Noli me tangere (Parte II)

“Sacramentum Pietatis, Signum Unitatis, Vinculum Charitatis” (San Agustín de Hipona)

Entre los medios de santificación que nos proporciona nuestra religión católica, los Sacramentos son los de mayor eficacia dado que nos infunden la Gracia Divina. Y el Sacramento que más nos santifica es la Sagrada Comunión, porque es el centro de todo y nos abre la puerta a los demás medios de santificación. Nos une a Dios y nos hace amar lo que Él ama.

Recibida frecuentemente y bien, la Sagrada Comunión ilumina nuestro entendimiento para las cosas de Dios; puede fortalecernos contra las tentaciones del demonio, hallando la fuerza para resistirlas y nos quita el afecto hacia las cosas del mundo, hacia todo aquello que nos aparta de Dios.

La pequeña forma blanca que el sacerdote nos da a los fieles tiene estos nombres: la Hostia, la Forma Consagrada, la Sagrada Comunión, la Eucaristía, Nuestro Señor Sacramentado o el Santísimo Sacramento del Altar; en la Hostia esta por entero el cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, también su sangre, su alma y divinidad. Cabe mencionar que es lo mismo si recibimos una forma entera o una parte de ella, ya que al partirla no se parte a Nuestro Señor, sino que Él queda por entero en cada una de esas partes por pequeñas que sean.

Recibir la Sagrada Comunión en la boca, aunado al uso de la bandeja de la comunión, evita la caída al suelo de pequeñas partículas así como gotas del vino consagrado. El tener especial cuidado al comulgar es una muestra de delicadeza, amor y fe hacia Nuestro Señor Sacramentado; fe en la Presencia Real de Cristo.

Debemos tener claro que, en lo que se refiere al Santísimo Sacramento, entre más perciben los sentidos externos, menos penetra el entendimiento. Al recibir la Sagrada Comunión en la mano, la caída de fragmentos al suelo es inevitable, así como una gradual pérdida de fe. Por tanto, la difusión de errores respecto al modo en que ha de recibirse es el más común de los ataques hacia la Sagrada Eucaristía, tal es el caso de la comunión en la mano.

Una de las apologías sobre ello es aludir a la participación activa de la feligresía, especialmente de los jóvenes, su entusiasmo y sensibilidad. En efecto, debemos preocuparnos por la juventud y proporcionarle la riqueza espiritual acumulada a través de los siglos, más no involucionar al ceder ante “innovaciones” que ponen en peligro de profanaciones al Santísimo Sacramento.

Argüir que no somos niños, sino adultos para tomar por nosotros mismos la Sagrada Comunión con las manos es un craso error. Este argumento que es el absurdo total y la respuesta a ello es: La Eucaristía no es un alimento humano, sino divino; por tanto, mientras más se humanice, disminuyéndole al nivel de la sensibilidad, adaptándola al hombre en función de sus hábitos, menos atrae y eleva el espíritu.

Por otro lado, cabe mencionar que un mal entendido ecumenismo jamás debe inducirnos a copiar la “cena” protestante, o bien pensar que la comunión en la mano ayudará a acercarlos a la fe católica; se desnaturaliza la liturgia y el dogma católico. No es en modo alguno el camino para acercar a otros. La unión en el error, separa de Dios; la Unidad solo puede ser dada en la Verdad de la cual es depositaria la Iglesia Católica.

En la primera parte se habló sobre cómo es que la comunión en la mano fue un abuso ante el cual la Iglesia concedió un indulto solo a ciertas Conferencias Episcopales (Alemania, Bélgica y Francia, mismas que ya habían presentado oposición a la encíclica Humana Vitae). Tan sólo este hecho debe hacernos comprender la preocupación de la Madre Iglesia sobre las consecuencias que este modo de recepción de la Sagrada Comunión produce no solo en cuanto a profanaciones, sino también en la fe de los fieles, su entendimiento para las cosas de Dios y la paulatina erosión de la doctrina católica.

El sentido común nos indica que la mano es el medio de posesión que más usamos; el simple tacto entraña un dominio sobre aquello que tocamos: un libro, una galleta, una cuchara, un suéter, un lápiz, una computadora. Pues bien, la Sagrada Eucaristía es un alimento divino que sobrepasa nuestros merecimientos y que hemos de recibir en estado de Gracia, humildad y agradecimiento.

Basta con responder con franqueza si para nosotros es lo mismo acudir a comulgar con las manos en los bolsillos para luego tomar la Sagrada Comunión en la mano y de pie, que hacerlo llevando las manos juntas para luego arrodillarse y recibirle en la boca. Es probable que nadie le haya hablado de ello, que jamás haya visto a alguien hincarse para recibir la Sagrada Comunión, sin embargo nada nos dispensa del deber de instruirnos y de que, al buscar sinceramente la Verdad, nos adhiramos a ella con amor y sumisión, entendiendo estas sencillas palabras:

Noli me tangere…

Noli me tangere (parte I)

«La fe no es, como muchos creen, una confianza emocional; no es la creencia de que algo te va a pasar a ti; no es ni siquiera una voluntad de creer a pesar de las dificultades. Más bien la fe es la aceptación de una verdad por la autoridad de Dios revelador.» Mons. Fulton Sheen

En los primeros años el cristianismo conocía como único modo de dar la Sagrada Eucaristía a los fieles, el depositarla en las manos. Sin embargo, llegaría el tiempo en que sería consciente de una mayor reverencia al profundizar en la verdad del misterio y una mayor humildad, lo cual beneficio el hábito de depositarla en la lengua. En efecto, una costumbre debe ceder ante la profundización de la fe en el Misterio Eucarístico.

