La educación de los hijos, ¿un reto?

Con ocasión del próximo Día de las Madres, hace poco escuchaba una conversación entre dos jóvenes madres que comentaban la importancia de la generosidad para traer hijos al mundo y constituir una familia.

Pero otro aspecto que me llamó la atención fue que ambas coincidieron en la enorme diferencia que existe entre simplemente engendrar hijos y ocuparse de ellos “más o menos” frente a la trascendente tarea de avocarse de lleno en la formación de valores y virtudes, que sin duda, es una labor paciente, perseverante y a largo plazo.

Y es que ser padres, engloba muchas habilidades. Recuerdo que -con ocasión de que daba clases en una secundaria- una madre de familia numerosa me comentaba: “En realidad, además de las tareas propias del hogar, nosotras las madres debemos realizar muchas otras actividades profesionales, porque la tenemos que hacer de educadoras, psicólogas, maestras, formadoras, enfermeras, consejeras, orientadoras, nutriólogas…”.

Es verdad, cada vez es más frecuente en el entorno social que se tienda a mirar el papel de las madres en la familia en forma despectiva, como una especie de “sub-actividad” y no propiamente un quehacer profesional en toda forma. Algunas madres del colegio también me decían: “Si dices a tus amigas profesionistas que te dedicas a las tareas el hogar, de inmediato, te preguntan de manera inquisitiva y agresiva: ‘¿Y cuándo vas a ejercer tu carrera profesional?’, ‘¿Por qué no te pones a trabajar cuanto antes para que te desarrolles profesionalmente y te realices como mujer?”

Estoy convencido que no hay tarea o quehacer profesional más importante -que reditúe directamente en el bienestar de las familias y la entera sociedad- que la formación esmerada de futuras mujeres y hombres de bien para ayudarles a crecer en virtudes humanas y en los valores; que aprendan a luchar contra sus defectos, que por lo demás todos tenemos; educarlos con interés en la fe que se profesa; orientarles en sus estudios; en la selección de sus amistades; apoyarlos en sus pequeños éxitos o fracasos… En definitiva, darles atención individualizada en esa labor de acompañamiento para el desarrollo armónico de sus personalidades.

Otro tema importante, es que cada hijo debe ser formado de acuerdo a su temperamento y carácter y, por supuesto, según su edad. Por ejemplo, no se le puede tratar del mismo modo a una hija de 10 años, con sensibilidad artística y además susceptible, que a un joven de 18 años, rudo, un tanto brusco, pero noble de corazón; que le gustan los deportes extremos y el futbol y prefiere que los consejos se los digan abiertamente.

Como suelen decir los jóvenes: “A mí me gustan que me digan todas las “netas” de frente”.

Por encima de la misma actividad profesional, se encuentra la obligación que tienen los progenitores de darles la oportuna formación a sus hijos. Se deben de percatar que en esta tarea absolutamente nadie los puede sustituir. Ni siquiera los profesores ni los preceptores o asesores académicos.

Pero se debe conciliar el cariño con la fortaleza en la formación de los hijos. Considero que hay dos defectos que se deben evitar:

1) “El autoritarismo”: imponer un mandato o indicación por la fuerza, inspirando miedo o temor a las represalias. Pase lo que pase, los padres deben procurar prioritariamente ser verdaderos amigos de sus hijos. Por ello, se recomienda corregir -si resulta necesario- de buen modo; con firmeza, pero dejando en claro el cariño, afecto y haciéndole ver al chico que esa sugerencia es por su propio bien con la finalidad de que se ilusione y se lo plantee en plan positivo como un reto o desafío a lograr.

2) Por otra parte, se encuentra el defecto contrario: “el permisivismo”, que sucede cuando los padres, llevados por un equivocado sentido del cariño, les van concediendo a los hijos todos los caprichos y cuanta cosa se les ocurre hacer o comprar. Habitualmente estas conductas conducen a la conformación de personalidades débiles de carácter, incapaces de cualquier sacrificio, o en conductas egocéntricas.

Concluyo señalando que, para la acertada educación de los hijos, un elemento fundamental es predicar con el propio ejemplo. Por eso dice el dicho que “el ejemplo, arrastra”. Los padres deben de ir por delante en vivir esas virtudes y valores, luchando en forma deportiva y alegre. Si los hijos se percatan de las pequeñas y grandes luchas de sus papás por mejorar como personas, de forma inmediata, deducirán que sus padres son congruentes entre lo que enseñan y viven en la realidad cotidiana. Ésa es la mejor e inolvidable enseñanza que los padres pueden legar a sus hijos.

¿Cómo forjar el criterio de los hijos y educarlos en los valores?

Sin duda, es una pregunta que frecuentemente se hacen los padres y las múltiples respuestas son complejas y de acuerdo con la personalidad de cada hijo. Me he encontrado una publicación que constituye un esfuerzo admirable de su autor por estructurar las ideas medulares en torno a la formación y educación de los hijos de manera que ha sido redactada a modo de prontuario para que los lectores encuentren soluciones prácticas, con un lenguaje asequible y ejemplos sencillos (1).

