La trascendencia de la comunicación epistolar

«El hombre no se comunica con otro hombre sino cuando el uno escribe en su soledad y el otro lo lee en la suya. Las conversaciones son o diversión, o estafa, o esgrima». Nicolás Gómez Dávila

Hace unas semanas padecíamos durante algunas horas la caída de redes sociales como Facebook, Instagram y Whatsapp. La comunicación instantánea entre los usuarios se vio afectada. Cuando pensábamos que nada sustituiría los correos electrónicos o las llamadas a números fijos, WhatsApp los desplazo a todos. Facebook no se quedó atrás, las publicaciones, compartir noticias y los memes. ¿Ahora cómo nos vamos a comunicar? Y no es que lo ignoremos, sino que esa comunicación al instante y donde todos pueden verla, se volvió un tanto adictiva.

Del mismo modo en que hay mucha basura en dichas redes, siendo justos hay que decir que bien llevadas nos mantienen en contacto con gente valiosa, nos enteramos al instante de noticias importantes, descargamos información y también nos conecta con causas loables. Perder todo eso tan de repente y por algunas horas debió angustiar a muchos, estresar a otros y darle lo mismo al resto. Nos dimos cuenta de la dependencia que hemos desarrollado alrededor de esos pequeños dispositivos llamados celulares. Como única defensa habría que decir que no se trata del dispositivo en sí, sino en todo lo que obtenemos a través de éste.

Pensemos en que, si los mensajes y las publicaciones que hacemos en las redes, nos satisfacen y nos llenan en cierto modo al conectarnos con los demás, entonces ¿qué no lograrán las cartas donde realmente se vierte una gran parte de nosotros? Pero, “¡Es mejor el celular, puedes hablar con quien sea al instante!” Lo referente a la inmediatez no tiene objeción alguna, pero reside ahí nuestra mayor debilidad: no saber esperar. Somos esclavos de las respuestas apresuradas, de los emoticones para expresar un estado de ánimo; nos conformamos con una comunicación a distancia y que no implique mayor esfuerzo, ni cercanía; y de la llamada telefónica y el encuentro interpersonal ni hablemos.

Ya lo decía un buen sacerdote, demos el siguiente paso para que no todo quede en lo instantáneo y efímero de las redes sociales; trascender, volvamos a la comunicación tradicional por excelencia: la comunicación epistolar la cual no tiene parangón: usted toma un pedazo de papel y un bolígrafo y comienza a escribir lo que desea decirle a otra persona, sea que viva en su mismo barrio, en su misma ciudad o en otro país. Recuerdo la bella postal que una amiga de secundaria me regalo después de las vacaciones escolares, recuerdo las notas de felicitación por un cumpleaños o las cartas de amistad o amor.

Las cartas que un buen día fueron la comunicación personal por excelencia, han sido relegadas de la vida cotidiana ante el avance avasallador del celular y las redes sociales que han acaparado el mercado de las comunicaciones. Pero una carta tiene su sello particular: esta escrita especialmente para nosotros (lo que nos recuerda que somos únicos), no hay una copia de respaldo en ningún lado; es un mensaje tangible y un recuerdo para la posteridad. La comunicación epistolar conlleva beneficios: nos educa en la espera, en la paciencia y en la templanza.

Después del encuentro personal y la convivencia, la carta es una de las mayores muestras de afecto que se le pueda dar a alguien, dirigida a aquellas personas que apreciamos sobremanera; tan estrechamente vinculada a los tiempos en que las cosas y las relaciones interpersonales eran más duraderas y menos desechables. Así que trascendamos y restauremos la verdadera comunicación, quizá de ese modo le recordemos a alguien lo importante que es para nosotros; quizá también recordemos lo empáticos que podemos ser ante la adversidad, el dolor y la alegría de otros en un mundo cada vez más materialista…

WASSILY KANDINSKY

Últimamente he escrito sobre escritores muy conocidos y por supuesto escribí sobre este pintor que revolucionó la pintura, también mencione uno de sus  libros, el cual he vuelto a leer y ahora quiero hablar del escritor no del pintor.

Habla sobre algo que a mi particularmente me ha emocionado a través de los años, el arte abstracto y este libro se llama; De lo espiritual en el arte, mencionado en el artículo.

 Qué maravilla que un pintor tenga esos dones y pueda escribir con maestría como y de que forma el arte abstracto le permitió descubrir algo maravilloso y profundo que algunos escritores, músicos, pintores, etc. , llevan en el alma. Pero poderlo transmitir con pintura, música o escritura es una maravilla.

Este gran pintor nos anuncia que la pintura abstracta sale de dentro, no tiene que referirse o parecerse a algo que podamos identificar, tiene que llegar de otra forma, cómo la música, los momentos y pensamientos que tenemos en nuestra vida plasmarlo en colores y formas, que no se reconocen, se sienten.

