“Me avergüenzo de ser mujer”

Me avergüenzo de ser mujer en esta época. Con un pesar enorme me entristece. Mujer hoy es violencia en contra de la vida, de las instituciones, violencia en contra de la dulzura y de la paz. Mujer hoy parece que significa cobardía disfrazada de poder. Una mujer, si quiere demostrar que puede, tiene que ser como el varón y lograr enfrentarse a él. En la actualidad, una mujer que es masculinizada en su conducta, es una mujer fregona, lo cual no es algo que nos haga sentir orgullosas a quienes creemos que serlo, implica alocentrísmo, entrega, dulzura y fragilidad.

En los Premios Fénix salieron personas que son famosas como la cantante chilena Ana Tijoux, con un pañuelo verde que simboliza el apoyo a la mujer “a decidir sobre su propio cuerpo”. Las fotografías muestran a una artista con cara de venganza, de odio y de malicia. No es una mujer alegre, es una mujer que se ve furiosa, que incita al odio. Eso me avergüenza, que gozando de fama por su innegable talento, se aprovechen de una ideología que tergiversa la verdad y habla de decidir “sobre tu cuerpo”.

Una mujer embarazada puede decidir cómo parir, pero decidir cómo matar no es una opción ni un derecho, es una atrocidad de la cual las mujeres se están jactando con pañuelos verdes. Son la vergüenza de nuestro sexo, son la burla que hace creer que poder, implica huir de la maternidad. El empoderamiento para ellas, es matar al más indefenso, al bebé en el útero. Eso, dicen es la libertad, dicen es el éxito y el progreso. Por eso me avergüenzo que haya mujeres que en lugar de apoyar a mujeres que viven momentos adversos, las encaminen a matar como si fuera una decisión exitosa.

Acompañar a una mujer embarazada y que se encuentra en una situación complicada, para que logre entrarle a la maternidad, es heroísmo. Acompañar a una mujer a un centro de exterminio prenatal, para que termine con el ser humano en su vientre, es cobardía, es abandonarla y dejarla con su decisión. Porque si de pronto esa mujer se arrepintiera, no habrá vuelta para atrás. Esa, señoras y señores, es la peor cárcel que una mujer pueda enfrentar. El remordimiento.

Eventos mediáticos totalmente acaparados por estas mujeres que devalúan la feminidad, son lamentables y muy tristes. Aquellas mujeres que tienen poder sobre las políticas públicas y que proponen que el aborto sea un derecho a nivel continente para que sea “en condiciones seguras”, es una pena. Es falaz, es una mentira que sirve a intereses políticos y económicos, pues sabemos por reportes documentados en revistas médicas como British Medical Journal y The Lancet, que en donde más mortalidad materna hay es justamente en los países en donde el aborto es un derecho.

Personas como Tijoux o Sánchez Cordero, me avergüenzan pues degradan la feminidad y no merecen ser llamadas mujeres. No ven por nuestros intereses superiores y se aprovechan de su posición pública y de poder, respondiendo a caprichos y deseos aislados, que en un futuro no muy lejano, la sociedad pagará con creces cuando exista un verdadero problema de salud pública.

Nos leemos pronto para no quedarnos atrás y ver hacia delante.

¿Cómo durmió?

Por: Alejandra Diener

www.alediener.com

Recuerdo al finado Germán Dehesa, a quien personalmente leía diariamente en su columna de El Reforma. Él se propuso un objetivo claro, se planteó día con día apelar a la consciencia de un político indeseable, a veces innombrable. Arturo Montiel, quien hoy sigue disfrutando de sus fechorías. Dehesa con su columna Gaceta del Ángel, nos hacía reflexionar de distintos temas políticos, sociales y económicos, pero nunca quitó el dedo del renglón y nos recordaba que el otrora gobernador del Estado de México tenía cuentas pendientes con el país. “¿Cómo durmió señor Montiel?” sacudía a diario a lectores, políticos y periodistas.

De alguna forma, apelaba también a la consciencia de todos nosotros. Nos tocaba de nuevo la herida, nos recordaba que había algo por aclarar. A veces pienso que faltan más personas que nos incomoden y que nos hagan revisar la lesión para que no se infecte, pues un descuido, puede hacer morir a una nación.

Estamos viviendo otro tiempo, y lo que mi intuición no me deja negar, es que es provocado precisamente por el ahijado del mismo Montiel. Peña Nieto parece haber desaparecido del mapa. La memoria es corta y todo se centra en las sandeces del presidente electo. Me atrevo a decir, que es una estrategia justamente para que la memoria mexicana exima nuevamente a un político innombrable.

Inflaciones y devaluaciones exorbitantes, corrupción, decisiones lamentables, muertes, excesos y más, es lo que el gobierno Peñista deja, pero parece que no hay quien lo recuerde. Únicamente Andrés Manuel, quien muy probablemente haya pactado un intercambio; la silla por la libertad. Lo que digo, se debe a que si echamos un vistazo a las redes sociales, se están caracterizando por criticar al gobierno que no ha entrado y olvidan que nuestro presidente, no habla, no oye y no ve. Parece que ha dejado de ser el mandatario a pesar de que la ley exija que debe continuar en funciones. Claramente está en su     “… año de Hidalgo… ” pero potenciado.

