Libertad de expresión, el católico y Libertas Praestantissimum

«No estoy luchando por una libertad que signifique el derecho a hacer lo que me plazca, sino por una libertad que signifique el derecho a hacer lo que se deba. La obligación implica Ley; la Ley implica inteligencia; y la inteligencia implica a Dios». Arz. Fulton J. Sheen

Es común hallar el pensamiento laxo en el católico de que la libertad de expresión significa poder decir lo que queramos. El liberalismo cuenta con flamantes ejemplos de ello, uno es John Stuart Mill, economista y filósofo británico, escribió: “No podemos jamás tener seguridad de que la opinión que tratamos de ahogar sea falsa y aún cuando de ello estuviésemos seguros, el ahogarla sería un mal”. Otro ejemplo es hallado en la Declaración de Derechos de Virginia (que más tarde inspiraría la constitución de los EEUU), en su artículo 12 afirma: “La libertad de prensa es uno de los grandes baluartes de la libertad y no puede ser restringida jamás de no ser por gobiernos despóticos”. Ambos, claros errores del concepto de libertad de expresión. Es un hecho que los EEUU se fundaron sobre principios liberales en todos los aspectos.

Ahora bien, el pensamiento liberal ha permeado en el católico, podemos encontrar grupos como el ENJES (Encuentro Nacional de Jóvenes en el Espíritu Santo) que publicaron en una ocasión un dibujo donde aparecen dos jovencitas sonriendo y abrazándose, una provida y otra proaborto con la leyenda “Podemos pensar distinto sin agredirnos”. A primera vista parece aceptable pero lo que hacemos es afirmar que nos importa un bledo si alguien opina que asesinar en el vientre materno esta bien, porque al fin y al cabo está en su derecho de decir lo que le plazca, mientras no me agreda (ya sabe el “amor y la cordialidad” ante todo). ¿No le parece insultante el pensamiento liberal y su deformado concepto de libertad que se ha extendido en el mundo?

Si llegados a este punto, a usted católico le parece escandalosa la crítica a estos conceptos de libertad, no se preocupe, nuestra Madre Iglesia vigilante y defensora de la verdadera libertad tiene el antídoto para combatir y erradicar su pensamiento liberal. Uno de los mayores combates presentados al liberalismo, condenándolo, lo dió SS León XIII en el año 1888 en su encíclica “Libertas Praestantissium” en la que marca incluso el liberalismo de primero, segundo y tercer grado, aquí algunos extractos sobre el tema que nos atañe:

*En una sociedad humana, la verdadera libertad no consiste en hacer el capricho personal de cada uno ya que esto provocaría una extrema confusión y una perturbación que acabaría destruyendo al propio Estado, sino que consiste en que, por medio de las leyes civiles, pueda cada cual fácilmente vivir según los preceptos de la ley eterna.

*El derecho es una facultad moral. Existe el Derecho de propagar en la sociedad, con libertad y prudencia, todo lo verdadero y virtuoso para que pueda participar de las ventajas de la verdad y del bien el mayor número posible de ciudadanos.

*Las opiniones falsas, máxima dolencia mortal del entendimiento humano, y los vicios corruptores del espíritu y de la moral pública deben ser reprimidos por el poder público para impedir su paulatina propagación, dañosa en extremo para la misma sociedad. Los errores de los intelectuales depravados ejercen sobre las masas una verdadera tiranía y deben ser reprimidos por la ley con la misma energía que otro cualquier delito inferido con violencia a los débiles.

*Si se concede a todos una licencia ilimitada en el hablar y en el escribir, nada quedará ya sagrado e inviolable. Ni siquiera serán exceptuadas esas primeras verdades, esos principios naturales que constituyen el más noble patrimonio común de toda la humanidad.

Así pues, todo lo bello, bueno y verdadero tiene derecho a ser propagado, no así el mal ni la podredumbre. “¡Estaríamos limitando la libertad!” gritara el católico liberal; en efecto, porque para llamarse a sí misma libertad, ha de ser virtuosa y estar circunscrita dentro de la moral. La libertad ilimitada para hacer lo que nos plazca no es otra cosa que la esclavitud del pensamiento y del actuar. Cuando nos sintamos tentados a defender la libertad de expresión ilimitada, piense que aboga para que el cerdo publique pornografía en las redes sociales, lo mismo que una mujer de publicar sobre el derecho a la vida del no nato y la conversión de homosexuales que comienzan a vivir una vida plena y ordenada.

Y solo el liberal, el estulto o el imbécil ignorarían la clara diferencia entre libertad y esclavitud, entre el bien y el mal, entre comer estiércol o una comida nutritiva…

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