El oficio de escribir, ¿un arte para privilegiados?

Es común escuchar, en la mayoría de la gente una expresión con respecto a los que escriben artículos, columnas, ensayos o libros. Esta afirmación en que se suele decir: “Debe ser muy difícil escribir y poner por escrito lo que piensas de un asunto en concreto”.

Recuerdo a un profesor de la Preparatoria que nos daba la materia de Gramática y Oratoria, que nos lanzó un reto a todos los alumnos, la propuesta de salir a la palestra a exponer un tema determinado. Nos quedamos todos como “idolítos aztecas”. Nadie se daba por enterado y nadie reaccionaba. Como aquel “jueguito” infantil de “estatuas mudas, sordas e inmóviles”.

Entonces el profesor de Gramática, tomó la iniciativa y le dijo al líder de una banda de música pop: “A ver compañero, lo reto a que hable 5 minutos de la revolución musical que han provocado los Beatles en los años sesenta”.

Al principio, mi compañero titubeó, pero luego comenzó a hablar y hablar con soltura hasta que el profesor Navarro le dijo: “Hasta aquí porque ya lleva casi 15 minutos de exposición. Y concluyó el maestro: “Ven cómo es importante exponer algún tema que se domine y así se pierde “el pánico escénico”.

A partir de ahí, el profesor Navarro nos fue encargando a cada uno de los alumnos a exponer diversos temas que nosotros eligiéramos. De este entrenamiento salieron los candidatos al certamen final de Oratoria.

Llevo muchos años en el mundo del periodismo y he animado a muchos jóvenes a escribir. Cuando observo que se acobardan o titubean, les comento lo mismo que nos decía el profesor Navarro: ¿qué tema dominas? ¿qué afición o “hobbie” tienes? ¿cuál es tu deporte favorito? ¿qué libros te gustan? ¿qué películas te apasionan y por qué?

Cuando a manera de excusa algunos alumnos me comentan: “Mi papá es agricultor o ganadero? ¿De qué voy a escribir?” Les respondo: Tienes unos temas riquísimos para redactar porque México lleva siglos siendo un gran país agricultor y ganadero.

Otros me dicen: “A mí sólo me gusta la guitarra, no sé de qué escribir”. Les contesto: “Estamos viviendo los años más prolíficos de la música con guitarra eléctrica, tienes mucho sobre qué escribir”.

Por supuesto hay que tener a la mano un buen manual de gramática, de redacción, de sinónimos y antónimos, un libro de sintaxis y un diccionario actualizado.

Con esos estímulos prácticos y específicos, me da mucho gusto que a la vuelta de los años muchos amigos, compañeros y alumnos ya son articulistas, columnistas consagrados, Incluso algunos han dado un paso más para convertirse en autores de textos. Me piden páginas web para tener mayor bibliografía o también me solicitan qué libros les pueden servir para ampliar su cultura intelectual.

Charles Dickens: pionero de la novela de denuncia social

Quizá pocos sepan que el escritor inglés, Charles Dickens, fue el pionero de la novela de denuncia social. Nació en 1812 y falleció en 1870. Pertenecía a la clase media, pero su padre gastaba mucho más de lo que ganaba. En un principio, le embargaron sus bienes, pero llegó el momento en que era tal el cúmulo de sus deudas, que se le condenó a la cárcel. Pero en Inglaterra se acostumbraba               que toda la familia debería también de acompañar al preso a la misma celda de la cárcel. Sólo el pequeño Charles fue dejado en libertad debido a que trabajaba en una fábrica de grasa para calzado.

Para Dickens fue una inolvidable experiencia el sentir en carne propia la explotación laboral de niños y mujeres que trabajaban de sol a sol, sin ningún tipo de seguro médico ni pensión laboral, con despidos injustificados. No había consideración alguna para las mujeres embrazadas. Recibían la mísera paga de unas cuantas monedas, un poco de pan y café. Trabajaban en lugares insalubres, oscuros y, además, hacinados en espacios demasiado reducidos. Nadie podía abandonar esos oficios porque se encontraban bajo un régimen de esclavitud. En la novela “Oliver Twist” leemos cómo el protagonista huye y es perseguido para que regrese a su trabajo. Así que no le queda más remedio que unirse a una pandilla de niños ladrones comandados por un viejo corrupto y un ladrón asesino. A Charles Dickens le tocó vivir buena parte de era de la Reina Victoria y de la Revolución Industrial en las que estas situaciones eran comunes. 

