Clive Staples Lewis: El escritor que dejó una profunda huella

Clive Staples Lewis, mejor conocido como C. S. Lewis, fue un célebre escritor inglés, apologista cristiano, destacado novelista y crítico literario. Nació en Belfast, Irlanda, en 1898 y falleció en Oxford, Inglaterra, en 1963.

Su familia era de religión Anglicana. En su casa paterna existía una amplia biblioteca y se aficionó a la lectura fantástica. A los nueve años falleció su madre de cáncer y con el paso de los años su fe se fue enfriando. Luego se interesó por la mitología nórdica y griega, así como por el ocultismo.

Participó activamente en la Primera Guerra Mundial y resultó herido en combate.  Este suceso, junto con la temprana pérdida de su madre le forjaron una personalidad pesimista, solitaria y melancólica.

Lewis estudió en la Universidad de Oxford donde conoció a J. R. R. Tolkien, autor de “El Señor de los Anillos”, quien influyó notablemente en su acercamiento a la fe. Cuando se publicaron los libros de Tolkien constituyeron un éxito editorial y sus películas resultaron taquilleras. Como buen amigo, Tolkien retroalimentó mucho a Lewis sobre la estructura y contenido de sus libros.

Originalmente C. S. Lewis se declaraba ateo, luego agnóstico. Pero poseía una admirable inteligencia y sorprendente capacidad de análisis.

Con las lecturas de las obras de Gilbert Keith Chesterton se percató de que el cristianismo tenía mucho de “lógica” y de ser bastante razonable, como por ejemplo en “El Hombre Eterno”. Es decir, Chesterton le mostró que no existía un choque frontal entre la fe y la razón sino que ambos conceptos se complementan y perfeccionan mutuamente. De esta manera se fue apartando de sus dudas existenciales.

A raíz de sus cambios profundos escribió “Sorprendido por la alegría”, “Crónicas de Narnia”, “El mero Cristianismo”, “Cartas del diablo a su sobrino”, “El problema del dolor” (1940).

En 1956 se casó con la poetisa norteamericana Helen Joy Davidman, a quien había conocido cuatro años antes. Vivieron felices una corta temporada. Inesperadamente a Helen le fue detectado un cáncer en el fémur. Le hicieron varias operaciones y su sufrimiento fue largo. Finalmente falleció en 1960, después de un corto viaje de este matrimonio por Grecia. Gracias a Lewis, ella también se convirtió al cristianismo. Con ocasión de esta experiencia escribió su libro “Una pena Observada” (1961).

Sobre la vida de C. S. Lewis se filmó la espléndida película “Tierra de penumbras” protagonizada por Anthony Hopkins. En años anteriores, Lewis era conocido como el eterno profesor soltero de la Universidad de Oxford que pasaba su tiempo debatiendo con sus colegas. Aunque parecía poco interesado en el amor, Lewis acepta casarse con Joy Gresham, ya que la escritora buscaba asegurar su ciudadanía británica. Su original acuerdo legal, termina por convertirse en un romance y, cuando Joy descubre que tiene cáncer, su lazo se hace aún más fuerte.

Con ocasión de este suceso, escribe algunas luminosas consideraciones sobre el dolor. Dice que cuando experimentamos el placer y todo lo deleitable a los sentidos es una forma en la que el Señor nos habla en voz baja sobre las grandezas de su Bondad y su Creación.

Pero en cambio ese dolor grita en nuestro corazón, en nuestra mente y en todo nuestro cuerpo, se transforman en el altavoz que Él usa para hacer despertar a un mundo sordo e indiferente. Afirma: “Sin duda, el dolor ‘duele’ “. Por eso, todo dolor –bien enfocado- se puede convertir en una ocasión de amar más a Dios.

Por otra parte, sus libros “Cartas del diablo a su sobrino” y “El diablo propone un brindis” tuvieron un éxito arrollador porque se logra imaginar cómo discurre el maligno: El público, además de leer sus libros, le pide numerosas conferencias.

Señala, con agudeza, un aspecto revelador: el demonio no ataca en forma abierta o descarada, sino que su táctica habitual es hacerlo de una manera sutil y disimulada. Por ejemplo, en una familia normal y feliz o en un ambiente laboral agradable, va sembrando envidias, resentimientos, discordias, divisiones, traiciones y, en poco tiempo, genera un clima de odio, venganzas y rencores. Todo comienza con menudencias, con cosas pequeñas. Y partiendo de ahí, busca llegar a agresiones mayores.

