El socialismo: ¿”un paraíso terrenal”?

Es indudable que en nuestro país se está construyendo un “socialismo a la mexicana” con todas sus consecuencias. ¿Pero qué es el Socialismo? ¿Cómo ha evolucionado a lo largo de la historia?

En sus orígenes el Socialismo prometía un mundo de armonía y abundancia. Compartiendo la propiedad y realizando una distribución de forma equitativa. Esta teoría se propagó rápidamente por Europa y Estados Unidos. Planteando una utopía sobre un supuesto “Paraíso Terrenal”. Lo que a la postre, Karl Marx lo denominó “El Paraíso Rojo”. Existía la fe en progreso humano sin límites, fundamentado en la ciencia y el pensamiento racional y dejando fuera a la Religión.

Desde principios del siglo XIX, un empresario, filántropo y teórico socialista inglés, Robert Owen (1771-1858), quien fue considerado el padre del socialismo, difundió sus novedosas ideas, primero en su fábrica en Escocia y, luego, en 1828 en la Unión Americana donde fundó una colonia, “New Harmony” (Indiana), en la que pretendió concretar su experimento social basado en el cooperativismo y la fraternidad humana. Pero ese proyecto terminó fracasando rotundamente.

Sin embargo, su pensamiento influyó en Fiedrich Engels (1820-1895) filósofo, periodista y revolucionario alemán y otros filósofos franceses y alemanes. Engels publicaba un periódico donde difundía, a través de sus artículos, sus teorías socialistas. Karl Marx (1818-1883) filósofo y periodista alemán, se identificó de inmediato con Engels, entró en contacto con él y se hicieron amigos. Al punto que económicamente lo sostenía, le animó redactar su doctrina y le patrocinó la publicación del libro “El Capital” (primera parte). Tanto Engels como Marx desarrollaron el socialismo científico y el comunismo moderno porque coincidían en la doctrina de la alienación de la clase obrera, de la lucha de clases y la concepción materialista de la historia. En coautoría publicaron “El Manifiesto Comunista” que tuvo especial resonancia en Europa.

Esas ideas fueron calando en algunos intelectuales y líderes políticos, como Vladimir Lenin (1870-1924) revolucionario, teórico político, filósofo y líder comunista ruso. Pero detengámonos en el caso de Rusia por su particular trascendencia mundial. Por esos años, gobernaba en Rusia, el Zar Nicolás II (1868-1918), el último Emperador. Pero su desempeño político fue desafortunado tanto en el manejo de la  la economía como de la milicia. Empujó a su país a combatir en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) pero el ejército no contaba con la preparación adecuada ni con las armas modernas para derrotar a los alemanes. Reinaba en Rusia un clima de descontento generalizado hacia el Zar. Esta situación la supo aprovechar Lenin y en octubre de 1917 inició la revolución bolchevique en la que el Zar se vio obligado a dimitir. Pronto el Zar y toda su familia murieron fusilados.

Quedó al frente del Gobierno Provisional, Alejandro Kerensky. Pero en poco tiempo, Lenin se hizo con el poder total y gobernó desde 1917 a 1924. Aplicó a Rusia la doctrina de Karl Marx y fue lo que se llamó “el marxismo-leninismo”. Lenin gobernó con mano férrea para poder preservarse en el poder y con la ayuda de León Trosky y José Stalin lograron establecer un gobierno comunista. Así la revolución de fue extendiendo por muchos otros territorios vecinos. Constituyendo lo que posteriormente se denominaría como la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas de 1922 a 1991.

A la muerte de Lenin, le sustituyó José Stalin creando un gobierno del terror en el que murieron asesinadas más de 20 millones de personas. Muchos fueron a parar a cárceles inhumanas denominadas “Gulags”. Al término de la II Guerra Mundial (de 1945 a 1991), el Comunismo se extendió por Europa Central y del Este, y comenzó la llamada “Guerra Fría” contra Estados Unidos.

La consigna de Lenin era extender el comunismo por todo el orbe. Así tenemos los casos de China con Mao Tse Tung (Maoísmo), en Cuba con Fidel Castro, en Chile con Salvador Allende (1970-1973), en Nicaragua con Daniel Ortega, en Venezuela con Hugo Chávez y Nicolás Maduro (el “Chavismo”).

Pero el Comunismo en la U.R.S.S. se desmanteló ante el clamor popular de los rusos pidiendo libertad y respeto a los derechos humanos. Durante el gobierno de Mijail Gorvachov proclamó la “Perestroika” y la “Glasnot” (transparencia) para lograr tener una mayor apertura hacia los países del bloque occidental.

Su sucesor, Boris Yeltsin se encargó de prohibir el Partido Comunista en Rusia y proclamar la autonomía e independencia de cada República. A partir de entonces, en Rusia y las otras repúblicas se respiraron nuevos aires de libertad y se han dedicado a impulsar su propia economía, con un sorprendente desarrollo y alto nivel de vida. El actual Presidente de Rusia Vladimir Putin ha impulsado el desarrollo económico y las libertades ciudadanas en este sufrido país, aunque se le acuse de ser un gobernante que se ha perpetuado en el poder. Fundamentalmente es criticado por los Estados Unidos por no someterse a su influencia y mantener su autonomía propia. Putin no ha permitido que se introduzca el “capitalismo salvaje” ni la ideología de género ni la pornografía ni los antivalores a través de la educación y los medios de comunicación.