En la época reciente, la práctica de administrar la comunión en la mano fue introducida –léase bien- como un abuso litúrgico y teológico hacia el Santísimo Sacramento; se había extendido en países como Alemania, Bélgica, Holanda y Francia, en una clara indisciplina que venía precedida por problemas doctrinales con el misterio de la Sagrada Eucaristía. Ante ello, el Papa Paulo VI, concedió en 1968 un indulto solo a Alemania y Bélgica, el cual estaba sujeto a limitaciones; más tarde, ante las protestas suspendió la concesión ese mismo año.

Al año siguiente la Instrucción Memoriale Domini recogió el resultado de una consulta mundial hecha a los obispos, en el cual la mayoría aplastante se oponía a la introducción de ésta práctica abusiva. Dicha Instrucción no equipará jamás ambas formas de recibir la Sagrada Eucaristía, sino que considera la comunión en la lengua como la forma más apropiada de recepción. Tolera la comunión en la mano dando un indulto solo donde se habían cometido los abusos. Al mismo tiempo la Instrucción indicaba la necesidad de impartir una catequesis que destacara los méritos de recibir la Sagrada Comunión en la boca.

La problemática de dar la Comunión en la mano, no solo es litúrgica, sino también teológica, dado que la Eucaristía es el centro de nuestra religión. Ésta práctica expone al Santísimo a una infinidad de profanaciones; por tanto aludir a un pasado para defender la comunión en la mano es un gravísimo error; se trata de una involución, un retroceso que conlleva las más catastróficas consecuencias.

Entre éstas, se halla el hecho de que se reduce el respeto a la Sagrada Eucaristía, vulgarizando al tomarle como objeto y teniendo un dominio sobre la Sagrada forma, sobrepasando los límites que fija los deberes del culto de latría (que es debido solo a Dios). La caída de fragmentos, la profanación de las especies sagradas va unido a ésta práctica. Por si esto no fuera suficiente, le acompaña la deformada y abusiva costumbre de celebrar la Santa Misa como un banquete de alegría en la que se reúnen amigos; en lugar de celebrarla como lo que es: el sacrificio incruento de Cristo en la Santa Cruz.

Se argumenta en no pocos ambientes católicos o pseudocatólicos que a Dios lo que le importa es lo que tenemos en el corazón, Él ve las intenciones y no unas “anacrónicas” reglas y ritos que “matan” el amor en nosotros. Craso error. Debemos entender que nosotros no solo somos intenciones y sentimientos, sino también sentidos y actos, hablamos del culto externo. Yerra terriblemente quien prescinde de dicho culto pues ello no puede suprimirse jamás.

Hemos de recibir la Sagrada Eucaristía lo más consciente y amorosamente posible, con el debido estado de Gracia; el nuestro debe ser un amor que nos estimule a hacer todo lo posible para honrarlo y nunca un sentimentalismo o necedad que lo vulgariza y produce infinidad de profanaciones.

Así pues, el gesto externo habla de un correcto o deficiente respeto por lo sagrado, de un adecuado entendimiento o no, del Santísimo Sacramento. La Sagrada Eucaristía no es un símbolo, no es una galleta, no es un banquete; es la Presencia Real de Jesucristo, dogma de fe.

El ataque al centro de nuestra religión no es nuevo, los modernistas en su momento habían pedido a San Pío X autorización para comulgar de pie alegando que “Los israelitas comieron de pie el cordero pascual”, el Santo Padre les respondió: «El Cordero Pascual era tipo (símbolo, figura o promesa) de la Eucaristía. Pues bien, los símbolos y promesas se reciben de pie, más la realidad se recibe de rodillas y con amor”.

Así sea…

El Obispo Celestino Áos, el Masterplan y los abusos litúrgicos

Hace un par de meses era noticia que el Obispo Celestino Áos Bracco, de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, español radicado en Chile, negaba la Sagrada Comunión a los laicos que se arrodillaron. Era la Santa Misa Crismal del Jueves Santo en la Arquidiócesis de Santiago de Chile.

Cabe mencionar que la Instrucción Redemptionis Sacramentum preparada durante el pontificado de San Juan Pablo II, indica en el apartado 91: “…Así pues, no es lícito negar la sagrada Comunión a un fiel, por ejemplo, sólo por el hecho de querer recibir la Eucaristía arrodillado o de pie”.

Este abuso litúrgico es, por desgracia, practicado por varios sacerdotes, diáconos, seminaristas y ministros extraordinarios de la comunión. Rechazan las normas referentes a la liturgia; todo aquello que implique una regla es menospreciado para dar paso a la imaginación sobre lo que creen que debería hacerse en la administración de los sacramentos. Cuando se cometen abusos en materia litúrgica, se da paso a una paulatina pérdida del sentido de lo sagrado, una desacralización.

¿No lo cree? Piense en cuantas veces nos excusamos de seguir las normas litúrgicas con aquello de que “Dios no ve los ritos sino lo que está en nuestros corazones”; se adoptan las ideas más insensatas; se promulga una Iglesia sin jerarquías, sin dogmas, sin doctrina,… y a la postre sin Dios. Si bien, está permitido comulgar de pie y en la mano (esto último únicamente en ciertas Conferencias Episcopales y solo tolerado), el comulgar de rodillas y en boca es la forma más respetuosa de recepción del sacramento, dado que es señal de adoración y de reconocimiento de Dios.

