Clive Staples Lewis: El escritor que dejó una profunda huella

Clive Staples Lewis, mejor conocido como C. S. Lewis, fue un célebre escritor inglés, apologista cristiano, destacado novelista y crítico literario. Nació en Belfast, Irlanda, en 1898 y falleció en Oxford, Inglaterra, en 1963.

Su familia era de religión Anglicana. En su casa paterna existía una amplia biblioteca y se aficionó a la lectura fantástica. A los nueve años falleció su madre de cáncer y con el paso de los años su fe se fue enfriando. Luego se interesó por la mitología nórdica y griega, así como por el ocultismo.

Participó activamente en la Primera Guerra Mundial y resultó herido en combate.  Este suceso, junto con la temprana pérdida de su madre le forjaron una personalidad pesimista, solitaria y melancólica.

Lewis estudió en la Universidad de Oxford donde conoció a J. R. R. Tolkien, autor de “El Señor de los Anillos”, quien influyó notablemente en su acercamiento a la fe. Cuando se publicaron los libros de Tolkien constituyeron un éxito editorial y sus películas resultaron taquilleras. Como buen amigo, Tolkien retroalimentó mucho a Lewis sobre la estructura y contenido de sus libros.

Originalmente C. S. Lewis se declaraba ateo, luego agnóstico. Pero poseía una admirable inteligencia y sorprendente capacidad de análisis.

Con las lecturas de las obras de Gilbert Keith Chesterton se percató de que el cristianismo tenía mucho de “lógica” y de ser bastante razonable, como por ejemplo en “El Hombre Eterno”. Es decir, Chesterton le mostró que no existía un choque frontal entre la fe y la razón sino que ambos conceptos se complementan y perfeccionan mutuamente. De esta manera se fue apartando de sus dudas existenciales.

A raíz de sus cambios profundos escribió “Sorprendido por la alegría”, “Crónicas de Narnia”, “El mero Cristianismo”, “Cartas del diablo a su sobrino”, “El problema del dolor” (1940).

En 1956 se casó con la poetisa norteamericana Helen Joy Davidman, a quien había conocido cuatro años antes. Vivieron felices una corta temporada. Inesperadamente a Helen le fue detectado un cáncer en el fémur. Le hicieron varias operaciones y su sufrimiento fue largo. Finalmente falleció en 1960, después de un corto viaje de este matrimonio por Grecia. Gracias a Lewis, ella también se convirtió al cristianismo. Con ocasión de esta experiencia escribió su libro “Una pena Observada” (1961).

Sobre la vida de C. S. Lewis se filmó la espléndida película “Tierra de penumbras” protagonizada por Anthony Hopkins. En años anteriores, Lewis era conocido como el eterno profesor soltero de la Universidad de Oxford que pasaba su tiempo debatiendo con sus colegas. Aunque parecía poco interesado en el amor, Lewis acepta casarse con Joy Gresham, ya que la escritora buscaba asegurar su ciudadanía británica. Su original acuerdo legal, termina por convertirse en un romance y, cuando Joy descubre que tiene cáncer, su lazo se hace aún más fuerte.

Con ocasión de este suceso, escribe algunas luminosas consideraciones sobre el dolor. Dice que cuando experimentamos el placer y todo lo deleitable a los sentidos es una forma en la que el Señor nos habla en voz baja sobre las grandezas de su Bondad y su Creación.

Pero en cambio ese dolor grita en nuestro corazón, en nuestra mente y en todo nuestro cuerpo, se transforman en el altavoz que Él usa para hacer despertar a un mundo sordo e indiferente. Afirma: “Sin duda, el dolor ‘duele’ “. Por eso, todo dolor –bien enfocado- se puede convertir en una ocasión de amar más a Dios.

Por otra parte, sus libros “Cartas del diablo a su sobrino” y “El diablo propone un brindis” tuvieron un éxito arrollador porque se logra imaginar cómo discurre el maligno: El público, además de leer sus libros, le pide numerosas conferencias.

Señala, con agudeza, un aspecto revelador: el demonio no ataca en forma abierta o descarada, sino que su táctica habitual es hacerlo de una manera sutil y disimulada. Por ejemplo, en una familia normal y feliz o en un ambiente laboral agradable, va sembrando envidias, resentimientos, discordias, divisiones, traiciones y, en poco tiempo, genera un clima de odio, venganzas y rencores. Todo comienza con menudencias, con cosas pequeñas. Y partiendo de ahí, busca llegar a agresiones mayores.

