Nuevamente sobre la educación sexual integral

Mientras todo el mundo está preocupado por los avances de la actual pandemia, el confinamiento forzado al que se nos ha obligado por su causa, o a la grave crisis económica ya presente y sobre todo futura como resultado de todo lo anterior, diversos proyectos de ley, de alto y polémico contenido valórico, siguen avanzando sigilosamente en el Congreso. En este sentido, el actual inmovilismo que afecta a nuestras sociedades, ha venido como anillo al dedo para los partidarios de estos proyectos, puesto que la ciudadanía no puede expresar su malestar como en tiempos normales, o al menos, generar la legítima y pacífica presión que es de la esencia de cualquier verdadera democracia.

            Según se comentaba en nuestra columna anterior, el proyecto de Educación Sexual Integral (ESI) busca que se imponga de manera global y al margen del querer de los padres, una determinada forma de entender la sexualidad a nuestros niños, desde la más tierna infancia. De esta manera, además de sexualizarlos de forma casi patológica, de aprobarse este proyecto, surgirán muchísimos problemas, tanto entre los padres y el Estado por medio de las entidades educacionales, como entre estos padres y sus propios hijos, pues como se ha dicho, se pretende adoctrinarlos de acuerdo a la perspectiva de género, de acuerdo a la cual, la sexualidad es una realidad completamente plástica y cambiable. Y sobre esta base impuesta, se buscará otorgarles una completa libertad y autonomía para llevarla a la práctica.

            Así, solo por poner algunos problemas sobre la mesa, ¿se imagina alguien las consecuencias que podría tener para las próximas generaciones el haber sido empujado a dar rienda suelta con su sexualidad desde párvulo y experimentar con ella a más no poder, probando todas las formas posibles a su respecto? ¿Existe algún estudio que advierta sobre las posibles secuelas que lo anterior podría tener para nuestros niños, secuelas que sin duda los afectarán durante toda su vida? O para mencionar problemas más concretos y medibles, ¿se imagina alguien la proliferación de enfermedades de transmisión sexual que podría producirse, fruto de forzar a ejercer una sexualidad sin límites? ¿O los abusos de que podrían ser objeto los niños, al postular su tempranísima “autonomía progresiva” en este ámbito?

            Lo anterior, sin perjuicio de la delicada pregunta de si el Estado tiene realmente el derecho de imponer su visión en esta materia, haciendo tabula rasa con las concepciones y la libertad de los padres. Ello, pues lo anterior equivale a un auténtico secuestro de nuestros niños, cuya formación pasa a depender casi exclusivamente del Estado. Más, ¿por qué habría que preferir a un funcionario público en vez de la familia natural para la formación de nuestros niños y jóvenes? ¿Es que los padres van a perder la tuición de sus propios hijos si no están de acuerdo con estas políticas? Incluso, ¿tienen los padres alguna función respecto de sus hijos o solo deben comportarse como obedientes borregos en lo que a su formación atañe, según los dictados del Estado?

            En fin, las preguntas e inquietudes pueden seguir acumulándose hasta el infinito. Sin embargo, un aspecto que pocas veces se señala, es que parece absolutamente contradictoria una legislación totalitaria como esta, dentro de un sistema democrático. De ahí que surjan razonables dudas de si realmente seguimos viviendo en un régimen semejante.

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

Los medios de comunicación, la libertad y el discernimiento

“Ningún hombre sano y constructivo puede aceptar que la verdad y el error sean indiferentes y tengan iguales derechos” Alfonso Junco

El cine, la televisión y la radio son poderosos medios de comunicación. A través de ellos se hace llegar a las masas un mensaje y la propaganda que deseemos.

Si bien hoy tenemos una amplia gama de opciones tales como los portales en internet de películas y música, conectarnos a una inmensa cantidad de emisoras en todo el mundo; la televisión, el cine y la radio convencionales, siguen teniendo su impacto en la vida hogareña. Si el mensaje que se transmite es todo menos limpio, los medios deberán manipular la forma en que lo presentan para que permeé en nosotros.

Llegamos a un punto importante: en la difusión de series, películas, programas y música, se alega la libertad de expresión para justificar el que una producción lleve consigo un mensaje dañino. Programas tipo “Como dice el dicho” no solo promociona el estilo de vida homosexual, también promociona las relaciones sexuales fuera del matrimonio o el adulterio. Programas que no hubiéramos pensado que verían la luz del día, hoy son transmitidos en horario familiar. ¿Qué deberíamos hacer? ¿Bastaría con cambiarle de canal?

Aún los bien intencionados podrán afirmar con vehemencia, una y otra vez que cada quien es “libre de ver lo que quiera”, que no somos nadie para imponer a otros nuestras creencias y gustos, etc. Esa forma de pensar es lo que más desean los medios que promueven el homosexualismo, la ideología de género y el aborto en el mundo: que cerremos la boca y volteemos hacia otro lado para que el producto llegué a las masas. Solo así seremos considerados como “amables y respetuosos”.

