Mirar un poco más adelante

Pese a tratarse de medidas bastante discutibles, no cabe duda de las buenas intenciones que han motivado a la autoridad sanitaria para restringir un cúmulo de libertades, con el objeto de contener la propagación del Covid-19, evitar que colapse nuestro sistema hospitalario y salvar vidas. Sin embargo, es necesario tener presente al mismo tiempo los costos que todo lo anterior ha significado hasta el momento y los efectos que podría tener en el futuro, pues en caso contrario, el remedio podría ser peor que la enfermedad.

            En efecto, una consecuencia evidente de esta situación que ya nos afecta hace más de un año, es el grave deterioro que se ha producido en la producción y en la economía en general del país, situación que como se ha dicho, debiera ser tenida más en cuenta.

            Debe aclararse de antemano que la anterior advertencia no se hace con el afán de defender mezquinas utilidades, ni la ambición desmesurada de empresarios despiadados e insaciables –como a veces algunos parecieran pensar–, sino de observar objetivamente las consecuencias de las acciones que hoy se están llevando a cabo.

            En realidad, estas políticas que han restringido notablemente la actividad económica, podrían compararse de manera metafórica con la actitud de quien quisiera mantener atascados artificialmente y por la fuerza, los engranajes de una maquinaria que se encontraba en pleno funcionamiento. Situación que por razones evidentes no puede mantenerse de forma indefinida, pues este mecanismo podría sufrir daños graves e incluso colapsar.

            Y esto es precisamente lo que queremos advertir, porque si esta maquinaria se rompe o se daña gravemente, o si se prefiere, si colapsa nuestro sistema económico por mantenerse las actuales medidas demasiado tiempo, ello traería una peligrosa ruptura del tejido social, al hacer imposible o mucho más difícil satisfacer un cúmulo de necesidades, muchas de primer orden, en relación con lo que ocurría durante la ahora tan añorada “vieja normalidad”.

            Lo anterior es muy peligroso, se insiste, porque puede hacer que a la postre los costos futuros sean mucho más graves que el beneficio que ahora buscamos conseguir. Así, si nos ponemos muy pesimistas, ¿cuántas muertes –muchas más que las que se han evitado hasta hoy– podrían producirse por la imposibilidad de alimentar adecuadamente a la población o de otorgar otras prestaciones de salud esenciales que se han postergado por el Covid?

            A ello se suma que a esta grave afectación del sistema económico, se ha añadido un exponencial gasto público, generando una preocupante deuda aquí y en otros países. Deuda que será muy difícil de pagar, no solo por su creciente magnitud, sino en particular, porque todo indica que las condiciones para solventarla en el futuro serán mucho peores que las que tenemos en la actualidad, pues la riqueza hay que producirla.

            Finalmente –si bien la lista no es exhaustiva–, a ello se añaden diversos problemas nuevos generados por este encerramiento, desde depresiones a rupturas familiares y otros más, que por ahora dejamos a la imaginación.

            Por tanto, debemos tomar conciencia de los reales costos, invisibles o parcialmente visibles, que se están generando gracias a las actuales medidas, para no caer en problemas peores de los que ahora se quieren solucionar. La historia y las dificultades no se acaban hoy.

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

No matarás y la pena de muerte

“La muerte infligida como pena por los delitos borra toda la pena debida por ellos en la otra vida, o por lo menos parte de la pena en proporción a la culpa, el padecimiento y la contrición. La muerte natural, sin embargo, no la borra”. Santo Tomás de Aquino

El quinto mandamiento no matarás, prohíbe atentar voluntaria e injustamente contra la vida del prójimo o la vida propia. Hacerlo es cometer homicidio injusto que per se es un gran crimen, pues atenta contra los derechos de Dios, Señor y Dueño de la vida. A lo largo de la historia, las leyes humanas han castigado de ordinario tales homicidios con la pena capital, como también se castigaba en la ley de Moisés. (Éxodo XXI, 12). Sabemos que la vida material tiene un valor innegable e importante, sin embargo no es el bien supremo dado que puede ser sacrificada a cambio de otros bienes superiores. De aquí partimos en que haya casos en los que está permitido matar a un semejante que, a saber son:

*Legítima defensa. Cuando no hay otra manera de rechazar la agresión injusta se puede matar en defensa de ese bien que se nos quiere arrancar. Para ello, quien es agredido injustamente no debe proponerse jamás la muerte del agresor sino la defensa propia (de otro modo estaría actuando por venganza u odio); que no haya otro modo de salvar su vida.

*Guerra justa. Es lícito matar a los enemigos en el campo de batalla, ésta debe decretarse por una autoridad legítima, no por odio sino por un derecho que se ha violado, que hay causa justa y desde luego, que sea el último recurso habiendo agotado todos los medios pacíficos. Cabe mencionar que la causa justa se da en la guerra defensiva, cuando se contesta una agresión injusta.

*Pena de muerte. Es legítima en virtud del derecho que Dios delega a sus representantes para mantener el orden en la sociedad. Se da en la defensa de toda la sociedad ante criminales especialmente peligrosos. Su aplicación es lícita cumpliendo un par de condiciones: al tratarse de crímenes muy graves, que hayan sido claramente especificados en la ley y que éstos sean evidentemente probados.

Hace unos días la reciente conversa al catolicismo Guadalupe Batallán escribió que “había que tener estómago para ser católico y estar a favor de la pena de muerte”. Bien, debe aclararse que bíblicamente tiene sustento y, hasta nuestros días la pena de muerte ha estado presente en las leyes de diferentes países y la doctrina católica a lo largo de dos milenios la marcó claramente. Así pues, a la luz de la fe católica al hablar de homicidio es importante diferenciar la ocasión voluntaria e injusta de la ocasión justa y lícita. El sentimiento no debe llevarnos a compadecernos del asesino declarándonos enemigos de la pena de muerte. La pena capital no es asesinato (quitar la vida con malos fines y de manera injusta), sino homicidio justificado (cumpliéndose las condiciones mencionadas previamente).

