El católico ¿inteligente o estulto?

“La discusión moral no tiene cabida en un tema de salud tan elemental. Por eso celebro, festejo, que una mujer como María Consuelo Mejía, que además de ser católica es inteligente, cosa que no es muy común, nos parece maravilloso que ocurra y que concurra en esta ocasión, esta feliz coincidencia y que le estemos dando una medalla a una mujer brillante que ha salvado la vida de muchísimas otras mujeres”

Así lo señalaba la senadora Jesusa Rodríguez por el partido Morena, sobre el reconocimiento “Elvia Carrillo Puerto 2019” a María Consuelo Mejía Piñeros, colombiana, nacionalizada mexicana, “defensora por los derechos reproductivos de las mujeres”, es decir que promueve el aborto.

Cabe hacer oportunas aclaraciones a los católicos sobre las palabras de la senadora:

*“Católicas por el Derecho a Decidir” no es una organización católica, ni nadie que milite en ella. Es una filial en hispanoamérica de “Catholics for Free Choice” cuya sede se ubica en EEUU. Sus objetivos principales son la promoción del aborto y los “derechos sexuales y reproductivos de las mujeres”. Cada campaña lanzada por esta organización tergiversa la doctrina católica, provocando la división en la feligresía, defendiendo públicamente la despenalización del aborto. Afirman entre otras cosas, que se puede estar a favor del aborto y seguir siendo un buen católico, algo totalmente falso.

*La Iglesia siempre ha enseñado la gravedad moral del aborto. En el Código de Derecho Canónico, el canon 1398 indica: “Quien procura el aborto, si éste se produce, incurre en “excomunión latae sententiae”. Encontramos también la “Declaración sobre el aborto provocado” de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe que fue publicado en 1974.

Pero, ¿qué significa para la senadora Jesusa un católico inteligente? Evidentemente un católico que apoye el aborto; un católico con la conciencia moral deformada, ni más ni menos.

*No hace falta decir que un católico que apoya el aborto, está imposibilitado para comulgar, por tanto, ha de acercarse al sacramento de la confesión, cambiar de vida. El católico ha de formar la consciencia, la cual, como indica el Catecismo, es un juicio práctico de la razón que nos dicta lo que debemos hacer en tal o cual circunstancia. Sin embargo cuando la consciencia moral está afectada por la ignorancia y la negligencia, forma juicios errados sobre ciertos actos.

*Recordemos que la consciencia puede ser: cierta o dudosa, recta o errónea. No debemos actuar con consciencia dudosa, hemos de procurar disipar la duda. Solo la conciencia cierta y recta procede de un buen juicio y debemos de esforzarnos en adquirirla, nutriéndonos de la Verdad que enseña nuestra fe católica; es decir, una consciencia formada en la Palabra de Dios.

Lo dicho por la senadora Jesusa Rodríguez no me sorprende; la estulticia, el dolo y la vulgaridad intelectual son propias de quienes promueven el aborto y la ideología de género en el mundo. Hacen burla de la Iglesia Católica, no por entretenimiento, sino porque saben que es la única institución que tiene bien fundamentado el respeto a la vida humana y su dignidad en cualquiera de sus etapas. No es casualidad que “Catholics for Free Choice” destine cuantiosos recursos a organizaciones como “Católicas por el Derecho a Decidir”: con la subversión de la doctrina católica, atacan la defensa más sólida de la vida en el vientre materno.

Ahora bien:

¿Cuántos católicos estultos van por la vida apoyando el asesinato en vientre materno? Verdaderos lastres para su propia familia y la sociedad.

¿Cuántos católicos que piensan que pueden disociar su vida cotidiana de la doctrina católica e incluso se ufanan de ello? Relativismo puro y duro es lo de hoy.

¿Cuántos católicos que simpatizan con la Teología de la Liberación, Marx, Che Guevara, Erasmo de Rotterdam, Carl Gustav Jung,  José Antonio Pagola, Ansel Grim? Hojas y más hojas que pueden muy bien alimentar la chimenea en lugar de deformar su inteligencia.

¿Cuántos sacerdotes que evitan hablar del aborto por temor a incomodar a la feligresía, pero hablan sin reserva sobre “la tolerancia de ideas ajenas” y que contravienen la fe católica? Se ha preferido tener más adeptos –como si se tratase de un club- a la verdadera evangelización del rebaño.

Usted que lee esto: Despierte, incomódese, moléstese, no con los demás, sino con usted mismo por haberse permitido vivir tanto tiempo en la ignorancia y negligencia. Fórmese:

*Lea el catecismo, un buen inicio es el Catecismo de San Pio X

*Estudiar seriamente temas de capital importancia como la vida humana. El Magisterio de la Iglesia tiene valiosos documentos: Humanae Vitae, Evangelium Vitae, Declaración sobre el aborto provocado, Instrucción sobre el respeto de la vida naciente y la Dignidad de la Procreación, étc.

*Procúrese lecturas edificantes, sobre vida de los santos y/o de autores católicos, entre lo recomendable tenemos a: San Agustín de Hipona, León XIII, San Juan Bosco, San Juan María Vianney, Fulton Sheen, Louis Veuillot, Felix Sardá y Salvany, Juan Donoso Cortes, Plinio Correa de Oliveira, Hillaire Belloc, Gilbert K, Chesterton, étc.