Escribe estos libros de forma magistral y sus admiradores le pedían más y más libros y conferencias. Hasta que Lewis declaró en forma tajante: “¡Basta, ya no escribiré más sobre ese tema! ¿No se dan cuenta que es agotador redactar y hablar tal y como piensa el demonio? La naturaleza humana está hecha para realizar el bien y no para pensar siempre en cómo causar mal al prójimo.

Con el paso de los años, el serial de sus “Crónicas de Narnia” se convirtieron en un libro favorito de niños y adolescentes. En 2005 se llevaron a la pantalla “El León, La Bruja y el Armario”; en 2008, “El Príncipe Caspián” y ”La Travesía del Viajero del Alba”, en 2010. Estas películas confirmaron su difusión y popularidad. Cuando falleció, en 1963, había escrito más de 60 libros e interactuado con los grandes pensadores de su época. Sin duda, C. S. Lewis es uno de escritores que se leen con gusto, divierten y ayudan a reflexionar.

Charles Dickens: pionero de la novela de denuncia social

Quizá pocos sepan que el escritor inglés, Charles Dickens, fue el pionero de la novela de denuncia social. Nació en 1812 y falleció en 1870. Pertenecía a la clase media, pero su padre gastaba mucho más de lo que ganaba. En un principio, le embargaron sus bienes, pero llegó el momento en que era tal el cúmulo de sus deudas, que se le condenó a la cárcel. Pero en Inglaterra se acostumbraba               que toda la familia debería también de acompañar al preso a la misma celda de la cárcel. Sólo el pequeño Charles fue dejado en libertad debido a que trabajaba en una fábrica de grasa para calzado.

Para Dickens fue una inolvidable experiencia el sentir en carne propia la explotación laboral de niños y mujeres que trabajaban de sol a sol, sin ningún tipo de seguro médico ni pensión laboral, con despidos injustificados. No había consideración alguna para las mujeres embrazadas. Recibían la mísera paga de unas cuantas monedas, un poco de pan y café. Trabajaban en lugares insalubres, oscuros y, además, hacinados en espacios demasiado reducidos. Nadie podía abandonar esos oficios porque se encontraban bajo un régimen de esclavitud. En la novela “Oliver Twist” leemos cómo el protagonista huye y es perseguido para que regrese a su trabajo. Así que no le queda más remedio que unirse a una pandilla de niños ladrones comandados por un viejo corrupto y un ladrón asesino. A Charles Dickens le tocó vivir buena parte de era de la Reina Victoria y de la Revolución Industrial en las que estas situaciones eran comunes. 

Gracias a la inesperada herencia de una tía, toda su familia logró salir de la cárcel. A continuación, se trasladaron de Landport (Portsmouth, Gran Bretaña) a Londres.

Pronto este joven decide ser periodista, toma clases de taquigrafía y es contratado para ser cronista en el Parlamento y sus textos fueron publicados en el “Mirror Parlament”.

Por esos años se prometió a sí mismo: “Jamás volveré a pasar hambre ni penurias”. Reconocía que la obra que más admiraba era “Don Quijote de la Mancha” de Miguel de Cervantes Saavedra. Poco tiempo después se casó con Catherine Thompson Hogarth con quien procreó diez hijos.

Debido a que realizó tan sobresalientes crónicas en el Parlamento, el director del “Mailing Magazine”, se fijó en él y valoró su gran espíritu de observación, así como su fina y aguda ironía. Le propuso que escribiera crónicas de la ciudad, de distintos barrios, de sus parques, de los mercados, de las tabernas; de cómo se vestían, hablaban y se comportaban las personas ricas y las pobres. En un principio escribió bajo el seudónimo de “Boz” para que no fuera confundido con sus crónicas del Parlamento. Sus breves relatos citadinos tuvieron un éxito arrollador, al punto que eran esperados semanalmente con enorme interés por los lectores. El director del periódico le ofreció realizar una compilación y publicarlos en forma de libro en 1836 y titulado “The Sketches by Boz”.  A partir de ese año se revelaba Dickens como novelista.

