Gironella: el escritor que luchó contra toda esperanza

Me ha impresionado la biografía del literato José María Gironella. Escritor español que se enfrenó con muchas dificultades en su vida. Fue hijo de una familia muy humilde. De niño se dedicó a múltiples oficios debido a la pobreza extrema en que vivían en su familia. Trabajó como empleado en una farmacia, luego en una tienda de comestibles, como obrero en una fábrica de licores, como botones de un banco, etc.

Su abuelo era zapatero. Su padre era fabricante de tapones de corcho y padecía de profundas depresiones que aparentemente superaba, pero volvía a recaer. Todo parecía indicar que Gironella profesionalmente nunca podría destacar.

Este conocido autor nació en Gerona, Barcelona, España, en diciembre de 1917. Fundamentalmente fue un escritor autodidacta, porque carecía de medios económicos para estudiar en una universidad. Le sorprendió el estallido de la Guerra Civil Española (1936-1939) y se opuso a la ideología de los principales dirigentes de este movimiento, porque no estaba de acuerdo con la Segunda República que, primero fue moderadamente socialista, y luego, se fue radicalizando hasta convertirse en un gobierno de extrema izquierda (marxista). El político Francisco Largo Caballero, quien fuera por unos años Ministro de Defensa, se hacía llamar “el Lenin español”. El novelista debido a ello huyó a Francia y ingresó de nuevo por la zona nacionalista de Francisco Franco entrando a la ciudad de San Sebastián y se enlistó en las filas del ejército nacionalista.

Al observar de cerca los pormenores de esta contienda fratricida, concibe la idea de escribir una Trilogía de novelas sobre esta Guerra. Primero publicó “Los Cipreses Creen en Dios” (1953), que presenta todo el ambiente sociopolítico previo a esta conflagración. Al terminar la contienda, publica “Un millón de muertos” (1961) y en la posguerra envía a la editorial “Ha Estallado la Paz” (1966). Los tres volúmenes fueron un éxito editorial, particularmente “Los Cipreses Creen en Dios”. En 1986 publica otro gran éxito: “Los Hombres lloran Solos” (1986).

Este novelista tenía la característica de ser un hombre tosudo. perseverante y un voraz lector de Literatura. Influyó en su pensamiento Giovanni Papini con su “Historia de Cristo”, quien con su humanismo cristiano impregnó claramente en todas sus obras. También fue un ferviente admirador de Fiódor Dostoyevski.

Pero de forma inesperada le sobrevino una fuerte depresión. Tuvo que retirarse de su actividad literaria para recibir un tratamiento médico. Tuvo la impresión que ya no podría escribir jamás, por haber recibido como herencia paterna esta dura enfermedad. Comenzó a perder casi toda esperanza sobre su posible recuperación.

Pero comentábamos que este escritor tenía una gran fortaleza y tenacidad. Así que observó con cuidado las indicaciones del doctor, tomó puntualmente sus medicinas y pronto recuperó su capacidad de escribir.

Esta situación me hace recordar al célebre escritor inglés, Graham Green (1904-1991), quien fue galardonado con la Orden de Mérito del Reino Unido. Sufría de profundas y prolongadas depresiones. Y por increíble que parezca, confesaba que el hecho de irse a países con graves conflictos sociales y en esa zona a de peligro ponerse a redactar una novela particularmente truculenta y dramática, le hacía olvidar completamente su depresión y afirmaba que eso le servía como una eficaz terapia.

Graham Green en 1940 publicó su célere novela “El Poder y la Gloria”, sobre la persecución religiosa en el estado de Tabasco, México. El entonces gobernador, Tomás Garrido Canabal, estaba empeñado en aniquilar a la religión católica en esa entidad como consecuencia de la Guerra Cristera. Clausuró iglesias, quemó retablos e imágenes, prohibió que los curas celebraran Misas, etc. En la novela relata la historia de un sacerdote católico que se encuentra en ese estado durante la década de 1930. Y el gobernador se dedicaba a perseguirlo y hacerle la vida imposible, pero al final vence la ejemplar fe de este presbítero.

Por otra parte, Gironella, también publicó: “Los Fantasmas de mi cerebro” (1958), alusiva a su depresión. “Mujer, levántate y anda” (1962), “Personas, ideas, mares” (sobre sus viajes, 1963), al igual que “El Japón y su duende (1964), “China, una lágrima innumerable”, sobre la revolución de Mao-Tse-Tung”, “En Asia se muere bajo las estrellas” (1968).

La novela por la que recibió el “Premio Planeta” fue “Condenados a vivir” (1971). Además, un libro que tuvo particular éxito editorial fue “100 españoles y Dios” (1969). Publicó muchas otras obras de sus viajes y experiencias vitales, así como otras más novelas.

¿Por qué fueron exitosas las novelas de José María Gironella? Por su gran amenidad. Se documentaba rigurosamente para escribir sus obras. Tuvo una técnica realista tradicional y, dominaba el estilo directo, matizado a veces por el lirismo.  Se le considera como un escritor de “La Generación del ’50”.

Gironella contrajo matrimonio con Magdalena Castañer en 1946, a quien la amaba entrañablemente. Un año antes había publicado su libro de poemas “Ha llegado el invierno y tú no estás aquí”. En la que había dedicado muchos poemas a su novia Magdalena.

Recuerdo que cuando leí su novela “Los Cipreses Creen en Dios” me di cuenta que era una de esas obras que atrapan inmediatamente al lector. Presenta a los diversos grupos que actuaban en la zona nacionalista, como: los falangistas, los carlistas, los admiradores de José Antonio Primo de Rivera que fue un abogado y político español, primogénito del dictador Miguel Primo de Rivera y fundador de la Falange Española. Primo de Rivera fue un destacado representante del fascismo y tuvo muchos seguidores por su ideología. Murió al inicio de la Guerra Civil Española, fusilado por una supuesta “conspiración y rebelión militar contra el Gobierno de la Segunda República”.

