Hasta que la falta de respeto nos separe

Recuerdo muy bien el día que nos casamos. Fue una fiesta increíble, rodeados de amigos y familiares. Fue un sueño. Literalmente lo fue,  ya que la vida no es una fiesta como tal, la vida es real y el matrimonio así como cualquier relación humana tiene su complicación y su chiste para que funcione lo mejor posible.

Han pasado doce años después de ese 18 de mayo y a pesar de recordar con mucho cariño toda la organización de la fiesta, de la misa ¡del vestido! El peinado y demás banalidades, lo que más recuerdo y bien, es las frases que mi marido, ahora padre de mis dos hijas, me mencionó regresando de la luna de miel: “Cuando alguno de los dos nos faltemos al respeto, en ese momento este matrimonio lo perderá todo” – Lo escuché con detenimiento y reflexionando me puse a pensar que tenía toda la razón. Porque no es lo mismo discutir como adultos que quieren lograr algo por el bien común de su propia unión, que una pareja que busca ganarle al “adversario” con palabras hirientes, altisonantes y ofensivas.

Con los años puedo congratularme y compartir que nunca nos hemos faltado al respeto, que si hemos subido la voz han sido contadas las ocasiones y que siempre hemos sabido llegar a un acuerdo, logrando así ganar para que el matrimonio continúe su fin, que es la estabilidad y el crecimiento juntos como personas imperfectas que buscan perfeccionarse.

Ciertamente, todo lo anterior no lo habría logrado sin él, y estoy segura que el sin mi tampoco, porque en realidad nos complementamos y en mi caso personal, vivir junto a él, me hace querer ser mejor persona. Algo que pienso, a mi esposo le sucede similar.

Perderse el respeto podría ser la clave para echar a perder cualquier tipo de relación, no solamente conyugal, sino fraternal, de amistad, laboral, hasta filial. Nunca debemos de ofendernos, y menos pegar en donde más duele, lo que le encanta hacer al ser humano. Porque por lo general cuando discutimos es porque queremos llegar a lograr algo, no a estancarnos, sino ¿qué sentido tendría la discusión?

Cuando hay discrepancias, el reto debe de ser conciliar, avanzar, llegar a alcanzar someter aquello que lleva a la discusión. Consiguiendo así el objetivo de la armonía social dentro de la relación que sea.

Actualmente me atrevería a decir que la humanidad busca su propia satisfacción y que es uno de los factores principales por los que se pierde el respeto en las relaciones personales. Porque al momento de atacar en la parte vulnerable del contrincante, el ego se engrandece y aunque momentáneo, hay un instante de satisfacción que compensa el orgullo y la sensualidad innatos, alimentados por el modernismo vigente.

Si el conductor de un automóvil no nos respeta al atravesar la calle, si el peatón no respeta las esquinas, si el cajero del banco no respeta el horario de la sucursal, si el policía no respeta al ciudadano, si el ciudadano no respeta la ley de tránsito, si el alumno no respeta al maestro, si el maestro no respeta al director, si los hijos no respetan a sus padres, si los padres no respetan a la autoridad, si los padres no respetan a sus hijos, si los cónyuges no se respetan entre sí, hay desorden.

Hay un desbarajuste, una anarquía que enloquecen la estabilidad social y desencadenan la norma del más fuerte, en donde el que más ofende, el que pega primero, “pega dos veces”. Y lo único que se logra es la ofensa, el quebranto y el triste distanciamiento entre parejas, ciudadanos, hijos, maestros y demás actores sociales que por hacer caso a sus pasiones, olvidan que el respeto mutuo es esencial para un orden general.

Si tenemos la oportunidad de ofender a alguien, si tenemos el instante para faltarle al respeto al prójimo, es preciso reflexionarlo antes de hacerlo, porque más allá de sentir placer transitorio al haber elegido un bien, aunque desordenado, a la larga ese sentimiento se convertirá en un “balazo en el pie” ¿Y quién quiere herirse a sí mismo en sus sano juicio? Nadie.

Mi consejo final, sería que hay que recordar que hablar y discutir ante la controversia es sano, siempre y cuando no se falte al respeto y se tenga en cuenta que “se atrapan más moscas con miel que con hiel” lo que estoy segura propiciará orden y estabilidad en cualquier relación personal.

Nos leemos la semana que entra para no quedarnos atrás y ver hacia delante.

 

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