Recibió gran influencia ideológica del escritor ruso Solzhenitsyn, Premio Nobel de Literatura 1970, quien le recomendó conservar los valores tradicionales y multiseculares de Rusia y no permitir que se vea influenciada por la innegable decadencia de Occidente.

En la U.R.S.S. la economía estatizada estaba prácticamente paralizada. Era como un “cadáver que había que enterrar”, en frase de Aleksandr Solzhenitsyn. Aquel “Paraíso Rojo” socialista, concebido por Marx y Lenin, había fracasado estrepitosamente. Esto es lo que le espera al “socialismo a la mexicana”.

A 500 años de la Conquista

Lo puedes ver en los muros de varias calles, en las redes sociales de inconformes eternos con la madre patria y críticos de historia; en las conversaciones de un grueso de estudiantes a quienes se les ha lavado el cerebro en las escuelas de filosofía, antropología e historia; en las exposiciones de “arte” organizadas por en INBAL; y ahora en el Zócalo de la Ciudad de México: “500 años de resistencia indígena”. El gobierno de la ciudad conmemoró a los pueblos originarios con una representación del Templo Mayor y un alumbrado decorativo en Zócalo y en Paseo de la Reforma.

“¡Genocidio! ¡Maldito exterminio! ¡Nuestros ancestros!” gritan muchos, pero debe recordárseles que los españoles no llevaron a cabo ningún genocidio, no exterminaron indígenas (el término significa acabar con algo totalmente y eso jamás ocurrió aquí); desde luego durante la Conquista murieron indígenas y españoles. Nosotros somos el resultado de un mestizaje logrado a partir de la caída de Tenochtitlán. Pero los románticos del indigenismo se niegan a soltar su versión falsa de los acontecimientos ocurridos hace 500 años.

Mención aparte merece el cambio de nombres a calles, un acto que pretende borrar la historia que no se puede cambiar, un acto tan arrogante como absurdo, liderado por el gobierno de la Ciudad de México. Tal es el caso de la calle de Puente de Alvarado por “Calzada México Tenochtitlán”, el cambio a la estación del metro Zócalo por “Zócalo-Tenochtitlán”; la Plaza de la Noche Triste por “Plaza de la Noche Victoriosa”. Respecto a ésta última, basta saber que la victoria pequeña obtenida por los mexicas no es nuestra victoria; pero la victoria conseguida por la alianza de españoles e indígenas dando paso a la caída de Tenochtitlán dio lugar a ese mestizaje y a nuestro origen.

De entre todos aquellos que se arrogan el derecho de reclamar a la madre patria por un genocidio inexistente, el caso más vergonzoso no se lo lleva el presidente, los ateos, masones o anti hispanistas, sino aquellos católicos que contagiados de aversión a España, celebran a los pueblos originarios como cualquier rojillo comunista y holgazán. El católico ha de procurar adentrarse en la historia para evitar contaminarse e incluso avergonzarse de su pasado; debe tener presente que después de la Conquista, España no fundo Colonias sino Virreinatos, la diferencia entre uno y otro es abismal.

A saber que las Colonias son territorios sujetos al gobierno de otro país, tal es el caso de Inglaterra, que exterminaba a los indígenas y/o confinaba en reservas a fin de impedir el mestizaje. Los Virreinatos eran territorios con el mismo derecho que los europeos, había igualdad política y económica; España fundo universidades a lo largo de toda América. La mayor parte de la riqueza se quedaría en estos territorios exceptuando el quinto del rey. En suma: los Virreinatos fueron un sistema de gobierno totalmente diferente a las Colonias. Fue la expansión católica en completa oposición a la expansión protestante y masónica de naciones como Inglaterra.

Uno de los actos que se terminaron con la caída de Tenochtitlán fueron los sacrificios humanos y las prácticas caníbales donde se hacía la extracción de corazón y se desmembraba el cuerpo, cocinándolo. Sacrificaban guerreros capturados en las guerras floridas. Existe el caso particular de la caravana que iba de Veracruz a Tenochtitlán compuesta de 550 españoles, indígenas, mestizos y mulatos que fueron capturados por aztecas y llevados al pueblo de Zultépec donde serían sacrificados a lo largo de varios meses (se hallaban mujeres embarazadas y niños), ninguno quedo vivo. Más tarde Hernán Cortés mandaría arrasar el pueblo.

Pero lo más importante de todo fue la evangelización de estos territorios. Al llegar Hernán Cortés a Tenochtitlán y ver los sacrificios humanos llevados a cabo en el altar del Templo Mayor, haría derribar su ídolo haciéndolo pedazos y mandaría colocar la imagen de la Virgen de los Remedios en su lugar, mostrándoles a quién debían invocar en adelante. Tal hecho significaba que nuestra Madre Celestial vencía una vez más a dioses paganos y practicas satánicas: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya”.

No, esto no es superstición o absurdo fanatismo religioso. Si bien la Conquista fue muy dura en todos los sentidos, mas allá del choque entre dos culturas se trato de la lucha del bien contra el mal porque desde aquel día, millones de almas serían arrebatadas a satanás. Alabar a los pueblos originarios no solo es “alabar a guerreros valerosos” como lo quieren hacer ver muchos resentidos (sin sentido), sino abrazar –lo quiera o no- todo el paganismo satánico que impregnó a la cultura indígena. Cuando se odia la Conquista e intenta modificar la visión de la historia es porque en el fondo se odia y se ataca todo lo que en ella hay de cristiano.

