Bioética y responsabilidad social en México: Guía bioética de covid-19

María Santillana 1

Doctora en Bioética (Candidata)

UNIVERSIDAD ANÁHUAC, MÉXICO-NORTE

1 mariaeugenia.santillana@gmail.com

Universidad Anáhuac, México-Norte

https://www.anahuac.mx/

Ciudad de México, México

Palabras clave: bioética, responsabilidad y derechos humanos.
En una pandemia es imprescindible la Bioética

       Cada sociedad se dota de un conjunto de valores que definen lo que la gente cree que está bien y mal, y que se reflejan en las conductas que se aceptan y rechazan. Todo ello se plasma en unas leyes que definen lo que se puede y no se puede hacer, y en un código penal que determina las consecuencias que deberá afrontar quien infrinja esas normas.

       Con frecuencia aparecen conflictos que hay que resolver, cuando confrontamos dos hechos que están bien pero entran en conflicto. En ese caso debemos optar por uno de ellos. Estos dilemas son los que resuelve la ética, que analizará las circunstancias que hay detrás de cada uno, sus posibles beneficios y riesgos asociados y la legislación. Así emitirá un juicio razonado y una recomendación sobre el camino a seguir.

       La evaluación ética es una reflexión crítica sobre la moralidad, un marco al que acudir para tomar la mejor decisión posible con nuestra escala de valores y con las normas existentes. Cuando los dilemas a debatir tienen que ver con las ciencias de la vida y la salud hablamos de Bioética.

     La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) expresó su preocupación ante el documento denominado «Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica», elaborada por integrantes del Consejo de Salubridad General para la emergencia de COVID-19, la cual plantea cómo resolver casos extremos en los que no haya equipos suficientes de terapia intensiva.

         De manera particular contiene criterios que ejercen una discriminación indirecta hacia las personas mayores, y las pone en desventaja en el acceso a los recursos de medicina crítica, lo que vulnera su derecho a la salud, a la vida y a la dignidad de la persona. La CNDH alertó que se trata de un documento en borrador, hasta donde se ha dicho, pero que tiene muchas posibilidades de instrumentarse ante el tamaño de la exigencia que le impondrá la pandemia a nuestros servicios de salud.

     Ante las implicaciones de decisiones bioéticas de emergencia como las que plantea un escenario de sobresaturación de servicios médicos asociada al COVID-19, la CNDH llama la atención para que se tomen en cuenta cuestiones tales como la de saber si desde la perspectiva del bloque de constitucional, la eventual aplicación de esta Guía violaría los derechos humanos de quienes no recibieran atención urgente debido a las circunstancias extremas de no disponer de recursos suficientes.

     A partir del análisis desde el bloque constitucional de derechos humanos, es importante precisar que la Guía es  contraria a disposiciones sobre el derecho a la salud vinculantes para México, tanto en el Sistema Universal como en el Sistema Regional de protección de los derechos humanos, ya que es un documento que justifica que el Estado Mexicano no garantice el acceso efectivo a los bienes de salud a todos los pacientes con COVID-19, en este caso a los recursos de medicina crítica.

    Es delicado que la Guía proponga que el triaje funcione como un órgano decisorio, que no esté supervisado y/o acompañado por un Comité de Bioética, que le permita tomar decisiones que involucren vidas humanas; asimismo, que sus criterios de integración del equipo de triaje, deban de aplicarse «idealmente», lo cual no garantiza la adecuada decisión en el respecto y garantía de los derechos humanos los pacientes con COVID-19.

    La Guía Bioética referida no posee una adecuada fundamentación, a pesar de que el mismo documento dice, en una nota al pie de página, sustentarse en “lo ordenado por el artículo 73, fracción XVI secciones 1ª. 2ª. y 3ª (sic)” de la Constitución.

      Se trata de una fundamentación errónea, con la que se pretende validar, y hacer vinculante, lo que en términos legales solo son una serie de recomendaciones, que no cuentan con el consenso de todos los miembros del Consejo, y que en algunos casos pueden generar responsabilidades jurídicas para los médicos que las sigan.

     De hecho, las irregularidades del documento incluyen una invasión de facultades que le corresponden exclusivamente al Poder Judicial de la Federación, pues el Consejo de Salubridad General, también en nota al pie, dice que “en caso de que se soliciten suspensiones por vía de amparo respecto de las decisiones tomadas con apego a la presente guía, las mismas deberán ser denegadas”. Como mencionábamos anteriormente, el CSG no solo pretende que la “Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica” sea obligatoria para todas las autoridades administrativas del país, sino que -ilegalmente- también intenta normar el criterio de los jueces y magistrados, violentando la independencia del Poder Judicial de la Federación.

     La Guía Bioética publicada por el CSG apunta que, ante la posible saturación del sistema de salud, los recursos de la medicina crítica, como lo son los respiradores mecánicos, deberán utilizarse siguiendo el criterio de “salvar la mayor cantidad de vidas-por-completarse (sic)”. “Lo anterior se traduce en que las y los pacientes que tienen mayor probabilidad de sobrevivir con la ayuda de la medicina crítica son priorizados sobre los pacientes que tienen menor probabilidad de sobrevivir”. Es decir, si solo hay un respirador mecánico y dos pacientes lo necesitan, los galenos tendrían que elegir primero al enfermo que tiene mayores posibilidades de recuperarse, y de vivir más tiempo tras ello. Siguiendo ese criterio, primero debería atenderse a quien no tenga comorbilidades serias como diabetes, obesidad o hipertensión; en seguida a quienes aun teniendo esos padecimientos pueden tener una supervivencia a largo plazo, en tanto que en último lugar estarían los pacientes que tienen una “alta probabilidad de muerte dentro de un año”, afirma la guía.

      Estamos ante decisiones bioéticas que no están exentas de generar responsabilidades jurídicas, por lo que, en ese tenor, para evitarse problemas, los médicos deben seguir primero lo estipulado en la Constitución y en la Ley General de Salud. Al trabajar en una institución pública, los galenos están obligados a proteger la vida de todas las personas, derechos humanos que deben privilegiarse, independientemente de las recomendaciones del Consejo de Salubridad General.

