Unas lógicas consecuencias

Tal como señalamos hace más de un año, la descomunal lucha que el mundo en su globalidad ha emprendido contra la pandemia en todos los niveles, podía terminar siendo un remedio peor que la enfermedad. Y por los nubarrones que se ven en el horizonte cercano, parece que teníamos razón.

            En efecto, a pesar de las buenas intenciones sanitarias expresadas por las autoridades, las medidas han sido -y siguen siendo- draconianas. Además, también por la forma en que dicha autoridad sigue enfrentando las cosas, parece que tendremos pandemia y restricciones para rato, todo lo cual no hace sino agravar las lógicas consecuencias que lo anterior conlleva.

            Ahora bien, tal vez los principales afectados con todo lo dicho han sido la economía y los demás problemas de salud, al quedar estos últimos suspendidos o muy desatendidos por la crisis sanitaria decretada por la autoridad. Sin embargo, es especialmente en el aspecto económico donde queremos centrar nuestra atención.

            Resulta evidente que la actividad económica, cual un motor en pleno funcionamiento, ha sufrido un atasco inesperado y “artificial”, desde la perspectiva de la propia economía, debido a las severas restricciones sanitarias por todos conocidas. Sin embargo, la economía tiene sus leyes propias, y simplemente reacciona, tanto a sus propios procesos, como a los foráneos que la afectan.

            De esta manera, y luego de casi dos años, las secuelas de todo este proceso se hacen cada vez más evidentes, siendo particularmente llamativas, la disminución de la producción en general (incluida la de alimentos), como la severa baja en el comercio internacional, sobre todo marítimo, que hace que estos menguados productos lleguen con más dificultad a sus mercados de destino, acentuando el problema. En suma, que se están produciendo varios fallos sistémicos de la economía global, como no podía ser de otra manera, dado todo lo que ha ocurrido.

            Pues bien, y sin querer ser ave de mal agüero, una de las consecuencias que ya nos está afectando de manera severa y que seguramente crecerá de forma dramática, será la inflación, el costo de todo tipo de productos y servicios, dada la escasez señalada. Lo cual, unido a una economía deprimida y mucha mayor desocupación laboral, hace ver un inquietante panorama para el corto y mediano plazo. Y esto podría tener efectos mucho peores que aquellos que pretendieron evitarse con las medidas restrictivas de todo orden adoptadas con motivo de la pandemia. Por eso señalábamos que se trata de un remedio peor que la enfermedad.

            En consecuencia, además de las dificultades económicas propiamente dichas, puede avecinarse un problema alimentario no menor, dada la subida que están experimentando desde hace ya rato los alimentos y la baja del poder adquisitivo general. A lo cual hay que añadir, para volver al inicio, diversos y nuevos problemas de salud global de todo tipo, que se añaden a los ya preexistentes, desatendidos con motivo de la pandemia.

Por tanto, es a estos problemas, que ya recaen sobre nosotros, a los que debiera prestar principal atención la autoridad.

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

Las mujeres son un apoyo firme para sus familias

Ante la actual crisis económica por la que está atravesando nuestro país, muchas personas han perdido sus empleos y además se ha encarecido la vida de un modo notable.

Me resulta bastante ejemplar lo que diariamente observo por las calles de la Ciudad de México: matrimonios jóvenes que venden alimentos en la parte trasera de sus automóviles.

En los lugares de mayor afluencia de personas, desde muy temprana hora, se ponen a trabajar ofreciendo a los transeúntes: tortas de jamón con queso, con papas, o con chilaquiles; las conocidas “guajolotas”, es decir, tortas con un tamal de elote adentro; tacos de chicharrón en salsa verde o roja, de guisado, de carne deshebrada, de frijol con huevo, acompañados de atole, de refrescos, etc.

Todos los alimentos que venden se ven limpios, hechos a conciencia como sólo una madre de familia los sabe preparar. Y así se pasan las horas hasta que se agotan todos sus productos.

En otros sitios, como esquinas de comercios, banquetas, parques, se pueden mirar a señoras vendiendo los famosos tacos de canasta todavía más baratos y, naturalmente, con mayor número de personas que acuden a consumir esos ricos alimentos. Colocan una gran sombrilla que cubre a la vendedora y a su canasta de posibles lluvias, el excesivo sol o polvo.

Es fácil adivinar que los respectivos esposos de estas mujeres están realizando trabajos sencillos en algún otro punto de la ciudad, como: cuidadores de coches, ayudan a estacionar carros en un estacionamiento público o de un supermercado. O bien, en los semáforos prestan diversos servicios tales como vender limpiadores de parabrisas, artículos para computadoras; otras veces son despachadores de gasolina, colaboran en un taller mecánico. De esta manera, marido y esposa apoyan mutuamente a la economía familiar y van saliendo adelante con los gastos del hogar.

He visto hasta jovencitas en bicicletas repartiendo alimentos en oficinas y domicilios. Otras esposas están trabajando en supermercados, a propósito de la gran demanda que están teniendo las compras on line, y son ellas mismas las que distribuyen estas mercancías en domicilios particulares y empresas.

Lo mismo ocurre con las farmacias en las que se han triplicado las ventas por internet y se han organizado numerosas flotillas de motos con personas de todas las edades que recorren las colonias distribuyendo medicamentos.

No hace mucho tiempo, cuando estaba más dura la pandemia y los médicos aconsejaban no acudir a las farmacias por ser fuente de contagios, solicité algunos medicamentos en una conocida farmacia.