En 1836 publicó la obra humorística “Los Papeles Póstumos del Club de Pickwick”, que alcanzó gran celebridad por sus juegos de palabras, ironías, giros inesperados y con chispeante alegría. En 1837 publicó una novela sobre la vida de un niño huérfano, “Oliver Twist” con rasgos autobiográficos y que pronto alcanzó un tiraje de 20,000 ejemplares. En 1841 publicó “Tienda de Antiguedades” y, en 1843, dio a conocer su inmortal obra, “Cuento de Navidad”, con su inolvidable personaje Scrooge, avaro y egoísta que conmovió a toda Gran Bretaña. Y, en la actualidad, continúa impactando a los lectores del mundo entero. Es una obra clásica que se recuerda cada Navidad.

A lo largo y a lo ancho de toda su obra literaria, Dickens se declaró enemigo de la pena de muerte y denunció numerosos abusos e injusticias sociales que observaba en su entorno y los describía con un realismo impresionante. Pero siempre dejando mensajes positivos acerca de cómo resolver esas diferencias socioeconómicas.

En 1849 publica “David Copperfield”, también de rasgos autobiográficos y para numerosos críticos es considerada su mejor obra. En poco tiempo logró vender 100,000 ejemplares. Hay lectores que confiesan que esta obra la leen por lo menos una vez al año, junto con “El Quijote de la Mancha”.

En 1853 publica “Tiempos Difíciles”. También viaja a Paris donde conoce a Alejandro Dumas y, a la entonces joven promesa del mundo de las letras, Julio Verne.

En 1860 entabló una gran amistad con el escritor de misterio del siglo XIX inglés, Wilkie Collins                -autor de “La Dama de Blanco”, entre otras muchas obras- quienes mutuamente se ejercieron una positiva influencia en sus creaciones literarias. Fruto de esa gran amistad, Dickens publicó “Historia de Dos Ciudades” y “Grandes Esperanzas”.

En 1867 realizó su segundo viaje a los Estados Unidos y se llevó una gran alegría al comprobar que a raíz de la victoria del Presidente Abraham Lincoln durante la Guerra de Secesión, se fortaleció el gobierno federal, se modernizó la economía y, sobre todo, fue abolida la esclavitud de las personas afroamericanas con notables imperfecciones, aunque sus plenos derechos no los obtendrían sino hasta el siglo XX.

Sorpresivamente, en junio de 1870 falleció. Un mes antes, había sido recibido por la Reina Victoria y ella le confesó que era una profunda admiradora de sus obras literarias y no se resistió a preguntarle cómo fue que alcanzó tal notoriedad como novelista y periodista, sin haber pasado por las aulas universitarias. Dickens le respondió con sencillez que con ese talento se nace y se cultivan cuando se tienen grandes ideales en la vida.

León Tolstói y Fiódor Dostoyevski consideraban a Carles Dickens como a un autor cristiano, no tanto porque practicara mucho su religión, sino por las soluciones que aportaba a las tramas de sus novelas.

Una opinión unánime de los críticos literarios es que Dickens hizo más por los pobres, por los marginados debido a sus claras y valientes posturas en contra de la esclavitud laboral y racial; por sus denuncias ante las injusticias y tremendas diferencias socioeconómicas en la sociedad inglesa; por su permanente oposición a la pena de muerte, etc., de tal modo que su benéfica influencia ayudó a tomar conciencia nacional para que en el Parlamento , tanto en el siglo XIX como en el XX, se aprobaran leyes para resolver estas severas problemáticas.

Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura: 30 años después

Es increíble la ola de persecución que, el Premio Nobel de Literatura, Octavio Paz (1914-1998) sufrió desde que rompió con la ideología marxista-leninista a raíz de los atropellos y abusos que observaba en las acciones del dictador de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.). Es verdad que este poeta mexicano se unió a la causa republicana durante la Guerra Civil Española (1936-1939), como tantos intelectuales de los países occidentales.

Pero paulatinamente se fue desencantando ante los métodos violentos y arbitrarios que se utilizaban en nombre de una supuesta “causa popular”, como fueron los continuos fusilamientos, sin juicio previo, y las cárceles de tortura.

