Revelaciones de un ex – comunista

En esta época en que se está debatiendo tanto sobre el Socialismo y el Comunismo, me pareció oportuno evocar el recuerdo de un líder que se decepcionó de esta ideología. Conocí a Don Eudocio Ravines en agosto de 1978. En su trato era amable y cordial. Tuve varios encuentros con él en los que -entre otros muchos temas- me hablaba de su vida pasada. Fue cuando me enteré que era político, escritor y periodista con gran prestigio en muchos países. Nació en Cajamarca, Perú en 1897 y falleció en circunstancias muy extrañas en enero de 1979. Unos periodistas sospechaban de los sandinistas de Nicaragua y otros pensaban que era una venganza de la izquierda internacional.

Don Eudocio militó en el comunismo, llegando a ser dirigente del Partico Comunista Peruano. Era de carácter apasionado y me contó cómo se inició el comunismo en su país y se unió al APRA (Alianza Popular Revolucionaria) y los esfuerzos que hizo para implantarlo en Chile. Me llamó mucho la atención cuando me dijo que las órdenes para su actuación política y de los demás compañeros las recibían directamente desde el Kremlin.

En su período de líder comunista influyó en su pensamiento el político, escritor, activista y periodista, José Carlos Mariátegui. Asistió a varios congresos internacionales comunistas, entre otros, en Berlín y Frankfurt, Alemania. Fundó el semanario “Vanguardia” desde donde criticó duramente al Presidente de la República, lo mismo que desde el diario “La Razón” y, a consecuencia de ello, fue expulsado del Perú.

Por esos años, el Kremlin lo invitó a conocer la U.R.S.S. (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). Ahí le tenían organizado un viaje en sitios minuciosamente preparados para causarle una buena impresión. Pero, Don Eudocio, con gran sagacidad, logró que le autorizaran conocer el mundo agrícola e industrial de las ciudades de provincia con la excusa de que quería escribir un libro sobre Rusia y quería conocerla desde sus entrañas. Por aquellos años gobernaba ese enorme país, José Stalin.

Fue cuando se desencantó del comunismo, al observar que el colectivismo no funcionaba en absoluto. Me relató, por ejemplo, que en una fábrica de coches no podían salir al mercado porque las llantas, que otra industria les envió, no eran del tamaño de las que se necesitaba. Lo mismo sucedió con varias piezas que esperaban de otra industria para los coches, pero venían defectuosas e inservibles. El resultado fue que observó que decenas y decenas de coches estaban inmovilizados, con muy pocas esperanzas de resolver esa situación por la lentísima burocracia imperante.

Otro ejemplo que me contó fue que en algunos campos agrícolas colectivos (“Koljós”) que sembraban papas, al momento de la cosecha y comunicar la ciudad encargada que enviaran camiones a recogerlas para continuar con el ciclo de producción resulta que, por la burocracia, nunca llegaron dichos camiones y la cosecha entera de papas lamentablemente se perdía. Y eso se repetía constantemente. Me relató muchos otros increíbles ejemplos de los defectos del colectivismo. Por aquellos años gobernaba al enorme país, José Stalin.

Cuando concluyó su trabajo de investigación sobre la provincia rusa, no informó nada de las graves fallas que había encontrado. Simplemente comunicó a las autoridades del Kremlin que necesitaba suficiente tiempo para redactar y pulir su libro. Y que preferiría regresar a América.

Como lo consideraban un comunista de absoluta confianza, le permitieron regresar al Perú. Pero Don Eudocio, hizo unas triangulaciones en sus vuelos y arribó a Washington, D. C. Gracias a sus contactos, logró entrevistarse con una alta autoridad norteamericana y le explicó su desilusión del comunismo y que había anotado mucha información confidencial para dar a conocer a la opinión pública que el sistema soviético era un gran fracaso.

A continuación, esas autoridades le dieron amplias facilidades para que escribiera su libro. Además, le proporcionaron abundante material que ellos habían recabado. Es decir, a Don Eudocio le permitieron acceder a sus archivos y pudo redactar su interesante libro, titulado: “La Gran Estafa”. Publicado primero en inglés en 1951 y luego en español en 1952.

Fue todo un acontecimiento la publicación de ese libro porque dio a conocer -de primera mano- muchos hechos que las naciones de Occidente desconocían. Don Eudocio tuvo la amabilidad de obsequiarme un ejemplar y cuando lo leí, pudimos conversar largamente sobre su contenido. La verdad es que yo no daba crédito a tantas y graves fallas en la Economía, en el Sector Agrícola e Industrial de la U.R.S.S. Porque, por esos años, el pueblo ruso sufría de una hambruna tremenda, como consecuencia de esa desorganización e ineficacia en el modo habitual de funcionar en el campo colectivo y en las empresas del Estado.

A partir de 1951 en que publicó su revelador libro. Fueron 18 largos años en que recibió continuas advertencias de muerte, sobre todo por teléfono y de modo anónimo.