*Revise su vida sacramental, haga un examen de consciencia, acuda a confesarse, asista a la Santa Misa. Sea luz del mundo, en su hogar y en la esfera social.

Todos somos ignorantes y estultos en algo, pero procuremos dejar de serlo en cosas de vital importancia como la defensa de la vida (desde la concepción hasta la muerte natural) y la salvación de las almas. Toda conversión lleva su tiempo, reconocernos imperfectos pero perfectibles dentro del plan del Padre…

“La disminución de la fe, que produce la disminución de la verdad, no lleva consigo forzosamente la disminución, sino el extravío de la inteligencia” Juan Donoso Cortes

No se puede ser católico y masón

En recientes días el obispo jesuita de Lomas de Zamora, en Argentina, Monseñor Jorge Rubén Lugones dirigió una carta a la logia masónica Giussepe Mazzini, en la que externo –léalo bien- felicitaciones por el 126 aniversario de su fundación. La logia masónica agradeció el gesto vía red social. Ante los cuestionamientos, la diócesis sostuvo que “fue una respuesta protocolaria a una invitación de la propia logia.”

Hoy en día está muy difundido entre los católicos un amor mal entendido al prójimo, todos están bien en lo que hacen, ergo no existe la Verdad. La masonería persigue fines políticos, apoderándose de puestos públicos, haciéndose de gobiernos, armando revoluciones, para lo cual necesita de las masas. Persigue la descristianización de la sociedad, promociona el relativismo moral, propaga la ideología de género que destruye al ser humano, busca la condenación de las almas, en suma, es dañina al Estado y a la Iglesia. A todo lo anterior, la masonería encuentra un obstáculo infranqueable a su objetivo de destrucción: la Iglesia Católica.

El Papa Clemente XII fue el primero en combatirla mediante su encíclica “In Eminente” de 1738

“…prohibimos muy expresamente y en virtud de la santa obediencia, a todos los fieles, sean laicos o clérigos, seculares o regulares, comprendidos aquellos que deben ser muy especialmente nombrados, de cualquier estado grado, condición. dignidad o preeminencia que disfruten, cualesquiera que fuesen, que entren por cualquier causa y bajo ningún pretexto en tales centros, reuniones, agrupaciones, agregaciones o conventículos antes mencionados, ni favorecer su progreso, recibirlos u ocultarlos en sus casas, ni tampoco asociarse a los mismos, ni asistir, ni facilitar sus asambleas, ni proporcionarles nada, ni ayudarles con consejos, ni prestarles ayuda o favores en público o en secreto, ni obrar directa o indirectamente por. sí mismo o por otra persona, ni exhortar, solicitar, inducir ni comprometerse con nadie para hacerse adoptar en estas sociedades, asistir a ellas ni prestarles ninguna clase de ayuda o fomentarlas; les ordenamos por el contrario, abstenerse completamente de estas asociaciones o asambleas, bajo la pena de excomunión, en la que incurrirán por el solo hecho y sin otra declaración los contraventores que hemos mencionado; de cuya excomunión no podrán ser absueltos más que por Nos o por el Soberano Pontífice entonces reinante, como no sea en “artículo mortis”.

¿Y cómo se supone que vamos a amar al prójimo, si cuando pertenece a la masonería, prohibida por la Iglesia Católica so pena de excomunión, le conminamos a “seguir desarrollando sus ideales de amor, servicio a la humanidad y fraternidad universal para forjar una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común” cuando claramente estamos contraviniendo al Magisterio de la Iglesia Católica?

Cabe mencionar que la logia masónica en cuestión dijo lo siguiente sobre la felicitación del obispo: “Hoy recibimos esta salutación del Obispado de Lomas de Zamora. Agradecemos públicamente la deferencia y ratificamos nuestro compromiso de trabajar, en conjunto, por más Libertad, Igualdad y Fraternidad, dejando de lado las diferencias anacrónicas.”

Las últimas palabras son dignas de ser releídas: “…dejando de lado las diferencias anacrónicas”. A quien piense que la Iglesia Católica “debería ponerse al día y ser incluyente” no hay más que responder lo que el entonces Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dijo en la Declaración “Quasitum est” en 1983:

“No ha cambiado el juicio negativo de la Iglesia respecto de las asociaciones masónicas, porque sus principios siempre han sido considerados inconciliables con la doctrina de la Iglesia; en consecuencia, la afiliación a las mismas sigue prohibida por la Iglesia. Los fieles que pertenezcan a asociaciones masónicas se hallan en estado de pecado grave y no pueden acercarse a la santa comunión.

Los sacerdotes, que teniendo la grave responsabilidad de cuidar del rebaño, se dan hoy el lujo de enviar felicitaciones a una logia masónica, la vergüenza ya no existe ¿no le parece?. Los Papas antaño combatieron frontal y firmemente a la masonería, hoy a plena luz se fraterniza con el enemigo de Dios y de su Iglesia. Si usted se pregunta cómo es que la masonería ha ganado tanto terreno en la sociedad, he ahí una de las tantas causas, aunado a nuestro silencio.

