#Chile Otro paso más hacia el totalitarismo

Hace pocos días y pese a la enorme polémica que ha generado, terminó aprobándose en la Cámara de Diputados, el proyecto de ley de Garantías de la Niñez, gracias al cual el Estado podrá imponer, de llegar a convertirse en ley, una visión única no solo respecto de la sexualidad, sino más profundamente, de la concepción del ser humano, haciendo tabula rasa con las convicciones de los padres –religiosas o no–, su derecho preferente para educar a sus hijos, la libertad de enseñanza y la libertad de conciencia, entre otros derechos fundamentales que han sido borrados de un plumazo con esta nueva legislación.

            Debe advertirse que el carácter totalitario de este y de otros intentos del Estado de imponer una visión “oficial” en materias amplia y legítimamente discutibles, incluso en áreas o ambientes privados y hasta íntimos de las personas, conlleva otorgarle un enorme poder, al permitirle por esta vía moldear la mente de sus ciudadanos. Es por eso que pocas cosas hay más nefastas para una sociedad, que el afán del Estado por meterse y regularlo todo.

            De nada vale que exista o no un régimen democrático que en teoría, avale esta ilegítima intromisión. A fin de cuentas, este sistema político es sólo un mecanismo para elegir a sus gobernantes y para la toma de sus decisiones, pero no garantiza de suyo que dichas decisiones sean justas. Ello, porque el mero procedimiento o ritualidad no convierte en correctos sus resultados, pues tanto el bien como el mal pueden haber sido fruto de un arduo y meticuloso trabajo. Es a esto a lo que se ha llamado también “falacia procedimentalista”.

            Otro argumento usualmente utilizado para imponer esta y otras conductas totalitarias del Estado, consiste en justificar dicho proceder señalando que se están protegiendo diversos “derechos humanos”, sea lo que fuere que se entienda por los mismos. En realidad, es tanto el prestigio que aún posee este concepto, pese a lo manoseado que se encuentra, que su sola evocación genera una casi automática legitimación de lo que se pretenda lograr a su sombra, lo que podría llamarse un “efecto talismán” de los derechos humanos.

            El problema es que en la actualidad, estos derechos no son una realidad a descubrir sino a inventar, a crear mediante decisiones supuestamente consensuadas por los Estados mediante tratados internacionales. Pero al final, terminan dependiendo en los hechos de la interpretación más que antojadiza que hacen de estos tratados los comités y tribunales encargados de tutelarlos, gracias a lo cual han acabado en no pocos casos completamente deformados y alejados de su sentido original. Ello explica además que los mismos problemas (y por tanto, análogas aspiraciones totalitarias) se estén dando en la actualidad en muchísimos países al mismo tiempo, lo cual evidentemente no puede ser casualidad.

            En consecuencia, lo importante entre otras cosas, es el fundamento y el resultado de las políticas y decisiones que se adoptan, sea a nivel nacional (exista o no una democracia) como internacional, y no tanto la manera en que se decidan, o si se prefiere, el camino que se siga para implantarlas.

            Avanzamos así hacia un Estado cada vez más totalitario, que no contento con la dictadura sanitaria que ha impuesto desde casi un año y medio y del colapso económico global que esto está produciendo, pretende también ir cercenando cada vez más y más libertades. ¿Hasta dónde llegará?

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

Día del padre: su papel fundamental en la formación de los hijos

En cierta ocasión, saludé a una experimentada Psicóloga –madre de ocho hijos- y, tanto su esposo como ella, se dedican desde hace muchos años a la orientación familiar.

Conversando con ella sobre varios temas, me comentaba: “Nunca me ha gustado que en los anuncios publicitarios se ponga tanto énfasis en la importante función de la mamá en el hogar, por ejemplo, con ocasión del Día de la Madre”.

  • ¿En qué sentido lo dices? -le pregunté.
  • “Desde luego el papel de la mamá es fundamental, pero observo que con frecuencia se relega al padre a un segundo o tercer plano, como si importara menos o fuera muy secundario”.

Y añadía:

  • “Mi marido y yo hemos atendido a decenas y decenas de casos de chicas y chicos con trastornos emocionales por la ausencia de la figura paterna. En numerosos casos, incluso viviendo el papá en el mismo hogar. Porque resulta que él no se interesa por sus vidas, por sus estudios, sus novios, sus ilusiones, sus aficiones deportivas o culturales o qué carrera universitaria sueñan con estudiar”.

Me quedé reflexionando y pienso que tiene mucha razón. Porque en nuestra cultura “machista” es típico que el esposo piense: “Mi función es trabajar y traer dinero para sacar adelante los gastos de la familia. Lo demás le corresponde a mi mujer”.

Además de que en la actualidad la tendencia es que los dos cónyuges trabajen, el marido no se debe de colocar en esa actitud cómoda y quedarse al margen de sus responsabilidades.

¿Cómo rescatar la figura paterna?

