaron, de cuando fueron naciendo sus hijos y así más fotos de su álbum familiar, y finalmente, los festejos de cuando cumplieron 50 años de matrimonio o más.

Observo su alegría y regocijo con unos relatos en los que abundan simpáticas anécdotas. Desde el momento en que contrajeron nupcias y, como el esposo acababa de concluir su carrera universitaria, ganaba un discreto sueldo. Así que, los cónyuges se fueron a vivir a un pequeño departamento en un modesto condominio. Por supuesto, de renta.

Tenían sólo un cochecito viejo y destartalado. Ella se las ingeniaba para hacer rendir la quincena y también tenía un pequeño trabajo. Entre los dos se esforzaban para buscar un mayor ingreso económico para el hogar.

Los alimentos en las comidas solían ser sencillos, pero con buen gusto y sazón. También eso era una demostración práctica de amor, en la que participaba el esposo para poner la mesa o lavar y volver a colocar la vajilla en su lugar.

Luego, tuvieron su primer hijo. Por falta de medios, ella no podía ir a comprar en la tienda maternal todas las ropitas del bebé, sino que tejió lo que el pequeño iba a necesitar. Y todo con naturalidad, nadie se sentía “víctima”, sino que era ocasión de gratos recuerdos.

A base del trabajo constante y esmerado del marido y de la mamá, los ingresos en la familia fueron aumentando. Se cambiaron a un mejor departamento. Y continuó creciendo el número de hijos.

De cada hijo se guardaban imborrables recuerdos: desde cuando nacieron; sus años de infancia; cuando comenzaron a asistir al kínder o a la primaria.

Por supuesto, eran causa de bromas y buen humor las peculiaridades de cada uno, su carácter, sus ocurrencias, las travesuras infantiles. Y con orgullo relataban cuando la niña o el niño obtenían un buen promedio académico; o habían ganado en un concurso de canto, baile, futbol, o poesía. Después venían las fotografías de la Preparatoria y las de las diversas Carreras Universitarias que libremente habían elegido. “Lo importante es que hayan logrado ser personas de bien”, decía feliz el abuelo.

La abuela, a continuación, mostraba con orgullo los recuerdos las bodas de cada hijo. Ella comentaba: “Mira qué “percha” tiene mi hijo mayor””, o bien, “¡Qué guapas son todas mis hijas!”.

Les comentaba:

-“Este hijo se parece más a usted, señora”.

  • Bueno –añadía- pero si lo conocieras y lo vieras actuar, hablar, sus gestos y hasta cómo camina, es la viva imagen de su padre”.

Y la menor de sus hijas, ¿Qué Carrera estudió? –pregunté.

–  Ingeniería Química, como su padre. Es muy inteligente y actualmente estudia la Maestría.

Intervenía el abuelo:

  • En realidad, tenemos la fortuna que todos nuestros hijos son dedicados y les ha ido bien profesionalmente.

       – Además ya tenemos 8 nietos y son nuestra alegría. Cuando vienen, la casa se llena de risas, gritos y algarabía, como cuando mis  cinco hijos estaban pequeños                     –comenta ella con gusto y una amplia sonrisa..

Él concluye:

  • Somos muy felices en nuestro matrimonio. ¡Valieron la pena tantas privaciones y sacrificios por los hijos y todas estas anécdotas que ahora “nos saben a gloria”! Mi esposa y yo siempre hemos caminado en el trayecto de la vida buscando tener los mismos ideales y sueños. Desde luego, no han faltado los roces y fricciones, como en toda familia. Pero con comprensión, el saber disculpar, con cariño, todo se supera.

Ella también añade:

-A veces, me gustaría volver a empezar. ¡Fue tan hermosa cada etapa de nuestro matrimonio! Cuando me lo preguntan, no pierdo oportunidad de contar nuestra historia de amor, que no tiene nada de extraordinaria, pero sí es un testimonio de vida.

Después de la reunión, me quedé pensando en cuántos matrimonios mexicanos pueden dar un testimonio similar, pero lo llevan con tal naturalidad y normalidad que –como se dice- “nunca serán noticia”, pero que influyen eficazmente en su entorno social.

Adquirir el espíritu deportivo

A lo largo de la existencia humana se pueden pasar por situaciones difíciles, tener períodos cuesta arriba, enfrentarse a problemas complejos, sufrir contratiempos en el trabajo, descalabros económicos, sucesos inesperados y dolorosos dentro de la familia.