Además, Gironella ambienta muy bien a las otras asociaciones y tendencias que surgieron en el frente nacionalista. Esta obra, sin duda, requirió de mucho trabajo de investigación y documentación.

Cuando leí “100 españoles y Dios” pude constatar la diversidad de opiniones en los ciudadanos españoles sobre el Ser Trascendente. A través de sus entrevistados el autor se plantea numerosas e importantes cuestiones, como: ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Por qué existe la libertad en las personas, capaces de hacer mucho bien o mucho mal? ¿Por qué existen el dolor, las enfermedades y las guerras? ¿Cuál es la explicación de la presencia del mal en el mundo? ¿Por qué todas las personas necesariamente tendremos que morir? ¿cuál es la raíz última de la esperanza humana? Y así sucesivamente continúan sus vitales cuestionamientos.

Sin duda, José María Gironella ha dejado una honda huella en sus lectores y en el mundo literario de su época. Es admirable que teniendo tantas adversidades en su vida (pobreza extrema, la depresión de su padre, la suya propia, etc.), haya podido superarlas y convertirse en un destacado y brillante escritor.

Falleció en Arenys de Mar, provincia de Barcelona en enero de 2003., víctima de una embolia. Fue galardonado con el Premio Nadal y el Premio Nacional de Literatura. También fue miembro de Real Academia Europea de Doctores y recibió, a título póstumo, la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio, por los méritos contraídos en los campos de la cultura e investigación.

La generación rota, atemorizada y sin ilusiones

 Por: *Ale Diener

A inicios de los años dos mil recuerdo que en la Ciudad de México (CDMX) se aprobó que se reconocieran las uniones de personas del mismo sexo como si fuera matrimonio.

Mis hijas aún niñas, estaban sentadas a la mesa conmigo y les expliqué que en México había salido una ley en donde esto se permitiría y verían cada vez más personas del mismo sexo como si fueran parejas.

Mi hija menor, entonces de 7 años de edad, me miró y me preguntó: Y ¿Cómo van a tener bebés? Una pregunta por más obvia -“Pues es imposible hija, tienes razón.” – Le dije, aclarando que hay técnicas de manipulación que están logrando fabricar bebés. El avance científico ha llegado a alcances impensados.

Así como esta plática, años antes, no muchos, les dije que en la CDMX se podía matar a los bebés en la panza de la mamá, pero que no por eso era correcto ni bueno hacerlo. Pusieron cara de horror.

Durante su niñez les hablé de sexualidad, siempre desde la perspectiva de la intimidad. Tus partes privadas son lo más especial que tienes y nadie puede estarte diciendo qué hacer con ellas ni tampoco es correcto estar mostrándolas. Protégete porque tú eres tu cuerpo y lo que le pase a tu cuerpo te pasa a ti en tu corazón. Fue siempre el mensaje.

Ahora ya son mayores y hacen lo que ellas creen deben hacer, lo que les dejé tatuado en su alma estoy segura no lo olvidarán. Pues durante la niñez los seres humanos vemos y oímos con especial atención. La niñez es tan objetiva que lleva a preguntar cosas tan lógicas como: Y ¿Cómo van a tener bebés?.

Dice Antoine de Saint-Exupéry en El Principito “«Y los hombres no tienen imaginación. Repiten lo que se les dice». Es decir, los seres humanos, particularmente cuando se hacen adultos, abandonan los juegos de la imaginación, y con frecuencia suelen ser poco críticos frente a las cosas. Prefieren adecuarse a las opiniones de la mayoría y repiten y repiten sus consignas. Y entre otras maravillas dice que «todas las personas grandes han sido niños antes. Pero pocas lo recuerdan». Lo que es una realidad, le damos tantas vueltas a las cosas que ya no entendemos lo que es correcto de lo que no lo es, y por el contrario repetimos para adecuarnos a la mayoría, lo que a mi entender es tibieza, falta de criterio.

La película de Disney que ahora tanto se ha platicado; atacado y defendido, Lightyear, tiene una trama en la que lo de menos es el beso lésbico, sino que relata la historia de unas mujeres que viven como si fueran pareja, como si fueran un matrimonio y tienen un bebé.

Los padres de familia que no quieren que sus hijos la vean es porque están protegiendo su intimidad, están guardando su niñez. No porque crean que se volverán gays como muchos dicen.

El hecho de que dos mujeres salgan como si fueran mamás de un niño confunde, ya que rompe con el orden natural impreso en nuestros corazones. A los niños se les debe de proteger porque es lo correcto. No es cuestión de tolerancias o de fobias, es cuestión de un desorden que en la actualidad se quiere imponer como correcto. Pero a fin de cuentas desorden, ya que se busca promover lo contrario a lo que está en la ley natural que todos tenemos grabada en nuestra esencia humana.

Forzar a una sociedad a aceptar a gente que no se acepta a sí misma, que se odia y que se victimiza y más aún, a que se le tenga que aplaudir para que no se traume, ante un hecho irrefutable que es la sexualidad humana (atributo natural que nadie da ni nadie quita), es quebrar a la sociedad y patologizarla.

«Las personas mayores (…) siempre se imaginan que ocupan mucho sitio» según con esta frase infiere El Principito, que las personas adultas son incrédulas y, además, se juzgan demasiado importantes como para ser pequeñas frente a la creación y la naturaleza.

Soberbia y orgullo es lo que impera cuando se quiere romper con el orden natural y esta película como toda la propaganda homosexualista es lo que quiere, quebrar a los más jóvenes para que su identidad sea incierta y les sea más complicado saber quiénes son para saber hacia dónde ir.

Pensemos bien, ¿Por qué actualmente las generaciones nuevas están sumidas en depresiones y son los grandes consumidores de fármacos y tecnología que los hacen evadir su realidad? ¿Por qué tanta duda en saber qué quieren hacer y tanto rechazo al matrimonio y a la paternidad?

