Tomás Moro y la actualidad de sus posturas políticas

Tomás Moro realizó estudios de Filosofía y Literatura en Oxford y de Derecho en New Inn. En 1504 fue elegido miembro de Parlamento y ocupó distintos cargos públicos, logrando prestigio por sus conocimientos jurídicos y por su honradez. Aunque tuvo un intensa vida profesional, la supo combinar con sus deberes de esposo y padre de familia. Además de jurista, era un inquieto intelectual y escribió varios libros y ensayos, como el titulado Utopía, con el que alcanzó gran celebridad en otros países de Europa.

1529 fue una fecha clave para la biografía de Tomás Moro: fue nombrado Gran Canciller de Inglaterra. Dedicó, en este periodo, como hombre plenamente interesado en los problemas de su tiempo, sus mejores esfuerzos en trabajar con ahínco para llenar con contenido cristiano las leyes e instituciones de su época.

Pero el Monarca inglés, Enrique VIII decidió divorciarse de su legítima esposa, de Catalina de Aragón, y unirse con Ana Bolena. Y en 1534 exigió a todos los ciudadanos, que hubieran alcanzado la edad legal, que prestasen juramento al Acta de Sucesión, en la que reconocían como “matrimonio” la unión de Enrique VIII y Ana Bolena, desobedeciendo la decisión del Papa, quien nunca autorizó el divorcio con Catalina de Aragón.

El Monarca inglés, entonces, en su obstinación, tomó la determinación de separarse de Roma y autonombrarse como: “el Papa de Iglesia de Inglaterra”, negando toda autoridad al Sucesor de San Pedro. Tomás Moro se encontraba en medio de un difícil dilema porque -desde su juventud- era amigo personal del Rey. Así que éste le pedía reiteradamente que, si no quería asistir como testigo de honor y firmar el acta de su boda con Ana Bolena, que al menos, estuviera presente en la ceremonia.

Las destacadas figuras públicas de esa época, sus familiares, amigos y conocidos de Tomás Moro, le insistían, de una forma o de otra, y traduciéndolo a términos coloquiales de nuestro tiempo, lo siguiente:

-¡Tomás, “lo políticamente correcto” es que firmes el Acta de Sucesión y estés presente en la boda del Rey, con eso basta para que continúes como Gran Canciller!¡De lo contrario, está en “juego” tu carrera política!

Pero Tomás Moro les contestaba con valentía y fortaleza:

-¡Lo verdaderamente importante es que sea muy fiel a la Ley de Dios y a lo que ha determinado el Papa en Roma, porque por encima de la autoridad del Monarca, están los Mandatos de Dios, y sé que con este ejemplo que dé mi amado pueblo inglés, está en juego la salvación de mi alma!-era en resumen lo que les respondía. Con esta clara y firme postura, Tomás Moro fue encarcelado en la Torre de Londres en abril de 1534 y decapitado al año siguiente. Y la fiesta universal de su martirio, se celebra en toda la Iglesia el 22 de junio.

Ahora, en este 2015, se ataca con tanta violencia al vínculo matrimonial, a la familia, a los derechos de los niños no nacidos, a la adopción plena, a los valores de la sociedad, a la moralidad pública, y en general, al contenido de la Fe que nos legó Jesucristo, que los ciudadanos, y particularmente los funcionarios públicos de nuestros días, tienen la oportunidad histórica y es justamente la hora de seguir el admirable ejemplo de Tomás Moro, porque pienso que es un santo de gran actualidad y vigencia para nuestro tiempo, quien dejando de lado “lo políticamente correcto”, según la efímera valoración de los hombres de su tiempo, supo permanecer fiel, a costa de su propia vida, la doctrina de Jesucristo, y por ende del Papa, y dejar un luminoso ejemplo, no sólo al pueblo inglés, sino a la humanidad entera, de cómo se debe comportar un político honrado a carta cabal, que obedece a las Leyes de Dios antes que a las disposiciones de los hombres.

Combatir la espiral perversa entre familia y pobreza

Ciudad del Vaticano, 3 de junio 2015 (VIS).- Las condiciones de vida que ponen a prueba la familia y la hacen vulnerable, empezando por la pobreza, serán, a partir de hoy, los temas de la catequesis del Papa Francisco, como el mismo anunció durante la audiencia general de este miércoles ante veinte mil personas en la Plaza de San Pedro.

El Santo Padre habló de la miseria y la degradación que puede conllevar la pobreza, tanto en los suburbios de las metrópolis como en las zonas rurales. Una situación que en muchas ocasiones se ve agravada por la guerra que azota a la población civil. »En verdad -dijo el Pontífice- la guerra es la «madre de todas las pobrezas», una depredadora de vidas, de almas, y de los afectos más sagrados y más queridos».