  1. Padre es aquél que participa en todos los acontecimientos importantes de sus hijos y sabe cómo organizar bien sus horarios para llegar temprano a casa y acompañar a la esposa en resolver las tareas de los niños y en todo lo que haga falta.
  1. Se acerca a conversar con cada una y cada uno de ellos para que le cuenten privadamente sus inquietudes, sus pequeñas preocupaciones, sus tristezas, sus alegrías. Es copartícipe –paso a paso- de sus vidas desde que son niños, luego cuando pasan por la adolescencia y la juventud.
  2. Es una persona equilibrada y madura que está unido a su esposa y conversan sobre cómo ayudar mejor a cada uno de sus hijos.
  1. Sabe disfrutar de sus hijos en cualquier etapa en que se encuentren. Desde acompañarles en sus juegos infantiles, salir de paseo o en bicicleta. Que los hijos lo vean como su mejor amigo en quien pueden confiar todas sus pequeñas intimidades.
  1. Debe estar dispuesto a compartir las responsabilidades de la crianza: darles de comer, bañarlos; llevarlos al médico si están enfermos y seguirlos de cerca para que tomen los medicamentos indicados; asistir a las juntas de padres de familia en el colegio junto con su esposa; tratar de no fallar a los torneos deportivos o participaciones musicales de los hijos.
  1. Aprender a corregirles en el momento oportuno en plan positivo, amable y constructivo. Nunca a gritos ni con regaños y menos en frente de toda la familia o con extraños. De lo contrario, quedan dolidos, con resentimientos.
  1. Es decir, el padre no puede convertirse en el típico “ogro regañón” al que los hijos le tengan miedo y por ello se distancien de su presencia o le pierdan la confianza. Sería un grave error. Un buen papá debe ser tolerante y comprensivo. Que anima, que impulsa, que brinda sus consejos con una sonrisa y buen humor.
  1. El padre tiene que mostrar su cariño y ternura hacia cada uno de sus hijos. Esa conducta no le hace perder autoridad; todo lo contrario, muestra que tiene corazón y sentimientos afectuosos para con ellos. También es clave saber perdonar, comprender, disculpar.
  1. Organizar los festejos de los hijos, en compañía de su esposa. Sin miedos y con naturalidad, aprender a dar abrazos o un beso cuando la ocasión lo amerite. Me he encontrado con personas mayores que dolidas me comentan: “Mi padre nunca fue capaz de darme un abrazo y decirme que me quería. Sólo me lo comentó en su lecho de muerte, ¿por qué no me lo dijo en mi infancia o cuando era joven? Siempre me había quedado con la impresión de que no me quería”.

 En resumen, el padre debe de buscar los mejores momentos del día o del fin de semana para estar con sus hijos, con el objetivo claro de ser el mejor amigo de sus hijos (cfr. www.lafamilia.info).

El arte de cultivar los buenos hábitos

Muchas veces hemos conocido a personas y amigos que desde jóvenes viven una serie de buenos hábitos –también llamados valores o virtudes- y los realizan con la mayor naturalidad.

Cuándo les preguntas a esos conocidos cómo fue que los adquirió, su respuesta parece muy sencilla:

-Mi papá me invitaba todos los días a levantarme temprano y nos íbamos a caminar, o a correr o andar un rato en la bicicleta.

-También mi mamá nos animaba a aprovechar el tiempo. Nos decía, por ejemplo. “No quiero que nadie en la casa se pase horas y horas viendo películas o con los videojuegos. ¡Hay muchas más cosas útiles que hacer!”

Algo similar ocurrió con mi educación en la escuela en Ciudad Obregón, Sonora. Tenía reuniones periódicas con mi preceptor o asesor académico y revisaba mis calificaciones mensuales, trimestrales o semestrales y me decía: “Está claro que tienes que mejorar en Biología, Química y Física. Si quieres, al finalizar las clases de cada día, te puedo ayudar a resolver dudas que tengas de estas materias o a resolver algunos problemas. Pero considero conveniente que subas de promedio. Al principio te costará esfuerzo, pero luego te dará mucho gusto por los resultados obtenidos. La clave es la disciplina y la constancia, ¡no lo olvides!

Gracias a ese buen maestro, al final de la Preparatoria obtuve un magnífico promedio, que me ayudó a entrar sin problemas en la carrera universitaria.

Otro profesor de Literatura, me animaba mucho a leer a los clásicos de la Literatura Mexicana y Universal e interesantes biografías. Me parece que a él le debo mi afición por las buenas lecturas.

En casa, la costumbre era, en primer lugar, sacar bien las tareas escolares. Si algo se me dificultaba, me ayudaban mi madre o mi padre.

Un formativo detalle de ayuda fraterna, era al concluir mis tareas y el estudio, me pedía mi padre:

-Ahora ayuda a tu hermano Enrique que se le dificultan mucho las matemáticas.

La verdad es que lo hacía con gusto por el ejemplo de generosidad que observaba en mis padres, invirtiendo tiempo en asesorar mis tareas.

Finalmente llegaba el momento esperado, practicar un poco de basketball con unos vecinos porque teníamos en la escuela un torneo deportivo.

Recuerdo en mi natal Sonora, aquellos calores del verano en que subía mucho la temperatura y casi todo el mundo tenía la costumbre de dormir un rato de siesta después de la comida.

Pero llegaba un buen amigo al que apodábamos “el Zurdo”. Como era de total confianza, entraba sin tocar hasta mi habitación, me despertaba de la siesta y me mostraba un balón de basket y a continuación me decía:

– ¡Imagínate, nos esperan libres todas las canchas de basket de la escuela! Al principio, yo protestaba y le comentaba: – “¡Hace “un calorón, Zurdo. Ahorita ni los chanates vuelan!”.

-Pero, él volvía a insistirme: mira ya “picados en el juego ni cuenta te das del calor. Además, después de sudar “te sientes a todo dar”. Y era verdad.

He de reconocer que debido a su entusiasmo me aficioné a este deporte, lo mismo que al baseball.

A otro amigo, le gustaban mucho las carreras de 100 y 200 metros planos y pasaba a mi casa a invitarme. Para animarme me decía:

-Allá en la escuela nos espera el profesor de Educación Física que está empeñado en que mejoremos nuestras marcas personales para poder ir a competir a la gran final estatal en Hermosillo.

Y de esta manera, a través de mis padres y de las buenas amistades, fui adquiriendo una serie de buenos hábitos.

