Los jóvenes de hoy y la Iglesia. ¿Hay realmente un alejamiento?

*Dr. Carlos Leite Poletti.

Si observamos los encuentros que tuvo el Papa Francisco, por ejemplo, con la juventud, nos damos cuenta que la juventud no se aleja de la Iglesia, pero no podemos olvidar que gran porcentaje de jóvenes, sí se han apartado de la Iglesia. Sin embargo, esto no quiere decir que la Iglesia los haya perdido. El materialismo y la falta de compromiso para con todo y todos es el buque insignia de este dilema.

Tanto para los católicos como para los protestantes la franja de edad de la veintena es la menos comprometida cristianamente, pero es que los jóvenes dejan de participar institucionalmente en todo.

En las últimas décadas ha habido enormes cambios en, en la tecnología, en la sexualidad y en la economía. Esto ha llevado a un grado mucho mayor de complejidad, inmediatez, zapping de ideas, etc. Y la cultura de la falta de compromiso de hizo la meta de todas las metas.

El surgimiento del mundo digital ha revolucionado el modo en que los jóvenes se comunican entre ellos y obtienen informaciones. Esto ha llevado a cambios significativos en el modo en que la generación actual se relaciona, forma pareja, y razona. Esto si dudas tiene un lado positivo, en el sentido en que se han abierto grandes oportunidades para difundir el mensaje del Evangelio. Sin embargo no hay más acceso a otras visiones culturales y de valores, con una reducción de la capacidad crítica de valoración. Proporcional a todos estos avances, no es nada raro que, muchos adolescentes y adultos sufren un aislamiento en sus familias. El alto número de separaciones y de divorcios, así como de nacimientos fuera del matrimonio hacen que sean cada vez más las personas que crecen en ámbitos no tradicionales donde la estructura familiar es inexistente o híper precaria. Analizando las causas del alejamiento de la iglesia por parte de los jóvenes, hay una gran variedad de frustraciones que lleva a las personas a abandonar la misma.

Algunos consideran su iglesia como un obstáculo a la creatividad y la auto-expresión. Otros se aburren a causa de enseñanzas superficiales y lugares comunes.
Los más intelectuales perciben una incompatibilidad entre fe y ciencia, etc. Pero pese a todo lo anterior, seguimos algunos difundiendo el Evangelio, y lo expreso con toda humildad, yo no soy diferente ni más que nadie. Así, en ese afán, nos encontramos con fuertes y sólidos grupos parroquiales, misioneros y catequistas.

No se puede ir por la vida simplemente con un activismo puramente filosófico e ideológico. Hay que saber compaginar bien la acción con la oración. Esto depende de nosotros mismos. Y es así que allí donde parece que la Iglesia ha perdido a la juventud, quizás la clave para superar este problema está en intensificar la unión con Dios.

La Iglesia no ha perdido a los jóvenes. Sólo habría que recordar las casi infinitas historias de redención juvenil, la historia de tantos jóvenes que, cansados de una vida sin Dios buscan desesperadamente alguien que les habla de Él.

Creo que es inverso el dilema, es la juventud la que ha perdido a la Iglesia. Es cierto que en las ideologías materialistas y ateas han ido dando paso a una sociedad cada vez peor, y parecería que Dios ha quedado al margen. Pero podemos sentir y trabajar por una nueva primavera de la Iglesia, que viene de la mano de los jóvenes. Muchos ya se sienten cansados de un vacío existencial.

Quiero terminar con una cita, una de las mejores que tengo en mi vida:

“Prediquen el Evangelio, y si posible hasta con las palabras” (San Agustín)

*Dr. en Derecho Uruguayo y católico
Asesor en Bioética de la Universidad de Montevideo

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