Richard Templar parte de la importancia de que los cónyuges mantengan un trato afectuoso, cordial, que cuiden los detalles relevantes para fortalecer su propio matrimonio y presenten un frente unido en las reglas y principios formativos dentro y fuera del hogar.

A continuación, aporta consejos bastante sugerentes, por ejemplo, disfrutar realmente de la compañía de los hijos; mostrarse contento al llegar a casa y saber convivir con ellos; hacerse solidario de sus pequeñas preocupaciones; enseñarles a pensar por sí mismos; hacerles conocer el valor de los límites; presentarles razones persuasivas antes que recurrir a la brusca imposición; que sepan los hijos que los padres piden perdón, cuando se equivocan; apreciar y potenciar las cualidades de los pequeños y no olvidar que nadie es perfecto.

El autor proporciona también consejos sobre el desenvolvimiento de los hijos en la escuela, destacando la importancia de conocer a sus amigos y enseñarles a defenderse del bullying. En la segunda parte del libro, brinda magníficas sugerencias cuando los hijos llegan a la adolescencia, y luego, cuando se convierten en adultos. De manera particular, destaca un capítulo relativo al manejo de las crisis personales de los hijos.

En suma, considero que es un libro que los padres deben de tenerlo a la mano en su biblioteca como material útil y formativo de consulta frecuente por la riqueza de sus contenidos.

(1) Templar, Richard, Las Reglas de la Paternidad. Un código personal para criar hijos seguros y felices, Editorial Trillas, México, 2016. Págs. 263.

La virtud de la fortaleza.

Me parece que la fortaleza es una de las virtudes más importantes en la formación de la personalidad de los hijos dentro del hogar. Por eso se le llama virtud cardinal junto con la prudencia, la justicia y la templanza.

Es fuerte, en primer lugar, el que persevera en conseguir un bien arduo o difícil. Como esos alpinistas que observamos que suben elevadas montañas y no corren, sino que llevan un paso constante, cuidando el ritmo respiratorio. Ya les podrá llover, nevar, o tal vez se enfrenten a una ventisca fuerte, pero ellos continúan avanzando a pesar de las dificultades.

También, un aspecto poco llamativo de la fortaleza (porque habitualmente no se percibe por los sentidos), pero que en muchas ocasiones reviste una enorme importancia es la lucha personal contra los defectos del propio carácter.

De mismo modo, existe la superficial idea de que fortaleza es igual a “hombre dotado de vigor físico”, una especie de Superman, que acomete y se enfrenta al enemigo con valor.

Sí, es un aspecto importante de esta virtud, Pero la otra cara escondida, y en ocasiones más valiosa, es la capacidad para soportar las pruebas, las contradicciones. Por ejemplo, el saber llevar bien una pequeña enfermedad –sin quejas- y ofrecerla a Dios; el vencer la pereza; el atreverse a derrotar las tentaciones que intentan hacernos girar en la órbita del “yo”; el trabajar con diligencia y eficacia aunque no se tengan ganas; no desanimarse ante un fracaso más o menos relevante; el que tiene un detalle de servicio con un familiar aunque ese día se encuentre un poco cansado o cargado de actividades, etc.

En estos aspectos se puede ayudar mucho a los hijos para que mejoren. Anoto algunos ejemplos:

1. Animarles que se levanten a la hora que suena el despertador, y no, 15 ó 30 minutos después;
2. El ser diligente y darse prisa para llegar a tiempo a clase;
3. El no darle importancia a un pequeño resfriado. En vez de quedarse en cama, hacer el esfuerzo de cumplir con los deberes escolares y funcionar con normalidad durante el día;
4. El decir que “no” a la pereza, cuando se tiene que cumplir con una tarea o un encargo;
5. El soportar con buen ánimo una pequeña incomodidad: el frío o el calor, un embotellamiento vial; una lluvia inesperada que obliga a cambiar de planes, etc.
6. El vencer un pequeño defecto, como hablar demasiado o ser habitualmente desordenado para trabajar o estudiar;
7. El acomedirse con espíritu de servicio para ayudar en las tareas ordinarias del hogar;
8. El mantener el buen ánimo si no se obtuvo la calificación esperada en una materia y poner soluciones prácticas para mejorar en ese punto específico;
9. El llevar con alegría una pequeña humillación como haber perdido en una competición deportiva, de oratoria o natación, cuando el hijo pensaba que sería el seguro ganador.
10. El ser paciente y comprensivo con los pequeños defectos de los otros hermanos.

Quizá algún lector podría pensar que son cosas pequeñas. Pero en el negarse o superar un detalle y otro –de forma continúa-, se irá logrando que los hijos templen el carácter, la fuerza de voluntad y, en definitiva, que crezcan en la virtud de la fortaleza.

Los 30 graves problemas a los que hoy se enfrentan los hijos

1,351 Palabras. Tiempo de lectura 5 minutos aproximadamente.