La formación de valores en los hijos

Un error frecuente que recuerdo en mi adolescencia, cuando algún niño o joven, no tenía buena conducta, era que los mayores de inmediato preguntaban: “-¿En qué escuela estudia?”

Pienso que hay que remontarse a la formación que los chicos han recibido de sus padres, en su propio hogar.

La moderna Pedagogía habla de la “Formación Integral de los hijos”. Es decir, señala que debe de abarcar no sólo el aspecto académico para que obtengan buenas calificaciones sino, también y sobre todo, el inculcarles buenos hábitos, como por ejemplo: el orden, el aprovechamiento del tiempo, la sobriedad y la sinceridad, el esfuerzo en el estudio y el trabajo, la generosidad y la justicia, la obediencia y el compañerismo, la responsabilidad, la alegría y el optimismo, etc.

La familia es la primera y principal escuela de virtudes y valores. En la familia se consigue que los hijos crezcan en esos valores porque están motivados por el verdadero amor. Dicho en otras palabras, no crecen en esas virtudes por un mero “voluntarismo” como “cumplir el deber por el deber mismo”. Porque llega el momento en que el niño o el adolescente se hartan de que se le exijan cumplir algo que no entienden ni comprenden. De ahí la importancia de enseñarles a razonar. Que sepan que, por ejemplo, crecer en la virtud del orden redunda en su propio beneficio.

Recuerdo que cuando estaba en la Primaria, con la ayuda y asesoría de mis padres, procuraba hacer las tareas bien. Un día tras otro. En las materias de Geografía, Historia y Gramática, mi madre me ayudaba. Pero en los difíciles problemas de Matemáticas, esperaba a que llegara mi padre, un poco más tarde, para resolverlos acertadamente. Ya después en la Secundaria me valía por mí mismo porque se me había fomentado el hábito del estudio.

Otra norma o costumbre, era que mis seis hermanos y yo debíamos hacer, en primer lugar, las tareas escolares y después podríamos hacer un rato de deporte con los amigos o ver nuestro programa favorito en la televisión.

Cuando venía la temporada de exámenes trimestrales o finales, nos animaban a poner un particular esfuerzo para obtener buenas notas. Recuerdo la alegría que nos daba el pasar con buenas calificaciones al siguiente año escolar. Era la consecuencia lógica de ese esfuerzo mantenido.

Algunas veces recibíamos preceptoría académica de los profesores y, en otras ocasiones, conversaban privadamente con nuestros padres. De esta manera, se establecía un puente de comunicación “escuela-familia” para ayudarnos a mejorar también en la parte humana, además de la académica.

Otro aspecto fundamental es la formación en la fuerza de voluntad para conseguir las metas que se aspiran. Me refiero, por ejemplo, si una hija o un hijo quieren aprender a tocar un instrumento musical, practicar más un deporte para lograr incorporarse a la selección escolar o animarse a participar en un concurso de matemáticas, oratoria o poesía. La ayuda y el apoyo de los padres resultaba clave.

Me viene a la mente, cuando el hijo de un amigo mío mostró que tenía buen oído y particular habilidad para tocar el piano. Se le inscribió en una academia musical y, posteriormente, fue admitido en la orquesta del colegio. Esta orquesta de niños viajó por varias ciudades de Estados Unidos para dar conciertos. Tanto los padres como el hijo mostraban un gran gozo y satisfacción, además de que se crece en la virtud de la solidaridad y el compañerismo.

Todo ser humano está llamado a ser feliz. La superación personal, la autoestima, la alegría y la felicidad de las metas logradas forman un estrecho entramado que conducen a la autorrealización como personas.

Otro concepto fundamental es que los hijos deben sentirse queridos en cualquiera de las etapas de la vida en que se encuentren. A menudo ocurre que las manifestaciones de afecto se prodigan en la infancia, pero al llegar a la adolescencia, particularmente los padres, tienden a volverse más fríos y secos con sus hijos varones y eso es fuente de innumerable de traumas y resentimientos. Me contaba un amigo que no recordaba la última vez que su padre le había dicho que lo quería, sino cuando estaba agonizando. Y esto me lo contaba con lágrimas de dolor.

Sin duda, la mejor herencia que se puede dejar en los hijos es que tengan una mentalidad optimista y alegres frente al mundo y a la vida porque el ejemplo de los padres ayuda a educar bien. En cuanto a la generosidad, tengo muy grabado el recuerdo de un buen amigo mío que hacia el mes de noviembre, les decía a sus hijos:

“-En diciembre –como todos los años- vamos a repartir ropa, buenos juguetes y dulces a los niños huérfanos. Vayan separando todo lo que piensen que se podría regalar, pero ¡qué esté en buen estado! Y despréndase de algún juguete que les guste especialmente porque eso les ayudará mucho a ustedes y a todos. Efectivamente, llegando la fecha acordada y que sus hijos veían los rostros llenos de alegría de los pequeños huérfanos, comentaban:

-“¡Qué feliz me siento! –comentaba la más pequeña- porque entregué esa muñeca que tanto me gusta a una niñita”. Y otro hijo decía: “¡Regalé un buen balón de futbol a un pequeño que noté que nunca le habían regalado algo parecido y con su cara de felicidad me sentí más contento yo que él!”

En conclusión, la formación de los hijos es una tarea que no termina nunca y los frutos se aprecian y aquilatan a la vuelta de los años.

El desamor fruto de un capricho

Por: Alejandra Diener

Una paternidad responsable implica que los padres de los hijos sean personas que respondan ante las adversidades que puedan presentarse en el cuidado y crianza, de manera enaltecida. Sin evadirse, sino enfrentando sus compromisos al haberse convertido en padres de los vástagos.

