6 citas de Francisco en Amoris Laetitia que denuncian la ideología de género y su presión política.

Fuente: Religionenlibertad

Algunos textos del Papa Francisco en Amoris Laetitia tratan sobre la ideología de género (a la que llama «gender», como se la denomina en Italia), sobre la aceptación del propio cuerpo (frente al uso ideológico de los sentimientos transexuales), sobre la sexualidad despersonalizada, y sobre las legislaciones que deconstruyen jurídicamente la familia. Especifica incluso que los poderes políticos presionan a las iglesias locales para intentar obligarlas a aceptar esta ideología.

Destacamos 6 párrafos que tratan estos temas en la Exhortación Apostólica Postsinodal Amoris Laetitia firmada por el Papa Francisco.

1. Número 53: “Avanza en muchos países una deconstrucción jurídica de la familia que tiende a adoptar formas basadas casi exclusivamente en el paradigma de la autonomía de la voluntad”.

2. Número 56: “Otro desafío surge de diversas formas de una ideología, genéricamente llamada gender, que «niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer. Esta presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer. La identidad humana viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el tiempo»”.

“No caigamos en el pecado de pretender sustituir al Creador. Somos criaturas, no somos omnipotentes. Lo creado nos precede y debe ser recibido como don. Al mismo tiempo, somos llamados a custodiar nuestra humanidad, y eso significa ante todo aceptarla y respetarla como ha sido creada”.

3. Número 153: “No podemos ignorar que muchas veces la sexualidad se despersonaliza y también se llena de patologías, de tal modo que «pasa a ser cada vez más ocasión e instrumento de afirmación del propio yo y de satisfacción egoísta de los propios deseos e instintos»”.

“¿Acaso se pueden ignorar o disimular las constantes formas de dominio, prepotencia, abuso, perversión y violencia sexual, que son producto de una desviación del significado de la sexualidad y que sepultan la dignidad de los demás y el llamado al amor debajo de una oscura búsqueda de sí mismo?”.

4. Número 155: “En la lógica del dominio, el dominador también termina negando su propia dignidad, y en definitiva deja «de identificarse subjetivamente con el propio cuerpo», ya que le quita todo significado”.

5. Número 251: “Es inaceptable que las iglesias locales sufran presiones en esta materia”.

6. Número 285: “Más allá de las comprensibles dificultades que cada uno pueda vivir, hay que ayudar a aceptar el propio cuerpo tal como ha sido creado, porque «una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica a veces sutil de dominio sobre la creación […] También la valoración del propio cuerpo en su femineidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente. De este modo es posible aceptar gozosamente el don específico del otro o de la otra, obra del Dios creador, y enriquecerse recíprocamente». Sólo perdiéndole el miedo a la diferencia, uno puede terminar de liberarse de la inmanencia del propio ser y del embeleso por sí mismo.La educación sexual debe ayudar a aceptar el propio cuerpo, de manera que la persona no pretenda «cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma»”.

Lo que Francisco decía en Laudato Si´
No es la primera vez que el Papa Francisco aborda estos temas, y ya lo hizo en su encíclica sobre la ecología humana, la Carta Encíclica Laudato Si’. Allí afirmaba:

Número 115: “Si el ser humano no redescubre su verdadero lugar, se entiende mal a sí mismo y termina contradiciendo su propia realidad: «No sólo la tierra ha sido dada por Dios al hombre, el cual debe usarla respetando la intención originaria de que es un bien, según la cual le ha sido dada; incluso el hombre es para sí mismo un don de Dios y, por tanto, debe respetar la estructura natural y moral de la que ha sido dotado»”.

Número 155: “La ecología humana implica también algo muy hondo: la necesaria relación de la vida del ser humano con la ley moral escrita en su propia naturaleza, necesaria para poder crear un ambiente más digno. Decía Benedicto XVI que existe una «ecología del hombre» porque «también el hombre posee una naturaleza que él debe respetar y que no puede manipular a su antojo».

En esta línea, cabe reconocer que nuestro propio cuerpo nos sitúa en una relación directa con el ambiente y con los demás seres vivientes. La aceptación del propio cuerpo como don de Dios es necesaria para acoger y aceptar el mundo entero como regalo del Padre y casa común, mientras una lógica de dominio sobre el propio cuerpo se transforma en una lógica a veces sutil de dominio sobre la creación. Aprender a recibir el propio cuerpo, a cuidarlo y a respetar sus significados, es esencial para una verdadera ecología humana. También la valoración del propio cuerpo en su femineidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente. De este modo es posible aceptar gozosamente el don específico del otro o de la otra, obra del Dios creador, y enriquecerse recíprocamente. Por lo tanto, no es sana una actitud que pretenda «cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma»”.