Los padres realistas:

Son los que quieren estudiar los hechos que están ahí, delante de todos, para poder trasmitir a sus hijos las mejores soluciones. Detrás de los hechos, están las opiniones, que suelen variar en función del tipo de educación que tienen los padres y de la que quieren dar a los hijos. Estos padres nunca dicen: Eso no va con mis hijos, jamás voy a consentir que les pase eso que dicen.

Las cosas que no hay que hacer, y que los padres no enseñan a sus hijos, se las enseñarán otros, sin escrúpulos morales ni sociales, o las aprenderán a golpe de errores, algunos de ellos con consecuencias irreversibles.

Los padres pesimistas:

Son los que se dicen a sí mismos, muchas frases preparadas para auto justificarse, por ejemplo: Déjales que hagan lo que quieran, pues por mucho que les digas, no te van a hacer caso. Todos lo hacen igual, no tiene remedio y la sociedad sigue. Todos hemos hecho lo que hemos querido y podido. El mundo no tiene solución. Educar a los hijos cada día se hace más difícil, etc.

Los padres optimistas:

Son los que ven y sienten, que hay una gran juventud maravillosa, que lo demuestra en muchas cosas y continuamente. Tenemos el gran ejemplo de los miles de voluntarios, que están presentes en muchas actividades, asociaciones y lugares de compromiso social. Esa es la formidable juventud que no mete ruido, pero que trabaja intensamente para los más necesitados.

Los 30 graves problemas a los que hoy se enfrentan los hijos. Los padres deben elegir la forma de educar en cada uno de estos asuntos y explicar sus soluciones.

1. Convivir con la profusión de armas de fuego existentes, para defensa y ataque, cuya posesión, legal o ilegalmente, está en manos de personas irresponsables y peligrosas. El que posee un arma de fuego, tiene muchas más probabilidades de morir a causa de ella, que el que no la tiene.

2. Desafiar el importante reto de estar bien preparado, para realizar los trabajos que todavía no se han inventado.

3. El enorme consumismo, aparejado con el despilfarro, la falta de ahorro y el desprecio a los demás. Mucho más desprecio hacia los que menos tienen, menos saben o más descolgados están, en esta sociedad de la opulencia. Aprender a discernir, entre las necesidades y los deseos.

4. El nefasto porvenir profesional, de los que no tiene la formación que exige el mercado laboral. Formación que algunos no la adquieren, por no querer esforzarse, prefiriendo seguir los dictados del consumismo y con su vida cómoda, a corto plazo. Mientras los padres les mantengan. Los hijos NiNi.

5. El no saber rectificar los errores o faltas cometidas, debido a la falta de conocimiento y práctica, si es que los padres o maestros, no se han sentido con la obligación, ni la necesidad de educar a los hijos.

6. El racismo y la xenofobia, extendidos en la sociedad, muchas veces preconizados por los medios de comunicación y las redes sociales, e incluso desde las amistades y dentro de las familias, para autojustificar el miedo a perder lo que se tiene.

7. El tener que elegir entre tener cosas materiales, que supongan estatus social, o tener conocimientos personales.

8. El tener que realizar, casi por obligación, los hechos y las ideas que únicamente sean “políticamente correctas” para la sociedad, para no quedar como desplazados socialmente.

9. Enfrentarse a la cultura del Yo, en el funcionar de la vida: Primero Yo, después Yo y siempre Yo, sin pensar en el tú.

10. Estar muy atentos a los cambios de nombres a las cosas importantes, hechos para disimular con falacias y sofismas, su verdadero significado, y así ocultar los problemas que estos cambios encierran.

11. Estar muy atentos al sistemático ocultamiento de la acción moral de la conciencia, realizado a través de un combate institucionalizado, contra los mecanismos de defensa de la persona.

12. Ignorar la firmeza de los cuatro principios no negociables: Vida, familia, libertad de enseñanza y bien común.

13. La ausencia del verdadero concepto familiar, debido al enorme número de tipos de uniones, denominadas familias, y su corta duración, así como su rotación sin límites.

14. La dañina publicidad, permisividad, aceptación social y legalización del consumo de drogas.

15. La esclavitud que suponen para estar a la moda, algunas redes sociales y pantallas electrónicas, consumidoras de tiempo, energías y dinero. Detrás de cada una de ellas, suele estar el principio de un fracaso escolar, profesional o social.

16. La falta de asunción de las responsabilidades que les corresponden a los padres, para lograr la educación de los hijos, con vistas a su futuro profesional, familiar y social, para que estos puedan ser independientes y libres.

17. La falta del convencimiento de los padres, de la necesaria educación en las prácticas religiosas, sus razones y sus beneficios.

18. La falta legal del rigor y jerarquía en las escuelas, en las familias y en la sociedad, lo que origina que algunos padres y maestros, no pueden ejercer su autoridad, por miedo al castigo de las leyes.

19. La falta o escasa educación facilitada por los padres, relacionada con el equilibrio físico, educacional y psicológico que necesitan sus hijos.

20. La falta por parte de los padres, del ejemplo y enseñanza de las virtudes y valores humanos, aplicados según las edades físicas y mentales de los hijos.

21. La gran brecha existente, entre los que más tienen y los que menos tienen, la cual cada vez se agranda más, produciendo segmentos de poblaciones descartables para el futuro.