La autoridad que se emplee en la educación de los niños, tiene que venir acompañada de su etimología, es decir, augere ayudar a ser mejor persona a quien tiene menos edad y experiencia, a quien carece de competencias en los distintos campos de la vida. En este caso, la vida misma es una ventaja para los padres y por ello los hijos deben de someterse a su guía, por el bien de su desarrollo emocional y evolutivo.

El amor, que es lo que surge de manera natural en una relación paterno filial, es lo que dará vida a la paternidad responsable y a la autoridad. El amor que implica el sentido ágape, el no esperar nada a cambio. Dejar de comer para que ellos coman, dejar de dormir para que ellos descansen. El amor que busca manifestarse en enseñar a amar para saberse amados, para saciar la necesidad innata humana de amar y ser amados. El amor, que es motivado por ver a los más pequeños, vulnerables y delicados hijos, crecer con autoestima, con libertad y con sentido de pertenencia. El amor que motiva a los padres a entregarse a ellos incondicionalmente.

En la actualidad, la familia se ha visto atacada por ideologías de distinta índole que han trastocado violentamente la verdadera situación de los padres en su desarrollo para encaminar y ayudar a ser mejores personas a sus hijos. El progresismo equivocado que ha confundido que todo tiene que ser redefinido para lograr el progreso, sin considerar que muchos conceptos y sobre todo, muchas instituciones no requieren redefinirse ya que funcionan por su naturaleza.

El matrimonio, por ejemplo, una institución que tiene una función específica y que en resumen es proteger a la prole legalmente y darles estabilidad a los integrantes de  ésta, principalmente a los esposos, funciona por su objeto. Pero falla por ser manoseada y relativizada. Bombardeada en primera instancia por el machismo inherente en el ser humano, que sobaja a la mujer y la devalúa simplemente porque es la progenitora que gesta a los hijos en su vientre, quien amamanta, quien se desvela y se entrega a todos sin esperar nada.

Por el contrario, el varón ensombrecido del machismo antes mencionado, se aprovecha de su condición de fuerza y de proveedor. ¡Sin él no comemos! ¡Sin él no tenemos techo! Y sin él no hay bienestar. Este pensamiento primitivo, pero tan aceptado, aún en este siglo de progresismo equivocado, ha provocado la destrucción de la familia, de los matrimonios, de los hijos, ha roto el tejido social.

La familia, atacada primeramente por medio del matrimonio, ahora está siendo atacada por medio de sus menores de edad. Está emancipando y volviendo a relativizar a los hijos, haciéndolos libres para algunas cosas y prisioneros para otras. Han logrado confundir la diferenciación biológica, permitiendo y promoviendo que los jóvenes y niños que transitan por una etapa de falta de identidad propia de su edad, crean que pueden cambiarse de sexo, como se le ha acuñado “cambiarse de género”. Pero a su vez son prisioneros pues no se les permite comer frituras, ni consumir tabaco, alcohol, ni conducir. Se les permite abortar a sus hijos pero no casarse, se les permite decidir si no quieren vivir ya con alguno de sus progenitores, pero no pueden trabajar por ser menores de edad.

Esta confusión, así como la que se generó con el matrimonio, con el machismo, luego con el justificado feminismo, hoy es el divorcio de los hijos de los padres por tener derechos que sobrepasan los inalienables y se les crean nuevos que los empoderan y provocando así que menosprecien a sus progenitores. Peor aún, con el feminismo radical se ningunean a papás que seguramente son loables, pero que sus madres han decidido por despecho desprestigiarlos. El machismo, a su vez ningunea a las progenitoras, apoyando a los hijos diciendo que son unas “locas” “autoritarias”, “intransigentes”. Machismo que el mismo feminismo fortaleció al querer imponer una igualdad entre los sexos, hasta el grado de desaparecerlos y denominarlos géneros.

El amor, que inicialmente llevó a la humanidad a propagarse, a reproducirse y a querer formar familias, hoy es un desamor que lejos de enseñar a los hijos a amar para ser amados, los ha educado a ser despechados, a violentar a sus padres con apoyo de alguno de ellos. Mostrando que si se desea odiar a alguno, es permitido sin justificación lógica y real. El desamor que viene principalmente por ese deterioro del tejido social, es lo que se vive en este siglo caótico y desastroso.

Que como resultado, dejaremos personas que odian y son vengativas, que son alentadas a destruir a sus propios padres y que se les incita a tomar decisiones tan graves como querer mutilarse el cuerpo, destrozar otro cuerpo o inclusive quitarse el apellido de alguno de sus progenitores por un simple capricho hoy avalado por la comunidad.

Capricho que sutilmente disfraza una violencia agresiva y constante, terrible y desafiante que las políticas públicas inspiradas por ideologías destructivas, pero que a simple vista soban el ego y engrandecen el orgullo humano, han propiciado que la familia, desde el matrimonio y ahora desde las decisiones de los hijos, se desintegre y desvanezca por el desamor en donde esposos utilizan armas letales que contienen como balas a sus propios hijos.

El amor paterno filial debe de fortalecerse, no redefinirse. Las leyes se escriben para darnos estabilidad, fundadas en los derechos y obligaciones inalienables. Como sociedad, debemos de estar conscientes, que el daño moral y social que se está generando a costa del progresismo, se nos demandará en el futuro a partir de la deformación de personas criadas en el desamor. A causa de padres y madres que dejaron un vacío, delegando su paternidad, su autoridad y el amor a un sistema corrompido de poder.

