El aborto y el derecho en las antiguas civilizaciones

En un interesante ensayo escrito por Federico Trino-Figueroa M.-Conde, titulado “La legalización del aborto en el derecho comparado” comenta que desde que existía la civilización, el aborto voluntario ha sido siempre castigado por las leyes. Sostiene que la condena al aborto no se ha limitado al cristianismo ni es una condena exclusivamente religiosa o moral.

La “arqueología jurídica” demuestra que las más antiguas civilizaciones consideraron la vida desde la gestación como un valor superior, que exige la protección del derecho por medio del establecimiento de sanciones ante eventuales ataques.

Diecisiete siglos antes de Cristo, el “Código de HammurabÍ”, dedica seis de sus preceptos –los párrafos 209 a 214- a sancionar con pena de talión y/o compensación económica, a los distintos tipos de abortos causados deliberadamente.

Y lo mismo se comprueba en los restantes “monumentos jurídicos” de la antigüedad precristiana, desde el “Éxodo” bíblico, a la literatura india del “Veda” o de las leyes de “Manú”.

Comenta este especialista que en la cultura griega y el Derecho Romano introdujeron nuevos factores y matices en esta evolución. Para el filósofo Aristóteles le resultaba muy claro que el aborto siempre es un acto criminal.

También apoyaba el concepto que en la práctica no se puede olvidar el “Juramento de Hipócrates” que prohibía a los médicos practicar el aborto voluntario.

Por su parte, el Derecho Romano, en su etapa clásica, vino a sentar el principio fundamental de la protección jurídica del concedido y el aborto era considerado como un delito.

Entonces, podríamos preguntarnos, ¿cómo se explica que la despenalización del aborto en México haya sido aprobada de manera tan sorpresiva? Pienso que se debe a que el Presidente de Estados Unidos, Joseph Biden Jr., aunque dice ser católico, es un partidario a ultranza del aborto.

Considero que si se hubiera reelegido como Presidente, Donald Trump, el aborto no hubiera sido despenalizado en México. Porque Trump siempre ha sido un claro defensor de la vida humana desde el momento de su concepción.

¿Por qué lo afirmo? Porque ya sabemos la gran influencia que ejerce el gobierno norteamericano en el Hemisferio Occidental, particularmente en Latinoamérica, y el hecho de que al aborto le hayan dado “vía rápida de aprobación” considero que se debió a la presión que ejerció la Casa Blanca sobre el Presidente Andrés Manuel López Obrador y habitualmente son decisiones cupulares a cambio de generosos préstamos económicos. México siempre ha funcionado así y ahora no pudo haber sido la excepción. Pero respeto las opiniones contrarias.

Recuerdo que durante la campaña electoral del candidato a la Presidencia, Luis Echeverría Álvarez (1970-1976), adoptó el significativo lema que “Gobernar era Poblar”. Se trataba de fomentar el crecimiento poblacional para fomentar el progreso de México en todos sus aspectos. Al poco tiempo, habiendo ya tomado el cargo de Primer Magistrado de la Nación, cambió radicalmente su postura. Entonces lanzó su lema con aquella funesta cancioncilla de que “La Familia Pequeña Vive Mejor”, que tanto daño hizo en la familia media mexicana porque introdujo una visión egoísta y centrada en darle prioridad al placer entre los cónyuges rompiendo de esta manera la visión unitiva y procreadora de la relación sexual y contribuyendo a trivializar el matrimonio

Se distribuyeron miles y miles de píldoras anticonceptivas en todo el país y lo más grave: en comunidades rurales –sin el consentimiento de las personas- a las mujeres se les ligaban las trompas de Falopio y a los hombres se les hacía la vasectomía. Claro está, cuando vinieron las reclamaciones por parte de los afectados que deseaban tener más hijos, ya no se podía hacer absolutamente nada para solucionar esta cruel e injusta imposición. Dicho en otras palabras, se atropellaron brutalmente la dignidad de las personas y los derechos humanos.

Actualmente, basta con una mera fotografía o un ultrasonido que muestre la existencia del bebé en el seno de su madre en el que se pueden observar su cabeza, el tronco y las extremidades. Incluso, cómo se mueve. Hasta pequeños detalles, por ejemplo, si se chupa el dedo y hasta cuando tira pequeñas patadas. Son pruebas evidentes e incuestionables de que existe la vida humana en el seno de la madre.

Ahora bien, si se considera “políticamente correcto” negar esta evidencia es que nos encontramos ante un eclipse de la razón. Ya no se discurre intelectualmente ni se ofrecen pruebas sino simplemente se hace violencia para imponer un punto de vista equivocado, más propio de un tirano.porque resulta incomprensible la decisión que tomó el actual Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Lic. Arturo Zaldívar Lelo de Larrea.

En conclusión, la afirmación del Derecho Romano y de otros Códigos de civilizaciones antiguas acerca de que el concebido debe tener una protección legal, ya forma parte de la Ética Universal en la construcción de la teoría sobre el ser humano no nacido y en los derechos intrínsecos a su personalidad.

La despenalización del aborto significa licencia para matar a un inocente

El pasado 7 de septiembre la Suprema Corte de Justicia declaró que es inconstitucional penalizar el aborto Y que cada mujer puede decidir abortar cuando le plazca. El Ministro Luis M. Aguilar afirmó que “Nunca más una mujer deberá de ser juzgada penalmente (por abortar).

Me vinieron a la mente las letras de un par de canciones del Premio Nobel de Literatura 2016, Bob Dylan. Una es su melodía “Licencia para matar” en que dice:

El hombre piensa que porque gobierna la tierra /
puede de hacer lo que le plazca/.