Hay una “Caja China”, que está llena de dimes y diretes, de migrantes, de muros, aeropuertos, declaraciones, cortinas de humo y de una marcha, que espero equivocarme, pero será llamarada de petate. Los mexicanos necesitamos recordarnos diariamente que ser ciudadano no implica simplemente habitar un país, sino que involucra nuestra participación constante. Exigencia y a diario incomodar e incomodarnos haciendo la diferencia en la sociedad que nos ha tocado vivir; desde recoger la basura, exigir que haya banquetas, bacheo y cumplir con las reglas de tránsito, como reclamar actos de corrupción a cualquier nivel y dar auxilio a los más necesitados.

¿Cómo durmieron? Ahora yo les pregunto y les invito a preguntarse, y si tienen tranquilidad interior, son malas noticias, son señales de tibieza. No dejemos de exigir, de esgrimir y de auscultar que la herida es profunda y cuando cierra, lo hace pero supura, pues no ha sanado de raíz.

Nos leemos pronto para no quedarnos atrás y ver hacia delante.

El Monstruo de la Comodidad no deja ver con claridad

RÉPLICA

Estimado Omar Feliciano,

Antes que nada agradezco tu tiempo de analizar y seguir con detenimiento mis comentarios, participaciones en programas, mis libros y hasta mis redes sociales.

Así como a ti te concierne la difusión de temas de interés a mí también me mueve comunicar e informar a la gente temas que les ayuden a ser mejores personas y ciudadanos de bien.

Las redes sociales son una vía muy valiosa para poder comunicar lo que pensamos y lo que hacemos de manera libre. A veces nos podemos detener en discusiones poco fructíferas que lejos de ayudar a quienes nos leen nos alejan de ellos, pero a veces vale la pena utilizar otras vías como puede ser esta que es la epistolar.

Me encanta escuchar a los demás, entenderlos y a partir de ahí reflexionar sobre los temas de relevancia. De ninguna forma ha sido mi intención ofender, lastimar o molestar a nadie, a veces usamos expresiones que no a todos les gustan y que algunos pueden asumir como ofensivas, afortunadamente vivimos en un país libre y está en nosotros y en nuestra capacidad de diálogo el que siga siéndolo y con ello construir una nación que busque siempre el bien común, que como su nombre lo dice no es el bien particular de nadie. Para buscar el bien común a veces implica ceder ante aspectos accesorios de la vida sin perder de vista lo esencial que es el ser humano.

A partir de esta reflexión y entendiendo que estamos en un diálogo abierto, me gustaría compartirte, porque considero de suma importancia, una visión centrada en la persona humana al abordar como bien lo señalas los grandes problemas que vivimos y no sólo lo referente a la mujer sino a cada ámbito de la vida social.

En particular el flagelo de muchas mujeres que sufren a causa de la violencia, de ser violadas, abusadas psicológica y económicamente e incluso hasta ser degradadas sexualmente por no tener alternativas y vivir en un total abandono, son hechos que no podemos ignorar y por el contrario debemos de tender la mano para ayudarles. Pero esta ayuda no puede ser en detrimento de otros. Debemos alejarnos de una visión de confrontación como la “lucha de clases” o de sexos, de los “buenos” contra los “malos”, porque si no lo hacemos no podremos tener objetivos conjuntos como nación. La clave para buscar el bien común verdaderamente está en ver de forma integral al ser humano, a la persona humana, conocer a fondo nuestra naturaleza y a partir de ello proponer aspectos concretos y prácticos para ayudar a quienes más lo necesiten, como por ejemplo a las mujeres que sufren del abandono y la soledad en casos de violación o de violencia.

En este sentido el aborto bajo ningún pretexto o situación extrema es una alternativa ya que lejos de ayudar a la mujer profundiza aun más su soledad y su problema. El aborto “seguro” es una falsa salida de corto plazo para resolver un problema que tiene raíces más profundas. El aborto está generando un verdadero problema de salud pública, ya que la mujer que aborta padece trastornos mentales que las lleva incluso hasta el suicidio (Association between parity and risk of suicide among parous women. Chun-Yuh Yang PhD MPH www.cmaj.ca), mujeres que no puedan hacerse cargo de sus familias o que ni siquiera puedan continuar con sus vidas a causa del trastorno ocasionado por este drama de la eliminación de un ser humano en su vientre.

Por otra parte no podemos terminar a un miembro de la especie humana en “beneficio” de otro miembro de la especie humana. Estamos hablando de ayudar y proteger a la mujer, no olvidemos que hay muchas mujeres en el vientre de sus madres pidiendo tener la oportunidad de afrontar la vida como todas las demás lo hacemos. Una oportunidad que no les debemos negar porque aun ante las peores circunstancias de vida los seres humanos hemos demostrado que podemos sobresalir y muchas veces de manera notable. Me viene a la mente la experiencia terrible de Víctor Frankl que logra sobrevivir en las circunstancias más adversas gracias a tener un sentido de vida.

Por eso la salida no es la muerte, por más problemática que sea una situación particular, es la ¡vida!, al respecto la clave es ayudar a los demás a que tengan un sentido de vida, eso les dará trascendencia. En innumerables ocasiones mujeres que han decidido tener a sus hijas producto de una violación o situación adversa, han sido la razón de su existir y han salido adelante sobradamente.

Por eso considero aberrantes y lejos del bien común todas esas políticas públicas que se alejan de la auténtica ayuda a las mujeres. Como bien dices debemos buscar dar salidas verdaderas a los problemas verdaderos de forma integral. Es una responsabilidad del Estado velar por el bienestar de las mujeres, como también por todos los seres humanos.