Si usted encuentra excesivo o insignificante el gesto externo de comulgar de rodillas y en la boca, debo recordarle la existencia del Masterplan para destruir a la Iglesia Católica desde dentro. Un plan de la masonería que salió a la luz en 1973, el cual intenta atacar el dogma de la Eucaristía de forma paulatina, erradicando todo aquello que huela a sagrado: que la gente no se arrodille para la Comunión; que vea como cosa normal el tomar la Hostia con la mano, pues se trata de un “banquete” y por ende se de fomentar la “hermandad” con la palabra, el canto, el diálogo (como elementos principales). Desaparece el concepto de Sacrificio en la Santa Misa; que no se use bandeja para la Comunión, así que no importa si caen partículas al suelo,  étc. Este plan ataca también a la Santísima Virgen, a los Santos, las devociones como el Santo Rosario, conseguir que los sacerdotes se casen, étc. Confía en la acción de  1,300 marxistas introducidos en el Sacerdocio para horadarla desde sus entrañas.

La pregunta obligada es ¿cree usted en la presencia real de Nuestro Señor Jesucristo en la Eucaristía? Si su respuesta es afirmativa, entonces ¿por qué no se arrodilla?

Grave es la responsabilidad de los sacerdotes que por ignorancia, dolo o deficiente formación,  arrastran a otros a cometer abusos litúrgicos y a una desacralización cada vez mayor en sus parroquias y diócesis. Extienden la ignorancia en los fieles que, ávidos están de regirse por el corazón y los sentimientos antes que por una correcta disposición del alma y del cuerpo para comulgar dignamente.

En 2001, el entonces Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, en su libro  “Introducción al Espíritu de la Liturgia” escribió el siguiente párrafo que debemos recordar:

“Existen ambientes, no poco influyentes, que intentan convencernos de que no hay necesidad de arrodillarse. Dicen que es un gesto que no se adapta a nuestra cultura (pero ¿cuál se adapta?); no es conveniente para el hombre maduro, que va al encuentro de Dios y se presenta erguido. (…) Puede ser que la cultura moderna no comprenda el gesto de arrodillarse, en la medida en que es una cultura que se ha alejado de la fe, y no conoce ya a aquel ante el que arrodillarse es el gesto adecuado, es más, interiormente necesario. Quien aprende a creer, aprende también a arrodillarse. Una fe o una liturgia que no conociese el acto de arrodillarse estaría enferma en un punto central.”

Esta es una batalla por la salvación de las almas…

Sin Dios no existe la verdad, ni el bien ni el mal: Benedicto XVI

El Papa Emérito, Benedicto XVI, con la expresa autorización del Papa Francisco, acaba de publicar un revelador documento, titulado: “La Iglesia y el escándalo del abuso sexual”. En el que aporta valiosos consejos y sugerencias para resolver esta dolorosa situación por la Iglesia está atravesando desde hace algunos años. Una de sus conclusiones es que la verdadera solución se encuentra en volver al amor Dios.

Considero que este importante documento de Benedicto XVI hay que leerlo con calma, sopesando cada una de sus frases, porque vierte muchos conceptos luminosos y brinda bastantes pistas para comprender mejor esta compleja problemática. Todo ello es resultado de su amplia experiencia pastoral, lo mismo que de sus análisis e investigaciones como un brillante teólogo de nuestra época.

Parte desde la revolución sexual de los años sesenta hasta lo que está ocurriendo actualmente en ciertos ambientes de la Iglesia. Todo este cambio radical del pensamiento y del sistema de valores, condujo a algunas personas a introducirse dentro de una mentalidad hedonista, manifestada en una afanosa y desbocada búsqueda “del placer por el placer mismo”.

El Papa Emérito realiza un espléndido diagnóstico en que resume el fenómeno de este convulsionado tiempo, cuando escribe: “Un mundo sin Dios solo puede ser un mundo sin significado. (…) En cualquier caso, no tiene propósito espiritual. De algún modo está simplemente allí y no tiene objetivo ni sentido. Entonces no hay estándares del bien ni del mal. La verdad no cuenta, en realidad no existe”.

Pero uno de los conceptos que más me impactaron es su afirmación de que detrás de todos los desórdenes sexuales dentro de la Iglesia Católica, en el trasfondo subyace una profunda crisis de fe. Porque hay teólogos que ya no creen en el mensaje de Jesucristo. Y comenta que en el Posconcilio se quiso crear una «nueva iglesia», algunos teólogos y clérigos realizaron el experimento, pero fracasaron.

Ante esa confusión doctrinal, el Papa Juan Pablo II, con ayuda del Cardenal Ratzinger y un equipo de expertos, elaboraron el Catecismo de la Iglesia Católica. Sin embargo, hubo quienes se opusieron a aceptar las verdades objetivas, universales y perennes, sobre todo en materia de moralidad.

Debido a ello, se publicó la encíclica «Veritatis Splendor» («El Esplendor de la Verdad») en la que se aclara –entre otros temas- que es equivocado pensar que la moral es relativa; meramente circunstancial, pasajera y efímera; en la que todas las conductas del actuar humano son concebidas dentro de una visión laxa y opinable (subjetivismo).