Pero usted simplemente no se quedaría tranquilo si alguien le ofreciera a un niño un plato con estiércol a la derecha y un plato con ensalada de frutas a la izquierda. Entonces ¿por qué mirar hacia otro lado cuando les presentan a su hijo y a los hijos de otros, conductas desordenadas como si fueran buenas? Afirmar que el estilo de vida homosexual es dañino al individuo como a la sociedad en su conjunto no es intolerancia u homofobia, es un hecho.

Los productores de tales programas no solamente pretenden que aceptemos los actos homosexuales, sino que los respaldemos, so pena de acusarnos de intolerantes u homofóbicos; irónicamente ellos no toleran ningún disenso. Entonces ¿dónde está la supuesta libertad de la que hablan? Es inexistente; hablamos de una dictadura del relativismo. Y caemos en un relativismo moral al pensar que aquello que está bien y mal es algo que cada persona determina por sí misma.

Tenga presente que lo que hace que un programa sea bueno o malo no es la opinión de la gente; lo hace bueno o malo si promueve los valores, o si por el contrario, los vulnera. Nuestro deber es sin duda alguna, denunciar tales programas a la execración común, no por odio –como algunos fautores argumentaran- sino por el bien común. Sencillamente no se le puede enseñar a nadie –especialmente a niños y adolescentes- que los actos homosexuales sean moralmente lícitos.

Desde luego ha de respetarse a aquellos que practican la homosexualidad, haciéndoles ver las consecuencias de tales actos que niegan la diferencia y complementariedad existente entre un hombre y una mujer. En ese orden, la difusión de programas mostrando la practica homosexual como algo bueno y plausible es el mayor timo a la sociedad. Conformarse con cambiar de canal solo es aplicable entre programas limpios, sean de su agrado o no, pero jamás entre programas que promueven los valores y otros que promueven conductas desordenadas. 

Pretender buscar el bien común opinando al mismo tiempo que cada quien haga lo que quiera en aras de una libertad mal entendida, no es en absoluto querer el bien de otros, sino asumir una actitud cómoda cuando vemos cómo se intenta derrumbar a la familia. La razón por la que la ideología de género ha avasallado es precisamente porque hemos guardado silencio y lo hemos hecho tan bien que aseguramos que lo bueno y lo malo tiene el mismo derecho y deber de exhibirse ante la sociedad.

Pero uno simplemente no aseguraría jamás que da lo mismo comer una ensalada de frutas que estiércol… ¿no le parece?

ESI: Educación sexual integral

Casi como impulsado por un frenesí obsesivo, ha seguido avanzando en el congreso el polémico proyecto de Ley de Educación Sexual Integral (ESI), que busca, como su nombre indica, incluir este tema en la formación de nuestros niños desde la más tierna infancia.

            Además de darse a momentos la impresión que para sus promotores, esta fuera la primera y más urgente necesidad de los menores –a una edad en que están claramente interesados en otras cosas–, lo que produce verdadera indignación, es el sentido u orientación que pretende darse a esta mal llamada “educación”, al punto que en no pocos casos, podría hablarse directamente de corrupción de menores.

            En efecto, incentivar a la fuerza la sexualidad en nuestros niños y niñas casi desde que abren los ojos a este mundo, no sólo busca adelantar artificialmente un proceso que despertará años después, sino además, implica, literalmente, robarles su niñez e inocencia.

            Por otro lado, se habla insistentemente que gracias a esta nefasta legislación, los menores estarían en condiciones de reclamar “sus” derechos “sexuales y reproductivos”, lo cual no puede menos que llamar la atención, ya que hasta donde todo el mundo sabe, antes de la pubertad, los niños y niñas no pueden reproducirse.

            Pero además, el proyecto ESI va de la mano de otras ideas, como el controvertido concepto de “autonomía progresiva”, que en el fondo, pretende privar a los padres de su legítimo e irrenunciable derecho a criar y educar a sus hijos de acuerdo a sus propias convicciones. Por tanto, todo este proceso equivale a una especie de “expropiación” de nuestros niños. Sin embargo, de manera más profunda, muestra que algunos legisladores confían más en el Estado que en los padres, y estiman que a través de sus funcionarios, organismos y reglas, este Estado cuidará mejor a los menores que sus propios progenitores.

            De esta manera, se pretende que los menores tengan una autonomía absoluta en relación a su sexualidad (autonomía que curiosamente, no les permite impedir ser adoctrinados de forma dictatorial por el Estado en esta materia), lo que incide, entre otras polémicas y peligrosas cosas, en la edad necesaria para el consentimiento sexual. Así, se busca por vía legal, homologar en este asunto a menores y adultos, con lo cual no hay que ser demasiado suspicaz para darse cuenta del enorme campo que surge para el abuso a su respecto. Ello, pues por mucho que la ley pretenda imponer una ficción (es decir, algo que no es cierto), en este caso, la madurez del menor en esta materia, los adultos tendrán una enorme ventaja en este escenario. Incluso abre las puertas a la pedofilia, justificada aquí por la decisión supuestamente libre y madura del menor.

