La actualidad de la Encíclia Evangelium vitae (El Evangelio de la vida) de San Juan Pablo II

Una Encíclica de máxima actualidad es la Encíclica Evangelium vitae de San Juan Pablo II. Esta Encíclica es importante porque estamos en un mundo cada vez más incapaz de distinguir entre el bien y el mal en todos los ámbitos, pero sobre todo en el ámbito del derecho a la vida. Por eso San Juan Pablo II, en esta Encíclica, nos dice que es necesario llamar a las cosas por su nombre (n.58); ya que uno de los peores errores de las últimas décadas, ha sido la negación del orden natural de las cosas. Y es que lo que se entiende por natural o naturaleza, en el mejor de los casos, se entiende bajo una visión materialista y superficial de la realidad. Por eso es tan valiosa esta Encíclica porque sus temas centrales son: el orden natural, el derecho natural, la ley natural y la conciencia moral (n.2, 62, 65, 70, 71, 72, 73, 77, 82, 90, 96).

Para entender el sentido de la Encíclica hay que explicar que la relación real de las cosas creadas por Dios es el orden de la naturaleza que se llama ley natural. De modo que para que el ejercicio de la libertad del hombre sea recto, debe respetar ese orden del que San Juan Pablo II nos habla en la Encíclica Evangelium vitae y en otra Encíclica muy importante que es la Veritatis splendor. Y es que el hombre con su conocimiento y su libertad es dueño de sus actos, y es capaz de intervenir en el orden de la naturaleza que no es más que el orden de las cosas, que debe respetar cuando ejerce su libertad.

De hecho, la Encíclica Evangelium vitae retoma a Santo Tomás diciendo que la ley humana es ley sólo si está conforme a la recta razón (n.72). Y la recta razón es conocer el orden de las cosas conforme al fin que cada una tiene y con respecto al fin de todas que es Dios, y además ordenar cada uno de los actos libres respecto a esos fines y respecto a Dios que es su último fin.

Si el hombre con sus leyes no reconoce el orden natural de las cosas y no ordena sus actos libres respecto a ese orden, no hay verdadera ley ni hay recta razón. Este es el argumento central de la Encíclica Evangelium vitae al que se refiere San Juan Pablo II cuando habla de los atentados actuales contra la vida, afirmando que la doctrina que respeta la vida se fundamenta en la ley natural (n.62). Y esto lo enfatiza cuando se refiere a la eutanasia como homicidio, agregando que la violación del orden natural usurpa el poder de Dios Creador usándolo fatalmente para la injusticia y para la muerte.

El problema que señala la Encíclica es que por no entender profundamente lo que es la naturaleza y el orden natural o ley natural, resulta que lo que antes eran pecados, ahora tienden a ser “derechos humanos” (n.11). San Juan Pablo II nos dice que el problema es que el lenguaje está enfermo de muerte y por eso sus significados se han limitado a puras descripciones sin contenido de verdad. Y bajo esta perspectiva ya no es posible hablar de ley natural, porque con puras descripciones no se puede acceder al ser, a la verdad y al bien objetivos.

Actualmente cada uno interpreta y describe las cosas como le conviene en sus circunstancias y sin definir nada. Y con esto se destruye la cultura y se instala lo que San Juan Pablo II llama la “cultura de la muerte”, que por un lado proclama los derechos humanos y la defensa de la vida, y por otro lado acaba negándolos al reducirlos a un ejercicio retórico estéril (n.18). Así se promueve la anticoncepción, el aborto, lo que llaman “muerte digna”, que es la eutanasia o incluso el suicidio. Porque el hombre se cree señor de la vida y de la muerte (n.15), todo lo cual constituye una real estructura de pecado (n.12). Por eso la Encíclica Evangelium vitae afirma que estamos ante un enorme y dramático choque entre el bien y el mal, entre la muerte y la vida. Entre lo que San Juan Pablo II llama la “cultura” de la muerte y la cultura de la vida (n.28).

Esta Encíclica es muy oportuna e importante porque nos dice muy claramente que el hombre ya perdió el verdadero sentido del misterio del dolor (n.31), de la misma vida como tal (n.32) y de su originalidad e inviolabilidad (n.34 al 45). Hay que leer los números 57, 58 y 62 de la Encíclica, en los que se refiere al aborto y a todos los atentados contra la vida de la persona inocente, que no son más que la señal de una peligrosísima crisis del sentido moral.

Pero San Juan Pablo II no sólo plantea los problemas sino que propone como solución, afirmar la necesidad de la primacía del ser sobre el tener (n.98). Por eso es muy importante que conozcamos esta Encíclica y que reflexionemos sobre sus temas procurando salir de la superficialidad de las descripciones y de las opiniones, para defender la vida como verdaderos cristianos, es decir, conforme al Evangelio de la vida.

Manuel Ocampo Ponce
Universidad Panamericana
Guadalajara Jalisco, México.

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