Sólo se me ocurre que se debe a que sus vidas son tan miserables que no quieren compartir la vida con nadie. Hay tal bombardeo de ideas contrarias a lo que les dicta su corazón que mejor se quieren encerrar en sí mismos y no dejar nada para la posteridad. Evitar que nuestros hijos sean parte de esta generación rota, atemorizada y sin ilusiones es más que lógico, nadie quiere que sus hijos sufran y menos por una herida en el cerebro, que es la más difícil de curar.

*Alejandra Diener es Economista, Orientadora Familiar, Educadora Perinatal y Doctoranda en Bioética. Activista por la vida y la familia, fundadora de Nathum Vida A.C.

¿Se nos viene una crisis alimentaria?

Diversos medios de comunicación y multitud de analistas están advirtiendo de una crisis alimentaria de proporciones en ciernes, que podría colocar en serios aprietos nuestra forma de vida. Particularmente llamativa a este respecto es la última portada de “The Economist”, en la que luego de hablar del “desastre alimentario que se avecina”, se muestran tres espigas de trigo que en vez de granos, poseen diminutas calaveras.

            Esperemos en Dios que estas fatalistas predicciones estén equivocadas y nos libremos de tan dramático flagelo. Sin embargo, resultaría imprudente no prestarle atención a esta advertencia, dados los acontecimientos de los dos últimos años, fruto de las draconianas restricciones de todo tipo adoptadas a nivel global con motivo del Covid 19. En este sentido, resulta demasiado simplista culpar de esta situación sólo a la actual guerra ruso-ucraniana.

            En efecto, ya al comienzo de esta crisis sanitaria, advertíamos en este mismo medio de los peligros bastante mayores que podía significar adoptar tan drásticas medidas, pues en estricto rigor, implicaban detener a la fuerza y de manera artificial, la maquinaria económica del mundo. Y si durante dos años toda esta actividad ha estado al menos deprimida, no podemos extrañarnos ahora que surjan las lógicas consecuencias de un proceder semejante.

            Lo anterior se agrava más aún en un mundo como el nuestro, absolutamente globalizado. Ello, pues de manera creciente, hemos ido construyendo una realidad en la cual al estar tan interconectados, todos dependemos de todos de una manera mucho más profunda de lo que a primera vista parece.

            Ahora, de funcionar bien, esta mutua dependencia permite lograr resultados muy superiores a los que se conseguirían si cada parte actuara por separado o muy poco relacionada con las demás. Es más o menos lo que ocurre con un “sistema”, que podríamos definir aquí como un “conjunto de partes o piezas, relacionadas y jerarquizadas entre sí, con un fin o propósito común y que logra su tarea de modo autosuficiente”.

            De esta manera, puesto que “la unión hace la fuerza”, el resultado final del sistema es, según se ha dicho, infinitamente superior al que lograría cada pieza por separado, aunque se sumaran los aportes de todas ellas, pues la sinergia mutua produce una mejora exponencial.

            Pero como todo en la vida, posee un punto débil, y a decir verdad, muy débil: que puesto que cada uno de los componentes depende para su labor de lo que realicen los demás, la falla o la ausencia de cualquiera de ellos afecta al todo; en el mejor de los casos, dejando “cojo” al sistema, y en el peor, incluso paralizándolo por completo, aun si el resto de los componentes está intacto.

            Y eso es lo que mutatis mutandis, pareciera estar pasando en nuestro mundo globalizado y sistémico: en que las diversas limitaciones a las actividades de todo tipo, en particular la económica, producida con motivo del Covid 19 -y que en parte continúan-, nos estaría pasando la cuenta, pues tal como todo tiene una causa, todo produce algún efecto.

            Habrá pues, que estar muy atentos al devenir de las próximas semanas, tanto a nivel particular como gubernamental, a fin de tomar las medidas adecuadas, de ser necesarias, para enfrentar este posible flagelo. Esperemos así que el remedio adoptado con motivo de la pandemia, no haya sido peor que la enfermedad.

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

¿Vamos a ponernos la soga al cuello?

Conocido el borrador de la nueva Constitución que se someterá a votación popular en septiembre, ya no caben dudas ni es necesario hacer vaticinios respecto de lo que su aprobación significará para el futuro de nuestro país. El solo texto ya revela muy a las claras el nefasto rumbo que seguirá Chile en caso de ser aprobada dicha propuesta.

            Ante todo, una cosa que llama la atención luego de un primer análisis “al voleo” del texto propuesto, es el rol absolutamente aplastante y omnipresente que se asigna al Estado en la regulación y fiscalización de prácticamente todo. Lo cual se encuentra muy lejos –cuando no en las antípodas– del principio de subsidiariedad propugnado por la actual carta Fundamental, que deja un buen espacio a la libertad de los ciudadanos para resolver sus propios asuntos. No solo por ser los primeros interesados en esos problemas y muchas veces comprenderlos de mejor manera que una lejana y no pocas veces ideologizada autoridad, sino además, por ser al mismo tiempo un buen escudo para evitar los abusos de esa misma autoridad. A fin de cuentas, las instituciones están conformadas por personas, iguales que nosotros, y por ello, con nuestras mismas virtudes y defectos, lo que hace temer con justa razón un posible abuso de su parte, al tener de su lado el poder del Estado para cometerlo.

            Pero además, el texto propuesto, lejos de ser, como se prometía en un principio, una “casa común” para todos los chilenos, no solo no lo es, sino que nos divide profundamente en multitud de aspectos, partiendo por las diferentes nacionalidades que dice reconocer. Con lo cual, en el fondo nos pone a unos en contra de otros, generando incluso instituciones distintas para cada etnia, como su propio sistema de justicia, por ejemplo. Igualmente, la existencia de los gobiernos regionales termina haciendo de nuestro país casi un mosaico de territorios semiindependientes, que en nada contribuye a nuestra unidad como Estado no solo frente a nosotros mismos, sino de cara al resto del mundo.