Coincido plenamente que no se debe incriminar a nadie y mucho menos torturar ni física ni psicológicamente. Pero a la luz de este problema tampoco podemos justificar la muerte de otro ser humano. Por eso la salida tiene que ser más innovadora, más creativa y nos tiene que evidenciar que hay un Monstruo de la Comodidad que a veces no nos deja ver con claridad.

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CARTA ORIGINAL DEL INTERCAMBIO EPISTOLAR

El Monstruo de la Comodidad
CARTA ABIERTA a @AleDiener

Querida Alejandra Diener,

La primera vez que te ví pasar por alguna línea temporal, fue en un tuit sobre pornografía en la que asegurabas que la pornografía denigra a la mujer, o algo parecido. Sin duda, creo que podemos estar de acuerdo en que la industria pornográfica lastima a las mujeres. Mi respuesta fue en forma de pregunta: ¿Y la pornografía entre hombres? Tú no contestaste nada, tan sólo me bloqueaste. Evidentemente no sólo no pude contrastar las visiones de la pornografía y la postpornografía, sino también nos negaste la posibilidad de discutir en torno a la pornografía feminista y la representación del placer. Optaste por la opción más cómoda: no escuchar.

Entonces fue cuando me di cuenta de quién eras y de lo que haces.  En tu entrevista para la cadena Maria Visión ya de hace unos años, bajo el título “El valor de la maternidad”, dices una cosa que me aclara perfectamente tu error. “En cuestión del feminismo, en México empezó un poco después que en Estados Unidos y empezó en una manera muy agresiva, que las mujeres son primero y que los hombres son una cochinada”. ¿Quién dijo eso? ¿Cuándo lo dijo? ¿Dónde lo escribió? No importa, desde la comodidad de la certeza absoluta y de estar rodeada de mujeres con la misma opinión, desvirtuaste una escuela de pensamiento para que a través de referencias difusas “unas mujeres” en algún lugar de “Estados Unidos” demuestres el argumento de tu tesis (que me encantaría leer): Las mujeres deben quedarse en casa para cuidar a los hijos para beneficio de la sociedad.

Este 31 de Enero escribiste en Twitter sobre la fundadora de GIRE y actual presidenta del consejo: “Marta Lamas que ha abortado la dirige para no ser la única”.  El argumento no sólo es pobre, es esencialmente una falacia ad hominem que, como sabrás, consiste en rechazar un argumento no por sí mismo, sino por las cualidades (reales o imaginarias) de la persona que esgrime dicho argumento. Imagina que desestimo tu trabajo académico debido a que te tiñes el pelo, o a que decidiste seguir una fe, o a que decidiste ejercer tu derecho a decidir libremente tu número de hijos e hijas. Tal pobreza argumentativa no merece respuesta sino un elegante silencio, pensé.

Una revisión mínima del pensamiento de Marta Lamas te llevará a encontrar la frase que resume su pensamiento y su labor cristalizada en GIRE: “El aborto es un problema de salud pública, un problema de justicia social y un problema de la democracia”. A través de estos tres ejes es posible considerar la lesividad de la penalización total de la interrupción voluntaria del embarazo, basta mirar a Chile: mientras que las mujeres ricas abortan fuera del país, las mujeres pobres abortan clandestinamente con consecuencias para su salud o su vida, todo porque la herencia de la dictadura ha sido prohibir hasta el aborto terapéutico,  razón para abortar que apoyan una mayoría del electorado chileno.

Tal vez te quede más claro si abundo con el motivo de esta carta. El 22 de Julio compartí el texto “El demonio del aborto” de la periodista María Luisa Paulín, un texto que narra el caso de Hilda, una de las mujeres que GIRE ha acompañado en su proceso judicial. La organización de la que eres fundadora y presidenta ejecutiva retomó el mensaje para agregar “Prisioneros d #ElmonstruoDeLaComodidad”, etiqueta que utilizas para promover tu más reciente libro donde atacas “el engañoso bienestar que producen el alcohol y las drogas, las depravaciones sexuales, la búsqueda obsesiva del egocentrismo, la compulsiva adquisición de bienes materiales”, utilizando una mala fábula catequista a manera de metáfora.

Es claro que no conoces a Hilda, de la que ya hemos hablado en este espacio. Tu promoción me parece un insulto a la condición de Hilda, que es resultado de un clima de persecución que tus ideas fomentan. Podría haber ignorado el hecho, como lo hice en relación a tu bloqueo por hablar de pornografía y a tu lamentable comentario sobre Marta Lamas, sin embargo creo que es momento para decir que ya basta de apilar leña verde y esperar por la hoguera. Es a la vez un llamado a todas las fundamentalistas que han impulsado las reformas constitucionales estatales que han creado un malentendido sobre el derecho a la vida y los derechos fundamentales de las mujeres.

En San Luís Potosí 15% de las muertes maternas ocurrieron en la vía pública. ¿Así se protege la vida desde la concepción? Pensar en el derecho a la vida en forma negativa (como “legislación antiaborto”) lo vacía de contenido: ¿qué obligaciones positivas tiene el estado hacia las mujeres gestantes para proteger la vida? No muchas al parecer, lo que sí han propiciado estas reformas constitucionales estatales ha sido un malentendido por parte de las autoridades sanitarias y de procuración de justicia que ha derivado en casos como el de Hilda. Sabemos de más de 200 mujeres que enfrentan situaciones similares a las de Hilda desde que se aprobaron estas reformas tras la despenalización en el Distrito Federal.