Celebre por todo lo alto la Conquista de Tenochtitlán porque a partir de ahí fue posible el mestizaje y usted y yo estamos aquí gracias a ello; celebre la llegada de España, celebre la alianza de españoles con los tlaxcaltecas y demás tribus, celebre la evangelización de América. Grábese en la memoria que somos la mezcla de ambas razas, nosotros no éramos Colonia sino Virreinato, nosotros no éramos de España, nosotros éramos España; nosotros no le pertenecemos al paganismo satánico, nosotros le pertenecemos a Dios…

El Presidente Lázaro Cárdenas y los mitos sobre su figura

El sexenio de Lázaro Cárdenas duró de 1934 a1940. El Presidente Cárdenas fue un general combatiente de la Revolución Mexicana. Se caracterizó por aplicar la Constitución de 1917, la justicia social y las demandas campesinas y obreras. Durante su mandato se consolidó el Partido de la Revolución Mexicana (P.R.M.), que posteriormente sería denominado como el P.R.I. y predominó el monopolio del partido oficial, “La dictadura perfecta” como la denominarían los Premios Nobeles, Octavio Paz y Mario Vargas Llosa.

Alentó la agitación obrera con constantes huelgas y paros en todo el país. Promovió las expropiaciones en terrenos agrícolas de particulares como en la región de La Laguna (Coahuila), en Mexicali (Baja California Norte), en las tierras donde se sembraba el henequén en Yucatán, lo mismo que las florecientes haciendas de “Lombardía” y “Nueva Italia” en Michoacán y las repartió entre muchos ejidatarios.

Sin embargo, fueron actos populistas y hechos realizados con apresuramiento y en los que no hubo continuidad, además de la tremenda burocracia y corrupción que todo lo enlentecía y el flujo de dinero nunca les llegó a los campesinos. Total, que su reforma agraria fue un estrepitoso fracaso.

De igual forma, las continuas huelgas en las empresas crearon incertidumbre entre los industriales e inversionistas extranjeros y tanto ambiente de inseguridad social pudo haber provocado una grave inestabilidad social y económica en México, de no haber sido por la oportuna intervención del siguiente Presidente Manuel Ávila Camacho (1940-1946) que puso en paz al campo y a la industria y coincidió con el inicio de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) en la que Estados Unidos requería comprar todos los frutos de la producción agrícola y la producción manufacturera de nuestro país para su país y su ejército. Y, como consecuencia de ello, reinó de la bonanza económica y política que continuó hasta 1970 con el llamado “Desarrollo Estabilizador”.

Lázaro Cárdenas era partidario del marxismo y apoyó a Vicente Lombardo Toledano en la fundación de su partido de izquierda radical. Para equilibrar esas tendencias extremistas, Manuel Gómez Morín, junto con un grupo de políticos e intelectuales, fundó el Partido de Acción Nacional (P.A.N.). También Cárdenas era partidario de la educación socialista y atea y generó estragos en los colegios católicos.

 Por otra parte, no simpatizaba en absoluto con la Iglesia Católica ni con sus fieles. Un botón de muestra: el 30 de septiembre de 1934, Tomás Garrido Canabal -un fanático antirreligioso-, exgobernador de Tabasco y secretario de Agricultura del gobierno del General Lázaro Cárdenas, mandó a sus “Camisas Rojas” para que se apostaran con metralletas en el atrio de la iglesia de San Juan Bautista en Coyoacán y, al grito de “¡Viva la Revolución!”, abrieron fuego contra los indefensos fieles que salían de Misa. El sangriento resultado fue de 5 muertos y numerosos heridos. Hubo manifestaciones de católicos para protestar contra este hecho criminal, pero el Presidente Cárdenas, externamente lamentó estos sucesos, pero en la realidad solapó estos trágicos hechos y a nadie se le declaró culpable.

También apoyó la consolidación de la Confederación de Trabajadores Mexicanos (C.T.M.) y la Conferencia Nacional Campesina (C.N.C) que, a la postre se convirtieron en “ganado político” para manipular y controlar las diversas elecciones en todo el país.

En 1938 expropió las compañías petroleras de la zona costera del Golfo de México que se encontraban en manos de empresas norteamericanas e inglesas. Lo que, a primera vista, parecía un acto positivo de recuperar un patrimonio nacional, a la postre, se estatizó bajo la tutela de “PEMEX” con una enorme burocracia y corrupción y hasta la fecha funciona con considerables deudas y “números rojos”.

Se ha pretendido edificar un mito en torno a Lázaro Cárdenas como protector de los campesinos y obreros, pero condujo al país al caos y a la anarquía. Sin duda, fue un hombre noble, bien intencionado, pero con ideas extremistas.

Cuando Fidel Castro expulsó al Fulgencio Batista y se hizo con el poder, el 1 de enero de 1959, instaurando un gobierno marxista-leninista, este ex Mandatario mexicano fue el primero en viajar a Cuba para brindar su completo apoyo. Fue así como se conoció más a fondo su trasfondo comunista.

Protestó contra los gobiernos de los Presidentes Miguel Alemán y Adolfo Ruiz Cortines por impulsar a la iniciativa privada e impedir más expropiaciones agrícolas. Pero continuaba siendo fiel al sistema del P.R.I y apoyó la candidatura de Gustavo Díaz Ordaz. Murió víctima de cáncer en la Ciudad de México el 19 de octubre de 1970. Sin duda, fue un personaje complejo y, en diversos aspectos, contradictorio.

España: la guerra del odio

De 1936 a 1939 España sufrió una cruenta Guerra Civil en la que hubo miles de heridos y muertos. Varios historiadores le han llamado “la guerra del odio” porque se observaron escenas particularmente crueles en ambos bandos: el franquista y el republicano. El motivo de este artículo no es ponerme a juzgar a ninguno de los dos, sino exponer hechos objetivos.