22. La ineludible necesidad de utilizar el perdón, la reconciliación y el propósito de la enmienda.

23. Los peligros de los noviazgos prematuros, y sus consecuencias, aunque en algunos segmento de la población, sean muy normales y bien vistos,.

24. Luchar contra la permisividad, que justifica que todo está bien, debido a que lo hace todo el mundo. Aprendiendo a discernir la verdad de la fácil manipulación de las mentes, en los engañosos conceptos pseudo religiosos, morales, políticos y comerciales.

25. Soportar las consecuencias a corto y largo plazo, de la poca calidad de la enseñanza, que está soportada por el monopolio estatal, el adoctrinamiento y la falta de responsabilidad de padres, alumnos y docentes, lo que origina la cautividad por la mala enseñanza.

26. Tener claro lo que es la educación sexual, en una época en que la sexualidad, tiende a banalizarse y a empobrecerse.

27. Tener la conciencia educada a que “Lo mío es mío es mío y lo ajeno, de todos”, y cuanto más, mejor.

28. Tener la obligación o necesidad de rotar, por hogares diferentes y sus consiguientes formas de vida, conviviendo periódicamente con padres, hermanos y otros familiares, no consanguíneos, provenientes de las nuevas formas de familia, debido a los divorcios, separaciones matrimoniales, uniones de hecho y gaymonios.

29. Tener que convivir con leyes civiles impuestas, por encima de las leyes morales.

30. Tener que desafiar las nefastas consecuencias legales, de la imposición de las múltiples variantes de la ideología de género, patrocinadas por las asociaciones LGTB, soportadas por las leyes injustas y utilizadas, agresiva y obligatoriamente por sus seguidores.

31. Pero hoy más que nunca existen muchas posibilidades, para llevar una vida plena desde la juventud. La sociedad pone al alcance de la mano, muchísimos medios de superación personal, que antes no había, o no estaban tan disponibles, para la mayoría de las personas. Tenemos que estar muy contentos de poder disfrutar de este mundo, de la situación en la que vivimos y de la futura sociedad que podemos preparar.

Resumen final: (Aviso a los navegantes) Si tienes unos padres, que te dan todo lo que les pides, si no te ofrecen ninguna educación espiritual, si nunca te regañan, si te hacen todo lo que tu puedes hacer y además, se ponen de tu parte cuando tienes un conflicto con tus profesores o con la sociedad, amárrate el cinturón, pues vas a aterrizar en picado.

francisco@micumbre.com

Qué hacer con los padres tóxicos, que pinchan como los cactus

Califico a los padres como tóxicos, cuando no educan a sus hijos, les educan mal, desprecian o se ríen de la forma y fondo de cómo, qué y cuándo hay que educar a los hijos. También son tóxicos, cuando son un mal ejemplo para los hijos y además emplean el chantaje económico, emocional o autoritario, junto a la violencia verbal, psíquica o física, para mal educarles, impregnándoles de su toxicidad.

Esos padres son comparables con los cactus del desierto, que aunque sean nuestros, sean bonitos, adornen, nos den frutos y flores, etc. lo mejor es no acercarse. Y mucho menos intentar abrazarlos, pues nos llenaremos de espinas y hasta es posible, que nos envenenemos o nos muerda algo, de lo que se esconde entre sus espinas. Después de los pinchazos, aunque se puedan aguantar, vienen, por parte de los hijos, las justificaciones improcedentes, los envenenamientos, el acostumbrarse, las disculpas y las excusas. Algunas veces, no hay medicinas para curar los pinchazos.

Es totalmente reprochable e inadmisible, incluso legalmente, que los padres induzcan, obliguen, persuadan o exijan a sus hijos, que hagan cosas delictivas o contrarias a las creencias religiosas de los hijos. Cuantas veces los hijos, por una obediencia mal entendida, por temor, por falta de conocimiento o por no enfrentarse a ellos, acatan sus órdenes o siguen lo que les han dicho los padres. La paternidad responsable y la patria potestad que otorgan las leyes, son para la buena educación de los hijos, en el presente y en el futuro.

Los padres, algunas veces tratan de equivocar a sus hijos, por motivos de autojusticarse de las cosas que están haciendo mal. Si consiguen convencer a sus hijos, del comportamiento que ellos tienen, así se sentirán o creerán, que se pueden sentir menos criticados y enfrentados. Los malos caminos que recorren, creen que si lo hicieran juntos a sus hijos, tendrían una justificación, aunque de verdad sea injustificable.

Hay que honrar a los padres, si ellos quieren dejarse amar. No creo que Dios, ni la sociedad más atea, pudiera querer que haya hijos que sean héroes de causas perdidas. Casos donde los padres no tengan ninguna intención de arrepentimiento, ni de pedir perdón, ni de fijar un firme propósito de la enmienda. A la fuerza no se puede hacer que los padres, acepten el amor que les quisieran entregar los hijos. Dios perdona todo a todos, si nosotros hacemos lo que tenemos que hacer de nuestra parte. Nosotros nos podremos quedar muy bien perdonando a los padres, pero también alejándonos del cactus para no envenenarnos.