Como algunos teólogos no obedecieron ni fueron dóciles a este trascendental documento papal vino todo este estado de caos y anarquía, particularmente en materia de sexualidad. Y en su confusión, siguieron las teorías psiquiátricas de Sigmund Freud (Pansexualismo), Erich Fromm, Alfred. Adler, Wilhelm Reich, Carl Gustav Jung, y todo ello, mezclado con las doctrinas de Karl Marx, Friedrich Engels, del filósofo Herbert Marcuse (quien propone conjuntar las teorías de Freud con las de Marx), etc. El resultado fue esa combinación explosiva y devastadora que observamos en nuestros días.

Gracias a Dios, todo lo descrito no es una situación generalizada dentro de la Iglesia, sino que se reduce a puntos muy focalizados. En otras palabras, todo lo expuesto no nos debe llevar a una actitud pesimista y desesperanzada. En primer lugar, porque la Iglesia es Jesucristo presente entre los cristianos, el Cuerpo de Cristo, el Pueblo de Dios y Sacramento universal de Salvación y, además, durará por siempre. En segundo lugar, porque continuamente se está renovando y surgen en los cinco continentes numerosas vocaciones para la vida sacerdotal, religiosa, misionera y laical. Son miles de personas las que se convierten, encuentran a la Persona de Cristo y son bautizados. Se palpa a diario cómo la gracia de Dios fluye abundantemente y, a lo largo de su historia, la Iglesia ha superado todas sus crisis por muy acentuadas que hayan sido.

Una última reflexión. Es admirable que este Papa Emérito continúa velando por el bien de la Iglesia. Sigue siendo fiel y congruente a sus principios: ahondar en la verdad, con energía y determinación, aunque en ciertos sectores no sean bien recibidos sus documentos y despierten ciertas críticas. Pero, sin duda, estamos ante un Papa Emérito santo, valiente y sabio.

¿Qué hizo Benedicto XVI para detener los abusos sexuales?

Se cumplieron seis años de la renuncia de Benedicto XVI, que entró en vigor aquel 28 de febrero de 2013. A pesar de su humilde y frágil figura, el Papa emérito ha sido clave en la lucha para erradicar la pederastia en la Iglesia católica.

  1. Francisco reconoce la valentía de Benedicto. En la conferencia de prensa, en el vuelo de regreso de su viaje apostólico a los Emiratos Árabes, el pasado 5 de febrero, el Papa hizo referencia a su predecesor como un “hombre fuerte” que “de débil no tiene nada”, porque tuvo el valor de enfrentar la corrupción sexual, haciendo una velada alusión al caso Maciel de 2006.

En otro momento, al cumplirse un año de su Pontificado, en una entrevista al diario italiano Il Corriere della Sera, (5 mar. 2014), Francisco dijo que, en cuanto al tema de abusos sexuales de menores, “Benedicto XVI ha sido muy valiente y ha abierto un camino”, sobre el cual “la Iglesia ha hecho mucho”.

  1. En el inicio de la crisis. Desde su época de Prefecto, durante el Pontificado de Juan Pablo II, el entonces Cardenal Ratzinger comenzó a dar pautas de actuación para atender a las víctimas y procesar a los abusadores, pues hasta ese momento la política de la Santa Sede era que “la ropa sucia se lava en casa”.

En abril de 2002, con motivo de los reportajes del diario “Boston Globe”, que destaparon el encubrimiento de abusos por parte de clérigos, Juan Pablo II convocó a una cumbre a los obispos de Estados Unidos.

Ahí el Papa polaco expresó que “no hay lugar en el sacerdocio y la vida religiosa para quienes quieren perjudicar a los jóvenes”, dando a entender que se debían expulsar del sacerdocio a los abusadores, y no únicamente cambiarlos de parroquia.

  1. El caso de Irlanda. En octubre de 2005, durante el primer año de Pontificado de Benedicto, una investigación del Gobierno de Irlanda descubrió más de cien casos en un diócesis del condado de Wexford, en el que los acusados sólo fueron trasladados a otras diócesis.

En un acto sin precedentes, Benedicto XVI se reunió con las víctimas irlandesas y envió en marzo de 2010 una Carta pastoral dirigida a los fieles de Irlanda, en la que pidió que se reconocieran tanto “los graves delitos cometidos contra niños indefensos”, como el daño causado a las víctimas y sus familias, y dio la pauta novedosa hasta ese momento: “garantizar que en el futuro los niños estén protegidos de semejantes delitos”.

  1. El programa anti-abusos diseñado por Benedicto XVI. En septiembre de 2010, durante la crisis mediática, por los nuevos casos de abusos puestos a la luz pública, el Papa alemán viajó a Reino Unido y, en la conferencia de prensa durante el vuelo, esbozó el programa a seguir.

La fórmula es clara: 1) atender a las víctimas: “solicitud, compromiso por las víctimas, es la prioridad, con ayuda material, psicológica, espiritual”; 2) apartar a los culpables de todo acceso a los jóvenes, y 3) prevención: elegir bien a los candidatos al sacerdocio, para evitar casos futuros.

Aunque con el paso de los años los pasos enumerados por Benedicto XVI nos suenan como algo normal y habitual, en su momento representaron un cambio de paradigma, pues al inicio de esta crisis, las víctimas casi no eran escuchadas ni atendidas, y los culpables no eran juzgados penalmente.

Epílogo. Benedicto XVI será conocido en la historia no sólo como el “Papa teólogo”, sino también como el “Papa valiente”, que tuvo la fortaleza y el tesón de enfrentar los casos de abusos sexuales y darles un cauce legal.