            Por último (y se comentarán otros aspectos en columnas venideras), este Estado omnipresente que no confía en la libertad de las personas y que pretende casi dejarnos en una especie de interdicción, se compromete a una cantidad de cosas tan impresionante, que uno no puede menos que preguntarse de dónde se sacarán los cuantiosísimos recursos que exige cumplir siquiera una mínima parte de esas promesas. Todo lo cual, lejos de satisfacer las necesidades que dice querer resolver, será fuente de nuevos y complejos conflictos, al sentirse sus supuestos beneficiados, literalmente estafados por dichas promesas constitucionales.

            En suma, además de convertir a Chile en un Estado totalitario, secuestrado por una ideología estatalista que no representa ni de lejos a la mayoría de los chilenos, equivale, tal como lo demuestra la historia –lejana y cercana, pasada y reciente– a ponernos la soga al cuello, truncando el camino de progreso que hemos tenido en las últimas décadas y que ha causado la admiración de muchos de nuestros vecinos, por fórmulas fallidas una y mil veces, que podrían poner a nuestro país en un camino sin retorno y perder las actuales libertades a las cuales tanto nos hemos acostumbrado. Libertades que muchos consideran como algo evidente y que no puede perderse, pese a que la historia ha mostrado mil veces lo contrario.

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

La paciencia paga bien

Tal y como lo pensábamos, la semana pasada conocimos la inflación en México y en Estados Unidos y salió alta todavía. En México, aunque baja un poco, sigue alta, en 7.65%. En Estados Unidos 8.6% –el nivel más alto de los últimos 40 años. Y es precisamente esto lo que trae a los mercados de cabeza: no baja, no cede y no se sabe cuándo pueda empezar a cambiar la trayectoria.
El arranque de semana es complicado y espera el evento más relevante que es la decisión de política monetaria de la FED el miércoles. Se espera un alza de 0.50 puntos y no se descarta la posibilidad de 0.75 puntos. En lo personal pienso que será de 0.50%. A Banco de México le toca decidir el 23 de este mes y pienso que también será de 0.50%, siempre y cuando la FED no aumente 0.75%.
También esta semana deciden Brasil y el Banco de Inglaterra; y en ambos casos pienso que habrá incrementos. En Brasil el alza puede ser de hasta 1% (actualmente está en 12.75%) y en el caso de Inglaterra pudiera subir 0.25% para ubicarla en 0.75%.
La semana pasada, mientras leía lo que declaró el director de Target, pensaba que es una situación que hoy viven millones de personas, empresas y empresarios. No se puede trasladar al consumidor final el impacto del aumento en los precios; se tienen altos niveles de inventarios sobre los cuales el margen sería muy escaso o cero, y en general sobre los nuevos productos y ventas también el margen se ha hecho muy pequeño.
Adicionalmente, con el aumento de tasas, los consumidores tienen menos dinero disponible para gastar, ya que deben destinar una mayor parte de su ingreso para cumplir con sus créditos. Así las cosas, incrementos en precios, materias primas, complicaciones logísticas, menores márgenes y consumidores afectados por el alza de tasa y mercados… parece ser la historia que hoy a todos nos representa.
Y continuando con esta triste historia de baja en los mercados, vemos a las principales variables ubicarse en nuevos niveles que confirman que la inflación no cede pronto. El bono a 10 años en Estados Unidos (este instrumento está muy vinculado al costo del crédito) ya se ubica cerca del 3.4%, el tipo de cambio llegó hasta niveles de $20.40, de ahí que fuera yo tan insistente de comprar cuando estaba debajo de $19.70 y las Crypto -que decían que no estaban correlacionadas a los mercados- llegan a un nuevo nivel por debajo de los $24 mil dólares.
Desafortunadamente no hay nada por hacer, más allá de permanecer con los activos que ya traemos en el portafolio y con dinero nuevo liquidez hasta no ver dónde está el piso. Ahora que el tipo de cambio se subió, esperar y aprovechar los rendimientos a tasa nominal por arriba del 7%. Estar invertidos en empresas sólidas que han visto fuertes descuentos debe darnos tranquilidad ya que estructuralmente son empresas sanas y que de momento no pueden ser ajenas a esta situación que ha alcanzado a todos sin excepción.
Si la FED sube 75 puntos base podría continuar el canal de baja y también subir el tipo de cambio. Es momento de seguir concentrados en nuestro día a día y entender a esta coyuntura como eso: algo temporal. Sigo insistiendo en que, si los activos son de calidad, no hay que desesperar ni tomar decisiones precipitadas.
@juansmusi​​​​​​​

El milagro del Padre Stu

Fue el año 1992 cuando Stuart Long regresaba del trabajo en su moto, sería atropellado por un auto, ocasionándole una conmoción cerebral, tobillo roto y múltiples moretones. Su entonces novia se valió de la Iglesia para ayudar a rehabilitarlo. Stuart recibiría el bautismo en la Vigilia Pascual de 1994 en la cual tendría la repentina convicción de que Nuestro Señor le estaba llamando al sacerdocio. Comenzó a dar clases en una escuela católica de California, para 1997 se muda al Bronx con el objetivo de discernir su vocación con los Frailes Franciscanos de la Renovación que a su vez lo enviaron a la Universidad Franciscana Steubenville en Ohio, donde obtuvo la maestría en filosofía.

Fue en el seminario Monte Ángel que empezaría a experimentar problemas físicos que afectarían de tal manera que poco a poco le dejaría imposibilitado para ejercer su ministerio. Fue ordenado diácono en 2006 y se vislumbraba la posibilidad de que no pudiera ser sacerdote. Desolado, decidió hacer una peregrinación al Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, Francia; en busca de un milagro que curase su enfermedad, pero lo que halló fue la paz que le faltaba. A su regreso, recibió la noticia de que el Obispo George Thomas había decidido –después de discernimiento y la guía de Dios- ordenarlo sacerdote en la Catedral de Santa Elena; para entonces corría el año 2007. El Padre Stuart trabajaría como pocos en su ministerio sacerdotal.