Los intelectuales de la izquierda internacional jamás le perdonaron “su traición”. Cuando yo preguntaba a algunos profesores en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde estudié “Lengua y Literaturas Hispánicas”, su opinión por la calidad literaria del autor de “Piedra de Sol”, se hacía un elocuente silencio. A alguno de ellos, recuerdo que le insistí: “Pero si acaba de renunciar como Embajador de México en la India, como consecuencia de los sucesos estudiantiles en Tlaltelolco y de publicar su libro “Posdata”, en el que profundiza sobre su postura política de rechazo a la decisión del Presidente Gustavo Díaz Ordaz”.  La única lacónica respuesta  que obtuve fue: “Paz es un oportunista”. Y, por lo tanto, se podría entender entre líneas que se trataba de un traidor a la causa comunista. Porque la mayoría de los profesores y muchos compañeros seguían la doctrina de Carlos Marx y Federico Engels.

Octavio Paz escribió muchas obras literarias en poesía, prosa y teatro, así como ensayos, de gran calidad. Cabe destacar: “Libertad Bajo Palabra”, “Salamandra”, “El Laberinto de la Soledad”, “Blanco”, “Ladera Este”, “Topoemas”, “Pasado en Claro”, “Árbol Adentro”, “El Arco y la Lira”, “Las Peras del Olmo”, “Signos de Rotación”, “Conjunciones y Disyunciones”, “El Ogro Filantrópico” (expone los graves errores del Comunismo), “La Llama Doble” (acerca de la fraternidad, el afecto humano y el amor a Dios), “Itinerario” (una breve biografía de su vida)

No obstante la conspiración del silencio contra Paz en su país natal, su obra literaria tuvo repercusión en muchos países del mundo y fue aclamada por filósofos, críticos de arte e intelectuales de diversas naciones. Un buen número de prestigiosas universidades le concedieron el Doctorado Honoris Causa. También, en España le fue otorgado el Premio Cervantes en 1981.

Cuando en 1990, se planteó la concesión del Premio Nobel de Literatura, muchos intelectuales del extranjero consideraron la posibilidad de entregárselo a Octavio Paz.

Cuando la Academia Sueca hizo público su nombramiento, los primeros sorprendidos fueron los intelectuales de izquierda mexicanos.

El historiador, Enrique Krauze, sostenía que debemos «seguir descifrando (…) la historia mexicana con las claves que Octavio Paz nos dio» (“El Universal”, sección «Cultura», 28/III/2014).
Pero también pienso que sus aportaciones sirven, no sólo para interpretar el pasado, sino para mirar hacia delante; para reflexionar y aprender lecciones en el presente y prever el futuro. Paz, supo ir a contracorriente, en muchos casos a un alto precio, porque se convenció de que por encima de las ideologías, ante todo había que salvaguardar la libertad del ser humano
 
Cuando me preguntan, qué obra poética me parece más recomendable de Octavio Paz, sin dudar, recomiendo “Piedra de Sol” (1957). ¿Por qué? Porque recibió la influencia de los grandes poetas europeos, sobre todo, de Thomas S. Eliot y Paul Valéry.

Con este magno poema busca el poeta presentar la realidad de su país y del mundo al que pertenece a modo de un mosaico de imágenes vivas y significativas. Al igual que “La Tierra Baldía” de Thomas S. Eliot, es un poema escrito en forma de “verso libre” que conlleva una rima interior y que rompe con la poesía tradicional. Por ello se afirma que se trata de un poema revolucionario.

Este brillante intelectual mexicano impartió numerosas conferencias por todo el mundo advirtiendo sobre la amenaza permanente de las dictaduras y la necesidad de buscar sistemas políticos más civilizados, como la democracia estadounidense, francesa o de Alemania occidental o el Parlamentarismo al estilo inglés. Al sistema político mexicano del Partido Revolucionario Institucional (P.R.I.), al igual que el otro Premio Nobel, Mario Vargas Llosa, le llamaron “la dictadura perfecta”.

Pero a la vez, Paz reconocía las serias deficiencias que tiene también la democracia occidental. Insistía que en este terreno no hay dogmas, sino que hay que intentar encontrar nuevas fórmulas políticas que respeten la dignidad de la persona humana porque el llamado «capitalismo salvaje» de muchos gobiernos occidentales que se dicen libres y se autoproclaman como «países modelo» son igualmente reprobables, injustos e inhumanos.