Una hora después, sonó el timbre de mi casa, acudí a la puerta para atender a la persona que llamaba y, para mi sorpresa, era una jovencita con su moto estacionada detrás y perfectamente vestida con el uniforme de la farmacia y su casco protector debajo de su brazo.

Me dijo, sonriendo, que se llamaba Lupita y la felicité por su sentido profesional y le comenté que seguramente le debió de haber costado esfuerzo conseguir ese empleo. Y me respondió:

-Es la necesidad, patrón. Tengo a mi padre sin trabajo y a mi madre enferma, por eso es que me lancé a conseguir un empleo cuanto antes.

Se le veía contenta y satisfecha de ser un buen apoyo económico para su casa. Y por supuesto, la moto la conducía con seguridad y soltura. Decidí darle una buena propina porque me pareció muy meritorio lo que estaba realizando.

Al despedirse, como una joven militar, erguida y portando con categoría su uniforme, finalizó:

-Ya sabe entonces, lo que se le ofrezca de la farmacia, estoy para servirle.

De igual forma, me admira el empeño de tantas y tantas señoras -de todas las edades- que se levantan desde temprana hora y acuden a realizar la limpieza en numerosas empresas, hospitales, oficinas y lo hacen bastante bien.

Como tengo la diaria costumbre de caminar por las tardes largos trayectos, las observo tomando sus alimentos alrededor de las cuatro o cinco de la tarde en cajitas de tuperware. Se encuentran sentadas, comiendo y platicando animadamente, habitualmente en el escaloncito de comercios que ya cerraron y bajaron sus cortinas metálicas o debajo de los árboles.

Es admirable cómo tantas mujeres de todo el país, con la frente en alto, se han puesto a trabajar en serio para apoyar a sus maridos. Lo hacen en forma discreta pero sumamente eficaz y con gran creatividad. Son la fortaleza económica de los hogares mexicanos.

Mirar un poco más adelante

Pese a tratarse de medidas bastante discutibles, no cabe duda de las buenas intenciones que han motivado a la autoridad sanitaria para restringir un cúmulo de libertades, con el objeto de contener la propagación del Covid-19, evitar que colapse nuestro sistema hospitalario y salvar vidas. Sin embargo, es necesario tener presente al mismo tiempo los costos que todo lo anterior ha significado hasta el momento y los efectos que podría tener en el futuro, pues en caso contrario, el remedio podría ser peor que la enfermedad.

            En efecto, una consecuencia evidente de esta situación que ya nos afecta hace más de un año, es el grave deterioro que se ha producido en la producción y en la economía en general del país, situación que como se ha dicho, debiera ser tenida más en cuenta.

            Debe aclararse de antemano que la anterior advertencia no se hace con el afán de defender mezquinas utilidades, ni la ambición desmesurada de empresarios despiadados e insaciables –como a veces algunos parecieran pensar–, sino de observar objetivamente las consecuencias de las acciones que hoy se están llevando a cabo.

            En realidad, estas políticas que han restringido notablemente la actividad económica, podrían compararse de manera metafórica con la actitud de quien quisiera mantener atascados artificialmente y por la fuerza, los engranajes de una maquinaria que se encontraba en pleno funcionamiento. Situación que por razones evidentes no puede mantenerse de forma indefinida, pues este mecanismo podría sufrir daños graves e incluso colapsar.

            Y esto es precisamente lo que queremos advertir, porque si esta maquinaria se rompe o se daña gravemente, o si se prefiere, si colapsa nuestro sistema económico por mantenerse las actuales medidas demasiado tiempo, ello traería una peligrosa ruptura del tejido social, al hacer imposible o mucho más difícil satisfacer un cúmulo de necesidades, muchas de primer orden, en relación con lo que ocurría durante la ahora tan añorada “vieja normalidad”.

            Lo anterior es muy peligroso, se insiste, porque puede hacer que a la postre los costos futuros sean mucho más graves que el beneficio que ahora buscamos conseguir. Así, si nos ponemos muy pesimistas, ¿cuántas muertes –muchas más que las que se han evitado hasta hoy– podrían producirse por la imposibilidad de alimentar adecuadamente a la población o de otorgar otras prestaciones de salud esenciales que se han postergado por el Covid?

            A ello se suma que a esta grave afectación del sistema económico, se ha añadido un exponencial gasto público, generando una preocupante deuda aquí y en otros países. Deuda que será muy difícil de pagar, no solo por su creciente magnitud, sino en particular, porque todo indica que las condiciones para solventarla en el futuro serán mucho peores que las que tenemos en la actualidad, pues la riqueza hay que producirla.

            Finalmente –si bien la lista no es exhaustiva–, a ello se añaden diversos problemas nuevos generados por este encerramiento, desde depresiones a rupturas familiares y otros más, que por ahora dejamos a la imaginación.

            Por tanto, debemos tomar conciencia de los reales costos, invisibles o parcialmente visibles, que se están generando gracias a las actuales medidas, para no caer en problemas peores de los que ahora se quieren solucionar. La historia y las dificultades no se acaban hoy.

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

Cuando la necesidad manda

Es un hecho que la actual crisis por la pandemia registra pocos casos de éxito. Son escasos los países que la han logrado manejar bien. Alemania, Corea del Sur, Singapur y mismo China. Pareciera que el común denominador es que hay dinero y que hay una autoridad determinada a actuar y si la población desobedeciera las medidas o consecuencias son muy importantes.

