Mujer, ¡Recupera tu dignidad!

Por Germán Ambrosio M.

Con motivo del reciente Sínodo de la Familia que ha concluido en días pasados, se suscitó una reflexión acerca de la necesidad de promover puntualmente que es ser familia, como una forma de re-valorizarla, y ponerla en el lugar primordial que tiene en la sociedad. Pensado en ello, opino que antes de que eso, será necesario recordarle a muchas mujeres el valor que tienen como tales, que sepan recuperar su dignidad perdida por circunstancias diversas y lamentables de la vida, y en muchos casos acompañadas y producto del propio consentimiento.

Se debe recordar que la mujer juega un papel muy importante como un pilar base de la familia, ya que es ella quien es el vínculo primario de los hijos desde temprana edad con el mundo exterior, dentro de un desenvolvimiento sano. Toda mujer debe saber valorar y defender su dignidad desde la niñez, tomando conciencia que con el ejemplo se enseña a sus niñas a hacerse respetar y a los niños a tratar a la mujer como se debe, con respeto y amor.

Es triste ver en la actualidad a la mujer permitir que se le denigre, viendo pisoteada su dignidad, donde por ejemplo podemos observar en diversos medios de comunicación y entretenimiento, mujeres que tienen como profesión la de ser actrices, cantantes, o conductoras de programa de tv, se dejan llevar por lo que las “modas” dictan, y visten en una forma donde el pudor “brilla por su ausencia” y poco dejan a la imaginación, viviendo inmersas en forma consentida en una cultura de la banalidad.

Algo parecido sucede cuando la mujer permite cosificarse, al aceptar lo que el papa Francisco llama “la influencia de las colonizaciones ideológicas”, donde se le propone a la mujer considerar un “derecho” que la hace libre, el dañar su cuerpo por medio de una mentalidad y unas prácticas anticonceptivas, y en otros casos haciendo un mal uso el don precioso de la maternidad que se le ha dado, por medio del ejercicio de la maternidad subrogada, siendo un vientre de alquiler en venta, y en el aborto, donde mata a su propio hijo por nacer, convirtiendo su vientre fértil en una tumba estéril.

Cuando la mujer permite situaciones de infidelidad y adulterio de su cónyuge, guardando silencio y haciéndose “de la vista gorda” con tal de que el esposo no se vaya y siga dando dinero para los gastos de la casa e hijos, termina perdiendo todo sentido de dignidad.

Dentro de este postmodernismo en que vivimos la mujer acepta tirar al bote de la basura su dignidad al tragarse la mentira que ofrece el feminismo radical, donde adopta una posición de lucha descarnada en contra del hombre, a quien debiera ver como su complemento y que en cambio considera el adversario a vencer, y todo por salir a buscar el éxito y el reconocimiento social, que al final la deja vacía y en soledad.

Decían las abuelitas: “Que el hombre llega hasta donde la mujer quiere” y parafraseando podríamos decir que, “la falta de respeto a la dignidad de la mujer llegará hasta donde ella misma lo permita”; la mujer ha querido para competir con el nombre, usar la estrategia equivocada de imitar no los rasgos positivos, sino los rasgos negativos y vicios de algunos hombres, convirtiéndose así, si es posible, en mujeres más borrachas que ellos, más promiscuas, más infieles, y ese es claramente el camino equivocado para la realización de la mujer como persona, y eso repercute en la familia y la sociedad.

El tirano dictador Lenin decía: “Si quieres dominar un país prostituye a sus mujeres”, si la dignidad de la mujer sigue siendo maltratada, toda sociedad estará condenada a la destrucción desde sus cimientos, en cuya base está la familia. Una mujer herida en su dignidad poco puede hacer para educar correctamente a sus hijos.

Recuerda mujer que no eres tan solo un número en una estadística, ni una posible víctima más, sino un ser humano con dignidad y que merece respeto. Las herramientas para recuperar tu dignidad son muchas solo necesitas buscarlas, hay instituciones especializadas en ayudarte en ese sentido, además de la importancia de que busques tener una vida de fe, en Dios.

Una mujer que tiene dignidad y la hacer respetar, es base de familias ejemplares que dan a la sociedad sentido de prosperidad.

Así pues, la tarea no es fácil, ni tampoco imposible: ¡Estas a tiempo mujer! de recuperar tu dignidad y asumir el papel único e insustituible para el cual fuiste creada, a partir de tu entorno familiar, ya sea como hija, madre o esposa, para formar ciudadanos de bien e hijos de Dios dignos, que se integren a la sociedad para formar un mundo mejor.

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