San Agustín de Hipona dijo: «Dos amores construyeron dos ciudades: el amor propio hasta el desprecio a Dios hizo la ciudad terrena; el amor de Dios hasta el desprecio de si mismo, la ciudad del cielo.”

Cabría preguntarnos ¿para cuál de las dos ciudades estamos trabajando? O se está con Dios o se está contra Él, no hay más…

¿Superará la Iglesia esta crisis actual?

En las últimas semanas, los medios se han enfocado en las acusaciones de un cardenal hacia el Papa. Se supondría que esta dura crisis debería debilitar profundamente a la Iglesia; pero, por el contrario, la gran mayoría de obispos y de fieles han manifestado su adhesión al Pontífice. ¿Qué elementos de juicio no se están tomando en cuenta?

1. Panorama. El informe de Pennsylvania sobre abusos sexuales cometidos por clérigos desató la crisis actual. El Papa Francisco manifestó la vergüenza que esto produce en la Iglesia. Y en vísperas del viaje apostólico a Irlanda, el país que más ha resentido esta situación, el card. Viganó inculpó falsamente al Santo Padre de haber encubierto a un cardenal estadounidense acusado de abusos sexuales.

¿Por qué la Iglesia sigue en pie? Cualquier institución, empresa o grupo social se vendría abajo después de una situación así, pues la confianza de sus miembros se perdería. Decir que es por fanatismo, no es respuesta. En cambio, todo apunta a que los factores sobrenaturales, que creemos por fe, hoy parecen tener mucho sentido.

2. Primer factor. Los fieles católicos creemos que Jesús mismo, con su poder divino, escogió a Simón Pedro y lo nombró Roca donde se fundaría la Iglesia (Mateo 16,18). Y Jesús ahí mismo le prometió que “el poder del infierno no derrotará” a la Iglesia.

Durante una dura crisis de la Iglesia en el siglo V, afectada tanto por la herejía pelagiana como por las invasiones bárbaras, San Agustín comentaba: “La Iglesia vacilará si su fundamento vacila, pero ¿podrá vacilar Cristo? Mientras Cristo no vacile, la Iglesia no flaqueará jamás hasta el fin de los tiempos” (Comentario al Salmo 103).

3. Segundo factor. Los medios de información suelen dividir a priori a la Iglesia según categorías sociológica, sólo válidas para la política: conservadores y progresistas. De acuerdo a esta visión, la supuesta ala conservadora atacaría al Papa Francisco porque el Pontífice se estaría separando de la doctrina tradicional.

Y aquí entra el otro factor sobrenatural, que explica el crecimiento de la Iglesia en la comprensión de la doctrina, que permite exponer el Misterio de Cristo a los hombres de hoy, en continuidad con la tradición bimilenaria. Se trata de la asistencia del Espíritu Santo al Magisterio.

El Catecismo de la Iglesia Católica explica que hay un crecimiento en la comprensión de la fe (cfr. n. 94). La encíclica “Lumen fidei”, preparada por Benedicto XVI y publicada por Francisco (29 jun. 2013), enseña que la luz de la fe “crece para iluminar todo el cosmos y toda la historia” (n. 48).

Por eso, el Papa Francisco ha buscado iluminar desde la fe aspectos que hoy son urgentes, como la atención a los migrantes y desplazados, la misericordia hacia los divorciados, la comprensión hacia las personas homosexuales o el cuidado de la creación. Y esto no es abandonar lo tradicional, sino iluminar lo actual desde la tradición viva de la Iglesia.

Epílogo. En general, es complicado explicar el carácter sobrenatural de la Iglesia a la opinión pública, compuesta de personas de muy diversas creencias. Sin embargo, la crisis misma por la que hoy atraviesa la Iglesia muestra que ésta está compuesta por “algo más” que la mera organización humana.

La permanencia de la Iglesia, inexplicable para quienes no comparten la fe, para los creyentes resulta ser una manifestación de la voluntad de Cristo y de la ayuda continua del Espíritu Santo. Al final, la presencia ininterrumpida de la Iglesia es un reto a la razón y una invitación a creer.

@FeyRazon lfvaldes@gmail.com
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¿Qué páginas web informan bien sobre el Papa?

Resulta cada vez más abundante la información distorsionada que se difunde prácticamente a diario sobre el Papa Francisco a través de algunos medios de comunicación. Por supuesto, no en todos, porque numerosos medios realizan una labor admirable, objetiva y positiva de difusión de la Voz del Sucesor de Pedro.

Pero no deja de ser sorprendente la grave desorientación que están causando esas falsas noticias, frases o supuestas declaraciones del Santo Padre que nunca dijo ni pronunció, no sólo me refiero a los lectores en general, sino dentro del ambiente de los mismos católicos, incluso entre quiénes son fervientes y practicantes.

Con frecuencia, esas personas preguntan: “Oye, ¿es verdad que el Papa ya permitió el aborto?”; “¿Es cierto que el Papa es comunista?”; “Dicen que el Santo Padre ya autorizó los matrimonios homosexuales, ¿es verdad?”; “Se afirma que Francisco es el ‘Anti-Papa’, ¿eso es cierto?”, etc.