            Evidentemente, siempre pueden sacarse a colación ejemplos dramáticos de progenitores desalmados y de menores en situaciones inaceptables. Mas, si se van a buscar casos límite para justificar esta inadmisible ley, convendría indagar en cómo le ha ido a las instituciones del Estado en su labor subsidiaria de formar a nuestros niños, las que como se sabe, se encuentran en un proceso de profunda revisión, dado el verdadero infierno que se vivía en su interior. Por tanto, llegado el momento de comparar, el Estado sale perdiendo sin apelación posible. ¿Le entregaremos así algo tan preciado como nuestros niños?

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

Una madre y “muchas madres”…

 “Llegara el día en que será preciso desenvainar una espada por afirmar que el pasto es verde” Gilbert Keith Chesterton

Recientemente en el día de las madres, en conferencia de prensa, el Dr. Hugo López Gattell Ramírez, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud presento un vídeo titulado “Muchas madres” compartido por Nadine Gasman, producido por Inmujeres.

A este respecto, conviene hacer algunas observaciones:

El video tendencioso trata de ganarse la simpatía de mujeres incautas al hacerles creer que la felicitación del 10 de mayo solo es para aquellas madres perfectas que son el estereotipo inalcanzable de la sociedad: falaz mentira. Cuando felicitamos a alguien no es porque sea perfecto; una felicitación no depende de ese modelo; los felicitamos por el afecto, la estima o admiración que les tenemos, con sus yerros y aciertos. Al tratarse de nuestra madre es natural hacerlo por amor a aquella mujer que nos ha dado la vida.

Cuando dicen “Muchas madres” no hablan de las madres de Suecia, de Madrid o de San Petersburgo o la suma de todas ellas; “diversas formas” no se refiere a las habilidades que cada una desarrolla en su maternidad o a su forma de ser; no. “Muchas madres” y “diversos tipos de madre” se refiere a los modelos que están imponiendo a la sociedad mediante la ideología de género: situaciones múltiples en las que sea lo mismo una mujer-madre a un hombre vestido de mujer, queriendo ocupar el lugar de una madre.

Aquello de “Muchas madres” va de la mano con “tipos de familia”, términos que buscan hacer del concepto de madre y de familia algo tan elástico que termine por destruirse. No les importa que haya muchas madres, sino que no haya ninguna. ¿Le parece absurdo? Vea lo que ha sucedido con el matrimonio que ha sido despedazado y reducido a la nada: a la unión entre personas del mismo sexo, le siguió el “matrimonio igualitario”, luego la poligamia, después exigir la unión entre personas y animales y la legalización de la pedofilia; al matrimonio se le disuelve mediante el divorcio exprés.

Diré que jamás he estado de acuerdo con aquella frase que es la bandera de las mamás solteras: “mujeres que son padre y madre al mismo tiempo”. Naturalmente es de alabar el sacar adelante a los hijos a pesar de hallarse solas. Sin embargo suponer o asegurar que se puede sustituir al padre o a la madre, es por decir lo menos, irresponsable. Padre y madre son insustituibles, pues cada uno de ellos aporta cualidades distintas al hijo. En ese orden, dos mujeres no hacen un padre y dos hombres no hacen una madre. Un hombre vestido de mujer, incluso con genitales mutilados, no es una madre.

Ahora bien, es menester hacer una diferencia entre una madre con defectos y virtudes, que está tratando de formar a sus hijos lo mejor posible a pesar de las adversidades, a una madre desobligada con su familia y que lo ha tomado como un hábito (no se sorprenda, lo mismo aplica para el padre). Pero es muy conveniente para la campaña de la ideología de género el que usted piense que es válido homologar tales situaciones. Pero ¡Todos cometemos errores! Desde luego, nadie es perfecto, sin embargo hay una diferencia abismal entre tener yerros y convertir éstos en una forma de vida.

Por otro lado, pareciera que cometieron un error al haber dicho en el vídeo “tú que decidiste abortar”, admitiendo con ello que la mujer embarazada ya es madre. Lejos de ser un error, es a mí parecer, el siguiente paso en la batalla del aborto: de negar la vida en el vientre materno, de no llamarle como era debido usando el término “derecho a decidir”, han pasado a no sentir vergüenza por promover un asesinato y normalizar su uso en la sociedad llamándole con todas sus letras. Buscan hacer del aborto una opción más, como el tener o no un sobrino o un perro. Cuanto más rápido la mujer deje de tener consciencia sobre la vida que lleva en sus entrañas, valiéndose del lenguaje, más pronto avanzará el aborto.

¿Y sabe que argumentan todos los que promueven la destrucción del matrimonio, de la familia, de los padres y la vida en el vientre materno?: que lo hacen por “amor”. Sin embargo, estimado lector, usted y yo sabemos que el amor del que hablan está muy lejos de ser el amor ágape muy propio de las hermosas madres. Por ello es tan peligroso llamar a cualquier cosa amor.

No se deje llevar por el mensaje contenido en dicho vídeo, pretenden que usted empatice con las situaciones expuestas, sin importar si son válidas o en detrimento de la mujer y madre. Solo no olvide una verdad fundamental: lo único que puede destruir a la ideología de género es la existencia de la familia, padre, madre e hijos. Gilbert Keith Chesterton decía que  la cosa más extraordinaria del mundo es un hombre común, su mujer común y sus hijos comunes. Así es y no solo su existencia misma sino que la gente entendamos que la familia y cada uno de sus integrantes es insustituible.

