El feminicidio

“Quien adopta el lenguaje soez del enemigo se rinde sin saberlo». Nicolás Gómez Dávila

El pasado 10 de febrero amanecíamos con la noticia de que se había perpetrado el asesinato de la joven Ingrid Escamilla de 25 años. El caso ha conmocionado a la sociedad mexicana; no era para menos, fue llevado a cabo con especial saña y violencia por su esposo. Medios de comunicación difundieron imágenes de la joven fallecida que causaron inmediata indignación, exigiendo su retiro, difundiendo en su lugar fotos de ella en vida.

Al mirar las noticias, las redes sociales y el uso del término feminicidio, uno se da cuenta de cómo es que el lenguaje juega un papel fundamental ya que éste término no es más que un artilugio que ha usado el feminismo para hacer creer a la sociedad que se mata a las mujeres por el simple hecho de ser mujeres; “¡Nos están matando!” afirman. Pero a hombres y mujeres no se les mata por ser de uno u otro sexo en particular; se les mata por hechos específicos: por ajuste de cuentas, una discusión acalorada, narcotráfico, asalto, venganza o revancha, infidelidad conyugal, estafa, asalto, extorsión, dinero, tráfico de órganos, pleito de herencia, divorcio, custodia parcial o absoluta de los hijos, étc.

Ahora bien, a esa realidad corresponde un término específico: Homicidio. Del latín homicidium Homo, hóminis, hombre y cf. *cáedere (matar): Muerte causada a una persona por otra. Es importante entender que se refiere al hombre como género humano, sin distinción de sexo. Pero ¿Qué más da el término que usemos? Importa y mucho; nos encontramos ante todo en una guerra de palabras; la ideología de género distorsiona el lenguaje para lograr sus objetivos, para impulsar agendas políticas, impulsar leyes en detrimento de la familia, para crear el espejismo de protección cómo el feminicidio, logrando una ruptura en el tejido social.

El uso de la palabra feminicidio es absurdo; debe entenderse que ya existe un delito básico que es el homicidio, el cual considera agravantes en ciertos casos, razón por la cual no hay necesidad de hacer una distinción. Con su uso se asientan en la ley ficciones jurídicas y con ello efectos jurídicos sobre algo que no existe. En otras palabras, se legisla sobre percepciones subjetivas en lugar de hacerlo sobre hechos.

Puede estar seguro de que las palabras no se quedan ahí simplemente. Cambian el sentido de las cosas, las redefinen y consiguen que la gente apruebe lo que jamás hubiera imaginado. Por ejemplo, uno los logros de la ideología de género y el feminismo es llamar al aborto “interrupción legal del embarazo”; llamar “salud sexual y reproductiva” a la promoción de anticonceptivos y aborto; “cambio de sexo” a la mutilación de genitales; “trabajadoras sexuales” a las prostitutas; “diversas formas de familia” en lugar de familia; “progenitor 1 y 2” en lugar de padre y madre; “género” en lugar de sexo, “feminicidio” al homicidio de mujeres “por ser mujeres”.

El término aparece en todos lados, desgraciadamente se ha vuelto de uso común incluso entre algunos provida y portales católicos; ello nos da una idea de hasta dónde se ha infiltrado la ideología de género. No solo la violencia causa daño, el lenguaje es otro modo de destrucción porque se polariza a la sociedad, se le divide y más tarde se le destruye. Limpiemos el lenguaje, expresémonos debidamente.

Porque, cuando llamamos a las cosas por su nombre, de forma correcta, le restamos fuerza a la destructiva ideología de género y al feminismo lacerante. El futuro de la familia y de la sociedad depende de la lucha que usted libre hoy…