Ante esa confusión informativa, recomiendo las siguientes páginas web:

1) Para saber lo que el Papa exactamente afirmó (y que nunca dijo, o al menos, no con ese matiz) lo mejor es ir a las fuentes. El boletín de prensa diario de la Santa Sede, recoge las palabras del Romano Pontífice. Los contenidos se publican primero en italiano y luego en las otras lenguas, entre ellas, español e inglés. Este portal se llama: http://press.vatican.va/content/salastampa/it/bollettino.html

2) Similar al boletín es una nueva newsletter de http://www.vaticannews.va/es.html Está en español y en la parte de abajo de ese portal se ofrece la opción de suscribirse.

3) Un boletín de información sereno y equilibrado es: https://www.zenit.org/ (en español).

4) En inglés hay un órgano informativo profesional y generalmente bien orientado: https://cruxnow.com/

5) El blog http://www.iglesiaendirecto.com/ ofrece materiales de documentación interesantes para un lector que busca darle el contexto adecuado a las noticias.

6) Es también recomendable la página web: www.romereports.com que brinda videos e información escrita del día a día de la actividad pastoral del Santo Padre.

7) www.aciprensa.com ofrece información de gran actualidad sobre la Iglesia católica en Roma, México, el resto de los países de América Latina, así como del mundo entero. Sale al paso en muchos temas de debate eclesiales o morales.

8) Un contenido valioso presenta el portal www.comcatolicos.org. Elaborado por comunicadores católicos de nuestro país.

Considero que una labor importante de los católicos es dar a conocer a los familiares, colegas y amistades, páginas web con estas características, que no sólo informan, sino que forman criterio y ofrecen documentación segura, confiable y acertada sobre temas que son claves en la vida de la Iglesia y en la actividad pastoral del Romano Pontífice.

Cuando el pragmatismo enloda el pensamiento católico

Es por demás sabido que la ideología de género busca la destrucción del ser humano, diríase que es el monstruo de mil cabezas, cada una destinada a atacar una parte del ser humano. Nada está dejado al azar

Muchos en la actualidad le combaten en alguno o en varios frentes: en la defensa de la vida en el vientre materno, en la defensa del matrimonio natural, en los derechos de los niños a tener padre y madre, otros más luchando contra el feminismo radical, la injusticia social.

Sin embargo esta lucha presenta sus fracturas cuando la conciencia moral está afectada por la ignorancia o la negligencia en la formación, o simplemente cuando el pragmatismo le pasa por encima a nuestra visión católica dando como resultado un juicio errado de una situación en particular. Hace poco un activo luchador contra la ideología de género decía lo siguiente:

“El Estado no puede ni debe prohibir que personas del mismo sexo formen pareja” y “Lo que cada quien haga con su sexualidad es un tema íntimo en el que nadie puede intervenir”

Tales palabras son de lo más endeble y progresista que he escuchado en boca de un católico, por decir lo menos, son de las favoritas del feminismo radical que alega derechos para hacer lo que sea. Si bien la lucha de varios es loable, siendo católicos debemos promover el bien común en las instancias en las que estemos. Todos sabemos que el Estado hará cuanto sea para imponer leyes contrarias al bien común, pero es deber del católico instarlo en todo momento a legislar para proteger la dignidad del ser humano, a saber que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados y que el Estado esta en el deber de no legalizar conductas sexuales de suyo dañinas. Instar a los padres de familia a formar a sus hijos en la castidad. Nuestro catolicismo jamás debe ser pragmático.

Algunas de las fracturas en el pensamiento católico actual son:

-Defender la vida en el vientre materno y al mismo tiempo defender que los jóvenes ejerzan su sexualidad libremente bajo el concepto del mundo

-Pensar que no se es responsable por el prójimo, por tanto no corregirlo jamás so pretexto de respetar la libertad ajena

-Ser próvida pero pensar que los métodos anticonceptivos son la solución, que la fecundación in vitro es una solución aceptable para tener hijos

-Estar en contra de la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo pero aprobar el mal llamado “matrimonio” homosexual

-Luchar por los migrantes, los animales, el medio ambiente, dejando de lado la defensa de la vida en el vientre materno

-Pensar que seguir la doctrina de la Iglesia Católica es intolerancia y que deberíamos ser más prácticos al ajustarnos a los tiempos

En todos los ejemplos citados, el católico comete el garrafal error de defender solo aquello que a su endeble juicio considera importante, desechando todo lo demás, excusándose así de la responsabilidad que tiene de promover el bien común en todos los aspectos, que sólo puede resultar de llevar una vida ordenada, acorde a los valores morales y vida sacramental, como lo pide nuestra Madre Iglesia desde siempre.

Si bien es cierto que los hay quienes actúan sin dolo, es deber formarse en la conciencia moral a la luz del Magisterio de la Iglesia Católica (a quien se le ha encomendado el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios) y jamás manejarse bajo la sombra del relativismo. Basta con que leamos un poco para saber que las enseñanzas del Magisterio velan por la dignidad del ser humano.

Nadie es perfecto pero todos somos perfectibles dentro del plan del Padre. Tarde o temprano nos daremos cuenta de lo que Gilbert Keith Chesterton decía:

“No necesito una iglesia que me diga que estoy equivocado cuando ya sé que estoy equivocado; necesito una Iglesia que me diga que estoy equivocado cuando yo creo que estoy en lo correcto.»