Hacia 1978, Don Eudocio me comentó que estaba recibiendo muchas más amenazas de muerte porque con sus artículos de prensa criticaba duramente al Frente Sandinista de Liberación Nacional y notaba que los que le llamaban tenían el acento típico de esa tierra. Sin embargo, era un hombre valiente y no daba mayor importancia a esas tácticas intimidatorias.

Por aquellos años él trabajaba en “El Heraldo de México” y era el encargado de la sección de los antiguos télexs. Además, diariamente publicaba un artículo en las páginas editoriales de esta publicación. Estaba casado y había procreado un hijo. Vivía en los Multifamiliares de Tlaltelolco. Y fue ahí precisamente, un 25 de enero de 1979, cuando un coche lo arrolló en una de esas calles internas y poco transitadas. Con tantas amenazas telefónicas de los sandinistas, todos los que lo conocíamos y apreciábamos atribuimos ese crimen a los comunistas de Nicaragua.

Sin duda, Don Eudocio Ravines “murió en la trinchera” -como se dice- cumpliendo con su deber como periodista. Nunca temió a sus adversarios y es un ejemplo de un escritor valiente y comprometido con la verdad.

El socialismo: ¿”un paraíso terrenal”?

Es indudable que en nuestro país se está construyendo un “socialismo a la mexicana” con todas sus consecuencias. ¿Pero qué es el Socialismo? ¿Cómo ha evolucionado a lo largo de la historia?

En sus orígenes el Socialismo prometía un mundo de armonía y abundancia. Compartiendo la propiedad y realizando una distribución de forma equitativa. Esta teoría se propagó rápidamente por Europa y Estados Unidos. Planteando una utopía sobre un supuesto “Paraíso Terrenal”. Lo que a la postre, Karl Marx lo denominó “El Paraíso Rojo”. Existía la fe en progreso humano sin límites, fundamentado en la ciencia y el pensamiento racional y dejando fuera a la Religión.

Desde principios del siglo XIX, un empresario, filántropo y teórico socialista inglés, Robert Owen (1771-1858), quien fue considerado el padre del socialismo, difundió sus novedosas ideas, primero en su fábrica en Escocia y, luego, en 1828 en la Unión Americana donde fundó una colonia, “New Harmony” (Indiana), en la que pretendió concretar su experimento social basado en el cooperativismo y la fraternidad humana. Pero ese proyecto terminó fracasando rotundamente.

Sin embargo, su pensamiento influyó en Fiedrich Engels (1820-1895) filósofo, periodista y revolucionario alemán y otros filósofos franceses y alemanes. Engels publicaba un periódico donde difundía, a través de sus artículos, sus teorías socialistas. Karl Marx (1818-1883) filósofo y periodista alemán, se identificó de inmediato con Engels, entró en contacto con él y se hicieron amigos. Al punto que económicamente lo sostenía, le animó redactar su doctrina y le patrocinó la publicación del libro “El Capital” (primera parte). Tanto Engels como Marx desarrollaron el socialismo científico y el comunismo moderno porque coincidían en la doctrina de la alienación de la clase obrera, de la lucha de clases y la concepción materialista de la historia. En coautoría publicaron “El Manifiesto Comunista” que tuvo especial resonancia en Europa.

Esas ideas fueron calando en algunos intelectuales y líderes políticos, como Vladimir Lenin (1870-1924) revolucionario, teórico político, filósofo y líder comunista ruso. Pero detengámonos en el caso de Rusia por su particular trascendencia mundial. Por esos años, gobernaba en Rusia, el Zar Nicolás II (1868-1918), el último Emperador. Pero su desempeño político fue desafortunado tanto en el manejo de la  la economía como de la milicia. Empujó a su país a combatir en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) pero el ejército no contaba con la preparación adecuada ni con las armas modernas para derrotar a los alemanes. Reinaba en Rusia un clima de descontento generalizado hacia el Zar. Esta situación la supo aprovechar Lenin y en octubre de 1917 inició la revolución bolchevique en la que el Zar se vio obligado a dimitir. Pronto el Zar y toda su familia murieron fusilados.

Quedó al frente del Gobierno Provisional, Alejandro Kerensky. Pero en poco tiempo, Lenin se hizo con el poder total y gobernó desde 1917 a 1924. Aplicó a Rusia la doctrina de Karl Marx y fue lo que se llamó “el marxismo-leninismo”. Lenin gobernó con mano férrea para poder preservarse en el poder y con la ayuda de León Trosky y José Stalin lograron establecer un gobierno comunista. Así la revolución de fue extendiendo por muchos otros territorios vecinos. Constituyendo lo que posteriormente se denominaría como la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas de 1922 a 1991.

A la muerte de Lenin, le sustituyó José Stalin creando un gobierno del terror en el que murieron asesinadas más de 20 millones de personas. Muchos fueron a parar a cárceles inhumanas denominadas “Gulags”. Al término de la II Guerra Mundial (de 1945 a 1991), el Comunismo se extendió por Europa Central y del Este, y comenzó la llamada “Guerra Fría” contra Estados Unidos.

