#Chile Otro paso más hacia el totalitarismo

Hace pocos días y pese a la enorme polémica que ha generado, terminó aprobándose en la Cámara de Diputados, el proyecto de ley de Garantías de la Niñez, gracias al cual el Estado podrá imponer, de llegar a convertirse en ley, una visión única no solo respecto de la sexualidad, sino más profundamente, de la concepción del ser humano, haciendo tabula rasa con las convicciones de los padres –religiosas o no–, su derecho preferente para educar a sus hijos, la libertad de enseñanza y la libertad de conciencia, entre otros derechos fundamentales que han sido borrados de un plumazo con esta nueva legislación.

            Debe advertirse que el carácter totalitario de este y de otros intentos del Estado de imponer una visión “oficial” en materias amplia y legítimamente discutibles, incluso en áreas o ambientes privados y hasta íntimos de las personas, conlleva otorgarle un enorme poder, al permitirle por esta vía moldear la mente de sus ciudadanos. Es por eso que pocas cosas hay más nefastas para una sociedad, que el afán del Estado por meterse y regularlo todo.

            De nada vale que exista o no un régimen democrático que en teoría, avale esta ilegítima intromisión. A fin de cuentas, este sistema político es sólo un mecanismo para elegir a sus gobernantes y para la toma de sus decisiones, pero no garantiza de suyo que dichas decisiones sean justas. Ello, porque el mero procedimiento o ritualidad no convierte en correctos sus resultados, pues tanto el bien como el mal pueden haber sido fruto de un arduo y meticuloso trabajo. Es a esto a lo que se ha llamado también “falacia procedimentalista”.

            Otro argumento usualmente utilizado para imponer esta y otras conductas totalitarias del Estado, consiste en justificar dicho proceder señalando que se están protegiendo diversos “derechos humanos”, sea lo que fuere que se entienda por los mismos. En realidad, es tanto el prestigio que aún posee este concepto, pese a lo manoseado que se encuentra, que su sola evocación genera una casi automática legitimación de lo que se pretenda lograr a su sombra, lo que podría llamarse un “efecto talismán” de los derechos humanos.

            El problema es que en la actualidad, estos derechos no son una realidad a descubrir sino a inventar, a crear mediante decisiones supuestamente consensuadas por los Estados mediante tratados internacionales. Pero al final, terminan dependiendo en los hechos de la interpretación más que antojadiza que hacen de estos tratados los comités y tribunales encargados de tutelarlos, gracias a lo cual han acabado en no pocos casos completamente deformados y alejados de su sentido original. Ello explica además que los mismos problemas (y por tanto, análogas aspiraciones totalitarias) se estén dando en la actualidad en muchísimos países al mismo tiempo, lo cual evidentemente no puede ser casualidad.

            En consecuencia, lo importante entre otras cosas, es el fundamento y el resultado de las políticas y decisiones que se adoptan, sea a nivel nacional (exista o no una democracia) como internacional, y no tanto la manera en que se decidan, o si se prefiere, el camino que se siga para implantarlas.

            Avanzamos así hacia un Estado cada vez más totalitario, que no contento con la dictadura sanitaria que ha impuesto desde casi un año y medio y del colapso económico global que esto está produciendo, pretende también ir cercenando cada vez más y más libertades. ¿Hasta dónde llegará?

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

Madre siempre, madre solo hay una

«¿Por qué no deberíamos pelear por una palabra? ¿De qué sirven las palabras si no son lo suficientemente importantes como para pelear? La Iglesia y las herejías siempre solían pelear por las palabras, porque son las únicas cosas por las que vale la pena pelear» Gilbert Keith Chesterton

 

Es un hecho que toda persona es concebida a través de la unión de un espermatozoide y un óvulo, aportados por el padre y la madre respectivamente. Es un hecho que dos óvulos o dos espermatozoides no pueden unirse ni dar vida a absolutamente nada; un óvulo no puede convertirse en espermatozoide y viceversa. Es un hecho que un hombre no puede llevar una vida en su vientre, solo el cuerpo de la mujer esta estructurado para ello. Es un hecho que si usted nace mujer, morirá siendo mujer; si usted nace hombre así morirá y no hay nada que pueda cambiar ni transformar esa realidad objetiva.

Dicho lo anterior, es importante mencionar un artículo que el diario de circulación nacional “El Sol de México” publicó el 9 de mayo en relación al día de las madres. Como ya es habitual en este periódico al promover la ideología de género, el artículo fue titulado “Madre no, persona gestante sí”. Su contenido es la negación total de que solo la mujer puede concebir, es la afirmación falaz de que una mujer que se identifica como hombre y haga su “transición” para verse como hombre, es ya un hombre y puede gestar (pero obviamente nunca dejo de ser mujer), una sarta de mentiras que son un insulto a la inteligencia.