La humanidad sólo busca lo exterior haciendo caso omiso de las fuerzas espirituales. “W.Kandisky

Esa belleza interior a la que se refiere Kandinsky, es cómo ha pasado a través de los años, personajes que se atreven a romper con lo que se conocía y mezclan sonidos, colores  de una manera personal, única y atrevida, pues la mayoría no entendería ni entiende eso de la abstracción. Estos cambios radicales no se refieren sólo a la pintura abstracta, acuérdense como pintores como Picasso y músicos como Debussy inician movimientos y rompen todo un protocolo.

Kandisky dice que con su pintura no quiere imitar o copiar la naturaleza, sólo quiere expresar su mundo interior.

Para terminar con el tema de la abstracción, me viene a la memoria una frase que obviamente no fue escrita así, pero es algo que recuerdo en el  momento que estoy escribiendo.

“Al ser humano en general no le atraen las grandes profundidades y prefiere mantenerse en la superficie  porque le supone un menor esfuerzo. Cierto es que nada hay más profundo que la superficialidad, pero esta profundidad es la de la ciénaga.” W. Kandinsky,

               Pintor pero que también se atreve a escribir y lo hace con sinceridad y maestría, yo me he quedado muy impresionada al ver como  puede decir y expresar su forma de pintar, por medio de palabras, pensamientos y toda una filosofía conectada a su pintura.

Un pintor puede crear impresiones, improvisaciones y expresión de un sentimiento interior, esto es lo que ahora llamamos expresionismo abstracto. V. Kandinsky.

Si les llama la atención, lean ese libro y vean cómo algunos seres, pueden ser pintores, escritores y dejar un legado maravilloso, que enriquecerá a todo el que lo lea.

La belleza sólo se puede medir por el rasero de  la grandeza y de la necesidad interior, que tan buenos servicios nos ha prestado  hasta aquí.

Es bello lo que brota de la necesidad anímica interior. Bello será lo que sea interiormente bello.

W.Kandinsky

Unas lógicas consecuencias

Tal como señalamos hace más de un año, la descomunal lucha que el mundo en su globalidad ha emprendido contra la pandemia en todos los niveles, podía terminar siendo un remedio peor que la enfermedad. Y por los nubarrones que se ven en el horizonte cercano, parece que teníamos razón.

            En efecto, a pesar de las buenas intenciones sanitarias expresadas por las autoridades, las medidas han sido -y siguen siendo- draconianas. Además, también por la forma en que dicha autoridad sigue enfrentando las cosas, parece que tendremos pandemia y restricciones para rato, todo lo cual no hace sino agravar las lógicas consecuencias que lo anterior conlleva.

            Ahora bien, tal vez los principales afectados con todo lo dicho han sido la economía y los demás problemas de salud, al quedar estos últimos suspendidos o muy desatendidos por la crisis sanitaria decretada por la autoridad. Sin embargo, es especialmente en el aspecto económico donde queremos centrar nuestra atención.

            Resulta evidente que la actividad económica, cual un motor en pleno funcionamiento, ha sufrido un atasco inesperado y “artificial”, desde la perspectiva de la propia economía, debido a las severas restricciones sanitarias por todos conocidas. Sin embargo, la economía tiene sus leyes propias, y simplemente reacciona, tanto a sus propios procesos, como a los foráneos que la afectan.

            De esta manera, y luego de casi dos años, las secuelas de todo este proceso se hacen cada vez más evidentes, siendo particularmente llamativas, la disminución de la producción en general (incluida la de alimentos), como la severa baja en el comercio internacional, sobre todo marítimo, que hace que estos menguados productos lleguen con más dificultad a sus mercados de destino, acentuando el problema. En suma, que se están produciendo varios fallos sistémicos de la economía global, como no podía ser de otra manera, dado todo lo que ha ocurrido.

            Pues bien, y sin querer ser ave de mal agüero, una de las consecuencias que ya nos está afectando de manera severa y que seguramente crecerá de forma dramática, será la inflación, el costo de todo tipo de productos y servicios, dada la escasez señalada. Lo cual, unido a una economía deprimida y mucha mayor desocupación laboral, hace ver un inquietante panorama para el corto y mediano plazo. Y esto podría tener efectos mucho peores que aquellos que pretendieron evitarse con las medidas restrictivas de todo orden adoptadas con motivo de la pandemia. Por eso señalábamos que se trata de un remedio peor que la enfermedad.

            En consecuencia, además de las dificultades económicas propiamente dichas, puede avecinarse un problema alimentario no menor, dada la subida que están experimentando desde hace ya rato los alimentos y la baja del poder adquisitivo general. A lo cual hay que añadir, para volver al inicio, diversos y nuevos problemas de salud global de todo tipo, que se añaden a los ya preexistentes, desatendidos con motivo de la pandemia.

Por tanto, es a estos problemas, que ya recaen sobre nosotros, a los que debiera prestar principal atención la autoridad.

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

Miguel de Cervantes: un gigante de la literatura universal

Sin duda, Miguel de Cervantes Saavedra es una de las figuras más sobresalientes de la Literatura Universal y la cumbre más alta de la Literatura Española. Considero que no hay literato que haya superado su enorme talento para escribir, con un estilo pulido y elegante.

Uno de los aspectos que más me llama la atención es que, a pesar de haber llevado una vida con situaciones humanamente muy duras, nunca perdió su alegría, su optimismo, su entusiasmo y buen humor.