Tenga por seguro esto: no hay “muchas madres” sino una madre…

No paro ante el Caballo de Troya

Un paro detiene algo. Detener el desarrollo de algo para demostrar algo, es lo que se busca en el del próximo nueve de marzo. Parar la economía que producimos las mujeres. Con el propósito de que se sienta nuestra ausencia asemejándola a que si todas fuéramos asesinadas, el motor económico se desaceleraría.

Si bien es cierto, no es necesario esta simulación para entenderlo, basta con ver las cifras económicas y comprender que efectivamente las mujeres somos parte importante del PIB nacional. Y también es preciso notar que muchas tienen salarios inferiores por trabajos iguales a los de sus homólogos hombres. Este tema es puramente económico y se debe de tratar justamente desde esa disciplina. No es un asunto de discriminación, sino de costo beneficio que desde hace décadas debió de haber solventado la industria y el gobierno a través de políticas públicas que faciliten una verdadera conciliación entre el trabajo y la familia.

Pero por otro lado, continuando con el paro, el nueve se está realizando para detener la ola de asesinatos a mujeres que ha ido en aumento. Este incremento se relaciona directamente con la escasez de políticas públicas que atiendan, castiguen y prevengan, por ejemplo, la violencia en la pareja o para erradicar la discriminación por sexo que persiste en distintos espacios.

Hay una desigualdad natural entre varones y mujeres en el mercado laboral no sólo salarial sino también de costumbres, pues siguen existiendo ejemplos machistas que resultan adversos para la mujer como cuando se reúnen para cerrar negocios en tugurios de  bailarinas eróticas.

Asimismo, existe una crisis de seguridad más amplia, se requieren políticas que garanticen un control efectivo de armas; que impulsen la desmilitarización de la seguridad pública; y que fortalezcan a las instituciones civiles para que realmente sean capaces de responder a la violencia de manera inteligente, focalizada, transparente y justa, desde lo local y de la mano de la comunidad.

El paro no está proponiendo nada para revertir lo antes mencionado, por el contrario está queriendo detener los llamados “feminicidios” que dada su ambigüedad en la definición, la mayoría de la población considera que el asesinato de una mujer implica automáticamente un “feminicidio”. No obstante se ha querido definir que se relaciona con que el asesino sea varón y que mate a una mujer por el hecho de ser mujer (lo cual es muy complicado demostrar) sin embargo las estadísticas han arrojado datos interesantes: en 17 años por cada 100 mil habitantes se registraron en el año 2000, 19.8 asesinatos de hombres contra 2.6 de mujeres y en el 2017, 45.8 asesinatos de hombres contra 5.2 de mujeres por cada 100 mil habitantes. Y a su vez no podemos descartar el número de abortos que se realizan anualmente en nuestro país.

Es necesario incluir a la tasa de homicidios esta escalofriante cifra, en México hay más de 1 millón de abortos al año y si la tasa de abortos en México es tan elevada es porque más de la mitad del total de los embarazos son no planeados (es decir un millón 900 mil) de los cuales 54 por ciento terminan en un aborto inducido, 34 por ciento resultan en un nacimiento no planeado y 12 por ciento corresponde al aborto espontáneo.

Mujeres que se sienten abandonadas por su pareja y por la sociedad llegan a tomar la decisión de abortar, lo cual es un tipo de violencia sigilosa que no se quiere ver a simple vista.

El “feminicidio” es evidente, en promedio nacemos más mujeres que hombres lo que nos lleva a deducir que ha habido entonces más muertes de mujeres que hombres aunque haya sido antes de nacer. Muertes perpetradas por mujeres hacia un gran número de mujercitas. ¿Cómo tendría entonces que llamarse a este asesinato? ¿Infanticidio femenizado?

Vemos que el problema no es en sí el caso de Fátima, Ingrid, o quien haya sido vilmente asesinada, el problema radica en la raíz. La promiscuidad, la falta de compromiso real en las parejas,  las condiciones de pobreza y la vivienda que no es apta para un sano desarrollo psicológico aunado a la impunidad que hace pensar que es fácil matar y nadie te castiga, son los principales disparadores de la violencia en contra de la mujer.  El alcoholismo y la drogadicción que muchas personas padecen para evadir esa realidad, conlleva a la descomposición social actual. Aunado al consumo desmedido de pornografía que vuelve a la mujer en objeto sexual de dominio.  Asimismo, a la militarización y falta de control de armas que hay en México.

El paro del nueve es el resultado del hartazgo que legitima, cierto, la lucha por la justicia, pero no tiene un objetivo claro y específico que busque componer el tejido social. Más bien lo han replicado de movimientos similares llevados a cabo en Estados Unidos “Day without woman” auspiciado por ONG’s que buscan a partir del lamentable hecho comentado en este escrito, continuar gradualmente imponiendo el aborto como un derecho más de la mujer.

Se dice que la agrupación “Las Brujas del Mar” comenzó a darle vida al paro en México para llegar a movilizar las redes sociales y polarizar a la sociedad. En especial a las mujeres que apoyan la vida desde el vientre materno, pero que condenan la violencia femenina.

