VENTA POR PIEZAS

Mientras en nuestro país se busca despenalizar el aborto en ciertas causales, asegurándose que no se ampliará en el futuro ni se convertirá en un derecho de libre demanda (cosa que contradice la realidad mundial), en países más avanzados en esta materia se ha llegado a situaciones francamente indescriptibles.

En efecto, en Estados Unidos, y luego de una investigación realizada por The Center for Medical Progress (una asociación que vela por la ética médica), se ha destapado un escándalo de proporciones, al hacerse público un macabro negocio de tráfico de órganos de bebés abortados que Planned Parenthood –para muchos, el mayor promotor del aborto del mundo–, ha estado realizando durante años.

De hecho, a tal nivel de sofisticación ha llegado este dantesco negocio, que las técnicas abortivas varían dependiendo de cuáles sean los órganos que se pretende obtener, para lo cual se monitorea el proceso ecográficamente.

Así, corazón, hígado, pulmones o algunas extremidades, dependiendo de la demanda de los laboratorios interesados, son sacados intactos para su posterior venta, pese a estar prohibido el tráfico de órganos humanos en Estados Unidos. En consecuencia, estas lucrativas ventas se suman al ya millonario negocio del aborto propiamente dicho, con lo cual se demuestra que la ambición y el descaro no tienen límites.

¿Resulta sorprendente esta situación? En realidad, no. Y no lo es, porque la raíz de la mentalidad abortista es siempre la misma: la cosificación del no nacido, el desconocimiento de su inherente calidad de persona. Por mucho que se maquillen sus causales o se prometa que se legislará solo para casos muy acotados, esta despersonificación resulta evidente, pues si de verdad se considerara al no nacido como uno de nosotros, sería imposible tratarlo como en los hechos se hace.

Es por eso que se ha dicho mil veces que el derecho a la vida del otro depende de su misma existencia, de una cualidad intrínseca suya, no de lo que piensen, sientan o quieran los demás a su respecto. De ahí que no se pueda matar a un ser humano inocente porque nos estorbe, produzca fastidio, odio, o porque su presencia altere o trunque nuestros planes de vida. Si de verdad estamos ante “otro yo”, no nos queda más que respetarlo, por mucho que cueste.

En consecuencia, este horroroso escándalo no es más que el lógico desenlace de no querer reconocerle al no nacido –arbitraria e injustamente– su calidad de “otro yo”. Es así cuestión de tiempo para que por esta pendiente resbaladiza, el aborto se convierta en un derecho de libre demanda y se utilicen los restos de estas víctimas inocentes –considerados como simple material biológico– para cualquier tipo de fin. ¿Qué vendrá después?

Max Silva Abbott
Doctor en Derecho
Profesor de Filosofía del Derecho
Universidad San Sebastián

Un muy mal proyecto en Chile

*Fuente: El Mercurio

Independiente de la posición que se tenga respecto del aborto, el actual proyecto que presenta el Ejecutivo para despenalizarlo en tres causales, técnicamente es muy malo, ya que se sustenta en una interpretación errada de la evidencia existente.

En relación con la mortalidad materna, el objetivo del proyecto buscaría disminuirla, permitiendo la interrupción del embarazo en aquellas mujeres con riesgo vital presente o «futuro». Es importante señalar que la mortalidad materna chilena es una de las más bajas del continente, aun con una legislación poco permisiva. Ninguna de las muertes maternas ocurridas en los últimos años se habría evitado con esta ley, pues estas no ocurrieron por falta de intervención médica, sino por complicaciones en el tercer trimestre de embarazo o asociadas al parto. Considerar que médicos generales se hagan cargo de pacientes de alta complejidad, como plantea la iniciativa legal, es un error técnico grave. Cualquier situación eventual puede ser invocada como «riesgo futuro», expandiendo la realización de abortos. Así, en esta causal el proyecto no resuelve ningún problema real y podría, incluso, aumentar las muertes maternas.