Lo podemos comprobar en su incomparable obra “Don Quijote de la Mancha”, en la que rebosa la fe, la esperanza de vivir y un sentido trascendente de la existencia humana. Tuve catedráticos en la Facultad de Filosofía y Letras, que comentaban que cada año leían con gusto esta monumental obra maestra y continuaban aprendiendo mucho de esta célebre novela.

Lo digo en contraste con William Shakespeare que transmite pesimismo, melancolía y tristeza. Por ejemplo, en su obra “Como Gustéis”, aunque es una comedia, comenta que un bufón expresó: “Así, pues, de hora en hora maduramos y maduramos. Y luego de hora en hora, nos podrimos y podrimos, y aquí se acaba el cuento”. Y en su obra “Hamlet”, este personaje le dice a Horacio que la calavera del bufón Yorick huele mal y le dice: “Miserables son los destinos que nos esperan, Horacio”. También, en la obra “Macbeth” dice este personaje: “¡La vida no es más que una sombra que pasa, un pobre cómico que se pavonea y se agita una hora sobre la escena y después no se le oye más”

Miguel de Cervantes nació en Alcalá de Henares en 1547. Al parecer, estudió en la Universidad de Salamanca. Posteriormente vivió en Italia donde aprendió la lengua del Dante y leyó a los grandes autores renacentistas.

En 1570 se alistó como soldado en las tropas pontificias. El 7 de octubre de ese mismo año intervino en la histórica Batalla de Lepanto en la que los aliados derrotaron al Imperio Otomano que amenazaba con invadir Europa. Los aliados estaban integrados por el Imperio Español, los Estados Pontificios, la República de Venecia, la Orden de Malta, la República de Génova y el Ducado de Saboya. Con esa importante victoria se reforzó la hegemonía cristiana en el Mar Mediterráneo y se recuperó la paz en el continente europeo.

En esta Batalla, Miguel de Cervantes resultó gravemente herido con dos arcabuzazos, uno en el pecho y otro en su mano izquierda que desde entonces le quedó inútil. Pero Cervantes se sentía orgulloso de esas heridas y por ello recibió el sobrenombre de “El Manco de Lepanto”.

En 1572, ya recuperado de salud, se incorporó de nuevo en la milicia con Don Lupe de Figueroa. Su nave zarpó a España, pero a los pocos días, la embarcación fue atacada y aprendida por tres naves corsarias argelinas. Por cinco años estuvo en la cárcel de Argel. Hasta que en 1580 fue liberado y cuatro años después abandonó la milicia.

Sobre su obra literaria, en 1585 publicó “La Galatea”. Además, escribió las obras de teatro: “La Numancia”, “Los Tratos de Argel” y “La Batalla Naval”, haciendo referencia a sus experiencias en la Batalla de Lepanto” y a su prisión en Argel.

En 1602 cambia de ciudad, primero reside en Castilla, luego en Valladolid. En esta población comienza a redactar “El Quijote de la Mancha”. En 1605 publicó la primera parte de esta obra universal y el autor contaba con 57 años.

En 1608 se trasladó a Madrid y comenzaron los años de mayor actividad literaria y escribió: “Las Novelas Ejemplares”, La segunda parte de “El Quijote de la Mancha”, “El Viaje al Parnaso”.

En 1616 terminó “Los Trabajos de Persiles y Segismunda”, obra muy cuidada en donde alcanza la cima de la perfección narrativa con pasajes de armoniosa belleza.

Aunque es reconocido por ser un gran novelista también fue un excelente poeta lírico y muchas de sus obras de teatro las escribió en verso.

En sus “Novelas Ejemplares” presenta personajes con agudas observaciones psicológicas, así como detalles realistas, como se puede leer en “La Gitanilla”, “La Española Inglesa”, “La Fuerza de la Sangre”, “El Celoso Extremeño” y “La Ilustre Fregona”.

Cervantes era un profundo conocedor de las clases sociales de su tiempo y presenta una interesante radiografía de los diversos estratos socioeconómicos al modo de Honoré de Balzac, representante de la novela francesa realista del siglo XIX. Estas percepciones cervantinas se pueden leer en “Rinconete y Cortadillo”, “El Licenciado Vidriera”, “El Casamiento Engañoso” y “El Coloquio de los Perros”.

¿Dónde aprendió el pensamiento humorístico? De los Clásicos grecolatinos, como Aristóteles, Platón, Horacio, etc. Su humor es sano, divertido y nunca amargo. Le gustan los juegos de palabras, los contrastes graciosos, los chispazos inesperados de buen humor y el ingenio propio de su época. Además, posee sentimientos de generosa compasión por los defectos y miserias de los demás.

En 1616 falleció de diabetes a la edad de 68 años. Sus restos reposan en Madrid, en el Convento de las Trinitarias Descalzas.

Sin duda, Miguel de Cervantes Saavedra ha pasado a la Historia de la Literatura como la gran figura Universal de todos los tiempos. Sus obras se han traducido a numerosos idiomas y se han realizado bastantes películas y obras de teatro sobre sus inmortales obras.