Escribe estos libros de forma magistral y sus admiradores le pedían más y más libros y conferencias. Hasta que Lewis declaró en forma tajante: “¡Basta, ya no escribiré más sobre ese tema! ¿No se dan cuenta que es agotador redactar y hablar tal y como piensa el demonio? La naturaleza humana está hecha para realizar el bien y no para pensar siempre en cómo causar mal al prójimo.

Con el paso de los años, el serial de sus “Crónicas de Narnia” se convirtieron en un libro favorito de niños y adolescentes. En 2005 se llevaron a la pantalla “El León, La Bruja y el Armario”; en 2008, “El Príncipe Caspián” y ”La Travesía del Viajero del Alba”, en 2010. Estas películas confirmaron su difusión y popularidad. Cuando falleció, en 1963, había escrito más de 60 libros e interactuado con los grandes pensadores de su época. Sin duda, C. S. Lewis es uno de escritores que se leen con gusto, divierten y ayudan a reflexionar.

Si quieres, puedes ser feliz

“Editorial Panorama” ha publicado un libro de mi autoría, titulado: “Si quieres, puedes ser feliz” que me parece que viene muy bien para estos tiempos de pandemia en que muchas personas se encuentras desesperadas, pesimistas, sin paz interior; en un permanente estado de desconcierto o mal humor ante esta excepcional situación que estamos viviendo en los cinco continentes.

Para conservar la salud mental es recomendable: 1) Aprovechar bien el tiempo y tener la mente ocupada en asuntos constructivos. Tengo amigos que dedican a impartir  clases o conferencias virtuales para su universidad o bachillerato, o bien, sobre humanidades o temas de empresa; 2) otros se han dado a la tarea de tomar cursos de computación o de otras áreas del saber on line, de intensificar sus conocimientos de inglés, de leer clásicos de la literatura universal,  biografías de grandes personajes de la historia; 3) algunos se han centrado en convivir mejor con su esposa e hijos –sin dejar su trabajo habitual vía virtual- y reconocen que los tenían un tanto abandonados en tiempos de actividades normales. Comentan que es una buena ocasión para poner orden material en toda su casa; 5) Desde luego, es también un tiempo para mantener o incrementar el trato con los familiares, las amistades y conocidos de la escuela o universidad que, a través de las redes sociales, se pueden volver a contactar de modo eficaz.

Ante estas circunstancias resulta fundamental el pensar en positivo porque de nada sirve angustiarse o sobredimensionar los hechos objetivos. La cuestión es mantener el buen ánimo, la serenidad, la alegría y transmitirla a nuestros seres queridos y a quienes nos rodean. El escritor Romano Guardini afirmaba que para mantener la paz, la armonía y el equilibro interior, las personas “deberían de ser aceptarse a sí mismas, aceptar a los demás como son (y no como nos gustaría que fueran) y aceptar lo que ocurre en el entorno social”. A Guardini le tocó vivir de cerca la Segunda Guerra Mundial con todo tipo de privaciones y sufrimientos. Y esa filosofía de vida le ayudó en forma considerable.

Muchas personas se han preguntado en estos meses de cuarentena, ¿cuál es le verdadero sentido de la vida? ¿cómo se consigue la felicidad? ¿Está acaso en el sexo?, ¿en el dinero?, ¿en el poder?, ¿en los placeres o bienes materiales? Conviene recordar que las personas somos seres abiertos a la trascendencia. Nuestro destino no concluye aquí en la tierra. Teniendo claro este punto de partida, se llegan a otros temas fundamentales.

Relacionado con estos cuestionamientos, en otro apartado de mi libro analizo: ¿Cuáles son las características de una personalidad centrada y equilibrada?  Y enumero: 1) La objetividad; 2) la autonomía e independencia para valerse por sí misma;

3) la capacidad de amar y darse generosamente a la persona amada y a los demás;

4) Tener sentido de la responsabilidad;

5) Poseer una visión amplia, es decir, considerar en forma panorámica la vida y a los demás. Engloba las metas trazadas en el campo profesional, familiar, personal, religioso, económico, político, estético, etc.

6) Tener sentido ético, capaz de distinguir acertadamente entre el bien y el mal. No relativizar los hechos que le ocurran a la persona ni caer en el subjetivismo cómodo y de mera conveniencia y mantenerse coherente con los valores a lo largo de toda la existencia.