De igual modo, la pena de muerte no debe equipararse jamás con el asesinato en el vientre materno que jamás el lícito y en el que cada uno de los que participa es culpable: los abuelos que pagaron el aborto de su nieto, el amigo que aconsejo el aborto, el que presto el dinero para pagarlo, el personal médico, el fabricante de material quirúrgico, el que vota por el partido abortista, el padre que consiente o abandona a la mujer y la madre que aborta. El bebé en el vientre materno es la víctima más indefensa, desprotegida por las leyes del mundo, mientras que el asesino condenado a pena de muerte, previamente tuvo infinidad de ocasiones en las cuales pudo cambiar el rumbo de su vida y sin embargo obstinado en su actuar daño gravemente a la sociedad. En tales circunstancias la doctrina católica reconoció el legítimo derecho de una sociedad a salvaguardar la seguridad al dictar pena de muerte al asesino.

El católico ha de ser ante todo, católico. Significa que ha de mirar las verdades de fe y poner la vida y el acontecer cotidiano a la luz del Magisterio de la Iglesia Católica, tener presente la doctrina y sus dogmas, la práctica de la vida sacramental, etc. En el movimiento provida se hallan personas de diferentes creencias como judíos, musulmanes, budistas, evangélicos, protestantes, luteranos, agnósticos, liberales, incluso ateos como lo fue Guadalupe Batallán. Todos unidos en una lucha común loable, entonces ¿qué podría estar mal? Que en los momentos cruciales fallaran en uno u otro aspecto, muy propio de sus creencias e ideas: los métodos anticonceptivos son aceptables, que la fecundación in vitro es buena, que los vientres de alquiler son de gran ayuda, que la pena de muerte es indignante o que la guerra siempre es mala y debe evitarse a toda costa, etcétera.

He aquí que el católico ha de ser luz para los demás, porque es indudable que un católico es provida, (entiéndase un católico que conoce su fe), pero un provida no es necesariamente católico. Sin embargo el católico liberal o el católico contagiado por las ideas del mundo se convierte en el Caballo de Troya perfecto al interior del movimiento provida y más aún en cuestiones de fe católica, relegándola al terreno del sentimiento. Por ello, el que un católico sea provida no es prueba alguna de su fe católica. Pero el católico coherente es, a la postre, garantía de la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural, entendiendo los casos en que está permitido matar a un semejante sin que ello implique contradicción alguna.

El converso al catolicismo Gilbert Keith Chesterton comprendía lo que significaba abrazar la fe católica como un todo, plasmándolo en una magistral frase: “La iglesia nos pide que al entrar en ella nos quitemos el sombrero, no la cabeza”. Un recordatorio siempre necesario a los recientes conversos que no logran desprenderse aún de las ideas del mundo.

Seamos ante todo católicos y lo demás vendrá por añadidura…

La legalización de la marihuana en México

El pasado 10 de marzo en la Cámara de Diputados se aprobó el proyecto de ley de legalizar la marihuana con 316 votos a favor, 129 en contra y 23 abstenciones. Se comenta que para antes del 30 de abril pasará por el Senado de la República y entonces quedará regulado el consumo, cultivo y el comercio de la marihuana con fines recreativos en todo el territorio nacional.

Sin duda, se trata de una noticia trágica para todos los ciudadanos, en especial para los niños y adolescentes.

Todos los que vivimos en la década de los años sesenta, fecha en que se puso de moda entre la juventud el consumo de esta droga, observamos sus terribles consecuencias.

Me vienen a la memoria recuerdos de algunos conocidos y compañeros de escuela, que por “novedad” o por “llamar la atención” se dedicaron a consumir esta droga con el pretexto de que no hacía ningún daño al organismo.

¿Qué ocurrió en ese entonces? Algunos alumnos de enseñanza media o superior comenzaron a reprobar materias otros perdieron el año escolar. Era evidente que les comenzó a fallar la memoria; disminuyó su capacidad de aprendizaje; tuvieron una notable pérdida de atención o concentración mental; les costaba mucho la coordinación física y mental, lo mismo que la toma de decisiones; sus emociones se volvieron muy inestables, con bruscos cambios en su estado anímico.

Recuerdo que algunos adictos incluso perdían la noción del día, de la hora o en qué lugar estaban. Por otra parte, su discurso verbal se volvió tremendamente lento y daban la impresión de estar en un permanente estado de confusión.

No se adecuaban a la situación social en la que se encontraban. Por ejemplo, si había una reunión social de amigas y amigos para bailar y conversar, la gran mayoría iban bien vestidos, aseados y con loción. En cambio, los adictos llegaban sin bañarse, ni rasurarse, apestosos, muy mal vestidos para la ocasión, y después, hacían cosas raras, como sentarse en el pasto o quitarse la playera, en vez de danzar con las chicas o mantener una amena conversación. Y si se les hacía ver esa rara conducta, respondían “¿Qué tiene de malo?” “Lei it be” aludiendo a una popular canción de los Beatles que, entre otras cosas sostenía, que cada quien es libre para comportarse como le plazca; que lo importante es que cada quien sea feliz como vive y con lo que hace.

Naturalmente algunos jóvenes prefirieron guardar sus distancias con respecto a los adictos. Porque un buen número de ellos, dieron el salto a consumir drogas más fuertes como la cocaína, la heroína, derivados del opio, los hongos alucinógenos, el LSD (dietilamida de ácido lisérgico) conocida como una substancia con efectos psicodélicos.