Hace unas semanas se estreno en nuestro país una película basada en la vida de este ejemplar sacerdote titulada “El milagro del Padre Stu” dirigida por Rosalind Ross, estelarizada por Mark Wahlberg, Mel Gibson, Jacky Weaver y Teresa Ruiz. Anunciada por múltiples medios católicos y más tarde recomendada por un sinfín de personas. En medio de una aplastante mayoría de películas de antivalores, pareciera que una película que narra la historia de un sacerdote es un oasis al que aferrarnos, pero no siempre es así dado que “El milagro del Padre Stu” tiene contenido que es necesario observar, (que no es lo mismo que criticar las conversiones de los demás), tenga esto presente.

La película nos muestra a Stu (Mark Wahlberg) como un hombre tosco, de carácter difícil y obstinado que boxea; básicamente no ha hecho nada trascendente en su vida y, una vez que le indican que padece una infección de mandíbula, debe dejar el boxeo. Dolido bebe y visita a su hermano en el cementerio, enojado por su suerte golpea una imagen de Jesucristo. La madre Kathleen (Jacky Weaver) y el padre Bill Long (Mel Gibson) son retratados como el matrimonio en caos que se rompió hace muchos años a raíz de la muerte de su hijo menor. Ahora Bill es trabajador de la construcción cuyo vicio es el alcohol, ateo, soez, el típico padre desobligado y vicioso. Kathleen, la madre que trata de cuidar a su hijo, dándole ánimos.

Conoce a una joven hispana por la que se acerca a la Iglesia y se bautiza. Sobrevive a un accidente en motocicleta, en su recuperación siente el llamado de Dios al sacerdocio que causa el rompimiento de su noviazgo. Entra al seminario, al poco tiempo empieza su enfermedad degenerativa. A pesar de las circunstancias es ordenado sacerdote y lleva a cabo su ministerio en medio de innumerables complicaciones de salud. La película es la opera prima de Rosalind Ross quien también escribió el guion. Lo anterior resulta de trascendencia dado que los diálogos están prácticamente plagados de vulgaridades que, por ratos intentan hacer reír al público y en otros, ridiculizar temas importantes de la fe católica.

Stuart es retratado como un verdadero asno, sin educación alguna, sin embargo, el verdadero Stuart era letrado, se había licenciado en Escritura y Literatura Inglesas. Su padre, siendo operador de maquinaria pesada, viajaba mucho, responsable con su familia, la cual siempre estaba encantada de verlo. Su pequeña hermana Amy decía que Stuart había tenido una infancia feliz. La familia pasó dificultades, sí, pero no era disfuncional, algo que, la película deja  plasmado. Vemos a un Stuart que desafía a la jerarquía católica para poder cristalizar su sueño de ser sacerdote y, le llamo sueño más no vocación, dado que pareciera que este es uno más de sus experimentos para realizarse en la vida.

Él sigue siendo el mismo, antes y después de su ingreso al seminario, “denuncia” en su perorata lo “injusta y avariciosa” que es la jerarquía católica por impedir su sueño de ser sacerdote. Otro absurdo es darle un toque de “picardía” cuando manosea a su exnovia al ofrecerle ella su apoyo ante la situación; su reacción cuando por un breve instante se resigna a casarse con ella, ignorando que le van a regalar la ordenación sacerdotal. Pero un sacramento no es un regalo humano, tampoco se otorga por causar más pena al ser una persona con discapacidad, por ser de escasos recursos o porque la diócesis entera lo solicite. Las libertades cinematográficas que se tomo la producción fueron tantas que despedazaron la historia de este sacerdote.

La película está plagada de diálogos vulgares, alguna toma en ropa interior, la crítica/mofa siempre presente a la Iglesia Católica, desde su manejo interno hasta errores deliberados como decir que Jesucristo se sintió traicionado a la hora de su muerte. Todo ello en un afán de agradar a un público no solo agnóstico o ateo sino también a un público católico terriblemente formado. Algunos dirán “¡Vamos solo bromean! Lo que importa es el mensaje”, pero lo vulgar y la critica mal intencionada a la fe católica no es para tomarse a la ligera. Incomprensible que tantos católicos –sacerdotes incluidos- la recomendasen, es de obviar que han hecho una lectura muy pobre de la misma.

Pregúntese ¿Toda argucia cinematográfica o vulgaridad es válida para llegar al corazón de las personas? La respuesta es absolutamente no, puesto que un verdadero cine católico no busca que los demás sientan bonito –al más puro estilo protestante- sino incomodar, provocar conversiones, tal como lo hizo “La Pasión” de Mel Gibson, la mayor producción cinematográfica de todos los tiempos. Ahora pregúntese ¿Cuál era el problema de retratar la verdadera historia de este sacerdote? También estamos necesitados de ejemplos reales de familias que superan sus dificultades, pero ello fue omitido dolosamente.

La película “El Milagro del Padre Stu” es apenas para adultos, no es católica y mucho menos recomendable. No se conforme jamás con un cine de ínfima calidad.

La relevancia que tiene cultivar el valor de la generosidad

La generosidad se define como “el hábito de dar o compartir con los demás sin recibir nada a cambio”.

Me sorprende cómo los jóvenes -mujeres y hombres- han respondido ante los sismos en la Ciudad de México y otras muchas ciudades del país. Suelen hacer una larga fila, luego van sacando de una construcción derruida ladrillos y otros muchos objetos, hasta dar con personas muertas o heridas. Y en esa importante labor, se pasan muchas horas. No se sienten héroes, sino que lo consideran como un deber solidario y cívico.

Me llama la atención que el reconocido pedagogo, David Isaacs, en su libro “La Educación en las Virtudes Humanas y su Evaluación” ponga como primer capítulo “La Educación en la Generosidad” y afirme: “Esta virtud actúa en favor de otras personas desinteresadamente, y con alegría, teniendo en cuenta la utilidad y la necesidad de la aportación para esas gentes, aunque cueste esfuerzo.”