     En caso de que se tenga que elegir a quién atender primero, si el sistema de salud pública llegara a saturarse con la actual pandemia de COVID-19, el profesional de la salud debe considerar lo que mandatan nuestras normas, y lo que la buena práctica médica estipula (lex artis). En este punto es importante señalar que los médicos no pueden ser sancionados si deciden no obedecer la Guía Bioética del Consejo de Salubridad General, pues esta, además de no contar con una fundamentación jurídica adecuada, no es obligatoria, por lo que tampoco genera responsabilidad alguna en caso de no seguirse.

     Considerando nuestro sistema jurídico, las decisiones médicas -por difíciles que sean- deben regirse, en primera instancia, por lo que señala la ley, enseguida vienen los criterios éticos que rigen el adecuado desempeño de la profesión. Las valoraciones subjetivas sobre lo que se considera justo o injusto son juicios de valor que no necesariamente son compartidos por una mayoría.

     Lamentablemente, la “Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica” del Consejo de Salubridad General no sigue estas pautas, adolece de la fundamentación legal adecuada, e incluye el calificativo de “injusto” para ejemplificar algunas situaciones que pudieran presentarse con la pandemia de coronavirus. Esto último es una muestra más de la deficiente elaboración del documento, el cual, por cierto, ya fue rechazado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

     “La Universidad Nacional se deslinda de los términos y del contenido del referido documento”, pues ni esa casa de estudios, ni su rector, Enrique Graue Wiechers, fueron convocados para la eventual aprobación de dicha guía, a pesar de que Graue, quien por cierto también es médico, es uno de los vocales titulares del Consejo de Salubridad General, aseveró la UNAM en un comunicado.

     Al respecto, no debemos olvidar que lo que es justo para algunos no necesariamente es legal, y lo que suele estar en las normas jurídicas no siempre responde a lo que cada persona considera como justicia. Por ello, antes de introducir este tipo de valoraciones, la obligación de todas las autoridades es acatar la ley, pues vivimos en un Estado de derecho, a pesar de las deficiencias que este presenta en México. Como autoridad sanitaria, el Consejo de Salubridad General no puede exceptuarse de este cumplimiento.

     El derecho a la salud es un derecho humano que salvaguarda el mayor bienestar físico, psicológico y social para todas las personas. Los sucesos que han derivado de la aparición de este nuevo coronavirus han mostrado que el alcance de ese bienestar implica muchos factores, como los ya anteriormente mencionados, y probablemente muchos más, por lo que, queda pendiente una redefinición interseccional de la salud desde una perspectiva de derechos humanos.

  Siempre se espera que a partir de las crisis surjan nuevos elementos que puedan mejorar las condiciones de vida vigentes. Esta pandemia ha sacado a relucir muchas carencias, desigualdades y rezagos que, muy probablemente, en otros momentos, no serían de gran relevancia. El mundo no volverá a ser el mismo una vez que se retomen las actividades cotidianas y comience a girar a la misma velocidad vertiginosa que solía hacerlo. Sin embargo, cuando se intente restablecer es el momento de replantear muchos aspectos partiendo desde la bioética social, herramienta que propicia el debate plural, ético y político, el respeto a los derechos humanos, la interdisciplinaridad, la libertad de pensamiento, la toma de decisiones centradas en el individuo y su contexto y aspira al desarrollo social en equilibrio con el entorno social, cultural y ambiental.

   Toda pandemia supone enormes retos a nivel social, sanitario y económico. Para una respuesta adecuada a esta emergencia, es imprescindible disponer de un marco ético de referencia para la planificación y toma de decisiones Por el momento, quedémonos con este simple mensaje: no nos olvidemos de la bioética.

Ciencia en crisis: bebés modificados genéticamente

El científico chino He Jiankui anunció que modificó el ADN de dos bebés para que fueran inmunes al VIH. La respuesta de la comunidad científica internacional ha sido unánime: eso no fue ético.

  1. Una posible chapuza. En su intervención durante la 2ª Cumbre Internacional sobre la Edición del Genoma Humano, el genetista chino He Jiankui anunció el nacimiento de dos gemelas cuya ADN había sido modificado, utilizando la técnica CRISPR-Cas9, para que fueran resistentes al virus del SIDA.

El investigador chino no ha sometido su investigación a la revisión de otros científicos, ni ha revelado la verdad a algunos de sus colaboradores y no ha tomado en cuenta el consenso internacional contra la edición genética en bebés. Por eso, según M. Vidal, “su experimento ha generado una repulsa tan inmediata como generalizada”. (El País, 29 nov. 2018)

El diario El País tildó a He Jiankui, como “un fracasado buscador de gloria” (ver), mientras que La Vanguardia publicó la noticia con este titular: “La gran chapuza genética del doctor He” (ver), y además lo compara con el embriólogo italiano Severino Antinori cuando anunció en el 2002, también sin pruebas, que había clonado embriones humanos y los había implantado en tres mujeres.

  1. El riesgo de la manipulación genética. El supuesto experimento del Dr. He Jiankui consistiría en eliminar del material genético (ADN) de las dos niñas el receptor molecular (el gen CCR5) a través del cual el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) puede penetrar la célula e infectarla.

Según el biólogo alemán Jan Korbel, entrevistado por el periódico digital Deutsche Welle (DW), “este procedimiento no solo es éticamente criticable, sino muy arriesgado”, porque durante el procedimiento para quitar del ADN el receptor molecular del VIH, también se pueden quitar otros genes que en el futuro afectarán a esas niñas. (DW, 26 nov. 2018)

Además, Josep Corbella explica que la edición genética que ha realizado He Jiankui no tiene justificación médica, porque “una de las niñas que presuntamente ha nacido sigue siendo vulnerable al VIH porque tiene una de las dos copias del gen intacta, cosa que He sabía –o hubiera debido saber– antes de implantar el embrión.” (La Vanguardia, 29 nov. 2018)

  1. Una reacción a favor de la ética. Aunque la veracidad del experimento está en duda por parte de la comunidad científica, la noticia ha unido a decenas de científicos internacionales quienes ha condenado falta de ética de He Jiankui.

La agencia Reuters reporta que más de 100 científicos, chinos la mayoría de ellos, escribieron una carta abierta y publicada la web de noticias china Paper, en la que afirman que “el análisis ético biomédico de esta denominada investigación sólo existe de nombre. Llevar a cabo experimentos humanos directos sólo se puede describir como una locura.” (La Jornada, 27 nov. 2018)

Con motivo de esta noticia, el Comité de Bioética del Consejo de Europa recordó que la ética y los derechos humanos deben guiar cualquier uso de las tecnologías de edición del genoma en los seres humanos, y alertó que la edición del ADN plantea “muchos problemas éticos, sociales y de seguridad”. (infosalus.com, 30 nov. 2018)

Epílogo. He Jiankui acaba de abrir la “caja de pandora”, pues ha puesto en riesgo la salud futura de seres humanos. Resuenan las palabras que la serpiente a Eva: “seréis como dioses”. Sin embargo, han sido la comunidad científica y medios de información laicos los que han protestado por el experimento de He, y han recordado que la ciencia no debe rediseñar a los seres humanos.