El caso presentado de Danna Sultana, un hombre que se percibe como “mujer con pene” y su pareja Esteban Landrau, una mujer colombiana que se percibe como hombre; ambos recibieron tratamiento hormonal sin llegar a la mutilación genital. Decidieron tener un bebé de forma natural, algo que es señalado como “él hombre que dio a luz”; se habla de que el embarazo y la maternidad se han “considerado” por mucho tiempo “cosa de mujeres”. Es en este punto que usted debe detenerse y ser consciente hechos objetivos:

Esteban es una mujer y su cuerpo esta estructurado para llevar una vida, por tanto fue posible su embarazo. Danna es un hombre, mismo que aporto los espermatozoides para hacer posible la vida. No existen las maternidades trans sino solo la maternidad, exclusividad de mujer. Independientemente de que alguien crea ser algo que no es, los cromosomas no mienten, la estructura ósea no miente. Este caso se promociono para demostrar que un hombre puede embarazarse, aunque demuestra justamente lo contrario: que solo la mujer puede llevar una vida en su vientre, que solo la mujer es madre y solo existe una maternidad.

Lo anterior no es una consideración, ni una imposición de la sociedad sino la realidad objetiva. No se niega la “maternidad trans” puesto que ésta no existe; los hombres no se embarazan. Usted ha de ser cauto cuando lea un simple artículo, cuando encienda el televisor para ver el noticiero o su serie de acción/drama favorito, cuando escuche un programa de radio. La ideología de género ha permeado en todos los medios de comunicación, en todos los niveles y en todas las estructuras. De suerte tal que la gente difícilmente cuestiona lo que le llega a través de los medios masivos de comunicación.

Quien dude del poder de las palabras debería saber lo nauseabundo de los textos cargados de ideología de género que promueven los mayores desórdenes morales que jamás hayan estado presentes en una sociedad. Lo mismo sucede con aquello que es bello, bueno y verdadero: lo maravilloso de un poema, la delicadeza de una carta que alimenta el alma, lo nutritivo de una lectura inteligente que nos abre los ojos o la importancia de un texto contenido en una ley que protege la vida en el vientre materno, el matrimonio y la familia.

Con nuestro actuar, cada día usted y yo trabajamos para instaurar el orden o el caos; abonamos al bienestar común o apoyamos la demolición de su familia y la mía, de la sociedad en su conjunto. Y solo hablamos de gramática…

El amor, la guerra gramatical y la homosexualidad

“Ser homosexual significa extender los parámetros del sexo, la sexualidad y la familia, y transformar el tejido mismo de la sociedad” Paula Ettelbrick

El 14 de febrero, el diario de circulación nacional “El Sol de México” publicó varios artículos referentes al día de San Valentín en el que uno de esos artículos hablaba sobre el «amor» entre hombres heterosexuales y «mujeres trans», es decir una relación de hombres con hombres. El hombre que vive como si fuera mujer narraba que «ellas» sufrían porque los hombres con los que se involucraban se avergonzaban de su relación y por tanto, era necesario que la sociedad normalizara las relaciones entre hombres heterosexuales y «mujeres trans» para que «ellas» se sintieran libres de prejuicios y seguras.

¿Qué es lo que está mal? Todo.

El amor no es un sentimiento sino un acto de la voluntad, acorde al amor unitivo entre hombre y mujer. El amor verdadero se da en la complementariedad de los sexos, en la apertura a la vida y las relaciones homosexuales son el repudio físico, emocional y sexual a esa complementariedad. El rechazo de la realidad, la falta de solidez y la consiguiente promiscuidad en que viven limitan también sus relaciones; no tienen la estabilidad propia de un matrimonio.

Un hombre ciego es un ciego, una prostituta es una prostituta y no una sexoservidora. Ahora bien, un hombre vestido de mujer sigue siendo hombre, un hombre con los genitales mutilados sigue siendo un hombre dado que el cambio de sexo no existe, usted nace hombre o mujer y así morirá. Por tanto, no puede hablarse de relación entre hombres heterosexuales y “mujeres trans” cuando es evidente que ambos son del sexo masculino. Dejar de llamar a las cosas por su nombre no solo significa mentir de manera flagrante, el objetivo es transformar todo lo que conocemos mediante las palabras. Estamos en una guerra gramatical en la que se están cambiando los conceptos de la naturaleza humana; todo ello desde el seno mismo de las leyes, hasta un simple artículo dominical.

No falta quien opine que no hay nada de malo en los actos homosexuales. Cabe señalar que ser comprensivos con los demás no implica mentirles sobre las consecuencias que conlleva una conducta desordenada. El argumento recurrente de “solo buscan el amor”, no es verdad. Con el pretexto del “amor” los que impulsan la ideología de género exigen que la sociedad “normalice” las relaciones homosexuales intrínsecamente desordenadas; más tarde demandan el derecho al matrimonio buscando su redefinición y posterior destrucción mediante legislaciones absurdas; después reclaman su “derecho” a formar una familia y como es obvio que no pueden hacerlo de manera natural, exigen tenerla mediante la adopción de niños, la fertilización in vitro y los vientres de alquiler; hablamos de la destrucción total de la familia y la manipulación de la vida humana.

Y todo ello para que se sientan “aceptados”; aluden a un sentimiento destruyéndolo todo. Pero no hace falta más que sentido común: Si un hombre dice que tiene que estar con más mujeres además de su esposa para sentirse pleno ¿Usted va a exigir que se normalice el adulterio? Si un pedófilo dice que para sentirse amado deben dejarle abusar de los niños ¿Usted va a ayudarle a que lo logre? Bien, lo mismo sucede con los que practican la homosexualidad, su bienestar no radica en que se vistan como mujeres, se mutilen los genitales, se les acepte en las competencias deportivas y del espectáculo de mujeres, se le llame matrimonio a sus uniones, etc. Su bienestar radica en aceptar el sexo con el que han nacido, ordenar sus afectos y vivir a plenitud.