Antonio Azorín: un escritor que dejó una profunda huella literaria

José Martínez Ruiz (1873-1967) fue conocido con el seudónimo de Antonio Azorín, o simplemente Azorín. He de reconocer que me identifico con él porque este célebre autor tuvo que superar el estilo oratorio, abigarrado y poco comprensible del largo período decimonónico (los discursos de Emilio Castelar, el teatro aparatoso de José Echegaray o el sentimentalismo de Ramón de Campoamor).

Azorín estuvo mucho tiempo puliendo su estilo hasta que decidió escribir en forma sencilla con “sujeto-verbo-predicado (o complemento)”. Recuerdo que cuando escribía mis artículos para las páginas editoriales de algunos periódicos reconozco que lo hacía con párrafos muy largos y complejos de tal modo que el lector quedaba confundido sin llegar a una conclusión clara y precisa de lo que quería expresar.

Pero leyendo a Azorín con su prosa sencilla y transparente y decidí a imitarle, lo mismo que a Pío Baroja (1972-1956) y Antonio Machado (1875-1939). Todos ellos formaron parte de la llamada “Generación del ‘98” a quienes les afectó mucho que España perdiera los territorios de Filipinas, Puerto Rico y Cuba.  Miguel de Unamuno (1864-1937), líder de esta Generación, lo decía en frase gráfica “Me duele España”. Todos ellos tienen un afán europeizante; desearon que España progresara en todos los sentidos tanto económico como social.; tenían un ansia renovadora de romper con los viejos moldes e incursionar en la literatura moderna y dotar al castellano de nueva renovada belleza y eficacia.

Todos ellos buscaron con enorme pasión el modo de solucionar los grandes problemas de su Patria: unos participando activamente en la vida política, y otros, escribiendo en los principales diarios y revistas.

Azorín decidió establecerse en París donde recibió influencia del Romanticismo alemán, del Simbolismo y el Impresionismo francés. Sus primeras obras literarias consistían en trazar breves frases o pinceladas sobre su realidad circundante y la fidelidad a su percepción sensorial, tal y como lo hacían los pintores Claude Monet, Edgar Degas, Pierre Renoir, Paul Cézanne, Vincent van Gogh y muchos más.

Tiempo después, regresa a España y adopta ese estilo literario directo y sencillo en el que evoca con nostalgia paisajes de su tierra. Por ejemplo, Castilla (1912), los Pueblos (1905), Valencia (1941), El paisaje de España (1917), Río Frío de Ávila (1916), El Escritor (1942), Tiempo y Paisaje (1968), Tiempos y Cosas (1971). Se trata de una revalorización de los valores que su Patria tiene.

Todos ellos fueron sobresalientes estudiosos del Siglo de Oro Español, en particular de Miguel de Cervantes Saavedra, para beber en las fuentes de la riqueza literaria de los clásicos.

También Azorín escribió novelas, obras de teatro y numerosos ensayos en diversos periódicos de su Patria.

En su primera etapa, Azorín estudia Derecho y trabaja en un despacho de abogados. Luego comienza a escribir en periódicos como el “ABC”, “El Imparcial”, “El Globo” y otros más. Asiste con regularidad a las tertulias y reuniones literarias hasta que decide a entregarse por completo al quehacer literario.

Fue un profundo estudioso del estilo y el lenguaje castellanos, por ello, en 1924 fue elegido para formar parte de la Real Academia de la Lengua. Publicó más de cien libros.

He aquí la descripción de una pequeña ciudad castellana: “…Vienen todos a la ciudad; bajan ahora de las colinas y entran en la vega. Cruza la vega un río: sus aguas son rojizas y lentas (…) Crecen los árboles tupidos en el llano.  Una ancha vereda –parda entre la verdura-  parte de la ciudad y sube por la empinada montaña de allá lejos. Esa vereda lleva los rebaños del pueblo, cuando declina el otoño hacia las cálidas tierras de Extremadura. Ahora las mesetas vecinas, la llanada de la vega, los alcores (las colinas) que bordean el río, están llenos de blancos carneros que sobre las praderías forman como grandes copos de nieve. (…) Desde que quiebra el alba, la ciudad entra en animación; cantan los perailes (desenredadores del paño y que prepara lana para tejerla) los viejos romances de Blancaflor y del Cid; (…) ya tocan las campanillas cristalinas…”.

Ha ejercido bastante influencia en muchos otros autores como Camilo José Cela (1916-2002) sus primeras obras y sus viajes descriptivos como “Viaje a la Alcarria”; Miguel Delibes (1920-2010) “Cinco horas con Mario”, “La Hoja Roja”, “Señora de Rojo sobre Fondo Gris”; la escritora italiana Susana Tamaro (1957) (“Donde el corazón te lleve”, “Respóndeme”, “Cada palabra es una semilla”) y otros autores más. Curiosamente el escritor ruso Aleksandr Solzhenitsyn (1918-2008), Premio Nobel de Literatura 1970, tiene ese mismo estilo, como en sus obras “Breves Poemas en Prosa”, “Un día en la vida de Iván Denísovich”, “Por el bien de la causa”, “Primer Círculo”)

A las personas que deseen mejorar su estilo periodístico y literario, les recomiendo leer con calma las obras de Azorín, Antonio Machado, Miguel Delibes, Aleksandr Solzhenitsyn y Susana Tamaro. Considero que se puede aprender mucho de ellos por su sencillez y claridad narrativa.