Como es lógico, ante el abuso de esas drogas fuertes, muchos fallecieron por sobredosis y otros más quedaron fuera de la realidad y nunca volvieron a ser los mismos en su personalidad. Son célebres los casos de los músicos como Jimi Hendrix, la cantante Janis Joplin, Brian Jones (del grupo “Los Rolling Stones”), Kurt Cobain (cantante del grupo “Nirvana”), Jim Morrison (vocalista de “Los Doors”). Otro caso lamentable fue el fundador, compositor y cantante del grupo “Pink Floyd”, Syd Barret, quien acostumbraba a consumir LSD y en cierta ocasión tuvo un grave daño cerebral y perdió toda noción de la realidad. En su memoria, esta banda de rock le compuso la melodía “Wish You Were Here” (”Desearía que Estuvieras Aquí”), cuya letra es un verdadero lamento por el amigo perdido.

Ahora bien, un buen número de personas afirman que el consumir únicamente la marihuana es una droga completamente inofensiva.

Pero en serias investigaciones científicas, como “National Institute on Drug Abuse” de Estados Unidos (publicación “Drug Facts”, Septiembre de 2015), Boletín de Información Clínica y Terapéutica de “La Academia Nacional de Medicina” (2015, No. 243); “Revista Médica de Perú, Salud Pública (2012, No. 29); “Centro para el Control y Prevención de Enfermedades” (Estados Unidos, publicación actualizada el 17-abril-2017),) ha quedado demostrado lo siguiente:

-puede afectar al ritmo cardiaco y tiende a subir la presión arterial;

-aumenta el riesgo de un ataque al corazón;

– daña a los tejidos pulmonares;

-causa daño en los pequeños vasos sanguíneos;

-aumenta el riesgo de tener accidentes cerebro-vasculares y otras enfermedades cardiacas;

-El mismo humo de la marihuana es tan dañino como el humo del tabaco y afecta incluso a los no fumadores;

-he conocido a personas con diversos trastornos mentales debido a su consumo;

-algunos padecen de delirios o alucinaciones;

-en otros casos provoca depresión nerviosa, ansiedad y pensamientos suicidas;

-he conocido casos que, en un ataque de agresividad compulsiva y por robar algo de dinero para comprar más droga, golpean o asesinan a sus víctimas;

-además suelen vivir en soledad, con un notable aislamiento social y falta de participación familiar.

Realmente resulta contradictorio que ante las evidencias científicas y por instituciones de gran prestigio nacional e internacional, legisladores y políticos aplaudan esta resolución histórica que causará un gravísimo daño en la salud pública nacional.

Cuidando el patrimonio

Vivir en México, tener un negocio, tener bienes inmuebles, generar pesos y pagar impuestos aquí no está peleado con invertir en dólares y proteger lo que tanto costó acumular. Además, tener todo el riesgo de lo primero en pesos tampoco está pelado con la diversificación del ahorro.
El rumbo que toma el país, podría llevarnos a una eventual pérdida del grado de inversión, además se podría comprometer la situación de las finanzas públicas. Pemex y su terrible problema y todo lo que ha promovido desinversión y desconfianza podrían llevarnos a una devaluación. No sé en que proporción, pero al final, una depreciación.
Cuando tienes ya un riesgo suficiente en pesos, creo que en la parte financiera hace más sentido diversificar. En renta fija o instrumentos de deuda en pesos los rendimientos en términos netos no superan la inflación. Esto en el resto del mundo es prácticamente aplicable. En ningún lugar en este momento el premio excede la inflación.
Lo qué hay es la protección de una moneda más sólida como el dólar. Un cálculo sencillo es: aún no ganando intereses en dólares hoy a $20.20 si se sube el tipo de cambio a $21.20 el rendimiento por ese desliz de la moneda equivale a 4.95%. Y desde luego no estoy planteando solo convertir a dólares, estoy planteando invertir en esa moneda, una parte en deuda y una parte importante en acciones. Lo que pretendo es tener tranquilidad ante la posibilidad de lo que le puede pasar al peso y ya en esa moneda generar rendimientos.
Lo anterior no requiere sacar el dinero de México, esto se puede hacer perfectamente en nuestro país. Mucha gente me pregunta que tan seguro es y mi respuesta hoy es, tan seguro como tenerlo en EEUU.
Otros me dicen, acuérdate que ya vivimos una mex-dolarización. Pues si, pero era en cuentas de cheques en dólares en bancos nacionalizados, es decir, eran propiedad del gobierno. En esto que planteo se invierte directamente en títulos de gobierno y empresas de EEUU, imposible convertir a dólares al antojo de un presidente. Además, como lo veo es que uno sigue contribuyendo aquí en la parte impositiva. Es seguro, eficiente y fiscalmente transparente.
En cuanto a mercados lo que sobresale es de nuevo optimismo, primero por la exitosa aplicación y distribución de la vacuna en países muy importantes del mundo, segundo, por un dato sobresaliente del empleo en EEUU, más de 900,000 empleos creados en marzo, una cifra que excede las expectativas, pero que sigue quedando a deber con todo lo que se perdió durante la pandemia, más de 11 millones de plazas.
También hay un acuerdo para incrementar los niveles de producción de petróleo y liberado el canal del Suez algunas mercancías regresan a sus precios normales.
En el ámbito nacional destaca las más reciente encuesta de Banxico que ubican a la inflación por arriba del 4%, el crecimiento económico de nuestro país en 4.5% y el tipo de cambio en $20.50
Sigo pensando que el momento más oportuno para entrar con pesos a comprar dólares puede estar cerca de $20 ligeramente arriba o ligeramente abajo. Creo que está cerca. En cuanto al mercado accionario en EEUU esperaría un ajuste, todo este optimismo ha traído un movimiento alcista que se puede ajustar también pronto y ahí entrar.
@juansmusi

La necesidad de controlar al poder

Poco a poco, diversos recursos judiciales fallados exitosamente para los requirentes, han ido poniendo coto a lo que de manera clara a nuestro juicio, constituyen excesos de la autoridad. Ello, pues la actual situación de pandemia está permitiendo a esta última tener un desmesurado poder para restringir o impedir el ejercicio de un cúmulo de derechos, lo que evidentemente, puede generar situaciones injustas, sea por error o por su inadecuado uso.