                   Y si las cosas no cambian pronto, lo hará. /                       

¡Oh, el hombre ha inventado su perdición! /

 

Y en la canción “Señores de la Guerra” también afirma:

 

Ustedes han sembrado el peor de los miedos /

que jamás se hayan lanzado; /

el miedo a traer hijos al mundo. /

Han amenazado a mi bebé /

cuando todavía no ha nacido /

y ni siquiera tiene un nombre. /

Y es porque ustedes no valoran /

la sangre que corre por sus venas. /

Sin duda, el 7 de septiembre quedará en la historia de nuestro país como un día de luto nacional porque se ha dado carta abierta para que las mujeres destruyan al hijo que llevan en sus entrañas. Es como una declaración de guerra de los mexicanos fuertes en contra de ciudadanos indefensos e inocentes

Considero que los Ministros de Suprema Corte no se han percatado a fondo de las dimensiones trágicas de esta decisión que han tomado. Porque el hecho de que un matrimonio conceda la aprobación para que un médico destroce la vida de su propio hijo, con plena predeterminación, alevosía y ventaja, es una decisión monstruosa.

Esto tiene tremendas consecuencias: el acostumbrarse a matar y pensar que por ser legal, es lo correcto; o sea, que está bien hecho. Las generaciones venideras no valorarán la vida humana ni de los no nacidos. Curiosamente nos horrorizamos de los sacrificios humanos que se practicaban en algunas culturas prehispánicas de nuestro continente. Pero estos abortos que se practican diariamente en muchos países del mundo –como no son “noticia”- permanecen en el anonimato. Sin duda, se trata de la peor de las barbaries de la civilización actual y en la que existe una “conspiración del silencio”.

¿A este suceso del 7 de septiembre se le llamaría una “decisión políticamente correcta” en la impera “la apertura de mente” y la “postura vanguardista” como lo han hecho en otros países?

Siempre me ha parecido una manipulación terminológica la frase “interrupción legal del embarazo”. Porque bajo el pretexto que es “legal”, es válida cualquier aberración. Siguiendo con esa macabra lógica, podríamos continuar con la “interrupción legal de la vida del anciano”; “interrupción legal de la vida del enfermo terminal”; “interrupción legal de la vida del demente”; “interrupción legal de la vida del ladrón”; “interrupción legal de la vida del corrupto y delincuente” y así sucesivamente.

 Es bien sabido, que existen instituciones, a nivel nacional, que se ocupan de brindar ayuda gratuita a la mujer embarazada tanto en el aspecto ginecológico como en el psicológico; y les proporcionan techo, comida y les enseñan modos de ganarse la vida como cursos de computación; se preparan para trabajar en un salón de belleza; también aprenden corte y confección o a cocinar bien, etc. Y permanecen en los albergues hasta nace el bebé. ¿Por qué entonces escoger la vía más cruel y sanguinaria?

Si no se respeta el prioritario derecho que tiene todo ser humano, como es el derecho a la vida, entonces se pondrían en peligro sus demás derechos y perdería todo valor la vida humana. Con cualquier excusa se podría asesinar a una persona, como ocurrió durante la Revolución Francesa con la guillotina de Maximilien Robespierre en la llamada “época del terror”; o en los tiempos de Joseph Stalin con sus temidas “purgas” en las que murieron millones de personas.

Y es que algunos grupos radicales quieren imponer “la cultura de la muerte”, pero hemos de sembrar de nuevo, y sin desalentarnos, “la cultura de la vida” porque somos millones de ciudadanos en todo el mundo los que amamos profundamente la vida humana. Concluyo con una frase que repitió en innumerables ocasiones el Dr. Jeróme Lejeune afamado médico pediatra francés e investigador genetista: “Abortar es matar, aunque el cadáver sea muy pequeño”.

Las granjas humanas: vientres de alquiler

Por: Rafael Gil Fernández

La Tragedia de la Maternidad subrogada y negocio

             Sin lugar a dudarlo, en esta noticia hay temas fundamentales que atañen a la ética: La manipulación del lenguaje, la injusticia de aprovecharse de la necesidad ajena, la usurpación de la dignidad humana, la negación de la verdad, la corrupción de la conciencia… Que no tiene desperdicio, vaya. Pero sin lugar a duda, me parece increíble al grado de deshumanización al que hemos llegado. ¿Cómo es posible que el ser humano, a base de eufemismos corrompa de tal forma el verdadero significado de las cosas? ¿Se puede llamar maternidad al hecho de prestar el propio cuerpo para que en él “pase” algo que aparentemente no genera ningún vínculo? ¿Se puede delegar el ser madre? Y donde digo madre, necesariamente se deduce que tiene que haber un padre. Lo trágico de la noticia es precisamente ese: la maternidad y la paternidad han perdido su significado profundo, su verdadero significado y ha sido sustituido por el de meros cooperadores biológicos para satisfacer las necesidades de quienes creen que los hijos son un derecho, un mero producto.

             Estamos acostumbrándonos a la deshumanización, a renunciar a la racionalidad, a la búsqueda de la verdad y de esa forma obrar el bien, sin que nada ni nadie parezca impedirlo. La ley natural es puesta en duda por la grandísima mayoría de las legislaciones, o por lo menos no es tenida en cuenta a la hora de legislar. Lo que existe es un derecho positivo que no parte de la dignidad del ser humano, sino de las exigencias que se dan en cada momento de acuerdo con intereses que nada tienen que ver con la verdad o el bien objetivos. Se me antoja sumamente grave el problema que se avecina a la vuelta de unos años, cuando esos niños tomen conciencia de cómo fueron concebidos y de qué forma tan flagrante, se usurpó su derecho a ser fruto del amor de unos padres que se dan totalmente el uno fruto en un compromiso mutuo irrevocable y sin fecha de caducidad, y que por el contrario han recibido la existencia por una transacción, por un contrato firmado, por un pago entre partes en la que ambos cumplen lo que les corresponde de acuerdo a una ley. Cada vez se escucha más hablar del derecho de los padres a tener hijos y del dolor y la frustración de unos padres al no poder concebir hijos, pero ¿acaso alguien habla de los derechos de esos hijos y del dolor que puede implicar saberse concebido por esos motivos y de esa forma?