Otro común denominador es que hacen muchas pruebas, muchas. Todo lo anterior no se ha hecho en México, nada, y de ahí los resultados que estamos viendo. Cabe mencionar que la información oficial que tenemos es desastrosa y hace dudar a muchos de su veracidad. Lo que es un hecho es que estamos viendo un pico de en los contagios y en las muertes, estamos en lo peor o cerca de lo peor.

Expertos sugieren que lo peor aún está por llegar en junio y otros hablan de julio. Esto pasa cuando la información que se maneja no es oportuna, veraz y precisa y más cuando no se hacen pruebas. ¿Cómo planeas o solucionas algo si no conoces la verdad?

El punto es que aquí hay muchas diferencias contra todos estos países, el dinero, la educación, la autoridad y un punto muy importante, que, aunque somos un país mucho más pobre el porcentaje del PIB que el gobierno ha destinado para ayudar a los habitantes, empresas y empresarios es infinitamente menor al que se ha hecho en otros países. Algunos ejemplos de ayudas de gobierno como porcentaje del PIB: México 2%, Chile 6%, Brasil 7%, Corea del Sur 8%, Perú 8%, Canadá 12%, España 12%, EEUU 16%, Japón 22%, Alemania 33% (y Angela Merkel está solicitando más esta semana) e Italia 37%.

Por eso digo que, aunque si es un tema de países ricos y países pobres, también es un tema de asignación de prioridades. En este momento es mucho más prioritario rescatar a negocios y gente productiva que construir tres caprichos de campaña. Con ese dinero se podría subir el porcentaje de ayuda del gobierno a la iniciativa privada y mostrarse más empático y decidido a colaborar con una planta productiva que necesita, para crecer, desarrollarse y recaudar más.

Pues es así, en este contexto, que, cuando está la pandemia en un punto crítico, se empiezan a normalizar las actividades y el presidente sale de gira a hacer campaña, a buscar popularidad en medio de la pandemia, incitando a salir y a relajarse en un momento crucial. Es la necesidad y la falta de dinero, planeación y ayudas que nos obliga a salir a contagiarnos, a jugar una carta muy arriesgada que lleva de manera implícita el sacrificar vidas humanas a costa de la reactivación económica y la popularidad política.

La reapertura en otros países se da en medio de un claro descenso en los contagios y las defunciones, y aún así, es muy arriesgada. Basta ver lo que está pasando en EE.UU. con las protestas por la brutalidad policiaca en donde los contagios pueden ser exponenciales, independiente a la reapertura paulatina de negocios.

Lo comenté la semana pasada y lo sigo pensando, es buen momento para acumular posiciones en dólares y para establecer coberturas en esa moneda. Las razones de la apreciación siguen siendo las mismas y son externas; debilitamiento del dólar por un mejor ánimo de los inversionistas y el alza en los precios del petróleo que ya ubica al West Texas por arriba de $36 dólares.

Lo que podría apreciarlo más, es lo que más adelante lo depreciará, una constante perspectiva negativa en un país que eventualmente volverá a ver una degradación en su calificación crediticia.

@juansmusi​​​​​​​​

Surgen buenas afuera

Esta semana empezó con optimismo que proviene del exterior. Noticias que mejoran temporalmente el horizonte económico y que le han inyectado brío a las bolsas y a las expectativas. El posible surgimiento de tratamientos eficientes y también el desarrollo de una vacuna para el Covid19. La reapertura por fases económica de Europa y de algunos estados en EEUU. En este asunto y en comparación con México, son países que nos llevan la delantera y cuyo aislamiento empezó meses antes al nuestro y aún así será un ejercicio sumamente riesgoso.

El incremento sustancial en los precios del petróleo, hace 3 semanas el West Texas Intermediate (WTI) estuvo por debajo de $5 dólares y recientemente ha superado los $33. Al final son puras especulaciones sobre que lo peor ya quedó atrás y de que pronto habría buenas noticias en torno al tratamiento y desarrollo de vacunas contra la pandemia. Es por eso que el petróleo también sube, la reapertura más los esfuerzos que ha hecho la OPEP, aunado al cierre de muchas plataformas han contribuido al alza. El gran riesgo es que no se descubra el tratamiento o vacuna y que la reapertura traiga consigo una ola de contagios mayor o un repunte y que obligue al confinamiento de nuevo.

Ojalá y ambas cosas funcionen y no veamos el comportamiento en forma de “W” en la economía global y local. En pocas palabras este optimismo y posible recuperación son posibles, pero son vulnerables.

Así como surgen buenas afuera, con mucha pena no encuentro lo mismo en el plano local. México sigue siendo proveedor de malas y dudosas noticias. Dudo que la información oficial en torno a la pandemia sea precisa, no soy experto en la materia, pero ante el bajísimo porcentaje de pruebas y el mal manejo que se le ha dado a esta crisis, dudo que los números sean reales. Estadística y matemáticamente estamos en la etapa más crítica y ya estamos pensando en la reapertura, no solo no ha descendido la curva, ni siquiera se ha aplanado.

Las iniciativas de nuestro congreso son un foco de atención y de constante preocupación. Les tengo una buena: son iniciativas, o sea tienen que pasar al pleno y luego a la cámara alta. Iniciativas tontas, sin sentido, provenientes de incultos, iletrados e incluso analfabetas, hay miles…. Que si tocarán las reservas del Banco de México, que si echarán mano de las Afores, que si el INEGI investigará y documentará al detalle la riqueza de los hogares mexicanos, etc.