Alexa Tovar alexatovar2017@yahoo.com

¿Por qué el Papa pide dejar prejuicios sobre Lutero?

A 500 años del inicio de la Reforma protestante, el Obispo de Roma pide superar prejuicios sobre Martín Lutero. ¿Cómo interpretar estas palabras? ¿El Papa le da la razón al reformador alemán?

1. Las palabras y su contexto. Generalmente, las frases sueltas son las que suscitan dificultades, pues se pueden tomar con un sentido diferente al que fueron dichas. En este caso, se trató de un discurso del Papa Francisco en el Vaticano a una delegación de la Federación Luterana Mundial, que representa a 72 millones de cristianos.

En su mensaje al presidente de esa federación, el arzobispo nigeriano Musa Panti Filibus, el Pontífice habló largamente de la oración, como “combustible de nuestro viaje a la plena unidad”, y explicó que el Espíritu Santo ha suscitado el camino ecuménico.

Y en ese contexto de oración y unidad, afirmó el Papa que ese mismo Espíritu “nos ha llevado a abandonar los antiguos prejuicios, como aquel sobre Martín Lutero y sobre la situación de la Iglesia en aquel periodo”. (Discurso, 7 dic. 2017)

2. ¿Qué quiso decir el Papa? Es importante valorar el alcance de la afirmación del Papa, porque algunos pretenden sacar de esas palabras una descalificación hacia el Pontífice, como si Francisco apoyara la Reforma en detrimento de la Iglesia católica.

En realidad, el Obispo de Roma reconoció que un principio superior a las dos confesiones es el que promueve la reconciliación: el Espíritu Santo. Se trata de un fenómeno sobrenatural, pues sólo una fuerza divina puede sanar las heridas producidas en cinco siglos de separación.

Francisco dio a entender así que acción divina se manifiesta en la superación de los prejuicios de ambas confesiones: tanto de parte católica, que ve a Lutero como un destructor malvado, como de la parte luterana, que enfatiza que la Iglesia católica del siglo XVI estaba totalmente corrompida.

Ciertamente, había problemas morales en la Iglesia de aquella época, pero a la vez, había bastante actividad de católicos comprometidos con la fe. De igual manera, Lutero no pretendía fundar una nueva Iglesia, sino purificar la existente, aunque su movimiento tomó un giro inesperado.

3. Una nueva visión del ecumenismo. En el mencionado discurso, el Papa dejó ver su paradigma sobre el modo de llegar a la unidad entre las diversas confesiones cristianas reformadas y la Iglesia católica.

Francisco retoma el tema de Juan Pablo II sobre “purificar la memoria”, o sea, reconocer los errores que se cometieron por parte de las dos confesiones. Desde ahí el Papa pide mirar al futuro sin “el peso de los contrastes y preconceptos del pasado”, para poder acoger los dones que provienen de las diversas tradiciones confesionales y “acogerlos como patrimonio común”.

Además, el Papa quiere superar “las heridas del pasado”, porque hay una realidad común de origen sobrenatural que es más fuerte: el Bautismo. Como el bautismo nos ha hecho hijos de Dios, nos ha convertido en hermanos y, por eso, “nunca más podemos permitirnos ser adversarios o rivales”, concluyó.

Epílogo. Francisco es un gran continuador del movimiento ecuménico que inició con Pablo VI en 1967. El Papa argentino sabe que la unidad no se va a lograr únicamente por la vía doctrinal, pues cinco siglos de disputas teológicas no lo consiguieron. Sin cambiar nada el contenido de la fe, el Pontífice busca que católicos y luteranos retomen la vía sobrenatural –la oración y la fraternidad bautismal– para “caminar juntos” hacia el milagro de la unidad completa.

 

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Para que todos se salven, vayan a todos los caminos

Durante siglos se pensaba que la tarea de acercar almas a Dios, era labor exclusiva de sacerdotes, religiosos y misioneros. Tuvo que realizarse un suceso importante, el Concilio Vaticano II para proclamar solemnemente que todos los fieles laicos también estaban llamados al ejercer el apostolado.

Esto viene a colación, porque se acaba de editar en México, la homilía de san Josemaría Escrivá de Balaguer, titulada: “Para que todos se salven” (1). Y es que la llamada a la vida cristiana comporta no sólo cumplir los Mandamientos y portarse conforme a la doctrina de Jesucristo, sino que tiene una dimensión apostólica. Todos participamos, de diverso modo, de esta unidad de misión que ha recibido la Iglesia desde Pentecostés hasta el fin de los tiempos.

En estas semanas de la Pascua de Resurrección, en los textos de la Sagrada Escritura seleccionados para la Santa Misa, sobresale ese mandato imperativo que encarga Jesucristo a sus apóstoles cuando les dice: “Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo cuanto les he mandado. Y sepan que estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo 28, 19-20).

“Es tarea de los hijos de Dios -comenta en su homilía san Josemaría- lograr que todos los hombres entren -en libertad- dentro de la red divina, para que se amen. Si somos cristianos, hemos de convertirnos en esos pescadores que describe el profeta Jeremías, con una metáfora que empleó también repetidamente Jesucristo: ‘Síganme, y yo haré que vengan a ser pescadores de hombres’(Mateo, 4, 19), dice a Pedro y a Andrés”.