@FeyRazon   lfvaldes@gmail.com

http://www.columnafeyrazon.blogspot.com

¿Sujeto u objeto?

Hace unos días, científicos españoles y estadounidenses anunciaban que habían creado espermatozoides artificiales a partir de células de piel humana, aunque aún no eran aptos para concebir, lo cual consideraban un gran avance en pos de lograr la fertilidad universal.

Anteriormente ya se había logrado crear espermios y óvulos artificiales a partir de células madre embrionarias; sin embargo, aquí la novedad es que los gametos se han obtenido desde células adultas, mediante su reprogramación genética.

En realidad, esto podría considerarse un paso decisivo en la creación de vida completamente artificial. En efecto, hasta ahora –y al margen de sus connotaciones éticas y jurídicas–, lo que se había hecho era manipular la vida pero a partir de una base natural, al usar espermatozoides y óvulos reales que provenían de personas. Ahora, en cambio, el proceso de artificialización parece completarse, puesto que es previsible vaticinar que se los podría crear a partir de cualquier célula adulta mediante su reprogramación. De esta manera, se cortaría el último lazo que existía con la propia naturaleza y para sus partidarios sería una completa revolución en la forma de producir (ya no de concebir) seres humanos.

Ahora bien, al margen de la inquietud que pueda ocasionar una noticia como esta y el cúmulo de problemas y callejones sin salida de cara a sus ribetes morales y jurídicos, lo anterior también podría ser el paso definitivo para la cosificación del hombre a manos del mismo hombre.

En efecto, con la técnica en comento, ya no habría diferencia alguna entre la producción de objetos y la de ¿sujetos?, al depender todo de la libérrima manipulación de quien dirige el proceso, con lo cual la ya debilitada, aunque aún existente diferencia entre sujeto experimentador y objeto experimentado terminaría difuminándose.

Dicho de otro modo: hasta hace poco, el poder de dominación del hombre sobre la naturaleza, que ha cambiado tan radicalmente nuestras vidas, le había permitido un dominio sin par sobre el mundo que lo rodeaba; sin embargo, aún permanecía la diferencia entre el sujeto que manipulaba los cambios y la realidad que era alterada por éste. Ahora, por el contrario, mediante un proceso creciente y cual círculo vicioso, es el ser humano el que se manipula a sí mismo, con lo cual el sujeto pasa a ser objeto y el objeto a ser sujeto, en cierta medida.

¿Qué consecuencias puede tener lo anterior? Una que parece indudable de cara a la dignidad humana, es el dominio de los fuertes sobre los débiles, pues desde estas premisas, ¿por qué debería respetarse a quien es sólo un producto manipulado a voluntad?

Max Silva Abbott
Doctor en Derecho
Profesor de Filosofía del Derecho
Universidad San Sebastián

Acto médico y Eutanasia.

*Dr. Carlos Leite Poletti.

¿Puede existir jurídicamente la voluntad anticipada de morir?

La discusión sobre la eutanasia llegó a un nivel poco antes visto en la historia del Bioderecho, lo que parece deberse a diversos factores. El desarrollo tecnológico ha posibilitado la recuperación de enfermos y ha permitido prolongar la vida de otros, pero con elevados costos personales, y sociales.

El uso indiscriminado de la tecnología llevó también al llamado “ensañamiento terapéutico” u “la obstinación terapéutica”, que, por tratar de conservar la vida a toda costa, llega a ser desmesurado.

Hace pocos años, los medios de comunicación daban una noticia que trataba de reabrir el debate de la eutanasia en nuestra sociedad. La noticia fue la siguiente: «Los médicos belgas aplicaron una inyección letal que paró el corazón de Nathan Verhelst, un hombre sano físicamente de 44 años, que pidió que le mataran porque no estaba contento con los resultados de su cambio de sexo. La historia de terror psicológico narrada casi en directo por la prensa belga ha reabierto el debate sobre el uso de la eutanasia, el derecho de los ciudadanos a ser asistidos por doctores en su muerte, una práctica permitida en ese país desde 2002, y en claro auge» (EL CORREO, 03.10.13).

En primer lugar, los médicos no deben ignorar ni mirar hacia otro lado cuando el enfermo manifiesta que no desea continuar viviendo de la manera que lo está haciendo, acompañado por un sufrimiento insoportable, y sin importar consideraciones que el paciente tuvo anti cristianas o anti éticas, porque eso solo lo juzga el Señor.

Ahora bien, el deseo legítimo de tener una buena muerte, es una legítima, valga la redundancia, aspiración de todos nosotros. Es un imperativo ético, podríamos decir al estilo kantiano. Pero, nos preguntamos: ¿verdaderamente ese paciente desea la muerte? ¿Cuál es la demanda auténtica de un agonizante que pide la eutanasia?

La petición individual o social de la eutanasia debe ser considerada generalmente como una demanda de mayor atención. Si su miedo lo transformamos en seguridad, el paternalismo en autonomía, el abandono en compañía, y el silencio en escucha, tal vez desee seguir viviendo el tiempo que le quede. El enfermo necesita sentirse querido por los suyos, y además sentir que sigue siendo querido por lo que es y que no necesita cambiar. Todo esto va a ser para él un motivo para querer seguir viviendo. Fue Nietzsche, quien se podrán imaginar, no era muy cristiano que digamos, quien dijo: «El que tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo».

Médicos, abogados, a TODOS, nos debe preocupar lo que le ocurre al enfermo para que desee la muerte. Este deseo puede ser una llamada de atención para que se le alivien todos los síntomas molestos o quizá sea una queja encubierta para que se le trate de una manera más humana, o se le haga compañía. Sencillamente, para que se le explique lo que le está ocurriendo.

La tentación de la eutanasia como solución precipitada se da cuando un enfermo pide el morir y se encuentra con la angustia de un médico que quiere terminar con el sufrimiento del enfermo porque lo considera insanable.