¿Por qué obedecer a quien viola las reglas?

Si como es obvio, resulta fundamental que las autoridades se sometan estrictamente a las leyes y a la constitución que regulan sus competencias, en el caso de la actual convención constitucional, dicha exigencia adquiere una importancia crucial, puesto que del resultado de su labor –de ser aprobada por la ciudadanía– depende nuestro presente y futuro.

            Sin embargo, se sabe que este organismo pretende que tanto su reglamentación como la toma de decisiones que en teoría debe proponer a la ciudadanía, puedan ser determinadas por mayoría simple y no por los dos tercios que establece y exige la reforma constitucional que ha permitido todo este proceso, en particular, el art. 133 de la actual carta fundamental. Lo cual constituye una violación flagrante de sus facultades, que a nuestro juicio, le quita por completo legitimidad a su labor.

            Hay que ser enfático: la convención constitucional no es la dueña de Chile, ni sus miembros dioses o reyes absolutos que tengan derecho a hacer lo que les plazca. La ciudadanía no ha consentido, ni de lejos, en darles carta blanca para  que puedan hacer lo que les venga en gana, ni menos obligarnos a seguir las directrices que de ellos emanen, por absurdas, dañinas o ilógicas que sean. Lejos ha quedado el tiempo de los monarcas o de los grupos absolutistas, que pretenden estar sobre la ley, pues esto atenta contra la democracia y los derechos humanos.

            En realidad, la situación es de extrema gravedad, y la violación de la normativa constitucional absolutamente inaceptable, a fuer de irresponsable. Además, de darse esta situación, ¿para qué tenemos leyes? ¿Para qué se estableció y reguló esta reforma constitucional si todo puede ser borrado de un plumazo por la convención?

            Más aún: ¿qué legitimidad puede tener un órgano que obra de este modo, por muy elegido que haya sido? ¿Quién le ha dado la prerrogativa o el derecho de dejar sin efecto estas normas que le permiten existir y actuar? Además, con semejante actitud, surgen poderosas razones para sospechar que ante tal grado de prepotencia (porque eso es), al final no habrá plebiscito de salida. Con lo cual, estaríamos consintiendo nuestra propia esclavitud.

            Por eso hay que decirlo con todas sus letras: este desacato total a la autoridad del pueblo y a la constitución es una auténtica revolución no violenta, pues al hacer caso omiso a la legalidad, atenta contra el sistema jurídico en su conjunto.

            Pero al mismo tiempo y como correlato más natural, también resulta válido preguntarse por qué habría que obedecer en un futuro los dictámenes de este órgano que claramente ha abusado de sus facultades. Ello, pues por razones evidentes (y es un principio básico del derecho público), todo lo que se haga como consecuencia de esta ilegalidad es nulo y de ningún valor, no generando obligación alguna de obediencia.

            Por tanto, la conclusión es completamente evidente: si la legitimidad es el poder digno de ser obedecido, en caso de saltarse sus propias reglas, la convención la perdería completamente, pues nadie puede autoarrogarse más derechos de los que realmente tiene; y al mismo tiempo, no existe el deber de obedecer a quien ha violado sus propias competencias.

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

La Carta de Madrid, el liberalismo y el católico

“El liberalismo resulta desfavorable a la libertad porque ignora las restricciones que la libertad debe imponerse para no destruirse a sí misma”. Nicolás Gómez Dávila

A principios de mes se llevo a cabo en el Senado de la República el evento “De la mujer embarazada en estado vulnerable” organizado Julen Rementería quien apuesta por la Ley DIF; evento en el cual participaron invitados como Santiago Abascal (líder del partido VOX de España), Agustín Laje (activista), Mamella Fiallo (escritora ecuatoriana), Guadalupe Batallán (activista próvida y reciente conversa al catolicismo). Ese mismo día fue firmado un documento llamado la Carta de Madrid que es un compromiso de frenar el avance del comunismo en la Iberósfera (se refiere a la comunidad de naciones libres que comparten una herencia cultural; en términos generales hablamos de Iberoamérica).

El documento denuncia que una parte de la región de Iberoamérica está secuestrada por regímenes totalitarios de inspiración comunista; afirma la defensa de nuestras libertades; afirma que los elementos que garantizan el buen funcionamiento de la sociedad tales como el Estado de Derecho, separación de poderes, la libertad de expresión y la propiedad privada deben ser especialmente protegidos. Y por último, que el futuro de la región deberá estar basado en el respeto a la democracia, los derechos humanos, el pluralismo, la dignidad humana y la justicia. Llama a tomar acción frente a la amenaza comunista.

