«Más vale encender un cerillo, que maldecir la oscuridad»

Hace unos días volví a ver la película “Hitler: el Reinado del Mal” en la que se explica cómo un desconocido y gris pintor y dibujante austriaco, Adolfo Hitler, logra hacerse con el mandato absoluto y totalitario de una poderosa nación como Alemania, en los años treinta del siglo pasado, y cuyas radicales y violentas acciones políticas desembocaron en la Segunda Guerra Mundial.

Al inicio del filme, se recogen unas palabras del ilustre escritor y filósofo de origen irlandés, Edmund Burke (1729-1797), quien ha escrito un provechoso pensamiento: “Lo único que se necesita para que el mal triunfe, es que los hombres buenos no hagan nada”.

En nuestro tiempo, observamos cómo se empuja a los ciudadanos para que tengan una inclinación casi obsesiva y esclavizante hacia el consumo de bienes materiales, arrancando el sentido trascendente de su existencia, generando así una sociedad materialista y centrada en el egoísmo y el placer inmediato.

En un sentido aparentemente opuesto -pero que en el fondo se identifican-, también hay quienes enfocan el trabajo y toda actividad humana exclusivamente dentro de las coordenadas materialistas ateas, como una alienación de la persona, sometida al colectivismo; a esas masas anónimas cuyos líderes engañan a miles de personas con escasa formación y les presentan atractivas soluciones -con apariencia de bondad- pero cargadas de errores y promoviendo los enfrentamientos fanáticos.

De igual forma, se pretende coartar el origen sagrado de la vida humana, la indisolubilidad del matrimonio, el sentido auténtico de la sexualidad humana, el derecho prioritario de los padres a la educación de sus hijos; se ridiculiza que exista una moral objetiva y los grandes valores que han cimentado nuestra civilización occidental dentro del marco de la dignidad humana.

Se pretende hacer imperar el relativismo y el subjetivismo en una actitud que se llega al extremo de afirmar que “nada es bueno ni malo sino que todo es relativo” y en la que lo importante es “la impresión que cada uno saca por su cuenta” al margen de las verdades universales y objetivas. Con esa aparente lógica, entonces se podría justificar cualquier aberración, como: el robo, el fraude, los actos de corrupción, la mentira, los asesinatos…

Y es una reacción común que la gente se encoja de hombros y exclame: “¡Qué le vamos a hacer, ni modo! ¡Así están las cosas y no hay otro camino más que sufrir las consecuencias!” Sin duda, es un gran error no hacer nada, por pensar quizá que se puede hacer muy poco.

En nuestro país, por fortuna, son una inmensa mayoría las personas que defienden la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural; el matrimonio, la familia y el amor a los hijos; la libertad para educarlos en la fe religiosa que se profesa; la recta actitud en la adquisición de los bienes materiales con sobriedad y templanza; se siguen viviendo valores como la honestidad, la laboriosidad, la generosidad para servir a la propia comunidad y en forma desinteresada; la formación en las virtudes humanas; los anhelos por contribuir al bien y el progreso de nuestra Patria…

¿Qué puede hacer un ciudadano normal para mejorar la actual situación social? En primer lugar, dando buen ejemplo con el prestigio en el trabajo o quehacer profesional y con el cuidado de la propia familia. En segundo lugar, procurar la difusión de buenas ideas mediante el eficaz método de comunicación “de boca a boca”. Me refiero a esas reuniones familiares, de amistades, de colegas de trabajo o de convivencia social en las que se puede influir externando las propias convicciones. En tercer lugar, aprovechar los avances cibernéticos para dar a conocer nuestros puntos de vista sobre los asuntos vitales anteriormente mencionados a través de las redes sociales, en los portales de internet, mediante los correos electrónicos y un largo etcétera. Por ello, he titulado este artículo con ese antiguo proverbio que dice: “Más vale encender un cerillo, que maldecir la oscuridad”. Pienso que con la suma de muchas voluntades valientes y nobles -poniendo espíritu de iniciativa, creatividad e ingenio-, las actuales circunstancias del país pueden mejorar de manera importante -en forma gradual, pero significativa- como ocurrió con la eficaz y positiva influencia de los Primeros Cristianos dentro del Imperio Romano que, tan sólo a la vuelta de un par de siglos, el Cristianismo ya se encontraba difundido por todo el mundo conocido de aquella época.

El ateísmo práctico: un fenomeno social de nuestro tiempo

El acelerado avance la Ciencia y de la Técnica en nuestra época han alterado las relaciones del hombre con Dios. Con la masificación de descubrimientos como la electricidad, las máquinas de vapor, el telégrafo, el teléfono en el siglo antepasado; con el desarrollo vertiginoso de medios de locomoción: el automóvil, la motocicleta, el tren, el aeroplano, el jet, la llegada del hombre a la Luna y, últimamente, los satélites espaciales que han alcanzado a otros planetas; con el desarrollo de la Medicina que puede curar enfermedades que en siglos anteriores no tenían posible remedio; con los asombrosos logros –de las últimas décadas- en materia de la cibernética (internet, telefonía celular, computadoras, nanotecnología, etc.) se ha generado –en un considerable número de personas- una conciencia del hombre como el “gran dominador de la Naturaleza”, el “señor todopoderoso del Universo” y que, por lo tanto, ya no necesita de la ayuda de su Creador.

Es como si pensaran: “Si Dios no entra en mi campo vital cotidiano, puedo prescindir de la Religión y de toda moral. Entonces –erróneamente concluyen-, ‘todo se vale’ ”. Reconocidos psiquiatras y antropólogos afirman que cuando el hombre vive como si Dios no existiera en su vida personal, familiar, profesional, social, se generan diversas actitudes bastante tipificadas, como por ejemplo:

a) el materialismo en lo profesional: la prioritaria ambición se delimita en ganar mucho dinero para concederse todo tipo de lujos y caprichos;

b) el hedonismo: se trata de pasarla bien a costa de lo que sea. En este terreno ya no hay límites. Se buscan sensaciones cada vez más novedosas y excitantes. Lo determinante es permanecer siempre en el círculo del placer inmediato, del hoy y ahora. El amor aparece devaluado con relaciones sexuales fugaces, pasajeras e intrascendentes y, sobre todo, sin correr ninguna responsabilidad;

c) la permisividad: los valores ya no importan; todo queda relegado por el uso que doy a mi libertad. La jerarquización de mis ideales queda supeditada a lo que me parezca conveniente según las circunstancias vivenciales, profesionales; a lo que me apetezca o se me antoje en este momento. Es una especie de nueva ética que sustituye a la verdadera Moral;

d) el relativismo: no hay verdades universales y permanentes porque absolutamente todo es relativo, siempre según mi propia conveniencia;

e) el consumismo: lo importante es adquirir bienes materiales, estar a la moda (no importa a qué costo). Hay una pasajera sensación de bienestar cuando se tienen esos bienes y socialmente se consideran autorrealizados;

f) el escepticismo y el nihilismo: los grandes temas de la humanidad como el sufrimiento, el dolor, la muerte, las preguntas trascendentes “quién soy, de dónde vengo, adónde voy”, o las verdades eternas del Más Allá, se suelen tomar con indiferencia, apatía e incluso repulsión. Prefieren simplemente “vivir al día”, dejarse llevar por el ambiente y no pensar en el mañana;

g) la búsqueda ansiosa de lo festivo o entretenido: en ese contexto resulta clave encontrar personas o situaciones que resulten divertidas, simpáticas, agradables, para que no exista ningún momento de estar a solas y evitar que el hombre se enfrente con su propio yo. Si eso ocurriera, entonces se echa mano de la música, de los videojuegos, de la televisión, de las películas, de la internet, de los juegos de azar, etc. Lo importante –parecen manifestar algunos con su conducta- es evadirse y jamás pensar en temas profundos, sino mantenerse siempre en el entorno de lo frívolo y superficial. Son las llamadas “personas-epidérmicas”.