Estresa y preocupa que alguna de estas sandeces pueda progresar, pero insisto, son iniciativas y muchas de ellas son imposibles. Pongo 2 ejemplos: ¿cómo tocar el dinero del Banco de México para un fin del ejecutivo? El Banco es autónomo y las reservas NO son del gobierno federal, son del Banco Central. ¿cómo tocar el dinero de las Afores si las administradoras son privadas? Esto que es básico y elemental la mayoría de los diputados no lo sabe.

Aquí seguimos atacando a las energías renovables, explotando al combustóleo que es altamente contaminante, presumiendo avances en refinerías y asignando recursos a trenes y aeropuertos inviables. También estamos negando una terrible crisis económica y sanitaria. Ignorando una realidad que nos va alcanzando y que no entendemos porque no cambiamos. Y tristemente, nuestro presidente, no cambiará. De seguir así, la degradación de México y Pemex, la salida de recursos y la inhibición a la inversión continuarán. Es previsible que el deterioro continúe, por lo tanto, las oportunidades se van a presentar, sobrevivirán los que estén sanos y fuertes económicamente y las ofertas y valuaciones atractivas en diversas inversiones, incluidas las inmobiliarias, llegarán ante la devastación económica, es un mercado de compradores.

20 de mayo de 2020.​​​​​​​ @juansmusi

La Iglesia y la obediencia en tiempos de una pandemia

Ante la cuarentena por el COVID-19, se desplego una campaña mundial referente a las precauciones que deben tenerse para evitar la transmisión del virus, entre las que se halla el quedarse en casa; el cierre de establecimientos, limitación de movilidad, cierre de lugares turísticos; hasta la prohibición de salir.

En nuestro caso, la Conferencia del Episcopado Mexicano emitió en febrero pasado un comunicado titulado “Acciones en la Iglesia, ante la eventual emergencia sanitaria (COVID-19)”, en el que se solicita suspender el saludo de mano con contacto. En lo referente a la Eucaristía he aquí lo asentado:

“En el mismo sentido, se considera muy conveniente, por la misma circunstancia, que la Sagrada Comunión, durante la eventual emergencia, sea distribuida en la mano y no en la boca, según las normas de la Iglesia”.

Nadie jamás prohibió recibir la Sagrada Comunión en la boca, – léalo bien, NADIE – pero muchos sacerdotes se apresuraron a darla exclusivamente en la mano. Y nadie lo prohibió por la sencilla razón de que no pueden hacerlo; solo se limitan a considerar conveniente que sea distribuida en la mano según las normas de la Iglesia en las cuales está claro el derecho del feligrés a recibir la Sagrada Comunión en la boca:

“(…) Por consiguiente, cualquier bautizado católico, a quien el derecho no se lo prohíba, debe ser admitido a la Sagrada Comunión. Así pues, no es lícito negar la sagrada Comunión a un fiel, por ejemplo, sólo por el hecho de querer recibir la Eucaristía arrodillado o de pie. (…) Todo fiel tiene siempre derecho a elegir si desea recibir la sagrada Comunión en la boca”  (Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos. Instrucción Redemptionis Sacramentum No. 91-92)

“No se obligará jamás a los fieles a adoptar la práctica de la comunión en la mano, dejando a cada persona la necesaria libertad para recibir la comunión o en la mano o en la boca”. (Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos. Notificación acerca de la Comunión en la mano No. 7)

Por favor, antes de que se apresure a refutar, piense por sentido común que con las manos tocamos todo: el volante, nuestra ropa, el bolso, la banca, el dinero, la hoja dominical; por tanto nuestras manos son más susceptibles de estar sucias  y evidentemente, las menos indicadas para recibir la Sagrada Comunión.

Pero, si la Iglesia tiene como válidas ambas formas de recepción, en la boca y en la mano (no olvidando que ésta última nació como un abuso y fue tolerada solo en ciertas conferencias), ¿por qué tanto alboroto? He aquí las razones:

*Porque justo cuando la Iglesia recomienda una acción, muchos sacerdotes la interpretan como una orden, contraviniendo las normas de la Iglesia; las desobedecen escudándose en una pandemia, incapaces de dilucidar un comunicado (o quizá perfectamente conscientes de ello, actuando con dolo), menos aun de explicarlo a los fieles y aplicarlo en sus parroquias.

*Porque muchos se ha apresurado a criticar a otros por “no obedecer”, por no querer recibir la Sagrada Comunión en la mano, cuando el comunicado no se trató jamás de una orden, sino de una recomendación. Y aun cuando sea una orden se ha de discernir si es legítima.

*Porque infinidad de miembros del clero católico se han obstinado en imponer la recepción de la Sagrada Comunión en la mano, en un acto autoritario, cometiendo un abuso tácito al ignorar la doctrina católica y los documentos del Magisterio de la Iglesia.

*Porque se asienta un grave precedente: recordemos que una vez introducida la recepción de la Sagrada Comunión en la mano como un abuso solo tolerado, se extendió como práctica común sin más. Ahora se aprovecha esta pandemia para modificar de golpe la forma válida de recepción en la boca al imponer la otra.

