Lucía Alarcón y la deformada libertad de expresión

“¿Se puede curar de la homosexualidad? Si se admite con humildad que el deseo homosexual es el signo de una herida identitaria y amorosa, si se cree que Dios lo puede todo y que tiene los medios para curar incluso nuestras heridas más profundas, yo pienso que SÍ”. Philippe Ariño

Hace unos días Lucía Alarcón, editora en jefe de la revista de moda Harpers Bazaar México, publicó un tweet que tituló: ¡Jesús cambia vidas!, contenía un video de testimonios de personas que practicaron la homosexualidad y lograron ordenar su vida: “Former LGBTQers Testify: If You No Longer Want to Be Gay or Transgender, You Don’t Have to Be”. La publicación se hizo viral provocando la ira y las reacciones de odio hacia su persona, llegando al linchamiento mediático.

La aplanadora homosexual se le ha ido con todo, así como periodistas y comunicadores. Entre la gente que le increpa se hallan cuentas verdaderamente nauseabundas que le exigen su renuncia y que se “eduque”. Ellos publican -lea bien- videos y fotos de actos homosexuales y orgías, promoción de sitios de servicios sexuales. Twitter no restringe el acceso a estas cuentas, cualquiera puede acceder enseguida a ese contenido y nadie pide su censura, nadie reacciona y todos se escudan en la mal llamada “libertad de expresión”, la cual para ser verdadera debe estar circunscrita dentro de la moral.

Lucía solía publicar sobre el derecho a la vida del no nato, sobre el conflicto en Palestina, algo sobre religión y política, entre otros temas, nada contrario al bien común. Los que publican y promueven el estiércol son los que piden su cabeza a tal grado que ella ha presentado una disculpa diciendo que tomará cursos sobre diversidad y agradece a quienes la han «orientado». Sería sencillo hablar de su falta de firmeza, pero ¿acaso sabemos con qué la han presionado? ¿El cierre de la editorial? ¿Pérdida de empleos además del suyo? Y ¿Cómo podríamos hablar de cobardía cuando muchos no somos capaces de publicar nada sobre los verdaderos valores en nuestras redes sociales?

Comunicadores como Mónica Garza le pidieron reconsiderar su postura, porque “se trata de la vida y la estabilidad emocional de ya demasiadas víctimas”. Sin embargo no la veo exigiendo la suspensión de las cuentas abiertamente pornográficas e inmorales donde se cosifica precisamente a los homosexuales que dice defender. ¿Percibe el insulto a la inteligencia y la hipocresía de nuestros flamantes medios de comunicación? Censuramos a quien promueve el bienestar común, mientras que aquel que promueve el estercolero tiene abierta licencia. Todos hablan de la “plenitud” de la practica homosexual, de que no hay nada que curar, pues bien, veamos que tiene que decir Philippe Ariño:

“Lo que me gustaría es que las personas homosexuales se den cuenta de que la gente que les aplaude no las ama, porque en realidad no las conoce y cierra los ojos ante sus sufrimientos, ante su deseo erótico”.

Por otro lado, estamos a veces tan inmersos en nuestra cotidianeidad y nuestros asuntos -yo la primera- que no vemos lo que sucede a nuestro alrededor; somos muchos a favor de los valores cristianos, pero sucede que los vivimos tan privadamente que apenas se nota que somos católicos; y de las redes sociales, diríase que vivimos eternamente en la burbuja de fantasía mientras la ideología de género avanza a pasos agigantados. Vivimos tan separados unos de otros que al estar dispersos (física, intelectual y espiritualmente) difícilmente lograremos algo que contrarreste a la aplanadora de la ideología de género.

Ellos trabajan día y noche, en las redes sociales, en la vida pública sin la menor vergüenza de lo que promueven; manejan los medios de comunicación, modifican las leyes a su arbitrio logrando atrincherar al primero que se le ocurra decir que alguien que practica la homosexualidad puede cambiar y vivir plenamente. No les importa la disculpa, no les importa la dignidad o la vida de los homosexuales; lo que ellos buscan es imponer una mordaza a todo aquel que disienta del discurso políticamente correcto. La pregunta es ¿Dónde estamos cuando eso ocurre? ¿O acaso usted se traga aquel argumento de “discurso de odio” por parte de Lucía? No le creo tan estulto.

Su caso pone de manifiesto hasta qué punto hemos deformado el concepto de libertad de expresión; muchos reirán de cómo lograron doblarla, de cómo es que no ha “quedado bien” con nadie. Donde otros ven una derrota yo veo el valor y el mérito de una mujer que promovía los valores siendo una figura pública. Más nos valdría caminar y tropezar que permanecer cómodamente sentados en la tranquilidad de nuestra casa… cobardemente. No le faltaba razón a Juan Donoso Cortés cuando decía que había que unirnos, no para estar juntos, sino para hacer algo juntos. Y entre más tardamos la aplanadora homosexualista y abortera se adueña de todo…

¿Por qué el aborto se sigue aprobando en nuestro tiempo?

La república de Argentina en fecha reciente aprobó el aborto. El Presidente de Estados Unidos, Joe Biden quiere elevar a rango constitucional el aborto. En otros países, como México, se encuentra en estudio la posibilidad de aprobarlo.