La consigna de Lenin era extender el comunismo por todo el orbe. Así tenemos los casos de China con Mao Tse Tung (Maoísmo), en Cuba con Fidel Castro, en Chile con Salvador Allende (1970-1973), en Nicaragua con Daniel Ortega, en Venezuela con Hugo Chávez y Nicolás Maduro (el “Chavismo”).

Pero el Comunismo en la U.R.S.S. se desmanteló ante el clamor popular de los rusos pidiendo libertad y respeto a los derechos humanos. Durante el gobierno de Mijail Gorvachov proclamó la “Perestroika” y la “Glasnot” (transparencia) para lograr tener una mayor apertura hacia los países del bloque occidental.

Su sucesor, Boris Yeltsin se encargó de prohibir el Partido Comunista en Rusia y proclamar la autonomía e independencia de cada República. A partir de entonces, en Rusia y las otras repúblicas se respiraron nuevos aires de libertad y se han dedicado a impulsar su propia economía, con un sorprendente desarrollo y alto nivel de vida. El actual Presidente de Rusia Vladimir Putin ha impulsado el desarrollo económico y las libertades ciudadanas en este sufrido país, aunque se le acuse de ser un gobernante que se ha perpetuado en el poder. Fundamentalmente es criticado por los Estados Unidos por no someterse a su influencia y mantener su autonomía propia. Putin no ha permitido que se introduzca el “capitalismo salvaje” ni la ideología de género ni la pornografía ni los antivalores a través de la educación y los medios de comunicación.

Recibió gran influencia ideológica del escritor ruso Solzhenitsyn, Premio Nobel de Literatura 1970, quien le recomendó conservar los valores tradicionales y multiseculares de Rusia y no permitir que se vea influenciada por la innegable decadencia de Occidente.

En la U.R.S.S. la economía estatizada estaba prácticamente paralizada. Era como un “cadáver que había que enterrar”, en frase de Aleksandr Solzhenitsyn. Aquel “Paraíso Rojo” socialista, concebido por Marx y Lenin, había fracasado estrepitosamente. Esto es lo que le espera al “socialismo a la mexicana”.

La Carta de Madrid, el liberalismo y el católico

“El liberalismo resulta desfavorable a la libertad porque ignora las restricciones que la libertad debe imponerse para no destruirse a sí misma”. Nicolás Gómez Dávila

A principios de mes se llevo a cabo en el Senado de la República el evento “De la mujer embarazada en estado vulnerable” organizado Julen Rementería quien apuesta por la Ley DIF; evento en el cual participaron invitados como Santiago Abascal (líder del partido VOX de España), Agustín Laje (activista), Mamella Fiallo (escritora ecuatoriana), Guadalupe Batallán (activista próvida y reciente conversa al catolicismo). Ese mismo día fue firmado un documento llamado la Carta de Madrid que es un compromiso de frenar el avance del comunismo en la Iberósfera (se refiere a la comunidad de naciones libres que comparten una herencia cultural; en términos generales hablamos de Iberoamérica).

El documento denuncia que una parte de la región de Iberoamérica está secuestrada por regímenes totalitarios de inspiración comunista; afirma la defensa de nuestras libertades; afirma que los elementos que garantizan el buen funcionamiento de la sociedad tales como el Estado de Derecho, separación de poderes, la libertad de expresión y la propiedad privada deben ser especialmente protegidos. Y por último, que el futuro de la región deberá estar basado en el respeto a la democracia, los derechos humanos, el pluralismo, la dignidad humana y la justicia. Llama a tomar acción frente a la amenaza comunista.

Entre los firmantes de la carta se halla Eduardo Verástegui (activista provida), Elsa Méndez (Diputada Local en el Congreso del Estado de Queretáro) y Lilly Téllez (Senadora del Congreso de la Unión) quien más tarde se desmarco de VOX y externo su arrepentimiento por firmar la Carta de Madrid, llamándolo un error al igual que aquella ocasión en que dio su apoyo a Andrés Manuel López Obrador. Lo anterior desató varias críticas hacia su persona, desde ser cobarde, incongruente, fascista, vende patrias, entre otros calificativos. La principal crítica estriba en no poder sostener su palabra.

Pero disculparse por apoyar ambos extremos ha sido acertado aunque sus razones son erradas  basándose en el rechazo del extremismo y a favor de la reconciliación, el centro. El eclecticismo es un cáncer al elegir un sistema de gobierno para nuestra patria: no hay posibilidad de conciliar ideologías que son malas per se; la posición intermedia no ayuda en absoluto a la causa del bien común. Al comunismo no se le combate con liberalismo, del cual está impregnada la Carta de Madrid que mezcla luchas loables como la defensa de la familia y la patria con otras que hay que mantener a raya como la  defensa de las libertades, pluralismo, derechos humanos, términos tan amplios como deformados.