El corto Modern Educayshun parecía exagerado… pero se queda corto ante algunas leyes posteriores de ideología gender o de género, como las que han aprobado en la comunidad de Madrid, la catalana y otras autonomías españolas.

EL PAPA FRANCISCO Y SU BELLO TEXTO SOBRE LA MISERICORDIA DE DIOS

Como preparación al Año Jubilar de la Misericordia, el Papa Francisco escribió para todos los fieles y personas de buena voluntad, un hermoso texto titulado: “El Rostro de la Misericordia” (Basílica Vaticana, 12-IV-2015) y se intuye -a través de su lectura- que esta larga meditación es fruto de un diálogo personal, rico y profundo con el Señor.

Porque sus palabras están llenas de una íntima convicción. Dice por ejemplo: “La misericordia en la Sagrada Escritura es la palabra clave para indicar el actuar de Dios hacia nosotros. Él no se limita a afirmar su amor, sino que lo hace visible y tangible”.

Y continúa: “El amor, después de todo, nunca podrá ser una palabra abstracta. Por su misma naturaleza es vida concreta: intenciones, actitudes, comportamientos que se verifican en el vivir cotidiano. La misericordia de Dios es su responsabilidad por nosotros. Él se siente responsable, es decir, desea nuestro bien y quiere vernos felices, colmados de alegría y serenos.

Y concluye con este pensamiento contundente: “Es sobre esta misma amplitud de onda que se debe orientar el amor misericordioso de los cristianos. Como ama el Padre, así aman los hijos. Como Él es misericordioso, así estamos nosotros llamados a ser misericordiosos los unos con los otros”.

Más adelante subraya la importancia de “dejarse alcanzar por el amor de Cristo” para transmitirlo a los que nos rodean: en la familia, entre nuestras amistades, colegas de trabajo y aquellas personas que viven en extrema pobreza.

¡Qué grandes verdades entrañan estas sabias palabras! Porque, en efecto, en las familias de la tierra, cuando los padres son afectuosos, cariñosos y educan bien a sus hijos, éstos se quieren mutuamente -con naturalidad y sin rarezas-, mantienen un equilibrio afectivo y saben comunicarlo fácil y espontáneamente a los demás, hacia aquéllos que no son de su familia.

Pienso ahora en los jóvenes quienes han recibido mucho amor en su hogar. Son capaces de tomar la iniciativa e ir con sus amigos a parroquias pobres y preguntarle al sacerdote que les sugiera visitar las casas dónde más falta precisamente ese cariño y ese amor. En resumen, dan de lo que ya tienen, de lo que han recibido desde su infancia y adolescencia.

Cuando era universitario, teníamos la costumbre -algunos amigos y yo- de visitar las barriadas más pobres. Solíamos llevarles, a esos papás y a sus hijos, unas palabras de consuelo y esperanza; les regalábamos estampas de la Virgen de Guadalupe, Rosarios y guiones para que aprendieran a rezarlo, y al final de cada visita, les obsequiábamos un pastel, unos buenos dulces o unos chocolates finos, de ésos que probablemente nunca habrían probado. Me resultan inolvidables aquellos rostros llenos de alegría, particularmente de la chiquillería, cuando les entregábamos aquellos deliciosos postres.

Ya de regreso, en el camión de pasajeros, era habitual que comentáramos que más beneficiados habíamos resultado nosotros al percatarnos de que aquella familia era muy pobre, pero tenían una enorme fe y amor al Señor y a “La Morenita del Tepeyac”. Su gran abandono en la Divina Providencia era tan profundo que nos daban una verdadera lección de Confianza en Dios, sin dejar esos papás de poner los medios para salir adelante de aquella difícil situación en la que se encontraban, mediante el trabajo cotidiano perseverante o en el esfuerzo de conseguir otro empleo mejor remunerado.

“Dios quiere vernos felices, colmados de alegría y serenos”, comenta también el Papa. Y el Santo Padre hace propio este pensamiento y suele aparecer ante las multitudes rebosante de gozo y buen humor. Y sabemos que tiene 79 años y que el próximo 17 de diciembre cumplirá los ochenta años. Es lógico que tenga las enfermedades y achaques propios de la edad, y sabemos que un pulmón no lo tiene en buenas condiciones, y sin embargo, es tan grande su amor y deseo de servir alegremente a todos los fieles, que deja de lado sus malestares físicos, y auténticamente se vuelca en servicio de los demás.