7) Capacidad de reflexión. En una sociedad que se mueve vertiginosamente y con demasiadas prisas como la nuestra, conviene tener momentos de calma para meditar sobre nuestros propios actos (introspección), sacar consecuencias y corregir el rumbo, si hace falta.

8) Sentido de humor. Es la chispa de la vida sana para aprender a ver los problemas con cierta distancia; no perder la alegría ni el entusiasmo y, en ocasiones, cuando sea necesario, aprender a reírnos de nosotros mismos. Es decir, tener la saludable actitud de aprender a desdramatizar los hechos y situarlos en su justa dimensión.

9) Capacidad de entablar amistades profundas y duraderas. No hay mayor alegría que tener muchos amigos y cultivar esas amistades por toda la vida. ¡Cómo se disfrutan esos encuentros cuando los viejos amigos se reúnen y recuerdan divertidas anécdotas de la infancia, la adolescencia o episodios de la vida pasada!

10) Seguridad y flexibilidad. Por una parte, es importante ser congruente con los ideales planeados y tener firmes convicciones. Pero a la vez, no se puede caer en el inmovilismo y resistirse a cualquier cambio. Porque vivir supone incorporarse un torrente de cambios –más en nuestro tiempo- por ello hay que estar vigilantes y luchar contra esa tendencia de la rigidez mental.

11) Manejo de la frustración. No hay persona que no cometa errores o equivocaciones. Todos, sin excepción, somos seres imperfectos. Hay quienes “se hunden” ante sus propios fracasos, pequeños o grandes. Pero hay que aprender que de cada caída o error siempre se puede aprender algo positivo. Los modernos pedagogos y pensadores de recursos humanos en las empresas animan al personal a transformar esas limitaciones y visualizarlas como “retos”, “desafíos” o “áreas de oportunidad”. Y considerar el lado positivo o de aprendizaje que entraña alguna problemática concreta.

12) Manejarse por objetivos. Si no hay una guía clara en la vida es como un barco sin brújula que fácilmente se pierde en el inmenso mar y casi seguro no llegará a buen puerto. En definitiva, la integración de la personalidad madura abarca múltiples aspectos, pero podemos afirmar que toma en cuenta tanto lo humano como lo espiritual, debido a que tiene una visión trascendente de la existencia humana.

Gilbert Keith Chesterton: Maestro del sentido común y el buen humor

El escritor inglés, Gilbert Keith Chesterton nació en Londres en 1874 y falleció en Beaconsfield (Reino Unido) en 1936. Fue periodista, poeta, novelista y ensayista. De joven fue agnóstico y simpatizaba con el espiritismo. Después se incorporó a la iglesia anglicana. Posteriormente, mantuvo constante correspondencia con el intelectual Maurice Baring y el Padre Ronald Knox. Después de un largo itinerario, terminó por convertirse a la Iglesia Católica en 1922, al igual que su esposa.

Su conversión causó un enorme revuelo en Inglaterra. Sufrió malos tratos y persecución por este hecho. Debido a ello escribió: “¿Por qué soy católico?” en la que demuestra, entre otros muchos temas, porqué la católica es la verdadera y que en la religión no hay una incompatibilidad entre fe y razón y menos fanatismo. Por ello escribía, con cierta ironía: “La iglesia nos pide que al entrar en ella nos quitemos el sombrero, pero no la cabeza”.

Sus obras más conocidas son: “La Esfera y la Cruz”, “Ortodoxia”, “El Hombre Eterno”, “El Hombre que fue Jueves”, “El Hombre Vivo” (aborda la importancia de la fidelidad conyugal), el serial de novelas sobre el sacerdote y detective, “Padre Brown” (una especie de Sherlock Holmes), “El Napoleón de Notting Hill”, etc.

Chesterton poseía un imponente sentido común, “que es el menos común de los sentidos”, como afirmaba el intelectual francés, Reginald Garrigou-Lagrange. Y, además, a este autor inglés se le admira en todas sus obras por su chispeante alegría, gracia y sentido de humor. Afirmaba con seguridad que “la alegría es el gran secreto del cristianismo”. Chesterton era optimista por naturaleza y escribía con firme persuasión: “El optimista cree en los demás y el pesimista sólo cree en sí mismo”.