Lo que enfrentó Hilda al llegar a su clínica comunitaria fue el estigma contra el aborto fustigado por nociones tradicionales sobre la maternidad y el pánico moral que ha acompañado la aprobación de estas enmiendas constitucionales. Basta ver Aguascalientes, por ejemplo, donde el Obispo fustiga al legislativo local para presionar por la aprobación de una enmienda similar. Hilda se incriminó a sí misma al confesar al personal de salud que le condicionaba la atención médica, ¿Sabes que esto es una forma de tortura, verdad? ¿Sabes que tenemos derecho a no incriminarnos? A esto me refiero con derechos fundamentales de las mujeres, no sólo al derecho a decidir sobre su maternidad.

Hay un imperativo ético no sólo alrededor del caso de Hilda, en el que no apelaré a tu compasión pero sí al de justicia, sino en cada uno de los 227 casos de criminalización que han reportado los estados. Esto va más allá de las etiquetas pro o anti que usamos en nuestras respectivas esquinas de esta batalla cultural. Estoy seguro de que puedes salir de la monstruosa comodidad de negarse a escuchar al otro, opinar sin leer y citar sin referir. Y sí, agradecería una copia de tu tesis. Gracias de antemano Alejandra.

* Omar Feliciano, Medios Digitales

Fuente: http://www.animalpolitico.com/blogueros-punto-gire/2013/07/29/el-monstruo-de-la-comodidad-carta-abierta-a-alediener/#ixzz2arxy4Zpp

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El problema está en la cama

El problema radica en la CAMA

El desorden mundial, más que crisis económicas, calentamiento global, corrupción, ese desorden mundial más que radicar en las familias fragmentadas, en los divorcios y hogares rotos, se encuentra en la cama. Así es, en la cama de los matrimonios que han sido prisioneros de la lujuria disfrazada de amor. Relaciones sexuales genitocéntricas*, es decir, basadas en los genitales que han empañado el amor de verdad, el amor total, fiel, fecundo, libre y entregado.

El ser humano es una sustancia, que se diluye en un cuerpo y en un espíritu, que son una sola cosa que no debe de separarse. No son accidente como lo es mi computadora y la electricidad que utilizo para redactar este escrito. Dos materias hechas para distintas funciones pero que por accidente también sirven para algo juntas. El ser humano si se separa no sirve para lo que fue creado, por el contrario, se objetiviza, se relativiza y se hace daño a sí mismo. Porque nuestro cuerpo somos nosotros, no somos dueños de nuestro cuerpo, sino que todo lo que le sucede a éste, nos pasa inevitablemente.

En el momento que el mundo libremente decidió olvidarse del dominio de sí mismo y realizar los actos sexuales intencionalmente infecundos, en el momento que los actos conyugales dejaron de ser honestos y se tradujeron a infidelidades, pornografía y prostitución, ese día se comenzó a desordenar la humanidad. De haber sido cerebrocéntricos* pasamos a ser genitocéntricos*, hicimos a un lado a nuestra voluntad.

Delegamos nuestra responsabilidad a la píldora anticonceptiva, al condón, al aborto, nos hicimos a un lado y olvidamos que todo empieza en la cama, cuando la mujer es compañera, amada y respetada, y no un objeto de placer sexual. Desconocimos el aprecio a la maternidad, el valor de la familia, la educación en el amor y lo sustituimos con sexo desordenado,  sin amor, utilitarista. Hicimos a la mujer un instrumento de goce y la engañamos con una lucha por su “libertad” cuando en realidad a quien se liberó fue al hombre.

En la cama está el problema cuando rechazamos la Verdad de co-crear a otro ser humano y por el contrario verlo como algo de “qué cuidarse”. Tanto que las imposiciones de los gobiernos se imputan sobre lo más íntimo de la persona; su fertilidad, la intimidad conyugal. Todo ese abandono que inicia en la cama nos ha llevado a una sociedad sumida en desesperación, ansiedad, soledad y muerte.

“Lo malo de mostrar a la mujer desnuda es que se enseña demasiado poco de quien es ella” (Karol Wojtywa) eso es lo malo porque el ser humano es tan misterioso que se manifiesta a través de su cuerpo, reflejando su espiritualidad, se hace visible. Al profanarlo y banalizarlo como un objeto, transgredimos esa realidad, reducimos al cuerpo humano a algo meramente biológico y arruinamos su diseño original.

En el abrazo esponsal está la respuesta a la recuperación del orden mundial, en la unión y trascendencia entre un hombre y una mujer que se vuelven una sola carne. En la autodonación, en la afirmación de que el otro es un sujeto y no un objeto, en el respeto al cuerpo como alguien y no algo.

“Lo que pasa en la cama se refleja en la sociedad”, así como vivimos en la intimidad trataremos a la sociedad, porque cuando no somos capaces de entregarnos, de ser fieles, de ser totales y de estar abiertos a la vida sin reservas, autodeterminados, es cuando hacemos a un lado el bien común, la vivencia y la transmisión de los valores humanos y por ende, se nos escapa la felicidad; buena, bella y verdadera.

*Citas de Juan Pablo II explicadas por Gabriela Oria de Quinzaños, a quien agradezco por enseñarnos una pequeña parte de lo que la Teología del Cuerpo es.

El principio de todo es la vida: Enrique Rojas

Esta semana tuve la gran fortuna de estar en la conferencia que el Psiquiatra Enrique Rojas, ofreció en México titulada “3 consejos para la educación de los sentimientos, la inteligencia, la sexualidad y la voluntad”.