Es de bien nacidos, el ser agradecidos con los padres, pero las cosas tienen un límite, cuando utilizan a sus propios hijos, para beneficio de sus ilegítimos y malévolos intereses. Todo tiene un “hasta aquí, basta ya” en la manipulación, el aprovechamiento y la descarada utilización. Si los hijos pueden, deben poner fin a la situación y si fuera necesario, enfrentarse para que los padres cambien de actitud, en beneficio de ellos mismos o de sus otros familiares.

Los hijos, o las personas más cercanas a ellos, incluso testigos, y dependiendo de sus edades y situaciones personales, si no pueden o saben dialogar o enfrentarse con sus padres, deben buscar a otras personas que se interpongan con conocimientos, energía y creatividad ante esa situación. Pueden ser familiares, profesionales sociales, religiosos, médicos, abogados, etc. Procurando que estos sepan integrar su ciencia con la moral familiar.

Debido a que hay una gran ausencia de formación familiar religiosa y cultural, existen los casos de padres tóxicos, que son como los cactus. Los padres tienen la obligación de enseñar las mejores cosas a sus hijos, y los hijos, a determinadas edades, el derecho a buscar y tener el discernimiento de lo que es bueno y lo que es malo, en relación con el comportamiento de sus padres. Es cuestión de saber dónde está situado cada uno.

Estos padres tóxicos, necesitan urgentemente ayuda, con tratamientos especializados de médicos, para que les intenten corregir su trastorno de personalidad mixto, para que se den cuenta del daño irreversible que hacen a sus hijos, con sus malos ejemplos y extorsiones.

Si los padres han abandonado la práctica y enseñanza de las virtudes y valores humanos, deben acudir, pues siempre estarán a tiempo, donde su sacerdote, pastor, rabino o imán, según la religión que practiquen, para que les enseñen a no hacer daño a sus hijos, con su mal ejemplo, para ellos auto justificarse.

Resumiendo: Hay que asesorarse, para poder estudiar con muy buen criterio, los siguientes conceptos de cada caso en particular, según las edades físicas y mentales de los hijos. A) A qué edad se puede empezar a pensar, que lo que nos están haciendo es nefasto para nosotros. B) Qué puedo perdonar, si los otros no quieren recibir el perdón. C) Cómo puedo amar a los que no quieren, ni se dejan ser amados. D) Ante unos padres tóxicos, si voy también a dejarme intoxicar y voy a intoxicar, con mi ejemplo, a los de alrededor.

La gran mayoría de los padres, son maravillosos, que incluso se dejan la vida por educar a sus hijos.

francisco@micumbre.com

10 Consejos a los hijos para que no hagan juicios temerarios, ni críticas malévolas

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1. Cuídate y júzgate a ti mismo, será mucho más útil en tu presente y tu futuro. Tienes cantidad de cosas que hacer, antes de que termines de corregir todas tus faltas. En cuanto a las faltas de los demás, lo que mejor puedes hacer, es dar buen ejemplo, ofrecer un pequeño consejo cuando te lo pidan y pide a Dios sinceramente, por las personas que lo necesitan, ya que El muchas veces excusa a los que nosotros juzgamos.

2. Debes estar más dispuesto a pensar bien de los otros, que a juzgarles y a condenarles. Antes de juzgar piensa en la Misericordia y en la Caridad que alguien ha tenido contigo, en aquellas ocasiones muy dolorosas o difíciles para ti.

3. El “minuto de gloria” que te suponga, por haber hecho ante otros, un juicio temario o una crítica malévola, puede haber producido un daño irreparable en el prójimo y un cargo de conciencia en ti.

4. No exageres las faltas de los demás, y no te creas todo lo que te digan sobre otros. Nunca juzgues por lo que te hayan dicho o hayas oído. Es un deporte nacional, sentirse superiores juzgando a los demás. Juzgar a otros es el principio del odio, del racismo, de la intolerancia y de la xenofobia.

5. No juzgues a nadie cuando esté ausente y no puede defenderse, máxime si tienes prejuicios con él o contra lo que ha hecho, o te estás dejando llevar por tu temperamento, criterios, sentimientos y amor propio. Tampoco permitas que otros juzguen a los ausentes, porque si muestras interés por oírlo, se animarán a continuar. Demuestra con tu silencio, que desapruebas esos juicios.

6. No juzgues mal a nadie, ni más duramente a unos que a otros, porque no te caigan bien, a lo mejor es que no os sabéis comunicar o que tiene muchas razones buenas para hacerlo. Incluso no debes juzgarlo aunque consciente o inconscientemente, hayan ofendido tu orgullo o tu dignidad. Todos no ven las cosas con tu mismo criterio, conocimientos y experiencias.

7. No seas tan escrupuloso, ni te sientas tan herido, por las faltas de los demás. Si profundizas bien, ese enfado puede provenir de un error tuyo, además de que tu orgullo puede hacer que “veas la paja en ojo ajeno y no la viga en el tuyo”.