La pregunta que muchos fieles laicos se hacen es: ¿Cómo realizar ese apostolado o esa labor de acercar almas a Dios? ¿Debo apartarme del mundo? ¿Es necesario que abandone mi profesión? La respuesta es: No, definitivamente no hace falta hacer cosas raras para ayudar a los demás a que conozcan a Jesucristo.

Más bien, en medio de nuestro trabajo diario, de nuestros deberes familiares y sociales, allí se encuentran las ocasiones de realizar el apostolado. Cada uno en su sitio, en el lugar que ocupa en el mundo, puede ayudar a los demás a descubrir y asumir las exigencias de la vocación cristiana.

¿Cuál es el punto de partida? La amistad verdadera. Cuando se tiene confianza y aprecio hacia los amigos, es entonces cuando surge de modo espontáneo ese afán de dar a conocer la maravilla de tratar íntimamente a Jesucristo. Hay una amistad real cuando con los amigos se llega a hablar de los temas más personales y profundos; es natural que se comuniquen lo que piensan y hacen en relación a su trato con Dios.

Las personas de todas las épocas, en un determinado momento de sus vidas, sienten la necesidad imperiosa de encontrar una respuesta trascendente que explique el sentido profundo de la existencia humana y se plantean preguntas como: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Qué sentido tiene mi paso por esta tierra? ¿Qué hay después de esta vida tan breve? Las respuestas frívolas o superficiales ya no bastan y el intelecto humano tiene un profundo anhelo de encontrar la Verdad, con mayúscula.

Y como escribió el ahora Papa Emérito, Benedicto XVI, el Camino, la Verdad y la Vida se encuentra no en un pensamiento filosófico ni en una ideología sino en una Persona: Jesucristo. Y san Josemaría concluye en su homilía: “Pídele a María, Regina apostolorum (Reina de los apóstoles), que te decidas a ser partícipe de esos deseos de siembra y de pesca, que laten en el Corazón de su Hijo. Te aseguro que, si empiezas, verás, como los pescadores de Galilea, repleta la barca. Y a Cristo en la orilla, que te espera. Porque la pesca es suya.”

(1) Josemaría Escrivá de Balaguer, “Para que todos se salven”, Primera edición, Editorial Minos Tercer Milenio, México, 2017.

Catalina de Siena: Una mujer admirable que se adelantó a su tiempo

En la Edad Media, por lo general, las mujeres no brillaban mucho porque les estaba prohibido actuar en muchos ámbitos de la sociedad, como el de la política, las ciencias, la cultura, el estudiar en las universidades, etc.

Hubo una mujer, Catalina de Siena, nacida en 1347, que rompió con esa tradición. Tenía el don de la palabra y facilidad para escribir con claridad y contundencia. No obstante que ingresó muy joven en la Tercera Orden de Santo Domingo, sobresaliendo por su espíritu de oración y penitencia, llevada por su amor a Dios trabajó incansablemente para influir en la opinión pública de su tiempo.

Se conservan alrededor de 400 cartas -extensas, en su mayoría- y un libro El Diálogo, fruto espiritual de su trato con el Señor. Eran los tiempos difíciles en que el Papa Gregorio XI había abandonado su sede, como obispo de Roma, y se había desterrado en Avignon, Francia. Naturalmente, la cristiandad sufrió considerablemente la ausencia del Sucesor de San Pedro porque necesitaba a un pastor más vigilante de su grey.

Después de escribirle muchas cartas al Papa, Catalina de Siena se trasladó hasta Avignon para pedirle al Santo Padre que regresara a Roma. Pero también dirigió sus misivas a innumerables obispos, sacerdotes y laicos que se habían apartado del buen camino. Los visitaba cordialmente y los exhortaba con amabilidad de tal manera que logró influir notablemente en numerosas personas de peso en la sociedad.

Se percataba que si el Papa luchara por ser, no sólo una buena persona, sino santa y muy pastoral, repercutiría de gran manera en la Iglesia. También estaba convencida que un obispo, si era fiel seguidor de Cristo, podía transformar una diócesis; lo mismo que un sacerdote en su parroquia, si era un santo varón, podría hacer un bien enorme en cientos de almas.

Y para lograr esa colosal labor, Catalina de Siena escribía, escribía y escribía… Y luego sacaba una cita con un obispo o párroco determinado y lo animaba, de un modo positivo y respetuoso, a que se corrigiera sobre ciertos errores prácticos y le abría nuevos horizontes en su labor de almas. Por ello, escribía: “Si muero, sepan que muero de amor apasionado por la Iglesia”.

Catalina de Siena era una mujer muy femenina, sensible, alegre, natural, pero a la vez enérgica y con una sorprendente fortaleza. Tuvo la valentía de decirles grandes verdades al Papa de su tiempo, a muchos obispos, religiosos, presbíteros y fieles laicos. Hablaba y escribía con mucha audacia y claridad, poniendo siempre su confianza en Dios.