La pregunta es: ¿Se han vuelto locos los gobernantes y legisladores? ¿Alguna   vez  han visitado una clínica en la que se destruyen vidas humanas y se arrojan a los basureros? Son pequeños cadáveres mutilados, destrozados, deformados; bebés a los que se les arrancaron sus brazos, sus piernas y machacaron sus cabecitas. Es un espectáculo tremendo de observar. No se puede llegar a comprender que tanta crueldad ocurra en este siglo XXI, que se jacta de ser la época de los derechos humanos y del respeto por el medio ambiente, los animales y la flora y la fauna submarina.

Las frases que se suelen emplear para justificarlo son: “Aceptar el aborto es propio de ‘sociedades de avanzada’; ‘políticamente correctas’; de ‘’apertura a los nuevos tiempos’ ”.

Los que no se dice es que detrás del aborto se mueve mucho dinero: hospitales, médicos, enfermeras, material quirúrgico, medicamentos. Lo que podemos afirmar, con absoluta certeza, es que se trata un lucrativo negocio porque, como sostenía el Doctor Bernard Nathanson hace años: “Es cuestión de aritmética: a 300 dólares cada aborto, y si lo multiplicamos por 1,550,000 abortos, nos encontramos con una industria que produce más de 500 millones de dólares anualmente, de los cuales, la mayor parte van a parar a los bolsillos de los médicos que lo practican”.

Existen numerosos millonarios del Primer Mundo que se oponen abiertamente al desarrollo demográfico de países en vías de desarrollo. Y, en vez de apoyarlos económicamente para que sean autosuficientes, prefieren irse por la vía del exterminio y aniquilación.

Ese fue el mismo camino que determinó Adolfo Hitler, líder del nacionalsocialismo alemán, en sus tristemente célebres campos de concentración. Lo que nunca he llegado a comprender cómo es que enfervorizó a millones de arios para detener, maltratar, humillar, torturar y asesinar a miles y miles de judíos. Sabemos que en su mente perversa también los latinoamericanos y afroamericanos nos encontrábamos en su lista macabra porque de la misma manera éramos considerados seres inferiores que no teníamos derecho a existir.

He leído varias historias dramáticas, me viene a la memoria, por ejemplo: una enfermera que colaboró en varios abortos y, al finalizar la jornada, al salir del quirófano y pasar por los botes de basura, escuchaba el lamento de un bebé que había quedado con vida. Ella se movió a compasión, lo recogió, lo llevó a escondidas a su casa, lo limpió, lo curó, le brindó sus cuidados médicos, lo alimentó. Luego le proporcionó educación y cariño como si fuera su hija. Pudo desarrollarse con normalidad e incluso llegó a asistir a la universidad. Con el tiempo, se casó y tuvo hijos. Ella quiso brindar su testimonio en diversos medios de comunicación y me llamó mucho la atención el hecho de que afirmó que no guardaba rencor ni resentimiento contra sus padres naturales ni contra el médico que la abortó. Y, en cambio, un gran agradecimiento a Dios y a la enfermera que le permitieron vivir y desarrollarse como ser humano. Su conclusión fue hacer un urgente llamado para frenar este demencial genocidio silencioso.

Da mucha pena ver en los medios de comunicación a cientos de jovencitas que se colocan su pañoleta verde y levantan sus puños manifestando su apoyo al aborto. Sabemos que han sido “mentalizadas” o manipuladas con unas cuantas frases superficiales y no tienen la menor idea de lo horroroso que resulta el destrozar a una criatura indefensa e inocente en el seno de su madre y privarla de su primer derecho humano: el derecho a vivir.

Estas jóvenes dicen que con ello manifiestan su “liberación femenina”. Pienso que a ellas serían a las primeras a las que habría que llevarlas a esas clínicas en las que se practica el aborto y que observen detenidamente cómo son arrojados a los basureros y el deplorable estado en que quedan esos pequeños cadáveres destrozados de los bebés.

Una última reflexión para animar a los ciudadanos mexicanos a que tengamos una participación ciudadana más activa, dejando de lado la pasividad y la indiferencia, y que hagamos todo lo posible por detener y terminar con este silencioso holocausto, una importante conclusión a la que llegaba el Doctor Bernard Nathanson: “Aprendimos que lo único que se necesita para que el mal triunfe, es que los hombres de buena voluntad simplemente no hagan nada”.

Regina Blandón y la causa provida

“Sus papás siempre le dijeron que era la rara, la no deseada, ¿Tú crees que Bibi va a estar a favor de traer hijos no deseados al mundo?” Respuesta: “Claro que no. Bibi siempre investiga, lee, se informa… Una persona “pro-vida” no es alguien que, creo yo, investigue, lea o se informe lo suficiente como para ver que legalizar el aborto es un tema de salud pública y de tener el derecho a decidir, no de creencias personales”.

Así respondía Regina Blandón a la pregunta de un usuario en las redes sociales, lo que ha levantado polvo entre la gente. Ante dicha respuesta, cabe señalar que es precisamente por informarse y formarse que una persona sabe que la vida comienza desde el momento de la concepción; que la matanza de seres humanos en el vientre de sus madres no es un derecho, solo existe el derecho a la vida; que el aborto no es interrumpir un embarazo sino matar; que la búsqueda de salud pública es -o debería ser- el cuidar la vida desde la concepción hasta la muerte natural y no buscar matarle con anuencia del Estado en alguna de sus etapas.