Es un gran yerro que el católico promedio considere mejor el capitalismo que el comunismo, la “libertad” que la prisión. Al tener el ejemplo de Cuba y Estados Unidos ¿quién querría el comunismo que ha martillado naciones enteras? y ¿quién no querría la “libertad” y la “prosperidad” del vecino país del norte? El católico despreocupado de su formación, habituado a ver estos ejemplos no concibe mejor sistema de gobierno el capitalismo liberal. Pero ambos sistemas esclavizan al hombre, sea por la fuerza o por métodos pacíficos; ambos demuelen las estructuras en el ámbito económico, social, político, familiar, llegando al terreno moral y religioso.

Entonces ¿qué debería hacer el católico? Buscar el bien común en todos los ámbitos de la vida. ¡Qué utópico y ambiguo! No, aunque sí difícil porque implica ordenar la propia vida y a la sociedad en conjunto; implica dejar de medir el bienestar en función de la utilidad y materialismo; implica formar la consciencia en el reinado social cristiano; implica dejar de exigir “las libertades” desde el liberalismo y empezar a vivir la libertad en el marco de la moral cristiana; implica identificar y saber rechazar las soluciones que el comunismo y capitalismo liberal nos presentan; implica dejar el ostracismo y comenzar a movernos para formar frentes que realmente sean opción.

Hermann Terstch describe bien la ideología de VOX en varios tuits, afirmando también que éste partido “es el futuro y une a toda América la Hispanidad”, temo decir que si el católico insiste en seguir a los liberales entonces en verdad ése será el futuro. Pero la unidad de Hispanoamérica solo puede ser dada en el reinado social cristiano, por tanto, yerran los que apoyan la Carta de Madrid, los que apoyan el liberalismo, los que prefieren quedarse en el centro evitando extremismos y los que no trabajan para presentar batalla desde la única opción posible mencionada.  Pero el yerro aún puede corregirse…

Corea del Sur y su guerra más sanguinaria: el aborto

“Los hombres no pueden mejorar la sociedad prendiéndole fuego: deben buscar sus viejas virtudes y traerlas de nuevo a la luz” Russell Kirk

En 1945 al término de la Segunda Guerra Mundial, Corea fue ocupada por fuerzas estadounidenses y soviéticas, cuyas zonas estaban separadas por el paralelo 38. Tres años después los comunistas habrían de proclamar una república popular en la zona norte que ellos ocupaban. Más tarde, en 1950 la zona norte atacaría sorpresivamente a la zona sur, dado que los comunistas querían dominar la totalidad de la península. Corea se vería hundida en una guerra sangrienta y dolorosa por tres largos años.

Al terminar ésta, Corea del Sur promulgaría un Código Penal que prohibía el aborto bajo cualquier circunstancia; quedaba claro que la perdida de incontables vidas había afectado profundamente a la nación; no podían permitirse más perdidas humanas. Sin embargo, en 1973, a través de la Ley de Salud Materna e Infantil se permitió realizar abortos en situaciones tales como enfermedad genética, violación, incesto o poner en riesgo la vida de la madre. El país asiático abría así, la rendija a la cultura de la muerte. Esa fractura en la defensa de la vida sería algo que tarde o temprano reflejaría sus consecuencias.

El 30 de diciembre del año pasado, mientras todos volteábamos hacia Argentina por la legalización del aborto hasta la semana 14 de gestación e incluso hasta los 9 meses en casos específicos; en Corea del Sur sucedía lo mismo a partir del 1o de enero de este año. Una noticia sumamente dolorosa, tanto más si nos enteramos de que en Corea del Sur existe la particularidad de contar la edad de una persona sumando los 9 meses de gestación (cerrándolo a 1 año). Daba cuenta de la importancia de la vida del bebé en el vientre materno.

Este país es hoy uno de los gigantes de la tecnología, convirtiéndose en una de las economías más grandes del mundo; han exportado al mundo la llamada “ola coreana” que incluye sus producciones televisivas; sus grupos juveniles de música pop conocida como el K-pop, su gastronomía, cultura tradicional, literatura, afecto por su idioma; sus producciones cinematográficas que a últimos años ha concentrado los reflectores logrando ganar el premio Oscar en 2019 con la nefasta película “Parásitos” etcétera. La industria ha sabido vender al mundo un rostro atractivo de la cultura coreana.

La otra cara de la moneda es que esta entre los países con menor tasa de natalidad. A ello se suma que para reducir los abortos selectivos, el gobierno promulgo en 1988 una ley que prohibía a los doctores dar a conocer el sexo del bebé en gestación, dada la enorme diferencia de nacimientos de niñas con respecto a niños (en aquel entonces 116.5 niños por cada 100 niñas); su eslogan fue “Una hija vale por diez hijos”. Que en la industria del entretenimiento, los casos de abusos sexuales son cada vez más comunes; que los suicidios han aumentado entre las estrellas de la música y de la televisión.