8. Preocúpate de tus propios asuntos y no te erijas en juez de quienes están a tu alrededor. Hay cantidad de cosas de tu prójimo, que las ignoras por completo. No es fácil juzgar a los demás con acierto. Se prudente y deja a Dios que sea el que les juzgue, así tendrás más paz de conciencia. Juzgar a los demás es una actitud que empieza en costumbre, después en hábito y termina en vicio. “Como juzgues, así serás juzgado”.

9. Sólo se puede juzgar a otros, si es para proteger a un inocente, ayudar al bien público o para ayudar a alguien, que está necesitando un consejo. Previamente tienes que conocer perfectamente los hechos, las características y los motivos e intenciones del que vas a juzgar. Piensa profundamente cómo te gustaría que te juzguen a ti, por tus acciones u omisiones, cuando estés ausente.

10. Ten paciencia y comprensión con las faltas de los demás, conociendo y ejercitando las virtudes y valores humanos. Preocúpate principalmente por tus propios asuntos, muchas veces se molestas a los demás, en lugar de ayudarles a resolver sus problemas. Haz tu trabajo y corrige tus faltas, así estarás demasiado ocupado, para preocuparte por las faltas de los demás.

francisco@micumbre.com

Educar con el ejemplo.

Por: Mónica Ortiz Otárola
Fuente: Entrevista al doctor David Isaacs, revista ARBIL No.61

¿Dónde existen los cauces adecuados para recoger el deseo del hombre de hacer algo grande, de esforzarse en función de un ideal? En esta entrevista al David Isaacs, doctor en educación y profesor en la Universidad de Navarra (España) en la que fue vicerrector y director del Instituto de Ciencias de la Educación, éste se toma su tiempo al responder

«Uno como padre puede tener muchos proyectos de vida y no tener ninguna seguridad de que lo va a lograr por la existencia de un montón de influencias externas y negativas que afectan hoy a la familia», asegura experto europeo.

¿Dónde existen los cauces adecuados para recoger el deseo del hombre de hacer algo grande, de esforzarse en función de un ideal?

«La respuesta es sencilla, se trata de hacer de las pequeñas cosas de cada día una suma de esfuerzos, que puedan ser algo grande, una muestra de amor. Los hijos necesitan saber que su vida sirve para algo. Que es necesario superarse personalmente para trabajar mejor. Si no enseñamos a los niños a ser mejores solo estamos formando a futuro seres egoístas, incapaces de resistir y soportar las molestias a la que nos vemos enfrentados diariamente. Con situaciones ambientales perjudiciales, rodeados de un sinfín de pequeñas y falsas necesidades; de influencias nocivas creadas por el hombre, pareciera que no quedan posibilidades de encontrar aventura…»

Al Dr. David Isaacs, consultor en centros educativos de más de una treintena de países europeos, africanos, americanos e incluso de lugares tan remotos como Finlandia le han llamado para dictar conferencias. Autor del libro «La Educación de las Virtudes», texto que ha sido reeditado ya 13 veces, se le han sumado una serie de videos en que aborda el mismo tema. Casado, es padre de siete hijos.

La familia ante todo

Isaacs defiende una educación en la virtud vivida de forma personal en el marco indispensable del núcleo familiar. Este pedagogo defiende el valor de la familia: «la que hemos palpado desde nuestra niñez debería ser sometido a una consideración intelectual para juzgar si es válido o no. Y para valorarlo es necesario poseer -afirma- información completa y saber distinguir hechos y opiniones, lo importante y lo secundario».

– P. Está usted de acuerdo usted con la frase «la familia hoy está en crisis».
– R. La familia como institución no lo está. Lo que pasa es que hay familias concretas, una a una que si viven serios problemas ya sea de comunicación, convivencia, relaciones personales. Ahora, como se generaliza, se dice que la familia que es la base de toda sociedad civilizada, está en crisis. No hay que olvidar que es la primera célula necesaria para la sociedad, porque depende de ella.
Hay una confusión en ese sentido, porque si uno va enumerando los problemas que se viven cotidianamente y que por lo demás, son los que nos hacen sentirnos vivos, no vamos afirmar que la institución ya no sirve. El hombre nace, crece, se desarrolla y muere en una familia, sin ella no puede vivir.

– P. Entonces, es el individuo el que sufre o provoca esas crisis?
– R. El hombre entra en crisis cuando no consigue una congruencia entre su actuación diaria y los valores que vive en su vida. Además si no consigue plantear valores auténticos y se deja llevar por contravalores como por ejemplo el placer como una constante en su vida, terminara buscando las bajas perversiones del instinto para satisfacer ese deseo de placer. Nunca encontrándose a gusto, la persona vive con un vacío existencial que lo hace tocar fondo y a veces destruirse asimismo. El problema que se da es que muchas veces el hombre sabe y conoce lo que es bueno para él, pero lo sustituye por valores negativos. Es aún más grave cuando desconoce totalmente los valores, porque vive en una ignorancia permanente.