Entre los firmantes de la carta se halla Eduardo Verástegui (activista provida), Elsa Méndez (Diputada Local en el Congreso del Estado de Queretáro) y Lilly Téllez (Senadora del Congreso de la Unión) quien más tarde se desmarco de VOX y externo su arrepentimiento por firmar la Carta de Madrid, llamándolo un error al igual que aquella ocasión en que dio su apoyo a Andrés Manuel López Obrador. Lo anterior desató varias críticas hacia su persona, desde ser cobarde, incongruente, fascista, vende patrias, entre otros calificativos. La principal crítica estriba en no poder sostener su palabra.

Pero disculparse por apoyar ambos extremos ha sido acertado aunque sus razones son erradas  basándose en el rechazo del extremismo y a favor de la reconciliación, el centro. El eclecticismo es un cáncer al elegir un sistema de gobierno para nuestra patria: no hay posibilidad de conciliar ideologías que son malas per se; la posición intermedia no ayuda en absoluto a la causa del bien común. Al comunismo no se le combate con liberalismo, del cual está impregnada la Carta de Madrid que mezcla luchas loables como la defensa de la familia y la patria con otras que hay que mantener a raya como la  defensa de las libertades, pluralismo, derechos humanos, términos tan amplios como deformados.

Es un gran yerro que el católico promedio considere mejor el capitalismo que el comunismo, la “libertad” que la prisión. Al tener el ejemplo de Cuba y Estados Unidos ¿quién querría el comunismo que ha martillado naciones enteras? y ¿quién no querría la “libertad” y la “prosperidad” del vecino país del norte? El católico despreocupado de su formación, habituado a ver estos ejemplos no concibe mejor sistema de gobierno el capitalismo liberal. Pero ambos sistemas esclavizan al hombre, sea por la fuerza o por métodos pacíficos; ambos demuelen las estructuras en el ámbito económico, social, político, familiar, llegando al terreno moral y religioso.

Entonces ¿qué debería hacer el católico? Buscar el bien común en todos los ámbitos de la vida. ¡Qué utópico y ambiguo! No, aunque sí difícil porque implica ordenar la propia vida y a la sociedad en conjunto; implica dejar de medir el bienestar en función de la utilidad y materialismo; implica formar la consciencia en el reinado social cristiano; implica dejar de exigir “las libertades” desde el liberalismo y empezar a vivir la libertad en el marco de la moral cristiana; implica identificar y saber rechazar las soluciones que el comunismo y capitalismo liberal nos presentan; implica dejar el ostracismo y comenzar a movernos para formar frentes que realmente sean opción.

Hermann Terstch describe bien la ideología de VOX en varios tuits, afirmando también que éste partido “es el futuro y une a toda América la Hispanidad”, temo decir que si el católico insiste en seguir a los liberales entonces en verdad ése será el futuro. Pero la unidad de Hispanoamérica solo puede ser dada en el reinado social cristiano, por tanto, yerran los que apoyan la Carta de Madrid, los que apoyan el liberalismo, los que prefieren quedarse en el centro evitando extremismos y los que no trabajan para presentar batalla desde la única opción posible mencionada.  Pero el yerro aún puede corregirse…

¿Demasiado grande para quebrar?

Más o menos ese era el título de un libro y película que narraba la historia de la crisis de 2008, aquella que fue detonada por un otorgamiento de crédito irresponsable y que luego comercializaron para vender paquetes de esos créditos hasta el punto que gran parte del mundo tenía en su cartera hipotecas sin ningún sentido.
Le daban crédito a quien fuera y, sin hacer un estudio o análisis previo, esa persona adquiría dos o tres inmuebles –además de quien lo habitaba. Esas hipotecas malas se metieron a paquetes, las calificadoras las evaluaron bien, y muchos vieron un default en sus inversiones. Compañías de seguros, bancos, empresas automotrices, fondos de pensiones e inversionistas individuales vieron cómo esos activos se devaluaron.
El gobierno norteamericano tuvo que salir al rescate y en esta historia a la cual hago referencia en mi título, se ve cómo Lehman Brothers quiebra ante múltiples intentos de rescate, pero que después de mucha arrogancia y desacuerdo del entonces director general y presidente del consejo, logra desquiciar a quienes le ofrecían rescatar…hasta que la dejan quebrar.
Cuando el mundo ve que Lehman Brothers quiebra, el racional fue que todo puede quebrar. El efecto negativo o dominó que produjo esta quiebra no tuvo precedente y solo era comparable con aquella tremenda crisis del año 1929.
Cuando el gobierno norteamericano y la FED ven el desastre y el pánico, se dedican a rescatar todo y a salvar empresas emblemáticas y con mucha historia al punto de rescatar algunas que estaban peor que Lehman Brothers. Y esta historia que se titula como mi columna, se basa en que AIG (una aseguradora gigantesca), también es rescatada sobre todo por el pánico que implicaba verla morir, y entonces el mayor argumento para no volver a generar una crisis de confianza fue que ‘es demasiado grande para quebrar’. (Too big to fail)
Y refiero a este evento porque seguramente esta semana y en lo sucesivo tendremos mucho ruido en torno a esta empresa -enorme desarrolladora inmobiliaria en China-, denominada Evergrande; que tiene altas probabilidades de presentar un evento de no pago, o como lo conocemos en mercados, un default. Evergrande tiene una deuda que asciende a $300 mil millones de dólares.
Aquí hay varias consideraciones: la primera es que China es un sistema comunista mixto, no puro, y esto hace que el gobierno controle mucha información y muchas veces nos quita visibilidad de la verdadera situación de las empresas, el sistema financiero y muchos otros sectores. Otra consideración es que, en términos de reservas, China es el país más rico del mundo con más de tres trillones de dólares norteamericanos, así es que también se tiene la capacidad financiera para rescatarla, si fuera necesario.
En una primera instancia el gobierno afirmó que no lo haría. Si vemos hacia atrás esto es lógico: crecimientos de dos dígitos durante tanto tiempo, son insostenibles y un ajuste y una corrección es necesaria y consecuente a este auge tan impresionante. Yo creo que sí va a haber ruido en el mercado y que el evento puede traer ajustes, mismos que aprovecharía para entrar y comprar. También creo que dependiendo del tamaño del evento y contagio, pudiera reaccionar el gobierno.
Esta semana se reúne la FED y pienso que, para entonces, concretamente mañana, podrá hacer también algo para apoyar a que el contagio de este evento chino no sea mayor. ¿Cómo? Dejando para más tarde el corte de los estímulos o recompra de bonos, con un discurso benévolo.
@juansmusi​​​​​​​