De haber padecido la humillante ocupación y represión japonesa el siglo pasado; de conocer los horrores de una guerra entre hermanos; de haber renacido de entre las cenizas y convertirse en un país fuerte, Corea del Sur se dirige hoy con paso firme hacia la destrucción de su sociedad mediante el asesinato en el vientre materno. El país asiático es el mejor ejemplo del estado denigrante al que puede llegar una nación otrora sojuzgada y ahora tan orgullosa y pagada de sí misma. A estas alturas apenas nada podría diferenciarla de su hermana comunista Corea del Norte que tanta aversión causa al mundo occidental. He aquí al Capitalismo y Comunismo aniquilando por igual naciones enteras.

Cuando se deslumbre por el estilo de vida de una sociedad, por su tecnología, por su cultura, gastronomía, cinematografía o música, procure tomar en cuenta antes el aspecto más importante: el humano. Porque en el trato dado a los más inocentes es que se decide el futuro de una nación. Vale la pena preguntarse ¿Qué vamos a hacer? Seremos conocidos como la generación más genocida de la historia; la que teniendo antepasados que sobrevivieron guerras y pestes, hoy en plena paz contamina sociedades enteras; la que llevo la guerra a sus propios hogares mediante el asesinato en el vientre materno.

¿Hay alguna solución que nos salve de un nefasto destino? Sí, dejar de matar a nuestros propios hijos; solo así recuperaremos nuestra alma y lo demás vendrá por añadidura…

El católico progresista: entre el capitalismo y comunismo

“Al rechazar los progresistas la civilización cristiana, rechazan los derechos de la Realeza de Cristo sobre el orden temporal de la vida pública; es decir, sobre las familias, los grupos sociales, los sindicatos, las empresas, las naciones y el mundo internacional. Derecho de la Realeza de Cristo, a que el orden temporal se conforme a las enseñanzas y a la legislación de la enseñanza cristiana. Al rechazar la necesidad de trabajar para la implantación de un orden social cristiano, los progresistas verse obligados a aceptar la ciudad laicista, liberal, socialista o comunista, de la civilización moderna. Aquí radica el verdadero error y desviación del progresismo cristiano, en buscar la alianza de la Iglesia con el mundo moderno”. (Pbro. Julio Meinvielle)

 

No pocos basan la superioridad de una nación en la cuestión material, en el avance tecnológico, el poder armamentista, el nivel educativo promedio, la baja tasa de natalidad; la riqueza musical, gastronómica y cultural, etcétera. Suele pensarse que el país en que nacemos es el mejor de todos, ya sea porque lo vemos con una mirada sentimental o porque en verdad lo creemos, aunque sepamos que se halle en desventaja cuando se manejan los estándares anteriores. Sin embargo al observar la realidad, lo que se esperaría es que seamos capaces de reconocer las limitaciones o ventajas de la nación en que nacemos y crecemos; ello incluye el pasado.

Lo anterior viene a colación después de ver la opinión cada vez más común, -especialmente entre católicos- respecto a las “ventajas” del Capitalismo sobre el Comunismo; de lo bien que estamos en el Capitalismo, contrario a los que viven en el Comunismo; otros más refiriendo lo prospero de las naciones protestantes a diferencia de las naciones católicas. Hacen bien en señalarlo, pero sin olvidar una sencilla causa: la usura. Ésta si bien no es reciente y ha sido ejercida especialmente por judíos; fue algo que en las naciones protestantes se practicó asiduamente, produjo el capitalismo industrial que aunado a la banca usurera fueron los pilares de la civilización protestante. Mientras tanto, en las naciones católicas la usura estaba restringida por ser en sí misma un mal.

Ahora bien, la aplicación de principios económicos liberales resulto en la degradación de la condición de vida de la clase obrera. He aquí que a mediados del siglo XIX aparecería el manifiesto comunista cuyas tácticas intentaron implantarse en naciones como Francia, Alemania, Austria, Italia y desde luego, Rusia; todo ello sin éxito. Llegado el siglo XX ésta ideología totalitaria vería su gran momento en el que martillaría naciones enteras bajo el nombre de Comunismo. Fue presentado como la solución al Capitalismo; proclamando que acabaría con la pobreza, pero destruyendo a la familia y la propiedad privada; fue el autor de millones de asesinatos; se expandió en varias naciones aplastándolas. Todo ello sucedió frente a los ojos del Capitalismo y peor aún, con el consentimiento de éste.

El católico debe entender que el Capitalismo es la opresión sin violencia y el Comunismo es la opresión conseguida violentamente. Ambos fracturan las estructuras en el ámbito social, político, económico, alcanzando el terreno moral y religioso. Para aquellos que aseguran la superioridad de Estados Unidos, no deben olvidar que su Declaración de Independencia tiene la marca del Enciclopedismo (que proclamo la superioridad de la razón frente a la tradición y la fe), así como la huella de la Ilustración (la descristianización a través de la “autonomía del pensamiento”, separándola de la fe católica). Desde su fundación hasta nuestros días, Estados Unidos ha sido el lugar donde anida y es lanzado al mundo todo aquello que combate a Dios y a la civilización cristiana: protestantismo, masonería, liberalismo, capitalismo y comunismo.