Así, el Papa emérito llevó a cabo una silenciosa reforma, que puso en primer lugar a las víctimas, permitió el castigo de los perpetradores y sentó las bases para una mejor formación psicológica de los futuros sacerdotes.

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La Arquidiócesis de México, la Iglesia en salida y el Santo Cura de Ars

En reciente entrevista, el Cardenal Carlos Aguiar y su Consejo Episcopal hablaron sobre los retos que han enfrentado desde que inició su ministerio al frente de la Arquidiócesis Primada de México.

El común denominador de los obispos auxiliares entrevistados fue la necesidad de trabajar por la seguridad en las parroquias, la delincuencia, el diálogo entre sacerdotes donde impere la confianza, la atención a personas vulnerables, la alimentación a menesterosos, la formación de proyectos sociales, la necesidad de crear nuevas diócesis, acercar a los jóvenes a la Iglesia. El Cardenal Carlos Aguiar señaló la necesidad de ser una Iglesia en salida, es decir, ir a los ambientes donde se encuentran las personas más vulnerables o con necesidades más evidentes.

Sin embargo, dentro de estos planes muy necesarios, debe considerarse como algo prioritario la formación de los sacerdotes en cuestión doctrinal y litúrgica, de otro modo la Iglesia que sale, va incompleta. Se corre el riesgo de ser trabajadores sociales y no pastores. Se puede hallar penosamente sacerdotes que ya no evangelizan, que han reducido su ministerio a una cuestión administrativa o bien a obras de filantropía; parroquias con horarios de confesión cortos o confesionarios vacíos; abusos litúrgicos; homilías poco preparadas o disociadas de la doctrina católica; días de descanso intocables, en el que la parroquia se cierra completamente; sacerdotes que permiten en sus parroquias cursos de yoga, que apoyan la ideología de género; sacerdotes reacios a trabajar con tal o cual grupo parroquial, sacerdotes que emulan a los malos patrones de alguna empresa, étc. Existen claro está, muy valiosas excepciones a lo anterior.

Si bien es cierto que todos somos humanos y cometemos errores, también es cierto que hemos de corregir cuanto se pueda, con disciplina y humildad, a fin de servir a la obra de Dios en este mundo. Es loable el proyecto de Iglesia en salida, pero debe empezarse en la propia casa, es decir, en la celebración de la Santa Misa y administración de los sacramentos, en su actuar en las parroquias y universidades, con los más próximos.

Los sacerdotes de cualquier jerarquía y sin excepción, deben recordar que la salvación de las almas es la prioridad en toda acción misionera y evangelizadora, ésta no conoce de horarios, jurisdicciones, del estado anímico del sacerdote, de sus simpatías o antipatías; ha de velar por todo el rebaño y dará cuentas graves a Dios por ello.

Cabe mencionar que la obra misionera y su ministerio sacerdotal no son excluyentes. Un ejemplo de ello fue el Santo Cura de Ars (San Juan María Vianney). En su biografía se puede leer: “En cuanto llegó, consideró la Iglesia como su casa. Entraba en la Iglesia antes de la aurora y no salía hasta después del Ángelus de la tarde. Si alguno tenía necesidad de él, allí lo podía encontrar”, de igual modo, visitaba a los enfermos, fundo un instituto llamado “Providence” para niñas huérfanas, fundo hermandades y llamaba a los laicos a que colaborasen con él. Mediante la predicación y consejos, motivo a sus feligreses a acercarse al sacramento de la confesión, dando como resultado que tanto los locales como habitantes de otros lugares acudieran y se convirtieran a Dios; él llegaría a estar en el confesionario –léase bien- hasta 16 horas. En cuanto al sacramento de la Eucaristía, ejerció su labor evangelizadora mediante la celebración de la Santa Misa, que según testimonios, aseguraban “no se podía encontrar una figura que expresase mejor la adoración, contemplaba la hostia con amor”, tal era la importancia de salvar almas.

El sacerdote continúa la obra de redención aquí en la tierra, ofrece el sacrificio de la Santa Misa y el perdón de los pecados; todos tenemos necesidad de ellos, oremos por su conversión y ministerio, encomendemos a los sacerdotes a la intercesión del Santo Cura de Ars quien es su patrono, modelo y protector, un testimonio de verdadera entrega sacerdotal.

“Todas las buenas obras juntas no son comparables al Sacrificio de la Misa, porque son obras de hombres, mientras la Santa Misa es obra de Dios.” Santo Cura de Ars

Beatriz Gutiérrez Müller y la importancia de recordar…

Recientemente en el semanario católico Desde la fe, editado por la Arquidiócesis Primada de México, invito a la Sra. Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del actual presidente Andrés Manuel López Obrador.

El semanario indica en su editorial que evangelizar es comunicar, es tender puentes de comunicación en la caridad con hombres y mujeres de buena voluntad.

La primera dama, hace alusión a la conservación de los recuerdos en las diferentes religiones, mencionando algunos aspectos que llaman la atención:

*“¿No fue la Torá dictada para recordar la Alianza? ¿Los Evangelios para traer a la memoria el testimonio de Jesús? ¿No fue el Corán asimismo revelado para recitarlo, en orden a la salvación? Debe recordarse que el Corán trata con respeto a Nuestro Señor Jesucristo, pero rechaza sin vacilación su divinidad y su crucifixión, por ende su Resurrección. El islam no es redención, no hay espacio para la Cruz y Resurrección. Por ello su teología y antropología está sumamente lejos de la Cristiana. No salva.