Era un sabio y un apologista nato, pero era consciente de que se podía equivocar y conservó siempre su sencillez y humildad. Dos anécdotas dan prueba de este hecho. Era un hombre bastante obeso y sabía reírse de sí mismo por esta realidad. Comentaba divertido que era el hombre más caballeroso de Gran Bretaña porque cuando se levantaba del autobús de pasajeros, dejaba dos lugares libres (y no sólo uno) para un par de señoras. Otra anécdota es que cada vez que daba una conferencia y con su masa corpulenta se sentaba en una mesa frente al micrófono, cuando se dirigía a su nutrido auditorio, solía afirmar -en tono jocoso- que, su obesidad no era sino el efecto de una distorsión del micrófono que tenía frente a él y que no le dieran mayor importancia.

Fue un gran promotor de la vida humana, de la adecuada educación de los hijos y de la familia. Afirmaba: “El lugar donde nacen los niños y mueren los hombres, donde la libertad y el amor florecen, no es en una oficina ni en un comercio ni una fábrica. Ahí veo yo la importancia de la familia”.

Admiraba profundamente la naturaleza y todo lo creado por Dios. Se identificaba con los niños por asombrarse ante lo más elemental y sencillo: un amanecer, el fluir del agua en un río, el mar impetuoso, un cielo estrellado, la belleza de un bosque o de un jardín, el cantar de las aves… Por ello escribía: “La mediocridad, posiblemente, consiste en estar delante de la grandeza y no darse cuenta”.

Pero también era una persona extrovertida y amiguera. Todos los días frecuentaba a sus amigos e intelectuales en el típico “pub” (bar) inglés y ahí discutía y polemizaba sobre innumerables temas e intercambiaban sus respectivos escritos. Sabía divertirse sanamente y le gustaba la buena cerveza. Tal vez por eso afirmaba: “Beban porque son felices, pero nunca porque se consideren desgraciados”.

Fue un hombre que se adelantó a su tiempo y tuvo una visión profética sobre la familia y la situación política de Europa. Sostenía que si se destruyera la familia, se afectaría gravemente a la sociedad. Sobre el ateísmo, consideraba que “cuando se deja de creer en Dios, pronto se cree en cualquier cosa”. Por ello consideraba que era necesario mantenerse congruentes y firmes en la verdad.

Frente a las ideologías imperantes del Positivismo y el Liberalismo, sostuvo con soltura y agudeza que la inteligencia humana es un poderoso instrumento que las personas tenemos para debatir mediante argumentos convincentes y que la capacidad de razonar supera con creces todas esas visiones reduccionistas y distorsionadas de la realidad.

También fue un gran promotor de la democracia y de la libertad. Escribía: “No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución”. Aunque murió en 1936, profetizó la Segunda Guerra Mundial que estalló el primero de septiembre de 1939. Y veía en Adolfo Hitler -si las naciones no lo frenaban- a un dictador que llevaría al mundo a una conflagración internacional.

Lo sorprendente de este autor inglés es que sus obras se siguen reeditando y los jóvenes las buscan con particular interés. Considero que su gran secreto para argumentar ha consistido en respetar con amabilidad al contrincante y nunca perder la alegría y el sentido de humor. Esa afortunada mezcla de elementos ha hecho que Gilbert Keith Chesterton sea considerado un escritor inmortal.

Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura: 30 años después

Es increíble la ola de persecución que, el Premio Nobel de Literatura, Octavio Paz (1914-1998) sufrió desde que rompió con la ideología marxista-leninista a raíz de los atropellos y abusos que observaba en las acciones del dictador de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.). Es verdad que este poeta mexicano se unió a la causa republicana durante la Guerra Civil Española (1936-1939), como tantos intelectuales de los países occidentales.

Pero paulatinamente se fue desencantando ante los métodos violentos y arbitrarios que se utilizaban en nombre de una supuesta “causa popular”, como fueron los continuos fusilamientos, sin juicio previo, y las cárceles de tortura.

Los intelectuales de la izquierda internacional jamás le perdonaron “su traición”. Cuando yo preguntaba a algunos profesores en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde estudié “Lengua y Literaturas Hispánicas”, su opinión por la calidad literaria del autor de “Piedra de Sol”, se hacía un elocuente silencio. A alguno de ellos, recuerdo que le insistí: “Pero si acaba de renunciar como Embajador de México en la India, como consecuencia de los sucesos estudiantiles en Tlaltelolco y de publicar su libro “Posdata”, en el que profundiza sobre su postura política de rechazo a la decisión del Presidente Gustavo Díaz Ordaz”.  La única lacónica respuesta  que obtuve fue: “Paz es un oportunista”. Y, por lo tanto, se podría entender entre líneas que se trataba de un traidor a la causa comunista. Porque la mayoría de los profesores y muchos compañeros seguían la doctrina de Carlos Marx y Federico Engels.