Escuelas para padres

– P. Una de las novedades de este siglo que comienza es que para educar a los hijos hay que estudiar. Nace el concepto de «Escuela para Padres», pues parece que no basta ya la antigua idea de que para ser padres solo es necesario tener hijos y que lo demás vendrá por añadidura?
– R. Eso es verdad, hoy es necesario estudiar. Hace cincuenta años uno podía decir que es lo que uno quería para un hijo y lo más probable es que se conseguía. Hoy uno como padre puede desear muchas cosas, tener muchos proyectos de vida pero no se tiene ninguna seguridad de que lo va a lograr por la existencia de un montón de influencias externas y negativas que hay sobre la familia. Y esto significa que los padres necesitan aumentar la intencionalidad en la educación de los hijos para que en un futuro cercano sepan enfrentarse de manera inteligente y responsable con las influencias negativas que rondan a su alrededor.

– P. ¿Cuáles son a su juicio esas influencias negativas?
– R. Uno lo ve a diario en los medios de comunicación masivos. En las primeras páginas o en los noticieros, muchas veces se destacan diariamente contravalores como guerras, violencia, odio y sexo desenfrenado. La persona se va acostumbrando a estas conductas y las encuentras normales. Hay un paso muy pequeño entre considerar algo normal y que ello sea correcto Ahí tenemos una influencia. Pero también, hay otros tipos de conductas que no son en sí negativas sino que son valores aceptables como el dinero, la eficacia técnica, el prestigio, el poder, lo que sucede que si los colocamos en primer lugar en nuestras vidas lo más probable es que se termine siendo una persona terriblemente egoísta. En cambio, no hay nada de malo de ganar dinero lícitamente por ejemplo, para mejor servir a los demás. Hay que saber compensar estos valores con la comprensión, la generosidad, la solidaridad así la persona estará encaminando su vida hacia la felicidad.

– P. ¿La tarea y responsabilidad de hacer de los hijos hombres y mujeres de bien ya no es tarea exclusiva de los colegios, como se pensaba en el pasado?.
– R. Hay que tener claro que, la escuela fue pensada para instruir, para capacitar, adiestrar, entregar conocimientos a los alumnos, pero no se puede habla de una auténtica educación integral una formación total de la persona. Es evidente que los padres son los primeros educadores de sus hijos. Son ellos los que deben colaborar con los profesores para entregar una formación integral de los niños.
A veces los colegios no están acostumbrados a y hay casos en que no están en condiciones de contar con esta colaboración ya que los padres están reticentes por cansancio, porque les falta tiempo o simplemente porque no saben cómo hacerlo. Nadie duda que enseñar hoy no es fácil. Hay que educar para el amor porque es en la familia donde se es aceptado por lo que uno es, y no tanto por lo que uno hace.
El error que cometen muchos padres es gastar su esfuerzo en lograr que sus hijos aprendan más idiomas, hagan más deporte, que tengan más actividades extra programáticas, olvidando la necesidad de crear ese clima de aceptación incondicional donde cada miembro puede expresarse sabiendo que nadie lo va a encasillar. Nunca hay que perder la confianza del hijo así podremos ayudarlo a que utilice lo que posee de la mejor manera posible.

Padres dispuestos a escuchar

– P. ¿Con los tiempos que corren, la invasión de las nuevas tecnologías en los hogares, televisión, Internet, chat; todo bonito y ligh que se promociona de manera fácil, cómo conseguir entonces que los hijos sean responsables, generosos y sinceros?.
– R. Esos valores o virtudes se logran inculcar en la infancia. Primero insistiendo en el desarrollo de hábitos, aunque no entiendan el porqué de los mismos. Ya a los siete u ocho años los chicos son conscientes de sus actos y que un niño pase horas mirando televisión, o jugando en la computadora es muchas veces comodidad de los padres. Que cuesta tener un baúl con disfraces hechos con vestidos o ropa que ya no se usa; o una pizarra donde los niños puedan escribir, hacer dibujos, a veces un simple globo entretiene horas. Inculcar la afición por la lectura, desde pequeño llevará a tener adolescentes que se entretengan con un buen libro o enseñar a escuchar música.
En la adolescencia hay que lograr que los jóvenes participen en actividades que les ayude a encontrar satisfacción en ayudar a los demás. Enséñales a cuidar el medio ambiente, a disfrutar de él sanamente. Ahora es importante que la figura del padre y de la madre siempre esté dispuesta para escuchar, aconsejar, acompañar, y también retar si es necesario. Los padres olvidan su rol, y la tremenda responsabilidad que tienen, un papá es siempre papá no es un amigo ni el cómplice de «mentirillas blancas». Uno educa con el ejemplo día a día.

– P. Hoy se afirma que el concepto Familia es cualquier unión afectiva y que no es posible definirlo, que la sociedad moderna debe dar paso a la familia pluri-modelal ¿ qué opinión le merece esa afirmación?
– R. No está bien que se use un término que ya ha sido definido claramente dándole otra intención. Se le está aplicando para otro tipo de relación entre personas que no tienen nada que ver con el concepto de familia. Una familia siempre ha sido y lo será un hombre, una mujer comprometidos para toda la vida y abiertos a los hijos. Otro tipo de relaciones es otra cosa y no tienen nada que ver con la familia.