*“La palabra se transmite de generación en generación para que no muera ¿cómo sobrevivirían las religiones del mundo sin su memoria?” Debe recordarse que la religión católica no necesita del arte para sobrevivir. La Iglesia es institución divina, obra de Dios. Las demás religiones son solo logros humanos, perecederas.

*“El arte nos salva y nos salvará.” Debe recordarse que el arte no salva, lo que nos salva es el arrepentimiento y la conversión a Dios. Para lograr la santidad y obtener la Gracia Santificante tenemos los sacramentos, que son el tesoro de nuestra fe católica. Privarse de los sacramentos en particular de la Sagrada Eucaristía, es privarse de la posibilidad de salvar el alma para la eternidad.

Si bien el católico es libre de admirar obras del mundo, ha de tener serias reservas cuando éstas provengan de autores liberales, masones, comunistas, gnósticos, ateos, o del feminismo radical.

El hecho de que un medio de comunicación católico dé cabida a una pluma liberal, envía el mensaje de que no hay nada de malo en leerle, aunque sea liberal; con el tiempo, el lector pensara que es normal consumir sus obras, aunque sea liberal; asimilar sus ideas, aunque sea comunista; propagar sus ideas, aunque sea pro ideología de género; simpatizar con su pensamiento; aunque apoye causas contrarias a la dignidad humana. Recordemos que en las recientes elecciones presidenciales, millones de católicos votaron por el partido Morena; el más radical, abortista y pro ideología de género que se haya visto en este país y muchos de ellos siguen creyendo que votaron bien; si agregamos que el semanario católico más importante da cabida a personalidades liberales, el desastre intelectual y espiritual se completa.

Tal es la responsabilidad de los medios de comunicación católicos.

Muchas veces el mensaje contenido en una obra literaria, un poema, un artículo, música, una película, ejerce su influencia en la gente y siendo liberal va minando el pensamiento. Parece loable ser condescendiente con aquellos que ponen en igualdad de condiciones nuestra Religión Católica con otras religiones y sectas, aunque en apariencia solo se hable de arte; es obvio que un pensamiento liberal no puede generar un artículo de fidelidad a la Verdad, la Religión Católica es para el éste, una más de todo el racimo de religiones existente en el mundo, algo solo para “admirarse” en un aparador, de lejos.

Tal es la importancia de recordar…

Recordar que la Evangelización es combate en el que de por medio esta la salvación de las almas

Recordar que la Religión Católica es la única religión verdadera

Recordar que la tolerancia igualitaria de todas las religiones es lo mismo que el ateísmo

Recordar que la Iglesia Católica no excluye a nadie, muy por el contrario, enseña el Camino, la Verdad y la Vida, he ahí los puentes reales que han de usarse.

Recordar que una pluma católica es propia de un semanario católico… y una pluma liberal, propia de un medio de igual basura ideológica…

Unidad entre Iglesias cristianas, ¿utopía?

La historia pesa sobre las Iglesias cristianas, divididas por cismas desde hace muchos siglos. Aunque perduran algunas diferencias doctrinales y organizativas, desde hace varias décadas las diversas confesiones se reúnen, cada mes de enero, para buscar la unión. ¿Qué se puede hacer hoy para que las Iglesias recuperen la unidad perdida?

1. Un poco de historia. En 1908, el Padre Paul Wattson, ministro episcopaliano y cofundador de la Society of Atonement (Sociedad de la Expiación), instituyó un octavario de oración por la unidad de los cristianos, que se celebró por primera vez del 18 al 25 de enero de 1908, en el que participaron más de dos mil personas, católicos y episcopalianos.

En la década de 1930, el octavario de oración experimentó importantes adaptaciones sobre todo por parte del abad Paul Couturier (1881–1953) de Lyon, quien para darle un nuevo impulso al ecumenismo, denominó a este octavario como “Semana de oración por la unidad de los cristianos”.

En 1968, la Comisión Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de las Iglesias y el Secretariado para la Promoción de la unidad de los cristianos de la Iglesia católica elaboraron unos textos de oración común que se distribuyeron en todo el mundo en las Iglesias y las parroquias de las diversas confesiones. (Orígenes cristianos.es)

2. El problema de la división. El Evangelio de San Juan recoge el momento en que Jesucristo piden al Padre celestial, que todos los que creen en Él “sean uno”, y mediante esta unidad las demás personas “pueden creer” también en Él (cfr. Juan 17,21).

Estas palabras se ha verificado también a la inversa: la división entre los cristianos de diversas confesiones, que en siglos pasados dio pie a guerras de religión en Europa, ha sido un factor para que muchas personas se alejen de la fe o no se acerquen a las Iglesias.

El camino para que la luz del mensaje de Jesús pueda ser aceptado por más personas es la unidad. Las palabras de paz y de unidad de Jesús sólo serán creíbles, si los creyentes en Él somos capaces de superar las diferencias.

3. Cristo y la unidad. En una audiencia general de enero de 2014, el Papa Francisco explicó que el nombre de Cristo crea comunión y unidad, no división. El Pontífice retomó la pregunta que San Pablo dirigía a los cristianos de Corinto: “¿Acaso está dividido Cristo?”

Luego el Papa comentó: “Ciertamente Cristo no ha sido dividido. Pero debemos reconocer sinceramente, con dolor, que nuestras comunidades siguen viviendo divisiones que son de escándalo”.

