La Arquidiócesis de México, la Iglesia en salida y el Santo Cura de Ars

En reciente entrevista, el Cardenal Carlos Aguiar y su Consejo Episcopal hablaron sobre los retos que han enfrentado desde que inició su ministerio al frente de la Arquidiócesis Primada de México.

El común denominador de los obispos auxiliares entrevistados fue la necesidad de trabajar por la seguridad en las parroquias, la delincuencia, el diálogo entre sacerdotes donde impere la confianza, la atención a personas vulnerables, la alimentación a menesterosos, la formación de proyectos sociales, la necesidad de crear nuevas diócesis, acercar a los jóvenes a la Iglesia. El Cardenal Carlos Aguiar señaló la necesidad de ser una Iglesia en salida, es decir, ir a los ambientes donde se encuentran las personas más vulnerables o con necesidades más evidentes.

Sin embargo, dentro de estos planes muy necesarios, debe considerarse como algo prioritario la formación de los sacerdotes en cuestión doctrinal y litúrgica, de otro modo la Iglesia que sale, va incompleta. Se corre el riesgo de ser trabajadores sociales y no pastores. Se puede hallar penosamente sacerdotes que ya no evangelizan, que han reducido su ministerio a una cuestión administrativa o bien a obras de filantropía; parroquias con horarios de confesión cortos o confesionarios vacíos; abusos litúrgicos; homilías poco preparadas o disociadas de la doctrina católica; días de descanso intocables, en el que la parroquia se cierra completamente; sacerdotes que permiten en sus parroquias cursos de yoga, que apoyan la ideología de género; sacerdotes reacios a trabajar con tal o cual grupo parroquial, sacerdotes que emulan a los malos patrones de alguna empresa, étc. Existen claro está, muy valiosas excepciones a lo anterior.

Si bien es cierto que todos somos humanos y cometemos errores, también es cierto que hemos de corregir cuanto se pueda, con disciplina y humildad, a fin de servir a la obra de Dios en este mundo. Es loable el proyecto de Iglesia en salida, pero debe empezarse en la propia casa, es decir, en la celebración de la Santa Misa y administración de los sacramentos, en su actuar en las parroquias y universidades, con los más próximos.

Los sacerdotes de cualquier jerarquía y sin excepción, deben recordar que la salvación de las almas es la prioridad en toda acción misionera y evangelizadora, ésta no conoce de horarios, jurisdicciones, del estado anímico del sacerdote, de sus simpatías o antipatías; ha de velar por todo el rebaño y dará cuentas graves a Dios por ello.

Cabe mencionar que la obra misionera y su ministerio sacerdotal no son excluyentes. Un ejemplo de ello fue el Santo Cura de Ars (San Juan María Vianney). En su biografía se puede leer: “En cuanto llegó, consideró la Iglesia como su casa. Entraba en la Iglesia antes de la aurora y no salía hasta después del Ángelus de la tarde. Si alguno tenía necesidad de él, allí lo podía encontrar”, de igual modo, visitaba a los enfermos, fundo un instituto llamado “Providence” para niñas huérfanas, fundo hermandades y llamaba a los laicos a que colaborasen con él. Mediante la predicación y consejos, motivo a sus feligreses a acercarse al sacramento de la confesión, dando como resultado que tanto los locales como habitantes de otros lugares acudieran y se convirtieran a Dios; él llegaría a estar en el confesionario –léase bien- hasta 16 horas. En cuanto al sacramento de la Eucaristía, ejerció su labor evangelizadora mediante la celebración de la Santa Misa, que según testimonios, aseguraban “no se podía encontrar una figura que expresase mejor la adoración, contemplaba la hostia con amor”, tal era la importancia de salvar almas.

El sacerdote continúa la obra de redención aquí en la tierra, ofrece el sacrificio de la Santa Misa y el perdón de los pecados; todos tenemos necesidad de ellos, oremos por su conversión y ministerio, encomendemos a los sacerdotes a la intercesión del Santo Cura de Ars quien es su patrono, modelo y protector, un testimonio de verdadera entrega sacerdotal.

“Todas las buenas obras juntas no son comparables al Sacrificio de la Misa, porque son obras de hombres, mientras la Santa Misa es obra de Dios.” Santo Cura de Ars

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