Son hombres dinámicos –con frecuencia-, con una cuidada apariencia de “exitosos” en todos los aspectos, pero carecen de convicciones firmes; sus ideales no están sólidamente cimentados; su voluntad suele ser débil. No admiten compromisos personales serios, ni menos para toda la vida.

Les importa mucho el “qué dirán o pensarán de mí”. Eso genera un mimetismo por imitar obsesivamente a los demás, por ejemplo, en el modelo del último coche o computadora, en las marcas de las prendas de vestir, y en general, en un estilo de vida que lo presumen públicamente para ser reconocidos socialmente. Muchas veces el costo de este afán de competitividad les lleva a contraer considerables deudas y a vivir en un estado de angustia e insatisfacción permanente.

El gran drama de algunos de estos hombres de nuestro siglo XXI es que van buscando afanosamente la felicidad: en su desarrollo profesional, en el sexo, en el alcohol, en las drogas, en la posesión ilimitada de bienes materiales (casas, coches, aparatos tecnológicos…), en los continuos viajes turísticos de placer, en las interminables fiestas y juergas. Como escribía nuestro Premio Nóbel de Literatura, Octavio Paz, en El Laberinto de la Soledad, es como “una máscara y detrás otras máscaras”, mas en el fondo subyace el vacío, el hastío y la infelicidad.

LAS LECCIONES DE JESÚS DESDE EL PORTAL DE BELÉN

Pienso que todos disfrutamos de esos maravillosos portales de Belén que tienen representados, además de las Sagradas figuras de Jesús, María y José; a los ángeles que rodean al Nacimiento; a los Reyes Magos (Melchor, Gaspar y Baltasar) que le ofrecen al Hijo de Dios oro, incienso y mirra; a los pastorcitos que le llevan al Niño modestos regalos; a esos animalitos del establo que le brindan su calor… Algunos otros artistas colocan a otros pastorcillos que van camino de su encuentro con Jesús; riachuelos y puentes, pequeños lagos, árboles, plantas, arbustos, personajes típicos de cada región…¡Algunos nacimientos son verdaderas obras maestras!

¿Pero, en medio de todo esto, qué lecciones nos brinda Jesús desde ese portal de Belén? Considero que algunas de ellas son:

1. Humildad, porque el Señor de todo lo Creado ha dejado de lado su gran poder y majestad para “abajarse”; para encarnarse en un Niño indefenso y necesitado de todo: de nuestro amor, atención y cuidados, confiados particularmente a la Virgen María y a San José. Y viene una primera consideración: ¡Qué gran amor ha tenido Dios hacia nosostros!

2. Quiso nacer pobre, siendo rico; era dueño y Señor de todo, pero vino a esta tierra sin nada. Para mostrarnos la importancia de estar desprendidos de los bienes de esta tierra y anhelar los bienes del Cielo. Esa fue la norma de conducta a lo largo de toda su vida: en aquel modesto taller de artesano; en ese sencillo hogar de Nazaret; en su Pasión y Muerte, donde no tuvo más sensación que tres clavos y una Cruz. Ni siquiera el sepulcro donde fue colocado, era suyo.

La pregunta es, ¿por qué todos estos “Excesos de Amor”? Porque nos quería dejar una enseñanza clara: “Nadie ama tanto, como Aquél que da su vida por sus amigos”. Él venía a salvarnos, a realizar la Redención y abrirnos las Puertas del Cielo.

Desde esos primeros llantos de Niño, nos manifestó que venía a entregarse por completo, en medio de aquella noche fría donde no había posada para Quien era el dueño del Universo entero y quiso nacer en aquel sórdido establo en las afueras de Belén.

Su misión, entonces, era y sigue siendo fundamentalmente de servicio y de mostrarnos su Infinito Amor por cada uno de nosotros. Quiso que los primeros que vinieran a conocerle y a postrarse ante Él fueran unos humildes pastorcillos. ¡Porque Jesús se encuentra muy a gusto y a sus anchas con las personas que luchan por ser sencillas, desprendidas y humildes de corazón!

3. Otro aspecto, no menos importante, es su obediencia. Hay un conocido villancico cuya letra dice que el Niño vino a la tierra “para padecer”. Si repasamos con calma los Santos Evangelios nos percatamos que Jesús, tal y como vaticinaron San Simeón y Santa Ana, sería “signo de contradicción”. Es decir, que cuando se mostró públicamente como el Mesías y realizó aquellos milagros portentosos y todos los signos que los antiguos Profestas habían profetizado con detalle, entonces sufrió ataques, calumnias e incomprensiones de los poderosos de su tiempo: del Rey Herodes, de los fariseos, saduceos, sacerdotes del Templo, de Poncio Pilatos; fue golpeado, ultrajado, apedreado, maltratado hasta el momento cumbre de la Cruz en que, como una muestra palpable de su Amor sin límites, dio su vida por nosotros. ¿Y todo ello para qué? Porque venía a cumplir y a obedecer la Santa Voluntad de su Padre-Dios. Era el designio establecido por el Altísimo desde toda la eternidad para redimir al género humano.

Se dice fácil comentar esto último, pero quienes hemos podido observar la Sábana Santa, que se conserva en Turín (Italia), manifiesta todo lo que sufrió Jesucristo por cada uno de nosotros. Y contemplamos que su cuerpo quedó completamente desfigurado y con algunos huesos fracturados.

4. Finalmente, el Hijo de Dios nos da una admirable lección de Amor. Pero es un amor con obras y de verdad. ¿Qué mejor prueba de amor que el sacrificio, que el dolor de la muerte ignominiosa e injusta de la Cruz?

Pero debemos subrayar que ese amor de Jesús es individualizado, como dice San Pablo: “Me amó y se entregó a la muerte por mí”. Es importante aclarar que el Verbo de Dios Encarnado no entregó su vida a una masa anónima, a una muchedumbre como en un gigantesco estadio de futbol, sino dio su vida por cada mujer y cada hombre de todas las épocas y momentos de la historia, desde Adán y Eva hasta el final de los tiempos.

Quizá las palabras que más nos conmuevan de Jesús en medio de su indescriptible dolor sean aquellas de: “-Perdónales, Señor, porque no saben lo que hacen”.