             A mi juicio, lo más grave de todo esto es a qué grado se tiene que corromper la conciencia para aceptar que algo así se puede quedar amparado por una ley civil. Alguno podría argumentar que los niños no tienen por qué saber la verdad cuando crezcan… Pero esto es vulnerar un derecho fundamental.

             En primer lugar, se quiere convencer al mundo en general de que este procedimiento es compasivo, porque quiere aliviar el sufrimiento de quien no puede tener hijos. Ya he dicho suficiente respecto de cómo se vulneran los derechos de los hijos. Pero tiene que quedar muy claro que el tener un hijo no es un derecho, sino un don. De lo contrario, se tienen expectativas de un producto que tiene que satisfacer las exigencias de quien contrata el servicio, porque pareciera que el dinero otorga derecho a que el hijo sea de una determinada forma. ¿Qué pasa si el hijo no cumple con dichas expectativas? El supuesto amor se acaba súbitamente: Sin lugar a duda se vulnera la justicia, la dignidad humana, la búsqueda del bien, el cual tiene que ser posible para todas las partes, no solo para una de ellas.

             En segundo lugar, se pretende justificar que es lícito alquilar los cuerpos de mujeres que se encuentran en una situación económica precaria, aduciendo a que de esta forma pueden tener un ingreso económico mucho más elevado del que la sociedad en la que viven podría darles, en caso de encontrar trabajo. Nuevamente la dignidad humana queda por los suelos. Algunos se visten como adalides de la injusticia social, y lo remedian por arte de magia, saltándose toda ética, o peor aún, intentando darle a la ética un nuevo significado: el bien al que se tiende ya no está necesariamente ligado con la verdad, con la belleza, con la justicia. Tan sólo responde ante emociones y sentimientos. Es a mi juicio, preocupante ver hasta qué punto el emotivismo se ha convertido en el criterio para decidir sobre la bondad o maldad de las cosas. Se ha renunciado a las facultades superiores de la inteligencia y de la voluntad como guías principales del obrar humano, y se hace referencia a los apetitos irascibles y concupiscibles para justificar cualquier actuación. Hemos pasado del cogito ergo sum de descartes, a sencillamente ser y hacer lo que siento.

             En tercer lugar, se pretende justificar que, gracias a los avances médicos, uno puede escoger hasta cierto punto, como quieren que sea el hijo, y para ello se dispone de un banco de donantes en donde los inteligentes, los guapos y los famosos, cuestan más. De aquí a cadenas de supermercados de niños, o páginas de internet que tengan como slogan “configure a su hijo como le apetezca” hay un pequeño paso. Baste recordar lo que pasó con el aborto: la ley se abrió paso en todo el mundo con unos supuestos muy restringidos, pero en realidad lo que buscada era la rendija que ensanchara cada vez más dicha ley. Cualquiera que lea esto, puede escandalizase. Tiempo al tiempo. Si dejamos cada vez más que políticos sin ética decidan las leyes de las naciones, la imaginación de hasta donde podemos llegar no tiene límites.

             Por último, quiero mencionar un problema que aparentemente ya quedó resuelto, por lo menos en lo que a la legislación de muchos países se refiere: Se abre la posibilidad para que personas solteras o con atracción al mismo sexo puedan tener hijos. o dicho con palabras del mismo artículo, adquieran un producto. Hoy en día pareciera que esto ya está superado. Las listas de quienes quieren adoptar hijos están plagadas de parejas de gays y lesbianas, y cuentan con las mismas posibilidades de conseguirlo (si no es que más) que cualquier matrimonio heterosexual. De esta forma se ha sepultado el sentido tradicional de familia y de lo que es la paternidad y la maternidad, amén de lo que es la masculinidad y la feminidad. El mundo hodierno ha logrado socavar de tal forma lo que significa masculino y femenino, que de ello se deriva necesariamente que cualquier tipo de familia sea válido. Si a eso sumamos a los hijos como meros productos, nadie puede negar que las evidencias de deshumanización están a la vista de cualquiera. Pero nos han acostumbrado a no ser capaces de ver, a no ser capaces de oír más que lo que algunos que controlan los medios mayoritarios dicen. Y si llegáramos a disentir, ya se tiene preparada la etiqueta que nos deja fuera de juego en la sociedad moderna: intolerante.

             El simple hecho de escribir todo esto causa escalofrío. Los conflictos a los que nos podemos enfrentar requieren necesariamente una maquinaria de manipulación ideológica que comience desde el jardín de infancia: se les explicará a los niños que hay diversas formas de venir al mundo, siendo una de ellas el amor de los padres, pero no la única, y se llegará a decir que todas, inclusive la de comprar un niño en Nepal o en la India, sean igualmente válidas, y que en todas lo que hay es un gran amor. Esta es la única solución a un futuro previsible de tendencias suicidas generacionales.

¿Dónde queda la ética? Dónde el derecho positivo quiera. Nos acostumbramos a la tragedia y pareciera que lo más recomendable es no darle demasiada importancia. Nos estamos volviendo cada vez más “cosa” y menos persona. Y si poco a poco se va introduciendo esta forma de pensar en la sociedad, entonces se justificará de forma generalizada el usar del otro y utilizarlo como un medio para conseguir un fin. Lo peor está aún por llegar.

NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC
NYC

Madre siempre, madre solo hay una

«¿Por qué no deberíamos pelear por una palabra? ¿De qué sirven las palabras si no son lo suficientemente importantes como para pelear? La Iglesia y las herejías siempre solían pelear por las palabras, porque son las únicas cosas por las que vale la pena pelear» Gilbert Keith Chesterton

 

Es un hecho que toda persona es concebida a través de la unión de un espermatozoide y un óvulo, aportados por el padre y la madre respectivamente. Es un hecho que dos óvulos o dos espermatozoides no pueden unirse ni dar vida a absolutamente nada; un óvulo no puede convertirse en espermatozoide y viceversa. Es un hecho que un hombre no puede llevar una vida en su vientre, solo el cuerpo de la mujer esta estructurado para ello. Es un hecho que si usted nace mujer, morirá siendo mujer; si usted nace hombre así morirá y no hay nada que pueda cambiar ni transformar esa realidad objetiva.

Dicho lo anterior, es importante mencionar un artículo que el diario de circulación nacional “El Sol de México” publicó el 9 de mayo en relación al día de las madres. Como ya es habitual en este periódico al promover la ideología de género, el artículo fue titulado “Madre no, persona gestante sí”. Su contenido es la negación total de que solo la mujer puede concebir, es la afirmación falaz de que una mujer que se identifica como hombre y haga su “transición” para verse como hombre, es ya un hombre y puede gestar (pero obviamente nunca dejo de ser mujer), una sarta de mentiras que son un insulto a la inteligencia.

El caso presentado de Danna Sultana, un hombre que se percibe como “mujer con pene” y su pareja Esteban Landrau, una mujer colombiana que se percibe como hombre; ambos recibieron tratamiento hormonal sin llegar a la mutilación genital. Decidieron tener un bebé de forma natural, algo que es señalado como “él hombre que dio a luz”; se habla de que el embarazo y la maternidad se han “considerado” por mucho tiempo “cosa de mujeres”. Es en este punto que usted debe detenerse y ser consciente hechos objetivos:

Esteban es una mujer y su cuerpo esta estructurado para llevar una vida, por tanto fue posible su embarazo. Danna es un hombre, mismo que aporto los espermatozoides para hacer posible la vida. No existen las maternidades trans sino solo la maternidad, exclusividad de mujer. Independientemente de que alguien crea ser algo que no es, los cromosomas no mienten, la estructura ósea no miente. Este caso se promociono para demostrar que un hombre puede embarazarse, aunque demuestra justamente lo contrario: que solo la mujer puede llevar una vida en su vientre, que solo la mujer es madre y solo existe una maternidad.

Lo anterior no es una consideración, ni una imposición de la sociedad sino la realidad objetiva. No se niega la “maternidad trans” puesto que ésta no existe; los hombres no se embarazan. Usted ha de ser cauto cuando lea un simple artículo, cuando encienda el televisor para ver el noticiero o su serie de acción/drama favorito, cuando escuche un programa de radio. La ideología de género ha permeado en todos los medios de comunicación, en todos los niveles y en todas las estructuras. De suerte tal que la gente difícilmente cuestiona lo que le llega a través de los medios masivos de comunicación.

Quien dude del poder de las palabras debería saber lo nauseabundo de los textos cargados de ideología de género que promueven los mayores desórdenes morales que jamás hayan estado presentes en una sociedad. Lo mismo sucede con aquello que es bello, bueno y verdadero: lo maravilloso de un poema, la delicadeza de una carta que alimenta el alma, lo nutritivo de una lectura inteligente que nos abre los ojos o la importancia de un texto contenido en una ley que protege la vida en el vientre materno, el matrimonio y la familia.

Con nuestro actuar, cada día usted y yo trabajamos para instaurar el orden o el caos; abonamos al bienestar común o apoyamos la demolición de su familia y la mía, de la sociedad en su conjunto. Y solo hablamos de gramática…

CDMX: El asesinato en el vientre materno se extiende a las 20 de semanas de gestación

En 1984 el Dr. Bernard Nathanson grabó por medio de ultrasonido el aborto de un bebé de 12 semanas de gestación, demostrando que éste siente dolor y hace movimientos violentos para evadir la punta de succión. Al percibir la agresión, su corazón se acelera a 200 latidos/min; el cuerpo es desmembrado y el bebé abre su boca en un grito de dolor que el doctor describió como “El grito silencioso”. Ahora bien, la madre puede sentir a las 20 semanas el movimiento del bebé en su vientre; 20 semanas significa poco más de la mitad del embarazo, el bebé mide entre 16 y 20 cm de largo y pesa entre 250-300 gramos aproximadamente.

Lo anterior viene a colación por lo sucedido en nuestra ciudad en recientes días: con 45 votos a favor, 12 votos en contra y cero abstenciones, el 29 de abril del presente año los congresistas de la Ciudad de México abrogaron la Ley de Salud del Distrito Federal y en su lugar expidieron la Ley de Salud de la Ciudad de México. La diputada Lourdes Paz Reyes indicó: “Esta nueva ley sienta las bases para una transformación de los servicios de salud. Su finalidad será que toda persona cuente con un sistema que garantice el acceso al servicio de manera gratuita, universal, equitativa y con perspectiva de género”.

La legisladora no miente, una de las transformaciones está en haber aprobado el aborto hasta las 20 semanas de gestación, siempre y cuando el embarazo sea consecuencia de una violación sexual. La gran particularidad es que al acudir al «centro de salud» no importará si la mujer denunció o no la violación; el personal médico tampoco está obligado a verificar si la mujer fue violada o no. ¿De qué hablamos? De una flagrante mentira, de acceso al aborto hasta las 20 semanas a cualquier mujer que afirme haber sido violada, puesto que ella puede inventarlo y solicitar el aborto. Sí, en efecto hay mujeres que mienten sobre el origen de su embarazo.