Pero la lección de tantas familias que intentan vivir esa situación con dignidad, no debe justificar la indiferencia de los demás, sino al contrario, »aumentar nuestra vergüenza porque haya tanta pobreza». »Es casi un milagro que a pesar de ella -observó el Papa- sigan formándose familias y de que incluso conserven – como pueden – la humanidad especial de sus vínculos. Es un hecho que irrita a esos planificadores del bienestar que consideran los afectos, la generación, los lazos familiares, como una variable secundaria de la calidad de vida. ¡En cambio, debemos arrodillarnos ante estas familias, que son una verdadera escuela de humanidad que salva a la sociedad de la barbarie!».

»¿Que nos queda si cedemos al chantaje de… la violencia y del dinero, y renunciamos también a los afectos familiares?»- se preguntó Francisco- Llegaremos a una nueva ética sólo cuando los responsables de la vida pública reorganicen el vínculo social partiendo de la lucha contra la espiral perversa entre familia y pobreza, que nos conduce al abismo» . Y llamó la atención sobre la contradicción de que en nuestra época la economía parezca haberse especializado en el goce de bienestar individual, aunque explote ampliamente los lazos familiares. » ¡Por supuesto la inmensa obra de la familia no cotiza en los balances! -exclamó- ? No es sólo una cuestión de pan. Hablamos de trabajo, de educación, de salud. Es importante entenderlo».

»Debemos estar cada vez más cerca de las familias sometidas a la prueba de la pobreza- reiteró el Papa- Efectivamente la miseria social afecta a la familia y a veces la destruye. La falta o la pérdida del trabajo, o su fuerte precariedad, repercuten gravemente en la vida familiar poniendo a dura prueba las relaciones. Las condiciones de vida en algunas barriadas, con problemas de vivienda y transporte, así como la reducción de los servicios sociales, sanitarios y educativos, provocan todavía más dificultades. A estos factores materiales se añade el daño causado a la familia por esos pseudo-modelos difundidos por los medios de comunicación basados en el consumismo y el culto a la apariencia, que influencian a las franjas más pobres y aumentan la disolución de los lazos familiares».

»La Iglesia es madre, y no debe olvidar esta tragedia de sus hijos. Para ser fecunda y responder a tanta miseria, también ella tiene que ser pobre. Una Iglesia pobre es una Iglesia que practica una simplicidad voluntaria en su vida – en sus instituciones, en el estilo de vida de sus miembros – para derribar todos los muros que nos separan sobre todo de los pobres. Hacen falta oración y acción. Recemos con fuerza al Señor, para que nos sacuda, para que nuestras familias cristianas sean protagonistas de la revolución de la cercanía familiar que es ahora es tan necesaria. De esa cercania, desde el principio, está hecha la Iglesia. Y no nos olvidemos -advirtió Francisco al final – de que el juicio de los necesitados, de los pequeños y de los pobres anticipa el juicio de Dios».

Aclaración sobre la expresión »evitar la mexicanización», empleada por el Papa en un e-mail de carácter privado e informal

Ciudad del Vaticano, 25 de febrero 2015 (VIS).- El Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Padre Federico Lombardi S.I., informó que ayer tarde la Secretaría de Estado entregó una Nota al embajador de México ante la Santa Sede en la que aclara que con la expresión »evitar la mexicanización», el Papa no pretendía en ningún modo herir los sentimientos del pueblo mexicano, por el cual nutre un especial afecto, y menos aún minusvalorar el compromiso del Gobierno en la lucha contra el narcotráfico.

Como es sabido, la expresión »evitar la mexicanización», fue utilizada por el Papa en un e-mail de carácter estrictamente privado e informal, en respuesta a un amigo argentino muy comprometido en la lucha contra la droga, el cual había usado dicha frase.

La Nota refiere que, evidentemente, el Papa no pretendía más que destacar la gravedad del fenómeno del narcotráfico que aflige a México y otros países de Latinoamérica . Es precisamente esta gravedad la que determina la lucha contra el narcotráfico como una prioridad en los programas del Gobierno mexicano;estos tienen como objetivo combatir la violencia y devolver la paz y la tranquilidad a las familias mexicanas, incidiendo sobre las causas que originan dicha plaga social.

Se trata de un fenómeno, como otros en Latinoamérica, por los cualess en varias ocasiones, también en los encuentros con los Obispos, el Santo Padre ha llamado la atención sobre la necesidad de adoptar a todos los niveles políticas de cooperación y concertación.

El Papa: La participación de la mujer en el ámbito social y eclesial es un reto improrrogable

Ciudad del Vaticano, 7 de febrero 2015 (VIS).-»Las culturas femeniles, igualdad y diferencia», ha sido el argumento de la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para la Cultura, un tema que interesa mucho al Papa Francisco, como afirmó esta mañana recibiendo en audiencia a los participantes en ese evento, al mismo tiempo que reiteró que había que estudiar »criterios y modalidades nuevas para que las mujeres no se sientan huéspedes sino participantes de pleno derecho en los diversos ámbitos de la vida social y eclesial».