            Este poder se ha manifestado no sólo en prohibiciones de todo tipo, sino además, en las sanciones –a veces absolutamente excesivas–, que la administración ha establecido a su completo arbitrio para quienes infrinjan la normativa generada por ella misma.

            Uno de los casos más frecuentes, ha sido considerar situaciones que a lo sumo debieran ser tratadas como una falta administrativa y que ameritan una multa –proporcionada, eso sí–, como si se tratara de delitos (en particular, el de poner en peligro la salud pública), que generan una pena mucho mayor. Sin embargo, por muy buenas intenciones que tenga la autoridad, ello no le da un cheque en blanco para establecer lo que quiera sin cortapisas.

            Afortunadamente como se ha dicho, algunos tribunales han comenzado a reaccionar. Así, el Tribunal Constitucional ha fallado en más de un caso, que para que se constituya un delito semejante, éste debe ser perpetrado por una persona enferma y no por una sana.

            Igualmente, la Corte Suprema y de forma unánime, consideró recientemente que la presencia en la noche de dos personas en la vía pública, de por sí, tampoco constituía un peligro para la salud pública, como sí podría serlo, por ejemplo, transitar de día e ir a un lugar concurrido sin tener el respectivo permiso o salvoconducto. La clave es así, el contacto con otros, la formación de grupos de personas sin tomar las medidas pertinentes. Por ello, si una situación objetivamente no va a contagiar a nadie, no hay por qué castigarla penalmente.

También se han producido otros fallos, como por ejemplo, el de la Corte Suprema que en razón del derecho de libertad de culto, permitió la celebración de misas con las medidas sanitarias requeridas, incluso en tiempos de cuarentena. Igualmente, y en estas mismas circunstancias, se le permitió a una librería realizar ventas de diversos artículos, tal como se deja a un supermercado, que sí pueden abrir pese a ofrecer productos similares.

            Todo lo relatado pretende así, poner un límite razonable a la discrecionalidad de la autoridad administrativa. Evidentemente, no se trata de relajar las cosas al extremo de la irresponsabilidad, pero tampoco se puede pretender convertir al país en una inmensa cárcel. La idea es sancionar administrativamente lo que merezca serlo, pero no abusar de ello ni del poder del Estado para imponer castigos draconianos de naturaleza penal por situaciones que objetivamente, no implican la comisión de ningún delito. Lo cual tampoco quiere decir que la autoridad administrativa pueda hacer cualquier cosa dentro de sus competencias.

            En realidad, el actual Estado-policía está llegando demasiado lejos, conculcando con una facilidad pasmosa una serie de derechos fundamentales de la gran mayoría de la población. Y de hecho, el afán de control se hace cada vez más intenso. Una razón más para fiscalizar lo que ella hace, por medio de otros poderes que puedan vigilar su proceder, pues es propio de toda sociedad democrática y respetuosa del estado de derecho, tener instancias controladoras de la actividad de los poderes públicos a las que se pueda acudir.

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

Realismo y objetividad

Mucha gente me dice que ya le da miedo leerme. La verdad es que trato de ser lo más objetivo posible y soy, quien me conoce, un optimista de naturaleza. Sin embargo, el ser optimista es una característica de mi personalidad.

Llevado a mi tema profesional y a lo que me dedico, no puedo ni debo ser optimista, debo ser realista, objetivo y buscar estar lo mejor informado posible para la toma de decisiones y para seleccionar los valores en los que invertiré el dinero de mis clientes y el mío.

En mi vida profesional no hay buenas o malas latidas, no creo en los “tips” y tampoco en la suerte. No se debe involucrar el sentimiento. En resumen, entre más informados estemos y más objetivos seamos, mejor.

Dicho lo anterior cuando uno ve lo que pasa en México y hacia donde vamos, mi optimismo sirve para no llorar, y seguir luchando, pero a la hora de tomar decisiones he preferido voltear a ver a Estados Unidos y empresas en su mayoría de esa nacionalidad, y desde luego al dólar norteamericano.

Con esa misma objetividad que vemos a las inversiones quiero decirles que no veo un México, como muchos creen, que se convertirá en Argentina o Venezuela. Simplemente creo que muchas de las cosas que están pasando y que están cambiando nos están rezagando unos cuantos años.

No tengo una bola de cristal, ni sé en donde va a parar la cadena de malas decisiones y eventualmente como terminará el sexenio y quien sucederá al actual gobierno. Viendo encuestas y leyendo sobre los comicios de junio todo parece indicar que Morena mantendrá la mayoría y sus actuales aliados PVEM y PT contribuirán a que sigan arriba del 60% en la cámara de diputados.

Sobra decir que quienes no estén contentos con esto deben votar el 6 de junio. También hay muchas gubernaturas en juego, y también la mayoría, de acuerdo a las encuestas, las van a ganar. Aquí mi optimismo me dice que la participación será mayor y que las encuestas se van a equivocar como ya ha pasado y no necesariamente ocurrirá lo que ya describí.