Pero deberíamos ser conscientes de que el verdadero fracaso es tener que admitir la eutanasia como solución alternativa al alivio de síntomas y ese estrepitoso fracaso se produce, cuando se plantea quitar la vida a un enfermo porque no sabemos cómo mejorar sus síntomas insoportables.

Aunque la muerte es inevitable, sí se podría intentar evitar el morir mal. La atención médica al final de la vida debe evitar su prolongación innecesaria, pero también debe evitar su acortamiento deliberado. En muchos Congresos internacionales de Bioética se ha dicho hasta el cansancio: «Dejar a la muerte que llegue sin empeñarse en prolongar artificialmente la agonía, sin miedo a usar los analgésicos y los recursos paliativos necesarios para aliviar el dolor y el sufrimiento».

La acción directa e intencionada, encaminada a provocar la muerte de una persona que padece una enfermedad avanzada o terminal, a petición expresa y reiterada de ésta, no es ni deberá ser nunca un acto médico. Sin embargo, interrumpir o no iniciar medidas terapéuticas inútiles o innecesarias, así como emplear tratamientos que tienen efectos beneficiosos sí es acto médico que se deben llevar a cabo para que el enfermo muera bien. Un excelente ejemplo de este caso, sería la sedación en la agonía.

Ante un enfermo en situación terminal lo que se hace o se deja de hacer con la intención de prestarle el mejor cuidado, permitiendo la llegada de la muerte, no sólo es moralmente aceptable sino que muchas veces llega a ser obligatorio desde la ética de las profesiones.

Debemos estar preparados para escuchar algo más espiritual.

Cuando se aplican las medidas terapéuticas que sean proporcionadas, evitando la obstinación terapéutica, evitando el abandono, evitando el alargamiento innecesario y evitando el acortamiento deliberado, estaremos realizando una buena práctica médica amparada por la Jurisprudencia internacional u por el Santísimo.

*Dr. en Derecho Uruguayo y católico

Asesor en Bioética de la Universidad de Montevideo

¿Qué implicaciones éticas tiene crear un banco universal de esperma?

Por *Justo Aznar
Madrid, 02 de octubre de 2015 (ZENIT.org)

Uno de los retos éticos de mayor calado es tratar de sustituir la procreación natural por la producción artificial de niños por técnicas de reproducción asistida. Esta tendencia se ve impulsada con la ideología de género, que trata de eliminar en la sociedad la familia y especialmente el matrimonio entre hombre y mujer como sustrato natural e idóneo para la generación de la vida. No habría, según esta ideología, por qué limitar la procreación al ámbito de la familia tradicional; se trataría de promover la generación de hijos sin sexo al margen de la unidad familiar. Por tanto, ya no sería necesaria la pareja, y el individualismo más rampante trataría de imponerse.

Ahora se quiere dar un paso más en esta dirección cuando un ginecólogo de Dundee (Escocia) propone crear un banco universal de esperma que pueda ser utilizado preferentemente por varones jóvenes. Afirma que a partir de 35 años y sobre todo a partir de los 40 el esperma puede ser portador de alteraciones genéticas que podrían ser transmitidos a los hijos, por lo que manifiesta que lo mejor sería que los varones conserven congelado su esperma obtenido a la edad de 18 años (BBC News website, 25-junio, 2015).

Esta iniciativa es pareja a la de la promoción de la crio conservación (congelación) de óvulos de mujeres jóvenes que desean retrasar su maternidad, y que serían fecundados e implantados en edades maduras con la finalidad de minimizar los riesgos de alteraciones genéticas asociados a la edad, tal como hemos publicado en un reciente artículo (Aznar J, Tudela J ¿Es ético congelar ovocitos para retrasar la maternidad por motivos laborales? Cuadernos de Bioética XXVI; 141-145, 2015).

En el mismo se analiza la licitud ética del intento de retrasar la maternidad de las empleadas de las compañías Apple y Facebook mediante la asignación de incentivos que incluyen la financiación de los procesos de crio conservación de óvulos junto a otros, con el fin de que la maternidad no interrumpa su actividad laboral en su juventud, postergándola hacia una madurez en la que la fertilidad puede verse comprometida. La utilización de óvulos congelados en esta edad madura minimizaría los riesgos antes mencionados, aunque como se detalla en el artículo, la evidencia científica cuestiona esta afirmación.

Ciertamente, la propuesta de congelación de esperma y su almacenamiento en bancos universales, carece de fundamentación médica y ética. Lo que pretende, sin embargo, es dar un paso más hacia los hijos sin sexo. Todos producidos en un laboratorio.

Diversos profesionales del área ginecológica han ridiculizado la idea entre ellos Adam Balen, presidente de la Sociedad Británica de Fertilidad, que muestra su criterio opuesto a crear un banco universal de esperma, afirmando que esta práctica “no solamente propone una procreación artificial, sino que también quiere transmitir un falso sentido de seguridad, cuando se sabe que la tecnología no garantiza la posibilidad de poder tener un hijo”, a la vez que afirma que el esperma congelado es menos fértil que el fresco, además de que esa práctica avoca a la pareja.

Irremediablemente hacia la fecundación in vitro, con los problemas asociados que ello conlleva y que no deben obviarse.

También Sheena Lewis, presidenta de la Sociedad Británica de Andrología, ha manifestado respecto a la propuesta de Smith «que los hombres deberían pensar en crear una familia siendo más jóvenes, pues la edad idónea es entre 20 y 30 años».

Como hemos comentado, es un paso más en este caso sin ningún fundamento científico, para promover la procreación artificial fuera del matrimonio y de la relación sexual y de esta forma crear el ambiente propicio para que se pueda ir pensando que el matrimonio es una institución obsoleta y que la paternidad-maternidad puede ser ejercida fuera de la relación y el amor conyugal, algo que ni la sociología ni la recta moral apoyan.

Justo Aznar y Julio Tudela
*Observatorio de Bioética Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir

¿CUÁLES SON LOS MITOS PROABORTISTAS MÁS COMUNES?