Siempre me ha llamado la atención el odio y aversión de algunos españoles hacia la religión católica. Lo observamos incluso en el actual gobierno. ¿Desde dónde se inicia? De los conceptos emanados de la Revolución Francesa que calificó a la religión como “sembradora de la ignorancia, oscurantismo, opuesta al progreso, llena de prejuicios hacia la ciencia y que lo mejor era acabar con ella cuanto antes”.

De esta manera, las Logias Masónicas se encargaron de difundir ampliamente estas ideas entre la Monarquía española, la nobleza, la aristocracia, los gobernantes, etc. De autodenominaban “librepensadores” pero en realidad su actuación era atacar al catolicismo agresivamente y por todos los medios: a través de la educación y la prensa. Desde el siglo XVIII, a la Iglesia se le quitaron sus bienes con la llamada “Desamortización de Godoy” (1798), otras leyes más radicales y fueron rematados públicamente. Muchos burgueses que los adquirieron a precios irrisorios se enriquecieron de la noche a la mañana. Intervinieron los Reyes Carlos III, después Alfonso XII y, y con menos protagonismo, Alfonso XIII. Los jesuitas fueron expulsados de España y de todos los territorios en América y Filipinas.

¿Cuál fue el motivo? Se consideraba que los religiosos, clérigos y monjas no servían absolutamente para nada, que eran “manos muertas”-así decían. Cuando resulta que ellos resultaron ser un factor clave para la educación de los pueblos de América. Basta con citar el admirable ejemplo de Vasco de Quiroga en Santa Fe y Michoacán, así como la fundación de la primera Universidad en México.

¿Cuál era la situación en la España de inicios del siglo XX? Tenían un gran rezago económico, mucho desempleo, el campo estaba en crisis lo mismo que la ganadería y la minería.  Había terratenientes con mucho dinero pero que no se ocupaban de ayudar a las clases marginadas así que se creó una grave desigualdad económica, social y cultural.

Sobrevino una enorme migración del campo hacia las grandes ciudades en busca de algún empleo. Todo ello fue el caldo de cultivo para un levantamiento social.

Desde 1923 hasta 1930, el Capitán General de Cataluña, Miguel Primo de Rivera dio un golpe de Estado y gobernó con mano férrea. En ningún sector fue bien aceptado –salvo en el ejército- y cuando presentó su dimisión, comenzaron los disturbios sociales.

En 1931 se convocó a elecciones y, a raíz de los resultados, el Rey Alfonso XIII comprendió que ya no tenía el apoyo de la mayoría de sus ciudadanos y optó por dimitir y huir a Paris. El 14 de abril fue proclamada la Segunda República Española.

Me llama la atención que ese mismo día comenzaron muchas personas en todo el país a quemar iglesias, abadías y conventos. ¿Razón? Por esas ideas anticlericales sembradas y potenciadas desde muchos años antes entre la población.

Gustave Le Bon, en su libro “Psicología de las Masas” comenta que las masas normalmente son ignorantes, anónimas, fácilmente manipulables y basta con meterles un concepto claro en sus cabezas para moverlas a cualquier acción. En este caso fue: “La Iglesia es la culpable de todos los males de España. ¡Mueran los curas!”

Los abusos contra los creyentes continuaron y se fueron agravando hasta que el 17 de julio de 1936 se levantaron un buen número de Generales contra el gobierno de la II República y comenzó esta dolorosa conflagración para los ciudadanos de este país.

Fue una larga guerra y las potencias de los países europeos probaron sus novedosas armas bélicas: Alemania e Italia del lado de los franquistas y los rusos del lado de los republicanos. Como es lógico, estos países perseguían sus propios intereses: Adolfo Hitler quería que España entrara en la II Guerra Mundial y así controlar el paso marítimo en el estrecho de Gibraltar. La U.R.S.S. de José Stalin tenía el claro objetivo de convertir a España en un país comunista. Al Ministro de Guerra, Francisco Largo Caballero, se le llamaba “El Lenin Español”.

Tengo conocidos –que ya fallecieron- que de viva voz me relataron cómo al salir de la iglesia a la que asistían, acribillaron al Párroco, en la banqueta, hincado y con un balazo en la nuca. Otros presenciaron asesinatos masivos de monjas y las tiraban en las calles. Un amigo también me contaba la fuerte impresión que le causó ver en una conocida calle a un sacerdote ahorcado en un árbol.

A muchos los subían a unos camiones con la frase: “Vamos a dar un paseo”, que significaba: “Te llevaremos al campo a fusilarte”. Las cárceles republicanas llamadas “Checas” eran tan terriblemente inhumanas como los “Gúlags” rusos. Con el triunfo de Franco, muchas familias republicanas temían las represalias que, en algunos casos, eran verdaderas venganzas sin juicios previos. Eso me lo relató un hijo de un funcionario de la II República que poco faltó para que lo fusilaran y sus padres huyeron al norte de África, en Orán, Argelia. Él me decía: “Sólo queríamos una España democrática y con mayor justicia social. No deseábamos caer en el comunismo”.

Concluimos señalando que las guerras son el cúmulo de todos los males donde aparece en toda su crudeza la maldad humana y únicamente se abren heridas profundas entre las familias, como es el caso de España.