Y añadió: “¡La división entre nosotros los cristianos es un escándalo! No hay otra palabra: ¡un escándalo! Cada uno de ustedes – escribía el Apóstol – dice: ‘Yo soy de Pablo’, ‘yo en cambio soy de Apolo’, ‘yo de Cefas’, y ‘yo de Cristo’.” (News.va, 17 ene. 2019)

4. Una meta: reconocer los dones del otro. En la homilía del inicio de la Semana de oración por la Unidad de los Cristianos de este año 2019, Francisco propuso ante los líderes de las diversas confesiones un consejo muy práctico: reconocer los dones que Dios ha dado a las diversas Iglesias.

Es una invitación muy profunda, pues implica reconocer que Dios actúa en las diversas confesiones, mientras que muchas veces los fieles de cada Iglesia afirman que los miembros de las otras no son bendecidos por Dios.

Por eso, explicó el Papa que “es posible que los dones recibidos de Dios nos vuelvan ciegos para ver los dones dados a otros cristianos”. Y añadió que es “un grave pecado empequeñecer o despreciar los dones que el Señor ha dado a otros hermanos, creyendo que no son de alguna manera privilegiados de Dios”.

Y el Pontífice invitó a “reconocer el valor de la gracia concedida a otras comunidades cristianas”, ya que esto nos llevará a desear “participar en los dones de los demás”, e implicará que el pueblo cristiano “renovado y enriquecido por este intercambio de dones” sea un pueblo capaz de “caminar con paso firme y confiado por el camino que conduce a la unidad”.

Epílogo. La unidad entre las Iglesias cristianas beneficiará a toda la sociedad, porque establecerá un gran vínculo de fraternidad y no de división entre los ciudadanos de un mismo país que afirman creer en Jesucristo.

Y esta unidad –que ya desde ahora se puede notar, si los fieles de cada confesión reconocen los dones de los otros–, animará a que más personas adopten los valores cristianos, que son un recurso moral para vivir con ética y solidaridad, valores que hoy necesita la sociedad.

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Cuando el católico se convierte en el Caballo de Troya…

Es por todos conocida la historia del Caballo de Troya que según la Eneída, era un gran caballo de madera que los griegos dejaron ante Troya, después de diez años de asedio. En él se habían escondido los guerreros griegos. Los troyanos engañados por la trampa, introdujeron el caballo en la ciudad, rompiendo para ello parte de la muralla. Durante la noche, los griegos salieron de su escondite y atacaron, destruyendo la ciudad.

En nuestros días vemos a infinidad de personas preocupadas por tal o cual tema, luchando contra las injusticias del mundo. Lo anterior es loable, sin embargo hemos de ser lo bastante precavidos para advertir cuando nuestra lucha o intención puede desviarse del camino. En el caso del movimiento provida y profamilia es un ejemplo sobre el desempeño tan importante del católico.

Un católico es provida, (entiéndase un católico que conoce su fe), pero un provida no es necesariamente católico. Es la razón por la que el movimiento provida y profamilia tiene fisuras en su lucha: hay en su interior católicos liberales o estultos, ateos, gnósticos, sectarios cristianos, luteranos, budistas, musulmanes, judíos, que creen firmemente que los métodos anticonceptivos son la solución al aborto y los promueven, que la fecundación in vitro y los vientres de alquiler están justificados por ser un medio “válido” para traer vidas a este mundo, aceptan la unión civil homosexual so pretexto de que cada quien tiene derecho a vivir su vida como le plazca; todo lo anterior es visto como parte de un respeto humano.

Se entiende este pensamiento en los demás, ya que su pensamiento está mal desde la raíz, pero en el caso de los católicos no debemos decir que respetamos una conducta errada, porque en tal caso, siendo errada ha de corregirse para vivir como es debido. Lo que está mal, está mal y no puede pasar por bueno, no importa cuán conciliadores queramos parecer. Se respeta a la persona pero no la acción.

Incluso uno escucha a católicos decir: “¡No debemos imponer nuestra moral a los demás porque nos pareceremos a los izquierdistas o a los pro ideología de género! ¡No! Hay que ser respetuosos de las vidas ajenas”. Y procuran poner mucho énfasis en ello, para que el mundo no les tome por fariseos o intolerantes, penoso. Y si quieren recurrir al argumento de la caridad para acallar la realidad, recordemos que la primer condición de la caridad es no traicionar jamás a la verdad.

Cierto es que un católico en la vida pública, un político o un activista por ejemplo, no esperamos que dé una plática sobre catequesis o un tratado sobre apologética en cada aparición pública (seamos serios en esto), pero tampoco debe difundir y defender los derechos humanos en forma contraria a la doctrina de la Iglesia Católica.

Que la gente hará lo que le plazca a puerta cerrada es un hecho, sin embargo esa no es excusa para decir por ejemplo que «los homosexuales tienen derecho a hacer lo que les plazca» (como no se diría de un adultero o de cualquier otro pecador). El homosexual, el promiscuo, el adultero y cualquier otra persona que no se encuentre en estado de gracia, esta llamado a la conversión. Eso es catequesis básica. Hablamos no solo de salud pública, del bienestar común de nuestra sociedad, sino particularmente de la salvación de las almas.