El hombre vulgar, la mirada y las palabras

“Siempre que uno desea algo fuera de orden, inmediatamente pierde la tranquilidad del alma.
De manera que la paz verdadera del alma no se consigue cediendo a las pasiones, sino resistiéndoles. Por eso, no está en paz el alma del hombre carnal, ni tampoco la del hombre entregado a las cosas exteriores; pero sí está la del hombre fervoroso y espiritual».  Beato Tomás de Kempis

Hace algunos años leía el testimonio de una mujer al hablar sobre el impacto que había tenido en su vida el darse cuenta a corta edad, de que su padre veía pornografía; lo sensible que se ella se había vuelto para percibir incluso las miradas que él dirigía a otras mujeres en la calle; cuánto esfuerzo le había llevado confiar en un hombre y lograr que su matrimonio funcionara. Un testimonio doloroso sin duda, pero ella había logrado superarlo.

He escuchado a más de un hombre decir que la mirada es natural, refiriéndose al hecho de ver a una mujer cuando va por la calle. Pero ¿Es esto cierto? ¿Cuándo deja de ser natural la mirada para convertirse en lasciva o intimidatoria? ¿Cuántos hombres han dirigido miradas insanas a una mujer? La excusa será el hecho de que ella es atractiva. Sin embargo, esto no se sostiene cuando hay hombres que miran insistentemente desde pre-adolescentes hasta mujeres maduras; y esto es algo doloroso e indignante: hombres de 30-40-50 años mirando sin tapujos a niñas de 13-16 años. O aquellos que al ir en compañía de su novia o esposa, voltean a hurtadillas para ver a otra mujer como si en ello les fuera la vida. Esto sin duda es característico del hombre vulgar.

Cabe aclarar que no me refiero a los hombres en general, solo a los hombres vulgares que cada día se encuentran por doquier, con novia, esposa y/o familia; hombres que no sabiendo controlar sus sentidos y sus pasiones, tienen como algo natural ver maliciosamente a una mujer so pretexto de que a nadie hacen daño. No basta que una relación esté ordenada al sexo complementario de ambos, hombre-mujer; el orden abarca también la edad y desde luego las intenciones limpias. Si ahondamos un poco, no es difícil darse cuenta de las costumbres adquiridas a lo largo de su vida: lecturas sensuales, revistas pornográficas, visitar lugares insanos, portar imágenes de desnudos en el teléfono celular, vocabulario vulgar, poca o nula vida interior, etcétera.

Algo similar sucede con las palabras. Varios parecen no darse cuenta del modo en que se relacionan,  por ejemplo: no saben (o no quieren) dirigirse con propiedad a una mujer de mayor rango en el trabajo, buscando con ello nulificar la distancia propia de puestos de diferente jerarquía en el ámbito laboral; ser incapaces de mostrar respeto cuando ven a una mujer en la calle, murmurando o a viva voz diciendo bajezas; enviar mensajes privados fuera de lugar vía red social o mediante aplicaciones de mensajería, etcétera. Y tales hombres no hacen distinciones: lo han dirigido por igual a pre adolescentes, a la mujer joven o madura, guapa o no, arreglada o no.

El vulgar es capaz de enlodar desde un simple saludo hasta las palabras más dulces. Pocos reparan en lo nauseabundo que resulta el que un varón así pronuncie siquiera el nombre, porque la mala intención se percibe tan sólo con el tono usado. No importa si el hombre en cuestión tiene un nivel educativo alto; si habla varios idiomas; si posee una fortuna; si es un simple trabajador, último en la jerarquía de una empresa; si es guapo o no: la vulgaridad y la actitud nauseabunda siempre es propia del aquel que no ha sabido y no ha querido dominarse a sí mismo. Y contrario a lo que afirman algunos justificándose en que la mujer dice que “si el hombre es guapo es halago y si es feo es acoso sexual”, noticia: a infinidad de mujeres nos produce la misma repulsión venga de quien venga.

Estimado varón, es probable que nadie te  haya enseñado modales, que tus padres jamás te hayan hablado del respeto propio y a la mujer, que alguna fémina te haya tratado mal o te haya rechazado con poco tacto, que solo tengas amistades vulgares y podridas, que nadie te haya dicho jamás todo lo bueno que puedes ser. Tratando de entender dicha situación y ante tales circunstancias, podemos decir que lo vivido afecta nuestro modo de ser, pero en nuestras manos está cambiar aquello que nos lacera. Has de decidirte y dar los pasos para cambiar; tan solo puedo esbozarte algunas acciones:

Respeta las jerarquías y dirígete con propiedad y la debida distancia a tus iguales y superiores, sean hombres o mujeres, sea en el trabajo o en la vida social. Nada hay tan repulsivo como aquel varón que se toma libertades que no se le han permitido e intenta traspasar límites al entrar en contacto particularmente con mujeres.

Limpia tu pensamiento, al hacerlo se limpiara tu mirada y tu rostro será otro. Ten por seguro que los actos pueden engañar; puedes fingir ser un hombre de bien, pero la mirada y los gestos reflejan nuestras intenciones. Las emociones, pensamientos y acciones moldean nuestras facciones, así que vigila que todo lo que veas, oigas y hagas sea bello, bueno y verdadero. Los ojos son el espejo del alma.

Sostén conversaciones limpias ya sea con tus familiares, compañeros de trabajo o amigos. Nada hay tan dañino como la conversación nauseabunda y materialista; del mismo modo, nada hay tan reparador y que ayude a la superación como la conversación limpia, profunda y ordenada hacia Dios. Busca personas que te ayuden a mejorar; rompe o al menos limita el trato con los que no aportan nada bueno a tu vida.