A 30 años de la desintegración de la URSS

Con el ascenso al poder supremo de Mijaíl Gorbachov como Jefe de Estado de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en 1988 a 1991, se comenzaron a respirar nuevos aires de libertad, con sus nuevas políticas como la Glásnost (apertura, transparencia) y la Perestroika (Reconstrucción). Desde 1985 había sido Secretario General del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética.

Lo que originalmente pretendía Gorbachov era revitalizar y estudiar a fondo como crear una administración más eficaz y productiva en todas las repúblicas de la U.R.S.S. Permitió que hubiera negocios particulares, libre comercio; empresas con capital ruso, sin intervención estatal. Concedió más libertad de expresión y las críticas hacia su gobierno. En años anteriores, como en la etapa de José Stalin, hacer eso equivaldría a ser condenado a las cárceles de Siberia o a los campos de concentración llamados “Gulags”.

Anteriormente los ciudadanos de Hungría se quisieron liberar del yugo totalitario de la Rusia Comunista, pero fueron brutalmente aplastados en 1956 con la intervención del ejército y los tanques soviéticos.

Lo mismo ocurrió en la llamada “Primavera de Praga”, en 1968, cuando se pretendió proponer un “Socialismo con Rostro Humano” dirigidos por Alexander Dubcek,, movimiento independentista de la U.R.S.S., que duró escasas semanas.

Recuerdo en marzo de 1976, Aleksandr Solzhenitsyn, Premio Nobel en 1970, declaró a los medios de comunicación de Occidente que la U.R.S.S. era “un cadáver en descomposición”. Y afirmando que tarde o temprano terminaría por derrumbarse estrepitosamente porque los soviéticos ansiaban las libertades ciudadanas y el respeto a los derechos humanos. Este célebre escritor había sido encarcelado durante 8 años Siberia por muchos años debido a sus críticas al sistema marxista-leninista y, finalmente, desde el Kremlin decidieron enviarlo al exilio. Sus experiencias las narra en el magistral libro “Un Día en la Vida de Iván Denísovich”.

Corría el año 1980 y en Gdnask, Polonia, el líder sindical Lech Walesa fundó la Federación Sindical Polaca, con una gran unión, lealtad y fidelidad inquebrantable de sus miembros a este sindicato, de tal manera que desde Moscú no pudieron disolver a este movimiento obrero.

Así que cuando Mijaíl Gorbachov fue designado como jefe máximo de la U.R.S.S., y su llamamiento a tener más libertades, las repúblicas soviéticas subyugadas perdieron el miedo y se sintieron en confianza para realizar cambios radicales.

Así las cosas, el 9 de noviembre de 1989, los ciudadanos de Berlín demolieron el Muro que dividía a esta importante ciudad alemana y, en un acto inolvidable, los berlineses del Este y del Oeste se dieron un fraternal abrazo. Los que por televisión presenciamos este trascendental suceso, apenas dábamos crédito de lo que observábamos.

A continuación de este histórico hecho, los países bálticos reclamaron su libertad (Lituania, Letonia y Estonia). Gorbachov no reaccionó con la dureza que acostumbraban los anteriores dictadores, y, de la misma forma, en pocas semanas, declararon su independencia Ucrania, Bielorrusia, Moldavia, Kazajistán, Turkmenistán, Uzbekistán, Georgia, Armenia, Kirguistán, etc.

Por otra parte, en 1991, Boris Yeltsin fue nombrado Presidente de la Federación de Rusia. Él impulsó con más fuerza y determinación la total autonomía e independencia de las repúblicas de la U.R.S.S. Ante Mijaíl Gorbachov y el pleno del Comité Central de todas las repúblicas, Yeltsin pidió que se votara por la prohibición del Partido Comunista en Rusia. Moción que fue aprobada por una mayoría absoluta. El 19 de agosto de 1991, los viejos comunistas intentaron dar un golpe de Estado en la U.R.S.S. contra Gorbachov, pero el 21 de agosto, esa intentona fracasó y se detuvieron a los conspiradores.

Ante esta irremediable situación en que ya no tenía ciudadanos a quiénes gobernar, Gorbachov presentó su renuncia como Jefe de Estado de la Unión Soviética. De esta manera concluía la llamada “Guerra Fría” (1947-1991).

Y Boris Yeltsin se quedó al frente de la Federación de Rusia hasta 1999, vigilando que se consolidara la democracia en todas las nacientes repúblicas libres e independientes.

La importante lección histórica que nos deja esta falsa y forzada unión de repúblicas comunistas, es que todas las personas aman y anhelan la libertad, sus derechos ciudadanos; que sean respetados en sus posturas de pensamiento, en la capacidad de organizarse unos y otros sin tener el yugo estatal; en montar corporativos internacionales; en gozar de la capacidad de vivir donde les plazca y de viajar por otros países del mundo, sin nadie que los esté fiscalizando.

Cuando el ex Beatle, Paul McCartney dio un concierto a miles de personas reunidas en la Plaza Roja de Moscú, el 23 de mayo de 2003, con la presencia –entre los asistentes- de Vladimir Putin, Presidente de la Federación Rusa, pensé: “De verdad los tiempos han cambiado en Rusia”, porque los admiradores del ídolo se sabían de memoria las canciones de Paul y las cantaban a voz en cuello, bailando y palmeando. Y también meditaba: “Y si todavía vivieran, ¿Qué habrían pensado ante este espectáculo Lenin, Trosky, Stalin y Brézhnev?