Octavio Paz escribió muchas obras literarias en poesía, prosa y teatro, así como ensayos, de gran calidad. Cabe destacar: “Libertad Bajo Palabra”, “Salamandra”, “El Laberinto de la Soledad”, “Blanco”, “Ladera Este”, “Topoemas”, “Pasado en Claro”, “Árbol Adentro”, “El Arco y la Lira”, “Las Peras del Olmo”, “Signos de Rotación”, “Conjunciones y Disyunciones”, “El Ogro Filantrópico” (expone los graves errores del Comunismo), “La Llama Doble” (acerca de la fraternidad, el afecto humano y el amor a Dios), “Itinerario” (una breve biografía de su vida)

No obstante la conspiración del silencio contra Paz en su país natal, su obra literaria tuvo repercusión en muchos países del mundo y fue aclamada por filósofos, críticos de arte e intelectuales de diversas naciones. Un buen número de prestigiosas universidades le concedieron el Doctorado Honoris Causa. También, en España le fue otorgado el Premio Cervantes en 1981.

Cuando en 1990, se planteó la concesión del Premio Nobel de Literatura, muchos intelectuales del extranjero consideraron la posibilidad de entregárselo a Octavio Paz.

Cuando la Academia Sueca hizo público su nombramiento, los primeros sorprendidos fueron los intelectuales de izquierda mexicanos.

El historiador, Enrique Krauze, sostenía que debemos «seguir descifrando (…) la historia mexicana con las claves que Octavio Paz nos dio» (“El Universal”, sección «Cultura», 28/III/2014).
Pero también pienso que sus aportaciones sirven, no sólo para interpretar el pasado, sino para mirar hacia delante; para reflexionar y aprender lecciones en el presente y prever el futuro. Paz, supo ir a contracorriente, en muchos casos a un alto precio, porque se convenció de que por encima de las ideologías, ante todo había que salvaguardar la libertad del ser humano
 
Cuando me preguntan, qué obra poética me parece más recomendable de Octavio Paz, sin dudar, recomiendo “Piedra de Sol” (1957). ¿Por qué? Porque recibió la influencia de los grandes poetas europeos, sobre todo, de Thomas S. Eliot y Paul Valéry.

Con este magno poema busca el poeta presentar la realidad de su país y del mundo al que pertenece a modo de un mosaico de imágenes vivas y significativas. Al igual que “La Tierra Baldía” de Thomas S. Eliot, es un poema escrito en forma de “verso libre” que conlleva una rima interior y que rompe con la poesía tradicional. Por ello se afirma que se trata de un poema revolucionario.

Este brillante intelectual mexicano impartió numerosas conferencias por todo el mundo advirtiendo sobre la amenaza permanente de las dictaduras y la necesidad de buscar sistemas políticos más civilizados, como la democracia estadounidense, francesa o de Alemania occidental o el Parlamentarismo al estilo inglés. Al sistema político mexicano del Partido Revolucionario Institucional (P.R.I.), al igual que el otro Premio Nobel, Mario Vargas Llosa, le llamaron “la dictadura perfecta”.

Pero a la vez, Paz reconocía las serias deficiencias que tiene también la democracia occidental. Insistía que en este terreno no hay dogmas, sino que hay que intentar encontrar nuevas fórmulas políticas que respeten la dignidad de la persona humana porque el llamado «capitalismo salvaje» de muchos gobiernos occidentales que se dicen libres y se autoproclaman como «países modelo» son igualmente reprobables, injustos e inhumanos.

A la vuelta de 30 años, la figura de este Nobel de Literatura mexicano se agiganta con el tiempo. En los últimos años de su vida, Paz tuvo una conversión interior y comenzó la búsqueda de la Trascendencia, “La Otredad”, como le gustaba llamar. En la India intentó encontrar a Dios, a través del budismo, pero confiesa que no encontró sino vacuidad. En cierta ocasión y de forma casual, en que entró a una iglesia católica en Goa (India), mientras un sacerdote celebraba la Santa Misa, concluyó con sencillez que “esa era su verdadera identidad histórica”.