Para que el trabajo profesional sea fecundo y eficaz

Con cierta frecuencia nos encontramos con personas que nos dicen que en su trabajo cotidiano experimentan aburrimiento, monotonía, rutina, pereza y ante un resfriado, un ligero desajuste estomacal o una pequeña desvelada dejan de ponerle intensidad a su actividad y comentan que no saben cómo superar esos obstáculos.

Conviene recordar que la personalidad humana posee razón y fuerza de voluntad al igual que los sentimientos. Es verdad que los estados de ánimo pueden ser volubles y tener altas y bajas, pero la fuerza de voluntad es la que debe imperar para vencer dichas dificultades. Por ello, hay que decidirse a enfrentar esa pasajera desgana con fortaleza y determinación, porque como dice el proverbio chino: “son meros tigres de papel”.

El célebre político inglés, Winston Churchill toda su vida padeció de una fuerte depresión nerviosa a la que denominó “su perro negro”. Pero comenta que en cuanto comenzaba a escribir un discurso o a redactar un artículo para la prensa o un nuevo capítulo para su próximo libro, recobraba la ilusión y terminaba bien su día. Satisfecho se decía así mismo: “Hoy he vencido a mi perro negro”.

Los trabajos que nos parecen arduos para poder realizarlos y que imaginamos que son como una especie de montaña, en cuanto nos concentramos en irlos resolviendo uno a uno, con paciencia y serenidad, nos damos cuenta que no son tan difíciles de resolver como inicialmente no daba esa impresión.

Al comenzar el día, conviene trazar un pequeño plan de los quehaceres prioritarios a realizar porque hoy en día es muy fácil evadirlos con tanto distractor, como el celular o las redes sociales, y se cae en el peligro de avocarse en asuntos secundarios, cuando lo importante -como se dice en términos taurinos- es “entrarle al toro por los cuernos”. Si no se sabe enfrentar lo que es prioritario y se pospone lo importante un día y otro día, de poco habrán servido esas jornadas.

¿Y los asuntos muy urgentes? Lo muy urgente debe de esperar porque una decisión precipitada puede llevarnos fácilmente a equivocarnos y podría tener serias consecuencias para la institución donde se labora. Dicho en otras palabras, esos asuntos conviene estudiarlos con calma para proponer la solución más acertada.

También en el trabajo debemos de ponernos metas realistas y optimistas porque caminar sin metas es como “tirar golpes al aire”. Una meta es un camino trazado, pensado y bien reflexionado.

Es interesante el ejemplo de Cristóbal Colón que buscando una ruta marítima hacia las Indias Orientales (Filipinas, China, India) encontró algo mucho mejor: el descubrimiento del Continente Americano. Tuvo una travesía muy accidentada en la que perdió el rumbo, pero luego lo recuperó. Por momentos los de la tripulación querían amotinarse, adueñarse de la nave y regresar a España. Colón los persuadió que ya estaban cerca de tierra firme y eso les animó.

A los pocos días, con aquel inolvidable grito del marinero Rodrigo de Triana: “¡Tierra a la vista!”, llegaron a la primera isla perteneciente a Santo Domingo y Haití que Colón le puso el nombre de “La Española”. Ahí los nativos le informaron que más adelante encontrarían la tierra firme del inmenso continente recién descubierto.

El ejemplo que nos dio Colón fue que siempre siguió adelante con optimismo, sin desánimos y, desde luego, su esfuerzo valió mucho la pena. Regresó con los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, para notificarles de su importante hallazgo y que era importante organizar nuevas expediciones para conocer la dimensión de los nuevos territorios.