Regina Blandón y aquellos que promueven el aborto como un tema de salud pública, omiten hablar de las terribles secuelas que quedan después de un aborto, el dolor esta unido profundamente a la “conciencia biológica”. El psiquiatra Karl Stern habla al respecto: mujeres que han abortado por ejemplo en el tercer mes, seis meses después caen en depresión, sin que se den cuenta conscientemente de que “ya es el momento” en que habría nacido el bebé. Su profunda reacción de pérdida (que no va necesariamente unida con una preocupación consciente por el parto fallido) coincide con el tiempo en que éste hubiera tenido lugar.

Por lo que se refiere a lo que despectivamente llama «creencias personales», ¿cómo podría ser la embriología, biología y genética una creencia personal? Los provida no imponemos creencias personales; son precisamente aquellos que promueven el aborto, los que imponen el asesinato en el vientre materno disfrazado de derecho de la mujer. Con esa afirmación va de la mano la crítica velada a la religión, a lo que cabe aclarar que nuestra madre Iglesia lejos de ponernos una venda en los ojos es quien nos los abre cientos de veces a lo largo de nuestra vida, nos ilumina el intelecto y basta con que digamos sí para que nos abrace y conduzca por la Verdad respecto a todo lo que nos atañe, especialmente la vida en gestación.

¿Por qué hallamos a tanta gente dispuesta a promover el aborto sin más? Porque desde hace décadas se ha introducido en la sociedad un pensamiento que deshumaniza a las personas. Dejamos de ver al bebé en gestación como un ser humano para considerarlo unas células, un tejido o incluso un parásito; pensamos que el amor a nuestros padres se expresa dándoles una “muerte digna” en el ocaso de sus días; que ante una enfermedad grave es mejor “desconectar” al paciente, etcétera. Y así ante cada deseo o exigencia nuestra, alegamos “derechos” que no existen, proclamamos que alguien debe morir para conseguir lo que queremos.

Nos hallamos en el último punto del “progreso” humano donde todos, absolutamente todos somos desechables. Cada uno ha de decidir aquí y ahora lo que hará. Nadie puede ser indiferente, porque quien pretende ser neutral colabora con el asesinato en el vientre materno y perpetua el maltrato hacia la mujer. Cuando infinidad de personas apoyan sin más el aborto y se enorgullecen ello gritándolo a los cuatro vientos, ¿qué haremos nosotros? Simple: debemos formarnos e informarnos, combatir al mal con el bien. Tengamos por seguro que en esta lucha no estamos solos.

Cuando dudemos de ir hacia adelante para defender la vida desde la concepción hasta la muerte natural, no olvidemos jamás lo que decía Gilberth Keith Chesterton: “Poco importará sí escribimos bien o mal, sí luchamos con cañas o mayales, pero si importará y mucho de qué lado luchamos»…

Joseph Biden y su estrella que comienza a “brillar”

Los primeros cien días en el mandato de todo presidente son una referente sobre lo que hará durante su administración. Lo anterior tuvo su origen durante el gobierno de Franklin D. Roosevelt quien aprobó 15 proyectos de gran relevancia en poco tiempo. Sin embargo a veces solo necesita unos cuántos días para demostrarlo. Tal es el caso del actual presidente de los EEUU, Joshep Biden que en su toma de protesta, pronunció un discurso inaugural llamando a la “unidad” y firmó 17 órdenes ejecutivas en su primer día de mandato.

Entre lo más relevantes, ha ordenado detener todas las deportaciones de inmigrantes durante 100 días; detener la construcción del muro en su frontera sur; fortalecer la protección a los llamados soñadores (jóvenes que entraron ilegalmente en EEUU siendo niños en compañía de sus padres); modificar la gestión de la pandemia; evitar la salida de la OMS; reincorporar a EEUU en el Acuerdo de París, así como evitar la discriminación en el puesto de trabajo en función de la “orientación sexual” o “identidad de género”.

El Acuerdo de París, más allá de un supuesto combate al cambio climático, establece que los países promoverán la “igualdad de género” y el “empoderamiento de la mujer”, promueve el aborto y la anticoncepción a través de los términos “salud sexual y reproductiva” y los “derechos reproductivos”. Donald Trump adujo en su momento que dicho acuerdo traía problemas al desarrollo económico de su nación, dada la enormidad de recursos que se destinarían para el “combate al cambio climático”.

Cabe recordar que en sus primeros días, Donald Trump cortó fondos a la multinacional del aborto Planned Parenthood, con la restauración de la llamada Política de Ciudad de México y la Enmienda Hyde. Ante las preguntas de la prensa respecto a la posición de Joshep Biden sobre estas medidas contra el aborto, Jen Psaki respondió: “Creo que tendremos más que decir de la Política de Ciudad de México en los próximos días. Pero aprovecharé la oportunidad para recordarles que (Biden) es un católico devoto. Comenzó el día asistiendo a la iglesia con su familia”.

Los medios de comunicación e incontables analistas afirman que Donald Trump polarizo a la sociedad de EEUU, mientras que Joshep Biden llama a la unidad, pero ¿en qué sentido esto es cierto? Mientras el primero sin ser católico tomo medidas que protegían la vida del no nato en el mundo; el segundo es abiertamente abortista contraviniendo la enseñanza de la Iglesia Católica. Pero ¿Qué más da si es abortista mientras “proteja” nuevamente a los migrantes? Joshep Biden se enfocó prácticamente en aquellos temas que al grueso de católicos progresistas o estultos gusta sin molestarse en ver más allá: migración, muro fronterizo, cambio climático, cortesía, “unidad” etcétera.