Antier en la madrugada me resbalé y caí contra la base metálica del colchón de la cama y me causó bastante dolor. Sin embargo, tenía que salir a dar clases toda la mañana. Me puse una faja en la cintura y fui a cumplir con mi deber. A continuación, acudí a la Cruz Roja y me atendió una Doctora y otros médicos con diversas especialidades, como un traumatólogo, un ortopedista, radiólogos y enfermeras. El hecho es que me tomaron varias radiografías del costado derecho de las costillas. Afortunadamente no hubo fractura ni fisura ni otra complicación. Al poco tiempo me dieron de alta.

Cuando me despedí, a todos los médicos les di las gracias, en especial a la primera Doctora que me recibió, quien me dijo esbozando una amplia sonrisa: “No me dé las gracias es nuestro deber. Lo hacemos con gusto y deseamos servir lo mejor posible al paciente. Y cualquier otra cosa que se le ofrezca, ya lo sabe, estamos aquí para servirle”

Me quedé sumamente agradecido con todo el personal que me atendió. Porque de ordinario no se observa esa manera tan amable y cordial de atender a los pacientes.

Recordé que también a los niños hay que educarlos en el valor de la generosidad desde su infancia. Viene a mi memoria que mi padre, abogado de profesión, solía dedicar algunos sábados en la tarde para atender, orientar, sugerir y resolver los problemas jurídicos que tenían los indígenas en “Pueblo Yaqui”. No le gustaba que le pagaran, pero a modo de agradecimiento, aquellas pobres gentes le regalaban guajolotes o gallinas.

También en la temporada invernal en que caían heladas y el Valle del Yaqui estaba en cero grados o incluso con más frío. Me acuerdo que eran alrededor de las tres de la madrugada, cuando mi papá se asomó a la habitación -envuelto en una manta- donde dormíamos mi hermano Arturo y yo. Nos dijo: “-No puedo dormir”.

¿Por qué papá? ¿Estás mal del estómago? ¿Te duele la cabeza? ”-No, no es nada de eso” -nos contestó.

  • “Pienso en toda esa gente pobre que estará sufriendo tanto debido a estas bajas temperaturas, particularmente en la colonia “Cartonera”. En cuanto amanezca, les quiero pedir que se vayan a una tienda bien surtida y compren 200 cobijas. Luego se encaminan a esa colonia y las distribuyen de casa en casa”. Y eso hicimos. Esos actos de generosidad de mi padre eran lo habitual.

¿Qué era eso de “La Cartonera“? Una colonia ubicada en el norte de Ciudad Obregón, Sonora, hacia el rumbo de Nogales donde llegaban, como aluvión, personas indigentes de otros estados y armaban su vivienda de cualquier modo: con un trozo de lámina como techumbre provisional y el resto eran sólo cartones.

En ese mismo orden de ideas, como mi casa estaba ubicada justo frente al “Hospital Municipal”, que casi no contaba con presupuesto para darles de comer a los enfermos, ni les proporcionan medicinas. En cuanto los daban de alta, muchas personas tocaban a la puerta de mi casa ya que estaban auténticamente “cayéndose del hambre”. Entonces mi madre les preparaba unos tacos de tortillas de harina. Y si venían acompañadas de algún chiquillo, me decía mi mamá:

       “-Sube a tu closet y dale a esta pobre criatura, tu regalo de navidad (o cualquier otro juguete). Naturalmente que a mí eso me costaba. Se trataba de un pequeño cochecito de carreras. Al dárselo al pequeño y observar su rostro de inmensa felicidad, propio de quien no ha recibido ningún regalo en su corta vida, me daba por bien pagado. Porque de inmediato el chiquillo muy contento se ponía a jugar con ese regalo.”

Otras veces los enfermos acudían a mi casa a pedir dinero para poder comprar sus medicinas. Mi padre sacaba la billetera y me decía:

-Dale a ese hombre este billete y pregúntale si con esto le alcanza para adquirir el medicamento.

Eran tan continuos esos edificantes ejemplos que mis padres me fueron inculcando sobre la generosidad, que siempre me pareció como lo más normal.

Otras veces, cuando las mujeres estaban sentadas en la bardita de mi casa, junto a la banqueta, dándoles del pecho a los recién nacidos, mi madre me pedía:

“-Ve y llámales a esas desnutridas mujeres -que me parten el alma- y diles que pasen al comedor porque voy a preparar de comer y, por supuesto, les daré abundante leche.”

Algunas de ellas no sabían español sino sólo el dialecto yaqui, y, desde luego, se mostraban muy agradecidas.

Pienso que para ser generoso se requiere, como se dice coloquialmente, “ponerse en los zapatos de los demás”. Sentir lo que sienten ellos; consolar su llanto y escuchar sus lamentos y penas. Luego, animarlos y darles palabras de aliento y de esperanza. Y como decía aquel sabio pensador: “Nadie lo hará por ti, tan bien como tú, si tú no lo haces”.

Elena Poniatowska, ídolo de la izquierda y cultura contemporánea

“La literatura contemporánea, en cualquier época, es el peor enemigo de la cultura. El tiempo limitado del lector se gasta en leer mil libros mediocres que embotan su sentido crítico y lesionan su sensibilidad literaria”. Nicolás Gómez Dávila

Hace unos días, durante el día, estaciones de radio anunciaban a Elena Poniatowska con bombo y platillo la celebración por su cumpleaños número 90. El festejo fue llevado a cabo en el Palacio de Bellas Artes, máximo recinto cultural de nuestro país. Entre los asistentes se hallaba Alejandra Frausto Guerrero, secretaria de Cultura federal; Claudia Sheinbaum, jefa de Gobierno de la Ciudad de México; Marcelo Ebrard Casaubon, secretario de Relaciones Exteriores, Marta Lamas, antropóloga, feminista y pro aborto, María Teresa Priego, feminista y pro aborto; entre otros más.