La sociedad no debe normalizar algo que es de suyo desordenado, menos aún presentarlo como lícito so pretexto de tratar en igualdad algo que no lo es. Estimado lector, jamás se atreva a enseñar tales mentiras a un niño porque gran parte de la estupidez mental en que vemos sumidos a no pocos adolescentes y jóvenes que defienden conductas desordenadas proviene de lo que han aprendido en su hogar, en sus aulas, con los amigos, en internet. Tenemos el deber insoslayable de no enseñarles que los actos homosexuales, la pedofilia, la violación, la prostitución, la pornografía, el adulterio y el aborto sean moralmente lícitos y buenos. El amor no está presente en ninguno de esos actos, antes bien, matan, denigran y hieren profundamente al ser humano.

Llamar a las cosas por su nombre es visto como una fobia a algo o a alguien, no lo crea en absoluto. Hable con base a la realidad y a la verdad. Gilbert Keith Chesterton lo advertía el siglo pasado: “Llegará el día en que será preciso desenvainar una espada por afirmar que el pasto es verde”

Henos aquí, deseo que libre usted la mejor de sus batallas…

Joseph Biden y su estrella que comienza a “brillar”

Los primeros cien días en el mandato de todo presidente son una referente sobre lo que hará durante su administración. Lo anterior tuvo su origen durante el gobierno de Franklin D. Roosevelt quien aprobó 15 proyectos de gran relevancia en poco tiempo. Sin embargo a veces solo necesita unos cuántos días para demostrarlo. Tal es el caso del actual presidente de los EEUU, Joshep Biden que en su toma de protesta, pronunció un discurso inaugural llamando a la “unidad” y firmó 17 órdenes ejecutivas en su primer día de mandato.

Entre lo más relevantes, ha ordenado detener todas las deportaciones de inmigrantes durante 100 días; detener la construcción del muro en su frontera sur; fortalecer la protección a los llamados soñadores (jóvenes que entraron ilegalmente en EEUU siendo niños en compañía de sus padres); modificar la gestión de la pandemia; evitar la salida de la OMS; reincorporar a EEUU en el Acuerdo de París, así como evitar la discriminación en el puesto de trabajo en función de la “orientación sexual” o “identidad de género”.

El Acuerdo de París, más allá de un supuesto combate al cambio climático, establece que los países promoverán la “igualdad de género” y el “empoderamiento de la mujer”, promueve el aborto y la anticoncepción a través de los términos “salud sexual y reproductiva” y los “derechos reproductivos”. Donald Trump adujo en su momento que dicho acuerdo traía problemas al desarrollo económico de su nación, dada la enormidad de recursos que se destinarían para el “combate al cambio climático”.

Cabe recordar que en sus primeros días, Donald Trump cortó fondos a la multinacional del aborto Planned Parenthood, con la restauración de la llamada Política de Ciudad de México y la Enmienda Hyde. Ante las preguntas de la prensa respecto a la posición de Joshep Biden sobre estas medidas contra el aborto, Jen Psaki respondió: “Creo que tendremos más que decir de la Política de Ciudad de México en los próximos días. Pero aprovecharé la oportunidad para recordarles que (Biden) es un católico devoto. Comenzó el día asistiendo a la iglesia con su familia”.

Los medios de comunicación e incontables analistas afirman que Donald Trump polarizo a la sociedad de EEUU, mientras que Joshep Biden llama a la unidad, pero ¿en qué sentido esto es cierto? Mientras el primero sin ser católico tomo medidas que protegían la vida del no nato en el mundo; el segundo es abiertamente abortista contraviniendo la enseñanza de la Iglesia Católica. Pero ¿Qué más da si es abortista mientras “proteja” nuevamente a los migrantes? Joshep Biden se enfocó prácticamente en aquellos temas que al grueso de católicos progresistas o estultos gusta sin molestarse en ver más allá: migración, muro fronterizo, cambio climático, cortesía, “unidad” etcétera.

No era casualidad cuando afirmo lo siguiente sobre la administración de Donald Trump: “Tendremos la enorme tarea de reparar el daño que él ha hecho”. Solo espero que a estas alturas muchos se den cuenta del “daño” al que se refiere el actual presidente de los EEUU: el aborto es un negociado a nivel mundial. Cuando escuche decir que su administración ha sido la “peor” deténgase un momento al menos para discernir. Desde luego, esto también nos lleva a conocer a muchos:

¿Cuántos católicos aplauden ahora a Joshep Biden por medidas “a favor» de los migrantes, desconociendo o sabiendo (e importándoles muy poco) todo lo que hará respecto al asesinato en el vientre materno e ideología de género? Incluso lo llaman el segundo presidente católico de EEUU y aplauden su llamado a la “unidad”.

¿Cuántos católicos odiaron a Donald Trump por el tema de los migrantes y el muro fronterizo importándoles un bledo las acciones a favor de la vida del no nato a nivel mundial?

Poco importo que Donald Trump no iniciará ninguna guerra; no le perdonan que hiciera la guerra la gigante del aborto y de pronto nos recordara cuáles debieran ser las prioridades de un católico. Todos ansiamos la unidad en nuestras naciones, la pregunta es ¿A qué costo? ¿Valen más las remesas y un “insultante” muro fronterizo que la vida del no nato? Tenga claro que en todo hay jerarquías (más no exclusiones) y la protección de la vida en el vientre materno ocupa el primer lugar de todos.

No han faltado comunicadores diciendo que la estrella de Joshep Biden comienza a brillar mientras que la de Donald Trump se apaga, ¿De verdad? ¿Así de absurdos somos? ¿Cómo es posible que un político católico y abiertamente abortista haya llegado a la presidencia? No se trata de idolatrar a nadie, de antipatías o simpatías; sino simplemente de ver en su justa dimensión a quién tenemos por presidente, porque es un fiel reflejo de los ciudadanos que hay en una nación…

Nuevamente sobre la educación sexual integral

Mientras todo el mundo está preocupado por los avances de la actual pandemia, el confinamiento forzado al que se nos ha obligado por su causa, o a la grave crisis económica ya presente y sobre todo futura como resultado de todo lo anterior, diversos proyectos de ley, de alto y polémico contenido valórico, siguen avanzando sigilosamente en el Congreso. En este sentido, el actual inmovilismo que afecta a nuestras sociedades, ha venido como anillo al dedo para los partidarios de estos proyectos, puesto que la ciudadanía no puede expresar su malestar como en tiempos normales, o al menos, generar la legítima y pacífica presión que es de la esencia de cualquier verdadera democracia.

            Según se comentaba en nuestra columna anterior, el proyecto de Educación Sexual Integral (ESI) busca que se imponga de manera global y al margen del querer de los padres, una determinada forma de entender la sexualidad a nuestros niños, desde la más tierna infancia. De esta manera, además de sexualizarlos de forma casi patológica, de aprobarse este proyecto, surgirán muchísimos problemas, tanto entre los padres y el Estado por medio de las entidades educacionales, como entre estos padres y sus propios hijos, pues como se ha dicho, se pretende adoctrinarlos de acuerdo a la perspectiva de género, de acuerdo a la cual, la sexualidad es una realidad completamente plástica y cambiable. Y sobre esta base impuesta, se buscará otorgarles una completa libertad y autonomía para llevarla a la práctica.

            Así, solo por poner algunos problemas sobre la mesa, ¿se imagina alguien las consecuencias que podría tener para las próximas generaciones el haber sido empujado a dar rienda suelta con su sexualidad desde párvulo y experimentar con ella a más no poder, probando todas las formas posibles a su respecto? ¿Existe algún estudio que advierta sobre las posibles secuelas que lo anterior podría tener para nuestros niños, secuelas que sin duda los afectarán durante toda su vida? O para mencionar problemas más concretos y medibles, ¿se imagina alguien la proliferación de enfermedades de transmisión sexual que podría producirse, fruto de forzar a ejercer una sexualidad sin límites? ¿O los abusos de que podrían ser objeto los niños, al postular su tempranísima “autonomía progresiva” en este ámbito?

            Lo anterior, sin perjuicio de la delicada pregunta de si el Estado tiene realmente el derecho de imponer su visión en esta materia, haciendo tabula rasa con las concepciones y la libertad de los padres. Ello, pues lo anterior equivale a un auténtico secuestro de nuestros niños, cuya formación pasa a depender casi exclusivamente del Estado. Más, ¿por qué habría que preferir a un funcionario público en vez de la familia natural para la formación de nuestros niños y jóvenes? ¿Es que los padres van a perder la tuición de sus propios hijos si no están de acuerdo con estas políticas? Incluso, ¿tienen los padres alguna función respecto de sus hijos o solo deben comportarse como obedientes borregos en lo que a su formación atañe, según los dictados del Estado?

            En fin, las preguntas e inquietudes pueden seguir acumulándose hasta el infinito. Sin embargo, un aspecto que pocas veces se señala, es que parece absolutamente contradictoria una legislación totalitaria como esta, dentro de un sistema democrático. De ahí que surjan razonables dudas de si realmente seguimos viviendo en un régimen semejante.

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

Los medios de comunicación, la libertad y el discernimiento

“Ningún hombre sano y constructivo puede aceptar que la verdad y el error sean indiferentes y tengan iguales derechos” Alfonso Junco

El cine, la televisión y la radio son poderosos medios de comunicación. A través de ellos se hace llegar a las masas un mensaje y la propaganda que deseemos.

Si bien hoy tenemos una amplia gama de opciones tales como los portales en internet de películas y música, conectarnos a una inmensa cantidad de emisoras en todo el mundo; la televisión, el cine y la radio convencionales, siguen teniendo su impacto en la vida hogareña. Si el mensaje que se transmite es todo menos limpio, los medios deberán manipular la forma en que lo presentan para que permeé en nosotros.

Llegamos a un punto importante: en la difusión de series, películas, programas y música, se alega la libertad de expresión para justificar el que una producción lleve consigo un mensaje dañino. Programas tipo “Como dice el dicho” no solo promociona el estilo de vida homosexual, también promociona las relaciones sexuales fuera del matrimonio o el adulterio. Programas que no hubiéramos pensado que verían la luz del día, hoy son transmitidos en horario familiar. ¿Qué deberíamos hacer? ¿Bastaría con cambiarle de canal?

Aún los bien intencionados podrán afirmar con vehemencia, una y otra vez que cada quien es “libre de ver lo que quiera”, que no somos nadie para imponer a otros nuestras creencias y gustos, etc. Esa forma de pensar es lo que más desean los medios que promueven el homosexualismo, la ideología de género y el aborto en el mundo: que cerremos la boca y volteemos hacia otro lado para que el producto llegué a las masas. Solo así seremos considerados como “amables y respetuosos”.

Pero usted simplemente no se quedaría tranquilo si alguien le ofreciera a un niño un plato con estiércol a la derecha y un plato con ensalada de frutas a la izquierda. Entonces ¿por qué mirar hacia otro lado cuando les presentan a su hijo y a los hijos de otros, conductas desordenadas como si fueran buenas? Afirmar que el estilo de vida homosexual es dañino al individuo como a la sociedad en su conjunto no es intolerancia u homofobia, es un hecho.

Los productores de tales programas no solamente pretenden que aceptemos los actos homosexuales, sino que los respaldemos, so pena de acusarnos de intolerantes u homofóbicos; irónicamente ellos no toleran ningún disenso. Entonces ¿dónde está la supuesta libertad de la que hablan? Es inexistente; hablamos de una dictadura del relativismo. Y caemos en un relativismo moral al pensar que aquello que está bien y mal es algo que cada persona determina por sí misma.

Tenga presente que lo que hace que un programa sea bueno o malo no es la opinión de la gente; lo hace bueno o malo si promueve los valores, o si por el contrario, los vulnera. Nuestro deber es sin duda alguna, denunciar tales programas a la execración común, no por odio –como algunos fautores argumentaran- sino por el bien común. Sencillamente no se le puede enseñar a nadie –especialmente a niños y adolescentes- que los actos homosexuales sean moralmente lícitos.

Desde luego ha de respetarse a aquellos que practican la homosexualidad, haciéndoles ver las consecuencias de tales actos que niegan la diferencia y complementariedad existente entre un hombre y una mujer. En ese orden, la difusión de programas mostrando la practica homosexual como algo bueno y plausible es el mayor timo a la sociedad. Conformarse con cambiar de canal solo es aplicable entre programas limpios, sean de su agrado o no, pero jamás entre programas que promueven los valores y otros que promueven conductas desordenadas. 

Pretender buscar el bien común opinando al mismo tiempo que cada quien haga lo que quiera en aras de una libertad mal entendida, no es en absoluto querer el bien de otros, sino asumir una actitud cómoda cuando vemos cómo se intenta derrumbar a la familia. La razón por la que la ideología de género ha avasallado es precisamente porque hemos guardado silencio y lo hemos hecho tan bien que aseguramos que lo bueno y lo malo tiene el mismo derecho y deber de exhibirse ante la sociedad.

Pero uno simplemente no aseguraría jamás que da lo mismo comer una ensalada de frutas que estiércol… ¿no le parece?

ESI: Educación sexual integral

Casi como impulsado por un frenesí obsesivo, ha seguido avanzando en el congreso el polémico proyecto de Ley de Educación Sexual Integral (ESI), que busca, como su nombre indica, incluir este tema en la formación de nuestros niños desde la más tierna infancia.

            Además de darse a momentos la impresión que para sus promotores, esta fuera la primera y más urgente necesidad de los menores –a una edad en que están claramente interesados en otras cosas–, lo que produce verdadera indignación, es el sentido u orientación que pretende darse a esta mal llamada “educación”, al punto que en no pocos casos, podría hablarse directamente de corrupción de menores.

            En efecto, incentivar a la fuerza la sexualidad en nuestros niños y niñas casi desde que abren los ojos a este mundo, no sólo busca adelantar artificialmente un proceso que despertará años después, sino además, implica, literalmente, robarles su niñez e inocencia.

            Por otro lado, se habla insistentemente que gracias a esta nefasta legislación, los menores estarían en condiciones de reclamar “sus” derechos “sexuales y reproductivos”, lo cual no puede menos que llamar la atención, ya que hasta donde todo el mundo sabe, antes de la pubertad, los niños y niñas no pueden reproducirse.

            Pero además, el proyecto ESI va de la mano de otras ideas, como el controvertido concepto de “autonomía progresiva”, que en el fondo, pretende privar a los padres de su legítimo e irrenunciable derecho a criar y educar a sus hijos de acuerdo a sus propias convicciones. Por tanto, todo este proceso equivale a una especie de “expropiación” de nuestros niños. Sin embargo, de manera más profunda, muestra que algunos legisladores confían más en el Estado que en los padres, y estiman que a través de sus funcionarios, organismos y reglas, este Estado cuidará mejor a los menores que sus propios progenitores.

            De esta manera, se pretende que los menores tengan una autonomía absoluta en relación a su sexualidad (autonomía que curiosamente, no les permite impedir ser adoctrinados de forma dictatorial por el Estado en esta materia), lo que incide, entre otras polémicas y peligrosas cosas, en la edad necesaria para el consentimiento sexual. Así, se busca por vía legal, homologar en este asunto a menores y adultos, con lo cual no hay que ser demasiado suspicaz para darse cuenta del enorme campo que surge para el abuso a su respecto. Ello, pues por mucho que la ley pretenda imponer una ficción (es decir, algo que no es cierto), en este caso, la madurez del menor en esta materia, los adultos tendrán una enorme ventaja en este escenario. Incluso abre las puertas a la pedofilia, justificada aquí por la decisión supuestamente libre y madura del menor.

            Evidentemente, siempre pueden sacarse a colación ejemplos dramáticos de progenitores desalmados y de menores en situaciones inaceptables. Mas, si se van a buscar casos límite para justificar esta inadmisible ley, convendría indagar en cómo le ha ido a las instituciones del Estado en su labor subsidiaria de formar a nuestros niños, las que como se sabe, se encuentran en un proceso de profunda revisión, dado el verdadero infierno que se vivía en su interior. Por tanto, llegado el momento de comparar, el Estado sale perdiendo sin apelación posible. ¿Le entregaremos así algo tan preciado como nuestros niños?

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

Una madre y “muchas madres”…

 “Llegara el día en que será preciso desenvainar una espada por afirmar que el pasto es verde” Gilbert Keith Chesterton

Recientemente en el día de las madres, en conferencia de prensa, el Dr. Hugo López Gattell Ramírez, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud presento un vídeo titulado “Muchas madres” compartido por Nadine Gasman, producido por Inmujeres.

A este respecto, conviene hacer algunas observaciones:

El video tendencioso trata de ganarse la simpatía de mujeres incautas al hacerles creer que la felicitación del 10 de mayo solo es para aquellas madres perfectas que son el estereotipo inalcanzable de la sociedad: falaz mentira. Cuando felicitamos a alguien no es porque sea perfecto; una felicitación no depende de ese modelo; los felicitamos por el afecto, la estima o admiración que les tenemos, con sus yerros y aciertos. Al tratarse de nuestra madre es natural hacerlo por amor a aquella mujer que nos ha dado la vida.

Cuando dicen “Muchas madres” no hablan de las madres de Suecia, de Madrid o de San Petersburgo o la suma de todas ellas; “diversas formas” no se refiere a las habilidades que cada una desarrolla en su maternidad o a su forma de ser; no. “Muchas madres” y “diversos tipos de madre” se refiere a los modelos que están imponiendo a la sociedad mediante la ideología de género: situaciones múltiples en las que sea lo mismo una mujer-madre a un hombre vestido de mujer, queriendo ocupar el lugar de una madre.

Aquello de “Muchas madres” va de la mano con “tipos de familia”, términos que buscan hacer del concepto de madre y de familia algo tan elástico que termine por destruirse. No les importa que haya muchas madres, sino que no haya ninguna. ¿Le parece absurdo? Vea lo que ha sucedido con el matrimonio que ha sido despedazado y reducido a la nada: a la unión entre personas del mismo sexo, le siguió el “matrimonio igualitario”, luego la poligamia, después exigir la unión entre personas y animales y la legalización de la pedofilia; al matrimonio se le disuelve mediante el divorcio exprés.

Diré que jamás he estado de acuerdo con aquella frase que es la bandera de las mamás solteras: “mujeres que son padre y madre al mismo tiempo”. Naturalmente es de alabar el sacar adelante a los hijos a pesar de hallarse solas. Sin embargo suponer o asegurar que se puede sustituir al padre o a la madre, es por decir lo menos, irresponsable. Padre y madre son insustituibles, pues cada uno de ellos aporta cualidades distintas al hijo. En ese orden, dos mujeres no hacen un padre y dos hombres no hacen una madre. Un hombre vestido de mujer, incluso con genitales mutilados, no es una madre.

Ahora bien, es menester hacer una diferencia entre una madre con defectos y virtudes, que está tratando de formar a sus hijos lo mejor posible a pesar de las adversidades, a una madre desobligada con su familia y que lo ha tomado como un hábito (no se sorprenda, lo mismo aplica para el padre). Pero es muy conveniente para la campaña de la ideología de género el que usted piense que es válido homologar tales situaciones. Pero ¡Todos cometemos errores! Desde luego, nadie es perfecto, sin embargo hay una diferencia abismal entre tener yerros y convertir éstos en una forma de vida.

Por otro lado, pareciera que cometieron un error al haber dicho en el vídeo “tú que decidiste abortar”, admitiendo con ello que la mujer embarazada ya es madre. Lejos de ser un error, es a mí parecer, el siguiente paso en la batalla del aborto: de negar la vida en el vientre materno, de no llamarle como era debido usando el término “derecho a decidir”, han pasado a no sentir vergüenza por promover un asesinato y normalizar su uso en la sociedad llamándole con todas sus letras. Buscan hacer del aborto una opción más, como el tener o no un sobrino o un perro. Cuanto más rápido la mujer deje de tener consciencia sobre la vida que lleva en sus entrañas, valiéndose del lenguaje, más pronto avanzará el aborto.

¿Y sabe que argumentan todos los que promueven la destrucción del matrimonio, de la familia, de los padres y la vida en el vientre materno?: que lo hacen por “amor”. Sin embargo, estimado lector, usted y yo sabemos que el amor del que hablan está muy lejos de ser el amor ágape muy propio de las hermosas madres. Por ello es tan peligroso llamar a cualquier cosa amor.

No se deje llevar por el mensaje contenido en dicho vídeo, pretenden que usted empatice con las situaciones expuestas, sin importar si son válidas o en detrimento de la mujer y madre. Solo no olvide una verdad fundamental: lo único que puede destruir a la ideología de género es la existencia de la familia, padre, madre e hijos. Gilbert Keith Chesterton decía que  la cosa más extraordinaria del mundo es un hombre común, su mujer común y sus hijos comunes. Así es y no solo su existencia misma sino que la gente entendamos que la familia y cada uno de sus integrantes es insustituible.

Tenga por seguro esto: no hay “muchas madres” sino una madre…

No paro ante el Caballo de Troya

Un paro detiene algo. Detener el desarrollo de algo para demostrar algo, es lo que se busca en el del próximo nueve de marzo. Parar la economía que producimos las mujeres. Con el propósito de que se sienta nuestra ausencia asemejándola a que si todas fuéramos asesinadas, el motor económico se desaceleraría.

Si bien es cierto, no es necesario esta simulación para entenderlo, basta con ver las cifras económicas y comprender que efectivamente las mujeres somos parte importante del PIB nacional. Y también es preciso notar que muchas tienen salarios inferiores por trabajos iguales a los de sus homólogos hombres. Este tema es puramente económico y se debe de tratar justamente desde esa disciplina. No es un asunto de discriminación, sino de costo beneficio que desde hace décadas debió de haber solventado la industria y el gobierno a través de políticas públicas que faciliten una verdadera conciliación entre el trabajo y la familia.

Pero por otro lado, continuando con el paro, el nueve se está realizando para detener la ola de asesinatos a mujeres que ha ido en aumento. Este incremento se relaciona directamente con la escasez de políticas públicas que atiendan, castiguen y prevengan, por ejemplo, la violencia en la pareja o para erradicar la discriminación por sexo que persiste en distintos espacios.

Hay una desigualdad natural entre varones y mujeres en el mercado laboral no sólo salarial sino también de costumbres, pues siguen existiendo ejemplos machistas que resultan adversos para la mujer como cuando se reúnen para cerrar negocios en tugurios de  bailarinas eróticas.

Asimismo, existe una crisis de seguridad más amplia, se requieren políticas que garanticen un control efectivo de armas; que impulsen la desmilitarización de la seguridad pública; y que fortalezcan a las instituciones civiles para que realmente sean capaces de responder a la violencia de manera inteligente, focalizada, transparente y justa, desde lo local y de la mano de la comunidad.

El paro no está proponiendo nada para revertir lo antes mencionado, por el contrario está queriendo detener los llamados “feminicidios” que dada su ambigüedad en la definición, la mayoría de la población considera que el asesinato de una mujer implica automáticamente un “feminicidio”. No obstante se ha querido definir que se relaciona con que el asesino sea varón y que mate a una mujer por el hecho de ser mujer (lo cual es muy complicado demostrar) sin embargo las estadísticas han arrojado datos interesantes: en 17 años por cada 100 mil habitantes se registraron en el año 2000, 19.8 asesinatos de hombres contra 2.6 de mujeres y en el 2017, 45.8 asesinatos de hombres contra 5.2 de mujeres por cada 100 mil habitantes. Y a su vez no podemos descartar el número de abortos que se realizan anualmente en nuestro país.

Es necesario incluir a la tasa de homicidios esta escalofriante cifra, en México hay más de 1 millón de abortos al año y si la tasa de abortos en México es tan elevada es porque más de la mitad del total de los embarazos son no planeados (es decir un millón 900 mil) de los cuales 54 por ciento terminan en un aborto inducido, 34 por ciento resultan en un nacimiento no planeado y 12 por ciento corresponde al aborto espontáneo.

Mujeres que se sienten abandonadas por su pareja y por la sociedad llegan a tomar la decisión de abortar, lo cual es un tipo de violencia sigilosa que no se quiere ver a simple vista.

El “feminicidio” es evidente, en promedio nacemos más mujeres que hombres lo que nos lleva a deducir que ha habido entonces más muertes de mujeres que hombres aunque haya sido antes de nacer. Muertes perpetradas por mujeres hacia un gran número de mujercitas. ¿Cómo tendría entonces que llamarse a este asesinato? ¿Infanticidio femenizado?

Vemos que el problema no es en sí el caso de Fátima, Ingrid, o quien haya sido vilmente asesinada, el problema radica en la raíz. La promiscuidad, la falta de compromiso real en las parejas,  las condiciones de pobreza y la vivienda que no es apta para un sano desarrollo psicológico aunado a la impunidad que hace pensar que es fácil matar y nadie te castiga, son los principales disparadores de la violencia en contra de la mujer.  El alcoholismo y la drogadicción que muchas personas padecen para evadir esa realidad, conlleva a la descomposición social actual. Aunado al consumo desmedido de pornografía que vuelve a la mujer en objeto sexual de dominio.  Asimismo, a la militarización y falta de control de armas que hay en México.

El paro del nueve es el resultado del hartazgo que legitima, cierto, la lucha por la justicia, pero no tiene un objetivo claro y específico que busque componer el tejido social. Más bien lo han replicado de movimientos similares llevados a cabo en Estados Unidos “Day without woman” auspiciado por ONG’s que buscan a partir del lamentable hecho comentado en este escrito, continuar gradualmente imponiendo el aborto como un derecho más de la mujer.

Se dice que la agrupación “Las Brujas del Mar” comenzó a darle vida al paro en México para llegar a movilizar las redes sociales y polarizar a la sociedad. En especial a las mujeres que apoyan la vida desde el vientre materno, pero que condenan la violencia femenina.

Muchos se están aprovechando de la situación de podredumbre, para sus fines perversos construyendo un Caballo de Troya que sin duda le costará a la sociedad. Pues a pesar de que el común denominador sea la defensa de la mujer, cohabitar con grupos de choque que ya han demostrado su violencia y furia contra las instituciones que funcionan, como el matrimonio y la familia o la figura de la maternidad, así como en contra de las iglesias, es delicado.

Potenciará el movimiento que busca demostrar que la mujer es víctima del hombre y que la igualdad implica ser como el hombre, entonces el aborto pertenece a la misma premisa, para que se dé en la lógica del feminismo revolucionario.

Si piensas participar, sugiero que te sirvas del movimiento para alzar la voz por las mujeres que no tienen voz. Que son las niñas que están por nacer y vistas de azul, pero que asumas las consecuencias cuando en su pliego petitorio, las organizadoras exijan aborto libre y seguro en México.

Hay que luchar por México, porque no haya más asesinatos, y que nadie quede impune. Luchar por una policía competente con salarios justos. Control de armas y ataque frontal al narcotráfico con estrategias de calidad.

Programas integrales para que las familias se solidifiquen, se acote la brecha de pobreza, campañas que prevengan y asistan las adicciones y reformas para regular la pornografía y su consumo.

Que no haya más Fátimas, Norbertos, Ximenas, universitarios muertos por la violencia. Que no haya más mexicanos inocentes asesinados en México. Que no haya más muertes violentas de hombres y mujeres.

Triste, ciertamente, México sangra pero sin objetivos claros, la marcha y el paro pueden resultar contraproducentes al  empoderar con tu presencia a las arquitectas del Caballo que está por envestir a las instituciones. Por eso no paro para seguir trabajando por México.

Nos leemos pronto para no quedarnos atrás y ver hacia delante.

El feminicidio

“Quien adopta el lenguaje soez del enemigo se rinde sin saberlo». Nicolás Gómez Dávila

El pasado 10 de febrero amanecíamos con la noticia de que se había perpetrado el asesinato de la joven Ingrid Escamilla de 25 años. El caso ha conmocionado a la sociedad mexicana; no era para menos, fue llevado a cabo con especial saña y violencia por su esposo. Medios de comunicación difundieron imágenes de la joven fallecida que causaron inmediata indignación, exigiendo su retiro, difundiendo en su lugar fotos de ella en vida.

Al mirar las noticias, las redes sociales y el uso del término feminicidio, uno se da cuenta de cómo es que el lenguaje juega un papel fundamental ya que éste término no es más que un artilugio que ha usado el feminismo para hacer creer a la sociedad que se mata a las mujeres por el simple hecho de ser mujeres; “¡Nos están matando!” afirman. Pero a hombres y mujeres no se les mata por ser de uno u otro sexo en particular; se les mata por hechos específicos: por ajuste de cuentas, una discusión acalorada, narcotráfico, asalto, venganza o revancha, infidelidad conyugal, estafa, asalto, extorsión, dinero, tráfico de órganos, pleito de herencia, divorcio, custodia parcial o absoluta de los hijos, étc.

Ahora bien, a esa realidad corresponde un término específico: Homicidio. Del latín homicidium Homo, hóminis, hombre y cf. *cáedere (matar): Muerte causada a una persona por otra. Es importante entender que se refiere al hombre como género humano, sin distinción de sexo. Pero ¿Qué más da el término que usemos? Importa y mucho; nos encontramos ante todo en una guerra de palabras; la ideología de género distorsiona el lenguaje para lograr sus objetivos, para impulsar agendas políticas, impulsar leyes en detrimento de la familia, para crear el espejismo de protección cómo el feminicidio, logrando una ruptura en el tejido social.

El uso de la palabra feminicidio es absurdo; debe entenderse que ya existe un delito básico que es el homicidio, el cual considera agravantes en ciertos casos, razón por la cual no hay necesidad de hacer una distinción. Con su uso se asientan en la ley ficciones jurídicas y con ello efectos jurídicos sobre algo que no existe. En otras palabras, se legisla sobre percepciones subjetivas en lugar de hacerlo sobre hechos.

Puede estar seguro de que las palabras no se quedan ahí simplemente. Cambian el sentido de las cosas, las redefinen y consiguen que la gente apruebe lo que jamás hubiera imaginado. Por ejemplo, uno los logros de la ideología de género y el feminismo es llamar al aborto “interrupción legal del embarazo”; llamar “salud sexual y reproductiva” a la promoción de anticonceptivos y aborto; “cambio de sexo” a la mutilación de genitales; “trabajadoras sexuales” a las prostitutas; “diversas formas de familia” en lugar de familia; “progenitor 1 y 2” en lugar de padre y madre; “género” en lugar de sexo, “feminicidio” al homicidio de mujeres “por ser mujeres”.

El término aparece en todos lados, desgraciadamente se ha vuelto de uso común incluso entre algunos provida y portales católicos; ello nos da una idea de hasta dónde se ha infiltrado la ideología de género. No solo la violencia causa daño, el lenguaje es otro modo de destrucción porque se polariza a la sociedad, se le divide y más tarde se le destruye. Limpiemos el lenguaje, expresémonos debidamente.

Porque, cuando llamamos a las cosas por su nombre, de forma correcta, le restamos fuerza a la destructiva ideología de género y al feminismo lacerante. El futuro de la familia y de la sociedad depende de la lucha que usted libre hoy…

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