En la segunda causal, esta iniciativa legal procura resolver un drama real: el sufrimiento de una madre frente a un hijo con una malformación grave. Es una simplificación pensar que este proyecto resuelva de manera integral este drama. Aunque el diagnóstico de algunas de estas patologías puede hacerse precozmente en el embarazo, eso no corresponde a la realidad nacional, y la gran mayoría se hace después de las 20 semanas. A esta edad gestacional, toda madre ha establecido un vínculo con su hijo, y el aborto solo ofrece ponerla en la encrucijada de decidir si su hijo vive o muere, cuando realmente necesita apoyo, acompañamiento, cuidados médicos paliativos, nada de lo cual está planteado. Cabe señalar que el diagnóstico de certeza de una malformación fetal es muy complejo, aun en manos de especialistas; no obstante, el proyecto plantea que pueden hacerlo médicos generales. Nadie en su sano juicio aceptaría realizarse una cirugía cardíaca diagnosticada y manejada por un médico general. ¿Por qué el estándar debe ser menos para el diagnóstico y manejo de malformaciones fetales?

Respecto de la tercera causal, el objetivo del proyecto es que mujeres que han sido violadas no carguen con el drama de tener al hijo del violador. Nadie puede ser indiferente a esta tragedia; sin embargo, el proyecto solo propone poner fin al embarazo, omitiendo gravemente la denuncia y persecución del delito. Dado que la mayoría de los embarazos por violación son provocados por un conocido en el entorno de la víctima, el actual proyecto propone eliminar al hijo, pero no previene que la mujer siga en el entorno del abusador. Además, la interrupción del embarazo a las 12 o 18 semanas puede tener graves consecuencias físicas y psíquicas para la madre, pero el proyecto no plantea ningún tipo de prevención para ellas.

Finalmente, este proyecto no resuelve el problema del aborto clandestino. Sabemos que la actual legislación permite claramente actuar para los casos de riesgo vital aplicando el buen juicio clínico. Para las otras dos causales es evidente la necesidad de implementar más políticas de prevención y acompañamiento que las existentes. No es aceptable que se le ofrezca a la sociedad el aborto como solución, porque solo generará problemas, como ha ocurrido en los países con aborto legal.

Jorge Becker
Subespecialista Medicina Materno Fetal, Hospital Regional de Talca

Sebastián Illanes
Subespecialista Medicina Fetal, Universidad de los Andes

Elard Koch
Epidemiólogo, director MELISA Institute

Fuente: El Mercurio

Una Burbuja Legislativa en Chile

Parece absurdo que el gobierno chileno pretenda continuar, casi como si no hubiera pasado nada,  con  lo  que  considera  su tarea  “refundacional”  del  país  (o  que  siga  “pasando  la retroexcavadora”), si al mismo tiempo está sumido, al igual que toda la clase política, en este verdadero pantano de ilegitimidad y descrédito que cada día se agranda y profundiza más, sacado a la luz por él mismo, con el propósito de dejar fuera de combate a un partido de  oposición, acusándolo  de  prácticas  que  muchos  de   sus  propios  adeptos  también realizaban. Así abrió sin querer una Caja de Pandora, saliéndole el tiro por la culata, al punto que ahora están casi más asustados ellos por lo que pueda venir que sus adversarios. Además, existen indicios que varios de estos posibles implicados están trabajando, sea abierta o solapadamente, más en evitar eventuales coletazos de este verdadero huracán político, que en tareas propiamente legislativas. Por tanto, además de la falta de legitimidad del  gobierno para erigirse  en adalid de  este  proceso refundacional,  tampoco le  estarían dedicando el tiempo que dicha labor requeriría.

Toda esta lamentable situación contrasta con el ímpetu que a ratos se muestra por impulsar el programa de gobierno, incluso pretendiendo acelerarlo en ciertos casos, como con la reforma laboral, a la cual además, se han introducido importantes modificaciones de última hora. Es como si de repente surgiera el apuro por aprobar estos cambios, antes que la cosa empeore aún más, ya que no pasa un día en el cual no aparezcan nuevos antecedentes, algunos francamente increíbles, que no hacen sino aumentar la complejidad y gravedad de esta situación, de lejos, la peor que ha tenido nuestra clase política desde el retorno a la democracia.