Muchos se están aprovechando de la situación de podredumbre, para sus fines perversos construyendo un Caballo de Troya que sin duda le costará a la sociedad. Pues a pesar de que el común denominador sea la defensa de la mujer, cohabitar con grupos de choque que ya han demostrado su violencia y furia contra las instituciones que funcionan, como el matrimonio y la familia o la figura de la maternidad, así como en contra de las iglesias, es delicado.

Potenciará el movimiento que busca demostrar que la mujer es víctima del hombre y que la igualdad implica ser como el hombre, entonces el aborto pertenece a la misma premisa, para que se dé en la lógica del feminismo revolucionario.

Si piensas participar, sugiero que te sirvas del movimiento para alzar la voz por las mujeres que no tienen voz. Que son las niñas que están por nacer y vistas de azul, pero que asumas las consecuencias cuando en su pliego petitorio, las organizadoras exijan aborto libre y seguro en México.

Hay que luchar por México, porque no haya más asesinatos, y que nadie quede impune. Luchar por una policía competente con salarios justos. Control de armas y ataque frontal al narcotráfico con estrategias de calidad.

Programas integrales para que las familias se solidifiquen, se acote la brecha de pobreza, campañas que prevengan y asistan las adicciones y reformas para regular la pornografía y su consumo.

Que no haya más Fátimas, Norbertos, Ximenas, universitarios muertos por la violencia. Que no haya más mexicanos inocentes asesinados en México. Que no haya más muertes violentas de hombres y mujeres.

Triste, ciertamente, México sangra pero sin objetivos claros, la marcha y el paro pueden resultar contraproducentes al  empoderar con tu presencia a las arquitectas del Caballo que está por envestir a las instituciones. Por eso no paro para seguir trabajando por México.

Nos leemos pronto para no quedarnos atrás y ver hacia delante.

El feminicidio

“Quien adopta el lenguaje soez del enemigo se rinde sin saberlo». Nicolás Gómez Dávila

El pasado 10 de febrero amanecíamos con la noticia de que se había perpetrado el asesinato de la joven Ingrid Escamilla de 25 años. El caso ha conmocionado a la sociedad mexicana; no era para menos, fue llevado a cabo con especial saña y violencia por su esposo. Medios de comunicación difundieron imágenes de la joven fallecida que causaron inmediata indignación, exigiendo su retiro, difundiendo en su lugar fotos de ella en vida.

Al mirar las noticias, las redes sociales y el uso del término feminicidio, uno se da cuenta de cómo es que el lenguaje juega un papel fundamental ya que éste término no es más que un artilugio que ha usado el feminismo para hacer creer a la sociedad que se mata a las mujeres por el simple hecho de ser mujeres; “¡Nos están matando!” afirman. Pero a hombres y mujeres no se les mata por ser de uno u otro sexo en particular; se les mata por hechos específicos: por ajuste de cuentas, una discusión acalorada, narcotráfico, asalto, venganza o revancha, infidelidad conyugal, estafa, asalto, extorsión, dinero, tráfico de órganos, pleito de herencia, divorcio, custodia parcial o absoluta de los hijos, étc.

Ahora bien, a esa realidad corresponde un término específico: Homicidio. Del latín homicidium Homo, hóminis, hombre y cf. *cáedere (matar): Muerte causada a una persona por otra. Es importante entender que se refiere al hombre como género humano, sin distinción de sexo. Pero ¿Qué más da el término que usemos? Importa y mucho; nos encontramos ante todo en una guerra de palabras; la ideología de género distorsiona el lenguaje para lograr sus objetivos, para impulsar agendas políticas, impulsar leyes en detrimento de la familia, para crear el espejismo de protección cómo el feminicidio, logrando una ruptura en el tejido social.

El uso de la palabra feminicidio es absurdo; debe entenderse que ya existe un delito básico que es el homicidio, el cual considera agravantes en ciertos casos, razón por la cual no hay necesidad de hacer una distinción. Con su uso se asientan en la ley ficciones jurídicas y con ello efectos jurídicos sobre algo que no existe. En otras palabras, se legisla sobre percepciones subjetivas en lugar de hacerlo sobre hechos.

Puede estar seguro de que las palabras no se quedan ahí simplemente. Cambian el sentido de las cosas, las redefinen y consiguen que la gente apruebe lo que jamás hubiera imaginado. Por ejemplo, uno los logros de la ideología de género y el feminismo es llamar al aborto “interrupción legal del embarazo”; llamar “salud sexual y reproductiva” a la promoción de anticonceptivos y aborto; “cambio de sexo” a la mutilación de genitales; “trabajadoras sexuales” a las prostitutas; “diversas formas de familia” en lugar de familia; “progenitor 1 y 2” en lugar de padre y madre; “género” en lugar de sexo, “feminicidio” al homicidio de mujeres “por ser mujeres”.