Fue maravilloso poder escuchar de viva voz al catedrático de psiquiatría en el Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas, mencionar la importancia de la familia integrada, de la persona formada e informada. Oírlo hablar de lo imprescindible que es educar en la voluntad y sobre todo lo relevante que es conocerse como persona para poder servir como ejemplo a los demás. Ejemplo en especial para los hijos, que son nuestra responsabilidad y que lamentablemente en un mundo permisivo, o como él lo llama “un mundo Light”, es más complicado ver que las familias formen personas, puesto que lo que vemos hoy día es que las familias han deshumanizado al ser humano.

Brevemente, les comparto que Enrique Rojas mencionó que educar es convertir a alguien en persona. Es hacer a alguien feliz y para ello se necesita tiempo. De igual forma hizo hincapié, de que todos en algún momento somos docentes y alumnos. Y algo que me quedó muy penetrado en mi mente, es cuando mencionó que la información es enterarse de todo, pero que la formación da criterio. Por ello en este espacio, que más allá de ser un medio noticioso del acontecer diario, es un medio que busca formar a través de la información.

Enrique Rojas, el psiquiatra español que ha publicado una infinidad de libros, nos recordó que educar es enseñarle al hombre lo que es la vida, ya que el principio de todo es precisamente la vida y por ello debe de ser una prioridad. Es la realidad más radical de todo. Es argumental.

Y hablando de argumentos, habló de 4 de ellos: amor, trabajo, cultura y amistad. Enfatizó que estas pruebas de que la vida es fundamental, estriban en que el hombre es racional con cuerpo, alma y espíritu. Naturaleza y biología, pero que la inteligencia propia de la persona humana es distinta de la inteligencia operativa de los animales. La inteligencia, dijo Enrique Rojas, es intimidad, que sale a la luz con la palabra. El ser humano es el único que se puede comprometer a algo con alguien, porque somos libres.

Por ello el matrimonio y la familia que funciona son exclusivas instituciones derivadas de esa inteligencia de la persona humana. Siendo así, que a pesar de ello, en la actualidad la ligereza de conciencia, la comodidad y la falta de valores han hecho pensar que el matrimonio está en crisis, cuando en realidad es el hombre que la padece, porque ya no sabe ni quién es, hacia donde va o qué debe de ser.

Finalmente, Enrique Rojas nos decía en esta amena charla, que hay que aprender a enamorarse de una totalidad, con amor efectivo, afectivo y caritativo. De esta forma podremos hacer de nuestros hijos personas y de nuestro matrimonio un cimiento para que la familia funcione.

Y para no quedarnos atrás

Al finalizar el evento, fui la primera en acercarme al psiquiatra para que me dedicara su libro “El Hombre Light” que cito en mi segundo libro que está por salir “El Monstruo de la Comodidad”. Al escuchar que lo mencionaba en mi siguiente obra literaria, se interesó y me pidió recibir noticias al respecto. Firmó: “Para Alejandra Diener; la familia que funciona es salud en la calle”.

Nos leemos la semana que entra para no quedarnos a atrás y ver hacia delante.

 

Ponencia: Cultura, Familia y Futuro en el 8° Congreso Internacional de Familia

Ponente: Alejandra Diener Olvera

Fecha: 17 de mayo de 2012. 

Lugar: Guadalajara, Jal.

Es para mi un honor haber sido invitada a este Octavo Congreso Internacional de Familia. Como mexicana y sobre todo como descendiente de una madre tapatía es un gusto poder estar aquí y hablar de uno de los temas que más me apasionan, La FAMILIA. En específico, de la Cultura, Familia y Futuro en este panel de “La Familia y la Sustentabilidad”. 

Y para comenzar, me gustaría que reflexionáramos ¿en qué consiste ser persona y qué significa ser digno? Para poder comprender a la familia, entender su cultura y el futuro que le depara es imprescindible estar conscientes de la realidad de la persona humana y de su dignidad como tal. Es un requisito indispensable comprender ampliamente el concepto de dignidad y de ahí partir al entendimiento del valor de la persona.

¿Somos todas personas? ¿Somos todos dignos? ¿Requerimos de la familia para lograr descubrir nuestra esencia de persona y nuestra dignidad?

Ciertamente y de forma casi instintiva, al analizar las relaciones entre la familia actual y el entorno que la encuadra se podría percibir una primera actitud de defensa, por cuanto la institución familiar se encuentra sometida de un tiempo acá a un proceso activo de deterioro. O, con palabras más claras, el centro innegable de los ataque destructores de toda civilización.

La familia actualmente pareciera estar en una crisis insostenible y esta posible realidad amenaza el futuro de la sociedad, ya que se juega a fin de cuentas en la familia. Y el de la familia por su parte, se halla indisolublemente unido al de la entera sociedad.

Cultura 

La familia primigenia es aquella en la que a todos nos hubiera gustado nacer, vivir y ser acompañados al morir. Es el ámbito en el que descubrimos de manera natural y sin necesidad de estudiarlo que somos uno, irrepetible e insustituible, varón y mujer que procede de un solo varón y mujer, hermano que se encuentra con hermanos a quienes ama y con quienes crece y aprende a convivir, hijo de padre único e irremplazable, esposos que se han elegido mutuamente en aquel acto soberano de la libertad humana, que consiste en poseerse íntegramente, pasado, presente y futuro y entregarse y acogerse plenamente y de por vida.

Karol Wojtyla, antropólogo y filósofo por excelencia, hoy el Beato Juan Pablo II alguna vez mencionó en una de sus homilías “Cual es la familia, tal es la nación, porque tal es el hombre”. Frase y palabras que encierran en realidad la respuesta a las preguntas del inicio de esta ponencia; La persona y la dignidad humanas surgen en la familia y de ésta se sostiene la sociedad, pero si la familia se deteriora, se deteriora a su vez la sociedad y con ella la humanidad entera.