Hay personan que ante estos hechos se hunden en una profunda tristeza o depresión; no tienen capacidad de respuesta, se rinden ante las dificultades y prefieren buscar evasiones como aplazar indefinidamente la resolución de los problemas, darse definitivamente por vencido, acudir al alcohol.

Existe una importante virtud o valor que se admira en los atletas y es su espíritu deportivo. No me refiero a que todas las personas deben ser especialistas practicando gimnasia, ejercicio físico o algún deporte. Mi enfoque se orienta hacia la actitud que hay que tomar en la vida para no doblegarse ante las habituales contrariedades que aparecen pequeñas o grandes.

En mis años de infancia admiraba al popular actor llamado Johnny Weissmuller, quien protagonizaba a “Tarzán y filmó numerosas películas en el contexto de la selva africana acompañado de su inseparable Jane y un simpático chimpancé, “Chita”. Sabía que en Juegos Olímpicos de París (1924) y Amsterdam (1928) había ganado cinco preseas de oro.

Cuando leí su biografía, me enteré que había nacido sietemesino y el médico les dijo a sus padres que Johnny debería de hacer mucho ejercicio, de preferencia practicar la natación para mejorar su capacidad pulmonar. Así lo hizo durante su niñez y adolescencia. Le tomó tal afición a este deporte, que desarrolló una buena musculatura y velocidad para superar los tiempos en los 100 y 200 metros en nado libre.

Otro caso interesante es el de Mohamad Alí (Cassius Clay), quien tenía mucha ilusión en clasificar para los Juegos Olímpicos de Roma (1960), pero por discriminación racial se le pusieron innumerables trabas. Finalmente, a base de insistir, logró participar y ganó la medalla de oro en el peso semipesado. A su regreso, se dedicó por completo al boxeo profesional y en 4 ocasiones conquistó el título mundial de pesos pesados. Es recordado por su particular estilo “mariposa”, de girar dando saltos, en torno a su oponente que innovó el arte tradicional de boxear.

El corredor de Jamaica, Usain Bolt,,con 1.94 de estatura, comenzó su carrera en el box a los 15 años pero en muchas competición se le excluyó por su falta de experiencia y ser demasiado joven. En el desarrollo de su desempeño deportivo ganó 19 medallas de oro en varias competiciones olímpicas, además de las que había obtenido en otras competiciones.

Otro caso que merece especial mención es el de la saltadora de pértiga rusa, Yelena Isinbáyeva, ganadora de medallas de oro en Atenas (2004) y Beijing (2008) pero ella quería mejorar y superó los 5 metros de altura. Con perseverancia insistió, una y otra vez, hasta conseguir los 5.06 metros, en ese entonces el récord mundial.

Otra deportista rusa, que ha sido un ejemplo de constancia y espíritu deportivo, es la clavadista de los 10 metros de altura, Yulia Koltunova. En una entrevista, relata con sencillez y naturalidad que la clave de su éxito ha sido asistir al gimnasio diariamente y obedecer dócilmente a las indicaciones de su experimentada entrenadora. Ha conseguido varias medallas de oro olímpicas y se dio a conocer cuando ganó en los juegos internacionales universitarios.

En México, en 1970, había un boxeador Jesús “Chucho” Castillo que le dieron la oportunidad de enfrentarse a Rubén “El Púas” Olivares, campeón mundial de los pesos gallo y pluma. Era indiscutible la superioridad y experiencia de Olivares. Pero Chucho Castillo se lo puso como un serio reto. Así que se dedicó a entrenar a fondo: corriendo más kilómetros, cortando árboles, levantando pesas, no faltando al gimnasio y, sobre todo, observando –junto con su entrenador- en cámara lenta las anteriores peleas de Olivares. Descubrieron sus zonas débiles que descuidaba “El Púas” en las peleas. El resultado fue que –contra todos los pronósticos- “Chucho” Castillo derrotó a Rubén Olivares.

También en nuestro país tenemos casos admirables de atletas que se superaron como Brenda Flores, quien obtuvo dos medallas de oro, destacando la de 10,000 metros planos en los Juegos Panamericanos. Patricia Sánchez también consiguió la presea de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. En fecha más reciente, en 2019, Paola Morán obtuvo la medalla de plata tanto en la Universiada en Nápoles (Italia) como en los Juegos Panamericanos de Lima, Perú. Paola tiene escasos 23 años y por su espíritu deportivo y perseverancia, representa la gran promesa para México dentro del atletismo.

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