*Porque ante el poco o nulo discernimiento de los fieles, una vez que esto regrese a la normalidad ¿Cuántos cree que querrán recibirla en la boca si sus propios sacerdotes tan abusivamente se las negaron de ese modo so pretexto de higiene? ¿Cuántos temerosos de su vida se privaran de recibir la Sagrada Eucaristía de forma adecuada no entendiendo la Presencia Real de Cristo?

Tenga presente que la obediencia ciega no es obediencia, sino servilismo. La obediencia no es un bien absoluto que se da sin más. Ahora bien, sepa diferenciar una orden de una recomendación. Por otro lado, suele decirse que “el que obedece no se equivoca”; craso error, el que obedece debe discernir si la orden es legítima, usted no es un autómata, posee inteligencia; procure formarse; el sacerdote siendo humano también se equivoca, no es perfecto pero es perfectible como todos nosotros y debemos hacerle ver su yerro en la inteligencia de hacerlo por amor de Dios.

Recuerde a sus sacerdotes lo que la Instrucción Redemptionis Sacramentum indica:

“Cada uno de los ministros sagrados se pregunte también con severidad si ha respetado los derechos de los fieles laicos, que se encomiendan a él y le encomiendan a sus hijos con confianza, en la seguridad de que todos desempeñan correctamente las tareas que la Iglesia, por mandato de Cristo, desea realizar en la celebración de la sagrada Liturgia, para los fieles. Cada uno recuerde siempre que es servidor de la sagrada Liturgia”.

El dilema

Las consecuencias ya medibles, de la pandemia son desastrosas. La tragedia humana, las muertes, los infectados conocidos y los que seguirán, serán sin duda la consecuencia más dolorosa. Mientras no se encuentre un tratamiento, todo es incierto y todas las proyecciones seguirán siendo difíciles de medir. La incertidumbre continúa.

Hoy la desesperación económica parece estar a la par o por encima de la sanitaria. La pérdida de empleos, el cierre de los negocios y el cierre económico es una realidad que tarde o temprano te alcanza. Los países más ricos pueden soportar más el cierre y aguantar el encierro. Los países pobres, que viven al día, si no los ayudan, no pueden soportar.

¿Cuál sería la receta ideal para terminar con la pandemia sin tener un tratamiento disponible? El encierro total. ¿Por qué no lo hacemos? Porque tenemos que comer y sobrevivir. ¿Quiénes pueden cumplir mejor con el encierro? Los más ricos. Si ya sabemos esto lo ideal sería encerrarnos todos y a los que no tienen y viven al día necesariamente los tendría que apoyar el gobierno y en nuestro caso, la sociedad, los que más tienen.

El dilema al que nos enfrentamos hoy es a ver un comportamiento global, y seguro local, en forma de “W” en donde presentándose fuertes altibajos hay una caída, luego una fuerte recuperación y muy probablemente una nueva caída abrupta. La desesperación y necesidad económica nos esta llevando a relajar las medidas restrictivas y sanitarias y poco a poco países y gobiernos empiecen a abrir parcialmente las actividades.

Cuando esto empiece a relajarse en mayo, en Estados Unidos, Italia, España, Francia, etc. el riesgo de que los contagios puedan volver a incrementar es muy alto. Este posible error que va a cometer gran parte del mundo parece una salida forzada en muchos países por razones políticas, específicamente el caso de Trump, que quiere reelegirse este año y al seguir el deterioro económico sus posibilidades se verán reducidas. Hay que ver como en España o Italia lo que propone el gobierno, lo critica la oposición.

Al final hasta esta decisión se ha politizado. Yo no soy partidario de la teoría de reactivar a la economía y atenernos a las consecuencias, como por ahí proponen algunos empresarios incluso muy beneficiados por el actual sistema. También entiendo que si aquí no hay apoyos, voluntad, creatividad y la misma cantidad de recursos que tienen los países que mencioné, los riesgos además de sanitarios pueden empezar a ser sociales y de inseguridad.

Necesitamos tener un programa formal de apoyo que defienda a los empleos y a la gente que menos tiene, también a la gente que vive al día. Si cancelamos los tres proyectos no prioritarios y utilizamos esos recursos, más partidas extraordinarias, que ya quedan muy pocas, así como contratar algo de deuda para no bajar en productividad y competitividad, podríamos sobrellevar mejor el encierro y no ver este comportamiento en forma de “W”. La deuda no se contrata para regalar dinero, esa es una receta socialista que fracasa siempre. La deuda es para apoyar a que quienes producen y generan plantas de empleo no fallezcan. Es endeudarse para producir más, tal y como lo hace una empresa. La deuda cuando se contrata para producir no solo no es mala, es el mejor aliado para crecer.

El dilema en el que se encuentra México y el mundo por diferentes razones es si abrir prematuramente no traerá luego consecuencias muy dolorosas y que alarguen la crisis. El riesgo de haber actuado tarde y luego abrir prematuramente, es alto.

29 de abril de 2020 ​​​​​@juansmusi

Bioética y responsabilidad social en México: Guía bioética de covid-19

María Santillana 1

Doctora en Bioética (Candidata)

UNIVERSIDAD ANÁHUAC, MÉXICO-NORTE

1 mariaeugenia.santillana@gmail.com

Universidad Anáhuac, México-Norte

https://www.anahuac.mx/

Ciudad de México, México

Palabras clave: bioética, responsabilidad y derechos humanos.
En una pandemia es imprescindible la Bioética

       Cada sociedad se dota de un conjunto de valores que definen lo que la gente cree que está bien y mal, y que se reflejan en las conductas que se aceptan y rechazan. Todo ello se plasma en unas leyes que definen lo que se puede y no se puede hacer, y en un código penal que determina las consecuencias que deberá afrontar quien infrinja esas normas.