En efecto, el Papa Francisco “ha sido alcanzado por el amor de Dios” y lo comunica a los demás, mostrando un rostro radiante lleno de paz y de alegría y un semblante amable y afectuoso hacia la humanidad entera.

Le confesaba a la conocida periodista Valentina Alazraki, en una larga entrevista concedida a “Noticieros Televisa” (Roma, 13-III-2015), que le cuesta mucho esfuerzo y vencimiento personal, el realizar viajes porque afirma que toda su vida ha sido un hombre sedentario.

Pero es tan grande su amor por las almas, que -a casi tres años de su Pontificado- ya ha visitado a un buen número de países: Tierra Santa, Brasil, Corea del Sur, Albania, Estrasburgo (Francia), Turquía, Sri Lanka, Filipinas, Bosnia-Herzegobina, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Cuba, los Estados Unidos de América y, ahora, México. ¡El Pastor sedentario se ha convertido en un Papa Viajero! ¿Qué es lo que le mueve y motiva a realizar estos viajes pastorales? Su enorme deseo de pregonar por todo el orbe que “el Nombre de Dios es Amor y Misericordia”.

La cuestión del clima es una cuestión de justicia

Ciudad del Vaticano,11 de septiembre de 2015 (Vis).-La Sala Clementina ha sido esta mañana el lugar del encuentro del Santo Padre con trescientos participantes en la reunión promovida por la Fundación para el Desarrollo Sostenible »Justicia ambiental y cambios climáticos», a la que han asistido representantes significativos de la religión y la política, la actividad económica y la investigación científica en diversos sectores, las organizaciones internacionales y los que participan en lucha contra la pobreza.

»No podemos olvidar las graves consecuencias sociales del cambio climático -afirmó el Papa en el discurso que les dirigió- son los más pobres los que padecen las peores consecuencias. Por eso… la cuestión del clima es una cuestión de justicia; y también de solidaridad, que no puede separarse nunca de la justicia. La ciencia y tecnología ponen en nuestras manos un poder sin precedentes: es nuestro deber hacia la humanidad y en particular para las generaciones más pobres y futuras, usarlo para el bien común.»

»¿Conseguirá nuestra generación ser recordada por haber asumido con generosidad sus graves responsabilidades ? – se preguntó – Aún en medio de las muchas contradicciones de nuestro tiempo, tenemos razones suficientes para nutrir la esperanza de ser capaces de lograrlo. Y debemos guiarnos por esta esperanza. En el cumplimiento de esta tarea, desearía que cada uno de vosotros sintiera el gusto de participar en acciones que transmiten la vida. La alegría del Evangelio también habita aquí».

Todos estamos llamados en primera persona a ser responsables y solidarios, a defender nuestra dignidad como personas y ciudadanos del mundo »en virtud del papel que ocupamos en la familia, en el mundo del trabajo, de la economía y la investigación, en la sociedad civil y las instituciones»., pero sin sacar de la manga »recetas improbables» porque ninguno las tiene, sino más bien aportando al diálogo cuanto se ha aprendido. »A todos se nos pide una contribución para lograr un resultado que sólo puede ser el fruto de un esfuerzo conjunto. El gran enemigo, en este aspecto, es la hipocresía, subrayó el Pontífice.

Para ello, ese diálogo necesita inspirarse en una visión »tan transparente como amplia, y proceder según un enfoque integral, pero también participativo, incluyendo a todos los interesados, también a los que fácilmente permanecen al margen de los procesos institucionales». Francisco dirigió en este sentido una apremiante invitación a hacer todo lo posible »para que en las mesas en las que se busca resolver la única y compleja crisis socio-ambiental puedan hacer oír su voz los más pobres entre los países y entre los seres humanos: También este es un deber de justicia ambiental. Frente a la emergencia del cambio climático y con la vista puesta en los acontecimientos cruciales de los próximos meses – la aprobación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas a finales de este mes y, especialmente, la COP 21 en París al principio de diciembre -, propongo que este diálogo se convierte en una verdadera alianza para llegar a acuerdos ambientales globales realmente significativos y eficaces»».

»En este camino -finalizó- contáis con mi apoyo personal y el de toda la Iglesia, empezando por el de la oración, indispensable. Desde ahora ofrezco al Señor nuestro esfuerzo común, pidiéndole que lo bendiga, para que la humanidad escuche por fin el grito de la tierra -hoy nuestra madre tierra está entre los tantos excluidos que claman ayuda al Cielo. Nuestra madre tierra es una excluida.- de nuestra madre y hermana, y de los más pobres entre los que lo habitan, y la cuidan. De esta manera, la creación se acercará cada vez más a la casa común que el único Padre imaginó como un don para la familia universal de sus criaturas».