Charles Dickens: pionero de la novela de denuncia social

Quizá pocos sepan que el escritor inglés, Charles Dickens, fue el pionero de la novela de denuncia social. Nació en 1812 y falleció en 1870. Pertenecía a la clase media, pero su padre gastaba mucho más de lo que ganaba. En un principio, le embargaron sus bienes, pero llegó el momento en que era tal el cúmulo de sus deudas, que se le condenó a la cárcel. Pero en Inglaterra se acostumbraba               que toda la familia debería también de acompañar al preso a la misma celda de la cárcel. Sólo el pequeño Charles fue dejado en libertad debido a que trabajaba en una fábrica de grasa para calzado.

Para Dickens fue una inolvidable experiencia el sentir en carne propia la explotación laboral de niños y mujeres que trabajaban de sol a sol, sin ningún tipo de seguro médico ni pensión laboral, con despidos injustificados. No había consideración alguna para las mujeres embrazadas. Recibían la mísera paga de unas cuantas monedas, un poco de pan y café. Trabajaban en lugares insalubres, oscuros y, además, hacinados en espacios demasiado reducidos. Nadie podía abandonar esos oficios porque se encontraban bajo un régimen de esclavitud. En la novela “Oliver Twist” leemos cómo el protagonista huye y es perseguido para que regrese a su trabajo. Así que no le queda más remedio que unirse a una pandilla de niños ladrones comandados por un viejo corrupto y un ladrón asesino. A Charles Dickens le tocó vivir buena parte de era de la Reina Victoria y de la Revolución Industrial en las que estas situaciones eran comunes. 

Gracias a la inesperada herencia de una tía, toda su familia logró salir de la cárcel. A continuación, se trasladaron de Landport (Portsmouth, Gran Bretaña) a Londres.

Pronto este joven decide ser periodista, toma clases de taquigrafía y es contratado para ser cronista en el Parlamento y sus textos fueron publicados en el “Mirror Parlament”.

Por esos años se prometió a sí mismo: “Jamás volveré a pasar hambre ni penurias”. Reconocía que la obra que más admiraba era “Don Quijote de la Mancha” de Miguel de Cervantes Saavedra. Poco tiempo después se casó con Catherine Thompson Hogarth con quien procreó diez hijos.

Debido a que realizó tan sobresalientes crónicas en el Parlamento, el director del “Mailing Magazine”, se fijó en él y valoró su gran espíritu de observación, así como su fina y aguda ironía. Le propuso que escribiera crónicas de la ciudad, de distintos barrios, de sus parques, de los mercados, de las tabernas; de cómo se vestían, hablaban y se comportaban las personas ricas y las pobres. En un principio escribió bajo el seudónimo de “Boz” para que no fuera confundido con sus crónicas del Parlamento. Sus breves relatos citadinos tuvieron un éxito arrollador, al punto que eran esperados semanalmente con enorme interés por los lectores. El director del periódico le ofreció realizar una compilación y publicarlos en forma de libro en 1836 y titulado “The Sketches by Boz”.  A partir de ese año se revelaba Dickens como novelista.

En 1836 publicó la obra humorística “Los Papeles Póstumos del Club de Pickwick”, que alcanzó gran celebridad por sus juegos de palabras, ironías, giros inesperados y con chispeante alegría. En 1837 publicó una novela sobre la vida de un niño huérfano, “Oliver Twist” con rasgos autobiográficos y que pronto alcanzó un tiraje de 20,000 ejemplares. En 1841 publicó “Tienda de Antiguedades” y, en 1843, dio a conocer su inmortal obra, “Cuento de Navidad”, con su inolvidable personaje Scrooge, avaro y egoísta que conmovió a toda Gran Bretaña. Y, en la actualidad, continúa impactando a los lectores del mundo entero. Es una obra clásica que se recuerda cada Navidad.

A lo largo y a lo ancho de toda su obra literaria, Dickens se declaró enemigo de la pena de muerte y denunció numerosos abusos e injusticias sociales que observaba en su entorno y los describía con un realismo impresionante. Pero siempre dejando mensajes positivos acerca de cómo resolver esas diferencias socioeconómicas.

En 1849 publica “David Copperfield”, también de rasgos autobiográficos y para numerosos críticos es considerada su mejor obra. En poco tiempo logró vender 100,000 ejemplares. Hay lectores que confiesan que esta obra la leen por lo menos una vez al año, junto con “El Quijote de la Mancha”.

En 1853 publica “Tiempos Difíciles”. También viaja a Paris donde conoce a Alejandro Dumas y, a la entonces joven promesa del mundo de las letras, Julio Verne.

En 1860 entabló una gran amistad con el escritor de misterio del siglo XIX inglés, Wilkie Collins                -autor de “La Dama de Blanco”, entre otras muchas obras- quienes mutuamente se ejercieron una positiva influencia en sus creaciones literarias. Fruto de esa gran amistad, Dickens publicó “Historia de Dos Ciudades” y “Grandes Esperanzas”.

En 1867 realizó su segundo viaje a los Estados Unidos y se llevó una gran alegría al comprobar que a raíz de la victoria del Presidente Abraham Lincoln durante la Guerra de Secesión, se fortaleció el gobierno federal, se modernizó la economía y, sobre todo, fue abolida la esclavitud de las personas afroamericanas con notables imperfecciones, aunque sus plenos derechos no los obtendrían sino hasta el siglo XX.

Sorpresivamente, en junio de 1870 falleció. Un mes antes, había sido recibido por la Reina Victoria y ella le confesó que era una profunda admiradora de sus obras literarias y no se resistió a preguntarle cómo fue que alcanzó tal notoriedad como novelista y periodista, sin haber pasado por las aulas universitarias. Dickens le respondió con sencillez que con ese talento se nace y se cultivan cuando se tienen grandes ideales en la vida.

León Tolstói y Fiódor Dostoyevski consideraban a Carles Dickens como a un autor cristiano, no tanto porque practicara mucho su religión, sino por las soluciones que aportaba a las tramas de sus novelas.

Una opinión unánime de los críticos literarios es que Dickens hizo más por los pobres, por los marginados debido a sus claras y valientes posturas en contra de la esclavitud laboral y racial; por sus denuncias ante las injusticias y tremendas diferencias socioeconómicas en la sociedad inglesa; por su permanente oposición a la pena de muerte, etc., de tal modo que su benéfica influencia ayudó a tomar conciencia nacional para que en el Parlamento , tanto en el siglo XIX como en el XX, se aprobaran leyes para resolver estas severas problemáticas.

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