No era casualidad cuando afirmo lo siguiente sobre la administración de Donald Trump: “Tendremos la enorme tarea de reparar el daño que él ha hecho”. Solo espero que a estas alturas muchos se den cuenta del “daño” al que se refiere el actual presidente de los EEUU: el aborto es un negociado a nivel mundial. Cuando escuche decir que su administración ha sido la “peor” deténgase un momento al menos para discernir. Desde luego, esto también nos lleva a conocer a muchos:

¿Cuántos católicos aplauden ahora a Joshep Biden por medidas “a favor» de los migrantes, desconociendo o sabiendo (e importándoles muy poco) todo lo que hará respecto al asesinato en el vientre materno e ideología de género? Incluso lo llaman el segundo presidente católico de EEUU y aplauden su llamado a la “unidad”.

¿Cuántos católicos odiaron a Donald Trump por el tema de los migrantes y el muro fronterizo importándoles un bledo las acciones a favor de la vida del no nato a nivel mundial?

Poco importo que Donald Trump no iniciará ninguna guerra; no le perdonan que hiciera la guerra la gigante del aborto y de pronto nos recordara cuáles debieran ser las prioridades de un católico. Todos ansiamos la unidad en nuestras naciones, la pregunta es ¿A qué costo? ¿Valen más las remesas y un “insultante” muro fronterizo que la vida del no nato? Tenga claro que en todo hay jerarquías (más no exclusiones) y la protección de la vida en el vientre materno ocupa el primer lugar de todos.

No han faltado comunicadores diciendo que la estrella de Joshep Biden comienza a brillar mientras que la de Donald Trump se apaga, ¿De verdad? ¿Así de absurdos somos? ¿Cómo es posible que un político católico y abiertamente abortista haya llegado a la presidencia? No se trata de idolatrar a nadie, de antipatías o simpatías; sino simplemente de ver en su justa dimensión a quién tenemos por presidente, porque es un fiel reflejo de los ciudadanos que hay en una nación…

Corea del Sur y su guerra más sanguinaria: el aborto

“Los hombres no pueden mejorar la sociedad prendiéndole fuego: deben buscar sus viejas virtudes y traerlas de nuevo a la luz” Russell Kirk

En 1945 al término de la Segunda Guerra Mundial, Corea fue ocupada por fuerzas estadounidenses y soviéticas, cuyas zonas estaban separadas por el paralelo 38. Tres años después los comunistas habrían de proclamar una república popular en la zona norte que ellos ocupaban. Más tarde, en 1950 la zona norte atacaría sorpresivamente a la zona sur, dado que los comunistas querían dominar la totalidad de la península. Corea se vería hundida en una guerra sangrienta y dolorosa por tres largos años.

Al terminar ésta, Corea del Sur promulgaría un Código Penal que prohibía el aborto bajo cualquier circunstancia; quedaba claro que la perdida de incontables vidas había afectado profundamente a la nación; no podían permitirse más perdidas humanas. Sin embargo, en 1973, a través de la Ley de Salud Materna e Infantil se permitió realizar abortos en situaciones tales como enfermedad genética, violación, incesto o poner en riesgo la vida de la madre. El país asiático abría así, la rendija a la cultura de la muerte. Esa fractura en la defensa de la vida sería algo que tarde o temprano reflejaría sus consecuencias.

El 30 de diciembre del año pasado, mientras todos volteábamos hacia Argentina por la legalización del aborto hasta la semana 14 de gestación e incluso hasta los 9 meses en casos específicos; en Corea del Sur sucedía lo mismo a partir del 1o de enero de este año. Una noticia sumamente dolorosa, tanto más si nos enteramos de que en Corea del Sur existe la particularidad de contar la edad de una persona sumando los 9 meses de gestación (cerrándolo a 1 año). Daba cuenta de la importancia de la vida del bebé en el vientre materno.

Este país es hoy uno de los gigantes de la tecnología, convirtiéndose en una de las economías más grandes del mundo; han exportado al mundo la llamada “ola coreana” que incluye sus producciones televisivas; sus grupos juveniles de música pop conocida como el K-pop, su gastronomía, cultura tradicional, literatura, afecto por su idioma; sus producciones cinematográficas que a últimos años ha concentrado los reflectores logrando ganar el premio Oscar en 2019 con la nefasta película “Parásitos” etcétera. La industria ha sabido vender al mundo un rostro atractivo de la cultura coreana.

La otra cara de la moneda es que esta entre los países con menor tasa de natalidad. A ello se suma que para reducir los abortos selectivos, el gobierno promulgo en 1988 una ley que prohibía a los doctores dar a conocer el sexo del bebé en gestación, dada la enorme diferencia de nacimientos de niñas con respecto a niños (en aquel entonces 116.5 niños por cada 100 niñas); su eslogan fue “Una hija vale por diez hijos”. Que en la industria del entretenimiento, los casos de abusos sexuales son cada vez más comunes; que los suicidios han aumentado entre las estrellas de la música y de la televisión.

De haber padecido la humillante ocupación y represión japonesa el siglo pasado; de conocer los horrores de una guerra entre hermanos; de haber renacido de entre las cenizas y convertirse en un país fuerte, Corea del Sur se dirige hoy con paso firme hacia la destrucción de su sociedad mediante el asesinato en el vientre materno. El país asiático es el mejor ejemplo del estado denigrante al que puede llegar una nación otrora sojuzgada y ahora tan orgullosa y pagada de sí misma. A estas alturas apenas nada podría diferenciarla de su hermana comunista Corea del Norte que tanta aversión causa al mundo occidental. He aquí al Capitalismo y Comunismo aniquilando por igual naciones enteras.