Proclamó por todas partes la obediencia y amor al Romano Pontífice, de quien escribió: “Quien no obedezca al Cristo en la tierra (es decir, al Papa), el cual está en el lugar de Cristo en el Cielo, no participa del fruto de la Sangre del Hijo de Dios”.

Murió el 29 de abril de 1380. Fue canonizada por el Papa Pío II y el culto a Santa Catalina de Siena pronto se extendió por toda Europa. El ahora Beato Paulo VI la declaró Doctora de la Iglesia. Sin duda, es un gran ejemplo para todos los cristianos y, en forma particular, quienes laboran en los medios de comunicación e influyen en la opinión pública.

22 de febrero: día de la fidelidad al Romano Pontífice

El 22 de febrero se celebra en la Iglesia la Cátedra de San Pedro. Es la fiesta en que los católicos nos unimos firmemente en torno a la figura del Papa para secundar con fidelidad sus enseñanzas y su Magisterio porque él es el Sucesor de San Pedro.

Jesucristo vino a este mundo para redimirnos mediante su Pasión, Muerte y Resurrección, y de esta forma, abrirnos las puertas del Cielo. En su pasó por la tierra se mostró como el Mesías esperado de las naciones; realizó los prodigios y milagros que los profetas anunciaron y vino también para fundar una Iglesia, que sería el mejor testimonio de que Cristo está presente entre los cristianos.

Pero un aspecto fundamental era el nombramiento de su representante directo en la tierra, cuando Jesús ascendiera a los Cielos. Y el Señor eligió a San Pedro como su Cabeza Visible; el que haría sus veces como su Vicario. Por ello, fue un querer divino que este ministerio petrino se extendiera a través de los siglos con la elección sucesiva de los Romanos Pontífices.

Ya desde el siglo III, San Cipriano escribía: “Se da a Pedro el primado para mostrar que es una la Iglesia de Cristo y una la Cátedra”, es decir, el Magisterio y el gobierno. Y para recalcar más la unidad añadía: “Dios es uno, uno es el Señor, una es la Iglesia y una es la Cátedra fundada por Cristo”.

Sabemos por fe, que es el Espíritu Santo quien gobierna a su Iglesia a través de su Vicario en la tierra, el Santo Padre. Y con esta fiesta se ha querido realzar y señalar el episcopado del Príncipe de los Apóstoles, su potestad jerárquica y magisterio en la urbe de Roma y por todo el orbe.

Esta fiesta nos recuerda a todos los católicos, la obediencia y el gran amor que profesamos al que hace las veces de Cristo en la tierra, “al dulce Cristo en la tierra” como acostumbraba decir Santa Catalina de Siena, quien amó con obras y de verdad a la Iglesia y al Romano Pontífice en tiempos particularmente turbulentos.

El amor al Papa Francisco es señal cierta de nuestro amor al Cristo. Y este amor y veneración se han de poner de manifiesto en la petición diaria por su persona y por sus intenciones. La fiesta de hoy nos ofrece, también, una oportunidad más para manifestar nuestra filial adhesión a las enseñanzas del Santo Padre, a su Magisterio y hacer un examen personal sobre con qué interés nos mantenemos informados de lo que el Papa va predicando en sus encíclicas, exhortaciones apostólicas, homilías, documentos, escritos, alocuciones, etc. y, sobre todo, llevar a la práctica esas enseñanzas.

¡Qué duro debe ser el peso que grava sobre el Papa en el gobierno universal de toda la Iglesia! Sin duda que se deberá de enterar de todas las buenas noticias pero también de las malas, algunas de ellas particularmente dolorosas. Y ello nos debe animar a venerarle, a quererle con verdadero afecto y ayudarle con la oración. San Josemaría Escrivá de Balaguer escribía: “Ama, venera, reza, mortifícate -cada día con más cariño- por el Romano Pontífice, piedra basilar de la Iglesia, que prolonga entre todos los hombres, a lo largo de los siglos y hasta el final de los tiempos, aquella labor de santificación que Jesús confió a Pedro” (Forja, números 134 y 136).

La actualidad de la Encíclica Veritatis Splendor (El esplendor de la Verdad) de San Juan Pablo II

Una de las Encíclicas más brillantes por el esplendor de la verdad que encierra es justo la Veritatis Splendor, de San Juan Pablo II. Es una Encíclica muy luminosa que inicia afirmando el derecho de los fieles, es decir, de todos los bautizados a recibir la doctrina católica en su pureza e integridad.

El tema central del documento, es el conjunto de la enseñanza moral de la Iglesia (n.4) que ha sido deformada por los mismos cristianos que rechazan la ley natural universal, inmutable e indispensable. Lo más triste es que este rechazo ha provocado que la unidad de la Iglesia sea herida no sólo por los que la rechazan sino por los que la falsean y los que ignoran las normas morales (n.26). Y es que, lo que dice San Juan Pablo II es que con la exaltación de la ciencia y de la técnica, los teólogos y muchos pastores no se dan cuenta de que algunas interpretaciones no son compatibles con la doctrina sana (n.29). Por eso San Juan Pablo II señala sobre todo a los Obispos, los principios necesarios para el discernimiento de lo que es contrario a la doctrina verdadera. (n.30).