George Orwell y sus profecías sobre los regímenes totalitarismos

El escritor George Orwell (1903-1950) fue un periodista y escritor inglés de la primera mitad del siglo pasado. Ha sido un autor célebre, sobre todo, por dos de sus obras: “Rebelión en la Granja” (1945) y “1984” (1949).

Su biografía ha sido azarosa y cambiante. Tenía mucha sensibilidad por las cuestiones sociales. En un principio apoyó a los movimientos de izquierda. Posteriormente, junto con otros muchos intelectuales, artistas y periodistas se unió a las “Brigadas Internacionales” cuando estalló la Guerra Civil Española (1936-1939) para apoyar la causa de la república. Por esos años escribió “Homenaje a Cataluña” (1938) haciendo una alabanza del anarquismo español, que se caracterizaba –entre otros muchos aspectos- por cometer actos terroristas por toda la geografía del territorio nacional.

Pero pronto se percató que los dirigentes de la república española, habiendo comenzado con un socialismo moderado, paulatinamente se fueron radicalizando y se vieron arrollados por el marxismo-leninismo de José Stalin, quien desde el Kremlin (Moscú) dictaba órdenes al Partido Comunista Español.

Como buen analista político fue desentrañando el modo cómo se manipulaban a los medios de comunicación y, a través de ellos, se difundían numerosas y graves mentiras. Dicho en otras palabras, tanto los discursos políticos, las manifestaciones multitudinarias, así como los medios masivos se utilizaban como mera propaganda para engañar al pueblo.

Este escritor, en un principio, se resistía interiormente a aceptar este hecho y en comprender de fondo cómo se instrumentalizaban periódicos, libros, revistas, posters, panfletos, programas de radio, etc. con una finalidad perfectamente planeada y dirigida hacia una supuesta “búsqueda del bien de causas populares”. Así que Orwell, ya convencido de la manipulación colectiva, cambió de giro y comenzó trabajar publicando sus escritos en los que delataba estos abusos políticos.

Pero, en 1937, sufrió un grave atentado en Barcelona, el que estuvo a punto de ser asesinado. Orwell asegura que el autor intelectual fue el propio Presidente del Gobierno de la II República, Juan Negrín, el llamado “Lenin Español” –quien gobernó de 1937 a 1939-. Ese suceso le cambió su visión de la política y de los grupos socialistas y marxistas. De inmediato, salió huyendo hacia Gran Bretaña.

Desde este hecho se dedicó a denunciar a los gobiernos totalitarios, como el de la Alemania nazi de Adolfo Hitler, el de la Italia de Benito Mussolini y la dictadura de José Stalin de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.).

De esta manera, de ser un simpatizante de los gobiernos de izquierda, a través de su aguda pluma, pasó convertirse en una voz de denuncia contra los gobiernos totalitarios y manifestó su postura en favor de la democracia. Afirmaba que el gobierno de Stalin representaba una permanente amenaza en contra de las libertades de los países de Occidente. Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) trabajó para la “BBC” de Londres y el periódico “Tribune”. Por esos años redactó su obra “Diarios de Guerra” (1940-1942).

“Rebelión en la Granja” (1945) es una novela satírica, una fábula mordaz sobre el régimen de José Stalin quien corrompe las ideas originales de seguir el pensamiento de Karl Marx, de Friedrich Engels y de Vladimir Lenin hasta imponer un gobierno dictatorial, conocido como el “estalinismo”, con un enorme culto hacia su persona.

El argumento se centra en que un grupo de animales de una granja se rebelan contra unos dueños humanos déspotas. Los expulsan, pero en poco tiempo, la granja se convierte en un gobierno mucho peor, con una dictadura inmisericorde y brutal. Se trata de un análisis –sencillo pero profundo- del poder político y los peligros de ceder ante la tentación totalitaria.

En la novela “1984”, este autor muestra las múltiples herramientas que los Estados modernos poseen para ejercer un control absoluto y férreo sobre sus ciudadanos. Aparece “El Gran Hermano”, quien todo lo vigila, lo observa meticulosamente, y si la autoridad suprema considera que algún ciudadano ha atentado contra el régimen es rápidamente castigado con la prisión o con la muerte.

En mi opinión es una obra profética. El protagonista, Winston Smith, aparece como el símbolo de la rebelión frente al «Gran Hermano». Éste se ha llegado a apoderar de la vida y la conciencia de todos sus súbditos, incluso interviniendo en las esferas más íntimas de los sentimientos humanos. Winston es descubierto en su inconformidad contra este sistema de permanente observación policiaca y es conducido a una “clínica psiquiátrica”.