En  consecuencia,  en  un  ambiente  tan  enrarecido,  de  tanto  recelo,  en  que  las suspicacias y las desconfianzas no hacen sino crecer y crecer, parece impresentable que en el plano de las reformas legislativas, se actúe casi como si no hubiera pasado nada, se apure el tranco y no se cambie ni una coma el programa de gobierno.

Una actitud semejante no le hace bien al país, pues la legitimidad de las autoridades no se fundamenta solo en la manera en que han llegado al poder, sino sobre todo, en el modo  de  ejercerlo;  o  si  se  prefiere,  dicha  legitimidad no se  adquiere  de  una vez  para siempre  (ni  es,  por  tanto,  un  cheque  en  blanco),  sino  que  debe  mantenerse. Ello,  sin perjuicio  que  de  haberse  sabido  estas  prácticas,  seguramente  las  últimas  elecciones hubieran  tenido un  resultado  muy  distinto.  Por  eso,  seguir  en  esta  verdadera  burbuja legislativa no hará más que empeorar nuestra ya difícil situación.

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

¿Hacia el populismo? – El caso de Chile

Chile se encuentra hoy en uno de los momentos más delicados de su historia, y si no se tiene una visión generosa y con altura de miras, el daño podría ser considerable.

Ello, porque el prestigio de nuestra clase política está casi exangüe, lo cual para varios, pone en tela de juicio su continuidad para los próximos años, al menos de buena parte de ella. Todo esto puede hacer que nuestro futuro llegue a ser bastante más complejo de lo que muchos creen o incluso podrían prever solo semanas atrás.

En efecto, los diferentes escándalos que han sacudido primero a la oposición y después al gobierno, así como las continuas reyertas y descalificaciones emanadas de este último, están llevando a buena parte de la población a un peligroso hastío, o en el mejor de los casos, indiferencia respecto a quienes tienen la responsabilidad de dirigir los destinos del país.

A lo anterior han contribuido también el reiterado azuzamiento del descontento –pese a tener la mejor situación económica e institucional de Sud y Centro América–, y de la odiosidad que se ha levantado por todo lo que se ha construido en estos últimos cuarenta años, fruto de un verdadero afán refundacional. Ello, porque cuando las rencillas superan un cierto límite, no solo terminan afectando al adversario, sino que también ponen en peligro la estructura misma que permite existir a quien hace la crítica.

Todo lo dicho ocasiona un flaco favor a la política y a la democracia chilenas, pues es el caldo de cultivo ideal para los populismos, de los cuales ya está plagada América Latina. No solo porque estos verdaderos caudillos terminan apropiándose del Estado, convirtiendo en un espejismo la separación de poderes y la primacía y la igualdad ante la ley, sino porque a fuer de sepultar más abierta o disimuladamente cualquier oposición o resistencia a su ideario, se mantienen en el poder tanto mediante la corrupción, como dando migajas a los más desposeídos a fin de secuestrar su voto.

De ahí al afán de perpetuarse en el poder no hay más que un paso, de lo cual también ya tenemos claros ejemplos, como la pretensión de Rafael Correa, en Ecuador, de lograr para sí la reelección indefinida. ¿Puede haber una práctica más antidemocrática que ésta? Más que república democrática, se asemeja a una monarquía supuestamente popular.

Es por eso que hoy nos encontramos ante una situación tan delicada: porque se están dando las bases para un futuro gobierno populista. Estamos cerca que un vivaracho capitalice el descontento y el hastío existentes, y a punta de demagogia, obtenga un poder total, personalista y que por ello pretenderá hacer irreversible.

*Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

El delito de dar trabajo – En Chile también tienen reformitis

Como puede notarse ya sin ninguna duda, el actual gobierno pretende cambiar la organización de nuestra convivencia hasta los cimientos en todo orden de cosas, y no solo en el económico, como algunos tanto temen. Una prueba más de la importancia de las ideas que se tengan que sobre el hombre y la sociedad, pues son ellas las que inspiran estos cambios.

Dentro de las muchas aristas que tiene esta verdadera refundación de Chile (hecha además, con una prisa que contradice su mayúscula importancia), la reforma laboral ocupa hoy uno de los puestos prioritarios.

Ahora, más allá de los aspectos que pretende establecer esta reforma, lo que más llama la atención es la visión de fondo que la inspira, obsesionada con la idea de una lucha sin cuartel entre empleadores y trabajadores, viendo en los primeros unos abusadores desalmados.

Con todo, y a pesar de diversas situaciones públicamente conocidas que han incentivado esta visión tan confrontacional de las relaciones laborales, lo que parce olvidarse, aunque sea de Perogrullo, es que los bienes y servicios que tanto necesitamos requieren ser generados. Una tarea nada fácil, pues exige además de mano de obra, recursos naturales y capital, del ingenio, organización y visión que permitan obtener los resultados esperados.

Por eso lo principal en todo este proceso es el ingenio humano, encarnado en la labor empresarial, que es capaz de descubrir una necesidad y el modo de satisfacerla. Y es eso lo que permite generar fuentes de trabajo, pues los promotores de esta reforma también parecen olvidar que debemos mantenernos para vivir, necesidad y tarea que no se da sola.

Es decir, todos necesitamos de ingresos para satisfacer nuestras necesidades, estos ingresos no se producen por arte de magia, sino trabajando, y más aún, requieren de toda una organización y recursos para llegar a existir, con el consiguiente riesgo de fracasar en el intento. Ahora, hasta donde ha demostrado la historia, el Estado no es bueno haciendo esto; al revés, se ha visto hasta la saciedad graves los problemas que se producen cuando la autoridad pretende realizar esta tarea de forma prioritaria, que por su naturaleza, requiere de un dinamismo y visión que ella no tiene y que solo posee, guste o no, el sector privado.

Lo anterior no quiere decir que se deje al sector privado sin reglas, pues imperaría la ley de la selva, ya que resulta frecuente que el poderoso (incluido el político), abuse. Mas esta regulación no puede asfixiar el impulso privado, no puede convertirse en un lastre que inhiba su dinamismo. No puede ser, tal como pretende esta reforma, que se penalice el delito de dar trabajo.

 

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

“EL FASTIDIO QUE ME PRODUCES…”

La campaña para despenalizar el aborto en Chile no cesa, y por varios frentes distintos, el gobierno busca imponerlo, junto a varias otras reformas en todo orden de cosas, que pretenden alterar profundamente la fisonomía de nuestro país.

Como siempre, las causales son las mismas: vida o salud de la madre, violación e inviabilidad del no nacido; agregándose también, a sugerencia de organismos foráneos, situaciones de embarazo adolescente.

Ahora bien, cuando se indaga en los verdaderos motivos de quienes abogan por este supuesto “derecho”, se percibe muy a las claras que en el fondo, la razón última radica en el fastidio o profunda molestia que les produce que alguien quede embarazada sin desearlo. Es decir, se considera que el estado de gravidez debe ser completa y totalmente querido o aceptado por la madre o por terceros; o si se prefiere, que el valor del ser humano que viene en camino depende de cómo lo sientan o perciban otros, y no por una cualidad propiamente suya.

El problema es que si se es coherente con este criterio, habría que agregar varias otras situaciones en que fruto del fastidio que ellas producen, debiera darse la posibilidad de desembarazarse de ellas.

Así por ejemplo, si fruto de un accidente o enfermedad una persona quedara postrada, la decisión de hacerse cargo de ella dependería no de su estado de necesidad o de su dignidad, ni tampoco de razones de justicia (en cuanto a que “merece” ser atendida, o al revés, “no merece” ser abandonada), sino del grado de fastidio que su situación generara para quienes debieran cuidarla.