Cuando se deslumbre por el estilo de vida de una sociedad, por su tecnología, por su cultura, gastronomía, cinematografía o música, procure tomar en cuenta antes el aspecto más importante: el humano. Porque en el trato dado a los más inocentes es que se decide el futuro de una nación. Vale la pena preguntarse ¿Qué vamos a hacer? Seremos conocidos como la generación más genocida de la historia; la que teniendo antepasados que sobrevivieron guerras y pestes, hoy en plena paz contamina sociedades enteras; la que llevo la guerra a sus propios hogares mediante el asesinato en el vientre materno.

¿Hay alguna solución que nos salve de un nefasto destino? Sí, dejar de matar a nuestros propios hijos; solo así recuperaremos nuestra alma y lo demás vendrá por añadidura…

Donald Trump, Joseph Biden y la delicada sensibilidad del católico

“Los desafíos que se nos presentan exigen una instrucción amplia y sana en la verdad de la fe. Pero requieren cultivar también un modo de pensar, una “cultura” intelectual que sea auténticamente católica, que confía en la armonía profunda entre fe y razón, y dispuesta a llevar la riqueza de la visión de la fe en contacto con las cuestiones urgentes que conciernen el futuro de la sociedad americana” SS Benedicto XVI – Homilía 17 de abril de 2008

Los medios de comunicación locales e internacionales se han apresurado a declarar a Joseph Biden como el nuevo presidente de los Estados Unidos. Las felicitaciones no se han hecho esperar, políticos de diferentes partes del mundo han externado su beneplácito por la “victoria”. En la contienda electoral Donald Trump reaccionó al conteo de votos declarando que hubo un fraude y que él había conseguido la victoria. Dicha declaración despertó la evidente molestia en muchos, uno de ellos el P. José Antonio Fortea.

Cabe mencionar que si bien, está visto que el todavía presidente de Estados Unidos es sumamente polémico; comparado con Joseph Biden desde luego que el primero representa un mal en un grado menor. Pero cuando ignoramos la historia, tendemos a alabar aquello que ha esclavizado al hombre e ido en contra del reinado social de Cristo. Baste con saber que las «grandes democracias» de las que habla el P. José Antonio Fortea son las que nos tienen en éste punto donde no hay retorno. Es la democracia el medio por el que se introduce el mal en una nación.

El sacerdote en cuestión habla sobre lo importante que es Donald Trump para el «bando provida». Debo decir que la causa provida no es un lío entre bandos, bloques o partidos políticos; la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural es algo que está perfectamente señalado en la doctrina social de la Iglesia y el católico tiene el deber de conocer y practicar en la vida pública. Por tanto hablar como si se tratara de un tema que nada tiene que ver con nosotros es un yerro y en el caso particular de los sacerdotes implica un yerro mayor al ser los primeros obligados a tratar el tema con suma delicadeza y darle la importancia debida

El sacerdote está en el deber de evangelizar desde el púlpito, supervisar e instruir diligentemente a aquellos que imparten la catequesis en su parroquia, a los acólitos, coro, asociaciones y cofradías. La doctrina católica ilumina el intelecto en algo tan importante como una votación que afectara al mundo entero. Si los católicos lo tuviéramos presente, no veríamos semejante situación en la que un político católico apoya el aborto y tampoco habría millones más votando por él en aras de que las libertades individuales están por encima de todo.

¿Qué tiene que ver y por qué es tan importante la sana doctrina católica? Porque una sólida formación católica le da fuerza a la lucha por la vida, el más fundamental de los derechos; una verdadera comprensión de la fe católica le permitiría al católico discernir y diferenciar la gravedad de una declaración polémica de Donald Trump al calor de una contienda electoral, de la suma gravedad que implica las acciones y la plataforma política que el candidato “católico” Joseph Biden pretende llevar a cabo de salir ganador.

En lugar de que nuestra delicada sensibilidad se vea ofendida por una declaración de Donald Trump, deberíamos sentir pena de que alguien que ni siquiera es católico haya hecho más en cuatro años por la protección de la vida en el vientre materno que miles de católicos juntos, llámese sacerdotes católicos, políticos católicos, empresarios católicos y feligreses en general, durante toda su vida. Las acciones a favor de la vida que el presidente Donald Trump ha realizado durante su mandato son un reproche constante a la propia consciencia; así que resulta más sencillo criticarlo como lo hacen los medios masivos de comunicación que ponernos a trabajar en lo que deberíamos.

Algo está muy claro: No podemos pretender que un católico que apoya el aborto y la ideología de género llegue a la presidencia de cualquier nación, máxime cuando sabemos que esta nación arrastrara al mundo entero en su destino…

¿Hacia el infanticidio?

La Asamblea Nacional francesa, acaba de aprobar hace algunos días, un proyecto de ley que permitiría a las mujeres abortar, incluso hasta antes del nacimiento del niño, bajo la excusa del ambiguo y generoso concepto de “angustia psicosocial”, siempre que sea avalada por un médico. La desgraciada moción deberá ahora ser revisada por el Senado (el otro órgano que conforma el equivalente a nuestro Congreso en ese país), lo que posiblemente ocurrirá a fines de este año, para que eventualmente –esperamos que no– se convierta en ley.