1. El empleo sistemático de la mentira, como “arma de ataque y de engaño de las masas”. Cuando el Dr. Benard Nathanson, el llamado “Rey del aborto”, después de practicar -directa e indirectamente- 75,000 abortos, y que posteriormente fuera destinado por sus directivos en el hospital, a que estudiara Perinatología (es decir, la especialidad de la ciencia médica que se ocupa en el análisis minucioso desde que el óvulo es fecundado hasta su nacimiento) se percató -con gran dolor y pesar de su parte- que no es que hubiera liberado a muchas madres “de un problema”, sino que ¡había asesinado a 75,000 bebés inocentes e indefensos! Tuvo un súbito cambio de postura, y de ser un activo proabortista, se convirtió en un gran defensor de la vida humana de los niños no nacidos, y a partir de sus descubrimientos, recorrió muchos países dictando conferencias, pláticas, seminarios; publicó libros y editó vídeos, como: “El Grito Silencioso”, “La Mano de Dios”, etc.

Y reconocía -con toda franqueza- que para presionar a los legisladores e impresionar a la ciudadanía norteamericana para que se consiguiera su legalización en 1973, confiesa que usaron estas tácticas:

a) “que eran más de un millón de abortos clandestinos por año”, cuando en realidad no llegaban a los cien mil;
b) “que las mujeres que morían en esa clase de abortos eran diez mil”, cuando la cifra real oscilaba entre 200 a 250 abortos;
c) Y que un serial de mentiras repetidas miles de veces, el público las convierte fácilmente en verdad.
d) Reconoció que, en innumerables ocasiones, manipularon cifras, datos, estadísticas y acuñaron lemas persuasivos, teniendo como aliados, a algunos medios de comunicación, y apostaron por una idea clave: “que los ciudadanos, no se tomarían la molestia de examinar a fondo, si lo que decíamos era verdadero o falso”;
e) Y concluye con una frase estremecedora: “Aprendimos que lo único que se necesita para que el mal triunfe, es que los hombres de buena voluntad simplemente no hagan nada”. Es decir, apostaron por la pasividad e indiferencia de la población norteamericana y lamentablemente tuvieron éxito.

2. Otro mito que se repite constantemente: “En las primeras semanas de embarazo, no existen sino puñado de células informes y a ‘eso’ no se le puede llamar ser humano”. Los estudios más recientes de la Genética demuestran ampliamente que, desde que el óvulo es fecundado o fertilizado, es un ser distinto al de la madre. Tiene un ADN propio, único y original. A los pocos días ya comienza a latir su corazón con su propia sangre y comienzan a formarse los órganos del niño. En la octava semana ya tiene huellas digitales, que son irrepetibles en cada persona, se comienza a desarrollar su sistema nervioso; percibe sonidos e incluso se puede chupar el dedo; si su madre sufre o llora, él bebé se altera también. En cambio, si está alegre y contenta, la criatura se encuentra con paz y durmiendo serenamente. En el ultrasonido se observa a un pequeño “muñequito” con cabeza, tronco y extremidades, por esas etapas pasamos todos los humanos. En ex Secretario de Salud, el Dr. Jesús Kumate, hace tiempo, me hacía esta interesante observación: que había descubierto, a través de sus investigaciones científicas, que el bebé seguía una linea ininterrumpida de desarrollo y crecimiento, que no termina al nacer, sino que continúa en la niñez, la adolescencia, la juventud y hasta llegar a la plena madurez.

3. El mito de que “la mujer es dueña de su propio cuerpo”, con lo anteriormente expuesto, cae por su propio peso, porque no es que la madre -por ejemplo- tenga un quiste o una callosidad, que se pueda extirpar cuando se desee, sino que se trata de su propio hijo, distinto e irrepetible, y con el pleno derecho a vivir. “Abortar es matar, aunque el cadáver sea muy pequeño”, repetía incansablemente el eminente científico francés, Dr. Jerome Lejéune, quien hizo importantes descubrimientos sobre el bebé en el seno de su madre, pero por su valiente y firme postura en defensa de la vida, le fue arrebatado el Premio Nobel de Medicina, que sin duda se lo merecía con creces.

4. Otra gran mentira: “Si se legaliza el aborto, automáticamente el número de abortos clandestinos disminuirán radicalmente”. Desde aquel funesto año 1973, en que no llegaban a cien mil el número de abortos clandestinos en Estados Unidos, actualmente -cada año- se practican más de un millón quinientos cincuenta mil abortos. En México, a ocho años de haberse despenalizado el aborto, se han practicado, ¡más de 140,000 abortos en la Ciudad de México! (cfr. “Excélsior”, 15 de agosto de 2015). Es decir, toda una posible entidad mexicana, en la que podrían haber surgido ciudadanos que trabajen por el bien de nuestra Patria.

5. Podría continuar enumerando muchos más mitos, pero quiero mencionar éste último: “El embarazo es un problema de salud”. A todas luces sabemos que no lo es. Todo lo contrario, la vida significa progreso, desarrollo, fuerza de trabajo, creatividad, generación de empleos… Steve Jobs, el genio revolucionario de la cibernética (inventor, junto con Bill Gates, de las lap tops, ipads, celulares, iphones…), no hubiera nacido, si un matrimonio amigo no hubiese persuadido a su madre que no lo abortara.

6. Lo que podemos afirmar, con absoluta certeza, es que se trata de un lucrativo negocio porque, como sostenía también el Dr. Nathanson: “Es cuestión de aritmética: a 300 dólares cada aborto, y si lo multiplicamos por 1,550,000 abortos, nos encontramos con una industria que produce más de 500 millones de dólares anualmente. De los cuales, la mayor parte van a parar a los bolsillos de los médicos que lo practican”.

Una última reflexión para animar a los ciudadanos mexicanos a que tengamos una participación ciudadana más activa, dejando de lado la pasividad y la indiferencia, y que hagamos todo lo posible por detener y terminar con este silencioso holocausto, lo constituyen las palabras del Dr. Bernard Nathanson: “Aprendimos que lo único que se necesita para que el mal triunfe, es que los hombres de buena voluntad simplemente no hagan nada” (1).

(1) Cfr. Espinoza Aguilera, Raúl, ¿Es Posible Rehacer mi Vida? Historias Impactantes” e “Ideas Claves sobre la Vida y el Aborto, Editorial Minos III Milenio, México. Tels.: 56-15-58-90; 56-15-66-62 y Lada sin costo: 01-800-633-46-81. Correo: ventas@minostercermilenio.com.

VENTA POR PIEZAS

Mientras en nuestro país se busca despenalizar el aborto en ciertas causales, asegurándose que no se ampliará en el futuro ni se convertirá en un derecho de libre demanda (cosa que contradice la realidad mundial), en países más avanzados en esta materia se ha llegado a situaciones francamente indescriptibles.