¿Por qué ha sucedido esta crisis? ¿Qué ha ido ocurriendo para que demos cuenta de este lamentable quebranto en la institución familiar? 

Si miramos a la civilización de los últimos siglos, advertiríamos sin gran esfuerzo un muy particular y creciente proceso de despersonalización: la reducción del ser humano, lo hemos cosificado, lo hemos privado de las propiedades más altas y manifestativas de su condición personal.

El hombre ha olvidado la parte inevitable de la espiritualidad y se ha concentrado en la conquista de los poderes político, económico y tecnológico.

Hace ya años que ha permeado una cultura de comodidad, que en las sociedades occidentales la hemos adoptado con los brazos abiertos, puesto que favorece al orgullo y a la sensualidad de la persona humana. Los humanos somos orgullosos; odiamos la autoridad y la superioridad. Y somos sensuales; nos gusta satisfacer caprichos. Al caer en estas ideologías radicales nos ha llevado a creer que tendremos felicidad permanente: igualdad absoluta y libertad completa.

Pero en realidad nos quita la felicidad porque nos lleva a ser prisioneros de nuestras pasiones, de nuestro orgullo en lugar de a la templanza, de la humildad, y del amor y mutua admiración en la familia.

Si la familia debe de dar consistencia y alimento a la persona que en ella se desempeña; la persona se fortalece en la familia, y a su vez nutre a la sociedad. Por consiguiente, sin familia no hay persona y sin persona no hay sociedad.

Estas corrientes radicales de comodidad, pragmáticas y utilitaristas que consideran a la persona humana de manera extrínseca; “Si tiene lo que necesito me sirve, si no NO” han quebrantado a la familia de la actualidad, logrando que la cultura de entrega y de sacrificio que debe de contener la estirpe humana, se haya vuelto un sufrimiento atroz y a su vez nos ha hecho creer que cualquier tipo de frustración es contrario a cualquier deseo sensato. 

Nadie puede frustrarse, nadie debe sacrificarse. Evitar a toda costa darse por los demás, es lo que hoy día pareciera es la cultura familiar, lo que ha dado como resultado que otros actores sociales tengan que tomar el lugar de ese vacío que muchos padres han dejado.

Cabe destacar que au
nado a lo anterior en el día a día existe una visión reduccionista, en la cual se encuentra el progresivo alejamiento de las personas adultas de la familia hacia otros ámbitos en los que creen encontrar de forma más plena su propia realización. Pareciera que la familia es solamente imprescindible a causa de la fragilidad de algunos de sus miembros, los demás, los que de algún modo se consideren más fuertes, podrán sin quebranto prescindir de ella. Y no es así, la familia es para siempre, y nadie puede ni debe de suplir el vacío que por cultura hoy existe. La familia no sólo es necesaria para que la persona se perfeccione, para que acrezca su condición personal.

La familia es imprescindible, más bien y antes para que la persona sea, en cuanto persona: para que encarne su propio ser personal. En pocas palabras, y repito, sin familia, no hay persona.

Un país, un mundo sin familias integradas, sin el primer agente educador del ser humano se torna lentamente en un lugar inhóspito, egoísta y peor aún, inhumano. En donde la dignidad se desconoce por completo, se relativiza y se olvida. 

“El hombre del siglo XXI conquista su dignidad o fatalmente pierde su humanidad.” La dignidad de la persona humana desde su concepción es la razón por la cual quien sea es merecedor de todo, pero por encima de cualquier totalidad es merecedora de amor. Si no recibe un ser humano amor, ¿cómo pretendemos que dé amor? 

Es natural que se adquiera primero amor para poder darlo posteriormente. Sin embargo, dentro de esta misma cultura de comodidad, existe ese egoísmo que no permite a los hombres de este siglo darse, ya que implica desprenderse de su propio ser.

Una familia sin amor, es una familia vacía, en donde sus integrantes se degradan en dignidad. Se denigran a sí mismos y a su vez reducen a la sociedad a un mecanismo disfuncional.

La familia es mucho más que solamente integrantes, una auténtica familia, del tipo que fuere –la familia natural de institución matrimonial o una familia sobrenatural- en cuanto compone el ámbito donde efectivamente pueden y aprenden a amar, resulta imprescindible para todo ser humano: para que cada uno de ellos alcance su definitiva realidad como persona.

La Familia

La cultura familiar que hoy día invade a la sociedad, de comodidad, de ligereza, de falta de amor y entrega que nos dice que no podemos sufrir, impide que la persona se realice a sí misma. Eso ha hecho que olvidemos a la persona y que relativicemos la dignidad humana. La familia resulta insustituible para la plena realización de cada sujeto humano por dos motivos que se complementan y son interdependientes:

1. Desde la concepción hasta la muerte, establece las condiciones ineludibles para que el hombre pueda amar, entregándose.

2. Desde que da sus primeros pasos, la familia se empeña activamente en enseñarle a hacerlo.

 ¿Qué es lo que debe ser entonces la familia si conocemos estos dos motivos? ¿Cómo ser y tener familias mexicanas que hagan a la sociedad una comunidad de amor, de entrega, a la altura de la humanidad? 