Objetivamente es muy probable que Morena retenga la mayoría y gane más estados. En mi último artículo un amigo me argumentaba que históricamente el gasto social con respecto al PIB se mantenía muy similar en los últimos 30 años. Y es cierto, la única diferencia es que hoy es sobre un PIB más chico o castigado y con PEMEX quebrada, antes era ella quien ayudaba con los ingresos federales. ¿Pero porqué si el gasto social es similar hoy se percibe que es mayor y la popularidad del presidente sigue tan alta? Porque este presidente se comunica y conecta mucho mejor con el pueblo. Porque hay más empatía y a pesar de que quitó guarderías, estancias, seguro popular y por la situación global y local se han perdido millones de empleos.

Esta administración pública federal vio contracción del PIB en 2019, 2020 y con el “rebote” de 5% de este año tomaría quizá otros dos para regresar a un terreno positivo y para tener un PIB similar al del 2018, quizá hasta el 2023 o 2024. La inseguridad, peor, la corrupción, peor, la inversión en mínimos, el manejo de la pandemia, fatal, 3er lugar de mortandad mundial, etc.

Y aún así hay un buen nivel de aceptación y de popularidad, insisto, es un gran comunicador y la percepción después de tanto desencanto, es positiva. Marca agenda desde la mañanera y le habla todos los días al pueblo, ya sea desde palacio nacional o echando macanazos en un parque de béisbol. Me da la impresión que a este ritmo también retendrán la presidencia, por lo que ya comenté y porque no hay oposición.

Pero creo que su sucesor, seguirá con la misma proporción de gasto social y será un hombre que también tome en cuenta la agenda que el sector empresarial y productivo necesite para crecer el empleo y por ende el bienestar. Ojalá y alguien que, priorizando estos temas, empezando por el fiscal, el más beneficiado, será el sector más marginado.

@juansmusi

Julio Verne: el célebre novelista y profeta visionario

Julio Verne nació en 1828, en Nantes, Francia y falleció en Amiens en 1905. En sus años universitarios estudió primero Letras y luego Derecho, por insistencia de su padre. Comenzó a trabajar en un bufete de abogados, pero le atrajo más la creación literaria, en especial, la ciencia ficción.

Recuerdo que en mis años de juventud leí su obra “La Isla Misteriosa” (1874) y reconozco que me atrapó y la leí de un tirón debido a su amenidad, su bien elaborado argumento, así como el ingenio de sus personajes para sobrevivir en esa inhabitada –en apariencia- isla misteriosa.

Verne era un autodidacta y sentía inclinación por las ciencias como la Física, la Química, la Geografía, Historia, el Cálculo, la Astronomía, el mundo submarino, la exploración de lugares recónditos, etc., Era un lector asiduo de estas materias. Sobre todo, sentía pasión por las máquinas y lo prometedoras que resultaban para soñar con el mundo futuro.

Era asombrosamente observador, intuitivo, con dotes extraordinarias para las deducciones lógicas, Fue un eterno viajero y tomaba nota de todas las cosas interesantes que le captaban su atención. Le fascinaba escudriñar lo desconocido para llegar a conclusiones lógicas y viables. Ya en el mismo siglo XIX sus obras tuvieron gran éxito y difusión.

Sus libros más sobresalientes son: “Cinco Semanas en Globo” (1863), novela que lo lanzó a la fama; “Viaje al Centro de la Tierra” (1864); “De la Tierra a la Luna (1865), “Veinte Mil Leguas en Viaje Submarino” (1870), “La Vuelta al Mundo en Ochenta Días” (1872) y “Miguel Strogoff” (1876). Aunque escribió más de cien novelas de ciencia ficción y algunas obras de teatro.

Seguramente estos títulos nos resultan familiares, pero hay que remontarse a su época: no había submarinos eléctricos propulsado por baterías y él los imaginó perfectamente. Lo que él fantasea de su viaje en globo, se apega bastante a la realidad porque tenía conocimientos enciclopédicos y se rodeaba de amigos científicos.

Su primera obra “París en el Siglo XX” no fue publicada por su editor debido a que le pareció muy pesimista y negativa. Con las dos Guerras Mundiales que sufrió Francia en el siglo pasado, se comprueba que Julio Verne tenía razón en sus predicciones.

Otra visión futurista que tuvo, fue una especie de Internet que él le llamaba “Red Internacional de Comunicaciones”. Previó que en el futuro habría satélites, noticias audiovisuales y afirmó que las grandes ciudades tendrían trenes de alta velocidad. Relató también que se fabricaría un telescopio de cinco metros de diámetro, como efectivamente ha ocurrido y se encuentra en “El Monte Palomar”, Estados Unidos.

Predijo la creación de trajes de buzos con la finalidad de moverse con más facilidad y poder investigar en el fondo del mar, a bajas temperaturas. Se le ocurrió que los viajeros podían comer algas para sobrevivir.

En su novela “De la Tierra a la Luna” existen asombrosas similitudes con la realidad. Por ejemplo, escribió que la nave espacial despegaría desde el estado de Florida, Estados Unidos. Hay que tomar en cuenta que, por aquellos años, las potencias económicas y de desarrollo industrial eran Inglaterra y Francia. Los Estados Unidos no tenían todavía los adelantos que ahora observamos.

Además, otra predicción fue que viajarían tres astronautas como ocurrió con el Apolo XI en julio de 1969. Ambas naves tenían forma cónica y Verne calculó que su nave -que la bautizó con el nombre de ”Columbia”- tardaría cuatro días en llegar de la tierra a la Luna,. Curiosamente fue el mismo tiempo que realizó el Apolo XI al llegar a Selene, que en la mitología romana era la diosa Luna..

¿Y dónde alunizaron ambas naves? En “El Mar de la Tranquilidad”. ¿Cómo se explica esto? Porque Julio Verne se apoyó en las deducciones de varios astrónomos que llegaron a la conclusión que precisamente ése era el mejor lugar para llegar a la Luna, por sus condiciones geográficas.