Y, luego, las de la Última Cena: “-Amaos los unos a los otros como yo os he amado” y, aquellas otras, de sus primeras palabras después de su Resurrección: “-¡Alegráos!”. Como queriendo comunicarnos, ¡que nadie esté ya triste porque así quería mi Padre-Dios! ¡Que Yo sufriera mucho para que -si cumplen mis Mandamientos- tengan un lugar en el Paraíso; y sean partípes en la Felicidad Eterna del Cielo!

Después de estas lecciones de humildad, pobreza, obediencia y amor, viene como consecuencia lógica esta pregunta: ¿Y yo qué puedo hacer para corresponder a todos estos “Excesos” de Amor de Dios?

Sin duda, la respuesta es secundar fielmente las invitaciones que el Papa Francisco nos hace para este Año Jubilar de la Misericordia: a) acudir a la Confesión con frecuencia; b) recibir al Señor en la Eucaristía; c) ganar muchas Indulgencias Plenarias; e) realizar muchas obras de misericordia materiales como espirituales en bien de los más necesitados y de quienes viven en pobreza extrema.

¡Dichosa! Mujer estéril.

Por *Juan Alberto Echeverry

Sab 3,13 Dichosa la mujer estéril que se ha mantenido irreprochable y no ha tenido relaciones prohibidas: recibirá el premio merecido cuando el Señor venga a juzgar a los hombres!
14 ¡Dichoso también el castrado que nunca cometió ninguna maldad ni tuvo malos pensamientos contra el Señor: por su fidelidad recibirá una recompensa especial y un lugar muy agradable en el templo del Señor!

El anhelo de millones de mujeres y matrimonios en el mundo entero, es poder tener el don de ser padres, sin embargo, hay muchísimas mujeres que a pesar de ese anhelo ferviente, su vientre no se ha abierto a la vida, y con mucha razón sufren, lloran y mantienen una batalla interior. No obstante, también hay un camino de felicidad para quienes no han podido concebir un hijo.

Si acaso esa es tu situación, piensa con sensatez, que por algún motivo Dios o la vida no lo han permitido. Sin dejar de orar, clamar y trabajar por ese don, dedícate a buscar tu felicidad. Vuelca tu vida al servicio de Dios y de los demás, y tendrás la recompensa que Dios regala a sus hijos amados. Abraza tu realidad presente y esfuérzate por crecer en virtudes y conocimiento, recuerda que los tiempos que vivimos son cada vez más complicados moralmente y no vale la pena que ensucies tu vida con el pecado, o te la pases amargada(o) por aquello que no llega.

Ciertamente la maternidad es hermosa y sin embargo, cuántos padres sufren terriblemente por hijos enfermos, descarriados, asesinos, drogadictos, rebeldes y a veces, viven unos cuadros terriblemente dolorosos sin poder hacer nada por sus propios hijos.

Si te dedicas a dar de lo que tienes, a vivir la vida disfrutando sencillamente cada momento, a crecer espiritual e intelectualmente, te aseguro que encontrarás tu verdadera felicidad, y tal vez las obras que realices, se convertirán en muchos hijos amados, tal como lo ha prometido el Señor, en el siguiente texto bíblico. He sido testigo también de muchos hogares estériles, que ahora tienen cientos de hijos espirituales y son profundamente felices. Son personas que traen bendición a su familia, sobrinos, empleados, huérfanos y sociedad en general.

Isa 54,1 Da gritos de alegría, mujer estéril y sin hijos; estalla en cantos de gozo, tú que nunca has dado a luz, porque el Señor dice: “La mujer abandonada tendrá más hijos que la mujer que tiene esposo.”

Así que ánimo, levántate de la amargura, haz santamente lo que esté en tus manos por hacer, mira con otros ojos la esterilidad, pero no te agobies más, deja que Dios disponga el mayor bien en tu vida, y confía en su perfecto plan.

Oración: Dios Padre de amor: Una vez más vengo a tu presencia con el corazón compungido. Tú conoces el anhelo profundo de mi corazón por ser mamá (papá), pero si esto no es posible por algún motivo que yo desconozca, te pido que me regales la paz interior, la serenidad y la felicidad que mi corazón anhela. Te pido en el nombre de Jesús, que este anhelo no se convierta en mi vida en un ídolo que me esclaviza, sino más bien, confiando en tu amor eterno, pueda dedicar mi vida a servir a los demás con entrega absoluta, y a crecer espiritual e intelectualmente. Hoy declaro con todas las fuerzas de mi corazón que acepto tu perfecta voluntad en mi vida y me levanto en el nombre de Jesús a conquistar mi felicidad. Si por algún motivo llegare a tener el don de la maternidad (paternidad), la acogeré con el mismo a mor que vivo cada día de mi vida, porque el mayor regalo que me has dado, es poderte conocerte y amarte a Ti que eres el verdadero amor eterno. Hoy quiero interceder por todos los padres de familia del mundo entero, que sufren a causa de sus hijos. También oro por todos los huérfanos que han sido abandonados, carentes de amor o maltratados, para que encuentren verdaderos padres espirituales que los acojan y los amen. Oro por las mujeres que están pensando abortar, para que por tu misericordia, envíes gracias de conversión a sus corazones. Amén.

*Facilitador católico Director de la FUNDACION CATÓLICA IMMAH

El SIDA, una llamada

Querido David:

Son las cinco de la mañana. Ya me he levantado para escribirte. Toda mi familia sigue durmiendo y aquí, en mi despacho, hay un gran silencio, interrumpido solo por el canto titubeante de algún pájaro. Los primeros rayos de sol entran por la ventana, y un nuevo día está a punto de estrenarse. Todo parece tan armonioso … Yo no puedo sino recordar tu llamada conmovedora. Agradezco mucho que -¡por fin!- hayas dado señales de vida, David. Ya estábamos esperando noticias tuyas desde unas semanas, con impaciencia creciente. No sabíamos nada de ti. Y no nos imaginábamos qué rumbo había tomado tu vida. Realmente, ¡todo ha salido tan distinto a lo que pensábamos!

Me contaste que, algún día, Paul había vuelto de sus vacaciones … En aquel momento te encontrabas solo en el piso: escuchaste sus pasos en la escalera, los ruidos de la llave en el ojo de la cerradura. Querías huir o esconderte, pero ya se abrió la puerta, y entró Paul. Fue directamente al comedor donde tú estabas, dudando todavía de cómo saludarle. Tu amigo te dio un abrazo rápido, murmurando una petición de perdón, y se sentó en una silla. En un primer momento te extrañó que escondiese la cabeza en sus brazos haciendo unos movimientos bruscos; pero pronto te diste cuenta de que estaba llorando. Estaba llorando desesperadamente … Después de un rato te contó, con todo detalle, lo que había pasado.

Ronald, uno de sus compañeros de viaje, se había sentido mal desde el principio. Era uno de los más divertidos del grupo, pero llamativamente flaco, sin fuerzas ni apetito, además con una tos permanente. Como adelgazó a ojos vistas, hacía falta ir al médico, y este dio un diagnóstico desolador: ¡SIDA!