En efecto, en Estados Unidos, y luego de una investigación realizada por The Center for Medical Progress (una asociación que vela por la ética médica), se ha destapado un escándalo de proporciones, al hacerse público un macabro negocio de tráfico de órganos de bebés abortados que Planned Parenthood –para muchos, el mayor promotor del aborto del mundo–, ha estado realizando durante años.

De hecho, a tal nivel de sofisticación ha llegado este dantesco negocio, que las técnicas abortivas varían dependiendo de cuáles sean los órganos que se pretende obtener, para lo cual se monitorea el proceso ecográficamente.

Así, corazón, hígado, pulmones o algunas extremidades, dependiendo de la demanda de los laboratorios interesados, son sacados intactos para su posterior venta, pese a estar prohibido el tráfico de órganos humanos en Estados Unidos. En consecuencia, estas lucrativas ventas se suman al ya millonario negocio del aborto propiamente dicho, con lo cual se demuestra que la ambición y el descaro no tienen límites.

¿Resulta sorprendente esta situación? En realidad, no. Y no lo es, porque la raíz de la mentalidad abortista es siempre la misma: la cosificación del no nacido, el desconocimiento de su inherente calidad de persona. Por mucho que se maquillen sus causales o se prometa que se legislará solo para casos muy acotados, esta despersonificación resulta evidente, pues si de verdad se considerara al no nacido como uno de nosotros, sería imposible tratarlo como en los hechos se hace.

Es por eso que se ha dicho mil veces que el derecho a la vida del otro depende de su misma existencia, de una cualidad intrínseca suya, no de lo que piensen, sientan o quieran los demás a su respecto. De ahí que no se pueda matar a un ser humano inocente porque nos estorbe, produzca fastidio, odio, o porque su presencia altere o trunque nuestros planes de vida. Si de verdad estamos ante “otro yo”, no nos queda más que respetarlo, por mucho que cueste.

En consecuencia, este horroroso escándalo no es más que el lógico desenlace de no querer reconocerle al no nacido –arbitraria e injustamente– su calidad de “otro yo”. Es así cuestión de tiempo para que por esta pendiente resbaladiza, el aborto se convierta en un derecho de libre demanda y se utilicen los restos de estas víctimas inocentes –considerados como simple material biológico– para cualquier tipo de fin. ¿Qué vendrá después?

Max Silva Abbott
Doctor en Derecho
Profesor de Filosofía del Derecho
Universidad San Sebastián

¿Puede ser éticamente lícito el aborto en algún caso?

Manuel Ocampo Ponce
Universidad Panamericana

Todo parece indicar que en la actualidad el ejercicio de la sexualidad se encuentra desvinculado de la procreación. De los años sesentas del siglo pasado a la actualidad se ha cambiado la visión de lo que es y significa la sexualidad humana. Lamentablemente ha disminuido drásticamente el número de personas que niegan la ordenación natural que hay de las parejas de estar abiertos a la procreación. El mundo se ha liberalizado, las leyes proabortistas se van generalizado en los distintos Estados ya sea por razones económicas, médicas o sociales y hasta “humanitarias” como las relacionadas a la violación y al incesto. Por otra parte, en los países en los que las leyes sobre el aborto son muy restrictivas o ilegales, la legislación no es acatada en muchos de los casos en los que, aparentemente, se pueden realizar abortos médicamente “seguros” con frecuencia. Otro punto a considerar es la relación de los abortos con el socialismo, comunismo o marxismo ya que casi todos los países marxistas han autorizado el aborto al menos en los tres primeros meses del embarazo. Sin embargo, también en los países con economías neoliberales o capitalistas el aborto se ha vuelto una actividad cotidiana.

También resulta curioso que por una parte existe un número muy elevado de abortos mientras que por el otro se perfeccionan cada vez más los medios de gestación artificial. En esto se pone de manifiesto la esquizofrenia cultural en que vive la sociedad actual. Sea una cosa o sea otra, el aborto es uno de los métodos más utilizados para la regulación de la natalidad.

No cabe duda de que el aborto es una realidad triste, lamentablemente polémica y donde las cifras son muy elevadas al punto que podemos afirmar que la sociedad actual es una sociedad abortista. La procreación ha dejado de ser un don precioso e incluso los hijos han llegado, en muchos casos, a ser una carga pesada.

Para efectos de este análisis y dejando de lado los abortos espontáneos en los que no interviene la libertad humana, el aborto provocado es la interrupción de un embarazo, es decir, la acción de quitar directa y deliberadamente la vida a quien todavía no es capaz de vivir fuera del seno materno. Esto implica interrumpir el embarazo desde la fecundación hasta que concluye la vida fetal, es decir, cuando el feto es capaz de vivir fuera del útero materno.

Dentro de los abortos provocados tenemos varios tipos en los que se encuentran:

1. El aborto terapéutico, cuando el embarazo pone en grave peligro la vida o la salud de la madre gestante.
En la actualidad las indicaciones médicas para realizar abortos terapéuticos son prácticamente nulas en países con infraestructura médica desarrollada. Algunos han querido incluir en este tipo de aborto la salud mental de la madre, lo cual ha provocado que este tipo de aborto vaya en aumento en muchos casos y en otros se impida por las mismas razones de salud mental de la madre.
2. El aborto eugénico, cuando se ve que el concebido presenta alguna anomalía congénita o malformación grave.
3. El aborto psico-social, cuando el embarazo es el resultado de una violación o de un incesto.

Estos tres tipos de abortos pueden resumirse en dos:

1. El aborto directamente provocado por motivos eugenésicos, problemas familiares o sociales y por problemas personales (no considerados en el aborto indirecto). Este tipo de aborto directamente provocado nunca es lícito bajo una perspectiva realista y objetiva.
2. El aborto indirectamente provocado como cuando hay que extirpar un útero canceroso durante el embarazo lo cual implica la eliminación del concebido que constituye un peligro mortal para la madre e incluso para el mismo concebido, para el que hay que considerar dos causas de abortos:

2.1 El que tenga como fin o efecto único e inmediato la expulsión de un feto vivo (aborto directo). Que siempre y en todos los casos es éticamente ilícito según una visión realista y objetiva de la realidad.
2.2 El que tiene dos fines o efectos en el que la expulsión del feto no es el fin o efecto único sino subordinado a conseguir el efecto bueno de salvar a la madre. En este último caso para que sea lícito éticamente, es necesario que se cumplan las reglas del voluntario indirecto o principio de doble efecto que son:

a) Que el efecto sea bueno, es decir, salvar a la madre, o sea que el efecto permitido no sea intrínsecamente malo.
b) Que el efecto malo no sea querido ni intentado ni como fin, ni como medio, sino únicamente tolerado.
c) Que existan razones proporcionadamente importantes para permitir el efecto malo, como es el caso en el que no sólo moriría la madre sino también terminaría por morir el concebido.
d) Que el efecto bueno, es decir, salvar a la madre, no se consiga por medio del efecto malo sino que primero se efectúe el salvar a la madre y por consecuencia, en segundo lugar, se produzca la muerte del concebido.