El término aparece en todos lados, desgraciadamente se ha vuelto de uso común incluso entre algunos provida y portales católicos; ello nos da una idea de hasta dónde se ha infiltrado la ideología de género. No solo la violencia causa daño, el lenguaje es otro modo de destrucción porque se polariza a la sociedad, se le divide y más tarde se le destruye. Limpiemos el lenguaje, expresémonos debidamente.

Porque, cuando llamamos a las cosas por su nombre, de forma correcta, le restamos fuerza a la destructiva ideología de género y al feminismo lacerante. El futuro de la familia y de la sociedad depende de la lucha que usted libre hoy…

Sus hijos no le pertenecen, el PIN parental y la mujer

“El amor entre padres e hijos en España es uno de los grandes poemas de la Cristiandad; como una joya desconcertante, tiene cien facetas hermosas, y sobre todo esta faceta hermosa sobre todas: que es un puñetazo en el ojo a ese viejo pedante malpensado de Freud» (Gilbert Keith Chesterton)

En recientes días la Ministra de Educación en España, Isabel Celaá ha dicho: “Los hijos no pertenecen a los padres”. Lo anterior viene a colación después de una medida presentada por el partido Vox llamada “PIN parental”, la cual busca que se solicite a los padres autorización para que sus hijos asistan a actividades, especialmente en temas de sexualidad, modelos de familia e ideología de género en los centros educativos. Desde luego esta medida ha sido calificada de “censura educativa” y la “vulneración absoluta del derecho a la educación de niños y niñas”.

Los progres arguyen el derecho que tienen los niños de recibir una educación. Pero yerran en un punto fundamental: dicha medida del “PIN parental” no vulnera tal derecho, se trata de un intento de proteger a los niños del adoctrinamiento en la cuestión sexual e ideología de género. A quien dude de ello, habrá que recordarle que en abril de 2019 la Comunidad de Madrid aprobó el Decreto 32/2019 que establece un marco regulador de convivencia en los colegios que introduce la obligatoriedad de la ideología de género y LGBT; establece incluso una especie de “comisarios políticos” a quienes no cumplan con ello.

Llama la atención la hipocresía con que la ministra de educación y la ministra de igualdad hablan sobre el derecho de los niños. Y para ello se han ido sobre los padres y su derecho fundamental a educarlos; pero si no pertenecen a los padres ¿a quién pertenecen los hijos? La respuesta tácita es: pertenecen al Estado. ¿Recuerda haber escuchado algo similar? ¡Exacto! El Manifiesto Comunista habla sobre la abolición de la familia, la cual junto a la propiedad privada, desaparecerían al desaparecer el capital; en esa transformación, los hijos serían liberados del “yugo” de los padres.

España es solo uno de los varios ejemplos que podemos ver sobre la intromisión del Estado en la destrucción de la familia: desde la Organización de Pioneros de Lenin en la Unión Soviética, el maoísmo en la China comunista, la imposición de la ideología de género en Canadá y EEUU, hasta los Kibutz de Israel donde la vida familiar fue suplantada por una vida comunal y cuyo modelo ha resucitado en los últimos años. Capitalismo y comunismo trabajan por la destrucción de la familia mediante el aborto, la eutanasia, la homosexualización de la sociedad, el homomonio, la imposición de la ideología de género, el libertinaje sexual, el ateísmo-laicismo, entre otros.

Lenin decía: “Sin las mujeres es imposible arrastrar las masas en política”. Bebeb exhortaba a promover en la mujer el sentido de la revolución comunista afirmando: “En la lucha social de nuestros días, vencerá el contendiente por quien luche la mujer”. Por ello la corrupción de la mujer puede arrastrar no solo a los hijos, al esposo, a su familia; es capaz de arrastrar a una nación al declive moral. Los políticos en España lo saben, por tanto, no es casualidad ver en primera fila a mujeres luchando por causas deleznables.

¿Estarían dispuestos a entregar a sus hijos al Estado? ¿No? Excelente respuesta. Ahora trabajen arduamente para formar a sus hijos en los verdaderos valores, involúcrese en aquello que le enseñan en el colegio; de lo contrario, le serán arrebatados frente a sus ojos, sin apenas esfuerzo. Ayer y hoy el Estado ha encontrado un enemigo natural al envilecimiento de la sociedad: la familia, siendo los padres el primer obstáculo a sus pretensiones. Procure ser un muro infranqueable y no un infeliz puente por el cual corrompan a sus hijos…

Y la culpa no era mía…

Recientemente el colectivo “Las Tesis”, llevo a cabo un performance llamado “Un violador en tu camino” en Valparaíso, Chile. Muy pronto ha sido reproducido en varias ciudades, incluyendo Ciudad de México. Quiénes lo redactaron, indican que la letra del himno encontró su inspiración en textos de Rita Segato, antropóloga y feminista radical Argentina.

Las reacciones en el mundo han sido variadas. Una en particular ha llamado mi atención, un hombre que no se ha sentido aludido dijo: “Al que le quede el saco que se lo ponga”. Estimados varones, les tengo noticias: el mensaje contenido en dicho himno feminista está dirigido a todos ustedes; no al violador, no al violento, no al delincuente. Y es así porque no busca “concientizar” al violador, al malo; no, lo que buscan es la deconstrucción de la masculinidad, el patriarcado “opresor”; la virilidad. Buscan reformar la visión de la masculinidad en los diferentes aspectos: político, sexual, económico, intelectual, moral y religioso.