Sin embargo, es fácil comprender los peligros a los que podría llevar una situación semejante. Es por eso que la protección o cuidado que merece alguien solo debe depender de una cualidad intrínseca suya. Por razones obvias, dicha cualidad no puede ser una situación de ventaja (fuerza, salud, belleza, potencial económico, etc.), pues claramente se encuentra en un estado de necesidad. De ahí que si no queremos ser arbitrarios y diferenciar entre seres humanos de primera y seres humanos de segunda, forzoso es concluir que no se le puede exigir ningún requisito, salvo su mera existencia: su sola presencia merece y exige respeto y consideración, al margen de cualquier otra circunstancia.

Lo contrario, se insiste, es muy peligroso, entre otras cosas, porque nadie conoce las vueltas de la vida, y podría ocurrir que los mismos que hoy no quieren hacerse cargo de otros (aunque sea temporalmente, mientras dure el embarazo) por el fastidio que sienten, sufran la misma suerte, en razón del fastidio que a su vez podrían llegar a producir en terceros.

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

Una bola de nieve

Desde Chile escribe el Dr. Max Silva Abbott.- La Comisión de Salud del Senado ha decidido reabrir el debate para regular la eutanasia activa en nuestro país. Hay que recordar que el anterior proyecto, de 2006, fue archivado en la Cámara de Diputados. Y como era obvio, la polémica no se ha hecho esperar.

La eutanasia es un problema sumamente complejo. Es ello lo que explica que hasta ahora sean pocos los países que la han normado (Holanda, Bélgica, Suiza, Luxemburgo y en algunas regiones de Estados Unidos). Sin embargo, viendo lo que ha ocurrido, sobre todo en los tres primeros países, puede verse claramente cómo la eutanasia es una auténtica bola de nieve y por ello, un camino en el cual no conviene adentrarse.

Veamos. Luego de regir durante una década para adultos, a mediados de 2013, Bélgica aprobó también la eutanasia infantil para aquellos niños que tuvieran una enfermedad terminal, exigiéndose su propio consentimiento “informado y maduro” (pese a que no pueden votar o comprar alcohol, por ejemplo), además del visto bueno de los médicos y de sus padres.

Algo parecido ha ocurrido en Holanda: desde 2005 se ha practicado impunemente la eutanasia en niños y bebés, siguiendo las pautas del “Protocolo de Groningen”, de 2004, donde uno de los criterios fundamentales a tener en cuenta, además del estado del menor, es el sufrimiento de los padres.

Incluso, en 2011, la Real Asociación Médica de Holanda publicaba unas nuevas directrices para la aplicación de la Ley de Eutanasia, vigente desde el año 2002. Según ellas, es posible aplicar la eutanasia a personas que sufran a causa de la soledad, por carecer de habilidades sociales o de dinero, aun si no están en peligro de muerte ni con una enfermedad terminal. Es por eso que existe un sistema de “eutanasia móvil”, que acude al domicilio del solicitante para brindarle este “servicio” de manera prolija y silenciosa. De hecho, en 2014 hubo un caso famoso, si bien en Suiza, en que una anciana solicitó la eutanasia por considerarse inadaptada para la vida de hoy.

Lo anterior demuestra que es inevitable que se vaya propagando y aceptando la noción de “vidas sin valor”, que “no merecen la pena ser vividas” o, desde una perspectiva más cercana a la medicina, de una cierta “calidad de vida” (en vez de dignidad humana) que justificaría la eutanasia. Además, que en muchas ocasiones la decisión no depende del afectado, sino de terceros. Y finalmente, que se aplica en casos que curiosamente no solo aumentan sin cesar, sino que se alejan cada vez más de las situaciones extremas de dolor y desesperación que para sus partidarios, la justificaban en un principio.

Es por eso que la eutanasia acaba convirtiéndose en una práctica cada vez más habitual y en suma, en una verdadera bola de nieve. ¿La iniciaremos también aquí?