 

A setenta años de la revolución comunista en la República Popular China

Cuando observamos en la actualidad un renacer de los grupos de izquierda tanto en América Latina como en Europa con el engaño o la falsa ilusión de que entrando a gobernar partidos con inspiración socialista o marxista-leninista, prácticamente todos los problemas socioeconómicos del pueblo se resolverán, viene bien mirar lo que la historia nos enseña.

Por ello es que en mis últimos artículos he analizado el caso de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (U.R.S.S.), Cuba, Alemania del Este (el Muro de Berlín) y del disidente ruso, el escritor Nobel de Literatura, Alexander Solzhenitsyn.

El caso de China fue singular porque no se centró en persuadir a los obreros sino a los campesinos que se unieran a la causa de su líder Mao Tse Tung (1873-1976), creador de “la guerra de guerrillas” y se entusiasmó con el ejemplo de Rusia.

Llegó a formar un ejército bien preparado. Después de muchos combates, en 1949 tomó el poder y fundó la República Popular China. Su libro más popular fue “El Libro Rojo”.

Mao tenía un carisma especial y el pueblo lo idolatraba. Pero los historiadores aseguran que mandó asesinar a más ciudadanos que Adolfo Hitler y José Stalin juntos, con la finalidad de consolidarse como la autoridad máxima en China.

Por ello recomiendo la lectura de dos libros fundamentales para comprender mejor las revoluciones en este país: “Los Cisnes Salvajes” y “La Historia Desconocida de Mao” ambos escritos por Jung Chang, Editorial Circe (bolsillo).

Especialmente brutal fue la represión en la llamada “Revolución Cultural” de los años sesenta en la que Mao utilizó a los jóvenes para detener, golpear y asesinar a muchos de los antiguos miembros del Partido Comunista. No obstante que ellos fueron fieles al Partido desde sus inicios, Mao decretó que era muy sana “una purga política” para renovar los cuadros y dar paso a las nuevas generaciones.

Actualmente, China presenta dos facetas: el rostro del progreso en algunas ciudades que dan hacia el este del país, hacia los puertos y zonas comerciales junto al mar y, por el contrario, la cara de la pobreza, la hambruna y el dramático retraso en la región montañosa. Los habitantes de esta parte del país no pueden libremente desplazarse hacia la región del progreso, sino con un permiso especial de las autoridades, es decir, permanece siendo como una gigantesca cárcel.

Es difícil predecir el futuro de China. Pero está claro que detrás de la riqueza y bienestar de unos cuantos ciudadanos, ha costado millones de muertes a lo largo de su historia reciente y se continúan violando los derechos humanos como ocurrió con la represión y masacre durante las protestas estudiantiles en la Plaza de Tiananmén.

La escuela rusa, Mijail Ivanovich Glinka

Los músicos eran seres serviles

Esa opinión tan drástica y tremenda, era cómo se consideraba a los músicos. Eran casi esclavos al servicio de gente poderosa, para organizar bailes, y fiestas, pero nada más. No existían instituciones dedicadas a la enseñanza de la música.

Mijail Ivanovich Glinka nacido en una aldea rusa, proviene de una familia acomodada. Al terminar sus estudios, es un simple funcionario de transportes, pues aunque la música no dejaba dinero, era un complemento de la educación, o sea que muchos de los músicos de esa época eran autodidactas.

Qué momento más difícil para todos aquellos que tenían esta vocación, o sea qué si no tenías una fuerte pasión por ella, era imposible vivir de esto. Y a pesar de la vocación la vida no era fácil para ninguno de ellos.

Cuando apenas tenía diez años empieza a tocar el piano y estudia violín gracias a un tío suyo que había formado una orquesta privada. Los que sentían este fuerte llamado tenían una lucha interior, ya que cómo imaginarán, había momentos de desconsuelo, miedo y desorden. Pero la vocación es algo contra lo que no se puede luchar, a pesar de los duros y complejos momentos que sin duda atravesaron.

Su postura política y social se puede apreciar en una de sus grandes óperas. La Vida por el Zar. Aunque en esos momentos la ópera italiana invadía Europa, la Vida por el Zar, es la interpretación que da el músico al diálogo entre el pueblo campesino y el Zar.

Otra de sus grandes obras, Ruslan y Ludmila, es una clara muestra de lo que este compositor quiere mostrar; una cara íntima de la vida en su país y un rechazo a la música de occidente. Este singular compositor no obtiene el reconocimiento en su patria y emprende un viaje que le lleva a España. Aquí siente una gran inspiración con su música y escribe algunas composiciones, como la Jota Aragonesa y Noche de verano en Madrid. Esto tiene importante repercusión, ya que es una de las primeras imágenes musicales de una España soñada, pero no por artistas locales.

Que increíble resulta que un músico salga de su patria y logre identificarse con la música de otro país. Un ser que quería a toda costa rescatar sus tradiciones y llevar la música al grado que le correspondía y que por el momento histórico que le tocó vivir emigre y encuentre que también se puede realizar oyendo música de otros lejanos lares.

He nombrado a este compositor porque gracias a él, cómo ya vimos se organiza el famoso grupo de los cinco, que dieron un total cambio a la música de su Rusia.

No he mostrado detalles de su vida, pues creo lo más importante, es ver que, cuando hay una verdadera vocación, no importa ni el momento, ni el país, sino el ser fiel a los sentimientos y aspiraciones y renunciar a casi todo por ser honesto con uno y sus ideales. Eso hoy lo tenemos un poco descuidado y solamente damos importancia, al beneficio material que pueda dar. Por supuesto no todos los que se consideran artistas, son así. Hay un llamado, una llama y una entrega que, a pesar de las épocas, nos ha despertado y mostrado que nada es imposible, cuando existe verdadero entusiasmo y decisión.