Esta además el hecho insultante de la impunidad otorgada implícitamente al violador al indicar que no importa si su crimen fue denunciado o no, lo mismo aplica a los tratantes de blancas. Curiosamente el personal médico que debe reportar de inmediato a las autoridades si hay un herido de bala, no esta obligado –léase bien- a corroborar en modo alguno la violación de la mujer, es decir a ponerla en entredicho, cuando lo que realmente sucede es que esta ayudando al violador a quedar impune. Todo ello significa una serie de fallas deliberadas de la ley en cuestión. Así que, llegados a este punto deberíamos preguntarnos ¿A quién conviene esta nueva ley? Algo es seguro: no a la mujer.

Por lo que se refiere al aborto provocado, es asesinato en el vientre materno, no importa si la concepción fue a causa de una infidelidad, de una violación, durante el noviazgo o en pleno matrimonio. El aborto es asesinato en el vientre materno, no importa si se lleva a cabo a la semana 1, 12, 20 o 9 meses, es el mismo ser humano en una etapa diferente. Y desechar vidas humanas por motivo de su concepción, por algo de lo que no son culpables es una aberración porque implícitamente decimos que unas vidas valen más que otras.

En la era de los derechos humanos, se comete frente a nuestros ojos el crimen más execrable de todos, se legisla sobre ello sin que apenas opongamos resistencia y después nos sorprendemos de la violencia que vivimos en las calles, esa que nos hace sentir temerosos cuando ya hemos colaborado en llevar a cabo el aborto con nuestro cobarde silencio. Pero tengamos por seguro que si nosotros calláramos, las piedras gritarían. Los que han decidido callar ya han tomado partido por las injusticias que se viven actualmente. Y huelga decir que hay una diferencia abismal entre el grito silencioso de los inocentes y el silencio de los cobardes, motivo de censura.

Todo aquel que apoya el aborto debería avergonzarse. Pero todo aquel que no hace algo por la defensa de la vida sabiendo el crimen que se comete, merece una reprobación mayor. Los hay quienes piensan que no hacen daño al opinar de manera favorable al aborto; nunca piensen que una opinión no hace daño a nadie, se hace y mucho; no es respetable en modo alguno. Debe combatirse, más aún si se trata de su propia familia y amigos. La sola pregunta de Dios  ¿DÓNDE ESTÁ TU HERMANO? debería llevarnos a actuar en pro de los más indefensos, so pena de convertirnos en un verdadero Caín…

¿Por qué el aborto se sigue aprobando en nuestro tiempo?

La república de Argentina en fecha reciente aprobó el aborto. El Presidente de Estados Unidos, Joe Biden quiere elevar a rango constitucional el aborto. En otros países, como México, se encuentra en estudio la posibilidad de aprobarlo.

La pregunta es: ¿Se han vuelto locos los gobernantes y legisladores? ¿Alguna   vez  han visitado una clínica en la que se destruyen vidas humanas y se arrojan a los basureros? Son pequeños cadáveres mutilados, destrozados, deformados; bebés a los que se les arrancaron sus brazos, sus piernas y machacaron sus cabecitas. Es un espectáculo tremendo de observar. No se puede llegar a comprender que tanta crueldad ocurra en este siglo XXI, que se jacta de ser la época de los derechos humanos y del respeto por el medio ambiente, los animales y la flora y la fauna submarina.

Las frases que se suelen emplear para justificarlo son: “Aceptar el aborto es propio de ‘sociedades de avanzada’; ‘políticamente correctas’; de ‘’apertura a los nuevos tiempos’ ”.

Los que no se dice es que detrás del aborto se mueve mucho dinero: hospitales, médicos, enfermeras, material quirúrgico, medicamentos. Lo que podemos afirmar, con absoluta certeza, es que se trata un lucrativo negocio porque, como sostenía el Doctor Bernard Nathanson hace años: “Es cuestión de aritmética: a 300 dólares cada aborto, y si lo multiplicamos por 1,550,000 abortos, nos encontramos con una industria que produce más de 500 millones de dólares anualmente, de los cuales, la mayor parte van a parar a los bolsillos de los médicos que lo practican”.

Existen numerosos millonarios del Primer Mundo que se oponen abiertamente al desarrollo demográfico de países en vías de desarrollo. Y, en vez de apoyarlos económicamente para que sean autosuficientes, prefieren irse por la vía del exterminio y aniquilación.

Ese fue el mismo camino que determinó Adolfo Hitler, líder del nacionalsocialismo alemán, en sus tristemente célebres campos de concentración. Lo que nunca he llegado a comprender cómo es que enfervorizó a millones de arios para detener, maltratar, humillar, torturar y asesinar a miles y miles de judíos. Sabemos que en su mente perversa también los latinoamericanos y afroamericanos nos encontrábamos en su lista macabra porque de la misma manera éramos considerados seres inferiores que no teníamos derecho a existir.

He leído varias historias dramáticas, me viene a la memoria, por ejemplo: una enfermera que colaboró en varios abortos y, al finalizar la jornada, al salir del quirófano y pasar por los botes de basura, escuchaba el lamento de un bebé que había quedado con vida. Ella se movió a compasión, lo recogió, lo llevó a escondidas a su casa, lo limpió, lo curó, le brindó sus cuidados médicos, lo alimentó. Luego le proporcionó educación y cariño como si fuera su hija. Pudo desarrollarse con normalidad e incluso llegó a asistir a la universidad. Con el tiempo, se casó y tuvo hijos. Ella quiso brindar su testimonio en diversos medios de comunicación y me llamó mucho la atención el hecho de que afirmó que no guardaba rencor ni resentimiento contra sus padres naturales ni contra el médico que la abortó. Y, en cambio, un gran agradecimiento a Dios y a la enfermera que le permitieron vivir y desarrollarse como ser humano. Su conclusión fue hacer un urgente llamado para frenar este demencial genocidio silencioso.