Frecuenta lecturas que nutran tu inteligencia, adquiere libros con contenido sólido (desde luego evita autores liberales y obscenos), mira películas con un mensaje no solo positivo sino ante todo moral y esperanzador. Procura ver los testimonios de varones que lograron cambiar una vida de aparente éxito pero miserable a una vida llena de Dios mediante la vida interior y la vida sacramental.

Los malos hábitos adquiridos desde temprana edad y jamás combatidos, son los más difíciles de erradicar en la edad adulta. Será más denigrante y doloroso para ti y para aquellos que te rodean cuanto más te obstines en una conducta propia de un animal y no de un hombre verdadero. ¿Te parece difícil? En efecto lo es, porque todo aquello que vale la pena requiere sacrificios.

Y puedes estar seguro de que vale la pena ser el hombre que todo padre desea para su hija…

La importancia de los padres en la formación de sus hijos

Acaba de pasar el “Día del Padre”. Esta fecha me ha hecho recordar que durante 15 años estuve dando clases en una primaria y secundaria llamada “Educar, A.C.”, en el municipio de Ixtapaluca (Estado de México). Me parece que aprendí de los alumnos, profesores y de sus padres mucho más que lo que yo pude haberles enseñado. Por su alegría, testimonios de vida de sacrificio en el trabajo cotidiano y de entrega responsable en sus deberes como padres.

Los papás seguían muy de cerca la formación académica y humana de sus hijos. Y ellos mismos participaban en convivencias especialmente destinadas a proporcionarles cursos para que desempeñaran mejor su labor como padres y esposos.

Tengo muy grabada una frase de uno de ellos quien, al final de una de esas convivencias, me comentó: “¡Muchas gracias por darnos estos cursos tan necesarios! ¡Es que nadie nace sabiendo cómo ser un buen padre!”

En otra ocasión, les pedí a los alumnos de primero de secundaria que dibujaran cómo era el ambiente de sus casas. Me llamó la atención que, uno de ellos, dibujó únicamente una gran televisión y abajo una frase: “Me gustaría ser un aparato de televisión”.

Como no capté el sentido de su dibujo ni de su mensaje e intuí que algo le ocurría al muchacho, al final de la clase lo llamé aparte y le pregunté por el significado de su dibujo. “Sí, profesor. Es muy sencillo: mi papá está poco tiempo en la casa. Y cuando llega, enseguida prende la televisión y no platica ni conmigo ni con mis hermanos. Le pregunto algo y ni me contesta o como que se molesta. Cuando llega el domingo, invita a sus compadres a ver el futbol. Sólo habla conmigo para pedirme que vaya a la tienda a comprarle cervezas. Por eso es que me gustaría ser televisión: para que me mire, platique y se interese por mí.

Al poco tiempo, cité a este padre de familia al colegio. Le mostré el dibujo y la relaté la conversación que había tenido con su hijo. Le recordé amablemente algunos de los conceptos explicados en los cursos de capacitación familiar. Y su respuesta fue magnífica porque me dijo que no era consciente de su teleadicción en detrimento de la atención y formación de cada uno de sus hijos e hizo el propósito de corregirse en este punto y algunos otros.

En otra ocasión, se les pidió a los alumnos de sexto año que elaboraran, con cartón y otros materiales, edificios como hospitales, aeropuertos, multifamiliares, etc. Me impresionó que, desde muy temprano, aparecieron las mamás y los papás                    –acompañando a sus hijos- con ese trabajo escolar ya que se les había dicho que habría un concurso y se entregarían premios para los tres mejores proyectos. Los padres, muy solidarios, estaban tan interesados como los alumnos.

Finalmente, un tema recurrente para conversar con los papás era que se plantearan ambiciosas metas profesionales para con sus hijos. En ese tiempo, principios de los años noventa, la mayoría eran agricultores o ganaderos. Sé que muchas familias hicieron ahorros e importantes sacrificios para enviar a sus hijos a la universidad. Y, a la vuelta de los años, da mucho gusto comprobar que ahora son destacados ingenieros, abogados, administradores de empresas, pedagogos, etc.

Sin duda, el mérito es tanto de los padres como de las madres y, por supuesto, de los alumnos por su empeño y dedicación. Los padres les han brindado una educación esmerada y un cariño manifestado con obras, que se han quedado grabados para siempre en las mentes agradecidas de sus hijos.

Páginas web formativas y recomendables para leer en tiempos del coronavirus

 