»La Iglesia -exclamó- es mujer, es »la» Iglesia, no »el» Iglesia. Es un reto improrrogable. Lo digo a los pastores de las comunidades cristianas, aquí en representación de la Iglesia universal, pero también a los laicos y laicas que trabajan de diferentes maneras en la cultura, la educación, la economía, la política, el mundo del trabajo, en las familias, en las instituciones religiosas». »Permitidme -continuó- que os proponga un itinerario para que se cumpla ese propósito en todos los rincones de la tierra, en el corazón de todas las culturas, en diálogo con las diversas pertenencias religiosas».

Refiriéndose a la primera temática de la Plenaria »Entre igualdad y diferencia: en busca de un equilibrio», Francisco señaló que ese equilibrio tenía que ser armonioso y no sólo una cuestión de balance. »Este aspecto -dijo- no debe ser enfrentado ideológicamente, porque la «lente» de la ideología impide ver bien la realidad. La igualdad y la diferencia de las mujeres ? como, por otra parte la de los hombres – se perciben mejor desde la perspectiva del »con» , de la relación, no del »contra». Desde hace algún tiempo hemos dejado atrás, al menos en las sociedades occidentales, el modelo de subordinación social de las mujeres a los hombres, un modelo secular, que sin embargo, no ha agotado todos sus efectos negativos. También hemos superado un segundo modelo, el de la mera paridad aplicada mecánicamente, y el de la igualdad absoluta. Así, se ha configurado un nuevo paradigma, el de la reciprocidad y de equivalencia en la diferencia. La relación hombre-mujer, por lo tanto, debería reconocer que ambos son necesarios debido a que poseen, sí, una naturaleza idéntica, pero con modalidad propia. La una es necesaria al otro y viceversa, a fin de cumplir realmente la plenitud de la persona».

El segundo tema «La »generatividad» como código simbólico», amplía el horizonte de la maternidad biológica al de la transmisión y la protección de la vida. Se podría sintetizar en cuatro verbos: desear, dar a luz, cuidar y dejar ir. El Papa reconoció en esos ámbitos la contribución de tantas mujeres que trabajan en la familia, en el campo de la educación en la fe, en la acción pastoral y también en la vida social, cultural y económica. »Vosotras las mujeres -observó- sabéis encarnar el rostro tierno de Dios, su misericordia, que se traduce en disponbilidad a dar tiempo, antes que a ocupar espacios, a acoger en vez de excluir. En este sentido, me gusta describir la dimensión femenina de la Iglesia como seno acogedor que regenera la vida».

»El cuerpo de la mujer entre la cultura y la biología», tercer punto de reflexión »nos recuerda la belleza y la armonía del cuerpo que Dios ha dado a la mujer, pero también las dolorosas heridas infligidas, a veces con violencia brutal, por el hecho de ser mujeres. Símbolo de la vida, el cuerpo femenino es, por desgracia, no pocas veces, atacado y desfigurado por aquellos que deberían ser sus custodios y compañeros en la vida. Las muchas formas de esclavitud, de mercantilización, de mutilación del cuerpo de las mujeres, nos llevan a comprometernos a trabajar para acabar con esta forma de degradación que lo reduce a un mero objeto de vender en diversos mercados». »Deseo llamar la atención, en este contexto -subrayó Francisco- sobre la dolorosa situación de muchas mujeres pobres, obligadas a vivir en situaciones peligrosas, explotadas, relegadas a los márgenes de la sociedad y convertidas en víctima de la cultura del descarte».

La cuarta cuestión, »Las mujeres y la religión: ¿huida o búsqueda de participación en la vida de la Iglesia? interpela a todos los creyentes y el Papa reiteró su convicción de que es urgente »abrir espacio a las mujeres en la Iglesia y acogerlas teniendo en cuenta los cambios cultural y sociales. Es deseable, por tanto, una presencia femenina más extensa e incisiva en las Comunidades, de modo que sea visible y numerosa su participación en las responsabilidades pastorales, en el acompañamiento de las personas, familias y grupos, así como en la reflexión teológica».

Por último el Santo Padre habló del papel insustituible de la mujer en la familia, así como de fomentar su participación »en tantos ámbitos de la esfera pública, en el mundo del trabajo y en los lugares donde se toman las decisiones importantes», sin que una cosa vaya en detrimento de la otra. »No debemos dejar que las mujeres lleven solas esta carga y tomen solas las decisiones. Todas las instituciones, incluida la comunidad eclesial, están llamadas a garantizar la libertad de elección para las mujeres, para que tengan la capacidad de asumir responsabilidades sociales y eclesiales, de manera armoniosa con la vida familiar».

Duchas y barbería en la Columnata de San Pedro para los peregrinos sin hogar

Ciudad del Vaticano, 6 de febrero 2015 (VIS).- En estos días se han concluido las obras de construcción de nuevas duchas bajo la Columnata de Bernini, completando así un proyecto más amplio para aumentar un servicio destinado a los pobres de la ciudad de Roma a través de las parroquias que se han unido a él, especialmente aquellas en las que ya hay comedores de beneficencia o que cuentan con una mayor concentración de personas sin hogar.