Da mucha pena ver en los medios de comunicación a cientos de jovencitas que se colocan su pañoleta verde y levantan sus puños manifestando su apoyo al aborto. Sabemos que han sido “mentalizadas” o manipuladas con unas cuantas frases superficiales y no tienen la menor idea de lo horroroso que resulta el destrozar a una criatura indefensa e inocente en el seno de su madre y privarla de su primer derecho humano: el derecho a vivir.

Estas jóvenes dicen que con ello manifiestan su “liberación femenina”. Pienso que a ellas serían a las primeras a las que habría que llevarlas a esas clínicas en las que se practica el aborto y que observen detenidamente cómo son arrojados a los basureros y el deplorable estado en que quedan esos pequeños cadáveres destrozados de los bebés.

Una última reflexión para animar a los ciudadanos mexicanos a que tengamos una participación ciudadana más activa, dejando de lado la pasividad y la indiferencia, y que hagamos todo lo posible por detener y terminar con este silencioso holocausto, una importante conclusión a la que llegaba el Doctor Bernard Nathanson: “Aprendimos que lo único que se necesita para que el mal triunfe, es que los hombres de buena voluntad simplemente no hagan nada”.

Corea del Sur y su guerra más sanguinaria: el aborto

“Los hombres no pueden mejorar la sociedad prendiéndole fuego: deben buscar sus viejas virtudes y traerlas de nuevo a la luz” Russell Kirk

En 1945 al término de la Segunda Guerra Mundial, Corea fue ocupada por fuerzas estadounidenses y soviéticas, cuyas zonas estaban separadas por el paralelo 38. Tres años después los comunistas habrían de proclamar una república popular en la zona norte que ellos ocupaban. Más tarde, en 1950 la zona norte atacaría sorpresivamente a la zona sur, dado que los comunistas querían dominar la totalidad de la península. Corea se vería hundida en una guerra sangrienta y dolorosa por tres largos años.

Al terminar ésta, Corea del Sur promulgaría un Código Penal que prohibía el aborto bajo cualquier circunstancia; quedaba claro que la perdida de incontables vidas había afectado profundamente a la nación; no podían permitirse más perdidas humanas. Sin embargo, en 1973, a través de la Ley de Salud Materna e Infantil se permitió realizar abortos en situaciones tales como enfermedad genética, violación, incesto o poner en riesgo la vida de la madre. El país asiático abría así, la rendija a la cultura de la muerte. Esa fractura en la defensa de la vida sería algo que tarde o temprano reflejaría sus consecuencias.

El 30 de diciembre del año pasado, mientras todos volteábamos hacia Argentina por la legalización del aborto hasta la semana 14 de gestación e incluso hasta los 9 meses en casos específicos; en Corea del Sur sucedía lo mismo a partir del 1o de enero de este año. Una noticia sumamente dolorosa, tanto más si nos enteramos de que en Corea del Sur existe la particularidad de contar la edad de una persona sumando los 9 meses de gestación (cerrándolo a 1 año). Daba cuenta de la importancia de la vida del bebé en el vientre materno.

Este país es hoy uno de los gigantes de la tecnología, convirtiéndose en una de las economías más grandes del mundo; han exportado al mundo la llamada “ola coreana” que incluye sus producciones televisivas; sus grupos juveniles de música pop conocida como el K-pop, su gastronomía, cultura tradicional, literatura, afecto por su idioma; sus producciones cinematográficas que a últimos años ha concentrado los reflectores logrando ganar el premio Oscar en 2019 con la nefasta película “Parásitos” etcétera. La industria ha sabido vender al mundo un rostro atractivo de la cultura coreana.

La otra cara de la moneda es que esta entre los países con menor tasa de natalidad. A ello se suma que para reducir los abortos selectivos, el gobierno promulgo en 1988 una ley que prohibía a los doctores dar a conocer el sexo del bebé en gestación, dada la enorme diferencia de nacimientos de niñas con respecto a niños (en aquel entonces 116.5 niños por cada 100 niñas); su eslogan fue “Una hija vale por diez hijos”. Que en la industria del entretenimiento, los casos de abusos sexuales son cada vez más comunes; que los suicidios han aumentado entre las estrellas de la música y de la televisión.

De haber padecido la humillante ocupación y represión japonesa el siglo pasado; de conocer los horrores de una guerra entre hermanos; de haber renacido de entre las cenizas y convertirse en un país fuerte, Corea del Sur se dirige hoy con paso firme hacia la destrucción de su sociedad mediante el asesinato en el vientre materno. El país asiático es el mejor ejemplo del estado denigrante al que puede llegar una nación otrora sojuzgada y ahora tan orgullosa y pagada de sí misma. A estas alturas apenas nada podría diferenciarla de su hermana comunista Corea del Norte que tanta aversión causa al mundo occidental. He aquí al Capitalismo y Comunismo aniquilando por igual naciones enteras.

Cuando se deslumbre por el estilo de vida de una sociedad, por su tecnología, por su cultura, gastronomía, cinematografía o música, procure tomar en cuenta antes el aspecto más importante: el humano. Porque en el trato dado a los más inocentes es que se decide el futuro de una nación. Vale la pena preguntarse ¿Qué vamos a hacer? Seremos conocidos como la generación más genocida de la historia; la que teniendo antepasados que sobrevivieron guerras y pestes, hoy en plena paz contamina sociedades enteras; la que llevo la guerra a sus propios hogares mediante el asesinato en el vientre materno.

¿Hay alguna solución que nos salve de un nefasto destino? Sí, dejar de matar a nuestros propios hijos; solo así recuperaremos nuestra alma y lo demás vendrá por añadidura…

¿Hacia el infanticidio?