El discurso que nos venden es que si acaban con la masculinidad tal como la conocemos, las mujeres por fin estarán seguras. Craso error. El día que eso suceda, no habrá hombres pacíficos, lo único que habrá serán hombres afeminados, diezmados en su virilidad y por supuesto, seguirá habiendo violadores. ¿Por qué? Porque la violencia no es una característica de los varones, sino sólo de aquellos hombres y mujeres que no saben respetar a nadie, ni a sí mismos. El día que la mujer logre su tan ansiada “libertad”, no habrá mujeres seguras y libres; habrá mujeres incapaces de defender su dignidad, que odien la vida, la familia y la maternidad; mujeres cada día más masculinizadas, desde el pensamiento hasta la apariencia.

Por otro lado, no es que los hombres se burlen de las feministas. Cualquier persona con sentido común sabe que hay un absurdo en la letra y en quien lo dice: mujeres (algunas semidesnudas), que pintarrajean sus cuerpos, que usan pasamontañas, que vandalizan inmuebles, que exigen matar al hijo en sus entrañas, que creen que es su derecho comportarse como les venga en gana y luego exigir el mismo respeto que ellas no dan a los demás, ni siquiera a otras mujeres. Asegurar que todos los hombres son iguales sólo conviene a aquellas, mujeres que buscan justificar sus propios yerros, resentimientos, abusos y excesos. Toda mujer con sentido común e inteligente sabe diferenciar a un hombre de un violador y jamás caerá en la trampa de generalizar, menos se prestará a apoyar campañas absurdas.

Como es de esperarse, el circo de “El violador eres tú” es uno de los tantos frentes –el mediático- que forma parte del ataque cuyo objetivo es la deconstrucción del hombre y la mujer. Nos encontramos en una reingeniería social: el adoctrinamiento desde la más tierna infancia en la “diversidad de géneros” en el que se puede ser lo que sea, menos un hombre y mujer que se unan en matrimonio y que formen familias en las que se tenga claro la diferencia de sexos; futuros hombres y mujeres virtuosos que amen la vida.

Estimado lector, no caiga en las falacias de la ideología de género, debe estar lúcido y saber discernir el acontecer diario. Recuerde que el ácido fólico, como el respeto y la inteligencia, son esenciales en todo ser humano. No se dan por arte de magia; el primero debe tomarse, el segundo dárselo a sí mismos y a otros; el último, desarrollarlo con buenos libros, buenas amistades y buscando la Verdad en todo. Deseo que libre usted la mejor de las batallas, por el bien de su familia; de otro modo, la culpa ahora si será suya. Ya lo vaticinaba Gilbert Keith Chesterton:

«Llegará el día en que será preciso desenvainar una espada por afirmar que el pasto es verde»

Hombres: Vuelvan a ser hombres

Con seguridad la mayoría de nosotros tenemos fotos familiares de generaciones anteriores; los que tienen suerte poseen fotos de hace un siglo o más; un común denominador es que los hombres posaban erguidos, varios mostrando un bigote o barba abundante, otros más bien rasurados, fajados. Dependiendo de las posibilidades, algunos usando un sencillo pero indispensable traje. La mayoría de los retratos, con su esposa y/o familia.

Pero a últimos años hay cada vez más hombres cuyos hábitos me causan extrañeza: visten pantalones entubados, pantalones “chincolos” (es decir muy cortos), sin calcetines, cejas depiladas, usan mascarillas o cremas hidratantes. Otros, pareciera viven para las “selfies”, hasta prueban diferentes poses, ya sea en el baño, en el parque, en su recámara, con su mascota, étc. Algunos, gustan de películas y literatura, ya no malas, sino para retardados.

¿Es un crimen? Por supuesto que no. Pero no imagino lo que pensarían los abuelos y bisabuelos al ver como visten muchos de los hombres de ahora, su descendencia ni más, ni menos. No se trata de la moda imperante, porque es evidente que en toda época hay mal vestidos; la cuestión es que hábitos que habían sido más propios de mujeres, fueron ahora adoptados por muchos hombres.

A este respecto han sido muy populares los comerciales de ciertas marcas de desodorante y bebida, que no he podido menos que aplaudir. Los más conocidos son aquellos cuyo eslogan es “Volvamos a ser hombres” o “Te hace falta ver más box”. Las frases sin duda han contribuido a su éxito.

Pero ¿por qué causaron tanto revuelo? La respuesta, en el fondo, la sabemos todos: cada comercial muestra los hábitos que malamente han adquirido muchos hombres y que he descrito ya. No imagino otra vanidad en el varón, en cuanto a su aspecto, que no sea el aspirar a tener una barba, una voz varonil, músculos fortalecidos, (y que mejor que sea por el trabajo manual o ejercicio normal al aire libre, antes que por ir al “gym”), conocimiento o práctica de algún deporte, étc.