La Iglesia Católica consciente del peligro ha denunciado a cada momento la calamidad que significó el aplicar principios liberales en la economía. El mundo vería la luz de nuestra madre Iglesia con la aparición de encíclicas como Rerum Novaraum, Libertas praestantissimum (SS León XIII), Quadragesimo anno (SS Pío IX), Centesimus annus (San Juan Pablo II), Caritas in Veritate (SS Benedicto XVI). Por tanto es incongruente la posición de muchos católicos liberales, progresistas o con un pasado protestante (del cual no logran desprenderse), al combatir el comunismo y sentirse orgullosos del capitalismo en que viven; alabar naciones en términos de “libertad, justicia y materialismo”, desconociendo aquello sobre lo que fueron fundadas.

Y resulta absurdo cuando es evidente la incompatibilidad de ambas ideologías totalitarias con la visión cristiana respecto a la economía que la Iglesia Católica ha manifestado siempre; ambos sistemas esclavizan al hombre despojándolo de toda dignidad. La globalización por medio de ellos pasa por encima de cada nación y su soberanía, por cuanto olvidan la búsqueda del bien individual y común en los términos de Dios. Capitalismo y Comunismo son las cabezas de un mismo monstruo diseñado desde el principio para dominar el mundo.

El ataque al reinado social de Cristo que hoy padecemos, es el más letal que se haya visto jamás, de tal magnitud que ha obnubilado la fe y la razón de muchos católicos. La cura se halla en el retorno a la doctrina católica tan vilipendiada hoy en día; pero aún no es tarde…

El mito del “Che” Guevara

Pocos personajes en la historia contemporánea han sido tan manipulados ante la opinión pública como la vida del guerrillero cubano-argentino, Comandante Ernesto “Che” Guevara (1928-1967).

Su famosa fotografía tomada por Alberto Korda con su boina, cabellos largos y barba desaliñada ha dado la vuelta al mundo. Y se ha reproducido en chamarras y playeras juveniles, pancartas, mantas, posters y suelen aparecer casi en cualquier manifestación de protesta o reclamos populares. Se le tiene considerado como a un libertador, un héroe, un idealista que luchó por la justicia social.

Con un poco de análisis e investigación, fácilmente se deduce que se ha falseado su biografía. Así lo exponen libros como: “La cara oculta del Che” de Jacobo Machover; “Máquina de matar” de Nicolás Márquez; “Las últimas horas del Che” de Juan José Benítez. También en www.youtube.com existen un buen número de testimonios de personas que lo conocieron o trataron.

En 1956, junto con Fidel Castro (1926-2016), su hermano Raúl y otros revolucionarios desembarcaron en la isla. Se cuenta que el “Che” alcanzó popularidad por sus actos de audacia en los combates que se libraron lo mismo que Camilo Cienfuegos, Juan Almeida, Huber Matos y otros más. El primero de enero de 1959 los rebeldes lograron derrocar al dictador Fulgencio Batista.

Pero pronto el “Che” comenzó a tener serias diferencias con Fidel Castro sobre el modo de gobernar. Por ejemplo, en la crisis de los misiles de octubre de 1962 entre Cuba y la U.R.S.S. contra Estados Unidos era partidario de que estallara una guerra nuclear.

Nunca estuvo de acuerdo en que Castro apoyara la política de los rusos en su relación con la Unión Americana en la famosa “Coexistencia Pacífica” para evitar tener conflagraciones durante “La Guerra Fría”. También estaba convencido de que en Rusia se había pervertido el auténtico sentido del Comunismo y, en su particular opinión, un correcto enfoque debería de ser imitar el Comunismo de Mao Tse-tung o el Maoísmo, con una línea más radical y extremista.

La década de los años sesenta en la historia de Cuba ha sido, sin duda, la más sangrienta. El “Che” tuvo un papel protagónico para realizar crímenes a sangre fría y sin juicio previo, fusilamientos, encarcelamientos, confiscaciones de bienes materiales, robos, abusos, exilio forzoso a políticos y figuras relevantes lo mismo que a sacerdotes y religiosos,

El “Che” puso en marcha varios campos de trabajos forzados (o de concentración) en los que se encerraron a los homosexuales, a cualquier persona que se sospechara que no era confiable para el régimen, a sacerdotes, etc. A muchos se les torturó y asesinó. Alguna vez el “Che” declaró que para ser un verdadero revolucionario no había que tener compasión sino ser “una máquina de matar”.

Algunos biógrafos suyos aseguran que personalmente mató a más de 500 personas. Por ello es que sus estudiosos lo consideran como un desequilibrado mental, sumamente violento, agresivo, prepotente, que no admitía que nadie le llevara la contraría o quisiera dialogar sobre un asunto determinado. Su voluntad se imponía siempre sobre la de los demás, menos con la de Fidel Castro.