La familia no puede ser un medio, sino que debe de ser un fin para lograr una humanización total. Y lo que sufrimos actualmente es precisamente lo contrario, esa despersonalización de los hombres que a su vez olvida a todo lo demás, descuida la naturaleza, abandona la ecología y todo lo que en ella se desempeña. El hombre no tiene otro camino hacia la humanidad más que a través de la familia y para lograr una sustentabilidad, es imprescindible enseñar desde el seno familiar a amar y a respetar. No podemos hacer un llamado a los individuos por separado para que esto sea una realidad, se debe de apelar a la familia, a las familias en general.

Porque entre todas las agrupaciones naturales existentes, la familia constituye aquella sociedad fundamentalísima donde la persona lo es en efecto, de manera cabal y definitiva.

Yo estudié la licenciatura en economía hace ya más de una década y cuando la cursaba me daba cuenta que había un gran ausente en todos esos números, cifras y gráficas que demostraban a mi país como la novena economía del mundo, el gran ausente era la persona. Era y es la realidad, un sistema económico que no considera a la familia, a la persona humana, sino que crea necesidades superfluas, casi siempre materiales, que convierten a los individuos en meros consumidores y que obliga a tantas veces a realizar un trabajo sin sentido, porque no nos regala otro bien que no sea el económico.

Hay pobreza, hogares rotos, familias a la deriva que no saben por dónde comenzar. Porque su misma identidad ha sido tapada, hasta el punto casi de haberla borrado. La familia misma no sabe el camino que hay que tomar y es entonces que ha dejado ese vacío a que terceros lo ocupen; el gobierno, organismos no gubernamentales, que se han tenido que hacer cargo de este abandono, pero que no hacen el trabajo que unos padres realizan con tanto amor.

La familia ha sido sumergida en una economía desquiciada que la hace desintegrarse y distanciarse con el pretexto de obtener lo mejor para cada uno de sus miembros; los padres salen a trabajar horarios extenuantes para poder obtener aquello que el mercado nos dice en la actualidad es lo que todo el mundo debería de tener.

Logrando
así abandonar a sus integrantes, desatendiendo al cónyuge y a los hijos dejándolos a cargo de la comida chatarra y la televisión, o de terceras personas que no son lo mismo que una madre. Los divorcios en aumento, los embarazos en adolescentes en incremento. Todo por haber olvidado que la familia está formada por personas dignas y ávidas de amor, más que de cosas materiales.

En realidad ha permeado un trasfondo ideológico inadvertido que ha ido carcomiendo y deshumanizando a la sociedad, tanto que hemos hecho a un lado a Dios de nuestras vidas por apegos desordenados a las criaturas y en definitiva al propio hombre. Tomás de Aquino decía que la razón de mal de esas transgresiones se encontraba en el intento de conseguir sin Dios lo que Dios estaba dispuesto a otorgar libremente: la felicidad eterna.  

Y ¿quién ha sido el culpable, el responsable de esta lucha en contra de Dios y de esta humedad de filosofías e ideologías que han ido enmoheciendo las paredes de la familia humana?

El responsable es el hombre. La sistemática eliminación de todo cuanto hay cristiano, una lucha que en realidad siendo una gran paradoja, ha sido en contra del propio hombre. Nosotros mismos nos estamos atacando y estamos eliminando a la familia pensando que somos modernos viviendo para trabajar, condicionando nuestras relaciones, abandonando a nuestros hijos, incluso exterminándolos si nos estorban en nuestros planes a futuro. Esto es lo que no vemos, estamos en un campo de batalla en donde el enemigo somos nosotros mismos.

Antes que nada, si continuamos así me atrevería a decir que los seres humanos comenzaremos también a vernos como contendientes –o dueños o esclavos- con los que habrá que pactar leyes mínimas que permitirán la convivencia.

A esto se ha reducido la ética, la persona humana en el universo de la postmodernidad.

Futuro 

Sin embargo, a pesar de lo gris del panorama que he ido pronunciando esta mañana, hay buenas noticias, no todo está perdido, por eso es maravilloso este mundo y no hay necesidad de cambiarlo. ¡Es imprescindible mejorarlo! Eso es un hecho. Tenemos que mejorar la actitud de apatía que tiene el hombre del siglo XXI, esa apatía que se esconde en la comodidad, en los excesos, en el mínimo esfuerzo y en la poca productividad. En la falta de entrega y en el carente servicio a los demás.

¿Queremos familias generosas, queremos hijos caritativos, matrimonios sólidos, personas íntegras que vivan de forma desprendida?

Debemos de humanizarnos de nuevo, de personalizarnos. Si dejamos morir a la familia, si permitimos tan solo que se debilite, ponemos en juego la supervivencia de la entera sociedad. Para evitarlo es necesario volver a educar en la gratuidad, en el amor, en NO esperar nada a cambio. Siempre estamos a la expectativa de recompensas, eso es lo que no nos deja ser humanos, sino nos reduce a ser objetos antropológicos que simplemente actúan si reciben, sino no.

Por ello tanta pobreza, tanta inequidad y desigualdad en la sociedad, por ello el hedonismo en el tema de la sexualidad en la actualidad en la mal entendida y explicada “Educación sexual” que lo único que podemos comprobar es que los embarazos no deseados y abortos han ido en aumento en lugar de decrecer, son las cuentas que podemos dar.

En un mundo en donde se busca emancipar a los hijos a temprana edad de sus padres porque “tienen derechos sexuales” que lo único que ha llevado en lugar de evitar enfermedades de transmisión sexual, es a inmiscuir otra ideología más que permea desde hace décadas, y que movida por el beneficio económico y la cultura de la muerte ha desintegrado ese amor y gratuidad que debe de reinar en los hogares.