Otro aspecto destacado en el trabajo consiste en aprovechar bien el tiempo, viviendo en primer lugar la puntualidad para rendir al máximo. Conocí al Dr. Carlos Llano Cifuentes, fundador del IPADE y la UP. Me llamaba mucho la atención que cada año publicara un nuevo libro. Un día le pregunté que cómo se organizaba para lograr ese importante logro en medio de tanto quehacer que tenía. Me respondió que evitaba perder su tiempo en internet, y que, si lo usaba, iba directo a encontrar la información que requería. Vivía el mismo criterio con respecto a las revistas y periódicos.

Me comentaba que los capítulos de sus libros los iba elaborando cuando los fines de semana subía los montes circundantes a la Ciudad de México –que era su gran afición- y al volver de regreso a su casa, anotaba las ideas centrales sobre lo que había reflexionado. De esta manera iba desarrollando y madurando su nuevo libro. Después elaboraba un borrador general de su publicación y finalmente se lo entregaba a un corrector de estilo.

Por otra parte, nos encontramos con “minutos heroicos” que debemos de vivir durante el día. Tanto al momento de iniciar la jornada como al concluir a tiempo para atender a la propia familia, que es otro importante trabajo que tenemos entre manos para dedicar el tiempo necesario a la esposa y a la atención de los hijos. Con ella, escucharla y cambiar las impresiones del día; ayudar a los hijos en sus tareas escolares; contribuir en las labores cotidianas del hogar. Otro “minuto heroico” es aprender a ir a descansar a la hora conveniente, de tal manera que se duerma el tiempo necesario para comenzar el día siguiente con nuevos bríos. En medio de todo, imprimir alegría y buen humor a nuestra labor diaria, de tal manera que se desee retornar con ilusión para sacar adelante las metas planeadas y contagiar de esa visión positiva a los colegas de la oficina. Con este enfoque, el trabajo jamás se considerará como un “peso insoportable” que hay que cumplir, sino como un gustoso quehacer que nos llena de entusiasmo y satisfacción.

Dos órdenes jurídicos paralelos

Una cosa que resulta absolutamente clara en nuestros días, es que el Derecho como fenómeno humano –y exclusivamente humano– no puede seguir siendo contemplado desde lo que podría llamarse una mirada “estatocéntrica”, esto es, como un orden jurídico emanado prioritaria o fundamentalmente del Estado, con un contenido autónomo.

            Muy por el contrario, en la actualidad existen un cúmulo de instancias internacionales que influyen cada vez más en nuestros ordenamientos jurídicos nacionales, ya sea instándolos a adoptar determinados contenidos, ya sea vedando normas internas, por no estar de acuerdo con su modo de ver y regular las cosas.

            De esta manera, hoy constituye una quimera pensar que un país estaría lo suficientemente “protegido” de influencias internacionales, por ejemplo, por poseer un sólido escudo de derechos fundamentales establecidos en su constitución. Ello, pues como se ha dicho, la permeabilidad de nuestros derechos nacionales va en aumento, pues existen cada vez más agentes internacionales de todo tipo –unos formales, otros no tanto–, que influyen en su contenido. En ocasiones, a través de normas vinculantes para los Estados, pero las más de las veces, gracias a la emisión de todo tipo de observaciones y recomendaciones (comprendidas dentro del llamado “soft law” internacional, esto es, disposiciones no vinculantes), que de alguna u otra manera, influyen en nuestros ordenamientos domésticos.

            En consecuencia, lo que hoy está ocurriendo en el fondo, es que existen dos órdenes jurídicos paralelos que afectan a nuestros países, uno nacional, emanado supuestamente del pueblo en caso de poseer un régimen democrático, y otro internacional, bastante difuso a decir verdad, surgido de un sinnúmero de organismos más o menos formales, compuesto de una infinidad de disposiciones tanto vinculantes como no vinculantes, y finalmente, carente de una unidad o coherencia material o de contenido entre unas disposiciones y otras, como pretende lograrse dentro de un ordenamiento jurídico nacional.

            Sin embargo, uno de los principales problemas de este orden foráneo que influye cada vez más en los nacionales, es su total falta de fiscalización, pues la ciudadanía no controla en absoluto (y ni siquiera conoce) la composición de los miembros de estos muchos y múltiples organismos internacionales (la ONU y sus aliados, la OEA, múltiples organismos formales, comités y comisiones de todo tipo, tribunales internacionales, ONGs casi infinitas, etc.). Además, estos organismos no son tampoco controlados por nadie en su labor (como en el Estado, en que en teoría unos poderes vigilan a otros), y finalmente, no responden por su tarea una vez concluida ésta.

            No obstante, pese a toda esta flagrante falta de control, la influencia de estos organismos no hace sino crecer día a día, al punto que los Estados son paulatinamente menos libres para decidir sus propios asuntos y se encuentran cada vez más amarrados por compromisos internacionales que sin embargo, con el tiempo obligan a más y más cosas, siendo difícil que esta haya sido la intención original al darles vida. En este sentido, casi daría la impresión que nos encontráramos al servicio de estas entidades.

            La gran pregunta que queda es sin embargo, si la ciudadanía ha dado su anuencia para terminar siendo tutelada prácticamente en todo por estos organismos que no la representan.

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

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