La Asamblea Nacional francesa, acaba de aprobar hace algunos días, un proyecto de ley que permitiría a las mujeres abortar, incluso hasta antes del nacimiento del niño, bajo la excusa del ambiguo y generoso concepto de “angustia psicosocial”, siempre que sea avalada por un médico. La desgraciada moción deberá ahora ser revisada por el Senado (el otro órgano que conforma el equivalente a nuestro Congreso en ese país), lo que posiblemente ocurrirá a fines de este año, para que eventualmente –esperamos que no– se convierta en ley.

            Tal vez la única virtud de un proyecto como este, sea que muestra el verdadero rostro de muchos de los que defienden y luchan por el aborto, al punto de llegar a considerarlo un “derecho humano”. Es decir, que en varios casos, las tres causales típicas que inicialmente se invocan para legitimar esta práctica, son solo un primer paso para llegar a su liberalización total, idealmente financiada por el Estado. En este sentido, debiera hacer despertar y despabilarse a quienes creen que el este debate termina al aprobarse dichas causales, como ha ocurrido en Chile.

            Ahora bien, más allá de lo terrible de esta mentalidad, que en atención al proyecto mencionado es capaz incluso de matar a un niño perfectamente viable, que podría haber sido sacado del vientre materno antes de su eliminación y vivir perfectamente, esta nueva frontera abre variadas e inquietantes interrogantes, dos de las cuales mencionamos aquí.

            La primera, es qué procedimiento habrá que llevar a cabo para abortar a estos niños cuando ellos sean capaces de vivir por sus propios medios fuera del vientre maternos. Mal que mal, si se los elimina luego de nacidos, estaríamos no frente a un aborto, sino a un infanticidio, situación que al menos por ahora, está penalizada. Ello hace suponer que para evitarlo, primero habría que matar al niño dentro de su madre (poniéndola en riesgo también a ella, dado su tamaño) y luego extraer el cadáver. O también, para recordar una dantesca práctica (creada precisamente para no cometer infanticidio), de proceder al llamado “aborto por nacimiento parcial”. En este caso, se hace salir al niño del claustro materno comenzando por los pies, deteniendo el procedimiento cuando se llega al cuello, para luego perforar el cráneo y succionar el cerebro, y finalmente terminar de expulsarlo ya muerto, evidentemente. De ahí su nombre –“aborto por nacimiento parcial”–, pues técnicamente, no ha nacido por completo, sino solo en parte, con lo cual estaríamos técnicamente ante un aborto.

            La segunda y tal vez más inquietante reflexión, es qué diferencia sustancial existe entre un niño de 8 meses de gestación y uno ya nacido; tan sustancial, que haga lícito matarlo impunemente en el primer caso y no en el segundo. Sin embargo, más allá de este absurdo –y precisamente por eso, por tratarse de un absurdo–, nada impide que con esta lógica, se termine legitimando el mismo infanticidio, con lo cual ni siquiera habiendo superado la “prueba” del nacimiento, nuestros niños estarían a salvo, pues se podría disponer de ellos libremente, quién sabe hasta qué etapa de su crecimiento.

            Una prueba más de lo que ocurre cuando sin ningún derecho, nos arrogamos la decisión de determinar quién vive y quién no, motivada por nuestros caprichos o intereses. El problema es que esta frontera, una vez traspasada, puede correrse –como de hecho se ha ido haciendo–, notable y peligrosamente.

 

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

¡La hora de defender a los niños y a la familia!

Me ha llamado positivamente la atención, que por muchos puntos de la amplia geografía del país, este fin de semana -y en muchas otras ocasiones- han proliferado numerosas manifestaciones en favor de la vida del no concebido y de la familia, organizado por el “Frente Nacional por la Vida” ante las amenazas del aborto y de la ideología de género en México.

El conocido actor y productor Eduardo Verástegui, envió “un fuerte abrazo y mucho ánimo a las familias e instituciones que de manera pacífica se (han manifestado) este fin de semana a favor de la vida, la familia y las libertades fundamentales” (“Aciprensa”, 21-09-19).

El Presidente nacional de este movimiento, Rodrigo Iván Cortés afirmó con determinación: “Queremos darles voz a los que no tienen voz. Queremos abrazar a México y decir de manera fuerte y clara: Ni un mexicano menos”.

Estuve observando varios vídeos de diversas marchas y pude constatar que los participantes -familias enteras de las más diversas condiciones económicas y sociales- lo hicieron de manera espontánea y por propia iniciativa. “No hubo acarreados” como se acostumbra decir en los mítines políticos populacheros.

De acuerdo a las cifras que reporta la periodista Siboney Flores en www.animalpolitico.com del 24 de abril de 2019, en su nota titulada: “Aborto legal en la CDMX: Más de 209 mil mujeres recurrieron a ese procedimiento en 12 años”, es decir, desde abril de 2007 al mes de abril del año en curso. (ver: https://www.animalpolitico.com/2019/04/aborto-legal-cdmx-datos-mujeres/).

Es desconcertante cómo cada institución o medio de comunicación que investiga sobre el tema del aborto, aporta cifras y datos de sus estudios con una exagerada gama de variantes en sus resultados que no coinciden, o bien, se contradicen. ¿Falta de seriedad científica? ¿Cuestiones políticas? ¿Buscan cuidar su imagen pública? ¿Temor a presentar la realidad tal y cómo es y recibir represalias de las altas autoridades?

Porque el pasado 5 de octubre de 2016, la ciudadana Alejandra Flores Arroyo recibió una respuesta oficial del gobierno de la CDMX a su expresa consulta, mediante un serial de preguntas, sobre el tema de la interrupción legal del embarazo y la respuesta, en carta membretada, que llegó a sus manos, fue la siguiente: el número de abortos legales provocados en la CDMX ha sido de 164,954 desde abril de 2007 al 31 de agosto de 2016. Se adjunta carta oficial de la CDMX (1). Una visión de más amplio espectro nos proporciona la información del INEGI sobre las defunciones fetales, a nivel nacional, por tipo de parto o aborto, de 1989 a 2017 (2). Según el ile.salud.cdmx.gob.mx de abril de 2007 al 19 de diciembre de 2018, en la CDMX se han cometido 143, 598 Interrupciones Legales del Embarazo, y en total, en la república mexicana, se han cometido la escalofriante cifra de 205, 353 abortos (3).