Y de regreso a la tierra, el punto preciso en el Océano Pacífico donde cayó en paracaídas con la cápsula del Apolo XI casi fue casi el mismo donde lo calculó el novelista.

Es evidente que Julio Verne no acertó con todas y cada una de sus predicciones, pero es admirable ese mundo imaginario que creó y que luego se asemejaría bastante a los sucesos y descubrimientos que sobrevinieron con el transcurso del tiempo.

Se han filmado numerosas películas sobre sus novelas, así como series de televisión. Me imagino que los lectores del siglo XIX, esbozarían una sonrisa al terminar de leer sus novelas., como pensando: “¡Qué fantasías tan vivas tiene este autor!”.

Sin embargo, en el siglo XXI su obra literaria causa asombro, sorpresa e incluso incredulidad. Julio Verne ha quedado para siempre como el prototipo del gran novelista visionario y un clásico de la ciencia ficción en la Literatura Universal.

Las grandes revoluciones tecnológicas de los últimos siglos

Hace pocos días veía un video sobre los importantes cambios tecnológicos de los últimos tiempos que, sin duda, resultan sorprendentes.

En el Siglo XVIII, James Watt patentó la primera máquina de vapor que sirvió en forma importante a las fábricas, a los barcos y trenes de vapor. Con la aclaración de que, en los siglos anteriores, muchísimos científicos fueron dando los primeros pasos hacia este trascendental descubrimiento que impulsó la revolución industrial.

También observaba, una populosa ciudad de finales del siglo XIX en la que circulaban por las calles numerosas personas. Los medios de locomoción de entonces eran: caballos, carretas, diligencias, tranvías arrastrados por mulas, o sencillamente, a pie.

Ninguna calle estaba pavimentada, así que se miraban polvorientas o encharcadas por las lluvias. No había sistema de drenaje ni agua potable ni luz eléctrica. Era típico observar a los transeúntes brincando sobre cada charco para evitar caer en los lodazales y no faltaba quien fallara en sus cálculos se fuera de bruces.

El primero de enero de 1845, Samuel Morse y Alfred Vail inauguraron la primera línea telegráfica de Estados Unidos entre Washington y Baltimore.

Con la aportación de los focos o lámparas incandescentes por Thomas Alva Edison (1847-1931), de pronto, se comenzaron a iluminar las grandes ciudades. En todo el mundo querían instalar plantas de luz eléctrica. Aparecieron los tranvías eléctricos. Y, sobre todo, la electricidad sustituyó al vapor: en los barcos, coches, máquinas de ferrocarril …

Otros de sus descubrimientos que beneficiaron a la humanidad fueron:  un telégrafo más perfeccionado (cuádruplex); el micrófono de carbón, las baterías de niquel-hierro, invención de los primeros vehículos eléctricos, el primer proyector cinematográfico, el fonógrafo, el mimeógrafo, el sistema de distribución de electricidad, las primeras grabadoras de sonido.

Después, entre Alexander Graham Bell y el italiano Antonio Meucci descubrieron el teléfono. Instrumento de comunicación que se hizo indispensable en nuestra época.

En 1886 se patentó el padre de todos los coches: “Benz Patent-Motorwagen” y tuvo una rápida evolución y perfeccionamiento. Luego, Henry Ford -empresario visionario y fundador de la compañía “Ford Motor Company”- diseñó las cadenas modernas de producción para obtener la producción en masa. Pronto lanzó el célebre “Ford Modelo T” mucho más económico y al alcance de la familia media norteamericana y “de la noche a la mañana” el país entero fue inundado por este original y eficiente coche.

En el terreno de la medicina Luis Pasteur descubrió la vacuna antirrábica en 1885; Wilhelm Conrad Rontge descubrió los Rayos X en 1895. Por otra parte, Pierre y Marie Curie realizaron importantes investigaciones sobre la radioactividad; Madame Curie logró aislar los elementos del radio y polonio. El científico Alexander Fleming, en 1928, descubrió la penicilina, que salvó a millones de personas durante la Segunda Guerra Mundial. En 1997, Francis Collins, por encargo del Presidente Bill Clinton, realizó, con su equipo de genetistas, el primer mapa del Genoma Humano. (ADN).

En fecha más reciente Bill Gates y, junto con Paul Allen, fundaron la empresa “Microsoft” con su novedoso sistema operativo para computadoras personales “Windows”.

Steve Jobs fue el otro gran revolucionario de la cibernética, con su famosa PC “Apple”, sus avanzados celulares y genialidades como el iPod, el iPhone, el iPad y sus numerosas aportaciones a la industria del entretenimiento (iTunes, Pixar, etc.).

Cabe destacar que la mayoría de estos científicos e investigadores tuvieron –en un principio- innumerables incomprensiones; padecieron pobreza, hambre. Recuerdo el caso de Madame Curie que recibía una escasa pensión mensual y se la gastaba en comprar libros para continuar profundizando en sus investigaciones sobre la radioactividad y le sobrevino una anemia. El que sería su esposo, Pierre Curie, se percató de esta situación y la hospitalizó para que saliera de esta crisis. A continuación, él se encargó de su manutención alimenticia. También, Bill Gates y Steve Jobs relatan que, a falta de medios económicos, comenzaron sus trabajos de investigación en garages o dónde se pudiera.

