La Iglesia y la obediencia en tiempos de una pandemia

Ante la cuarentena por el COVID-19, se desplego una campaña mundial referente a las precauciones que deben tenerse para evitar la transmisión del virus, entre las que se halla el quedarse en casa; el cierre de establecimientos, limitación de movilidad, cierre de lugares turísticos; hasta la prohibición de salir.

En nuestro caso, la Conferencia del Episcopado Mexicano emitió en febrero pasado un comunicado titulado “Acciones en la Iglesia, ante la eventual emergencia sanitaria (COVID-19)”, en el que se solicita suspender el saludo de mano con contacto. En lo referente a la Eucaristía he aquí lo asentado:

“En el mismo sentido, se considera muy conveniente, por la misma circunstancia, que la Sagrada Comunión, durante la eventual emergencia, sea distribuida en la mano y no en la boca, según las normas de la Iglesia”.

Nadie jamás prohibió recibir la Sagrada Comunión en la boca, – léalo bien, NADIE – pero muchos sacerdotes se apresuraron a darla exclusivamente en la mano. Y nadie lo prohibió por la sencilla razón de que no pueden hacerlo; solo se limitan a considerar conveniente que sea distribuida en la mano según las normas de la Iglesia en las cuales está claro el derecho del feligrés a recibir la Sagrada Comunión en la boca:

“(…) Por consiguiente, cualquier bautizado católico, a quien el derecho no se lo prohíba, debe ser admitido a la Sagrada Comunión. Así pues, no es lícito negar la sagrada Comunión a un fiel, por ejemplo, sólo por el hecho de querer recibir la Eucaristía arrodillado o de pie. (…) Todo fiel tiene siempre derecho a elegir si desea recibir la sagrada Comunión en la boca”  (Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos. Instrucción Redemptionis Sacramentum No. 91-92)

“No se obligará jamás a los fieles a adoptar la práctica de la comunión en la mano, dejando a cada persona la necesaria libertad para recibir la comunión o en la mano o en la boca”. (Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos. Notificación acerca de la Comunión en la mano No. 7)

Por favor, antes de que se apresure a refutar, piense por sentido común que con las manos tocamos todo: el volante, nuestra ropa, el bolso, la banca, el dinero, la hoja dominical; por tanto nuestras manos son más susceptibles de estar sucias  y evidentemente, las menos indicadas para recibir la Sagrada Comunión.

Pero, si la Iglesia tiene como válidas ambas formas de recepción, en la boca y en la mano (no olvidando que ésta última nació como un abuso y fue tolerada solo en ciertas conferencias), ¿por qué tanto alboroto? He aquí las razones:

*Porque justo cuando la Iglesia recomienda una acción, muchos sacerdotes la interpretan como una orden, contraviniendo las normas de la Iglesia; las desobedecen escudándose en una pandemia, incapaces de dilucidar un comunicado (o quizá perfectamente conscientes de ello, actuando con dolo), menos aun de explicarlo a los fieles y aplicarlo en sus parroquias.

*Porque muchos se ha apresurado a criticar a otros por “no obedecer”, por no querer recibir la Sagrada Comunión en la mano, cuando el comunicado no se trató jamás de una orden, sino de una recomendación. Y aun cuando sea una orden se ha de discernir si es legítima.

*Porque infinidad de miembros del clero católico se han obstinado en imponer la recepción de la Sagrada Comunión en la mano, en un acto autoritario, cometiendo un abuso tácito al ignorar la doctrina católica y los documentos del Magisterio de la Iglesia.

*Porque se asienta un grave precedente: recordemos que una vez introducida la recepción de la Sagrada Comunión en la mano como un abuso solo tolerado, se extendió como práctica común sin más. Ahora se aprovecha esta pandemia para modificar de golpe la forma válida de recepción en la boca al imponer la otra.

*Porque ante el poco o nulo discernimiento de los fieles, una vez que esto regrese a la normalidad ¿Cuántos cree que querrán recibirla en la boca si sus propios sacerdotes tan abusivamente se las negaron de ese modo so pretexto de higiene? ¿Cuántos temerosos de su vida se privaran de recibir la Sagrada Eucaristía de forma adecuada no entendiendo la Presencia Real de Cristo?

Tenga presente que la obediencia ciega no es obediencia, sino servilismo. La obediencia no es un bien absoluto que se da sin más. Ahora bien, sepa diferenciar una orden de una recomendación. Por otro lado, suele decirse que “el que obedece no se equivoca”; craso error, el que obedece debe discernir si la orden es legítima, usted no es un autómata, posee inteligencia; procure formarse; el sacerdote siendo humano también se equivoca, no es perfecto pero es perfectible como todos nosotros y debemos hacerle ver su yerro en la inteligencia de hacerlo por amor de Dios.

Recuerde a sus sacerdotes lo que la Instrucción Redemptionis Sacramentum indica:

“Cada uno de los ministros sagrados se pregunte también con severidad si ha respetado los derechos de los fieles laicos, que se encomiendan a él y le encomiendan a sus hijos con confianza, en la seguridad de que todos desempeñan correctamente las tareas que la Iglesia, por mandato de Cristo, desea realizar en la celebración de la sagrada Liturgia, para los fieles. Cada uno recuerde siempre que es servidor de la sagrada Liturgia”.

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