Regina Blandón y la causa provida

“Sus papás siempre le dijeron que era la rara, la no deseada, ¿Tú crees que Bibi va a estar a favor de traer hijos no deseados al mundo?” Respuesta: “Claro que no. Bibi siempre investiga, lee, se informa… Una persona “pro-vida” no es alguien que, creo yo, investigue, lea o se informe lo suficiente como para ver que legalizar el aborto es un tema de salud pública y de tener el derecho a decidir, no de creencias personales”.

Así respondía Regina Blandón a la pregunta de un usuario en las redes sociales, lo que ha levantado polvo entre la gente. Ante dicha respuesta, cabe señalar que es precisamente por informarse y formarse que una persona sabe que la vida comienza desde el momento de la concepción; que la matanza de seres humanos en el vientre de sus madres no es un derecho, solo existe el derecho a la vida; que el aborto no es interrumpir un embarazo sino matar; que la búsqueda de salud pública es -o debería ser- el cuidar la vida desde la concepción hasta la muerte natural y no buscar matarle con anuencia del Estado en alguna de sus etapas.

Regina Blandón y aquellos que promueven el aborto como un tema de salud pública, omiten hablar de las terribles secuelas que quedan después de un aborto, el dolor esta unido profundamente a la “conciencia biológica”. El psiquiatra Karl Stern habla al respecto: mujeres que han abortado por ejemplo en el tercer mes, seis meses después caen en depresión, sin que se den cuenta conscientemente de que “ya es el momento” en que habría nacido el bebé. Su profunda reacción de pérdida (que no va necesariamente unida con una preocupación consciente por el parto fallido) coincide con el tiempo en que éste hubiera tenido lugar.

Por lo que se refiere a lo que despectivamente llama «creencias personales», ¿cómo podría ser la embriología, biología y genética una creencia personal? Los provida no imponemos creencias personales; son precisamente aquellos que promueven el aborto, los que imponen el asesinato en el vientre materno disfrazado de derecho de la mujer. Con esa afirmación va de la mano la crítica velada a la religión, a lo que cabe aclarar que nuestra madre Iglesia lejos de ponernos una venda en los ojos es quien nos los abre cientos de veces a lo largo de nuestra vida, nos ilumina el intelecto y basta con que digamos sí para que nos abrace y conduzca por la Verdad respecto a todo lo que nos atañe, especialmente la vida en gestación.

¿Por qué hallamos a tanta gente dispuesta a promover el aborto sin más? Porque desde hace décadas se ha introducido en la sociedad un pensamiento que deshumaniza a las personas. Dejamos de ver al bebé en gestación como un ser humano para considerarlo unas células, un tejido o incluso un parásito; pensamos que el amor a nuestros padres se expresa dándoles una “muerte digna” en el ocaso de sus días; que ante una enfermedad grave es mejor “desconectar” al paciente, etcétera. Y así ante cada deseo o exigencia nuestra, alegamos “derechos” que no existen, proclamamos que alguien debe morir para conseguir lo que queremos.

Nos hallamos en el último punto del “progreso” humano donde todos, absolutamente todos somos desechables. Cada uno ha de decidir aquí y ahora lo que hará. Nadie puede ser indiferente, porque quien pretende ser neutral colabora con el asesinato en el vientre materno y perpetua el maltrato hacia la mujer. Cuando infinidad de personas apoyan sin más el aborto y se enorgullecen ello gritándolo a los cuatro vientos, ¿qué haremos nosotros? Simple: debemos formarnos e informarnos, combatir al mal con el bien. Tengamos por seguro que en esta lucha no estamos solos.

Cuando dudemos de ir hacia adelante para defender la vida desde la concepción hasta la muerte natural, no olvidemos jamás lo que decía Gilberth Keith Chesterton: “Poco importará sí escribimos bien o mal, sí luchamos con cañas o mayales, pero si importará y mucho de qué lado luchamos»…

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