Las obras han sido proyectadas, dirigidas y realizadas por los técnicos y el personal de los talleres de construcción de la Gobernación de la Ciudad del Vaticano. Se trata de tres duchas y un pequeño espacio para el barbero añadidos durante los trabajos de renovación de los baños presentes en el brazo derecho de la Columnata.

Todo se ha realizado con gran sobriedad y dignidad, pero también utilizando técnicas modernas: cada lavabo tiene agua caliente, dispensador de jabón y secador de manos con aire caliente operados por fotocélulas; en lugar de las baldosas se ha utilizado una resina especial para el recubrimiento de las paredes, fácilmente lavable y que garantiza la máxima higiene.

Las duchas funcionarán todos los días, excepto los miércoles durante la audiencia general y cuando haya celebraciones en San Pedro o en la Plaza. Los lunes, jueves y sábados el servicio y la gestión de las duchas correrá a cargo de los voluntarios de UNITALSI – Sección de Roma.

El barbero estará disponible los lunes, de 9 a 15. El servicio está garantizado por varios barberos voluntarios y también por los estudiantes del último año de una escuela de peluquería en Roma.

Los peregrinos sin hogar recibirán, para la ducha, un cambio completo de ropa interior y una bolsa con toalla, jabón, pasta de dientes, maquinilla, crema de afeitar y desodorante, de acuerdo a las diferentes necesidades. La mayor parte del material lo ofrecen de forma gratuita diversas empresas y personas privadas que, después de haber oído hablar de este proyecto, querían compartir sus recursos con los necesitados. El resto lo comprará de vez en vez la Limosnería Apostólica con el dinero de la distribución de los pergaminos con la bendición papal.

Algunos días de la semana la acogida de los pobres correrá a cargo de varios voluntarios, empezando por las Hermanas de la Madre Teresa de Calcuta, las Hermanas Albertinas, que sirven en la Guardia Suiza, las Vicentinas y muchos otros voluntarios de Roma que han brindado su tiempo y su colaboración.

El Centro Televisivo Vaticano y el Servicio Fotográfico de l’Osservatore Romano filmarán algunos vídeos y tomarán fotografías de los nuevos locales que pondrán a disposición de todos aquellos que lo soliciten en sus oficinas.

El Limosnero da gracias de todo corazón a las parroquias que han participado en este proyecto y, en particular, a todos aquellos que han contribuido a los trabajos de las duchas bajo la Columnata y a los que, de diversas formas prestarán allí su ayuda, a favor de los pobres.

¿Qué es la Pontificia Comisión para la tutela de menores?

Francisco pide la colaboración de las conferencias episcopales y de los Superiores religiosos con la Comisión para la Tutela de los Menores

Ciudad del Vaticano, 5 de febrero 2015 (VIS).- El Papa Francisco ha escrito una carta a los presidentes de las conferencias episcopales y a los superiores de los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica en la que pide su colaboración con la Comisión para la Tutela de los Menores que instituyó en marzo de 2014. Sigue el texto completo de la misma, fechada en el Vaticano el 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor.

»En marzo del año pasado instituí la Pontificia Comisión para la tutela de menores, anunciada ya en diciembre de 2013, con el fin de ofrecer propuestas e iniciativas orientadas a mejorar las normas y los procedimientos para la protección de todos los menores y adultos vulnerables, y he llamado a formar parte de dicha Comisión a personas altamente cualificadas y notorias por sus esfuerzos en este campo.

El siguiente mes de julio, en la reunión que tuve con algunas personas que han sido objeto de abusos sexuales por parte de sacerdotes, me sentí conmovido e impresionado por la intensidad de su sufrimiento y la firmeza de su fe. Esto confirmó una vez más mi convicción de que se debe continuar haciendo todo lo posible para erradicar de la Iglesia el flagelo del abuso sexual de menores y adultos vulnerables, y abrir un camino de reconciliación y curación para quien ha sufrido abusos.

Por estas razones, he añadido el pasado mes de diciembre nuevos miembros a la Comisión, en representación de las Iglesias particulares de todo el mundo. Y dentro de pocos días, todos estos miembros se reunirán en Roma por primera vez.

En este contexto, considero que la Comisión será un nuevo, válido y eficaz instrumento para ayudarme a animar y promover el compromiso de toda la Iglesia en sus diversos ámbitos ? Conferencias Episcopales, diócesis, Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica, etc. ? para poner en práctica las actuaciones necesarias para garantizar la protección de los menores y adultos vulnerables, y dar respuestas de justicia y misericordia.

Las familias deben saber que la Iglesia no escatima esfuerzo alguno para proteger a sus hijos, y tienen el derecho de dirigirse a ella con plena confianza, porque es una casa segura. Por tanto, no se podrá dar prioridad a ningún otro tipo de consideración, de la naturaleza que sea, como, por ejemplo, el deseo de evitar el escándalo, porque no hay absolutamente lugar en el ministerio para los que abusan de los menores.