            Tal vez la única virtud de un proyecto como este, sea que muestra el verdadero rostro de muchos de los que defienden y luchan por el aborto, al punto de llegar a considerarlo un “derecho humano”. Es decir, que en varios casos, las tres causales típicas que inicialmente se invocan para legitimar esta práctica, son solo un primer paso para llegar a su liberalización total, idealmente financiada por el Estado. En este sentido, debiera hacer despertar y despabilarse a quienes creen que el este debate termina al aprobarse dichas causales, como ha ocurrido en Chile.

            Ahora bien, más allá de lo terrible de esta mentalidad, que en atención al proyecto mencionado es capaz incluso de matar a un niño perfectamente viable, que podría haber sido sacado del vientre materno antes de su eliminación y vivir perfectamente, esta nueva frontera abre variadas e inquietantes interrogantes, dos de las cuales mencionamos aquí.

            La primera, es qué procedimiento habrá que llevar a cabo para abortar a estos niños cuando ellos sean capaces de vivir por sus propios medios fuera del vientre maternos. Mal que mal, si se los elimina luego de nacidos, estaríamos no frente a un aborto, sino a un infanticidio, situación que al menos por ahora, está penalizada. Ello hace suponer que para evitarlo, primero habría que matar al niño dentro de su madre (poniéndola en riesgo también a ella, dado su tamaño) y luego extraer el cadáver. O también, para recordar una dantesca práctica (creada precisamente para no cometer infanticidio), de proceder al llamado “aborto por nacimiento parcial”. En este caso, se hace salir al niño del claustro materno comenzando por los pies, deteniendo el procedimiento cuando se llega al cuello, para luego perforar el cráneo y succionar el cerebro, y finalmente terminar de expulsarlo ya muerto, evidentemente. De ahí su nombre –“aborto por nacimiento parcial”–, pues técnicamente, no ha nacido por completo, sino solo en parte, con lo cual estaríamos técnicamente ante un aborto.

            La segunda y tal vez más inquietante reflexión, es qué diferencia sustancial existe entre un niño de 8 meses de gestación y uno ya nacido; tan sustancial, que haga lícito matarlo impunemente en el primer caso y no en el segundo. Sin embargo, más allá de este absurdo –y precisamente por eso, por tratarse de un absurdo–, nada impide que con esta lógica, se termine legitimando el mismo infanticidio, con lo cual ni siquiera habiendo superado la “prueba” del nacimiento, nuestros niños estarían a salvo, pues se podría disponer de ellos libremente, quién sabe hasta qué etapa de su crecimiento.

            Una prueba más de lo que ocurre cuando sin ningún derecho, nos arrogamos la decisión de determinar quién vive y quién no, motivada por nuestros caprichos o intereses. El problema es que esta frontera, una vez traspasada, puede correrse –como de hecho se ha ido haciendo–, notable y peligrosamente.

 

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

La estupidez de Ashton Kutcher y Black Lives Matter

“Si eres una mujer negra en Estados Unidos, es estadísticamente más seguro abortar que llevar el embarazo a término o dar a luz” (Planned Parenthood Black Community)

Ante la reciente muerte de George Floyd se han desatado manifestaciones y actos vandálicos en diferentes ciudades de EEUU. A este respecto, el movimiento “Black Lives Matter” (BLM) apareció nuevamente exigiendo justicia. A ello se han sumado artistas como Shawn Mendes, Ariana Grande, Paris Jackson, entre otros, han apoyado protestas “antirracistas”.

Las redes sociales no podían ser menos; un mensaje de Ashton Kutcher apoyando al movimiento Black Lives Matter fue respondido con un mensaje de que todas las vidas importan (All lives matter). El actor contesto que la gente que respondía así no debía ser silenciada, sino solo educada. Debido a una anécdota de familia; mientras su esposa y él acostaban a sus pequeños hijos, decidió decir lo siguiente casi entre lágrimas:

“Lo que tienen que entender toda esa gente que responde All Lives Matter al Black Lives Matter es que ahí fuera hay muchas personas que creen que la vida de la población negra no importa. Quizás cuando dicen que todas las vidas son importantes lo hacen con toda la buena intención, pero recuerden siempre esto: para mucha gente la vida de los afroamericanos no importa nada

Es posible que Ashton haya tenido la mejor intención, sin embargo ésta no se sostiene por ningún lado; antes bien sus palabras se vuelven contra él. Veamos lo que el actor ha ignorado:

-Black Lives Matter apoya y promueve el aborto y la ideología de género entre la gente de raza negra. En su comunicado titulado “Lo que creemos”, manifiestan que las vidas de los negros son importantes, independientemente de la identidad sexual real o percibida, la identidad de género, la expresión de género, el estado económico, la capacidad, la discapacidad, las creencias o incredulidades religiosas.

-En 1994 se acuño el término “justicia reproductiva” por un grupo de mujeres de raza negra, para expresar la conexión que hay entre la justicia social y la lucha por los  “derechos reproductivos” (aborto, métodos anticonceptivos, fecundación in vitro, etc.). Vinculan los sistemas de opresión al mundo de la reproducción. Dicho término es usado por BLM y por GIRE (en México). Aunque “justicia reproductiva” tiene conexión con la salud sexual y derechos sexuales; implica un contexto más amplio al vincularlo a la “justicia social” y la opresión; es decir, no queda en el ámbito privado, sino en el laboral, político y socioeconómico.