A la vuelta de 30 años, la figura de este Nobel de Literatura mexicano se agiganta con el tiempo. En los últimos años de su vida, Paz tuvo una conversión interior y comenzó la búsqueda de la Trascendencia, “La Otredad”, como le gustaba llamar. En la India intentó encontrar a Dios, a través del budismo, pero confiesa que no encontró sino vacuidad. En cierta ocasión y de forma casual, en que entró a una iglesia católica en Goa (India), mientras un sacerdote celebraba la Santa Misa, concluyó con sencillez que “esa era su verdadera identidad histórica”.

George Orwell y sus profecías sobre los regímenes totalitarismos

El escritor George Orwell (1903-1950) fue un periodista y escritor inglés de la primera mitad del siglo pasado. Ha sido un autor célebre, sobre todo, por dos de sus obras: “Rebelión en la Granja” (1945) y “1984” (1949).

Su biografía ha sido azarosa y cambiante. Tenía mucha sensibilidad por las cuestiones sociales. En un principio apoyó a los movimientos de izquierda. Posteriormente, junto con otros muchos intelectuales, artistas y periodistas se unió a las “Brigadas Internacionales” cuando estalló la Guerra Civil Española (1936-1939) para apoyar la causa de la república. Por esos años escribió “Homenaje a Cataluña” (1938) haciendo una alabanza del anarquismo español, que se caracterizaba –entre otros muchos aspectos- por cometer actos terroristas por toda la geografía del territorio nacional.

Pero pronto se percató que los dirigentes de la república española, habiendo comenzado con un socialismo moderado, paulatinamente se fueron radicalizando y se vieron arrollados por el marxismo-leninismo de José Stalin, quien desde el Kremlin (Moscú) dictaba órdenes al Partido Comunista Español.

Como buen analista político fue desentrañando el modo cómo se manipulaban a los medios de comunicación y, a través de ellos, se difundían numerosas y graves mentiras. Dicho en otras palabras, tanto los discursos políticos, las manifestaciones multitudinarias, así como los medios masivos se utilizaban como mera propaganda para engañar al pueblo.

Este escritor, en un principio, se resistía interiormente a aceptar este hecho y en comprender de fondo cómo se instrumentalizaban periódicos, libros, revistas, posters, panfletos, programas de radio, etc. con una finalidad perfectamente planeada y dirigida hacia una supuesta “búsqueda del bien de causas populares”. Así que Orwell, ya convencido de la manipulación colectiva, cambió de giro y comenzó trabajar publicando sus escritos en los que delataba estos abusos políticos.

Pero, en 1937, sufrió un grave atentado en Barcelona, el que estuvo a punto de ser asesinado. Orwell asegura que el autor intelectual fue el propio Presidente del Gobierno de la II República, Juan Negrín, el llamado “Lenin Español” –quien gobernó de 1937 a 1939-. Ese suceso le cambió su visión de la política y de los grupos socialistas y marxistas. De inmediato, salió huyendo hacia Gran Bretaña.

Desde este hecho se dedicó a denunciar a los gobiernos totalitarios, como el de la Alemania nazi de Adolfo Hitler, el de la Italia de Benito Mussolini y la dictadura de José Stalin de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.).

De esta manera, de ser un simpatizante de los gobiernos de izquierda, a través de su aguda pluma, pasó convertirse en una voz de denuncia contra los gobiernos totalitarios y manifestó su postura en favor de la democracia. Afirmaba que el gobierno de Stalin representaba una permanente amenaza en contra de las libertades de los países de Occidente. Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) trabajó para la “BBC” de Londres y el periódico “Tribune”. Por esos años redactó su obra “Diarios de Guerra” (1940-1942).

“Rebelión en la Granja” (1945) es una novela satírica, una fábula mordaz sobre el régimen de José Stalin quien corrompe las ideas originales de seguir el pensamiento de Karl Marx, de Friedrich Engels y de Vladimir Lenin hasta imponer un gobierno dictatorial, conocido como el “estalinismo”, con un enorme culto hacia su persona.

El argumento se centra en que un grupo de animales de una granja se rebelan contra unos dueños humanos déspotas. Los expulsan, pero en poco tiempo, la granja se convierte en un gobierno mucho peor, con una dictadura inmisericorde y brutal. Se trata de un análisis –sencillo pero profundo- del poder político y los peligros de ceder ante la tentación totalitaria.