Por otra parte, su desempeño en el Banco Nacional, el Instituto de la Reforma Agraria y el Ministerio de la Industria llevaron a la economía cubana a un completo fracaso. Pero el “Che” nunca reconoció sus errores políticos ni económicos.

Se comenta que los ataques del “Che” a Rusia eran tan frecuentes y enardecidos que dirigentes del Kremlin conversaron privadamente con Fidel para exponerle que si continuaban esos ataques, la U. R. S. S. dejaría de brindar toda ayuda económica, política y militar a la isla. Y que pensara en el modo de deshacerse de él.

Fue entonces cuando Fidel convenció al “Che” de exportar la revolución marxista al África, concretamente al Congo. Pero al poco tiempo, esas fuerzas guerrilleras fracasaron. Posteriormente, Castro envió al “Che” a emprender la revolución en Bolivia con destino final en dar un golpe de estado en Argentina, la patria del “Che”. Y esto le animó a realizar esta aventura.

Ya en la selva boliviana, el “Che” se dio cuenta que el servicio de inteligencia cubano le había proporcionado planos falsos y que no le llegaron ni las armas ni los alimentos prometidos. Fue entonces cuando el Comandante Guevara comenzó a sospechar que en realidad se trataba de una traición.

Finalmente existen versiones muy encontradas sobre quienes ejecutaron al “Che” en medio de la selva en 1967. Unos aseguran que fueron agentes de la CIA, otros sostienen que el propio Fidel lo mandó ejecutar o que fue el ejército boliviano.

El hecho es que el icono o la imagen pública que se ha creado en torno a Ernesto “Che” Guevara nada tiene que ver con la realidad. Más bien, han sido los grupos de la izquierda internacional quienes lo han tomado como estandarte o modelo para impulsar la lucha de clases en muchos países mediante la violencia y las armas.

Fidel Castro, el marxismo “tropical” y sus nexos con Venezuela y AMLO

Corrían los primeros años de la década de los años sesenta. Estudiaba en el Instituto La Salle de Ciudad Obregón, Sonora. La mayoría de los profesores eran Hermanos de las Escuelas Cristianas de nacionalidad mexicana.

De pronto, de modo sorpresivo, comenzaron a llegar a este centro educativo varios hermanos lasallistas procedentes de Cuba. Me relataron de viva voz lo siguiente: 1) Con el triunfo de la revolución cubana y la caída de Fulgencio Batista, el primero de enero de 1959, existía gran incertidumbre con respecto al comportamiento hacia la Iglesia y a los empresarios por parte del Comandante Fidel Castro. Pronto los llamó en pequeños grupos y les fue diciendo que se tranquilizaran que no les ocurriría nada malo ni se tomarían represalias contra ellos, si eran fieles seguidores del régimen. Y que tanto los empresarios podían continuar con sus industrias y negocios como antes de la revolución y los clérigos, religiosos, Hermanos y sacerdotes serían respetados absolutamente, puesto que el mismo Fidel –como expresamente lo comentó- estaba muy agradecido con la formación recibida en los colegios lasallistas.

Recuerdo varias fotografías suyas en la entonces popular revista “Life” en las que este líder cubano posaba muy sonriente ante las cámaras portando en su cuello, de manera ostentosa, numerosos rosarios, escapularios y medallas. Se confesaba abiertamente católico y, además, sostenía que su permanencia política en el poder era temporal, ya que únicamente había buscado derrocar al injusto y prepotente dictador Batista, asunto en que no le faltaba razón.

Sin embargo, poco a poco, se fueron conociendo sus verdaderas intenciones: 1) Instaurar en la isla caribeña el sistema marxista-leninista, con la ayuda de la Rusia comunista; 2) perpetuarse de por vida en el poder político; 3) nacionalizar empresas, industrias y comercios; 4) El ejército y el servicio secreto eran el permanente opresor de los ciudadanos para mantener el orden social; 5) Se establecieron medidas extremadamente duras contra los “sospechosos” de conspirar contra el régimen, de tal manera, que miles y miles fueron condenados –muchas veces sin juicios previos- a ser fusilados, exiliados o encarcelados. 6) Con respecto a la Iglesia Católica traicionó todas sus afirmaciones y acuerdos e inició una feroz persecución contra los católicos.

Así las cosas, los Hermanos lasallistas, según ellos mismos me relataron, fueron convocados un inesperado día a las oficinas de Fidel Castro y, sin más diálogo, les comunicó su inflexible decisión de que en 48 horas deberían abandonar la isla, so pena de ser detenidos y encarcelados, si desobedecían a sus órdenes. Estos Hermanos sólo tuvieron tiempo de preparar sus maletas y salir a toda prisa de Cuba, dejando varios colegios de gran solera y tradición que por muchos años habían contribuido a la formación de la niñez y juventud cubanas.