Hija de Paula Amor y el príncipe Jean E. Poniatowski, Elena junto a su madre y hermana, llegarían a México a causa de la Segunda Guerra Mundial librada en Europa, mientras su padre iba al frente de batalla. Dedicada al periodismo y a la escritura, fue apodada como la «princesa roja” por su adhesión a la izquierda y su origen real. Se le conoce como una escritora cercana a las “causas justas” y feministas. Autora del libro “La noche de Tlatelolco” que vio la luz en 1971 y fue la recopilación de relatos acerca de la matanza ocurrida en 1968, en la que se alteró testimonios y presento una historia intrincada, situación que le costaría una demanda por parte del escritor Luis González de Alba quien había vivido y escrito al respecto, ganando el pleito legal contra Elena.

Las “causas justas” la llevarían a escribir y opinar en varias ocasiones a favor de la organización abortista “Católicas por el Derecho a Decidir”, apoyando así el aborto, como ella misma lo expresaría: “Obviamente soy católica, tengo antecedentes religiosos y de niña scout, pero creo que la única que debe decidir sobre su cuerpo es la mujer”. Elena crítica reacia de la “jerarquía católica” como hacen tantos de izquierda y derecha para posicionar opiniones deleznables, en este caso el asesinato en el vientre materno. Otra de sus “causas justas” es el apoyo a la prostitución que hizo al firmar un manifiesto en contra de la ilegalización del sindicato de trabajadoras sexuales OTRAS en España; toda vez que la prostitución no es ningún trabajo sino la explotación de la mujer, favoreciendo así a los proxenetas.

Entre los galardones recibidos por Elena, está el Premio Miguel de Cervantes que otorga el Ministerio de Cultura y Deporte de España, considerado el galardón literario más importante en lengua castellana y es entregado por el Rey de España. Como es bien sabido, el gran literato participó en la Batalla de Lepanto, recibiendo heridas graves en el brazo izquierdo que le provocarían inmovilidad, dando paso a su sobrenombre “El manco de Lepanto”, autor de la máxima obra de la literatura castellana “Don Quijote de la Mancha”. Miguel de Cervantes, sobrado ejemplo de que una discapacidad motora no limita el escribir una obra magistral, pero una inteligencia deformada por la nefasta ideología de izquierda e ideología de género puede dar paso a las opiniones más abyectas, apoyando causas deleznables como hace Elena.

Pero nuestros contemporáneos otorgan los galardones más importantes a la literatura intrascendente; se exhibe en los máximos recintos culturales a los ídolos de izquierda, derecha y liberales cuyas obras impregnadas de su ideología inundan las bibliotecas, las ferias de libros y acaparan la “cultura” del día. Ya lo decía Nicolás Gómez Dávila: “La prensa de izquierda le fabrica a la izquierda los grandes hombres que la naturaleza y la historia no le fabrican”.

Desarrolle gusto por la lectura y aspire siempre a leer aquello que valga la pena y ayude a su intelecto…

¿Ha pasado algo en los últimos cinco siglos en Chile?

Los afanes refundacionales que la Convención Constitucional busca instaurar en nuestro país son tan profundos y desarraigados de la realidad, que parecen venir de un universo paralelo que pretende borrar de un plumazo toda la historia y las tradiciones que han moldeado la identidad que tenemos la gran mayoría de los chilenos. Y al obrar de este modo, están yendo precisamente contra aquello que prometieron representar: el auténtico Chile, del cual provendría la legitimidad de la nueva Carta Fundamental.

            Sin embargo, más que la imagen del verdadero Chile, el espíritu que parece impulsar a la desproporcionada mayoría que domina este organismo (y que tampoco representa al Chile real), es la de un revanchismo de los llamados “pueblos originarios”, como si no hubiera ocurrido nada en nuestro país –o no importara en absoluto– en los últimos 500 años.

            Por tanto, en varios aspectos, se trata de una Constitución indigenista que pretende retrotraernos hasta antes de la llegada de los españoles, poniendo entre paréntesis, casi pretendiendo negar su existencia, todo lo que nos ha ocurrido como nación –primero en formación como colonia y consolidada luego de la independencia– en medio milenio.

            No otra cosa explica el auténtico fastidio hacia las tradiciones republicanas que han formado nuestra idiosincrasia, sobre todo las que provienen de nuestra historia independiente. Desde el desprecio hacia nuestro himno nacional y los demás símbolos patrios (que no han modificado, pretendiendo que ello es una gran concesión hacia nosotros), hasta el nulo respeto por varias instituciones fundamentales de nuestra república (como el Senado o el Poder Judicial), o los derechos de quienes no pertenecen a esas etnias originarias, pero que han tenido tanta o más importancia que ellas en la formación de nuestro país.

            Pero además, cabría preguntarse cuántos de aquellos que pertenecen o dicen pertenecer a dichas etnias originarias están de acuerdo con lo que la Convención propone. Pues en muchísimos casos, ellos se sienten más chilenos que miembros de dichas etnias, aunque consideren esto último como un orgullo. Por tanto, ¿identifica realmente este afán refundacional-revanchista a quienes dice representar?

            Por otro lado, en muchos aspectos lo que ha primado ha sido la asesoría (cuando no conducción directa) de diversos organismos internacionales que poco o nada tienen que ver con nosotros. ¿Es esa la representación del “verdadero Chile”? ¿Hasta qué punto no se están copiando al pie de la letra fórmulas más que discutibles y de criticables resultados aplicadas en otras latitudes del continente? ¿No parece más una Constitución impuesta desde fuera?

Lo anterior, al margen del grave problema de representatividad (y a nuestro juicio, de legitimidad) de varios de los convencionales, algunos de los cuales ni siquiera lograron obtener mil votos, dado el sistema de elección empleado en su oportunidad. ¿Otorga un puñado de votos, a veces ridículo, la autoridad para proponer refundarlo todo desde cero y a partir de una óptica más que discutible?

            Pero se insiste en el primer punto: ¿es que de nada han valido los 500 años de historia que hemos tenido como chilenos? ¿Es que no han afectado en absoluto a quienes pretenden que no hemos tenido historia y parecen encapsulados en un pasado utópico e idealizado?