  1. www.mercatornet.com : MercatorNet es, sin duda, uno de los portales mejor documentados, que profundiza y da continuidad a temas claves sobre nuestra cultura: matrimonio, familia, promoción de la vida, formación de los hijos, educación y magisterio, libertad religiosa, etc. Y orienta a los padres de familia sobre asuntos importantes: drogadicción, sexualidad, pornografía, uso acertado del internet, etc.
  2. www.bioedge.org : El portal BioEdge trata temas como eutanasia y suicidio asistido, aborto, fecundación artificial (homóloga y heteróloga), la experimentación con embriones humanos, el genoma humano y sus diversas problemáticas, las manipulaciones genéticas y otros temas sobre la vida humana, que actualmente se están planteando tanto en el campo científico como en los medios de comunicación.
  3. www.aceprensa.com : uno de los portales de mayor calidad periodística, con medio siglo de actividad ininterrumpida, que aborda temas de palpitante actualidad sobre Economía, estudios estadísticos, política, Literatura, nuevos fenómenos sociales, reseñas de libros y películas, etc. Su contenido, en general, resulta bastante orientador y brinda criterios claros.
  4. www.lafamilia.info : portal que aborda temas de matrimonio, relación y convivencia entre los cónyuges, educación de los hijos y las problemáticas actuales que enfrenta la familia. Recomienda magníficos libros sobre la convivencia entre los cónyuges y la orientación familiar.
  5. www.sexoseguro.org : portal que dirige la Dra. en Bioética, Rosario Laris. Aborda la sexualidad humana en sus diversas facetas, la natalidad y los métodos naturales y artificiales, noviazgo, matrimonio. Es un portal cuyo contenido es eminentemente científico, pero a la vez, asequible al gran público con abundantes textos, videos y conferencias. Además, se brinda orientación confiable a las personas que lo requieran, particularmente entre los jóvenes.
  6. www.conoze.com : portal donde escriben algunos especialistas y catedráticos con un enfoque didáctico sobre los temas de mayor debate en la opinión pública. Esta página web les ha sido de mucha utilidad para personas agnósticas, ateas o con dudas de fe.
  7. www.ideasrapidas.org : prontuario sobre cómo argumentar acerca de los temas más en boga. Se trata de un valioso esfuerzo por resumir materias de suyo complejas para presentarlas de modo asequible al gran público.
  8. www.arvo.net : artículos y videos, que incluyen conferencias y cursos sobre Antropología, Filosofía, Ética y Teología.
  9. www.interrogantes.net : Blog elaborado por el Catedrático Alfonso Aguiló, quién brinda respuestas a los principales interrogantes de la existencia humana.
  10. www.arguments.es: portal orientado a la catequesis de niños y adolescentes. Resulta muy útil y didáctico para formar en ideas básicas sobre nuestra fe.
  11. www.encuentra.com: videos, cursos y artículos sobre Antropología, Filosofía, Moral, Teología, etc. Este portal cuenta con un buen número de años de experiencia y millones de visitantes. Incluso, en este portal se pueden cursar materias a distancia y se concede su validación académica oficial a través de una reconocida universidad.
  12. www.fluvium.org : portal elaborado por el Padre Luis de Moya sobre el valor de la vida humana, la familia y el sentido último de la existencia humana, así como otros temas doctrinales y espirituales.
  13. www.informandoyformando.org : conducido por la Mtra. en Ciencias de la Familia, Alejandra Diener. Presenta información sobre la familia, orientación sexual, modas juveniles y la educación de los hijos.
  14. www.yoinfluyo.com : Contiene asuntos relativos a la promoción de la familia, los niños no nacidos, los valores perennes de la sociedad, la libertad religiosa, con criterios bien enfocados sobre la ideología de género, etc. Han creado, recientemente, un interesante “micrositio” dentro del portal, titulado: “Vox Fides” con información sobre temas morales, eclesiales y religiosos. Con la aclaración que los comentarios de los editorialistas que escriben sobre: política, economía y diversos asuntos sociales, son opinables y de la exclusiva responsabilidad de sus autores.
  15. www.delibris.com: portal elaborado especialmente para recibir orientación en las lecturas. En esta página web se recomiendan libros formativos y entretenidos. Puede ser una herramienta muy útil y aprovechable para los profesores, orientadores familiares, padres de familia y sus hijos.
  16. www.interaxiongroup.org: Se trata de una página web formativa y enfocada al uso correcto de Internet y las tecnologías digitales. Ofrece: A) cursos en línea para niños y jóvenes, con temas como: dependencia de los celulares; la adicción a la pornografía; modos provechosos de usar estas tecnologías; B) Artículos y bibliografía para padres de familia pedagogos y orientadores familiares; C) noticias sobre novedades digitales. Su novedoso contenido ha sido elaborado por un grupo de expertos en Comunicación de diversos países.

El admirable valor de la constancia

Durante muchos años fui profesor de un instituto de enseñanza media en el municipio de Ixtapaluca, Estado de México. Me admiraba que muchos colegas profesores tomaran el turno matutino y el vespertino, dando clases, en otra escuela porque requerían de obtener más medios económicos. Suponía un esfuerzo extra pero lo hacían con perseverancia.

Recuerdo a un maestro en particular que deseaba ser licenciado por la Universidad Pedagógica Nacional. Pero para ello, viviendo en Tlalmanalco –población cercana al Popocatépetl- era necesario que se saliera de su casa a las 4:00 a.m. y tomar los medios colectivos de transporte hasta llegar hasta la universidad ubicada a espaldas de TV Azteca.

Posteriormente se trasladaba a esta escuela de Ixtapaluca atendiendo a sus alumnos hasta las 2:00 p.m. Luego daba algunas clases por la tarde y finalmente volvía a tomar su camino rumbo a la Pedagógica. Me comentaba que regresaba a su domicilio entre 10:30 y 11:00 p.m. Y a esa hora se tenía que poner a estudiar y sacar adelante tareas de la licenciatura o corregir exámenes de sus alumnos.

Un día abiertamente le pregunté:

– ¿Y este intenso ritmo de trabajo no te cansa?

– ¡Por supuesto! -me respondió.

Y añadió:

-Pero me quiero superar como profesor. He terminado mis estudios en la Normal, ahora estoy en la Licenciatura y, al terminarla, me hace mucha ilusión realizar mis estudios de Maestría.

– ¿Y no te da sueño durante el día?

– ¡Mucho! Así que aprovecho los largos trayectos en transporte para “cabecear” un poco y recuperarme. Además, ya me ido acostumbrando.

Y después me hizo otra consideración que me ayudó a reflexionar bastante y en la que mostraba su valía humana:

-Lo que vale la pena en esta vida se saca adelante con constancia, esfuerzo y tenacidad. ¡Nada nos viene regalado!

Otro caso edificante que recuerdo es el Don Rafa, conserje de una librería y casa editorial en la que me han publicado varios libros.