También se debe vigilar atentamente que se cumpla plenamente la circular emanada por la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 3 de mayo de 2011, para ayudar a las Conferencias Episcopales en la preparación de las líneas maestras para tratar los casos de abuso sexual de menores por parte de clérigos. Es importante que las Conferencias Episcopales adopten un instrumento para revisar periódicamente las normas y comprobar su cumplimiento.

Corresponde al Obispo diocesano y a los Superiores mayores la tarea de verificar que en las parroquias y en otras instituciones de la Iglesia se garantice la seguridad de los menores y los adultos vulnerables. Como expresión del deber de la Iglesia de manifestar la compasión de Jesús a los que han sufrido abuso sexual, y a sus familias, se insta a las diócesis y los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica a establecer programas de atención pastoral, que podrán contar con la aportación de servicios psicológicos y espirituales.

Por todos estos motivos, pido vuestra colaboración plena y atenta con la Comisión para la tutela de los menores. La tarea que le he encomendado incluye la asistencia a vosotros y a vuestras Conferencias, mediante un intercambio mutuo de «praxis virtuosas» y de programas de educación, formación e instrucción por lo que se refiere a la respuesta que se ha de dar a los abusos sexuales.

Que el Señor Jesús infunda en cada uno de nosotros, ministros de la Iglesia, ese amor y esa predilección por los pequeños que ha caracterizado su presencia entre los hombres, y que se traduce en una responsabilidad especial respecto al bien de los menores y adultos vulnerables. Que María Santísima, Madre de la ternura, nos ayude a cumplir, con generosidad y rigor, nuestro deber de reconocer humildemente y reparar las injusticias del pasado, y a ser siempre fieles a la tarea de proteger a quienes son los predilectos de Jesús».

El Papa insiste en apoyar a los más necesitados ¿Por qué?

Cuando algunos se extrañan y  preguntan por qué el Papa Francisco insiste en sus mensajes y homilías  –como ha ocurrido en su reciente visita pastoral por Filipinas- que todos tenemos el urgente deber como ciudadanos y cristianos de ayudar a las personas que viven en pobreza extrema y a los que son marginados injustamente, hay que recordarles que estos conceptos ya los había dicho con toda claridad el mismo Jesucristo y se encuentran en la entraña misma del Evangelio.

Al recordarnos el Romano Pontífice estas ideas fundamentales de nuestras responsabilidades sociales, que se sintetizan en las obras de misericordia corporales y espirituales, ha habido una lamentable reacción por parte de ciertos sectores de la población, de malinterpretar sus palabras, a tal grado, que el mismo Santo Padre se ha visto en la necesidad de aclarar ante los medios de comunicación que él no es     “ni  comunista     ni ‘el Papa de la Teología de la Liberación’ ”, sino que su corazón sacerdotal está abierto a todos las personas de la humanidad.

El ahora San Juan Pablo II escribió y habló mucho acerca de la verdadera Teología de la Liberación Cristiana. En primer lugar, de la liberación del pecado mediante la Confesión Sacramental, pero a continuación, subrayaba la necesidad de un auténtico compromiso social tanto en lo personal como en el ámbito empresarial, laboral, familiar y social para lograr una mayor solidaridad entre los hombres, los pueblos y las naciones.  Ya antes lo habían dicho los Papas San Juan XXIII en su célebre documento  “Paz en la Tierra” y el beato Paulo VI en su encíclica “El Progreso de los Pueblos”.

Lo mismo hizo nuestro querido Papa Emérito Benedicto XVI, ya desde que era Prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe. Esa última Encíclica, que es una verdadera joya por su valioso contenido y que legó a la humanidad a consecuencia de la crisis económica internacional del 2008, donde exponía que las verdaderas causas no eran simplemente “globales y anónimas” sino pecados personales de avaricia, ambición desmedida, irresponsabilidad, cadena de mentiras y  falsificación de estados financieros y, en definitiva, falta de ética. Y a continuación sentaba las bases para una acción solidaria entre las naciones y acorde con la dignidad humana. Considero que es todavía un documento para seguir estudiando y profundizando.

Algunos años antes, San Josemaría Escrivá de Balaguer escribía estas palabras tan ricas en su mensaje y dignas de meditar serenamente: “Quizá penséis ahora que a veces los cristianos       –no los otros: tú y yo-  nos olvidamos de las aplicaciones más elementales de ese deber. Quizá penséis en tantas injusticias que no se remedian, en los abusos que no son corregidos, en situaciones de discriminación que se transmiten de una generación a otra, sin que se ponga en camino una solución desde la raíz”.

Y concluye con particular energía: “Un hombre o una sociedad que no reaccione ante las tribulaciones o las injusticias, y que no se esfuerce por aliviarlas, no son un hombre o una sociedad a la medida del amor del Corazón de Cristo” (“El Corazón de Cristo, Paz de los Cristianos”, Es Cristo que pasa, n. 167).

Ha sido muy consoladora la respuesta de muchas instituciones de la Iglesia y de miles de cristianos en todo el mundo, que ante estos llamados de los Romanos Pontífices, han puesto por obra un considerable número de labores sociales y asistenciales.