Si en una familia, que es el caldo de cultivo del amor, no existe el regalo desinteresado, ninguna familia puede en la práctica subsistir. Si lo que impera es la mecánica del intercambio, sobrevienen forzosamente la infecundidad, el divorcio, las separaciones, la destrucción de los lazos que ligan a los hermanos entre sí con sus padres: lo que se llama la bancarrota efectiva del grupo familiar. 

Para que el futuro que depara a la familia sea colorido, debe de existir entrega amorosa y liberal, no condicionada. Gratuidad y familia se reclaman implacablemente, pero al ser atacada por el “monstruo de la comodidad”, como le llamo yo, nos cegamos en el convite de este espécimen y caemos en sus artimañas creyendo que en realidad la libertad verdadera es hacer lo que me plazca en el momento que me nazca; como hijo, como madre, como padre, como hermano, como esposo o esposa.

Y eso es una falacia, ya que la verdadera libertad es dominarnos personalmente, ser virtuosos y lograr ser líderes de nosotros mismos. Si eso lo logramos, seremos en realidad libres porque no seremos prisioneros de nuestras pasiones, de nuestros instintos y con esto seremos la mejor persona que podemos llegar a ser.

El fututo de la familia es prometedor, siempre y cuando amemos; lo que significa dar y recibir lo que no se puede comprar ni vender, sino regalar libre y recíprocamente. Una madre ama a sus hijos desde el seno materno, sin excepciones ni relativismos, una entrega esponsal es sin condicionamientos, una familia da todo su ser sin esperar nada a cambio, los vínculos paterno-filiales no pueden ser jamás objetos de derecho. Esto es un futuro que me imagino y que considero real.

Lo sé porque el mundo es maravilloso y necesita que lo mejoremos, pero debemos de comenzar por nosotros mismos, debemos humanizarnos, aterrizarnos y dejar de banalizarnos.

Por ello, hago un llamado respetuoso a las instancias gubernamentales a que de igual forma que expongo en este panel, que debemos de rehumanizar a la persona dentro de la familia para que florezca la sociedad, las políticas públicas deben de ser considerando el bien común anteponiendo la dignidad humana. No es posible que la familia se encuentre en constante batalla contracorriente, puesto que constantemente se imponen leyes extrínsecas y no consideran el bien superior del hombre.

¿Podrá hacer frente la familia al esfuerzo destructivo de toda una cultura? ¿Cuáles son en realidad los peligros y acechanzas reales que se ciernen sobre la familia?

Posiblemente muchos de nosotros pensemos que esos riesgos constantes vienen de afuera, de una legislación cada vez más asfixiante, gravámenes económicos que imponen los Estados, conspiraciones en el sistema educativo, degradación moral, decaimiento de la sensibilidad religiosa, medios de comunicación masivos dominantes e influyentes, una sociedad corrompida por el poder y el dinero…un panorama desolador que podría terminar con cualquier luz de esperanza, pero como les dije no es así.

Les vuelvo a preguntar ¿Saben cuál es el enemigo número uno de la familia?

No hay que buscarlo afuera, sino hay que hurgar en el interior del ser humano. El enemigo del amor y de la familia es uno mismo. La pobreza de espíritu, el abandono del desarrollo interior humano, el aburrimiento y la frivolidad, la falta de asombro, de imaginación lo que lleva a la familia a olvidar ser ella misma.

El afán de poder, de dominio, el intento de constituirnos sin reservas y sin trabas, en dueños y señores absolutos del universo, para alcanzar así, a través de ese imperio hegemónico y sin frenos la propia felicidad. ¡Hemos olvidado que somos humanos y nos hemos vuelto cosas! ¡Objetos que podemos manipular, adquirir, desechar y cambiar!

El futuro escuchamos decir que es ahora, que no hay tiempo que perder y coincido. No podemos esperar a que ese futuro nos alcance y se coma a la familia con la cultura pragmática, extrínseca e impersonal que la ataca. Es imprescindible que padres de familia promuevan en sus hijos la preocupación por el bien ajeno, hacerlos salir de sí para ocuparse activamente del perfeccionamiento y de la mejora de otros. Esto hará que los integrantes de las familias se hagan más persona y por ende busquen una sociedad más humana. Con leyes justas que consideren la dignidad y unicidad ontológicas de cada ser.

¿Se imaginan así un México con personas de cuerpo entero, íntegramente fecundas, volcadas por completo hacia la promoción del bien de los demás? Y todo porque en la familia se logró enseñar que cada quien es valioso desde su concepción, que es merecedor de todo y que debe de saber que la vida ha sido un regalo que no se mira ni se cuestiona, sino se abraza.

Finalmente concluiría diciendo que el gran reto que se plantea a la familia, el que decidirá en última instancia la evolución de la entera sociedad que la acoge, es el de llegar a ser efectivamente lo que es, instaurando en su propio seno relaciones de amor auténtico, genuino y maduro. 

Las familias mexicanas tenemos que ser lo que somos, tenemos que hacer caso al llamado de: “¡familia, sé lo que eres! Lo que traducido a palabras específicas sería: “¡familia, enseña a cada uno de tus integrantes a querer a los demás con un auténtico amor de libertad, con amor elegido y como ajenos!

Si así pensara cada uno de los miembros de este planeta tierra, incluidos políticos, empresarios y demás actores de la sociedad, este mundo sería mejor, es más, la familia estaría formada por personas, las cuales a su vez formarían sociedades humanas que enaltecerían el futuro de nuestra especie. 

 

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