¿Demasiado grande para quebrar?

Más o menos ese era el título de un libro y película que narraba la historia de la crisis de 2008, aquella que fue detonada por un otorgamiento de crédito irresponsable y que luego comercializaron para vender paquetes de esos créditos hasta el punto que gran parte del mundo tenía en su cartera hipotecas sin ningún sentido.
Le daban crédito a quien fuera y, sin hacer un estudio o análisis previo, esa persona adquiría dos o tres inmuebles –además de quien lo habitaba. Esas hipotecas malas se metieron a paquetes, las calificadoras las evaluaron bien, y muchos vieron un default en sus inversiones. Compañías de seguros, bancos, empresas automotrices, fondos de pensiones e inversionistas individuales vieron cómo esos activos se devaluaron.
El gobierno norteamericano tuvo que salir al rescate y en esta historia a la cual hago referencia en mi título, se ve cómo Lehman Brothers quiebra ante múltiples intentos de rescate, pero que después de mucha arrogancia y desacuerdo del entonces director general y presidente del consejo, logra desquiciar a quienes le ofrecían rescatar…hasta que la dejan quebrar.
Cuando el mundo ve que Lehman Brothers quiebra, el racional fue que todo puede quebrar. El efecto negativo o dominó que produjo esta quiebra no tuvo precedente y solo era comparable con aquella tremenda crisis del año 1929.
Cuando el gobierno norteamericano y la FED ven el desastre y el pánico, se dedican a rescatar todo y a salvar empresas emblemáticas y con mucha historia al punto de rescatar algunas que estaban peor que Lehman Brothers. Y esta historia que se titula como mi columna, se basa en que AIG (una aseguradora gigantesca), también es rescatada sobre todo por el pánico que implicaba verla morir, y entonces el mayor argumento para no volver a generar una crisis de confianza fue que ‘es demasiado grande para quebrar’. (Too big to fail)
Y refiero a este evento porque seguramente esta semana y en lo sucesivo tendremos mucho ruido en torno a esta empresa -enorme desarrolladora inmobiliaria en China-, denominada Evergrande; que tiene altas probabilidades de presentar un evento de no pago, o como lo conocemos en mercados, un default. Evergrande tiene una deuda que asciende a $300 mil millones de dólares.
Aquí hay varias consideraciones: la primera es que China es un sistema comunista mixto, no puro, y esto hace que el gobierno controle mucha información y muchas veces nos quita visibilidad de la verdadera situación de las empresas, el sistema financiero y muchos otros sectores. Otra consideración es que, en términos de reservas, China es el país más rico del mundo con más de tres trillones de dólares norteamericanos, así es que también se tiene la capacidad financiera para rescatarla, si fuera necesario.
En una primera instancia el gobierno afirmó que no lo haría. Si vemos hacia atrás esto es lógico: crecimientos de dos dígitos durante tanto tiempo, son insostenibles y un ajuste y una corrección es necesaria y consecuente a este auge tan impresionante. Yo creo que sí va a haber ruido en el mercado y que el evento puede traer ajustes, mismos que aprovecharía para entrar y comprar. También creo que dependiendo del tamaño del evento y contagio, pudiera reaccionar el gobierno.
Esta semana se reúne la FED y pienso que, para entonces, concretamente mañana, podrá hacer también algo para apoyar a que el contagio de este evento chino no sea mayor. ¿Cómo? Dejando para más tarde el corte de los estímulos o recompra de bonos, con un discurso benévolo.
@juansmusi​​​​​​​

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