Lo que hay que vigilar

A pesar de la pandemia y del duro efecto sobre la economía, los mercados financieros en términos generales tuvieron un buen año y en EEUU los índices S&P 500 y Nasdaq, espectaculares. Gran parte de este éxito fue por grandes empresas que durante la pandemia no solo no cayeron, sino que se fortalecieron y la pandemia les ayudó.
Hoy esas empresas que muchos identifican como “tecnológicas” pesan tanto en los índices que los arrastraron a un gran año. En esos mismos índices hay empresas muy golpeadas y rezagadas y que ahora con el surgimiento de la vacuna seguramente se recuperarán, aerolíneas, hoteles, cruceros, petroleras, parques de entretenimiento, espectáculos, etc.
La Bolsa Mexicana solo rindió el 1.21% en el año y creo que independientemente de su valuación, que para muchos es barata, obedece a la falta de apetito por el país. Una perspectiva negativa de país no anima a los inversionistas a comprar su bolsa de valores. El peso mexicano se depreció solo 5.63% y digo solo porque la expectativa en general era de una mayor caída, sin embargo, la depreciación generalizada del dólar contribuyó a esta sorpresa y también ayudó que no hubo un deterioro de las finanzas públicas y por ende se mantuvo la salud fiscal y financiera.
Las remesas (dinero que envían mexicanos que trabajan y residen en EEUU a familiares en México) volvieron a tener un crecimiento importante con respecto al año anterior. Otra sorpresa que a pesar del desempleo y el encierro haya crecido y no disminuido como se esperaba. El precio del petróleo también sorprendió, ya que cerró el WTI (West Texas Intermediate) cerca de los $50 dólares, un nivel no visto desde febrero del 2020.
Los rubros que más nos benefician y más nos gustarían ver crecer, disminuyeron, y me refiero a la inversión pública y privada, que, de nuevo, ante un entorno negativo y poco confiable prefirieron otros activos u otros países. La inflación va a terminar en un rango muy aceptable, ligeramente arriba del 3%y la tasa de referencia también acabó en un nivel esperado de 4.25%. Y a nadie sorprenderá también ver una cifra final del PIB cercana al -9%.
Estas variables habrá que vigilarlas para el año en curso. Un año que tiene un componente diferente, elecciones intermedias. Y aunque este es un asunto más político que económico, si tiene una incidencia directa sobre estas variables por la asignación de los recursos públicos. En pocas palabras, gran parte de la recaudación, tendrá fines electorales y lo más popular es hacerle llegar dinero a la gente de manera directa a través de los programas sociales para ganarse el voto.
Esto puede ser relevante más adelante porque dicha asignación de recursos no beneficia al desarrollo y crecimiento económico y si puede deteriorar las cifras macroeconómicas y con ello puede venir un deterioro en las finanzas públicas y por ende en la calificación crediticia del país.
Recordemos que ya los fondos de emergencia se agotaron y de ahí que la inventiva o creatividad de muchos ignorantes con poder los ha llevado a sugerir o exigir el uso de las reservas del Banco Central o bien utilizarlo para lavar dinero captando dólares en efectivo. Esto, sin importar la autonomía del Banco de México. Si esto progresa en el algún momento, las consecuencias serán catastróficas.
Es muy probable tener un año de crecimiento positivo entre el 3% y 4%, que viniendo de un -9% no es nada bueno, pero es mejor. También si se cuidan las finanzas públicas como se ha hecho hasta ahora, muchos de los indicadores que se comportaron bien durante el 2020, se puedan mantener similares en el 2021, especialmente el tipo de cambio. Aquí lo interesante será ver cómo se comporta la moneda norteamericana ya bajo la gestión de Biden, que en principio supone no habría cambios drásticos.
Yo sigo prefiriendo invertir en dólares y escoger bien los activos en esa divisa ante un frágil entorno y una perspectiva nada halagüeña de nuestro país.
@juansmusi ​​​​​​​​

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