Su bandera de que “gobernaría sólo para el pueblo y con la determinación del pueblo”, pronto se descubrió que era una falacia. Ya que nunca se instaló un gobierno demócrata, no hubo verdaderas y libres elecciones y, con tanta demagogia, pronto la economía se fue a la quiebra.

Afirmaba Fidel Castro que él era un ciudadano más y que padecía las mismas carencias materiales que sus restantes compatriotas. Para comprobar que se trataban de meras falsedades, les animo a ver en www.youtube.com, los siguiente videos: 1) “Las mansiones de Fidel Castro”, reportaje de la comunicadora María Elvira; 2) “La vida de lujo de los Castro” elaborado por el reconocido periodista Jorge Ramos; 3) “Desvelada la vida de lujo de Fidel Castro” (“América Tevé”) testimonio oral de Juan Reinaldo Sánchez basado en su libro. En resumen, importantes y antiguos colaboradores de Fidel Castro informan y denuncian con valentía que Fidel, Raúl y toda la familia Castro vivían una “doble vida”, como unos “burgueses millonarios” mientras el pueblo pasaba hambre y carencias de todo tipo.

No olvidemos que el dictador comunista venezolano Hugo Chávez y, después, su sucesor Nicolás Maduro, establecieron un puente de ayuda mutua económica y política con Cuba para consolidar el régimen marxista en Venezuela.

Por otra parte, tanto Andrés Manuel López Obrador y todos sus más estrechos colaboradores han afirmado, en reiteradas ocasiones, su enorme admiración y simpatía por el marxismo-leninismo de Fidel y Raúl Castro, y el actual sucesor, en Cuba, así como por los gobiernos totalitarios de Hugo Chávez y, posteriormente, de Nicolás Maduro en Venezuela.

¿Se puede esperar una actitud diferente de López Obrador, y su equipo de trabajo, en caso de que el tabasqueño llegue a la Presidencia de México? Ya habló en fecha reciente con los empresarios y les prometió “el cielo, la luna y las estrellas”. ¿Podemos caer en la ingenuidad de confiar a ciegas en quienes tienen como modelos de su actuación política en dirigentes que han sido fieles seguidores de Carlos Marx y Vladimir Lenin?

¡Qué importante es que medites con calma tu voto, en forma razonada, en las próximas elecciones presidenciales! Porque nos estamos jugando el futuro de México y sus libertades democráticas.

COMO QUEMARSE CON FUEGO

Recientemente, un parlamentario chileno fue detenido en Cuba por participar en una marcha opositora al régimen y ha protestado indignado por el trato recibido, exigiendo un reclamo formal del gobierno por este incidente.

            Ahora, más allá de la justa indignación, lo que nos llama la atención es la sorpresa con que muchos han visto este episodio, casi extrañándose de lo sucedido. Mas, ¿tiene algo de raro?

            En realidad, no: es la típica y previsible conducta de un gobierno totalitario que desconoce los derechos y libertades más elementales y que con el pretexto de una misión mesiánica, pisotea la dignidad de su gente. De ahí que llame la atención la sorpresa de algunos, al punto que es como extrañarse de haberse quemado con fuego.

            Por lo mismo, resulta fundamental aprender (y evidentemente, antes saber) de la historia, pues sus lecciones al menos pueden aminorar, si bien no asegurar, el riesgo de tropezar dos veces con la misma piedra. Y la historia, bien contada y sin tapujos ideológicos, muestra que el comunismo ha sido el régimen más opresivo y despótico de la historia humana y el máximo violador de los derechos humanos, sea lo que fuere que hoy se entienda por ellos. Y como dice el refrán, “a confesión de parte, relevo de prueba”, razón por la cual basta con el testimonio del “Libro Negro del Comunismo”, que reconoce que gracias a esta ideología, al menos cien millones de personas fueron masacradas durante el siglo XX.

            Es por lo mismo que cualquiera que se diga defensor de los derechos humanos, debiera poner un grito en el cielo por la situación de la isla; mas curiosamente, se da muy a menudo lo contrario: un sospechoso silencio, cuando no admiración o incluso apoyo por el modo en que hacen las cosas en ese país. ¿Cómo es posible?

            Lo anterior quiere decir que no todo lo que brilla es oro: no basta con apropiarse de la bandera de los derechos humanos y enarbolarla a gritos para por ese solo hecho transformarse en un prócer de los mismos: hace falta una mínima coherencia y por tanto, denunciar su desconocimiento donde ocurra, “caiga quien caiga”, como se dijo una vez.

            Lo contrario es un simple engaño, no solo por omitir interesadamente aquellas situaciones que no conviene reconocer, sino además, porque parece contradictorio declararse ferviente defensor de los derechos humanos y a la vez, pretender que el Estado lo controle todo. Precisamente, estos derechos surgieron, en primer lugar, para defenderse del Estado, con lo cual, si se lo fortalece en extremo, como pretenden algunos defensores de estos derechos, en el fondo se los está extinguiendo, al convertir al Estado en un Leviatán insaciable y despótico.

 Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián