El socialismo: ¿”un paraíso terrenal”?

Es indudable que en nuestro país se está construyendo un “socialismo a la mexicana” con todas sus consecuencias. ¿Pero qué es el Socialismo? ¿Cómo ha evolucionado a lo largo de la historia?

En sus orígenes el Socialismo prometía un mundo de armonía y abundancia. Compartiendo la propiedad y realizando una distribución de forma equitativa. Esta teoría se propagó rápidamente por Europa y Estados Unidos. Planteando una utopía sobre un supuesto “Paraíso Terrenal”. Lo que a la postre, Karl Marx lo denominó “El Paraíso Rojo”. Existía la fe en progreso humano sin límites, fundamentado en la ciencia y el pensamiento racional y dejando fuera a la Religión.

Desde principios del siglo XIX, un empresario, filántropo y teórico socialista inglés, Robert Owen (1771-1858), quien fue considerado el padre del socialismo, difundió sus novedosas ideas, primero en su fábrica en Escocia y, luego, en 1828 en la Unión Americana donde fundó una colonia, “New Harmony” (Indiana), en la que pretendió concretar su experimento social basado en el cooperativismo y la fraternidad humana. Pero ese proyecto terminó fracasando rotundamente.

Sin embargo, su pensamiento influyó en Fiedrich Engels (1820-1895) filósofo, periodista y revolucionario alemán y otros filósofos franceses y alemanes. Engels publicaba un periódico donde difundía, a través de sus artículos, sus teorías socialistas. Karl Marx (1818-1883) filósofo y periodista alemán, se identificó de inmediato con Engels, entró en contacto con él y se hicieron amigos. Al punto que económicamente lo sostenía, le animó redactar su doctrina y le patrocinó la publicación del libro “El Capital” (primera parte). Tanto Engels como Marx desarrollaron el socialismo científico y el comunismo moderno porque coincidían en la doctrina de la alienación de la clase obrera, de la lucha de clases y la concepción materialista de la historia. En coautoría publicaron “El Manifiesto Comunista” que tuvo especial resonancia en Europa.

Esas ideas fueron calando en algunos intelectuales y líderes políticos, como Vladimir Lenin (1870-1924) revolucionario, teórico político, filósofo y líder comunista ruso. Pero detengámonos en el caso de Rusia por su particular trascendencia mundial. Por esos años, gobernaba en Rusia, el Zar Nicolás II (1868-1918), el último Emperador. Pero su desempeño político fue desafortunado tanto en el manejo de la  la economía como de la milicia. Empujó a su país a combatir en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) pero el ejército no contaba con la preparación adecuada ni con las armas modernas para derrotar a los alemanes. Reinaba en Rusia un clima de descontento generalizado hacia el Zar. Esta situación la supo aprovechar Lenin y en octubre de 1917 inició la revolución bolchevique en la que el Zar se vio obligado a dimitir. Pronto el Zar y toda su familia murieron fusilados.

Quedó al frente del Gobierno Provisional, Alejandro Kerensky. Pero en poco tiempo, Lenin se hizo con el poder total y gobernó desde 1917 a 1924. Aplicó a Rusia la doctrina de Karl Marx y fue lo que se llamó “el marxismo-leninismo”. Lenin gobernó con mano férrea para poder preservarse en el poder y con la ayuda de León Trosky y José Stalin lograron establecer un gobierno comunista. Así la revolución de fue extendiendo por muchos otros territorios vecinos. Constituyendo lo que posteriormente se denominaría como la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas de 1922 a 1991.

A la muerte de Lenin, le sustituyó José Stalin creando un gobierno del terror en el que murieron asesinadas más de 20 millones de personas. Muchos fueron a parar a cárceles inhumanas denominadas “Gulags”. Al término de la II Guerra Mundial (de 1945 a 1991), el Comunismo se extendió por Europa Central y del Este, y comenzó la llamada “Guerra Fría” contra Estados Unidos.

La consigna de Lenin era extender el comunismo por todo el orbe. Así tenemos los casos de China con Mao Tse Tung (Maoísmo), en Cuba con Fidel Castro, en Chile con Salvador Allende (1970-1973), en Nicaragua con Daniel Ortega, en Venezuela con Hugo Chávez y Nicolás Maduro (el “Chavismo”).

Pero el Comunismo en la U.R.S.S. se desmanteló ante el clamor popular de los rusos pidiendo libertad y respeto a los derechos humanos. Durante el gobierno de Mijail Gorvachov proclamó la “Perestroika” y la “Glasnot” (transparencia) para lograr tener una mayor apertura hacia los países del bloque occidental.

Su sucesor, Boris Yeltsin se encargó de prohibir el Partido Comunista en Rusia y proclamar la autonomía e independencia de cada República. A partir de entonces, en Rusia y las otras repúblicas se respiraron nuevos aires de libertad y se han dedicado a impulsar su propia economía, con un sorprendente desarrollo y alto nivel de vida. El actual Presidente de Rusia Vladimir Putin ha impulsado el desarrollo económico y las libertades ciudadanas en este sufrido país, aunque se le acuse de ser un gobernante que se ha perpetuado en el poder. Fundamentalmente es criticado por los Estados Unidos por no someterse a su influencia y mantener su autonomía propia. Putin no ha permitido que se introduzca el “capitalismo salvaje” ni la ideología de género ni la pornografía ni los antivalores a través de la educación y los medios de comunicación.

Recibió gran influencia ideológica del escritor ruso Solzhenitsyn, Premio Nobel de Literatura 1970, quien le recomendó conservar los valores tradicionales y multiseculares de Rusia y no permitir que se vea influenciada por la innegable decadencia de Occidente.

En la U.R.S.S. la economía estatizada estaba prácticamente paralizada. Era como un “cadáver que había que enterrar”, en frase de Aleksandr Solzhenitsyn. Aquel “Paraíso Rojo” socialista, concebido por Marx y Lenin, había fracasado estrepitosamente. Esto es lo que le espera al “socialismo a la mexicana”.

El totalitarismo destructor de la familia

Por: Alejandra Diener

El totalitarismo es un término que nos lleva a pensar en un todo, pero imperfecto. Al tener una terminación con ismo, nos da a entender que no alcanza a ser lo que se quiere describir. Por el contrario, cuando una palabra termina en dad entonces tiene la cualidad de perfecto, como totalidad.

Una totalidad abarca un todo, un totalitarismo infiere que todo es igual, aunque no sea cierto. Es decir, se busca que haya una igualdad perfecta pero no se logra porque es imposible, como en la vida de las personas. No somos iguales, somos distintos, únicos y perfectibles. No es funcional que se nos trate igual en todo porque cada quien recibirá dicho tratamiento de distinta manera.

Ejemplos de totalitarismo, más allá de dictaduras históricas conocidas por todos, están los derechos humanos que lejos de ser reales, asentados en los principios de justicia y desarrollo moral de las sociedades, actualmente son supuestos derechos que deben de cumplir caprichos y deseos de todos. Hecho que es claro no cumple con la realidad y menos con el bien común, no se puede dar a todas las personas lo que piden o desean. No obstante, hoy por hoy pareciera que es la idea de grupos de poder y de hacedores de políticas públicas.

En este sentido, me gustaría centrarme en los derechos de las niñas, niños y adolescentes. Estos derechos son muy vastos, y a su vez son genéricos, totalitarios, y peor aún se centran en el supuesto de que las cosas son negativas. Se piensa que la totalidad de los jóvenes (para resumir tan largo título) sufre abusos y es violentado.

Al respecto, me enfocaré en un caso reciente de una adolescente de catorce años quien fuera reportada como desaparecida y entonces la sociedad civil se dio a la tarea de compartir la foto y la Alerta Amber para que pudieran localizarla. En retrospectiva, siendo alumna de una escuela de niños de clase media, media alta, hubo una gran difusión y entre los compañeros y conocidos de la joven se decían muchas cosas.

Dada la gran respuesta de la gente, la Fiscalía General de la República avisó en una carta que la muchacha había sido localizada y que estaba bajo el cuidado de un “adulto significativo” ya que había denunciando a sus propios padres de violencia familiar. Los papás inmediatamente publicaron un comunicado, exponiendo que su hija estaba siendo mal influenciada y que dada su conducta poco deseable la habían corregido quitándole el celular, lo que ocasionó que se fuera de su casa y los denunciara ante la FGR.

La Fiscalía no investigó, sino que su juicio fue totalitario ya que tomó la declaración como cierta y culpó a los padres hasta que no demostraran lo contrario. Violando sus derechos humanos de presunción de inocencia y de paternidad. Es decir, los derechos de los jóvenes radican en un supuesto totalitario infiriendo que la mayoría de los padres abusan de sus hijos y no así la minoría. Es decir, las leyes se hacen inductivamente partiendo de lo particular a lo general, en lugar de ser deductivas, de lo general a lo particular.  Casos como este, dan como resultado la falsa creencia de que todas las familias abusan de sus hijos hasta que no se investigue lo contrario. Imponiendo medidas cautelares a sus padres, arriesgando su libertad, permitiendo que los adolescentes, menores de edad, hagan rabietas y arremetan en contra de sus progenitores.

Lamentablemente, cada vez se escuchan más denuncias de este tipo que no trascienden, pero trastocan en silencio a los involucrados, no obstante, cuando suceden los casos de violencia verdadera son más impactantes por el morbo que generan, creando una falsa percepción de la realidad, mostrando un escenario gris de la familia. Lo que desalienta a cualquiera a formar una o a educar con seguridad y autoestima a sus hijos.

Los padres de familia temen poner medidas correctivas para educar a sus niños, porque los derechos totalitarios pueden coartar su libertad, logrando así que los jóvenes crezcan sin límites, sin escrúpulos y sin respeto a sus mayores.

Es cierto que hay casos terribles de violencia, no sólo psicológica, sino física y de abuso de poder, pero son los menos, la familia sí funciona y funciona muy bien desde hace siglos. En la actualidad, los obstáculos que la han debilitado han sido intentar redefinirla, buscar suplir a los padres por parte del Estado y claro está, tratar a la sociedad como si fuera un totalitarismo.

Lo que ciertamente no funciona ya que no somos iguales y cada persona, cada familia tiene una dinámica distinta que se debe de tratar con especial atención. Un hecho como el caso que acabo de relatar, daña a la institución familiar y confunde a los hijos en su jerarquía de valores, privando a la sociedad de personas de bien.

Por: Alejandra Diener

Lic. en Economía

Mtra. en Ciencias de la Familia

Esp. en Educación Perinatal

Dra. En Bioética (Candidata)

@alediener_positiveinfluencer

 

¿El punto débil de nuestro sistema electoral?

La verdad es que en los varios años que llevo escribiendo en este diario, no creo recordar otra columna en que comparta una experiencia personal como en este caso, lo que también me lleva a escribir en primera persona, cosa que no suelo hacer.

            La razón de lo anterior radica en la crucial importancia que tienen las próximas elecciones, situación que justifica de sobra a mi juicio lo que se va a decir a continuación.

            Empecemos. En la penúltima elección me tocó ser apoderado de local en la ciudad de Concepción. Para ello, junto a muchos otros voluntarios, recibí por Zoom la formación básica para poder desempeñar esa labor, experiencia que resultó muy interesante.

            Ahora bien, dentro del curso que se nos impartió (de varias sesiones), se nos señaló expresa y reiteradamente que los apoderados de local tenían no solo el derecho, sino también el grave deber de estar presentes en la sala de digitación del local, en la cual como su nombre indica, se digitan los datos obtenidos de las actas de cada mesa luego del escrutinio, a fin de transferir la información final a la base central del Servel.

            La importancia de esta etapa final del conteo de los votos resulta evidente, lo que explica la insistencia en fiscalizar este momento crucial, del cual depende, ni más ni menos, que el cómputo final que dirime los ganadores del proceso eleccionario.

            Sin embargo, profunda fue mi sorpresa y desagrado, cuando llegado el momento de ingresar a la sala aludida, se me informó con absoluta indolencia que ello no era posible. Extrañado, señalé que de acuerdo con la formación que había recibido, tenía derecho a presenciar el proceso de digitación. Finalmente, y luego de llamar, según se me dijo, a la autoridad regional, se me denegó el acceso. Con lo cual este proceso fue realizado, al menos en ese local, a puerta cerrada y sin la fiscalización de nadie ajeno al sistema.

            Se comprende sin ninguna dificultad lo irregular de la situación. Es precisamente por eso que el proceso electoral contempla una serie de resguardos, para que la información se maneje a la luz, evitando los secretismos y, en consecuencia, posibles fraudes. Ello, pues la tentación de alterar los resultados para el candidato propio están a la orden del día.

            Sin embargo, todos estos remedios para evitar el fraude se van al tacho de la basura si en el momento decisivo no hay fiscalización. Esta situación es inaceptable, y proyecta una oscura sombra de duda sobre todo el proceso. Espero que nadie se ofenda, pero habría que ser demasiado iluso para asegurar que en esta instancia informática resulta imposible falsear los datos.

            Por eso lo anterior hace más necesario aún contar con apoderados de todos los candidatos en todas las mesas, a fin de que cada grupo pueda acceder a la información y enviarla a su vez a sus bases centrales, lo que hoy es muy fácil gracias a las redes sociales.

            He querido así compartir esta desagradable experiencia ad portas de la próxima votación, a fin de que el mayor número posible de personas sea consciente de este delicado e inaceptable punto débil que, al menos desde mi experiencia, presenta nuestro sistema electoral. Situaciones como esta no pueden volver a ocurrir, pues hacen que todo el sistema democrático –digámoslo de manera suave– pueda no servir para nada.

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

Davos y el “gran reinicio”

Mientras el mundo entero sigue aterrado por la pandemia, con encierros cada vez más drásticos en diversos países, entre el 25 y 29 de enero, acaba de celebrarse de manera virtual, el conocido Foro Económico Mundial, o Foro de Davos (Suiza), reunión en la cual, entre otras entidades, participan diversos mandatarios y otros representantes de varios Estados, de grandes empresas e instituciones financieras y múltiples organismos internacionales, a fin de debatir el futuro del mundo. En teoría se abordan temas sobre todo económicos, pero en el fondo, se hacen planes que afectan la vida entera de los miembros del planeta. De hecho, la influencia de este foro –que lleva realizándose hace más de 50 años– ha determinado de manera cada vez más poderosa nuestro devenir, y todo indica que su intención es acrecentar dicha influencia aún más.

            En realidad, bien podría decirse que en parte se parece a la planificación económica que se observaba en la antigua URSS, disponiendo de manera estratégica, las piezas de la producción, del consumo y del crédito, entre otras cosas, a fin de conseguir, según expresan, nuestro bienestar. Y obviamente, a medida que este proceso se va asentando, sus promotores van poniéndose cada vez más originales y creativos.

            En efecto, de acuerdo con la información oficial de este evento, que se conecta de manera directa con la “Agenda 2030”, propiciada por la ONU, se pretende realizar el llamado “gran reinicio” económico a nivel mundial, en teoría, estimulado por la pandemia que nos aqueja. Ello, pues desde su perspectiva, nuestro actual sistema económico habría mostrado su inoperancia frente a la misma, lo cual haría necesario cambiarlo por completo.

Con todo, y al margen de esta última apreciación, lo claro es que estamos ingresando en una gravísima crisis económica, en buena medida incentivada por los estragos que ha producido esta pandemia, lo que desde la óptica de Davos, justificaría este gran reinicio, que entre otras cosas, pretende crear un sistema económico único a nivel mundial, con un gobierno global, en que exista sólo dinero digital.

            Si bien es un tema largo y con muchas aristas para tratarlo aquí, tal vez la idea más llamativa de esta agenda 2030 a la cual tributa Davos, es que de aquí al final de esta década, la propiedad privada sea eliminada por completo y a la vez, se asegure a todos los habitantes del mundo que sus necesidades básicas se encuentren cubiertas. “No poseerás nada, pero serás feliz”, reza el lema de esta propuesta.

Para ello, se pretende otorgar a los diferentes Estados y sobre todo a diversos órganos internacionales, el control casi absoluto sobre nuestras vidas. Esto resulta evidente desde su perspectiva, pues en atención al cambio tan drástico que busca llevarse a cabo, se trata de un fenómeno global que necesita de una autoridad mundial y que todos seamos “ciudadanos del mundo”, por decirlo de alguna manera.

Ahora bien, al margen de las casi infinitas y peligrosas implicancias que puede tener todo lo dicho, lo importante es darse cuenta de la creciente importancia que tienen diferentes instancias internacionales, que se hacen cada vez más poderosas y sobre las que se carece de control, y que se van imponiendo al querer de los Estados. Todo lo cual significa que el mundo, tal como lo conocemos, está transformándose profunda rápidamente.

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

El desamor fruto de un capricho

Por: Alejandra Diener

Una paternidad responsable implica que los padres de los hijos sean personas que respondan ante las adversidades que puedan presentarse en el cuidado y crianza, de manera enaltecida. Sin evadirse, sino enfrentando sus compromisos al haberse convertido en padres de los vástagos.

La autoridad que se emplee en la educación de los niños, tiene que venir acompañada de su etimología, es decir, augere ayudar a ser mejor persona a quien tiene menos edad y experiencia, a quien carece de competencias en los distintos campos de la vida. En este caso, la vida misma es una ventaja para los padres y por ello los hijos deben de someterse a su guía, por el bien de su desarrollo emocional y evolutivo.

El amor, que es lo que surge de manera natural en una relación paterno filial, es lo que dará vida a la paternidad responsable y a la autoridad. El amor que implica el sentido ágape, el no esperar nada a cambio. Dejar de comer para que ellos coman, dejar de dormir para que ellos descansen. El amor que busca manifestarse en enseñar a amar para saberse amados, para saciar la necesidad innata humana de amar y ser amados. El amor, que es motivado por ver a los más pequeños, vulnerables y delicados hijos, crecer con autoestima, con libertad y con sentido de pertenencia. El amor que motiva a los padres a entregarse a ellos incondicionalmente.

En la actualidad, la familia se ha visto atacada por ideologías de distinta índole que han trastocado violentamente la verdadera situación de los padres en su desarrollo para encaminar y ayudar a ser mejores personas a sus hijos. El progresismo equivocado que ha confundido que todo tiene que ser redefinido para lograr el progreso, sin considerar que muchos conceptos y sobre todo, muchas instituciones no requieren redefinirse ya que funcionan por su naturaleza.

El matrimonio, por ejemplo, una institución que tiene una función específica y que en resumen es proteger a la prole legalmente y darles estabilidad a los integrantes de  ésta, principalmente a los esposos, funciona por su objeto. Pero falla por ser manoseada y relativizada. Bombardeada en primera instancia por el machismo inherente en el ser humano, que sobaja a la mujer y la devalúa simplemente porque es la progenitora que gesta a los hijos en su vientre, quien amamanta, quien se desvela y se entrega a todos sin esperar nada.

Por el contrario, el varón ensombrecido del machismo antes mencionado, se aprovecha de su condición de fuerza y de proveedor. ¡Sin él no comemos! ¡Sin él no tenemos techo! Y sin él no hay bienestar. Este pensamiento primitivo, pero tan aceptado, aún en este siglo de progresismo equivocado, ha provocado la destrucción de la familia, de los matrimonios, de los hijos, ha roto el tejido social.

La familia, atacada primeramente por medio del matrimonio, ahora está siendo atacada por medio de sus menores de edad. Está emancipando y volviendo a relativizar a los hijos, haciéndolos libres para algunas cosas y prisioneros para otras. Han logrado confundir la diferenciación biológica, permitiendo y promoviendo que los jóvenes y niños que transitan por una etapa de falta de identidad propia de su edad, crean que pueden cambiarse de sexo, como se le ha acuñado “cambiarse de género”. Pero a su vez son prisioneros pues no se les permite comer frituras, ni consumir tabaco, alcohol, ni conducir. Se les permite abortar a sus hijos pero no casarse, se les permite decidir si no quieren vivir ya con alguno de sus progenitores, pero no pueden trabajar por ser menores de edad.

Esta confusión, así como la que se generó con el matrimonio, con el machismo, luego con el justificado feminismo, hoy es el divorcio de los hijos de los padres por tener derechos que sobrepasan los inalienables y se les crean nuevos que los empoderan y provocando así que menosprecien a sus progenitores. Peor aún, con el feminismo radical se ningunean a papás que seguramente son loables, pero que sus madres han decidido por despecho desprestigiarlos. El machismo, a su vez ningunea a las progenitoras, apoyando a los hijos diciendo que son unas “locas” “autoritarias”, “intransigentes”. Machismo que el mismo feminismo fortaleció al querer imponer una igualdad entre los sexos, hasta el grado de desaparecerlos y denominarlos géneros.

El amor, que inicialmente llevó a la humanidad a propagarse, a reproducirse y a querer formar familias, hoy es un desamor que lejos de enseñar a los hijos a amar para ser amados, los ha educado a ser despechados, a violentar a sus padres con apoyo de alguno de ellos. Mostrando que si se desea odiar a alguno, es permitido sin justificación lógica y real. El desamor que viene principalmente por ese deterioro del tejido social, es lo que se vive en este siglo caótico y desastroso.

Que como resultado, dejaremos personas que odian y son vengativas, que son alentadas a destruir a sus propios padres y que se les incita a tomar decisiones tan graves como querer mutilarse el cuerpo, destrozar otro cuerpo o inclusive quitarse el apellido de alguno de sus progenitores por un simple capricho hoy avalado por la comunidad.

Capricho que sutilmente disfraza una violencia agresiva y constante, terrible y desafiante que las políticas públicas inspiradas por ideologías destructivas, pero que a simple vista soban el ego y engrandecen el orgullo humano, han propiciado que la familia, desde el matrimonio y ahora desde las decisiones de los hijos, se desintegre y desvanezca por el desamor en donde esposos utilizan armas letales que contienen como balas a sus propios hijos.

El amor paterno filial debe de fortalecerse, no redefinirse. Las leyes se escriben para darnos estabilidad, fundadas en los derechos y obligaciones inalienables. Como sociedad, debemos de estar conscientes, que el daño moral y social que se está generando a costa del progresismo, se nos demandará en el futuro a partir de la deformación de personas criadas en el desamor. A causa de padres y madres que dejaron un vacío, delegando su paternidad, su autoridad y el amor a un sistema corrompido de poder.

¿Quién manda a quién?

En los últimos años, se ha ido dando una tendencia en el funcionamiento de nuestras democracias, que debiera generar una profunda reflexión a su respecto, pues equivale a una completa extrapolación de su genuino sentido y razón de ser: que en vez de ser las autoridades políticas las que acaten los designios de la voluntad popular, sea la ciudadanía la que tenga que seguirle el juego a dichas autoridades y en general, a toda la clase política.

            En efecto, ya se ha visto en algunos países, a saber, Colombia o el Reino Unido, como luego de hacerse una consulta popular directa sobre materias cruciales para esos Estados, pese a lo manifestado por la ciudadanía, el mundo político haya hecho todo lo posible para torcerle la nariz a dicha decisión (en Colombia con éxito, en Gran Bretaña no), según ocurrió con el proceso de paz con las Farc y el Brexit, respectivamente. O incluso, que otras decisiones de tanta o más importancia (como en nuestro caso, llamando a votar por un proceso constituyente), se haya tomado esta decisión entre gallos y medianoche, en un contexto por decir lo menos enrarecido y de extrema violencia, forzando a la población a votar por una materia que hasta antes de ese momento, se encontraba muy al final de las encuestas y de lo decidido en la elección política anterior: si se quería o no generar una nueva Carta Fundamental.

            Por tanto, lo que en el fondo pareciera estar ocurriendo, es que la que lleva la voz cantante es la clase política, y a la ciudadanía sólo le correspondería plegarse obedientemente a sus dictados, a fin de darles legitimidad y hacer como si se tratara de una demanda popular. De ahí entonces, que sea lícito preguntarse quién manda a quién en nuestra actual situación.

            Tómese en cuenta, además, el creciente desprestigio en que ha caído la clase política no solo en Chile, sino en el mundo en general, fruto de una serie de prácticas e intereses que no coinciden, y a veces están en contra de los anhelos y necesidades de la población. De ahí que no extrañe que se la acuse reiteradamente de estar en una “burbuja”, o de vivir una “realidad paralela”, velando generalmente por sus prioridades –el poder– y no las nuestras.

            Así entonces, si se unen ambos factores, a saber, por un lado, la calidad de auténticos borregos en que se pretende convertir a la voluntad popular y por otro, el desprestigio de la clase política, la gran pregunta que surge sin mucha dificultad, es hasta cuándo se les va a seguir el juego.

            Es por eso qeu a partir de las premisas anteriores, convendría mirar con más atención las propuestas que formula el mundo político a la ciudadanía, máxime si buena parte o incluso la mayoría de este mismo espectro político está de acuerdo en lo que plantea para la “decisión” popular. Habría que ser demasiado iluso para pensar que aquí sólo existen las mejores intenciones para mejorar la vida de las personas, en particular cuando se exige para ello, tener más facultades o incluso un cheque en blanco. Y en los casos en que esta mejoría efectivamente pueda llegar a formar parte de la ecuación, los costos son generalmente una notable ganancia de poder de quienes la promueven.

            Por tanto, se vuelve a insistir: ¿hasta cuándo seguiremos obediente y sumisamente los dictados de quienes supuestamente nos obedecen? ¿Seremos capaces de romper este círculo vicioso y no seguir, como un burro, una zanahoria?

 

 

Max Silva Abbott

Doctor en Derecho

Profesor de Filosofía del Derecho

Universidad San Sebastián

“El 9 ninguna se mueve”, los ignorantes y zánganos

“Los hombres no pueden mejorar una sociedad prendiéndole fuego. Deben buscar sus viejas virtudes y traerlas de vuelta”. Russell Kirk

Recientemente el colectivo “Las brujas del mar” convoco a marcha y paro nacional “El 9 ninguna se mueve” que se realizará los días 8 y 9 de marzo respectivamente. Lo hacen bajo la bandera de protestar sobre la violencia contra la mujer y los homicidios cometidos las últimas semanas que acapararon los medios de comunicación. Para ello piden que no haya mujeres en las calles, en las escuelas, en el trabajo, en las universidades o haciendo compras.

Así que, varios “provida”, “conservadores”, la “derecha política” y autoridades eclesiásticas (los últimos merecen una especial y posterior mención) se han sumado a la convocatoria argumentando que es perfectamente válida pues se exige seguridad para las mujeres, usando la conocida frase “nos están matando”. Lo que no quieren ver –o aun viéndolo les importa poco- es que se busca apuntalar el aborto en todo el país; luego ¿acaso no es absurdo apoyar una marcha y un paro por la “seguridad” de las mujeres y al mismo tiempo exigir el derecho a matar al bebé (independientemente de su sexo) en el vientre materno?

Es increíble que el grueso de la gente pase por alto que el paro esta promocionado por abortistas que, como es obvio no les importa nadie, ni la mujer. ¿Cómo es esto posible? El feminismo radical ha sabido capitalizar la indignación de la gente respecto a la violencia que se vive en el país, así como la falta de seguridad y justicia.

Han logrado embaucar a mujeres ignorantes. Ahora bien, cuando digo ignorantes no me refiero a analfabetas; la ignorancia anida en personas sumamente preparadas, prueba de ello son las mujeres con cargos políticos, empresarias y  profesionistas de diversas áreas que están sumándose al paro nacional; incluso cuando parecía que varias apoyaban la vida en el vientre materno.

Como suele decirse, ignorantes ha habido siempre, pero ahora salen de las universidades, tienen maestrías y doctorados. Cabe mencionar que todos somos ignorantes en cierto sentido, pero hay que superarlo viendo más allá de una convocatoria; no solo se trata de estar plagados de información, sino de formarse; saber discernir el acontecer diario. Tenga por seguro que unirse a un paro que aprovecha la situación actual de violencia para promover el aborto y el libertinaje sexual no será jamás una opción para mejorar las cosas. Nadie necesita el odio de aquellos que dicen defender a la mujer pero promueven su degradación, arrastrando con ello a toda la sociedad.

Es verdad, no todos los que participen en la marcha o el paro nacional están a favor del aborto, pero es un hecho que todos los que tomarán parte en ese evento le hacen el flaco favor –les guste o no- a los abortistas, apuntalando la ideología de género en este país.

Varios hemos sido víctimas de la delincuencia, el punto es ¿qué hacer con lo que nos sucede? Por ejemplo:

Las cosas materiales, su auto, su celular, su dinero ¿valen la pena como para exigir la imposición del asesinato masivo de ancianos?

Si asesinan a sus hijos adolescentes o a su cónyuge ¿exigiría que mataran a los niños de cinco años o menos, so pretexto de que es el mal menor para garantizar justicia para usted y otros?

¿Le parece absurdo el planteamiento? Lo es; tal y como ahora lo es el hecho de que infinidad de mujeres y hombres de bien (pero terriblemente estultos) se unirán al paro nacional exigiendo justicia para las mujeres negándose a  ver que lo que ahí se exigirá será el asesinato en el vientre materno. Se encuentran apoyando lo que nunca hubieran apoyado de haber estado realmente formados, porque sabrían que la seguridad de unos no está en función de la matanza de inocentes, ni de la destrucción de la familia.

La reacción ante la situación actual de violencia es tan simple y llana que, o nos unimos a los que promueven un crimen nefando, a los que fomentan el odio para mitigar nuestra indignación aprovechándose de ello; o luchamos por el bien común desde el lugar en el que estamos, empezando por nuestra familia. Parece fácil pero es el trabajo más exigente de todos.

No se necesitan zánganos exigiendo no laborar, se necesitan hombres y mujeres dispuestos a trabajar cada día de su vida por un mundo más justo y más humano…

El circo romano en nuestros días…

«Donde hay adoración hacia los animales, hay sacrificios humanos». Gilbert Keith Chesterton

El circo romano fue un espectáculo de ocio para entretenimiento de la plebe, en el que además, se les daba pan gratis. Había sangrientas luchas entre gladiadores y esclavos, entre animales y más tarde durante la persecución de cristianos, comenzaron a arrojar a la arena a familias con todo e hijos, para ser devorados por las bestias.

En días pasados un periódico dedicaba varias páginas a los animales por motivo de su día internacional. Las publicaciones abarcaron desde los cuidados básicos, consumo de helados y cerveza para perros, seguros de gastos médicos, comida fresca, comida húmeda, zonas “pet friendly”, la experiencia aterradora del abandono, la adopción, su paso por el cine, étc. Cabe mencionar que según censo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía de 2016, México es el país con mayor número de perros en América Latina; 7 de cada 10 habitantes cuentan con mascota. El número de canes domésticos creció 20%  en 2010 a la fecha, en contraste con la reducción de nacimientos humanos en un 17%.

Un par de páginas más, mostraban la noticia de la manifestación de mujeres con el trapo verde y su pasamontañas, gritando consignas exigiendo la despenalización del aborto a nivel nacional. Vandalizaron fachadas de edificios y rejas de la Catedral en Ciudad de México, amedrentando a periodistas y feligreses que estaban al exterior resguardando templos.

Probablemente no hay mejor descripción gráfica de lo que es realmente el feminismo, que aquella escena en que madres sostienen pancartas con leyendas de “Lo que no tuve para mí, que sea para ustedes”. ¿Qué tal?. O mujeres con el rostro tapado que rocían de gasolina a policías (mujeres) que intentaban apagar las llamas de la puerta de la Cámara Nacional de Comercio. No falto quien subió fotos de sus mascotas con el trapo verde… la cereza del pastel, sin duda.

Lo que publican los periódicos no es más que una pequeña muestra de lo que pasa en la vida cotidiana. Muchos hablan de adopción de animales en lugar de comprarlos; de espacios «pet friendly» en lugar de «excluir» espantosamente a las mascotas de nuestra vida diaria, seguramente van a sufrir mucho si no van con nosotros al cine o al bar; otros más les escriben su carta de día de Reyes (¿?) y les organizan su fiesta de cumpleaños, ya saben, el déficit de atención está al rojo vivo entre las mascotas.

De manera simultánea, les parece insultante y fundamentalista que se promueva la adopción del bebé por nacer, como opción para proteger su vida. ¡Vamos!, ¡Una mujer debería poder matar al hijo en sus entrañas si así lo quiere!; pero no se debe dejar morir a un animal sea cual sea su estado. ¿Nota el absurdo y lo insultante de la situación?

Un creciente interés por los animales coincide con un desprecio cada vez mayor hacia la vida humana, no es de extrañarse que hallemos jóvenes hablando con total displicencia sobre la vida en el vientre materno o un anciano enfermo.

Al ver la forma tan cómoda y materialista en que vivimos, no podíamos más que superar con creces la vida en tiempos del circo romano: ver, disfrutar, promover y exigir el asesinato en el vientre materno. Pero en este caso, no somos simples espectadores, hemos tomado el lugar de las bestias, matando a nuestros hijos y a nuestros padres, al tiempo que adoramos a los animales y nos comportamos como tales.

No se sorprenda, hemos trabajado por ello cada vez que evitamos hablar sobre el derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural; cada vez que desviamos recursos que podrían ayudar a alguien de nuestra familia para dárselo a nuestra mascota; cada vez que le atribuimos a los animales, cualidades que no tienen; cada vez que les damos el afecto y la atención que solo le debida a un ser humano…

Caminamos hacia la destrucción física, moral e intelectual de nuestra sociedad, no cabe duda de que nos merecemos unos a otros…

Sin puntos de referencia

En un congreso internacional al cual me tocó asistir hace poco en Perú, un amigo argentino me comentaba que en su país se está tramitando un proyecto de ley que pretende abolir de su Código Penal el delito de “corrupción de menores”. Ante mi sorprendida pregunta por los motivos de tan extraña y peligrosa propuesta –cuesta pensar que existan verdaderas razones–, me contestó con cierta resignación, que en atención a los rápidos cambios culturales del día de hoy, para algunos ya no existirían parámetros de lo que es “normal” y “corrupto”. En consecuencia, no sería posible saber a ciencia cierta cuándo se estaría realmente desvirtuando o dañando a un menor, lo cual justificaría para sus promotores, el aludido proyecto de ley.

            Ahora bien, más allá de lo exagerado o incluso irreal de los fundamentos de una iniciativa semejante, no deja de ser cierto, sin embargo, que los drásticos y acelerados cambios culturales que estamos sufriendo en los últimos años, sobre todo en Occidente, están desdibujando notablemente ciertos parámetros que se creían fijos o incluso inamovibles hasta sólo unos pocos años atrás. Y no me refiero únicamente a aspectos morales o a la lo que los antiguos llamaban “realidad práctica” (la concepción de familia o la sacralidad de la vida, para traer a colación temas contingentes), sino también en el ámbito más amplio de lo que las cosas son, o si se prefiere, de la “realidad teórica”, para volver al lenguaje de los antiguos. Piénsese por ejemplo en los avances de la genética, que permiten la alteración de plantas y animales a fin de cambiarles o añadirles ciertas propiedades; en la hibridación o mezcla que se pretende hacer entre diferentes especies (incluido el mismo ser humano); el transhumanismo, que busca superar la propia naturaleza humana; el surgimiento de nuevos, sorprendentes y hasta imposibles materiales; la inteligencia artificial; o la robótica humanoide, por mencionar solo algunos de los sorprendentes fenómenos de nuestro mundo.

            Aunque no nos demos suficientemente cuenta de ello, todo esto y mucho más está haciendo que los parámetros sobre los cuales construimos nuestra percepción de la realidad y nuestra concepción de lo correcto y lo incorrecto, hayan ido desdibujándose cada vez más. Fenómeno complejo, al privarnos de puntos de referencia firmes para generar un proyecto de vida determinado, salvo, por contraste, agotar la existencia en una constante adaptación al permanente cambio (mas ¿desde qué punto de apoyo?); o si se prefiere, transformarnos en un perpetuo fluir dentro de esta realidad líquida, cuyo devenir cuesta cada vez más anticipar.

            El problema, sin embargo, es que el proceso no puede seguir “ad infinitum”, pues al vernos directamente afectados por él, es más, reducidos nosotros mismos a la categoría de cambio permanente, se pierde no solo la posibilidad de tratar de controlar o manejar de alguna manera este proceso, sino incluso la posibilidad de comprenderlo. En suma, al no tener puntos de referencia, podemos perder el contacto y hasta la noción de lo que es verdaderamente real.

            Por eso, el devenir por el solo devenir no es suficiente para justificar este proceso, no solo por privarlo de una dirección auténticamente humana, sino sobre todo, porque puede acabar haciéndonos olvidar o incluso hacer imposible saber quiénes somos en realidad. ¿Seremos capaces de no diluirnos en nuestro propio devenir?