En la novela “1984”, este autor muestra las múltiples herramientas que los Estados modernos poseen para ejercer un control absoluto y férreo sobre sus ciudadanos. Aparece “El Gran Hermano”, quien todo lo vigila, lo observa meticulosamente, y si la autoridad suprema considera que algún ciudadano ha atentado contra el régimen es rápidamente castigado con la prisión o con la muerte.

En mi opinión es una obra profética. El protagonista, Winston Smith, aparece como el símbolo de la rebelión frente al «Gran Hermano». Éste se ha llegado a apoderar de la vida y la conciencia de todos sus súbditos, incluso interviniendo en las esferas más íntimas de los sentimientos humanos. Winston es descubierto en su inconformidad contra este sistema de permanente observación policiaca y es conducido a una “clínica psiquiátrica”.

En ella es sometido a diversas torturas mentales. Y concretamente se le advierte amenazadoramente, que se le destruirá y cambiará su personalidad por su actitud rebelde ante el Estado. Concretamente se le dice: «Nunca podrás volver a experimentar el sentimiento humano. Todo habrá muerto en tu interior. Nunca más serás capaz de amar, de cultivar las amistades, de disfrutar de la vida, de reírte, de sentir curiosidad por algo, de tener valor, de ser un hombre íntegro. Estarás hueco. Te vaciaremos de ti y te rellenaremos de ¡nosotros!».

No obstante que la novela “1984” fue publicada en 1949, las amenazas de “El Gran Hermano” contra el personaje Winston Smith -a la vuelta de más de 70 años- todavía resultan estremecedoras. Este tipo de supuestas “clínicas psiquiátricas” contra los disidentes de los diversos regímenes comunistas fueron empleadas por décadas en la U.R.S.S., en algunos países de Europa del Este, en Vietnam, en China, y todavía, se emplean en Cuba y Venezuela. Las palabras de George Orwell han resultado proféticas y, sin duda, el peligro de la tentación totalitaria sigue vigente en nuestros días.

Octavio Paz: “Un mexicano universal”

Se cumplen ciento cinco años del natalicio del Premio Nobel mexicano de la Literatura, el poeta, ensayista y prolífico escritor, Octavio Paz.

En su magistral libro, “El Ogro Filantrópico” (1979), Paz desmontó a detalle y con un admirable orden lógico, el serial -casi inagotable- de falacias y contradicciones del marxismo-leninismo. Vaticinó la autodestrucción de este sistema político, muchos años antes de “La caída del Muro de Berlín” (1989).

            Este brillante intelectual mexicano impartió numerosas conferencias por todo el mundo advirtiendo sobre la amenaza permanente de las dictaduras y la necesidad de buscar sistemas políticos más civilizados, como: la democracia norteamericana, la de Francia, de Alemania, o bien, el sistema Parlamentario  inglés… Pero a la vez reconocía que, también, la democracia occidental tenía sus serias deficiencias. Y que en este terreno no había dogmas, sino que había que intentar encontrar nuevas fórmulas políticas que respetaran la dignidad de la persona humana porque el llamado “Capitalismo Salvaje” de muchos gobiernos occidentales -que se decían libres y se autoproclamaban como “países modelo”- eran igualmente reprobables, injustos y atentaban contra los más elementales derechos humanos.

            Octavio Paz nació el 31 de marzo de 1914 en el entonces pueblo de Mixcoac, cercano a la Ciudad de México. A través de diversas lecturas y conversaciones con amistades de ideología comunista, pronto simpatizó con el sistema marxista-leninista y sentía admiración por José Stalin, sucesor de Lenin, en el gobierno de la U.R.S.S. (Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas). Así que decidió –junto con su esposa, Elena Garro- apoyar a la España Republicana durante la Guerra Civil (1936-1939) y se trasladaron a Madrid, como también lo hicieron muchos otros intelectuales de países occidentales, entre ellos, George Orwell y Ernest Hemingway.

            El punto de quiebre, fue cuando Adolfo Hitler de la Alemania Nazi y el dirigente soviético José Stalin acordaron repartirse “como botín de guerra” el territorio de Polonia. Alemania, en pocos días, invadió ese país y fue el detonador de la Segunda Guerra Mundial. Octavio Paz se sintió hondamente defraudado y se convenció que Stalin era tan sólo un ambicioso dictador como lo era Hitler y tantos otros a lo largo de la historia.