La noticia cayó sobre el grupo como una bomba. Todos tenían que hacerse un análisis de sangre, y esperar dos largas semanas a los resultados. Mientras tanto, el médico les explicó lo que hoy en día saben todos los adolescentes (y que tus amigos nunca querían escuchar): el virus de esta enfermedad mortal se encuentra en los diversos humores del cuerpo y se transmite cuando entra en la circulación de la sangre de otra persona. Es el caso, por ejemplo, cuando unos drogadictos utilizan la misma aguja de inyección y también en el encuentro sexual con una persona afectada, cuando la pareja tiene una herida, por pequeña que sea. Como eso es muy frecuente en la unión anal que practican las personas homosexuales (y menos frecuente en la unión matrimonial), son sobre todo esas personas las que se encuentran, junto con los drogadictos, en un peligro inminente …

Los resultados eran devastadores: además de Ronald, otros dos chicos sufren de SIDA (todavía al principio), y los siete restantes ¡están todos infectados! ¡Tienen el virus mortal en la sangre!, aunque pueda durar varios años hasta que se desarrolle la enfermedad. No pueden tener nunca más contactos sexuales (con personas sanas), porque contagiarán el virus …

¡Paul también está infectado! Insistió en que tú te hicieras el análisis cuanto antes. ¡Qué angustia! Tienes que esperar algún tiempo como los demás, ¡y todavía no sabes nada! Anteayer, Paul se despidió definitivamente de ti. No quiere esperar el resultado, porque de alguna manera se siente culpable. Tampoco quiere experimentar tu compasión. Se fue con unos de sus compañeros de viaje a Amsterdam para quedarse allí. Ronald, en cambio, recibió un gran consuelo: su amigo (con el que convive desde hace dos años) le prometió que le cuidaría y que se quedaría a su lado hasta el final. David, me alegra mucho esta muestra de solidaridad, y no se me quita de la cabeza aquella famosa cita del Evangelio: «Los publicanos y prostitutas os preceden en el reino de Dios»12. Me dijiste por teléfono que ahora quieres comenzar en serio a llevar una nueva vida. Estoy segura de que ya lo estás haciendo, y lo harás muy bien. No te preocupes, David: estés sano o enfermo, siempre puedes contar con nosotros. Seguimos esperándote, ahora con más ansias que nunca. No nos das ninguna «lata» (como temes), ni mucho menos: nos hace verdadera ilusión que tú estés entre nosotros.

No, David, no tenemos miedo al SIDA. Me parece francamente razonable que las personas en torno a un enfermo conozcan los mecanismo de contagio y se protejan en la medida de lo posible. Pero no entiendo el histerismo que se crea a veces alrededor del SIDA. Tenemos que combatir la enfermedad, no los enfermos.

No es nada justo discriminar a los pacientes de SIDA. Si una persona sufre de cáncer, puede estar segura de nuestro afecto y compasión, y muchas veces le ofrecemos ayuda y compañía. Si, en cambio, alguien sufre de SIDA, se le aísla y la familia trata de ocultarlo. Aparte de que el enfermo puede haberse contagiado también en un hospital, por la infusión de sangre ajena, ¿quiénes somos nosotros para juzgar sobre su comportamiento y castigarle? Pienso que necesita incluso más asistencia material y espiritual que cualquier otro enfermo. David, ¿por qué estoy escribiendo esto justamente a ti?, porque siempre nos hemos dicho las cosas claras. Y, sobre todo, tengo la gran esperanza de que tú no estás infectado.

Me confesaste que te sentías juzgado por Dios y que ahora creías lo que, al oído en tiempos anteriores, te había dado siempre mucha rabia: «el SIDA es un castigo de Dios». Pero, David, yo no diría esto, porque puede llevar a grandes malentendidos. ¿Cómo puede ser un castigo? Hay cada vez más niños que también sufren de esa enfermedad espantosa (se han contagiado en el seno de su madre, o al amamantar), y estos sin duda son inocentes. Por otro lado hay personas que practican la homosexualidad sin coger el virus. Cuando unos periodistas interrogaron a Juan Pablo II sobre el tema en un avión que le conducía a Estados Unidos, el Papa respondió sabiamente: «Es difícil conocer las intenciones de Dios>>. 13

No podemos establecer una relación directa entre la grandeza del sufrimiento y la grandeza de la culpa de una persona!´. Sería una grave injusticia. A la vez no es nada cristiano. Para la visión cristiana del mundo, antes bien, vale lo contrario: Cristo llama a la cruz justamente a sus mejores amigos; quiere que le acompañen en el sufrimiento y la oscuridad aquellos en los que tiene más confianza … Hay malhechores bien situados en nuestra sociedad, rebosando salud y coronados de éxito, y hay personas buenas y santas que tienen una desgracia tras otra.

Por otro lado, también es verdad que todo mal, de alguna manera, es consecuencia del pecado y tiene carácter de castigo: no para una persona concreta, pero sí para toda la comunidad humana. De eso nos habla la Biblia desde la caída de nuestros primeros padres´>. Es un hecho que la epidemia del SIDA se fundamenta, con frecuencia, en pecados bien concretos y que todos ellos, misteriosamente, aumentan el mal en el mundo (y también el sufrimiento de los santos).

David, solo podemos comprender adecuadamente los castigos, si consideramos su dimensión educativa 16 . Dios castiga para curar, para corregirnos17. Alguien ha dicho con razón: «El dolor es como un megáfono que Dios utiliza para despertar a un mundo de sordos». Por eso no diría yo que el SIDA sea un «castigo» (para no dar lugar a confusiones), pero sí que esa enfermedad tan seria es una llamada, como todas las demás contrariedades que pueden alcanzamos.

Es importante que aprendamos a escuchar las llamadas divinas. ¡Que encontremos sentido en las desgracias! El primer paso consistirá en aceptadas cuando ya no se las puede combatir. Es muy difícil, pero es posible, David. Mi amiga Anne es una persona extraordinariamente serena (¡y yo he aprendido mucho de ella!), aunque esté en una silla de ruedas desde su infancia …

Una persona alcohólica, por ejemplo, que se ha destruido el hígado, puede ver sus dolores y molestias como una llamada a arrepentirse de .su conducta anterior, y a purificarse Luego podemos intentar dar una «interpretación espiritual» de la propia historia..

Si el SIDA provoca conversiones en las personas afectadas, entonces esta horrible enfermedad tiene algún sentido. Pero tiene todavía mucho más sentido, si provoca conversiones en las personas no afectadas, eso es en todos nosotros: todos tenemos que damos cuenta de que contribuimos al mal en el mundo por nuestros pecados personales, por escondidos que sean. (¿Quién me dice que una persona no sufre de SIDA por el comportamiento egoísta de las personas que le juzgan?). La epidemia nos llama a todos a reflexionar, y a aprender la lección más importante de la vida, «la lección del amor incondicional» 18.

Bueno, David, tengo que terminar esta charla contigo, porque los demás se han despertado.

¡Rezo mucho por ti!