Trabajan con creatividad y vigoroso empuje, pero además,  sin buscar el aplauso humano ni el reconocimiento. Lo hacen abnegada y discretamente, habitualmente sin llegar –como se dice- a “ser noticia ni buscar aparecer a ocho columnas en los periódicos” porque su intención es servir auténticamente a los demás.

Concretamente en México, en las últimas décadas han surgido un considerable número de estas labores filantrópicas o de caridad (les animo a enterarse de muchas de ellas en el portal: www.anunciacion.com.mx) que hacen llegar su ayuda a miles de personas por toda la geografía nacional.

Finalmente, da mucho gusto constatar que el llamado del Papa Francisco por tener una mayor preocupación hacia las personas en pobreza extrema o hacia aquellas que se encuentran enfermas, abandonadas o en desamparo, ha tenido una considerable repercusión positiva y constructiva en muchos ciudadanos mexicanos, y quiero hacer mención particular, a tantos grupos de jóvenes estudiantes que en forma ejemplar se han organizado y trabajan con ilusión en todas estas labores.

De manera que podemos concluir que, este interés por los demás y por  la cuestión social, a la que nos anima con frecuencia el  Santo Padre, es precisamente lo que desde un principio nos pidió encarecidamente Jesucristo y Él mismo nos predicó con su ejemplo. Y que los Romanos Pontífices han venido repitiendo, particularmente desde fines del siglo XIX con el Papa León XIII y todas esas Encíclicas y magistrales documentos constituyen un invaluable tesoro que se denomina la Doctrina Social de la Iglesia.

Mensaje de la Asamblea del Sínodo sobre Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización

Ciudad del Vaticano, 18 octubre 2014 (VIS).- Esta mañana en la Oficina de Prensa de la Santa Sede ha tenido lugar la conferencia de presentación del Mensaje de la III Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos dedicada a »Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización» (5-19 de octubre). Han intervenido los cardenales Raymundo Damasceno Assis, arzobispo de Aparecida (Brasil), Presidente delegado; Gianfranco Ravasi, Presidente del Pontificio Consejo para la Cultura, Presidente de la Comisión para el Mensaje y Oswald Gracias, arzobispo de Bombay (India). Sigue el texto integral:

»Los Padres Sinodales, reunidos en Roma junto al Papa Francisco en la Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, nos dirigimos a todas las familias de los distintos continentes y en particular a aquellas que siguen a Cristo, que es camino, verdad y vida. Manifestamos nuestra admiración y gratitud por el testimonio cotidiano che ofrecen a la Iglesia y al mundo con su fidelidad, su fe, su esperanza y su amor.

Nosotros, pastores de la Iglesia, también nacimos y crecimos en familias con las más diversas historias y desafíos. Como sacerdotes y obispos nos encontramos y vivimos junto a familias que, con sus palabras y sus acciones, nos mostraron una larga serie de esplendores y también de dificultades.

La misma preparación de esta asamblea sinodal, a partir de las respuestas al cuestionario enviado a las Iglesias de todo el mundo, nos permitió escuchar la voz de tantas experiencias familiares. Después, nuestro diálogo durante los días del Sínodo nos ha enriquecido recíprocamente, ayudándonos a contemplar toda la realidad viva y compleja de las familias.

Queremos presentarles las palabras de Cristo: »Yo estoy ante la puerta y llamo, Si alguno escucha mi voz y me abre la puerta, entraré y cenaré con él y él conmigo». Como lo hacía durante sus recorridos por los caminos de la Tierra Santa, entrando en las casas de los pueblos, Jesús sigue pasando hoy por las calles de nuestras ciudades. En sus casas se viven a menudo luces y sombras, desafíos emocionantes y a veces también pruebas dramáticas. La oscuridad se vuelve más densa, hasta convertirse en tinieblas, cundo se insinúan el el mal y el pecado en el corazón mismo de la familia.

Ante todo, está el desafío de la fidelidad en el amor conyugal. La vida familiar suele estar marcada por el debilitamiento de la fe y de los valores, el individualismo, el empobrecimiento de las relaciones, el stress de una ansiedad que descuida la reflexión serena. Se asiste así a no pocas crisis matrimoniales, que se afrontan de un modo superficial y sin la valentía de la paciencia, del diálogo sincero, del perdón recíproco, de la reconciliación y también del sacrificio. Los fracasos dan origen a nuevas relaciones, nuevas parejas, nuevas uniones y nuevos matrimonios, creando situaciones familiares complejas y problemáticas para la opción cristiana.

Entre tantos desafíos queremos evocar el cansancio de la propia existencia. Pensamos en el sufrimiento de un hijo con capacidades especiales, en una enfermedad grave, en el deterioro neurológico de la vejez, en la muerte de un ser querido. Es admirable la fidelidad generosa de tantas familias que viven estas pruebas con fortaleza, fe y amor, considerándolas no como algo que se les impone, sino como un don que reciben y entregan, descubriendo a Cristo sufriente en esos cuerpos frágiles.