Únicamente bajo estas condiciones puede ser lícito éticamente un aborto indirectamente provocado.

Cristianismo y derecho a la reproducción asistida

 

*Dr. Carlos Leite Poletti

Este tema ha sido recurrente en distintos foros jurídicos y hasta extra jurídicos. Se ha masificado la discusión, y se han mezclado temas que van desde la posición de la Iglesia, hasta la reproducción asistida para parejas de mujeres, pasando por supuestos derechos humanos, e incluso se habló del “derecho que yo tengo a tener un hijo”.

Para empezar, y tratando de ser escueto y sobretodo pragmático en el punto, en nuestros ordenes jurídicos nadie “tiene derecho a tener un hijo”, ¿por qué? Porque cuando existe un derecho a algo, existe alguien que tiene la correlativa obligación de dármelo, sea un bien, un servicio, etc., “alguien” el Estado, un particular, una entidad, etc. Por lo que, si yo “tengo derecho a tener un hijo”, ¿Quién tiene la OBLIGACIÓN de dármelo, facilitármelo, etc.?…sencillamente esa OBLIGACIÓN no existe, desde el punto de vista de considerar la obligación como una situación jurídica, como lo es realmente.

Se dice que la Iglesia católica se opone a cualquier tipo de tratamiento de reproducción asistida y los rechaza por antinaturales. Para la Iglesia toda fecundación fuera del acto sexual comporta un modo no humano, no natural e incompatible con la dignidad del nuevo ser, este concepto hoy si bien permanece toma otros ribetes y otras consideraciones, que darían para interminables debates.

Lo teológicamente cierto es que, la Iglesia considera que la sexualidad humana tiene dos finalidades naturales: procreativa y unitiva es decir, afianzar los lazos afectivos de los cónyuges, Ya no se habla desde hace décadas en nuestro derecho del “débito conyugal”, pero hoy, ya con otras circunstancias constitutivas de tiempo y efecto de los medios de comunicación, etc., se considera como paradigma, que el acto conyugal que impida la vida a voluntad o que carezca del amor y el respeto por la dignidad humana del cónyuge, desvirtúan la verdadera naturaleza de la sexualidad humana que Dios proveyó con un fin específico. Por medio del uso de la reproducción asistida, el acto sexual no existe, y dado que la procreación de la especie es una característica exclusiva de la sexualidad y el acto sexual, y por ende, la unión matrimonial se desvirtúa.

No obstante la Iglesia hoy, sobre todo en algunos países está cambiando o moderando su posición ya que se encuentra, en los hechos con una realidad difícil, por ejemplo, por el problema de la infertilidad, muchas parejas católicas, viven una situación angustiosa.

Además, se comienza a debatir a altos niveles ¿Se inicia la vida cuando se unen un óvulo y un espermatozoide? Sin duda que sí. ¿En qué momento a esa conjunción química se le puede llamar ser humano y en qué momento Dios le asigna un alma a ese futuro ser? ¿Le asigna alma al concebido artificialmente? Es un tema muy polémico, alimentado de mucho cientificismo, criterio religioso y presión de jóvenes parejas a las que el orden natural les ha obstaculizado concebir un hijo.

Por eso se plantea por parte de la Iglesia como objetivo intervenir con leyes humanas en el campo de la fecundación artificial, para contrarrestar la permisividad actual. La Iglesia rechaza las técnicas de fecundación por considerarlas contrarias a la moral. El papa Pío XII fue uno de los primeros en condenarlas cuando el tema era “nuevo” en el mundo. Desde 1949 el Papa Pío XII condenó la inseminación artificial y en 1956 la fecundación in vitro. También la donación de esperma.

Además, la posición es reforzada por el hecho que el feto obtenido mediante este método, en la mayoría de los casos es rechazado por el cuerpo de la mujer en el que es implantado, por lo que antes de llegar a una gestación satisfactoria, pueden usarse varios fetos, los cuales mueren de no ser aceptados por el organismo de la madre. Debido a que la doctrina Católica considera al humano como tal desde el primer momento de la gestación, se considera inmoral tomar riesgos o jugar con una vida humana, la cual en este caso corre alto riesgo de muerte. Como respuesta a los matrimonios impedidos de la gestación de un nuevo ser, la Iglesia promueve la adopción, como método necesario en la sociedad, forma natural de la construcción familiar.

Por supuesto que el debate, es casi interminable, el matrimonio no confiere a los cónyuges el derecho a tener un hijo, sino solamente el derecho a realizar los actos naturales que se ordenan a la procreación. Es contraria a la doctrina católica la fecundación de una mujer casada con el esperma de un donador que no es su marido. Constituye ofensa a la vocación común de los esposos a la paternidad y a la maternidad. Pero la inseminación artificial homóloga dentro del matrimonio tampoco es admitida. Para algunos el sentir de Dios al respecto se deja ver en Levítico 18:20: “No debes dar tu emisión como semen a la esposa de tu asociado, para hacerte inmundo por ello”.

Actualmente, algunas iglesias cristianas nacidas de la Reforma aceptan la donación de gametos siempre y cuando se realicen en parejas casadas heterosexuales. A modo de ejemplo, La Iglesia Anglicana de Inglaterra considera de suma importancia la verdad sobre el origen de los niños nacidos y su identidad genética y sugieren manejarse de la misma manera que se hace en la adopción de niños. También se oponen a cualquier tipo de pago o comercialización de los gametos. Estas posiciones evangélicas consideran que no existe impedimento moral alguno para utilizar la reproducción asistida. Aunque algunas iglesias consideran a la donación de esperma un tipo de adulterio, los evangélicos consideran que el hecho de que un esposo varón reconozca sus propia limitación física, y busque brindarle a su esposa la felicidad de la maternidad es un acto lleno de cristiano amor y lo comparan con un bebé adoptado.