El católico vacilante, ambiguo o pragmático es absorbido por el pensamiento liberal del mundo convirtiéndose en el Caballo de Troya perfecto al interior del movimiento provida y profamilia, en el grupo de catequesis parroquial, en el clero o en su propia familia. Van a las marchas a favor de la familia pero en las elecciones presidenciales votaron por el partido más radical y abortista que se haya visto en el país, se les encuentra muy dispuestos a subestimar una campaña de oración, dispuestos a usar la defensa en el vientre materno como moneda de cambio a la primera oportunidad: un puesto político en el gabinete actual, la economía nacional, los migrantes, la infraestructura, las becas, la ayuda económica a ancianos, etc.

Ser provida no es prueba alguna de catolicismo, así que no nos preocupemos por ser muy providas o profamilia, preocupémonos por ser primero católicos coherentes conocedores de su fe y doctrina católica, lo demás vendrá por añadidura, porque a la postre, podemos llegar a ser garantía de una defensa sólida de la vida desde la concepción hasta la muerte natural, hacer una promoción verdadera de la familia, combatiendo cada frente del monstruoso liberalismo que se ha esparcido como un cáncer dentro de muchos católicos. Seamos cautos respecto católicos liberales que son activistas pues tarde o temprano nos veremos siguiendo pasos errados. Debemos tener perfectamente claro que el liberalismo (que no pocos católicos promueve hoy en día), no es ni será jamás la solución a los males que aquejan a nuestra sociedad

Nadie es infalible ni perfecto, pero todos somos perfectibles dentro del plan de Dios. Recordemos siempre las palabras del Papa Pio IX:

«El liberalismo católico «es un pie en la Verdad y un pie en el error, un pie en la Iglesia y un pie en el siglo, un pie conmigo y un pie con mis enemigos».

¿En dónde estamos ahora?…

Existencias de apariencia

El 2018 finaliza con noticias complicadas para la Iglesia católica por los escándalos de abusos, pero el Papa Francisco tiene la mira puesta en dar esperanza a los que pudieran estar más confundidos o decepcionados: los jóvenes. ¿Cuáles son los temores de la juventud que hoy requieren una repuesta urgente?

  1. Los jóvenes y sus temores. Estamos en vísperas de la próxima Jornada Mundial de la Juventud (JM J), que Francisco ha convocado para enero de 2019 en la ciudad de Panamá. En su Mensaje de preparación el Pontífice ha abordado un tema clave para la juventud: sus temores ante la vida.

Esta óptica es contracultural, pues parecería que el mensaje debería generar atracción por vía de hablar de temas no dolorosos o sólo de ilusiones futuras. Pero ante un mundo en crisis y una Iglesia con ciertos problemas de credibilidad, con realismo el Papa aborda las incertidumbres que paralizan la fuerza de un corazón joven.

  1. Las inquietudes profundas. Los desafíos, que pueden amedrentar la mente y los proyectos de la gente joven, suelen ser los que se refieren a las decisiones fundamentales de las que depende lo que ellos serán y lo que harán en este mundo.

El Pontífice tiene el valor de interrogar a los jóvenes sobre los temas que más les pueden afectar hoy: la interacción en las redes sociales. Como preparación para la JMJ 20019  les pregunta: “ustedes jóvenes, ¿qué miedos tienen? ¿Qué es lo que más os preocupa en el fondo?”

  1. Una vida aparente. Francisco explica que el miedo de “fondo” de muchos jóvenes es el de “no ser amados, queridos, de no ser aceptados por lo que ustedes son”. Y luego el Papa señala en qué consiste en ese no ser tomados en cuenta por lo que ellos realmente son.

En efecto, les escribe el Papa, “hoy en día, muchos jóvenes se sienten obligados a mostrarse distintos de lo que son en realidad, para intentar adecuarse a estándares a menudo artificiales e inalcanzables”.

Y explica que ese deseo de conseguir esas vidas inalcanzables empuja a muchos de ellos, a que en las redes sociales hagan continuos “retoques fotográficos” de su imagen, escondiéndose detrás de máscaras y falsas identidades, hasta casi convertirse ellos mismos en un “fake”, en algo falso. Incluso, muchos están obsesionados con recibir el mayor número posible de “me gusta”. Y en consecuencia, “este sentido de inadecuación produce muchos temores e incertidumbres”.

  1. Para superar el temor. Francisco invita entonces a los jóvenes a superar el miedo. Y explica que la vía para conseguirlo es enfrentarlo: “Lo primero que hay que hacer para superar los miedos es identificarlos con claridad, para no perder tiempo y energías con fantasmas que no tienen rostro ni consistencia”.

Y el Papa a continuación propone un “método” para conseguir esta meta:  “los invito a mirar dentro de ustedes mismos y ‘dar un nombre´’ a sus miedos”. Y más en concreto, les señala unas preguntas: “hoy, en mi situación concreta, ¿qué es lo que me angustia, qué es lo que más temo? ¿Qué es lo que me bloquea y me impide avanzar? ¿Por qué no tengo el valor para tomar las decisiones importantes que debo tomar?”

Y concluye así con una poderosa exhortación, basada en la gran tradición de las Sagradas Escrituras:  “No tengan miedo de mirar con sinceridad sus propios miedos, reconocerlos con realismo y afrontarlos”.

Epílogo. Termina el año, pero hay buenas perspectivas para el 2019, porque ayudar a los jóvenes a superar el miedo por el que se dejan arrastrar a hacia una vida de apariencia en las redes sociales, será el inicio de una vida auténtica para muchos de ellos. Y esa es la semilla de una sociedad mejor.

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