¿Es posible discutir de forma justa?

“¿Todo se vale en la guerra y en el amor?”…. en realidad no. Los conflictos en un matrimonio, en cierta forma, son saludables, siempre y cuando los dos cónyuges puedan expresarse y ser escuchados. Y sobre todo que logren algún tipo de beneficio para la relación. Para todo esto es importante pelear de una forma justa. Bueno para lograrlo aquí les van algunos pequeños consejos, que muy posiblemente han escuchado, pero volverlos a leer siempre ayuda para vivirlos y aplicarlos en la vida de matrimonio.

Lo primero que hay que hacer es evitar este tipo de actitudes un tanto peligrosas:

a) Salirse por la tangente, evadir el tema.

b) Subir el tono de voz.

c) Nunca recordar situaciones incómodas del pasado, y menos si no tienen nada que ver con el problema en cuestión.

d) Salirse del cuarto hechos una furia, azotando la puerta, no es buena idea.

e) Utilizar palabras ofensivas, burlonas y faltarse al respeto, malísimo.

f) Nunca meterse con la familia extensa del cónyuge.

g) No se queden callados, no es buena la indiferencia.

Aniquilas un matrimonio con el silencio. Ahora mencionaré lo que hay que hacer en lugar de lo anterior:

a) Los conflictos hay que intentar mantenerlos de bajo perfil.

b) Primero que nada, permite que tu cónyuge hable. Que hable. Que hable. ¿Entendido?

c) Asegúrate de que tu cónyuge sepa que lo estás escuchando.

d) Después de permitir lo anterior, ahora exprésate tú. ¿Qué sientes, qué piensas?

e) Si es necesario time out por un rato, es muy sano. Aunque antes de decidir descansar, acurden una hora para retomar la conversación/discusión.

f) Si sienten que está poniéndose el conflicto candente, mejor váyanse a un café. Ahí lograrán contenerse en cuanto a la violencia verbal, tendrán un tiempo de serenidad al trasladarse al sitio acordado y estarán frente a desconocidos que los hará querer hablar tranquilamente.

Expertos del Centro de Estudios Maritales y Familiares de la Universidad de Denver, sugieren que en un conflicto matrimonial, utilicemos la técnica de “vocero-escucha”, es decir, que nos aseguremos de que nuestro cónyuge ha sido escuchado parafraseando lo que dice.

Asimismo, es importante mencionar que las cosas tratadas hay que mantenerlas simples, sin rebuscarlas y nunca hay que caer en la interpretación. Porque en especial, las mujeres somos buenísimas para traducir lo que nos dice el marido, pero peor aún, lo traducimos de manera negativa, lo que hace el conflicto inequitativo y no llegamos a tener una “discusión justa”. Lo más importante en una discusión conyugal es observar de manera fenomenológica, es decir, lo que vemos y oímos, es lo que está sucediendo y nada más. Porque si comenzamos a leer el pensamiento, muecas de la cara y demás, nos hacemos mucho daño.

Entonces ya saben, los conflictos en pareja son saludables y son necesarios para mejorar y fortalecernos, pero tienen que ser justos y de bajo perfil. No hagamos en un vaso de agua, una tormenta, recordemos el compromiso que adquirimos el día que nos comprometimos y si tenemos hijos, piensen que unos padres que se llevan bien, se respetan y se apoyan, pero aparte que saben discutir, es el mejor ejemplo que les podemos dar.

Haremos niños con autoestima y sobre todo independientes. No nos escondamos y tratemos de evadir la realidad, los conflictos, los problemas, son parte de la vida y como tal es necesario que nuestros pequeños lo sepan, lo vivan y lo acepten para que ellos puedan crecer sabiendo discutir de manera justa.

Nos leemos pronto para no quedarnos atrás y ve hacia delante.

 

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