Max Silva Abbott
Doctor en Derecho
Profesor de Filosofía del Derecho
Universidad San Sebastián

Cogobierno universitario

Un principio de la más elemental lógica indica que los instrumentos que se utilizan para llevar a cabo una actividad, deben ser idóneos para la misma. Ello, porque en caso contrario, se corre el riesgo de no poder realizarla o de hacerlo mal.

Bueno, es precisamente esto lo que puede ocurrir si se aprueba el proyecto de ley de cogobierno universitario: porque el instrumento que se pretende fabricar (un gobierno conformado por académicos, personal administrativo y alumnos) no es el apropiado para ese fin.

Son muchas las razones que hacen desaconsejable esta iniciativa, además de las nefastas experiencias históricas de nuestro país a finales de los años 60 y principios de los 70. Por razones de espacio, sólo se hará alusión al cogobierno de los alumnos.

Un primer aspecto es que los alumnos no tienen la preparación adecuada, pues precisamente llegan a la universidad para aprender. Por eso no están en la mejor situación para tomar decisiones que además, repercutirán en ellos mismos. Con todo, ello no obsta para la existencia de otras instancias de participación estudiantil, como los centros de alumnos o la inclusión de sus representantes en diferentes órganos colegiados, con derecho a voz.

Por otro lado, los alumnos están de paso en la institución, por lo que carecen de la perspectiva de largo plazo que una universidad requiere.

Como si fuera poco, el cogobierno es la puerta de entrada perfecta para una malsana politización de las universidades, lo que además de desdibujarlas, merma su calidad.

Finalmente, entre otras razones, porque resulta inevitable que con este sistema, tanto el proyecto institucional de una universidad, así como las exigencias de su claustro académico (tanto para ingresar al plantel como para evaluar a los alumnos) terminen malográndose, pues la presión estudiantil podría deshacerse de ciertos docentes considerados políticamente incorrectos o demasiado duros; con lo cual, la mediocridad terminaría campeando a sus anchas.

Es por eso que la universidad es, por esencia, jerárquica; no por un afán de poder, sino por necesidades mínimas de conocimientos y de competencias para saber qué hacer. De ahí que no pueda pretenderse que todas las instituciones funcionen democráticamente, por razones elementales de sentido común. Con semejante criterio, podría abogarse para que los pacientes cogobernaran los hospitales, y que además, pudieran cuestionar de igual a igual las decisiones de sus médicos; con lo cual, no solo funcionarían mal los hospitales sino que los pacientes podrían incluso poner en riesgo su propia vida. ¿Cree alguien que sería este un camino correcto?

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

Una clara señal; pasa hasta en las mejores familias

Revuelo ha causado en ciertos sectores académicos y políticos, la negativa chilena de aprobar la resolución del Consejo de Derechos Humanos de la ONU sobre “Protección de la Familia” votada el 25 de junio último.

Esta iniciativa no vinculante, busca que el estado proteja a la familia ‘tradicional’ de manera sistemática, en atención a su rol insustituible en cualquier sociedad, al formar a los hombres y mujeres del mañana, de los cuales depende la continuidad de ese mismo estado. Sin embargo, Chile ha sido uno de los 14 países que ha rechazado la propuesta, pese a que lo que establece dicha resolución es asombrosamente similar a lo que señalan nuestras propias leyes.

La situación descrita presenta varias aristas, de las cuales se comentarán dos.

La primera, es que muestra un creciente malestar por parte de varios países, cansados de la presión del Primer Mundo occidental por imponer el matrimonio homosexual y, de manera más general, los derechos sexuales y reproductivos, todo dentro de la llamada ideología de género. Es por eso que ven con malos ojos este intento occidental (y ni siquiera compartido por todos los países que lo componen) de universalizar su particular modo de ver las cosas a todo el mundo, haciendo tabla rasa de sus distintivos culturales, pues parece evidente que redefinir la familia equivale a redefinir a una sociedad en su conjunto.