Pero así como el comercial les gusto tanto a los hombres, aquello de “Volvamos a ser hombres” debe aplicarse también a la cuestión intelectual y los valores morales, muchísimo más importante que la imagen y la apariencia. Sean viriles, valerosos, caballeros, pero ante todo, respetuosos de sí mismos, respetuosos de la mujer, de la familia y de la vida humana. Sean hombres responsables, con valores morales, capaces de afrontar alguna adversidad, capaces de adquirir un compromiso, capaces de formar una familia, de ser la piedra angular. Sean hombres capaces de amar la vida y todo lo que implica.

Así que, por favor, no hagan caso a las mujeres que cometen el error de decirles que se ven “lindos” cuando se ven penosamente ridículos con cierta ropa o por tomarse una “selfie muy favorecedora”. No hagan caso de quienes les dicen que está bien ser esclavos de las pasiones, como si fueran animales; que les incitan a ser el penoso “macho alfa” por el cual han vilipendiado a los hombres en general. No sean más de aquellos que cargan con un tremendo historial de experiencias sexuales y enfermedades, incapaces de amar verdaderamente a nadie, ni a sí mismos.

En nuestros días, la virilidad es mal vista y atacada; se le da promoción a una masculinidad “no tóxica” que más bien parece la promoción de hombres afeminados, diezmados en su virilidad, promoción de verdaderos lastres morales.

Les corresponde volver a ser hombres en toda la extensión de la palabra…

El Super Bowl y la ideología de género

Cada año se lleva a cabo en los EEUU el Super Bowl, es decir la final de la NFL (Liga Nacional de Futbol) entre los ganadores de la conferencia nacional y conferencia americana. Un espectáculo por demás esperado por la afición internacional. Este año se enfrentaron los Carneros de Los Ángeles contra los Patriotas de Nueva Inglaterra, resultando ganadores éstos últimos.

Es costumbre que haya espectáculo musical y que ambos equipos lleven a sus respectivas porras. Esta edición no ha sido la excepción, contando con una novedad: dos hombres formaron parte de las porristas de los Carneros de Los Ángeles: Quinton Peron y Napoleon Jinnies.

Durante el proceso de audiciones, ambos bailan con una mujer al lado, misma rutina. Si bien sonríen y en efecto son perfectamente capaces de hacer los mismos movimientos, la audición muestra las diferencias entre un hombre y una mujer. La gracia, delicadeza y belleza propia de las féminas es algo que nunca podrá ser igualado por un hombre.

Quinton Peron en entrevista dijo: “Me preguntaba ¿por qué no puedo estar ahí? He hecho coreografías para mujeres que bailan para equipos profesionales. He bailado con mujeres en varios equipos profesionales.”

Cabe mencionar en este punto que la ideología de género asegura que las diferencias entre hombre y mujer son producto de una construcción social, cultural y psicológica y nunca por cuestiones biológicas. Argumentan que el “género” es diferente del sexo y que el primero se elige. Su inmediata consecuencia es la justificación del homosexualismo, la promiscuidad, el “cambio de sexo” que no es otra cosa que la mutilación de genitales, la anticoncepción, el aborto, la fecundación in vitro, los vientres de alquiler; no hay límites y se han asegurado de respaldarlo legalmente con leyes mordaza y leyes protectoras de derechos inventados. La ideología de género tiene por objetivo la destrucción de la sociedad imponiendo una visión deformada de la naturaleza humana.

Ese “¿por qué no?” de Quinton Peron es justo el lugar donde ataca la ideología de género: no existen límites. La NFL incluso se aseguró de que fueran dos hombres negros los que ingresaran a la porra; si usted disiente de lo sucedido, será tachado no solo de retrograda, sino también de racista, ¿lo ve ahora? mordazas por todos lados. Esta guerra contra la naturaleza humana y la familia viene dándose con bastante éxito y agresividad particularmente en los últimos años, ejemplos sobran: un hombre vestido de mujer participando en el concurso de belleza Miss Universo, un hombre llamado “mujer transgénero” que lesionó gravemente a una mujer en una lucha de artes marciales mixtas; niños que han iniciado su “tratamiento hormonal” porque dicen ser del “género” opuesto; unión de un hombre que se cree mujer y una mujer que se cree hombre; un hombre que “se embaraza” cuando es evidente que se trata de una mujer, étcetera.

Todo lo anterior junto con el lema de “igualdad” es mostrado continuamente por los medios de comunicación con tal eficacia que la gente ya ni siquiera discierne lo que ve, es incapaz de identificar el absurdo y el insulto a la inteligencia. No se dan cuenta de que la “igualdad” y la “inclusión” son la bandera bajo la cual la familia y la sociedad están siendo destruidas. La ideología de género a través de Los Carneros de Los Ángeles y de los organizadores de la NFL han querido mostrar lo incluyentes que son, que un hombre puede ser porrista como una mujer, aunque si usted es observador, muestra precisamente lo contrario: que un hombre no podrá ser jamás una mujer y viceversa, no importa cuánto se obstinen en ello.

Hombre y mujer son diferentes y complementarios, fundamentos de la familia.

Depende de usted el dejarse engañar, recuerde que de por medio esta su familia, sus hijos, ambos son el principal blanco en esta guerra.

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