       Con frecuencia aparecen conflictos que hay que resolver, cuando confrontamos dos hechos que están bien pero entran en conflicto. En ese caso debemos optar por uno de ellos. Estos dilemas son los que resuelve la ética, que analizará las circunstancias que hay detrás de cada uno, sus posibles beneficios y riesgos asociados y la legislación. Así emitirá un juicio razonado y una recomendación sobre el camino a seguir.

       La evaluación ética es una reflexión crítica sobre la moralidad, un marco al que acudir para tomar la mejor decisión posible con nuestra escala de valores y con las normas existentes. Cuando los dilemas a debatir tienen que ver con las ciencias de la vida y la salud hablamos de Bioética.

     La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) expresó su preocupación ante el documento denominado «Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica», elaborada por integrantes del Consejo de Salubridad General para la emergencia de COVID-19, la cual plantea cómo resolver casos extremos en los que no haya equipos suficientes de terapia intensiva.

         De manera particular contiene criterios que ejercen una discriminación indirecta hacia las personas mayores, y las pone en desventaja en el acceso a los recursos de medicina crítica, lo que vulnera su derecho a la salud, a la vida y a la dignidad de la persona. La CNDH alertó que se trata de un documento en borrador, hasta donde se ha dicho, pero que tiene muchas posibilidades de instrumentarse ante el tamaño de la exigencia que le impondrá la pandemia a nuestros servicios de salud.

     Ante las implicaciones de decisiones bioéticas de emergencia como las que plantea un escenario de sobresaturación de servicios médicos asociada al COVID-19, la CNDH llama la atención para que se tomen en cuenta cuestiones tales como la de saber si desde la perspectiva del bloque de constitucional, la eventual aplicación de esta Guía violaría los derechos humanos de quienes no recibieran atención urgente debido a las circunstancias extremas de no disponer de recursos suficientes.

     A partir del análisis desde el bloque constitucional de derechos humanos, es importante precisar que la Guía es  contraria a disposiciones sobre el derecho a la salud vinculantes para México, tanto en el Sistema Universal como en el Sistema Regional de protección de los derechos humanos, ya que es un documento que justifica que el Estado Mexicano no garantice el acceso efectivo a los bienes de salud a todos los pacientes con COVID-19, en este caso a los recursos de medicina crítica.

    Es delicado que la Guía proponga que el triaje funcione como un órgano decisorio, que no esté supervisado y/o acompañado por un Comité de Bioética, que le permita tomar decisiones que involucren vidas humanas; asimismo, que sus criterios de integración del equipo de triaje, deban de aplicarse «idealmente», lo cual no garantiza la adecuada decisión en el respecto y garantía de los derechos humanos los pacientes con COVID-19.

    La Guía Bioética referida no posee una adecuada fundamentación, a pesar de que el mismo documento dice, en una nota al pie de página, sustentarse en “lo ordenado por el artículo 73, fracción XVI secciones 1ª. 2ª. y 3ª (sic)” de la Constitución.

      Se trata de una fundamentación errónea, con la que se pretende validar, y hacer vinculante, lo que en términos legales solo son una serie de recomendaciones, que no cuentan con el consenso de todos los miembros del Consejo, y que en algunos casos pueden generar responsabilidades jurídicas para los médicos que las sigan.

     De hecho, las irregularidades del documento incluyen una invasión de facultades que le corresponden exclusivamente al Poder Judicial de la Federación, pues el Consejo de Salubridad General, también en nota al pie, dice que “en caso de que se soliciten suspensiones por vía de amparo respecto de las decisiones tomadas con apego a la presente guía, las mismas deberán ser denegadas”. Como mencionábamos anteriormente, el CSG no solo pretende que la “Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica” sea obligatoria para todas las autoridades administrativas del país, sino que -ilegalmente- también intenta normar el criterio de los jueces y magistrados, violentando la independencia del Poder Judicial de la Federación.

     La Guía Bioética publicada por el CSG apunta que, ante la posible saturación del sistema de salud, los recursos de la medicina crítica, como lo son los respiradores mecánicos, deberán utilizarse siguiendo el criterio de “salvar la mayor cantidad de vidas-por-completarse (sic)”. “Lo anterior se traduce en que las y los pacientes que tienen mayor probabilidad de sobrevivir con la ayuda de la medicina crítica son priorizados sobre los pacientes que tienen menor probabilidad de sobrevivir”. Es decir, si solo hay un respirador mecánico y dos pacientes lo necesitan, los galenos tendrían que elegir primero al enfermo que tiene mayores posibilidades de recuperarse, y de vivir más tiempo tras ello. Siguiendo ese criterio, primero debería atenderse a quien no tenga comorbilidades serias como diabetes, obesidad o hipertensión; en seguida a quienes aun teniendo esos padecimientos pueden tener una supervivencia a largo plazo, en tanto que en último lugar estarían los pacientes que tienen una “alta probabilidad de muerte dentro de un año”, afirma la guía.