            Así que decidió convertirse en “un buscador de nuevos caminos”. Los intelectuales de izquierda tanto de México como de muchos otros países, lo consideraron como “un traidor de la causa” y cortaron su relación con él. De hecho, su nominación al Nobel de Literatura en 1990 vino, sobre todo, a petición de muchos poetas e intelectuales de otros países, con quienes trabó una gran amistad, y lo invitaban con frecuencia a que diera lectura a sus obras poéticas y ensayos en numerosas universidades de Europa y Estados Unidos. Por ello, cuando le fue concedido el Premio Nobel, causó sorpresa en ciertos medios de intelectuales mexicanos que no compartían su postura política.

¿Qué nos aportan sus obras maestras, como: “Piedra de Sol”, “Itinerario”, “El Arco y la Lira”, “Libertad bajo Palabra”, “Pasado en Claro”, “Árbol Adentro”, “La Llama Doble”…Pienso que sus reflexiones nos dejan una valiosa herencia cultural no sólo para los mexicanos sino para la humanidad entera y nos ayudan a interpretar el pasado, a la vez que mirar hacia delante; para reflexionar y aprender lecciones sobre el presente y prever el futuro. Por ello se afirma, con acierto, que “Octavio Paz es un mexicano universal”.

Una Revolución Radical

Wassily Kandisnsky

Pintor y escritor de origen ruso 1866, cuyos conceptos y forma de pintar le hicieron ser el gran innovador, al mostrar la proyección interior, que según él, todo creador debía poseer. En su caso fue la abstracción.

De lo espiritual en el arte, es el nombre de uno de los tratados que escribe. Es un documento de incalculable valor para todos los que se dedican a este tipo de pintura, o al arte en general, ya que sus principios se pueden aplicar a cualquier disciplina artística. Kandinsky no quería que mostrar nada real, nada que tuviera que ver con lo que veíamos, sino con lo que sentíamos. Una revolución interior, que le llevo a concebir y poder plasmar formas, que no respondían a la realidad. Lo que hoy conocemos cómo arte abstracto. Decía que los pensamientos y las sensaciones son reales y tenemos que mostrarlos con emoción y sentimiento. O sea el arte debe responder a una necesidad interior.

Fundador de Der Blaue Reiter (El jinete azul) la revista de arte más importante de aquella época. Afirmó con sus propias palabras: “el arte tiene que responder a lo más íntimo y auténtico de nosotros mismos.” La revolución estética, que los miembros de esta asociación pretendían, fue realmente una innovación en todos sentidos. Der Blaue Reiter quería llegar a lo esencial y metafísico, al reino de la mente pura. Había toda una filosofía detrás de estas manifestaciones artísticas del siglo XX. Había llegado el momento de la abstracción.

Kandinsky hace un viaje a París y queda profundamente impresionado por los fovistas y postimpresionistas. Esto le lleva a deslindarse de cualquier objeto que pudiera tener referencia con el mundo físico. En 1913 empieza a trabajar, las que se consideran las primeras obras abstractas de la pintura moderna. Se inspiraba en la música y en una espiritual forma de contemplar la vida y el arte.

El artista debe mostrarse ciego ante las formas reconocidas o no reconocidas, sordo a las enseñanzas y los deseos de su tiempo. Sus ojos atentos deben dirigirse hacia su vida interior y su oído prestar atención únicamente, a la necesidad interior. W. Kandinsky De lo espiritual en el arte.

No hay duda de que es uno de los pintores más influyentes de su generación, por no decir, el primero que se atrevió a profundizar en este tipo de expresión. Fue el que sembró la semilla para el devenir del expresionismo abstracto, escuela dominante, después de la segunda guerra mundial.

Un gran ejemplo de cómo se pueden transmitir ideas y emociones, sin recurrir a representar, lo que tantas veces se ha hecho.

Lean sobre este audaz e interesante personaje. Atreverse a mostrar nuevos conceptos de lo que para él representaba la pintura, es un camino lleno de sorpresas, que puede sorprender y enriquecer nuestra forma de vivir y experimentar el arte.

Este es el único camino para expresar la necesidad mística dentro de la pintura. Todos los medios son sagrados, si son interiormente necesarios, y todos son sacrílegos si no brotan de la fuente de la necesidad interior.

Wassily Kandinsky . De lo espiritual en el arte.