Como se podrá concluir, el tema trasciende y atraviesa muchos temas, no solo el religioso, también el legislativo, y el de la ética personal de cada uno. En caso de legislarse, en cada país que así lo hizo, siempre o casi siempre la Iglesia católica asesoró más allá de su doctrina en las comisiones legislativas, para que fuese la ley en cuestión lo más benévola y contemplativa de la doctrina posible.

*Dr. en Derecho Uruguayo y católico
Asesor en Bioética de la Universidad de Uruguay

El Abortismo en Polonia. Algo totalmente del pasado.

*Dr. Carlos Leite Poletti

El pueblo polaco, que encabezó la liberación de los Estados europeos sometidos a los regímenes comunistas, con la gran ayuda de poder contar con San Juan Pablo II como sumo Pontífice y que ha demostrado que se puede superar fácilmente un largo pasado de sufrimiento bélico y de represión política pero también abortista, ha dado un claro ejemplo en este sentido. La legalización y promoción del aborto fue una creación del invasor nazi (1942), alentada por Hans Frank, gobernador de Polonia que fuera juzgado y ejecutado por el Tribunal de Núremberg por crímenes de lesa humanidad, política abortista que retomó el comunismo bajo la imposición estalinista (1956).

A los muchos años de la liberación la democracia ha supuesto para Polonia la abolición casi general de una práctica que costó la vida a muchos cientos de miles de inocentes polacos y el sufrimiento de un número enorme de madres. De los casi sesenta mil abortos registrados en el año de 1990 se ha pasado a sólo ciento cincuenta y nueve en 2014. Además se han reducido mucho los asesinatos de recién nacidos, las muertes derivadas de embarazos y partos y los embarazos de menores.

Aunque la nueva legislación familiar polaca de 1993 aún no es enteramente justa, ya que acepta casos discriminatorios de aborto, pero aun así constituye un enorme avance que ha salvado muchas vidas sin ningún efecto negativo como contrapartida. La ley familiar polaca penaliza al personal sobre todo médico, que practica abortos, no a las madres, atentos con esto…! porque se podría traducir o ser, una práctica que se podría imitar legislativamente en Uruguay, o por lo menos no tomar a la madre como ideóloga del crimen en todos los casos. Tan sólo deja despenalizados los casos de serio peligro para la vida, o la salud de la madre, el de graves malformaciones en el feto y el de embarazos producidos de modo ilegal, por supuesto que con esto se puede discrepar pero siempre será mejor que una vía libre y totalmente desregulada. Estos supuestos aplicados con el debido rigor y vigilancia y acompañados de medidas educativas serías, que abarcan a toda la sociedad y de ayuda a la mujer, contundentemente han conseguido cambiar la tasa de natalidad en Polonia de una manera totalmente cabal y benigna.

Son varios los aspectos a destacar de la ley familiar polaca de enero del 1993, por ejemplo, garantiza un apoyo económico a las embarazadas pobres para antes y después del parto; introduce un Programa de Mejora de los Cuidados Prenatales, que bajó notoriamente la muerte de nonatos a la mitad; desde 1998 y, como prolongación de la ley, se imparte la asignatura de “educación pro familia” de manera curricular, que incluye planificación familiar para jóvenes de 11 a 19 años; y literalmente, se ha formado en temas familiares a 15.000 profesores en los últimos cuatro años para que colaboren con los padres en favor del matrimonio, de la madurez psicológica y sexual, y de la paternidad responsable, lo cual demuestra que una sociedad libre y orgullosa de si misma, donde el gobierno y las instituciones ayudan a la Iglesia, como la sociedad polaca, puede legislar muy bien aún en los temas muy delicados, cuando no hay intereses mezquinos, favores políticos que devolver, afanes demagógicos ni chacrismo.

Los lobbies abortistas han fracasado contundentemente en todas sus funestas y fatalistas predicciones. Ahora les será muy difí­cil volver a engañar, a esta sociedad cuya conciencia a favor de la vida ha crecido velozmente hasta un ochenta y uno por ciento. Sus paradigmas eran los tópicos de siempre: que la sociedad reclamaba el aborto con prácticas ilegales (como si la ilegalidad y los homicidios al margen de la ley fuesen un argumento válido y éticamente aceptable); que aumentarí­an enormemente los abortos ilegales, los infanticidios, los abandonos de bebés y los embarazos adolescentes; y sucedió que los abortistas no tenían las condiciones políticas ni materiales de sustentar esta acción que habían emprendido, sino además declaraban abiertamente, que las cárceles se llenarí­an de mujeres abortadoras; que se colapsarían los hospitales. Todo esto ha demostrado ser una serie de amedrentamientos totalmente carentes de sentido y sustento científico o sociológico.

Cada paí­s tiene características únicas que hacen a sus sociedades. Pero aparte de la reconocida autenticidad del cristianismo de los polacos, en este paí­s europeo de dimensiones y tradición cultural análogas a las de otras naciones europeas también ha entrado el secularismo feroz. Seguramente pesan tantos años de dictadura y de ateí­smo y de marxismo férreo bajo el Estado policial del General Jaruzelski. Sin embargo, la Iglesia no se ha quedado sola en lo que es la defensa de la vida en su su sentido amplio, que no es cuestión de cristianismo frente a secularismo, sino de elemental humanismo y sentido común, donde no ha fallado la correcta información y la Evangelización en ese sentido. Se ha progresado paulatinamente desde un sistema abortista, a otro en el que subsisten sólo casos aislados de aborto, que habrá que seguir atendiendo con educación y con ayuda desinteresada a las madres inexorablemente.

Con el lejano pueblo polaco compartimos los ideales indudablemente de la paz, del progreso de los pueblos, de la Santa Iglesia Católica, esos ideales comunes deben ser nuestro «faro». Queda claro que en nuestro país, Uruguay, a casi 12.000 km de Polonia, también puede transformarse en un Estado y sociedad ex-abortista, como ya parte de la ciudadaní­a está reclamando y hay quienes seguimos y seguirán trabajando para suscitar un movimiento popular a gran escala. Digo seguirán, porque nos parece que esta batalla la ganarán las próximas generaciones, para eso tenemos que trabajar desde ahora, pero para ver resultados que se verán en años. Ningún cambio serio se produce de un día para el otro.

*Dr. en Derecho Uruguayo y católico
Asesor en Bioética de la Universidad de Uruaguay

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