En 2007, el Dr. Francis Collins, quien –como hemos señalado- realizó el “Proyecto del Genoma Humano” (2000) reveló en su libro “El Lenguaje de Dios” que en sus investigaciones de Biología, Química y Genética existía una Inteligencia Superior que todo lo ordenaba y le daba una asombrosa lógica. Collins era ateo y a través de sus descubrimientos se dio cuenta que había una íntima relación entre la ciencia humana y la Teología. Así que se convirtió a la fe cristiana. En este trascendental libro concluye: “El Dios de la Biblia es también el Dios del Genoma. Se le puede adorar en las catedrales o en los laboratorios, porque su creación es majestuosa, sobrecogedora, complejísima y bella y no puede estar en contradicción consigo misma”.

El miedo: la enfermedad más contagiosa

«La juventud prolongada -permitida por la actual prosperidad de la sociedad industrial- redunda meramente en un número creciente de adultos puerilizados». Nicolás Gómez Dávila

Es un hecho que las personas mueren, es parte de la vida, sin embargo, con la situación del Covid parece que apenas nos damos cuenta -horrorizados- de que eso sucede con frecuencia. Las pérdidas humanas siempre son dolorosas. En épocas anteriores con una esperanza de vida menor, no era casualidad que apenas naciera un bebé, era bautizado a la mayor brevedad. Los padres eran conscientes de la importancia de la recepción de los sacramentos antes de que fuese demasiado tarde.

No obstante, para nosotros ahora, la salud y la vida material pareciera lo importante y en torno a ella hemos permitido que todo, absolutamente todo gire, desde nuestros hábitos, las relaciones sociales e incluso, nuestra vida religiosa. Muchos toman decisiones no por responsabilidad, ni siquiera porque les importe la salud de los demás, sino por miedo, sí, miedo a morir. Comenzamos a denunciar a otros por no obedecer, por reunirse con su familia, por abrir su negocio para sobrevivir. Tan solo ver lo que hemos hecho, en lo que hemos convertido las relaciones interpersonales y la sociedad en un tiempo record, para darnos cuenta de que el miedo es la enfermedad más contagiosa; no la peste, no un virus, sino el miedo.

Solo mire a su alrededor, ¿cuántos se encierran para salvar la propia vida? y aunque lo logren, habrán perdido valiosas oportunidades de estar con los demás, de ayudarles. Vivimos la caída de la economía, la pérdida de empleos, el cierre de negocios y la supresión del culto religioso. Tenga claro que la vida material tiene su valor porque en ella hay un alma a la cual salvar. Pero en nuestro afán de salvar la vida material, comenzamos a vivir sin Dios, sin sacramentos, sin los demás. Nos dicen que no habrá Misa y ni siquiera nos damos cuenta de lo que eso significa. ¿Cuándo fue que tuvo más valor la vida material que salvar el alma?

Lo que caracteriza a la generación actual es que somos frágiles, no solo de pensamiento sino de forma de vida, proporcionada por la tecnología y los avances en diferentes campos. Vivimos instalados en una placentera comodidad que nos ha dañado. Olvidamos que si estamos aquí es por gracia de Dios y por lo que las generaciones precedentes enfrentaron: las hambrunas, las pandemias como la peste negra o la gripe española, guerras mundiales, revoluciones; los padres daban su vida para proteger la de sus hijos, hoy no queremos ni saludar de mano a nuestra familia. Hemos convertido la vida material en el bien supremo no importando si desechamos a otras personas en el camino para protegernos.

¿Cuánta gente se encuentra sola sin recibir visita de nadie? ¿Cuántos que viven sanos y encerrados voluntariamente pero que mueren cada día de miedo y basados en ello toman las decisiones más absurdas? Esperan que pasé esta situación para vivir nuevamente, tal vez mañana, el mes entrante, el próximo año. Ignoran que esta situación no pasará jamás; ha llegado para instaurar un nuevo orden mundial; ha llegado para generar un cambio radical en el seno mismo de las familias, en las relaciones interpersonales, el comercio, la industria, la migración, llegando al ámbito moral y religioso; control poblacional ni más, ni menos.

La situación en la Iglesia no es alentadora tampoco, el miedo esta presente: ¿Cuántos sacerdotes que toman las medidas sanitarias más absurdas en Misa llevando a la feligresía a cometer abusos litúrgicos, pero se niegan a salir para administrar los sacramentos a los enfermos? Recientemente escuche a un sacerdote decir “Prefiero molestarlos con el cubrebocas que velarlos”, bien, resulta que ese mismo sacerdote se ha negado a llevar la sagrada comunión a los enfermos, menos velarlos. De más está decir que el sacerdote no ha de guardar jamás su vida para sí mismo sino para servir al rebaño y ganar almas para Dios, sobre todo en los momentos más necesarios. ¿Se da cuenta ahora de lo absurdo que es valorar más la propia vida material que la salvación de las almas?

Salga a caminar, converse, sonría y ría a carcajadas, respire aire fresco, visite a sus familiares, reúnanse y abrácense. Vaya a Misa, usted y los suyos reciban los sacramentos con la debida reverencia y disposición, especialmente si están convalecientes. No se trata de ser irresponsables y descuidar la vida material, sino de no darle el mayor valor aislándonos para “preservarla” cuando de sobra sabemos que la muerte es un destino al que todos estamos llamados. Cuando dejemos de temer el morir tomaremos decisiones conscientes para cuidar de los nuestros como es debido; dejaremos de obedecer órdenes solo porque sí, discerniremos si es pertinente seguirlas. Cuidaremos el estado de nuestra alma y nuestra fe.

Hay miedos comprensibles, pero el que hoy pulula entre la gente por la situación de Covid es una de las peores cosas y lo más terrible es que se contagia fácilmente. «¡Nos veremos pronto!» decía un eslogan de salas de cine y que ahora está grabado en las mentes de casi todos. Esperemos que ese mañana no sea tarde, cuando la vida se nos haya consumido, precisamente cuando más queríamos conservarla…

“Todo se logra con la paciencia”

En una sociedad que premia “la inmediatez”, es decir, que nos ha ido acostumbrando a resolver los asuntos “hoy, ahora y cuanto antes”, la virtud de la paciencia se encuentra infravalorada.