Max Silva Abbott
Doctor en Derecho
Director de Carrera
Universidad San Sebastián

A cinco décadas de la ideología psicodélica

El grupo musical de rock “Cream” fue fundado en Londres en 1966. Lo componían un superdotado de la guitarra llamado Eric Clapton, el bajista Jack Bruce -con su voz grave y potente- y el excéntrico pero diestro baterista, Ginger Baker. Estos músicos comenzaron a mezclar los ritmos del blues, el jazz y el rock. El resultado fue una combinación bastante original que tuvo aceptación popular, primero en la juventud inglesa, y luego, entre los amantes de las creaciones vanguardistas. A ellos se les reconoce como los iniciadores de la “Música Psicodélica”.

Por esos años, cuando escuché por vez primera “El brillo de tu amor” (“Sunhine of Your Love”) y “Cruce de Caminos” (“Crossroads”), me percaté que estaba frente a una música novedosa, con particular energía, originalidad, atractiva y sugerente.

Con gran velocidad proliferaron –sobre todo- en Estados Unidos e Inglaterra los grupos musicales que difundieron esta misma corriente psicodélica. En un inicio, parecía una moda ingenua, novedosa, alegre, rítimica… Antes habían estado de moda el Rock and Roll, el Twist, el Go-Go, las baladas Country music, las canciones pop, etc., cuya finalidad era divertir a la juventud en sus reuniones sociales.

Pero pronto se descubrió que la “onda psicodélica”, más que una moda efímera, invitaba a una filosofía de vida o a una peligrosa ideología. ¿Por qué razón? Porque sus raíces estaban fincadas en las teorías del escritor Aldous Huxley que en su libro “Las Puertas de la Percepción” recomendaba abiertamente el consumo de las drogas alucinógenas, así como la liberación sexual. Posteriormente, un grupo de intelectuales de la Unión Americana, en la década de los años cincuenta, popularizaron parte de esta ideología, enfatizando que para conseguir una mejor creación artística era recomendable acudir al consumo de estupefacientes, así como al alcohol dentro de un esquema de vida de absoluta ruptura de los valores tradicionales, debido a que habían recibido la influencia del psiquiatra vienés, Sigmund Freud, Alfred Adler, Gustav Jung y muchos otros más.

Pocos años después, en la Universidad de Stanford de California y otras universidades de Estados Unidos, algunos profesores animaron a sus alumnos al consumo de drogas, yendo ellos mismos por delante. Esta información la tengo de primera mano por un profesor mío –por esos mismos años- se fue a Stanford a estudiar una Maestría en Psicología y luego a tomar otros cursos de Posgrado en esta misma materia. Fue así como nos relató a sus alumnos las entrañas del nacimiento del “movimiento hippie”, con su lema de “No hagas la guerra, sino la paz”.

Para difundir esta nueva corriente se emplearon películas, medios impresos, programas de televisión, numerosos álbumes con música orientada a los jóvenes…Pero considero que el detonador fue cuando el célebre grupo “The Beatles”, el 25 de junio de 1967, mediante el programa “Nuestro Mundo”, en que por vez primera se abrían las barreras de la comunicación y televidentes de los cinco continentes lo pudieron presenciar en forma simultánea. Se calcula que lo vieron alrededor de 400,000 millones de personas, acompañados con otros famosos artistas. En esa ocasión, “The Beatles” lanzaron su célebre éxito: “Todo lo que necesitas es amor” (“All You Need is Love”) y tomaron el liderazgo de esa nueva música psicodélica. En muchas de sus composiciones incitaban a consumir drogas alucinógenas como “Lucy in the Sky with Diamons” (iniciales de L. S. D.), “Come Together” (en su letra hacían un repaso de todos los estupefacientes que se podían ingerir en esa época). O bien, el álbum “El Viaje Mágico y Misterioso” plagado de melodías en que hacían alusiones a las drogas.

Pronto la moda de la drogadicción se extendió en numerosos países y comenzaron a fallecer por sobredosis reconocidos ídolos del rock como Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison (The Doors), Brian Jones (The Rolling Stones), Elvis Presley, Keith Moon (The Who), Kurt Cobain (Nirvana) y un largo etcétera.

Y, como es lógico, muchos jóvenes que siguieron esa autodestructiva moda también fallecieron, o terminaron internados en centros de rehabilitación, en clínicas psiquiátricas. O con daños cerebrales irreversibles en su sistema nervioso.

Lo que resulta más sorprendente es que, hoy en día, en nuestro país, dirigentes de partidos, magistrados de la Suprema Corte de Justicia, políticos, legisladores, intelectuales están de nuevo reclamando que se legalicen y aprueben todo tipo de drogas porque, según ellos, “debe de ser respetado el impostergable y legítimo derecho a la felicidad y al bienestar”.

Las tres preguntas con las que podemos concluir son: 1) ¿Dónde queda la salvaguarda de la familia y la educación de los hijos? Porque vivir con un drogadicto es un auténtico “infierno”, al observar que día con día se autodestruye, orgánica y psíquicamente; su conducta afecta gravemente a los niños y a la convivencia familiar; 2) Las personas drogadictas son un peligro para la paz y rompen drásticamente el tejido social porque en la típica “crisis de ansiedad” que sufren los adictos son capaces de robar, matar, asaltar, secuestrar a cualquier persona con tal de obtener un puñado de monedas para comprar de nuevo su droga; 3) Finalmente, las desastrosas experiencias de la “era psicodélica”, ¿no nos hablan, como se dice coloquialmente, “de que hay que sacar experiencia en cabeza ajena” y de que impere el sentido común y la sensatez?

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