Pensamos en las dificultades económicas causadas por sistemas perversos, originados »en el fetichismo del dinero y en la dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano», que humilla la dignidad de las personas. Pensamos en el padre o en la madre sin trabajo, impotentes frente a las necesidades aun primarias de su familia, o en los jóvenes que transcurren días vacíos, sin esperanza, y así pueden ser presa de la droga o de la criminalidad.

Pensamos también en la multitud de familias pobres, en las que se aferran a una barca para poder sobrevivir, en las familias prófugas que migran sin esperanza por los desiertos, en las que son perseguidas simplemente por su fe o por sus valores espirituales y humanos, en las que son golpeadas por la brutalidad de las guerras y de distintas opresiones. Pensamos también en las mujeres que sufren violencia, y son sometidas al aprovechamiento, en la trata de personas, en los niños y jóvenes víctimas de abusos también de parte de aquellos que debían cuidarlos y hacerlos crecer en la confianza, y en los miembros de tantas familias humilladas y en dificultad. Mientras tanto, »la cultura del bienestar nos anestesia y [?] todas estas vidas truncadas por la falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera». Reclamamos a los gobiernos y a las organizaciones internacionales que promuevan los derechos de la familia para el bien común.

Cristo quiso que su Iglesia sea una casa con la puerta siempre abierta, recibiendo a todos sin excluir a nadie. Agradecemos a los pastores, a los fieles y a las comunidades dispuestos a acompañar y a hacerse cargo de las heridas interiores y sociales de los matrimonios y de las familias.

También está la luz que resplandece al atardecer detrás de las ventanas en los hogares de las ciudades, en las modestas casas de las periferias o en los pueblos, y aún en viviendas muy precarias. Brilla y calienta cuerpos y almas. Esta luz, en el compromiso nupcial de los cónyuges, se enciende con el encuentro: es un don, una gracia que se expresa ?como dice el Génesis? cuando los dos rostros están frente a frente, en una »ayuda adecuada», es decir semejante y recíproca. El amor del hombre y de la mujer nos enseña que cada uno necesita al otro para llegar a ser él mismo, aunque se mantiene distinto del otro en su identidad, que se abre y se revela en el mutuo don. Es lo que expresa de manera sugerente la mujer del Cantar de los Cantares: »Mi amado es mío y yo soy suya? Yo soy de mi amado y él es mío».

El itinerario, para que este encuentro sea auténtico, comienza en el noviazgo, tiempo de la espera y de la preparación. Se realiza en plenitud en el sacramento del matrimonio, donde Dios pone su sello, su presencia y su gracia. Este camino conoce también la sexualidad, la ternura y la belleza, que perduran aun más allá del vigor y de la frescura juvenil. El amor tiende por su propia naturaleza a ser para siempre, hasta dar la vida por la persona amada. Bajo esta luz, el amor conyugal, único e indisoluble, persiste a pesar de las múltiples dificultades del límite humano, y es uno de los milagros más bellos, aunque también es el más común.

Este amor se difunde naturalmente a través de la fecundidad y la generatividad, que no es sólo la procreación, sino también el don de la vida divina en el bautismo, la educación y la catequesis de los hijos. Es también capacidad de ofrecer vida, afecto, valores, una experiencia posible también para quienes no pueden tener hijos. Las familias que viven esta aventura luminosa se convierten en un testimonio para todos, en particular para los jóvenes.

Durante este camino, que a veces es un sendero de montaña, con cansancios y caídas, siempre está la presencia y la compañía de Dios. La familia lo experimenta en el afecto y en el diálogo entre marido y mujer, entre padres e hijos, entre hermanos y hermanas. Además lo vive cuando se reúne para escuchar la Palabra de Dios y para orar juntos, en un pequeño oasis del espíritu que se puede crear por un momento cada día. También está el empeño cotidiano de la educación en la fe y en la vida buena y bella del Evangelio, en la santidad. Esta misión es frecuentemente compartida y ejercitada por los abuelos y las abuelas con gran afecto y dedicación. Así la familia se presenta como una auténtica Iglesia doméstica, que se amplía a esa familia de familias que es la comunidad eclesial. Por otra parte, los cónyuges cristianos son llamados a convertirse en maestros de la fe y del amor para los matrimonios jóvenes.

Hay otra expresión de la comunión fraterna, y es la de la caridad, la entrega, la cercanía a los últimos, a los marginados, a los pobres, a las personas solas, enfermas, extrajeras, a las familias en crisis, conscientes de las palabras del Señor: »Hay más alegría en dar que en recibir». Es una entrega de bienes, de compañía, de amor y de misericordia, y también un testimonio de verdad, de luz, de sentido de la vida.

La cima que recoge y unifica todos los hilos de la comunión con Dios y con el prójimo es la Eucaristía dominical, cuando con toda la Iglesia la familia se sienta a la mesa con el Señor. Él se entrega a todos nosotros, peregrinos en la historia hacia la meta del encuentro último, cuando Cristo »será todo en todos». Por eso, en la primera etapa de nuestro camino sinodal, hemos reflexionado sobre el acompañamiento pastoral y sobre el acceso a los sacramentos de los divorciados en nueva unión.