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

Revelaciones de un ex – comunista

En esta época en que se está debatiendo tanto sobre el Socialismo y el Comunismo, me pareció oportuno evocar el recuerdo de un líder que se decepcionó de esta ideología. Conocí a Don Eudocio Ravines en agosto de 1978. En su trato era amable y cordial. Tuve varios encuentros con él en los que -entre otros muchos temas- me hablaba de su vida pasada. Fue cuando me enteré que era político, escritor y periodista con gran prestigio en muchos países. Nació en Cajamarca, Perú en 1897 y falleció en circunstancias muy extrañas en enero de 1979. Unos periodistas sospechaban de los sandinistas de Nicaragua y otros pensaban que era una venganza de la izquierda internacional.

Don Eudocio militó en el comunismo, llegando a ser dirigente del Partico Comunista Peruano. Era de carácter apasionado y me contó cómo se inició el comunismo en su país y se unió al APRA (Alianza Popular Revolucionaria) y los esfuerzos que hizo para implantarlo en Chile. Me llamó mucho la atención cuando me dijo que las órdenes para su actuación política y de los demás compañeros las recibían directamente desde el Kremlin.

En su período de líder comunista influyó en su pensamiento el político, escritor, activista y periodista, José Carlos Mariátegui. Asistió a varios congresos internacionales comunistas, entre otros, en Berlín y Frankfurt, Alemania. Fundó el semanario “Vanguardia” desde donde criticó duramente al Presidente de la República, lo mismo que desde el diario “La Razón” y, a consecuencia de ello, fue expulsado del Perú.

Por esos años, el Kremlin lo invitó a conocer la U.R.S.S. (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). Ahí le tenían organizado un viaje en sitios minuciosamente preparados para causarle una buena impresión. Pero, Don Eudocio, con gran sagacidad, logró que le autorizaran conocer el mundo agrícola e industrial de las ciudades de provincia con la excusa de que quería escribir un libro sobre Rusia y quería conocerla desde sus entrañas. Por aquellos años gobernaba ese enorme país, José Stalin.

Fue cuando se desencantó del comunismo, al observar que el colectivismo no funcionaba en absoluto. Me relató, por ejemplo, que en una fábrica de coches no podían salir al mercado porque las llantas, que otra industria les envió, no eran del tamaño de las que se necesitaba. Lo mismo sucedió con varias piezas que esperaban de otra industria para los coches, pero venían defectuosas e inservibles. El resultado fue que observó que decenas y decenas de coches estaban inmovilizados, con muy pocas esperanzas de resolver esa situación por la lentísima burocracia imperante.

Otro ejemplo que me contó fue que en algunos campos agrícolas colectivos (“Koljós”) que sembraban papas, al momento de la cosecha y comunicar la ciudad encargada que enviaran camiones a recogerlas para continuar con el ciclo de producción resulta que, por la burocracia, nunca llegaron dichos camiones y la cosecha entera de papas lamentablemente se perdía. Y eso se repetía constantemente. Me relató muchos otros increíbles ejemplos de los defectos del colectivismo. Por aquellos años gobernaba al enorme país, José Stalin.

Cuando concluyó su trabajo de investigación sobre la provincia rusa, no informó nada de las graves fallas que había encontrado. Simplemente comunicó a las autoridades del Kremlin que necesitaba suficiente tiempo para redactar y pulir su libro. Y que preferiría regresar a América.

Como lo consideraban un comunista de absoluta confianza, le permitieron regresar al Perú. Pero Don Eudocio, hizo unas triangulaciones en sus vuelos y arribó a Washington, D. C. Gracias a sus contactos, logró entrevistarse con una alta autoridad norteamericana y le explicó su desilusión del comunismo y que había anotado mucha información confidencial para dar a conocer a la opinión pública que el sistema soviético era un gran fracaso.

A continuación, esas autoridades le dieron amplias facilidades para que escribiera su libro. Además, le proporcionaron abundante material que ellos habían recabado. Es decir, a Don Eudocio le permitieron acceder a sus archivos y pudo redactar su interesante libro, titulado: “La Gran Estafa”. Publicado primero en inglés en 1951 y luego en español en 1952.

Fue todo un acontecimiento la publicación de ese libro porque dio a conocer -de primera mano- muchos hechos que las naciones de Occidente desconocían. Don Eudocio tuvo la amabilidad de obsequiarme un ejemplar y cuando lo leí, pudimos conversar largamente sobre su contenido. La verdad es que yo no daba crédito a tantas y graves fallas en la Economía, en el Sector Agrícola e Industrial de la U.R.S.S. Porque, por esos años, el pueblo ruso sufría de una hambruna tremenda, como consecuencia de esa desorganización e ineficacia en el modo habitual de funcionar en el campo colectivo y en las empresas del Estado.

A partir de 1951 en que publicó su revelador libro. Fueron 18 largos años en que recibió continuas advertencias de muerte, sobre todo por teléfono y de modo anónimo.

Hacia 1978, Don Eudocio me comentó que estaba recibiendo muchas más amenazas de muerte porque con sus artículos de prensa criticaba duramente al Frente Sandinista de Liberación Nacional y notaba que los que le llamaban tenían el acento típico de esa tierra. Sin embargo, era un hombre valiente y no daba mayor importancia a esas tácticas intimidatorias.

Por aquellos años él trabajaba en “El Heraldo de México” y era el encargado de la sección de los antiguos télexs. Además, diariamente publicaba un artículo en las páginas editoriales de esta publicación. Estaba casado y había procreado un hijo. Vivía en los Multifamiliares de Tlaltelolco. Y fue ahí precisamente, un 25 de enero de 1979, cuando un coche lo arrolló en una de esas calles internas y poco transitadas. Con tantas amenazas telefónicas de los sandinistas, todos los que lo conocíamos y apreciábamos atribuimos ese crimen a los comunistas de Nicaragua.

Sin duda, Don Eudocio Ravines “murió en la trinchera” -como se dice- cumpliendo con su deber como periodista. Nunca temió a sus adversarios y es un ejemplo de un escritor valiente y comprometido con la verdad.

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