Un saludo muy cordial, también de Richard,

tu amiga Mary

Jutta Bergraff, Cartas a David, pp.25-27

Fuente: religionenlibertad

Cuatro consejos para cuando marido y mujer recen juntos y diez peticiones por las que hacerlo

*AllProDad

La oración de la pareja previene o soluciona muchos problemas

Cuatro consejos para cuando marido y mujer recen juntos y diez peticiones por las que hacerlo

Los estudios confirman un hecho: las parejas que rezan unidas, permanecen unidas. Cuando nos piden consejo matrimonial, la primera pregunta que les hacemos suele centrarse sobre su vida de oración. Es sorprendente la cantidad de problemas que pueden corregirse cuando un matrimonio se esmera en rezar y en pedir ayuda a Dios.

Ahí van algunos consejos:

Rezad juntos todos los días a la misma hora. Si os resulta incómodo rezar… ¡perfecto! Pero hacedlo, aunque sean 30 segundos nada más. Ya es un comienzo.

-Evitad las interrupciones. Haced saber a vuestros hijos que vais a rezar y que esperáis que os dejen unos minutos de paz.

-Comentad entre vosotros durante unos instantes por qué vais a pedir.

-Pedid por vuestro matrimonio. La oración es una comunicación familiar de alto nivel.

Y he aquí diez cosas concretas por las que rezar.

1. Rezad uno por otro.
Las Sagradas Escrituras son insistentemente claras en cuanto a dónde poner el foco en una relación: debe estar siempre orientado hacia «el otro». Cuando rezamos por nuestro cónyuge como foco principal:

-Queremos ser parte de la respuesta a esa oración.

-Le valoramos más conscientemente.

-Le amamos más profundamente.

-Evitemos los conflictos matrimoniales.

2. Reza por este día (hoy).
Hoy es el momento más importante en un matrimonio. No se trata de lo que podamos hacer otro día, sino de cómo funciona nuestro matrimonio justo ahora. Cuando pedimos a Dios específiamente que forme parte de nuestro día, es más probable que Le conservemos en todo momento.

3. Reza para que tú hagas presente a Cristo en tu matrimonio.
Es algo más que «hacer lo que haría Jesús». Consiste en comprender que realmente Dios nos usa para ser la presencia de Cristo. Sé Cristo para tu esposo o esposa. Sé Cristo para tus hijos. Sé Cristo en casa.

4. Rezad para que vuestro matrimonio sea una influencia positiva sobre los demás.
«Sed irreprochables e inocentes, hijos de Dios sin tacha en medio de una generación tortuosa y perversa, en medio de la cual brilláis como antorchas en el mundo presentándole la Palabra de vida» (Fil 2, 15-16).

5. Reza por los sueños de tu esposo o esposa.
Esto es útil, porque nos obliga a escuchar y valorar sus sueños. Cuando comprendermos los sueños de nuestro marido o mujer, somos por definición mejores mujeres o maridos.

6. Rezad por vuestros hijos.
Hacedles saber que rezáis por ellos todos los días. Para los niños es muy potente saber que sus padres realmente rezan por ellos, y que pueden contar todos los días con esas oraciones.

7. Reza para ser un mejor esposo/esposa.
Es la frase clásica de Jack Nicholson en Mejor… imposible [As good as it gets]: «Tú haces que quiera ser mejor persona». Pide a Dios que te ayude a ser mejor marido/mujer, y hazlo durante la horación con tu mujer/marido. La humildad y el amor en un solo aliento.

8. Rezad para pedir sabiduría.
Ser padres ya es bastante duro. Rezad para pedir sabiduría. Y creed que Dios atenderá vuestra oración.

9. Rezad por un objetivo familiar.
Es fácil «verlas venir», tanto en el matrimonio como en la familia. Rezad por la directriz que guía vuestros objetivos familiares.

10. Rezad pidiendo protección.
En nuestra cultura, las familias son vulnerables. Las relaciones son muy vulnerables a muchas presiones. Nuestros compromisos con la fidelidad, los valores familiares y la fe están bajo un ataque continuo. No puedes pelear tú solo. Simplemente debemos rezar juntos.

Y por añadidura… rezad por la paz. Ya lo dice la canción (Jill y Sy Miller, 1955): Let there be peace on Earth and let it begin with me [Haya paz en la Tierra y que comience por mí]. Que la paz empiece con vosotros, en la oración, en el hogar: «Señor, hazme instrumento de tu paz» (San Francisco de Asís).

*Publicado en AllProDad.

LA MUERTE, ¿CAUSA DE NUESTRA ALEGRÍA?

Reconozco que, a simple vista, parecen términos contradictorios el pensamiento de la muerte unido al de la alegría. Pero, para los que somos creyentes, creemos firmemente que “hemos sido creados a Imagen y Semejanza de Dios”, es decir, que tenemos un cuerpo y un espíritu; un alma con un destino eterno, inmortal. Para eso hemos sido creados: para gozar eternamente del Amor de Dios.

El mes de noviembre tradicionalmente está dedicado a rezar por el eterno descanso los fieles difuntos. Pero actualmente es un concepto que se tiende a diluir. Existen varias razones: Muchos optan por no pensar en que algún día habrán de morir y fijan su residencia en la tierra, como si fueran a permanecer por días sin término: haciendo negocios, ganando dinero, divirtiéndose, gozando de la existencia al máximo. Ciertamente en esta vida, el trabajo y la familia son realidades muy nobles y existen placeres buenos y queridos por Dios, pero cuando se pervierten, se trunca su verdadero fin para el cual fueron creados.

Inconscientemente, muchos piensan: “-Esto de ‘la muerte’ no es para mí”. “Hasta a que un día, /como tantos, /descansan bajo la tierra”, escribía el poeta de Castilla, Antonio Machado. Nunca se percataron de su paso tan efímero por esta tierra, debido a que mantuvieron un activismo profesional vertiginoso, como si viajaran en tren rápido por un largo y oscuro túnel, y de pronto, se encontraron -con sorpresa y estupor- ante la dura realidad de que también ellos estaban contados dentro del número de los que morirían.

Y es que hemos recibido la influencia del “Existencialismo” y del “Materialismo Pragmático y Hedonista”. El filósofo Jean-Paul Sarte sostenía que “el hombre es una pasión inútil” y que, en realidad, ‘el infierno’ son los demás (con los que convivimos cotidianamente); el pensador alemán, Martin Heidegger, afirmaba que el hombre es “un-ser-para-la-muerte” y nuestro “filósofo popular” mexicano, el compositor de música ranchera, José Alfredo Jiménez cantaba, con gran sentimiento: “No vale nada la vida, / la vida no vale nada. / Comienza siempre llorando, / y así llorando se acaba. / Por eso es que en este mundo, / la vida no vale nada” (“Caminos de Guanajuato”). Por ello, el escritor existencialista Albert Camus dejaba caer en sus novelas -por ejemplo, en “El Extranjero”- el concepto de que “la vida es un absurdo”.