Don Rafa tiene 65 años, vive en un pueblo cercano a Otumba, Estado de México, pasando las Pirámides de Teotihuacán. A diario se traslada desde este poblado hasta el sur de la Ciudad de México. También se levanta alrededor de las 4:00 a.m. y debe llegar a la librería poco antes de las 7:00 a.m. para realizar una limpieza a fondo del inmueble, de manera, que cuando vaya llegando el personal que allí labora todo esté limpio, ventilado y presentable.

Durante el resto del día, desde esta casa editorial, Don Rafa hace labores de mensajería y muchos otros menesteres. Es el último en salir de la librería ya que  debe de cerrar bajo llave todas las puertas. Toma el camino de retorno a su pueblo y regresa a su domicilio al filo de las 11:00 de la noche.

Lo que más me llama la atención de esta persona es su alegría, su permanente sonrisa, su laboriosidad y espíritu de servicio.

Así que, también, en cierta ocasión le pregunté a Don Rafa:

-Me llama la atención que siempre esté de buen humor. ¿No llega el momento en que usted se cansa?

– Pues sí, pero “hay que darle duro a la chamba” – me respondió. Además, el trabajar cada día con ilusión es el sentido de mi vida.

Luego le volví a preguntar:

-Y al llegar tan tarde a su casa, no hay un momento en que le pasa por la cabeza decirles a sus familiares: “Lo siento, pero hoy vengo muy cansado y me voy a dormir”.

Y me respondió con firmeza:

-Eso jamás lo haría porque sé que mi esposa, mis hijos y mis nietos me esperan con mucho cariño y no puedo fallarles. Y nos quedamos platicando muy “sabroso” hasta ya tarde.

Esto que relato, no se trata de casos aislados, sino que millones y millones de mujeres y hombres en nuestro país realizan estos sacrificios y a base de constancia y empeño destacan en sus estudios y trabajos.

Comentando este admirable hecho cotidiano con un buen amigo, coincidíamos en señalar que se trata de “héroes anónimos”, de ésos que habitualmente no aparecen en los medios de comunicación –no son “noticia”, como se suele decir- pero son los que sacan adelante a sus hogares, sus trabajos y contribuyen eficazmente al progreso de nuestra Patria.

Sus hijos son sus hijos y la literatura barata

«El que regala un buen libro, ya ha ganado mérito incomparable ante Dios». San Juan Bosco

Hace muchos años, en una conversación, al preguntarle mi madre a un amigo de la familia sobre sus nietos, él exclamo: “¡Son seres libres! Uno no puede limitarlos”. Es curioso como aseveraciones tan simples han servido a infinidad de padres de familia para evadir las responsabilidades más primarias con los hijos.

¿No lo cree? En recientes días, sobre la polémica que generó el “pin parental” en España, infinidad de usuarios de las redes sociales mencionaron el famoso poema de Khalil Gibran de “Tus hijos no son tus hijos”. Naturalmente, un entendimiento limitado y negligente de las responsabilidades paternas, solo podía tener como bandera un poema que es parte de la literatura muy pobre que abunda por doquier; que saquea sus bolsillos, que ocupa un inmerecido espacio en su biblioteca y lo vuelve estulto para los temas más básicos.

El poema en cuestión, habla de que aunque los hijos estén con los padres, éstos no les pertenecen; pueden darles su amor, pero no sus pensamientos, pues ellos tienen los propios. En otras palabras, los padres han de mantenerlos pero no entrometerse en sus asuntos, ni educarlos ya que son seres independientes. Pero ¿qué clase de amor deja a su suerte a los hijos? Desde luego un amor falso predicado por un autor que mezclo en sus obras el panteísmo, ideas sufís y la Biblia.

Sin embargo, no debe subestimarse la mala literatura, ella permea en el pensamiento, envenenándolo todo. Siempre escuchamos que leer es importante; pero entonces, ¿cómo identificar una buena lectura provechosa? Nicolás Gómez Dávila lo describe a la perfección:

“Leer es recibir un choque, es sentir un golpe, es hallar un obstáculo. Es sustituir a la ductilidad pasiva y perezosa de nuestro pensamiento, los inflexibles carriles de un pensamiento ajeno, concluido y duro”.

En las obras de Khalil Gibran no hallara jamás ortodoxia, ni compromiso alguno, solo “libertad” y la nada; una espiritualidad si Dios, sin sacrificio y sin salvación ¿Quién quieres eso?

Ahora bien, los padres de familia deben entender que sus hijos son sus hijos; deben amarlos, formarlos y darles buen ejemplo; son su responsabilidad, les guste o no; deberán dar cuentas graves a Dios por ellos. Los padres han de esforzarse en amar realmente a los hijos, sin debilidad, sin egoísmo, sin predilecciones. Deben formar en el hijo tanto el cuerpo como el alma, lo primero para mantenerlos sanos físicamente y lo segundo, en la formación del alma, se halla la formación de la inteligencia (instrucción) y la formación moral (educación). Y dicho deber es de los padres y no del Estado.

El consejo por tanto, es que tomen las riendas en la formación de sus hijos, que nutran  la inteligencia con literatura valiosa. Si el estándar es muy bajo, terminaran leyendo a Khalil Gibran, Antonio de Mello, Paulo Coelho, José Antonio Pagola, étc. Y peor aún, tomándolos como bandera para defender las medidas que el Estado toma en contra de su autoridad paterna y en detrimento de sus hijos.

La importancia de leer buenos libros radica en que nuestro pensamiento se ve influenciado por el tipo de lecturas que frecuentamos. Un libro puede ayudarnos a acrecentar una virtud y el debido discernimiento o fomentar un vicio y envilecernos…

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