Al tratar los temas de la verdad, de la ley moral y de la libertad, la Encíclica nos alerta de los errores que surgen de la crisis en torno a la verdad y al bien, y que afectan nuestra libertad. De hecho señala que hay ciertas “teologías” infectadas de subjetivismo que niegan la dependencia de la libertad respecto a la verdad (n.34) y provocan que cada individuo o grupo social pueda decidir sobre el bien y el mal (n.35) según sus circunstancias y sus situaciones. La Encíclica señala e insiste en el peligro de esas “teologías” que afirman que Dios únicamente nos exhorta a obrar bien, pero es el hombre el que crea las “normas” adecuadas a cada situación histórica concreta. Nos alerta de la falsa doctrina que afirma que los mandamientos y las leyes naturales sólo son orientaciones generales que no determinan la valoración moral de cada acto humano en sus situaciones concretas (n.37 y 47).

Para evitar esos errores, San Juan Pablo II promueve las cuestiones 90, 91 y 92 del libro I-II de la Summa Teológica de Santo Tomás de Aquino (n.44). Con lo que queda claro que no se trata de las opiniones de las mayorías, ni de situaciones concretas, ni de culturas, ni mucho menos de estadísticas comprobables. Existe una subordinación total de la libertad humana a la ley moral natural, que el mismo Dios ha establecido en la naturaleza humana para que el hombre alcance su felicidad (n.46).

Por eso es muy importante para nosotros saber que esa falsa doctrina que se llama Ética de situación ha sido enseñada y se enseña en algunos seminarios y universidades eclesiásticas o de inspiración cristiana, porque además está muy difundida en toda clase de centros de formación católica. San Juan Pablo II reafirma la universalidad y la inmutabilidad de la ley que considera la singularidad de los actos, sobre todo en lo que se refiere a la responsabilidad moral, pero en lo que se refiere a la bondad o maldad moral de un acto concreto, es muy claro en afirmar que es necesario comparar ese acto con la ley moral natural.

De hecho dice que el hombre descubre en su conciencia una ley que él no se ha dado a sí mismo y que no depende de sus conveniencias ni de sus situaciones por difíciles que sean. San Juan Pablo II es tan claro que en el número 56 afirma contundentemente que no se puede acudir a soluciones contrarias al Magisterio para resolver casos particulares. La verdadera doctrina indica que la ley ha de aplicarse a cada caso particular con carácter imperativo de modo que así se vincule la libertad con la verdad.

Pero además, es de sentido común para toda persona que busca sinceramente la verdad, el darse cuenta que, por ejemplo, respecto a una ley natural que impide que quitemos la vida a un inocente como es el caso de un embrión, podamos decir que en esta situación concreta, o por las intenciones o por las circunstancias, esa ley no es aplicable o tiene excepciones (n. 78). Porque no es difícil darse cuenta de que en ese momento cualquiera puede tener un sin número de razones para justificarse, con lo cual caeríamos en un relativismo craso.

San Juan Pablo II nos cuida tanto, que también nos alerta de otros dos errores que acaban en el relativismo, que son el consecuencialismo que consiste en valorar un acto por sus consecuencias y el proporcionalismo que consiste en valorar un acto por la proporción entre el acto y sus efectos. Estos dos casos caen también en el relativismo en el que a partir de las consecuencias y las proporciones, cada uno puede justificar el realizar un acto contrario a la ley moral natural. Por eso San Juan Pablo II ratifica la doctrina de que más allá de las intenciones, de las situaciones, de las proporciones y de las consecuencias, el acto humano es bueno o malo objetivamente. Es lo que se ha llamado en la Tradición católica, el objeto del acto. Matar a un embrión siempre será malo, intrínsecamente malo, como lo es el adulterio, la calumnia o la difamación independientemente de las intenciones, de las consecuencias, de las proporciones y de las situaciones en que se lleven a cabo dichos actos. Por eso la Encíclica insiste en que la relación entre la verdad y la libertad es fundamental porque el verdadero bien de la persona consiste en estar en la Verdad y en realizar la Verdad (n.84).

La Encíclica de San Juan Pablo II es una verdadera joya porque es una vacuna perfecta contra el relativismo al afirmar que, incluso en las situaciones más difíciles, el hombre debe observar la norma moral aunque sea a costa del martirio (n.102). Pero además añade que la Iglesia, desde su mismo origen, está llamada a la evangelización siempre nueva, frente a la decadencia del sentido moral (n.106). Porque la Iglesia también tiene una propuesta moral (n.107) que consiste en una llamada y exhortación a la santidad tal y como María ha sido signo luminoso y ejemplo preclaro de la vida moral (n.120). San Juan Pablo II afirma muy claramente que los profesores de Filosofía Moral y de Teología Moral, deben exponer la doctrina de la Iglesia y dar, en el ejercicio de su ministerio, el ejemplo de un asentimiento leal, interno y externo, a la enseñanza del Magisterio, sea en el campo del dogma como en el de la moral. (n.110).

Por todo esto es tan de agradecer esta Carta Encíclica de San Juan Pablo II, sobre todo en estos momentos de oscuridad, de confusión y de relativismo moral.

Manuel Ocampo Ponce
Universidad Panamericana
Guadalajara Jalisco, México.

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