El “Materialismo Pragmático y Hedonista” tiende a persuadirnos de que lo único que vale la pena es el dinero, la posesión inconmensurable y la adquisición compulsiva de bienes materiales y el gozar de todos los placeres que esta vida ofrece, sin límite alguno. Claro está que cuando, tocan a la puerta el dolor, la enfermedad, el sufrimiento, un descalabro económico en los negocios, las contradicciones, las adversidades y los reveses de fortuna…, entonces sobreviene una crisis aguda de personalidad, que ha muchos les conduce a la salida equivocada de las evasiones, como: el abuso en el consumo del alcohol; el experientar con diversos tipos de drogas; el buscar desenfrenadamente las relaciones sexuales, como un medio de escape, reduciendo a la mujer a “un mero objeto de placer” y, como afirmaba el Psiquiatra Víktor Frankl, sufriendo posteriormente un tremendo “vacío existencial” porque esas personas han perdido el verdadero sentido de sus vidas.

Descubren, con profunda desesperación y dolor, que la felicidad no se encontraba ni en el amasar una gran fortuna, sin tener un objetivo trascendente; ni en la adquisición desordenada de numerosos bienes materiales; ni en la aparente felicidad de las drogas; ni en el llevar una vida sexual desordenada. ¿Por qué? Porque el ser humano no es el prototipo que nos presentan ciertos anuncios publicitarios ni las
películas ni las series de televisión que proyectan diariamente algunos medios de comunicación.

Toda persona es, ante todo, hija predilecta de Dios. Ha sido creada para un fin bien preciso: gozar de Él eternamente en el Cielo. Y para llegar a esa meta debe de cumplir con sus Mandamientos, claramente establecidos desde hace muchos siglos; respetar el orden maravilloso establecido por el Creador, verbigracia, en materia de matrimonio, fidelidad, procreación y educación responsable de cada uno de los hijos; el tratar a Dios como a un Padre, que nos ama con infinita ternura; buscarle como al mejor Amigo, mediante la práctica de los Sacramentos, particularmente el de la Confesión o Reconciliación y de la Eucaristía. Y mantener un diálogo permanente, confiado y amoroso, como el de un hijo con su Padre, y escuchar esas voces silenciosas con que el Señor nos habla al corazón y lo que nos pide para mejorar en nuestra vida, cada día un poco más, en forma particular -como nos viene recordando el Papa Francisco-, en lo referente a realizar muchas buenas obras de misericordia (materiales y espirituales) hacia los más necesitados y marginados y, en general, entre aquellos que se encuentran a nuestro lado: en la familia, en el trabajo, en la sociedad.

Una vida llevada de esta manera, conduce a una existencia plena y madura. Aprende a darle a las cosas su justa dimensión: comprende que esos bienes materiales son sólo medios, pero no fines en sí mismos. Siguiendo por este camino de sabiduría, se concluye que la muerte no es una “aniquilación fatal y sin esperanza” sino un dulce traspaso hacia el Gozo Eterno.

Me resultan inolvidables y ejemplares, aquellas últimas palabras del Papa San Juan Pablo II, cuando se encontraba ya cerca de morir y solicitaba a quienes le rodeaban en su lecho de agonía: “-Déjenme ir a la Casa de mi Padre-Dios”. Era la manifestación más patente de un hombre santo y enamorado de Dios que siempre consideró a la muerte “como un cambio de casa a la Morada Eterna”. Con este sobrenatural enfoque, la muerte se convierte en una profunda causa de alegría para alcanzar la Felicidad Eterna en el Cielo.

Mensaje para la XXIV Jornada Mundial del Enfermo

Ciudad del Vaticano, 15 de septiembre de 2015 (Vis).-»Confiar en Jesús misericordioso como María: Haced lo que Él os diga», es el título del Mensaje del Santo Padre para la XXIV Jornada Mundial del Enfermo (11 de febrero memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes) Este año la Jornada se celebrará solemnemente en Tierra Santa y, el Papa con ese motivo, reflexiona sobre el relato evangélico de las bodas de Caná, recordando que la enfermedad, sobre todo la grave, pone en crisis la existencia humana y trae consigo interrogantes que excavan en lo más profundo de la persona.El texto, que ofrecemos a continuación, está fechado en el Vaticano el 15 de setiembre de 2015 memoria de la Bienaventurada Virgen María Dolorosa:

»La XXIV Jornada Mundial del Enfermo me ofrece la oportunidad para estar especialmente cerca de vosotras, queridas personas enfermas, y de los que se ocupan de vosotras.

Debido a que este año, dicha jornada será celebrada de manera solemne en tierra Santa, propongo meditar la narración evangélica de las bodas de Caná, en las que Jesús hizo su primer milagro gracias a la intervención de su Madre. El tema elegido – Confiar en Jesús misericordioso como María: »Haced lo que Él os diga» se inscribe muy bien en el marco del Jubileo extraordinario de la Misericordia. La Celebración eucarística central de la Jornada tendrá lugar el 11 de febrero de 2016, memoria litúrgica de la Beata Virgen María de Lourdes, precisamente en Nazaret, donde »la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros». Jesús inicio allí su Misión salvífica, asumiendo para sí las palabras del profeta Isaías, como nos refiere el evangelista Lucas: »El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar a los pobres la Buena Nueva, a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos; para dar la libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor».

La enfermedad, especialmente aquella grave, pone siempre en crisis la existencia humana y trae consigo interrogantes que excavan en lo íntimo. El primer momento a veces puede ser de rebelión: ¿Por qué me ha sucedido justo a mí? ¿Se puede entrar en desesperación, pensar que todo está perdido y que ya nada tiene sentido?

En estas situaciones, por un lado la fe en Dios es puesta a la prueba, pero al mismo tiempo revela toda su potencialidad positiva. No porque la fe haga desaparecer la enfermedad, el dolor, o los interrogantes que derivan de ello; sino porque ofrece una clave con la cual podemos descubrir el sentido más profundo de lo que estamos viviendo; una clave que nos ayuda a ver de qué modo la enfermedad puede ser el camino para llegar a una cercanía más estrecha con Jesús, que camina a nuestro lado, cargando la Cruz. Y esta clave nos la proporciona su Madre, María, experta de este camino.

En las bodas de Caná, María es la mujer atenta que se da cuenta de un problema muy importante para los esposos: se ha acabado el vino, símbolo del gozo de la fiesta. María descubre la dificultad, en cierto sentido la hace suya y, con discreción, actúa rápidamente. No se limita a mirar, y menos aún se detiene a hacer juicios, sino que se dirige a Jesús y le presenta el problema tal cual es: »No tienen vino’’. Y cuando Jesús le hace presente que aún no ha llegado el momento para que Él se revele, dice a los sirvientes: »Haced lo que Él os diga’’. Entonces Jesús realiza el milagro, transformando una gran cantidad de agua en vino, en un vino que aparece de inmediato como el mejor de toda la fiesta. ¿Qué enseñanza podemos obtener del misterio de las bodas de Caná para la Jornada Mundial del Enfermo?