Glinka apreciado por su sencillez, había transferido con un entusiasmo intuitivo, el contenido de las raíces populares rusas a las estructuras operísticas occidentales cerradas, adaptándolo más o menos sin llevar a cabo radicales transformaciones. Sin embargo, había dejado en el aire un interrogante con La Vida por el Zar. Asuri La Gran Música, Artes Gráficas Toledo, S.A.

Un constante “presentecentrismo”

Hace poco llegaba a mi conocimiento una noticia que podría muy bien ser sacada de una novela lúgubre de ciencia ficción, por poner un ejemplo clásico, tipo “Fahrenheit 451”, de Ray Bradbury: en España ha surgido una propuesta para demoler el Acueducto de Segovia. ¿Por qué? Porque dichas ruinas representan la “opresión” que ya hace más de mil quinientos años, habrían significado los romanos para la Península Ibérica. Lo sorprendente, sin embargo, es que dicha iniciativa ya ha reunido algunas firmas.

Una idea insólita, sin lugar a dudas. Mas pese a lo anterior, por desgracia no se trata de una propuesta tan a contrapelo en la actualidad. Y la razón radica en una peligrosa pero creciente actitud que se está dando en nuestros días, que tiende a verlo y juzgarlo todo desde una perspectiva del presente inmediato, un presente que es considerado completa e indiscutiblemente superior a todas las épocas pasadas, a las que mira con desprecio, al considerar –para decirlo con los conceptos-bisagra de los actuales derechos humanos– que han sido una manifestación vergonzante de discriminación e intolerancia. Dicho de otra manera: se trata de una óptica cerrada e intransigente que cual Siglo de las Luces, considera todo lo pasado como bárbaro, dañino, inútil y dogmático, sin –querer– darse cuenta que es la suya la postura realmente dogmática e intransigente.

Por desgracia, esta visión no se queda sólo en lo especulativo: arrebatada por su autoconcepción mesiánica e inquisidora, pretende alterar o incluso borrar todo aquello que no esté de acuerdo con los actuales cánones de lo políticamente correcto. De ahí que sus manifestaciones sean muy variadas: cambio de nombre o destrucción de monumentos; alteración de la historia para colocar en el bando de los “malos” a quienes tienen otra visión; modificación del lenguaje, etc.

Por oposición, esta actitud estima a que no existe nada bueno que aprender de nuestras anteriores vivencias, puesto que las épocas pasadas estaban locas o eran tiempos de opresión intolerable, de los cuales hemos podido liberarnos gracias al Hombre (obviamente Dios está descartado de antemano).

¿Qué seguirá? Quien sabe, pero no hay que ser demasiado suspicaz para adivinar que se intentará reescribir la religión, considerada por varios un lastre del pasado (semejante al “opio del pueblo”), razón por la cual habrá que tener cada vez más cuidado con las ediciones de los libros de espiritualidad, incluida la misma Biblia. En efecto, ¿por qué no “aggiornarla” para que se acomode al presente?

Sin embargo, esta postura no alcanza a percibir que de juzgarse absolutamente todo con los parámetros de este “presentecentrismo”, lo que hoy se hace con tanto orgullo y seguridad, será cruel y despiadadamente criticado e incluso cambiado mañana. Ello, porque si todo es un constante presente, si lo único que importa y vale es el “ahora”, el movimiento se ve condenado a reinventarse de forma permanente, pues cualquier vestigio del pasado que quiera mantenerse sería una “impureza” para él. Por tanto, si “todo tiempo pasado fue peor”, el nuestro también será ridiculizado y eventualmente borrado en el futuro.

Una muestra más de la intolerancia de nuestra época, que ahora pretende superar las barreras del tiempo.

Max Silva Abbott
Doctor en Derecho
Profesor de Filosofía del Derecho
Universidad San Sebastián

Revolución rusa, 100 años después

Luis-Fernando Valdés

    ¿Por qué ha sido tan poco festejado el centenario de la revolución que marcó la historia del siglo XX? ¿Qué lección se encierra en este silencio?

     1. Las dos revoluciones de 1917. La primera ocurrió, después de la derrota del ejército del Zar en la primera Guerra Mundial, cuando Nicolás II abdicó el 12 de marzo, tras largas movilizaciones sociales de protesta.

    La segunda y más conocida aconteció el 25 de octubre, cuando los bolcheviques encabezados por Trotsky, Lenin y Stalin conquistaron el poder, al derrocar al jefe del gobierno provisional, Alexander Kerensky. Entonces el sóviet de Petrogrado se quedó con el poder del Estado, y Lenin empezó la persecución a la Iglesia ortodoxa rusa. (Cfr. El País, 11 abr. 2017)

      La historia posterior es larga y compleja: una guerra civil entre los bolcheviques y los contrarrevolucionarios (1918-1921), la Segunda Guerra Mundial (1939) y la dictadura de Stalin, la Guerra Fría (desde 1945 hasta 1989, con la caída del muro de Berlín). Una amarga historia de atropellos a la libertad y de millones de muertos.

     2. Un centenario poco celebrado. Un artículo del New York Times explicaba que este aniversario se redujo a una conmemoración académica, sin mayores celebraciones populares, porque, según algunos funcionarios del Kremlin, historiadores y analistas, el presidente Vladimir Putin detesta la idea de revolución.