En ella es sometido a diversas torturas mentales. Y concretamente se le advierte amenazadoramente, que se le destruirá y cambiará su personalidad por su actitud rebelde ante el Estado. Concretamente se le dice: «Nunca podrás volver a experimentar el sentimiento humano. Todo habrá muerto en tu interior. Nunca más serás capaz de amar, de cultivar las amistades, de disfrutar de la vida, de reírte, de sentir curiosidad por algo, de tener valor, de ser un hombre íntegro. Estarás hueco. Te vaciaremos de ti y te rellenaremos de ¡nosotros!».

No obstante que la novela “1984” fue publicada en 1949, las amenazas de “El Gran Hermano” contra el personaje Winston Smith -a la vuelta de más de 70 años- todavía resultan estremecedoras. Este tipo de supuestas “clínicas psiquiátricas” contra los disidentes de los diversos regímenes comunistas fueron empleadas por décadas en la U.R.S.S., en algunos países de Europa del Este, en Vietnam, en China, y todavía, se emplean en Cuba y Venezuela. Las palabras de George Orwell han resultado proféticas y, sin duda, el peligro de la tentación totalitaria sigue vigente en nuestros días.

Thomas S. Eliot: El pensador y poeta que más influyó en su tiempo

Thomas Stearns Eliot (1888-1965) es uno de esos poetas cuya obra ha permanecido a lo largo de muchas décadas. ¿Por qué? Porque no se concretó a transmitir sentimientos, emociones, afectos, anhelos hacia la mujer amada sino que utilizó su creación literaria para filosofar sobre las claves de la crisis de valores del mundo occidental.

Fue poeta, ensayista, crítico literario, escribió cuentos, guiones; fue periodista. Sus obras principales son: “La Tierra Baldía”, “Cuatro Cuartetos”, “Asesinato en la Catedral”, etc. Revolucionó el arte de escribir poesía mediante la creación del “Verso Libre”. En 1948 recibió el Premio Nobel de Literatura.

Algunos de sus versos más célebres de “La Tierra Baldía” son: “¿Cuáles son las raíces que arraigan, que ramas crecen/ en estos pétreos desperdicios? Oh, hijo de hombre/ no puedes decirlo ni adivinarlo; tú sólo conoces un montón de imágenes rotas/ (…) Te mostraré el miedo en un puñado de lodo. (…) Ciudad irreal/ bajo la niebla del amanecer invernal/ una muchedumbre fluía por el puente de Londres ¡eran tantos! / Nunca hubiera creído que la muerte se llevara a tantos/ Exhalaban cortos y rápidos suspiros/ y cada hombre clavaba su mirada delante de sus pies/ DENSE PRISA POR FAVOR YA ES HORA/ Deberías avergonzarte, dije, de parecer tan vieja/ (y no tienes más que treinta y un años) / no es culpa mía, dijo poniendo cara triste. / Son esas píldoras que tomé para abortar, dijo/ DENSE PRISA POR FAVOR YA ES HORA”.

En concreto estos versos nos expresan cómo en nuestro tiempo se ha perdido el derecho y respeto por la vida del niño no nacido; que se está resquebrajando la unidad y fidelidad conyugal; que ya no se busca formar una familia sino -en muchos casos- sólo tener un placer inmediato y sin ninguna responsabilidad; que se han abandonado los valores humanos y trascendentes del ser humano que por siglos han cimentado nuestra civilización y, como una música de fondo, Thomas Eliot insiste en subrayar a las personas que la vida es breve y fugaz, que todos estamos de paso, que nadie puede tomarse a la ligera su existencia sobre la faz de la tierra, que tarde o temprano moriremos, por eso escribe dos versos muy significativos: “Te mostraré el miedo en un puñado de polvo” y “DENSE PRISA POR FAVOR YA ES HORA”.

A los ojos de algún lector del siglo XXI, le podría parecer que T. S. Eliot resulta “obsesivo” al abordar el tema de la muerte y de los valores, pero lo que pretendía es emplear su obra poética como un poderoso vehículo para transmitir ideas, conceptos y sacudir a toda una sociedad que se encontraba aburguesada y somnolienta en su estado de confort y bienestar. Pienso que lo logró con creces.

¿Por qué es importante el fomentar las buenas lecturas?