Generación ye-ye

– P. ¿Cree usted que hoy se vive la «generación YE-YE, una sociedad adolescéntrica, donde la referencia amorosa es la «pareja juvenil» siempre jóvenes, bellos, que no acepta la adultez y se cansan de educar a sus hijos? , como lo afirma el psicoanalista francés y especialista en psiquiatría social Tony Anatrella.
– R. Creo que hoy, hay una situación muy extendida en muchos países todavía en que la juventud cree que lo más importante para vivir son los sentimientos. Una de las características de los tiempos que corren es que lo único importante es sentir. Y todo sentimiento que provoque algún tipo de placer es lícito y en cambio cualquiera que provoque sufrimiento, se le puede evadir. Comprometerse con alguien o algo es sinónimo de dolor a posteriori, por eso no quieren casarse y si lo están, no desean tener hijos. Quien quiere causarse molestias a futuro. Ahora, hay que destacar que también hay un buen número de matrimonios jóvenes que se la «juegan» por los hijos y la familia.

– P. ¿Porqué la modernidad busca resaltar la autorealización del puro individuo, eliminando toda mediación entre la sociedad y el individuo?.
– R. Hoy en el mundo muchas personas viven un individualismo de corte liberal sin compromiso con la sociedad y efectivamente lo que busca el hombre es la posibilidad de sentirse bien, muchas veces sin considerar al otro. Entonces, nunca tenemos tiempo para conversar con la esposa, con los hijos o con los amigos. Siempre soy yo primero, segundo y tercero.

Libros de Isaacs

La Dirección y Organización de los Centros Educativos, Eunsa, 1970. Padres y adolescentes, Eunsa, 1972.
Casos de Educación familiar, Eunsa, 1972.
Cómo mejorar la dirección de los centros educativos, Eunsa, 1974.
Re-unión familiar, Ed. Fert, 1974.
La educación de la virtudes humanas, Eunsa, 1974.
Cómo evaluar los centros educativos, Eunsa, 1977
Dinámica de la comunicación en el Matrimonio. Eunsa, 1998
Familia contracorriente. Ed. Palabra 1994
Teoría y práctica de la dirección de los centros educativos, Eunsa, 1998.

Coherencia

Por *Juan Alberto Echeverry
Rom 2:17  Tú te llamas judío, confías en la ley de Moisés, y estás orgulloso de tu Dios.
18 Conoces su voluntad, y la ley te enseña a escoger lo mejor.
19 Estás convencido de que puedes guiar a los ciegos y alumbrar a los que andan en la oscuridad;
20 de que puedes instruir a los ignorantes y orientar a los sencillos, ya que en la ley tienes la regla del conocimiento y de la verdad.
21 Pues bien, si enseñas a otros, ¿por qué no te enseñas a ti mismo? Si predicas que no se debe robar, ¿por qué robas?…

Qué difícil es ser coherente en la vida, y cuánta necesidad tiene el mundo de personas auténticas y congruentes en su fe, en la moral y en su rol de vida. Es difícil especialmente para los jóvenes creer en la verdad, cuando el mundo está lleno de tantos adultos viviendo de manera incongruente con lo que predicamos. Tuya y mía es la responsabilidad de recuperar la verdad para nuestra sociedad, para nuestras familias.

Aunque nos cueste trabajo, debemos hacer nuestro mayor esfuerzo para ser verdaderamente coherentes en todo lo que hacemos, pensamos y decimos:
Mat 23:2 “Los maestros de la ley y los fariseos enseñan con la autoridad que viene de Moisés.
3 Por lo tanto, obedézcanlos ustedes y hagan todo lo que les digan; pero no sigan su ejemplo, porque ellos dicen una cosa y hacen otra.

A cada uno pues, nos corresponderá pararnos en la puerta de entrada de nuestra casa, y mirarnos a nosotros mismos, a ver en qué estamos siendo incoherentes en nuestra vida, y cuánto estamos verdaderamente contribuyendo a cambiar al mundo a partir de la verdad, pues el tiempo actual es nuestra responsabilidad.

Dios Padre de amor: To conoces nuestro corazón y todos nuestros actos, porque a ti no te podemos ocultar nada. Te pedimos en el nombre de Jesús que nos regales la luz del Espíritu Santo para ser verdaderamente coherentes en nuestra vida, y para que nadie se pierda por nuestra culpa.
Amén.

*Facilitador católico Director de la FUNDACIÓN CATÓLICA IMMAH
Laico Católico Colombiano, escritor y predicador

 

Alejandra Diener en EWTN ¿Cómo prepararse para ser padres que eduquen hijos?

Alejandra Diener en EWTN en el programa Cara a Cara con Alejandro Bermudez tratando el tema: ¿Cómo prepararse para ser padres que eduquen hijos?

Alejandra Diener es maestra en ciencias de la familia, madre de familia y activista pro los derechos de las mujeres y los niños. Ella, con su conocimiento y experiencia, explica lo que deben hacer los padres para darles una buena educación a sus hijos desde antes de que éstos hayan sido concebidos.