Pero, ¿qué es la paciencia? Es la virtud que hace soportar los males con resignación, por ello se dice que “la paciencia es más útil que el valor”. Otros pensadores afirman que es la cualidad del que sabe esperar con tranquilidad las cosas que tardan. Esta virtud se vincula con la perseverancia o constancia, acompañada del optimismo y la visión positiva de las dificultades cotidianas.

Fui muchos años profesor de primaria y secundaria y en esa institución educativa teníamos el sistema de la asesoría académica y de fomentar valores integrales. También, en forma periódica, conversábamos con los padres para ponernos de acuerdo en cómo formar mejor a sus hijos. Recuerdo en varias ocasiones, ellos me decían: “No sabemos qué hacer con nuestros niños porque uno es muy desordenado y el otro pone poca dedicación en sus tareas escolares. Les hemos dicho que tienen que cambiar, pero no notamos en ellos grandes cambios; quisiéramos que pusieran mucho mayor empeño”. Les hacía ver que en su labor de padres –como la de nosotros los maestros- teníamos que tener la paciencia de un agricultor que con frecuencia va observando el desarrollo de los plantíos que sembró y decide si a aquellas plantitas les hace falta más agua, fertilizante para combatir una plaga, eliminar una zona encharcada, etc. Así el agricultor sabe que con esa paciencia obtendrá los frutos deseados. Y les hacía la comparación, un tanto chusca: “a base de estirar el tallo, las ramas o las hojas de las plantas, no iban a crecer más de prisa”. Que precisamente ésa era la virtud que debíamos de cuidar tantos los papás como los profesores: ser constantes, pacientes, no perder el buen ánimo, corregir con cariño y sentido positivo, etc. Pienso que me entendían y cambiaban de actitud.

Por otra parte, me gusta observar la labor de los escultores o artesanos quienes, con infinita paciencia, con el cincel y el martillo, van conformando del tosco mármol una bella figura o de una masa informe de arcilla, van modelando hermosas vasijas de barro. Observo que ellos trabajan con serenidad y calma y no existe precipitación en su labor creativa.

Me vienen a la memoria aquellas palabras sobre el quehacer literario expresadas tanto por Juan Rulfo como por Juan José Arreola sobre que ellos, en realidad, eran “artesanos de la palabra”. Se referían a que para escribir una buena obra de Literatura se requería sopesar cada expresión o palabra hasta que quedara un conjunto verdaderamente estético.

En ese mismo sentido, admiro mucho a esos jóvenes que con muchos esfuerzos logran realizar sus estudios universitarios. Recuerdo a Manuel Antonio que vivía en Chalco y diariamente se trasladaba en transporte público hasta la UNAM. Estudiaba Leyes. Se levantaba alrededor de las cuatro de la mañana para poder llegar a tiempo a su primera clase de siete. Al terminar sus clases, se iba a trabajar a un despecho de abogados y recuerdo que en varias ocasiones me lo encontré en camiones de pasajeros con los típicos libros enormes para llevar a firmar.

Después regresaba a la Facultad de Derecho para cursar otro par de materias y ya tarde tomaba su medio de trasporte colectivo para llegar a su casa alrededor de las diez de la noche. Saludaba a su familia, cenaba algo y se ponía a estudiar hasta cerca de las doce. Yo le preguntaba que si el dormir tan pocas horas no le afectaba y él me respondía que ya estaba acostumbrado y que “se echaba sus cabeceadas” en esos trayectos tan largos de su casa a la universidad y de regreso. De esta manera, resumía Manuel Antonio, no me resulta tan fatigoso.

Posteriormente realizó una especialidad en Derecho Corporativo y económicamente, con el paso de los años, le ha ido bien, al punto que lo primero que quiso fue conseguir para sus padres una casa más grande y confortable.

Pero esto es algo que se observa de forma cotidiana y normal en miles de estudiantes, empleadas y trabajadores en la Ciudad de México. Me gusta llamarles “los héroes anónimos” porque a base de grandes sacrificios sacan adelante a sus hogares, la formación de sus hijos y sus estudios profesionales.

Otro ángulo en el fortalecimiento de la paciencia, es el vencer problemas como la incomprensión o el rechazo inicial. Eso me recuerda a los pintores de la “Escuela Cubista” como Georges Braque, Juan Gris, Diego Rivera, Pablo Picasso, Fernand Léger, etc. que cuando comenzaron a pintar sus cuadros fueron calificados de “estrafalarios”, “extravagantes” y que sus obras no eran realmente arte. Pero el tiempo y la crítica se han encargado de demostrar lo contrario.

Me hace gracia recordar una anécdota del músico Ígor Stravinsky (1882-1971) que fue un compositor y director de orquesta ruso, quien compuso obras como “Petrushka”, “El Pájaro de Fuego”, “La Consagración de la Primavera”. Al inicio, sus composiciones de música clásica moderna fueron muy criticadas. Tanto que cuando se estrenó esta última obra en un teatro de París, el recinto estaba abarrotado de críticos artísticos y personas amantes de la buena música.  El compositor Ïgor estaba sentado en primera fila. Pero fue tal el repudio del público a su novedosa obra que paulatinamente aquel gran teatro se fue vaciando. Stravisnky en vez de sentirse indignado o fracasado, comentó con ecuanimidad: “No pasa nada. Algún día ellos comprenderán mi arte” y siguió componiendo. Actualmente es considerado uno de los músicos más importantes y trascendentes del siglo XX.

Por ello, es muy certero el célebre el dicho que afirma: “¡La paciencia todo lo alcanza!”.

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