     “Conocemos bien las consecuencias que pueden tener estas convulsiones históricas”, afirmó Putin en diciembre pasado, durante su discurso del Estado de la federación. “Desafortunadamente, en el siglo XX nuestro país sufrió muchas de estas convulsiones y sus consecuencias”, sostuvo. (N. Macfarquhar, NTY, 13 mar. 2017)

      3. El lado obscuro del Comunismo. La Revolución rusa buscaba implantar las ideas de Karl Marx: la imponer la Dictadura del Proletariado, donde los hombres pudieran vivir iguales, sin propiedad privada, en un mundo sin pobres ni ricos.

      Sin embargo, la Revolución se transformó en una auténtica dictadura, en la que no había un dictador, sino una ideología totalitaria, con una visión histórica materialista y atea. Fue la dictadura de todo un sistema político y económico, que persiguió cruelmente a las religiones, especialmente a la cristiana. (Cfr. S. Aragonés, Aleteia, 16 oct. 2017)

      La obra titulada “El libro negro del comunismo: crímenes, terror y represión” (1997), escrita por un grupo de profesores universitarios e investigadores europeos, estima que el número de muertos bajo los diversos regímenes comunistas (China, Rusia, Corea del Norte, etc.) “se acerca a la cifra de cien millones”. (Cfr. Aleteia.org, 21 abr. 2017)

     4. La historia atrás de la historia. El biógrafo de Juan Pablo II, George Wiegel, formula una pregunta muy importante sobre el modo pacífico de la caída del muro de Berlín, que marcó el final del comunismo mundial.

     Pregunta Weigel: “¿Qué fue lo que hizo que «1989» no implicara derramamiento de sangre y violencia masivos, los dos métodos habituales del siglo XX para efectuar un gran cambio social?” (Aleteia, 30 ene. 2014)

     Y responde que esa revolución pacífica fue posible gracias a Juan Pablo II, el Papa polaco que durante sus años como obispo de Cracovia tuvo que lidiar con el régimen comunista, pues este Pontífice fue el que encarnó la “revolución de la conciencia moral” que llama al mal por su nombre, y que por eso fue capaz de aglutinar a pensadores y políticos que dieron lugar al cambio: Vaclav Havel, Ronald Reagan, etc.

     Epílogo. No se puede celebrar una ideología que destruye al hombre. Aunque la inquietud por defender a los trabajadores y a los pobres sigue siendo válida, el Comunismo no fue capaz de darle una respuesta, porque el afán de poder que lo sustentaba conllevaba cancelar todas las libertades y matar a sus millones de opositores.

    La gran lección de este centenario es que cuando el ser humano abandona los principios morales, destruyendo la libertad individual y la libertad religiosa, el hombre se convierte en el depredador del hombre. Entonces, la gran revolución de hoy consiste en conservar la conciencia moral como guía para solucionar los grandes problemas sociales de nuestro tiempo.

@FeyRazon lfvaldes@gmail.com
http://www.columnafeyrazon.blogspot.com

Una sutil forma de dominación.

Uno de los aspectos que más me preocupa como profesor universitario es la escasa, por no decir casi nula formación histórica que poseen la gran mayoría de los estudiantes, al punto que no son capaces de identificar sus grandes procesos ni menos aún ubicarlos en el tiempo.

Así, y por poner un ejemplo, el fenómeno de la Guerra Fría les es prácticamente desconocido, siendo que terminó poco antes que nacieran y que no es posible comprender la historia del siglo XX al margen de ella. Sin embargo, es casi como si no hubiera existido y al preguntarles por la misma, su respuesta se parece mucho a un encefalograma plano.

Obviamente ellos no son los culpables, o al menos los principales responsables de este lamentable fenómeno, aunque también es cierto que con un poco más de inquietud de su parte se podría haber hecho algo a este respecto. Sin embargo, no deja de ser inquietante la notable vulnerabilidad e incluso la completa indefensión que conlleva esta situación.

En efecto, un sujeto que no posee los mínimos conocimientos históricos (de historia verdadera, no la tendenciosa) tanto de su país como del mundo, es una presa fácil de las ideologías de turno, que pueden convencerlo de casi todo lo que dicen sin mucha dificultad. Ello, puesto que al no tener con qué contrastar esa información, no solo está imposibilitado para saber si es cierta o no, sino que probablemente la adoptará como verdadera, al no poseer conocimientos basales previos. Y desde esa base falsa, construirá su visión del mundo, deformada naturalmente, como no podía dejar de ser.

En consecuencia, la persona puede terminar dominada en lo más íntimo de sí: en sus pensamientos y como consecuencia de ello, en lo que siente y quiere. ¿Qué necesidad existe ya de dominarlo por la fuerza? Ella misma participa de dicha dominación sin darse cuenta y lo que es peor, cree que es libre.

Desde esta perspectiva, pues, ¿con qué fundamento se le criticarán muchas de sus acciones si no existió la suficiente preocupación de las familias, de las entidades educativas, de la sociedad civil y del Estado por evitar esta inanición cultural? No vengamos a quejarnos luego de lo que pueda ocurrir, pues a fin de cuentas, existen muchas conductas que son difícilmente exigibles para un sujeto que no posee conocimientos básicos, siendo por ello, tal vez más víctima él mismo que las que pudiera ocasionar su modo de proceder.

Es por eso que el rol que tienen la historia y en general las humanidades en las entidades educativas resulta esencial, porque sin ellas no pueden formarse verdaderas personas sino títeres, que más tarde o temprano tendrán un rol protagónico en el país.

Max Silva Abbott
Doctor en Derecho
Profesor de Filosofía del Derecho
Universidad San Sebastián

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