      Estamos ante decisiones bioéticas que no están exentas de generar responsabilidades jurídicas, por lo que, en ese tenor, para evitarse problemas, los médicos deben seguir primero lo estipulado en la Constitución y en la Ley General de Salud. Al trabajar en una institución pública, los galenos están obligados a proteger la vida de todas las personas, derechos humanos que deben privilegiarse, independientemente de las recomendaciones del Consejo de Salubridad General.

     En caso de que se tenga que elegir a quién atender primero, si el sistema de salud pública llegara a saturarse con la actual pandemia de COVID-19, el profesional de la salud debe considerar lo que mandatan nuestras normas, y lo que la buena práctica médica estipula (lex artis). En este punto es importante señalar que los médicos no pueden ser sancionados si deciden no obedecer la Guía Bioética del Consejo de Salubridad General, pues esta, además de no contar con una fundamentación jurídica adecuada, no es obligatoria, por lo que tampoco genera responsabilidad alguna en caso de no seguirse.

     Considerando nuestro sistema jurídico, las decisiones médicas -por difíciles que sean- deben regirse, en primera instancia, por lo que señala la ley, enseguida vienen los criterios éticos que rigen el adecuado desempeño de la profesión. Las valoraciones subjetivas sobre lo que se considera justo o injusto son juicios de valor que no necesariamente son compartidos por una mayoría.

     Lamentablemente, la “Guía Bioética de Asignación de Recursos de Medicina Crítica” del Consejo de Salubridad General no sigue estas pautas, adolece de la fundamentación legal adecuada, e incluye el calificativo de “injusto” para ejemplificar algunas situaciones que pudieran presentarse con la pandemia de coronavirus. Esto último es una muestra más de la deficiente elaboración del documento, el cual, por cierto, ya fue rechazado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

     “La Universidad Nacional se deslinda de los términos y del contenido del referido documento”, pues ni esa casa de estudios, ni su rector, Enrique Graue Wiechers, fueron convocados para la eventual aprobación de dicha guía, a pesar de que Graue, quien por cierto también es médico, es uno de los vocales titulares del Consejo de Salubridad General, aseveró la UNAM en un comunicado.

     Al respecto, no debemos olvidar que lo que es justo para algunos no necesariamente es legal, y lo que suele estar en las normas jurídicas no siempre responde a lo que cada persona considera como justicia. Por ello, antes de introducir este tipo de valoraciones, la obligación de todas las autoridades es acatar la ley, pues vivimos en un Estado de derecho, a pesar de las deficiencias que este presenta en México. Como autoridad sanitaria, el Consejo de Salubridad General no puede exceptuarse de este cumplimiento.

     El derecho a la salud es un derecho humano que salvaguarda el mayor bienestar físico, psicológico y social para todas las personas. Los sucesos que han derivado de la aparición de este nuevo coronavirus han mostrado que el alcance de ese bienestar implica muchos factores, como los ya anteriormente mencionados, y probablemente muchos más, por lo que, queda pendiente una redefinición interseccional de la salud desde una perspectiva de derechos humanos.

  Siempre se espera que a partir de las crisis surjan nuevos elementos que puedan mejorar las condiciones de vida vigentes. Esta pandemia ha sacado a relucir muchas carencias, desigualdades y rezagos que, muy probablemente, en otros momentos, no serían de gran relevancia. El mundo no volverá a ser el mismo una vez que se retomen las actividades cotidianas y comience a girar a la misma velocidad vertiginosa que solía hacerlo. Sin embargo, cuando se intente restablecer es el momento de replantear muchos aspectos partiendo desde la bioética social, herramienta que propicia el debate plural, ético y político, el respeto a los derechos humanos, la interdisciplinaridad, la libertad de pensamiento, la toma de decisiones centradas en el individuo y su contexto y aspira al desarrollo social en equilibrio con el entorno social, cultural y ambiental.

   Toda pandemia supone enormes retos a nivel social, sanitario y económico. Para una respuesta adecuada a esta emergencia, es imprescindible disponer de un marco ético de referencia para la planificación y toma de decisiones Por el momento, quedémonos con este simple mensaje: no nos olvidemos de la bioética.

Actuaron demasiado tarde

Humanamente no hay debate, primero la vida, pero las teorías sobre cuando cerrar las economías y cuando abrirlas no tendrían jamás una respuesta universal. También es cierto que las condiciones de cada país son diferentes y los recursos o riqueza también son muy diversos. Por ello la capacidad de respuesta o de alivio de EEUU o de China, frente a un México o Chile son también distintos.

Donde se puede unificar criterios es en la decisión sanitaria, la decisión humana y no la ecónomica. La decisión sanitaria correcta era: cerrar lo más pronto posible la economía y haciéndolo drásticamente. Con ello, lo más probable es que se podría reabrir esa misma economía en un tiempo razonablemente corto. Sin embargo, parece que con algunas excepciones, como China, Corea del Sur y Singapur, todos actuaron demasiado tarde.

La decisión tajante, de cierre, debió haber venido de los gobiernos federales, una acción conjunta y decidida, sin controversias y sin cuestionar quién si y quién no, parejo.

Los errores de EEUU, Italia, España y México van a ser los mismos:

1.- Cerramos tarde y 2.- vamos a reabrir temprano o demasiado pronto. Sin embargo EEUU, Italia y España hicieron algo que México no, y eso es apoyo a la economía, a los negocios, empresas y personas.