El banquete de bodas de Caná es un icono de la Iglesia: en el centro está Jesús misericordioso que realiza la señal; a su alrededor están los discípulos, las primicias de la nueva comunidad; y cerca a Jesús y a sus discípulos, está María, Madre previdente y orante. María participa en el gozo de la gente común y contribuye a aumentarla; intercede ante su Hijo por el bien de los esposos y de todos los invitados. Y Jesús no rechazó la petición de su Madre. ¡Cuánta esperanza en este acontecimiento para todos nosotros! Tenemos una Madre que tiene sus ojos atentos y buenos, como su Hijo; su corazón materno está lleno de misericordia, como Él; las manos que quieren ayudar, como las manos de Jesús que partían el pan para quien estaba con hambre, que tocaban a los enfermos y les curaba. Esto nos llena de confianza y hace que nos abramos a la gracia y a la misericordia de Cristo. La intercesión de María nos hace experimentar la consolación por la cual el apóstol Pablo bendice a Dios: »¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de toda consolación, que nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios! Pues así como abundan en nosotros los sufrimientos de Cristo, igualmente abunda también por Cristo nuestra consolación». María es la Madre »consolada» que consuela a sus hijos.

En Caná se perfilan los rasgos característicos de Jesús y de su misión: Él es Aquel que socorre al que está en dificultad y en la necesidad. En efecto, en su ministerio mesiánico curará a muchos de sus enfermedades, malestares y malos espíritus, donará la vista a los ciegos, hará caminar a los cojos, restituirá la salud y la dignidad a los leprosos, resucitará a los muertos, a los pobres anunciará la buena nueva. La petición de María, durante el banquete nupcial, sugerida por el Espíritu Santo a su corazón materno, hizo surgir no sólo el poder mesiánico de Jesús, sino también su misericordia.

En la solicitud de María se refleja la ternura de Dios. Y esa misma ternura se hace presente en la vida de muchas personas que se encuentran al lado de los enfermos y saben captar sus necesidades, aún las más imperceptibles, porque miran con ojos llenos de amor. ¡Cuántas veces una madre a la cabecera de su hijo enfermo, o un hijo que se ocupa de su padre anciano, o un nieto que está cerca del abuelo o de la abuela, pone su invocación en las manos de la Virgen! Para nuestros seres queridos que sufren debido a la enfermedad pedimos en primer lugar la salud; Jesús mismo manifestó la presencia del Reino de Dios precisamente a través de las curaciones: »Id y contad a Juan lo que oís y lo que veis: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen y los muertos resucitan». Pero el amor animado por la fe hace que pidamos para ellos algo más grande que la salud física: pedimos una paz, una serenidad de la vida que parte del corazón y que es don de Dios, fruto del Espíritu Santo que el Padre no niega nunca a los que le piden con confianza.

En la escena de Caná, además de Jesús y de su Madre, están los que son llamados los »sirvientes», que reciben de Ella esta indicación: »Haced lo que Él os diga» (Jn 2,5). Naturalmente el milagro tiene lugar por obra de Cristo; sin embargo, Él quiere servirse de la ayuda humana para realizar el prodigio. Habría podido hacer aparecer directamente el vino en las tinajas. Pero quiere contar con la colaboración humana, y pide a los sirvientes que las llenen de agua. ¡Cómo es precioso y agradable a Dios ser servidores de los demás! Esto más que otras cosas nos hace semejantes a Jesús, el cual »no ha venido para ser servido sino a servir’’. Estos personajes anónimos del Evangelio nos enseñan mucho. No sólo obedecen, sino que obedecen generosamente: llenaron las tinajas hasta el borde. Se fían de la Madre, y de inmediato hacen bien lo que se les pide, sin lamentarse, sin hacer cálculos.

En esta Jornada Mundial del Enfermo podemos pedir a Jesús misericordioso, a través de la intercesión de María, Madre suya y nuestra, que conceda a todos nosotros esta disponibilidad al servicio de los necesitados, y concretamente de nuestros hermanos y de nuestras hermanas enfermas. A veces este servicio puede resultar fatigoso, pesado, pero estamos seguros que el Señor no dejará de transformar nuestro esfuerzo humano en algo divino. También nosotros podemos ser manos, brazos, corazones que ayudan a Dios a realizar sus prodigios, con frecuencia escondidos. También nosotros, sanos o enfermos, podemos ofrecer nuestras fatigas y sufrimientos como el agua que llenó las tinajas en las bodas de Caná y fue transformada en el vino más bueno. Con la ayuda discreta a quien sufre, tal como en la enfermedad, se toma en los propios hombros la cruz de cada día y se sigue al Maestro; y aunque el encuentro con el sufrimiento será siempre un misterio, Jesús nos ayudará a revelar su sentido.

Si sabremos seguir la voz de Aquella que dice también a nosotros: »Haced lo que Él os diga», Jesús transformará siempre el agua de nuestra vida en vino apreciado. Así esta Jornada Mundial del Enfermo, celebrada solemnemente en Tierra Santa, ayudará a realizar el augurio que he manifestado en la Bula de convocación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia: »Este Año Jubilar vivido en la misericordia pueda favorecer el encuentro con el Hebraísmo, con el Islam y con las demás religiones y con las otras nobles tradiciones religiosas; nos haga más abiertos al diálogo para conocernos y comprendernos mejor; elimine toda forma de cerrazón y desprecio, y aleje cualquier forma de violencia y de discriminación» . Cada hospital o cada estructura de sanación sea signo visible y lugar para promover la cultura del encuentro y de la paz, donde la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento, así como también la ayuda profesional y fraterna, contribuyan a superar todo límite y toda división.

En esto son ejemplo para nosotros las dos monjas canonizadas en el mes de mayo último: santa María Alfonsina Danil Ghattas y santa María de Jesús Crucificado Baouardy, ambas hijas de la Tierra Santa. La primera fue testigo de mansedumbre y de unidad, ofreciendo un claro testimonio de cuán importante es que seamos unos responsables de los otros, de vivir uno al servicio del otro. La segunda, mujer humilde e iletrada, fue dócil al Espíritu Santo y se volvió instrumento de encuentro con el mundo musulmán.

A todos los que están al servicio de los enfermos y de los que sufren, deseo que sean animados por el espíritu de María, Madre de la Misericordia. »La dulzura de su mirada nos acompañe en este Año Santo, a fin de que todos podamos descubrir la alegría de la ternura de Dios» y llevarla impregnada en nuestros corazones y en nuestros gestos. Confiemos a la intercesión de la Virgen las ansias y las tribulaciones, junto con los gozos y las consolaciones, y dirijamos a ella nuestra oración, a fin de que vuelva a nosotros sus ojos misericordiosos, especialmente en los momentos de dolor, y nos haga dignos de contemplar hoy y por siempre el Rostro de la misericordia, a su Hijo Jesús.

Acompaño a esta súplica por todos vosotros mi Bendición Apostólica».

¿Ponemos realmente nuestras vidas en las manos de Dios?

*Dr. Carlos Leite Poletti.

Hoy la gente está obsesionada por conocer el mañana.