Nosotros, los Padres Sinodales, pedimos que caminen con nosotros hacia el próximo Sínodo. Entre ustedes late la presencia de la familia de Jesús, María y José en su modesta casa. También nosotros, uniéndonos a la familia de Nazaret, elevamos al Padre de todos nuestra invocación por las familias de la tierra:

Padre, regala a todas las familias la presencia de esposos fuertes y sabios, que sean manantial de una familia libre y unida.

Padre, da a los padres una casa para vivir en paz con su familia.

Padre, concede a los hijos que sean signos de confianza y de esperanza y a jóvenes el coraje del compromiso estable y fiel.

Padre, ayuda a todos a poder ganar el pan con sus propias manos, a gustar la serenidad del espíritu y a mantener viva la llama de la fe también en tiempos de oscuridad.

Padre, danos la alegría de ver florecer una Iglesia cada vez más fiel y creíble, una ciudad justa y humana, un mundo que ame la verdad, la justicia y la misericordia».

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El Papa escribe al presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba: Aprender de la Virgen a alegrarse, levantarse y perseverar

Ciudad del Vaticano, 8 septiembre 2014 (VIS).- Este 8 de septiembre se celebra la Natividad de la Virgen María y también en Cuba la de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de la isla. Por ese motivo el Santo Padre ha escrito una carta al arzobispo metropolitano de Santiago de Cuba Dionisio Guillermo García Ibáñez, Presidente de la Conferencia Episcopal de los Obispos Católicos de Cuba (C.O.O.C.), de la que reproducimos amplios extractos:

»Cada vez que leo la Escritura Santa, en los pasajes en que se habla de Nuestra Señora, me llaman la atención tres verbos. Quisiera detenerme en ellos, con el propósito de invitar a los pastores y fieles de Cuba a ponerlos en práctica.

»El primero es alegrarse. Fue la primera palabra que el arcángel Gabriel dirigió a la Virgen: »Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». La vida del que ha descubierto a Jesús se llena de un gozo interior tan grande, que nada ni nadie puede robárselo. Cristo da a los suyos la fuerza necesaria para no estar tristes ni agobiarse, pensando que los problemas no tienen solución. Apoyado en esta verdad, el cristiano no duda que aquello que se hace con amor, engendra una serena alegría, hermana de esa esperanza que rompe la barrera del miedo y abre las puertas a un futuro prometedor….. Qué lindo sería si todo cubano, especialmente la gente joven, pudiera decir lo mismo: »Yo soy un hombre de la caridad»: vivo para amar de veras, y así no quedar atrapado en la espiral nociva del ojo por ojo, diente por diente. Qué alegría siente el que ama auténticamente, con hechos diarios, y no es de los que abunda en palabras vacías, que se lleva el viento».

»El segundo verbo es levantarse. Con Jesús en su seno, dice san Lucas que María se levantó y con prontitud fue a servir a su prima Isabel, que en su ancianidad iba a ser madre . Ella cumplió la voluntad de Dios poniéndose a disposición de quien lo necesitaba. No pensó en sí misma, se sobrepuso a las contrariedades y se dio a los demás. La victoria es de aquellos que se levantan una y otra vez, sin desanimarse. Si imitamos a María, no podemos quedarnos de brazos caídos, lamentándonos solamente, o tal vez escurriendo el bulto para que otros hagan lo que es responsabilidad propia…. María siempre estuvo con su pueblo en favor de los pequeños. Ella conoció la soledad, la pobreza y el exilio, y aprendió a crear fraternidad y hacer de cualquier lugar en donde germine el bien la propia casa. A Ella le suplicamos que nos dé un alma de pobre que no tenga soberbia, un corazón puro que vea a Dios en el rostro de los desfavorecidos, una paciencia fuerte que no se arredre ante las dificultades de la vida».

»El tercer verbo es perseverar. María, que había experimentado la bondad de Dios, proclamó las grandezas que él había hecho con Ella… Por eso permaneció junto a su Hijo, al que todos habían abandonado; rezó sin desfallecer junto a los apóstoles y demás discípulos, para que no perdieran el ánimo… También nosotros estamos llamados a permanecer en el amor de Dios y a permanecer amando a los demás. En este mundo, en el que se desechan los valores imperecederos y todo es mudable, en donde triunfa el usar y tirar, en el que parece que se tiene miedo a los compromisos de por vida, la Virgen nos alienta a ser hombres y mujeres constantes en el buen obrar, que mantienen su palabra, que son siempre fieles».

»Tener alegría y compartirla con los que nos rodean. Levantar el corazón y no sucumbir ante las adversidades, permanecer en el camino del bien, ayudando infatigablemente a los que están oprimidos por penas y aflicciones: he aquí las lecciones importantes que nos enseña la Virgen de la Caridad del Cobre, útiles para el hoy y el mañana».

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