Es cierto que ellos son más ricos que nosotros, pero cada quien pudo hacer esfuerzos a su capacidad. En México no solo no se hizo nada, si no que se ha dejado de hacer mucho. Mi materia no es la sanitaria, pero cuando leo y oigo a los que saben del tema, me preocupa lo que puede pasar también aquí. Hoy quienes me lean, ya conocen por lo menos a un caso de Coronavirus, y desafortunadamente otros, ya conocen a una víctima del virus.

Leía yo a Paul Krugman, premio Nobel de economía 2008 y él sintetizaba la situación de la siguiente manera cuando se refería al actuar de Donald Trump y a lo que acontece en ese país: Se tardó demasiado en actuar, se va a precipitar en abrir, las ayudas económicas son buenas, pero son insuficientes. Él sostiene que sin duda se tiene que cerrar y contar con apoyos de gobierno, en vez de hacer esfuerzos a medias que prolonguen mucho la situación y que sin duda cobrarían más víctimas y que económicamente eventualmente costarían también más. Más vale cerrar bien 6 meses que parcialmente 10 o 14. También decía algo muy interesante referente a indicadores y que al final es en lo que nos debemos centrar, no veamos a los mercados accionarios como termómetros, veámos indicadores como el empleo y el consumo.

Lo que menos me gusta hoy del actuar económico de nuestro país es la cadena de eventos negativos, las degradaciones en calificación del gobierno y Pemex, la desconfianza a los inversionistas por cancelar inversión con consultas improvisadas, la representación del país ante la OPEP en la que sólo hicimos el ridículo y nos tuvo que “ayudar” Donald Trump, a ver cómo viene la factura. Y por supuesto que preocupa e indigna que sigamos hablando de Santa Lucía, Dos Bocas y el Tren Maya, cuando lo que más urge es con esos recursos es rescatar millones de empleos en riesgo.

Sigo pensando igual a los muchos que me preguntan del tipo de cambio, está alto o caro, es un hecho. Puede bajar si la situación del COVID mejora, puede bajar si el precio del petróleo sube y también debería bajar si el gobierno mexicano tomara decisiones correctas que esperan los inversionistas y empresarios, pero esto último al final podría ser lo que no le permita bajar aunque lo demás mejore.

@juansmusi

¿Un triunfo pírrico?

El aislamiento y encierro forzoso y cada vez más estricto que la autoridad nos va imponiendo a todos con motivo del Covid 19, está mostrando recién algunos de sus múltiples efectos (de salud, psicológicos, laborales, económicos, etc.), asemejándose a la punta de un inmenso iceberg, que cada día nos impresiona más.

            En realidad, se trata de una prueba inédita y tremendamente dura, que nos obliga a poner lo mejor de nosotros para resistirla y ayudar a nuestro prójimo. Máxime en un mundo crecientemente individualista, que creía tenerlo todo bajo control y que aspiraba a una vida cada vez más cómoda y gratificante.

            Al mismo tiempo, las restricciones a nuestras actividades cotidianas nos revelan dolorosamente lo sociables que somos y hasta qué punto necesitamos interactuar de manera normal con los demás. De hecho, ya se ha vuelto frecuente contemplar en diversos lugares, cómo las personas circulan temerosas unas de otras, mostrando a través de sus ojos –que apenas sobresalen sobre las mascarillas, usadas como escudos–, diversas y clarísimas emociones: desde el miedo hasta la desconfianza, desde la tristeza hasta la sospecha.

            Sin embargo –y hablo a título personal, esperando estar completamente equivocado–, a pesar de lo compleja de esta situación, hay que pensar muy bien si resulta conveniente decretar una cuarentena total, como varios personeros solicitan, a veces incluso enfurecidos, puesto que como también se ha dicho reiteradamente, el remedio podría ser peor que la enfermedad.

            En efecto, al margen de las muy buenas intenciones que se esgrimen al sugerir esta medida –salvar vidas–, si el país llegara a paralizarse por completo (salvo los servicios imprescindibles), se corre el riesgo de generar una situación mucho peor que la actual. Así, piénsese por un momento en esas personas y familias que ya no tienen trabajo; o cuya fuente de ingresos se encuentra paralizada; agréguese además, a todos aquellos que ya estaban en serios problemas con motivo del llamado “estallido social” de octubre pasado.

            Por tanto, ¿qué podría ocurrir si al ya notable estrés que genera el actual estado de incomunicación se añadiera la desesperación ocasionada por la escasez de víveres, por la falta de recursos para adquirirlos o por la eventual incapacidad de la producción en general para cubrir las necesidades básicas, dada la cuarentena que varios solicitan?

            Sin querer ser alarmistas sino realistas, por extremar de buena fe las medidas contra el Covid 19, podría estar incubándose una auténtica revolución, no tanto por maldad, sino por llegar a un límite tal, que no significaría perder mucho a quienes participen en ella.

            Se insiste que lo anterior es una mera conjetura –ojalá errada– de lo que podría ocurrir si no se ponderan bien y muy bien las medidas que hay que tomar ante la actual pandemia. Pues las emergencias y las necesidades de primer orden seguirán existiendo después de superado el Covid 19, y debemos estar mínimamente preparados para poder afrontarlas de forma adecuada. Mas, si la economía queda virtualmente destruida en nuestro esfuerzo por superar la pandemia –como si fuera el único problema que existiera–, se corre el riesgo de lograr un triunfo pírrico que puede generar mucha más muerte y destrucción que la que se quiere evitar.

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

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