No podemos controlar nuestro futuro, no sabemos el futuro. Dios no ha permitido que el futuro sea una entidad conocida por nosotros. San Agustín, el gran padre del cristianismo, una vez lo explicó diciendo: “Dios no quiere que el hombre sufra sabiendo las cosas que vendrán porque si conociera su prosperidad sería insensible»

No se puede planear, sin contar con Dios. Hoy se planea el futuro sin tomar en cuenta a Dios, que necedad. Es más, a veces los planes son buenos, no hay nada de malo con planear el progreso, Dios no enseña a los cristianos que deban vivir tropezándose con lo primero que encuentran. No confundirse.

Dios espera que seamos hombres y mujeres que sabemos tomar asiento, y pensar con toda prolijidad y planear. Pero no se puede dejar afuera a Dios. Si dejamos a Dios fuera de nuestros planes, corremos riesgo que él nos deje fuera de los suyos. Si ponemos a Dios delante de nuestros planes él se encargará de que «obtengamos ganancia».

Si lo dejamos fuera aún aunque obtengamos ganancia, lo único que conseguiremos es una vida miserable. Dejar fuera a Dios en nuestros asuntos humanos, es arriesgarnos a conseguir los mismos resultados que se obtienen mediante el ateísmo descarado. Hay gente que asiste a la Iglesia, pero cuando se trata de planear su vida dejan a Dios afuera quieren un «dios práctico». A veces cometemos el error de hacer nuestros planes y luego presentárselos a Dios y decirle «Dios por favor bendícelos». Dios no quiere intervenir en esos procesos de planeamiento y pensamiento tardíos, Dios quiere intervenir en esos planes de elaboración nuestros.

A veces nuestras metas son loables, pero no lo suficientemente altas, porque se terminan pronto. Cualquier hombre de negocios cristiano, sabe que todas las metas de la vida no se extienden hacia la eternidad, esas metas son limitadas, no llegan a donde Dios quiere que lleguen, por lo tanto el primer error que cometemos es planear sin tener en cuenta a Dios.

No se puede actuar sobre lo cual no tenemos absolutamente ningún control, no tenemos manera de saber lo que va a ocurrir porque la vida es compleja. Una vez que logramos encarrilar las cosas en nuestra vida, casi no hay tiempo para nada más, y cuando creímos que logramos controlar todo, algo ocurre y nuevamente tenemos que empezar desde el principio. Qué necedad de alguien que se considera cristiano, creer que puede controlar el futuro, eso es presunción en cuanto a lo complejo de la vida. Es anticristiano.

Una vez un pensador inglés escribió: “cuando era joven no tenía riquezas, y cuando envejecí tuve riquezas pero en ambas condiciones hace desilusión”. Hoy la gente actúa con presunción sobre la incertidumbre de la vida.

El Evangelio de Santiago no habla sobre la esencia de la vida solamente, se pregunta la duración de la vida y la respuesta es: “nada más que neblina”. La Biblia está llena de ilustraciones que nos ayudan a comprender que la vida es breve, es un breve lapso. Es un periodo de tiempo entre sembrar y cosechar. Crecemos comprendiéndolo pero sin acabar de comprenderlo, conforme envejecemos la vida parece que se nos escapa.

Nunca tenemos nuestros planes preparados porque no comprendemos la brevedad de la vida. Cuando somos presuntuosos sobre cuál será el mañana, no nos damos cuenta de la brevedad de la vida. Hay una historia en el Nuevo testamento sobre un hombre al que normalmente llamamos “el rico insensato”. Su negocio estaba prosperando mucho, era muy rico y que necesitaba graneros más grandes, pero fue un necio, no porque planeó para el futuro, si no porque creía que controlaba el futuro. Esa anoche murió y su futuro se esfumó.

Nuestra ignorancia del mañana no debe llevarnos a no planear, sino a no dejar de lado a Dios en nuestros planes como el gran factor principal.

Al igual que en el derecho con los delitos de omisión y de comisión, lo mismo pasa en el pecado. Es posible pecar al no hacer lo que sabemos que debemos hacer, no sólo pecar es hacer lo que Dios prohíbe, sino también no hacer lo que Dios nos dijo que hagamos.

No podemos saber el mañana por lo que siempre podemos aprovechar las oportunidades que tenemos hoy, la espera es un enemigo de nuestras almas. Debemos descansar en la palabra del Señor. El hoy es el único efectivo que tenemos para gastar, el pasado es un cheque cancelado.

*Dr. en Derecho Uruguayo y católico
Asesor en Bioética de la Universidad de Montevideo

Prudencia

Por *Juan Alberto Echeverry

Sab 7,7 Por eso supliqué a Dios, y me concedió prudencia;
le pedí espíritu de sabiduría, y me lo dio.
8 La preferí a los cetros y los tronos;
en comparación con ella, tuve en nada la riqueza.

La prudencia es hija privilegiada de la sabiduría, y nos sirve para casi todos los caminos y las edades de la vida. Es necesaria a todos y cada uno de los seres humanos, y es una herramienta muy útil en todas las familias. De ella se desprende como fruto, todos los resultados exitosos en los proyectos que se emprenden y aún la leve pérdida en las derrotas que sin querer llegan a nuestras vidas.

• La prudencia al hablar, nos evita grandes sufrimientos, menos enemigos y menos chismes en los que nos puedan enredar.
• La prudencia al gastar, nos ayuda a mantener una economía estable, un ahorro permanente y un auxilio en los momentos de vacas flacas.
• La prudencia al invertir nos evita grandes catástrofes económicas y nos permite conciliar el sueño con tranquilidad.
• La prudencia al comprometerse nos ayuda a ser responsables en nuestros compromisos, y a salir airosos en nuestras relaciones de deber.
• La prudencia al comer, nos evita molestias al dormir y alarga nuestros años de bienestar físico y salud, sin dejar a un lado una silueta armónica.
• La prudencia al vestir, nos ayuda a que otros no caigan en pecado por culpa de nuestra desnudez, o nos ayuda a proyectar sensatez en diversos círculos sociales.
• La prudencia al relacionarnos con los demás nos hace ser estimados y obtener amistades sensatas, prudentes, duraderas y verdaderas; sin ser impertinentes o invasivos.
• La prudencia en las ocasiones de pecado, nos ayuda a salir airosos a la hora de mantenernos fieles a Dios, a la sociedad y a nuestros seres queridos. A mantener nuestra vida llena de bendición, y asegurar una eternidad bienaventurada.
• La prudencia al exponernos en el peligro, nos sirve para salvaguardar nuestra integridad en todos los aspectos, haciendo felices a quienes nos aman y evitando dolores futuros. Si nos amamos, nos cuidamos prudentemente.
• La prudencia al conducir, nos evita dolores de cabeza, accidentes y sobre todo, dañar a otros hermanos, que también necesitan ser protegidos.

En fin, la prudencia sirve para todo lo bueno en esta vida que se nos ha regalado, es como un maravilloso seguro de vida, como una lámpara en nuestro camino. No dejes de pedirla, buscarla y aplicarla en tu vida. No dejes de entrenarte y entrenar a tus hijos en ella. Es un tesoro que te hará conquistar altas cimas.

*Facilitador católico Director de la FUNDACIÓN CATÓLICA IMMAH
Laico Católico Colombiano, escritor y predicador

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