Con todo, debe tenerse en cuenta que esta resolución va contra corriente en el ámbito internacional (tanto de la ONU, la OEA y la UE) respecto de la postura mayoritaria pro género, y habrá que ver si toma fuerza en el futuro.

La segunda arista es interna, de cara al país: consiste en que actitudes como esta (y lo mismo puede decirse respecto del apoyo de la delegación chilena al llamado ‘derecho al aborto’ en la ONU hace algunas semanas atrás) muestran muy a las claras la agenda valórica del actual gobierno, que literalmente, quiere cambiarlo todo, en sintonía con esta corriente mayoritaria del ámbito internacional.

Es por eso que la actual situación debe ser tenida muy en cuenta para no engañarnos: tanto por presiones internacionales, como por modificaciones que pretenden hacerse –y en parte se han hecho ya– a nuestro orden jurídico interno, se quiere modificar profundamente nuestra sociedad.

Lo anterior es mucho más grave que las conocidas y debatidas reformas al sistema tributario y educacional, que tanto han llamado nuestra atención en los últimos meses. Aquí, con toda seguridad, puede hablarse no de una “aplanadora”, sino de una “retroexcavadora” que pretende cambiar totalmente la geografía cultural de nuestro país, fruto de una completa reingeniería social que está en marcha desde hace tiempo.

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

El aborto terapéutico y sus engaños

Mucho se ha dicho respecto de esta iniciativa del gobierno, defendida en no pocos casos con slogans y consignas que se pretenden verdaderos dogmas. Es por eso que resulta difícil hacer entender con hechos y razonamientos (no con argumentos religiosos) a algunos que en el fondo, no quieren ni pretenden entender.

Vamos a los hechos. Se dice que el aborto terapéutico disminuiría la mortalidad materna. Falso: Chile tiene la segunda tasa más baja de mortalidad materna de América (superado sólo por Canadá), proceso que comienza desde 1989, precisamente cuando se eliminó el aborto terapéutico. Reponerlo no hará sino aumentar esta cifra, sencillamente, porque el aborto es una intervención peligrosa también para la madre (y obviamente para el hijo, el gran ausente en este debate). Esto sin perjuicio de los casos lícitos, practicados y documentados, de abortos indirectos, producidos involuntaria pero inevitablemente, al combatir el mal que aqueja a la madre, no eliminando directamente al no nacido.

La violación: aun siendo una situación espantosa, es muy raro que resulte un embarazo de una violación esporádica; suele ocurrir cuando ella es una situación reiterada. Permitir el aborto no sólo agrega al trauma de la violación uno nuevo (el síndrome post aborto), sino que además, permite perpetuar la situación de abuso, pues el violador será el más interesado en que se aborte.

Por otro lado, la noción de “violación” está comenzando a hacerse cada vez más amplia, y se exigen menos requisitos para probarla, con lo que al final, se abre una peligrosa puerta para el aborto a voluntad.

La inviabilidad del feto: además del síndrome post aborto, el problema es que con este argumento se está realizando una eutanasia intrauterina, sin perjuicio de los posibles errores de diagnóstico y de eventuales laxitudes respecto de la “viabilidad” del no nacido.

Finalmente, si tanta importancia se da actualmente al genoma humano, viendo en él la explicación para todo lo que nos ocurre o podría ocurrirnos, llama poderosamente la atención que en el caso del recién concebido, dicho genoma –que aparece con toda claridad– sea ignorado como dato de la causa, llegando incluso algunos a dudar –curiosamente, se insiste– en su pertenencia a la especie humana.

Y es este el aspecto verdaderamente importante: qué es (o mejor, quién es) el concebido, cuya puesta en duda resulta más llamativa hoy, que tanto se alega contra la discriminación arbitraria. Ello, porque no hay nada más arbitrario que desconocerle su calidad a alguien. De este modo, por muchos intereses o buenos deseos que existan, no podemos ni tenemos nunca derecho a matar a un ser humano inocente.

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

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