-Alicia Garza, cofundadora de BLM declaró que la “justicia reproductiva” está al interior de este movimiento, que no solo se trata del derecho de las mujeres a determinar, cuándo, cómo y dónde quieren formar una familia sino también el derecho a ser capaz de criar niños para convertirse en adultos; algo que se ve obstaculizado por la violencia por parte de las fuerzas del orden u otras fuerzas estatales (¿?), por crisis a través de la pobreza, la falta de acceso a los recursos y la falta de acceso a comunidades de salud que sean seguras y sostenibles. Aseguró que BLM y la “justicia reproductiva” van de la mano. Ahí lo tiene.

-Los centros de aborto de Planned Parenthood están ubicados a una corta distancia de barrios negros; como es de esperarse, las mujeres negras abortan hasta cinco veces más que las mujeres de otras razas. Ello responde al deseo de su fundadora, Margaret Sanger, de exterminar a la población negra, algo que no debía saberse jamás. Desde luego BLM apoya a Planned Parenthood.

¿Cómo es que Ashton pasa por alto tales ataques a la vida y dignidad de los negros por parte de quienes dicen luchar por ellos como BLM?

¿Dónde está la indignación y las lágrimas de Ashton por todos aquellos bebés de raza negra asesinados en el vientre de sus madres en sus propios barrios?

¿Dónde estaba Ashton y sus vídeos cuando su esposa Mila Kunis donó recursos al gigante del aborto, Planned Parenthood fingiendo ser el vicepresidente de los EEUU?

El problema de que un adulto jamás haya madurado y desarrollado su inteligencia es que termina siendo torpe de entendimiento, alguien a quien es muy fácil manipular. El sentimentalismo y la estupidez desbordados no permiten que la razón actué, no hay discernimiento sobre aquello que nos rodea. Cualquiera puede tomar su teléfono celular y grabar un vídeo mostrando su indignación ante una situación, incluso derramando lágrimas; pero no todos querrán ver un panorama más completo y real de lo que sucede; menos aún actuar en consecuencia.

Si usted es padre de familia, no olvide que uno de sus deberes es ayudar a que sus hijos desarrollen sus capacidades motrices e intelectuales, desarrollar las virtudes; inculcarles valores morales, ayudarlos a discernir el acontecer diario, en lugar de heredarles la estulticia y la estupidez. Quizá un buen día muchos por fin entendamos que todas las vidas importan. Solo así actuaremos como es debido, defendiendo la vida desde el vientre materno hasta la muerte natural, defendiendo el matrimonio y la familia, sin distinción de razas; simplemente porque toda vida humana es valiosa. Por último diré que solo puedo estar de acuerdo en una cosa con Ashton Kutcher: Para mucha gente la vida de los afroamericanos no importa nada. Y eso, irónicamente lo incluye a él…

Una madre y “muchas madres”…

 “Llegara el día en que será preciso desenvainar una espada por afirmar que el pasto es verde” Gilbert Keith Chesterton

Recientemente en el día de las madres, en conferencia de prensa, el Dr. Hugo López Gattell Ramírez, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud presento un vídeo titulado “Muchas madres” compartido por Nadine Gasman, producido por Inmujeres.

A este respecto, conviene hacer algunas observaciones:

El video tendencioso trata de ganarse la simpatía de mujeres incautas al hacerles creer que la felicitación del 10 de mayo solo es para aquellas madres perfectas que son el estereotipo inalcanzable de la sociedad: falaz mentira. Cuando felicitamos a alguien no es porque sea perfecto; una felicitación no depende de ese modelo; los felicitamos por el afecto, la estima o admiración que les tenemos, con sus yerros y aciertos. Al tratarse de nuestra madre es natural hacerlo por amor a aquella mujer que nos ha dado la vida.

Cuando dicen “Muchas madres” no hablan de las madres de Suecia, de Madrid o de San Petersburgo o la suma de todas ellas; “diversas formas” no se refiere a las habilidades que cada una desarrolla en su maternidad o a su forma de ser; no. “Muchas madres” y “diversos tipos de madre” se refiere a los modelos que están imponiendo a la sociedad mediante la ideología de género: situaciones múltiples en las que sea lo mismo una mujer-madre a un hombre vestido de mujer, queriendo ocupar el lugar de una madre.

Aquello de “Muchas madres” va de la mano con “tipos de familia”, términos que buscan hacer del concepto de madre y de familia algo tan elástico que termine por destruirse. No les importa que haya muchas madres, sino que no haya ninguna. ¿Le parece absurdo? Vea lo que ha sucedido con el matrimonio que ha sido despedazado y reducido a la nada: a la unión entre personas del mismo sexo, le siguió el “matrimonio igualitario”, luego la poligamia, después exigir la unión entre personas y animales y la legalización de la pedofilia; al matrimonio se le disuelve mediante el divorcio exprés.

Diré que jamás he estado de acuerdo con aquella frase que es la bandera de las mamás solteras: “mujeres que son padre y madre al mismo tiempo”. Naturalmente es de alabar el sacar adelante a los hijos a pesar de hallarse solas. Sin embargo suponer o asegurar que se puede sustituir al padre o a la madre, es por decir lo menos, irresponsable. Padre y madre son insustituibles, pues cada uno de ellos aporta cualidades distintas al hijo. En ese orden, dos mujeres no hacen un padre y dos hombres no hacen una madre. Un hombre vestido de mujer, incluso con genitales mutilados, no es una madre.