Durante muchos años fui profesor en educación media en una labor social y asistencial llamada “Educar, A. C.” en San Francisco Acuautla, Estado de México. Fue una valiosa experiencia porque, sin duda, puedo afirmar que más aprendí de las virtudes y valores de nuestro pueblo, que de lo que les pude haber enseñado a mis alumnos y a los padres de familia de ese Centro Escolar. Les impartí clases, charlas, conferencias, cursos de orientación familiar (con la ayuda de otros profesores) y abordé temas de actualidad (drogadicción, alcoholismo, la sexualidad, la pornografía, “New Age”, los cultos satánicos, etc.) y aquellos tópicos dónde me solicitaban criterios claros con la pertinente asesoría individualizada.

Del trato con tantas personas de ese lugar, puedo recordar su generosidad e interés por ayudar a los demás; su amor y dedicación al trabajo y al estudio; la unidad de las grandes familias (padres, hijos, abuelos, tíos, primos, nietos…) y el cariño entre sus miembros; la responsabilidad por ayudar y colaborar directamente en la formación de los hijos; su optimismo, su firme fe católica, su alegría y buen humor.

Entre mis alumnos les fomenté mucho el hábito por las buenas lecturas. ¿Por qué digo “buenas”? Porque hay libros positivos que producen un enorme bien y dejan una huella permanente en sus vidas y, otras publicaciones, que producen desorientación y confusión tanto en las ideas como en la propia conducta.

Pero sucedía que mis alumnos no tenían el hábito de leer libros y preferían ver películas o series de televisión. Como por esos años, tuvieron mucho éxito de taquilla los filmes sobre “El Señor de los Anillos” de J. R. R. Tolkien, un día en clase les pregunté quiénes habían visto esas películas seriadas. Por supuesto, todos alzaron la mano. Y a continuación les volví a cuestionar sobre quiénes habían leído los tomos de esa célebre novela de ciencia ficción. Y sólo unos cuantos levantaron la mano.

Entonces aproveché para animar a los alumnos que habían leído esos libros, que explicaran las diferencias que encontraban entre los filmes y la novela. Coincidieron en que la película omitía muchos elementos interesantes, por ejemplo: el alfabeto tan original que manejaban los personajes; el retrato mejor elaborado de los protagonistas; las descripciones geográficas acompañadas de mapas mucho más descriptivos; otras figuras destacadas y así muchos variados aspectos.

Entonces noté cómo se despertaba el interés de los alumnos por leer esos tomos de “El Señor de los Anillos” y, a la vuelta de un par de semanas, prácticamente todos ellos se encontraban leyendo esta obra maestra de la Literatura Universal.

Cuando concluyeron esas lecturas, me preguntaron sobre qué otros libros valían la pena leer. Les recomendé otras obras del mismo Tolkien y diversas novelas de detectives, como: las obras de Arthur Conan Doyle (más conocido por su personaje “Sherlock Holmes”), de Agatha Christie, los relatos completos del “Padre Brown” de Gilbert K. Chesterton.

Así que, aficionándose más por la lectura, me preguntaban qué otros libros me parecían interesantes. Entonces, decidí pedirle un generoso donativo de libros a un amigo mío y coloqué en la biblioteca del Centro Educativo un buen lote de libros formativos y amenos. Les recomendé: “Las Crónicas de Narnia” de C. S. Lewis (porque muchos alumnos habían visto ya las películas), los cuentos de León Tolstoi, algunas novelas de Charles Dickens, de Emilio Salgari, de Julio Verne, de Jane Austen, “El Quijote de la Mancha” de Miguel de Cervantes, así como algunas obras de Martín Luis Guzmán, los cuentos de Juan José Arreola…

Les hacía ver que la mente humana tiene un potencial extraordinario y, si sólo se ven videos y películas, se empobrecen las facultades mentales. En cambio, el cerebro es como un fino motor de un coche de carreras, que si se aprovecha bien, con las lecturas se estimula la imaginación y la creatividad; la inteligencia se desarrolla estudiando detenidamente la trama de esos textos literarios; se aprende a pensar, a llegar a deducciones lógicas y a tener criterio; se enriquece el vocabulario; se aprende a redactar mejor y tantas ventajas más.

De tal manera que lo que comenzó siendo un interés por adentrarse más en las obras de J. R. R. Tolkien, a la postre concluyó en que muchos de mis alumnos adolescentes se convirtieron en entusiastas lectores de buenos libros.