Ya nací a mediados del siglo pasado, en una mediana población de Sonora, con bastante menos de 60,000 habitantes. De acuerdo a las cifras que aporta la publicación “Animal Político” estamos hablando que con este plan sistemático de eliminación de personas mediante “la interrupción legal del embarazo” –además los muchísimos miles de abortos que no se reportan de los hospitales privados- dan casi cuatro veces la población de mi natal Ciudad Obregón (240,000 muertes). ¡Es como si hubiese estallado una guerra civil de mexicanos contra los mismos mexicanos! Sólo que en este caso, se está agrediendo injustamente a los seres más vulnerables e indefensos. ¿Acaso el gobierno quiere una sociedad con mayoría de ancianos sin relevos en los trabajos que ocupan los jóvenes de la índole que sea? Esto ya está ocurriendo en Europa y los sociólogos afirman ya no hay modo de echar marcha atrás.

Pienso que ha llegado el momento de las posturas valientes y contundentes para defender lo más valioso que tenemos los mexicanos: el derecho y respeto por la vida humana de los no nacidos; la educación de nuestros hijos de acuerdo a nuestros principios y convicciones; propugnar por la familia constituida por padre, madre e hijos y todos aquellos valores que han hecho grande a nuestra patria.

  • Ver: file:///C:/Users/Raul/Pictures/ILE´s%20DF-2007-2015.pdf e ILE’s DF-2007-2015.pdf Consultado el 23 de septiembre de 2019.
  • https://mail.google.com/mail/u/0/#inbox/FMfcgxwDrRShHGXPwKkXxNMQtFnxDtlZ?projector=1&messagePartId=0.1 Datos INEGI: Consulta: 23 de septiembre de 2019.
  • salud.cdmx.gob.mx de abril de 2007 al 19 de diciembre de 2018, según estadísticas de GIRE, en la CDMX se han realizado 143, 598 Interrupciones Legales del Embarazo, y en total, en la república mexicana, se han cometido la escalofriante cifra de 205, 353 abortos.

#Chile Aborto y “postverdad”

El reciente fallo del Tribunal Constitucional que aprobó en todas sus partes el proyecto de ley para despenalizar el aborto –salvo en algunos aspectos aún no conocidos relacionados con la objeción de conciencia–, muestra muy a las claras cómo nos encontramos de lleno en la época de la así llamada “postverdad”, que no es más que una de las muchas manifestaciones del subjetivismo total que nos invade y que cierra los ojos ante la realidad más palmaria.

En efecto, al margen de la mayor o menor protección que nuestro texto constitucional otorgue al no nacido y más allá de las razones que se esgriman para permitir el aborto, la postverdad se manifiesta a sus anchas al no querer reconocer la realidad primordial de todo este asunto: la naturaleza humana del no nacido, que lo hace exactamente igual a nosotros, salvo por elementos accidentales (tamaño, desarrollo, dependencia, etc.) que en nada justifican considerarlo un ser de segunda categoría o incluso, un no-ser.

Dicho de otra manera: la postverdad ha invisibilizado al no nacido a sabiendas, pues con los actuales avances científicos, es imposible no darse cuenta de su calidad de ser humano, pues como nunca, hemos podido adentrarnos en su maravilloso desarrollo intrauterino. Pero la postverdad manda cerrar los ojos y considerar importante no la realidad en sí, sino lo que se quiere hacer a su respecto, sin importar si se la respeta o no. En suma, es el triunfo de la voluntad, del querer, sobre la razón que aprecia las cosas tal como son, fruto de lo cual se la deforma para que coincida con lo que algunos quieren que ella sea.

De esta manera, vastos sectores buscan emanciparse de la propia realidad, de su misma realidad personal e incluso corpórea, pensando que tener que reconocer una realidad que no depende de nuestros deseos nos quita libertad. No se dan cuenta –o en muchos casos, no quieren hacerlo– que desconocer la propia realidad nunca acrecentará la libertad, sino todo lo contrario, al vernos expuestos a las consecuencias lógicas por no respetarla –igual que como ocurre con la ecología–, aunque por algún tiempo se las pueda ocultar o mejor, ignorar, tal como se echa tierra debajo de una alfombra.

Sin embargo, este movimiento emancipador, no digamos sólo de un Dios creador, sino que –para los no creyentes– de un orden de la naturaleza, de una lógica del mundo que habitamos y que no hemos hecho nosotros, no acaba aquí. Ello, pues como hemos dicho en otras oportunidades, existe todo un movimiento emancipador de la realidad en marcha, con muchos frentes, que no descansa con tal de conseguir su “emancipación” a como dé lugar, por las buenas o por las malas, pues aquí el fin justifica los medios.

Y obviamente, la moneda de cambio, la divisa que permite avanzar es la imposición de los fuertes sobre los débiles, como en el presente caso, en que a menos que alguien oficiosamente defienda a los no nacidos, están inermes para protegerse. Pero como el poder es expansivo, no pasará mucho tiempo para que busque volver a avanzar, pues la única lógica que comprende es la del propio poder, en este caso, de un poder más fuerte que él mismo.

Un gran réquiem, pues, por estas nuevas víctimas –auténticos mártires de nuestro tiempo– de la postverdad.

Max Silva Abbott
Doctor en Derecho
Profesor de Filosofía del Derecho
Universidad San Sebastián

1 2 3 5