Ahora bien, es menester hacer una diferencia entre una madre con defectos y virtudes, que está tratando de formar a sus hijos lo mejor posible a pesar de las adversidades, a una madre desobligada con su familia y que lo ha tomado como un hábito (no se sorprenda, lo mismo aplica para el padre). Pero es muy conveniente para la campaña de la ideología de género el que usted piense que es válido homologar tales situaciones. Pero ¡Todos cometemos errores! Desde luego, nadie es perfecto, sin embargo hay una diferencia abismal entre tener yerros y convertir éstos en una forma de vida.

Por otro lado, pareciera que cometieron un error al haber dicho en el vídeo “tú que decidiste abortar”, admitiendo con ello que la mujer embarazada ya es madre. Lejos de ser un error, es a mí parecer, el siguiente paso en la batalla del aborto: de negar la vida en el vientre materno, de no llamarle como era debido usando el término “derecho a decidir”, han pasado a no sentir vergüenza por promover un asesinato y normalizar su uso en la sociedad llamándole con todas sus letras. Buscan hacer del aborto una opción más, como el tener o no un sobrino o un perro. Cuanto más rápido la mujer deje de tener consciencia sobre la vida que lleva en sus entrañas, valiéndose del lenguaje, más pronto avanzará el aborto.

¿Y sabe que argumentan todos los que promueven la destrucción del matrimonio, de la familia, de los padres y la vida en el vientre materno?: que lo hacen por “amor”. Sin embargo, estimado lector, usted y yo sabemos que el amor del que hablan está muy lejos de ser el amor ágape muy propio de las hermosas madres. Por ello es tan peligroso llamar a cualquier cosa amor.

No se deje llevar por el mensaje contenido en dicho vídeo, pretenden que usted empatice con las situaciones expuestas, sin importar si son válidas o en detrimento de la mujer y madre. Solo no olvide una verdad fundamental: lo único que puede destruir a la ideología de género es la existencia de la familia, padre, madre e hijos. Gilbert Keith Chesterton decía que  la cosa más extraordinaria del mundo es un hombre común, su mujer común y sus hijos comunes. Así es y no solo su existencia misma sino que la gente entendamos que la familia y cada uno de sus integrantes es insustituible.

Tenga por seguro esto: no hay “muchas madres” sino una madre…

Jueces, leyes y democracia

En un reciente fallo, la Corte Suprema de Kansas, Estados Unidos, declaró que existe el “derecho natural” de la mujer a abortar, en razón de su libertad, establecida de manera bastante genérica en el preámbulo de su constitución federal. De esta forma, pretende que ningún interés ajeno a dicha libertad pueda poner en jaque esta decisión de la madre.

            Ahora bien, al margen del consabido problema de estar acabando con otro ser humano inocente, a quien se le está quitando arbitrariamente su calidad de persona, pero que posee igual dignidad que la madre (o incluso más, al tratarse de un ser indefenso que merece mayor protección), la sentencia de este máximo tribunal federal es un botón de muestra más, del creciente y en buena medida incontrolado poder que están adquiriendo los jueces en muchos países, quienes mediante la “interpretación” de los textos que supuestamente los limitan, terminan imponiendo su propia voluntad.

            En efecto, tanto a nivel nacional como internacional, el activismo judicial está haciendo que uno se pregunte, sinceramente, de qué sirve tener leyes, constituciones o tratados, si llegado el momento de aclarar su sentido y aplicarlos, el intérprete se convierte en un auténtico demiurgo de los mismos, que los puede trastocar completamente.

            De nada sirve la a veces meridiana claridad del texto a analizar; a tanto llega el poder de este verdadero creador de derechos. Es cosa de recordar la Convención Americana sobre Derechos Humanos, que establece en su art. 4.1 que el derecho a la vida se protege desde la concepción y que persona es todo ser humano (art. 1.2). Pese a ello, la Corte Interamericana determinó que el no nacido no es una persona (casos Artavia Murillo vs. Costa Rica, de 2012, y Gómez Murillo vs. Costa Rica, de 2016).

            En por eso que la situación anterior podría compararse con aquel estudioso que, al analizar una partitura, la modifica, introduciendo nuevas notas musicales. De esta manera, no existe ninguna claridad ni previsibilidad sobre cuál podría ser el producto final que saldrá de su inspiración.

            Pero más allá de metáforas, lo peligroso de una situación semejante es que si los jueces tienen casi total libertad para modificar como les plazca el texto que interpretan, la pregunta hecha más arriba vuelve a inquietarnos: ¿para qué tenemos entonces leyes, constituciones y tratados? Ello, porque se supone que la escrituración de las normas jurídicas, hace ya milenios, significó un gran avance, precisamente, para evitar las arbitrariedades que se cometían en su aplicación, cuando ellas eran solo transmitidas por la costumbre. El paso desde la tradición oral a la escrituración, tenía precisamente el objetivo de dejar claro lo establecido por estas normas, darles fijeza, publicidad y terminar con estos abusos.

            Mas, si de manera creciente todo o casi todo depende del intérprete, de nada vale tener estas normas escritas, pues los juegos con la semántica han llegado ya a límites intolerables.

            Sin embargo, de manera más profunda, si todo o casi todo queda en las manos del juez, ¿de qué vale la labor de los órganos que emiten estas normas, los más importantes de los cuales han surgido del voto popular? La democracia misma queda en entredicho, al punto que tal vez sería mejor hablar del gobierno de los jueces, o incluso de “jurisdocracia”.

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del DerechoUniversidad San Sebastián

1 2 3 18