Gracias a la inesperada herencia de una tía, toda su familia logró salir de la cárcel. A continuación, se trasladaron de Landport (Portsmouth, Gran Bretaña) a Londres.

Pronto este joven decide ser periodista, toma clases de taquigrafía y es contratado para ser cronista en el Parlamento y sus textos fueron publicados en el “Mirror Parlament”.

Por esos años se prometió a sí mismo: “Jamás volveré a pasar hambre ni penurias”. Reconocía que la obra que más admiraba era “Don Quijote de la Mancha” de Miguel de Cervantes Saavedra. Poco tiempo después se casó con Catherine Thompson Hogarth con quien procreó diez hijos.

Debido a que realizó tan sobresalientes crónicas en el Parlamento, el director del “Mailing Magazine”, se fijó en él y valoró su gran espíritu de observación, así como su fina y aguda ironía. Le propuso que escribiera crónicas de la ciudad, de distintos barrios, de sus parques, de los mercados, de las tabernas; de cómo se vestían, hablaban y se comportaban las personas ricas y las pobres. En un principio escribió bajo el seudónimo de “Boz” para que no fuera confundido con sus crónicas del Parlamento. Sus breves relatos citadinos tuvieron un éxito arrollador, al punto que eran esperados semanalmente con enorme interés por los lectores. El director del periódico le ofreció realizar una compilación y publicarlos en forma de libro en 1836 y titulado “The Sketches by Boz”.  A partir de ese año se revelaba Dickens como novelista.

En 1836 publicó la obra humorística “Los Papeles Póstumos del Club de Pickwick”, que alcanzó gran celebridad por sus juegos de palabras, ironías, giros inesperados y con chispeante alegría. En 1837 publicó una novela sobre la vida de un niño huérfano, “Oliver Twist” con rasgos autobiográficos y que pronto alcanzó un tiraje de 20,000 ejemplares. En 1841 publicó “Tienda de Antiguedades” y, en 1843, dio a conocer su inmortal obra, “Cuento de Navidad”, con su inolvidable personaje Scrooge, avaro y egoísta que conmovió a toda Gran Bretaña. Y, en la actualidad, continúa impactando a los lectores del mundo entero. Es una obra clásica que se recuerda cada Navidad.

A lo largo y a lo ancho de toda su obra literaria, Dickens se declaró enemigo de la pena de muerte y denunció numerosos abusos e injusticias sociales que observaba en su entorno y los describía con un realismo impresionante. Pero siempre dejando mensajes positivos acerca de cómo resolver esas diferencias socioeconómicas.

En 1849 publica “David Copperfield”, también de rasgos autobiográficos y para numerosos críticos es considerada su mejor obra. En poco tiempo logró vender 100,000 ejemplares. Hay lectores que confiesan que esta obra la leen por lo menos una vez al año, junto con “El Quijote de la Mancha”.

En 1853 publica “Tiempos Difíciles”. También viaja a Paris donde conoce a Alejandro Dumas y, a la entonces joven promesa del mundo de las letras, Julio Verne.

En 1860 entabló una gran amistad con el escritor de misterio del siglo XIX inglés, Wilkie Collins                -autor de “La Dama de Blanco”, entre otras muchas obras- quienes mutuamente se ejercieron una positiva influencia en sus creaciones literarias. Fruto de esa gran amistad, Dickens publicó “Historia de Dos Ciudades” y “Grandes Esperanzas”.

En 1867 realizó su segundo viaje a los Estados Unidos y se llevó una gran alegría al comprobar que a raíz de la victoria del Presidente Abraham Lincoln durante la Guerra de Secesión, se fortaleció el gobierno federal, se modernizó la economía y, sobre todo, fue abolida la esclavitud de las personas afroamericanas con notables imperfecciones, aunque sus plenos derechos no los obtendrían sino hasta el siglo XX.

Sorpresivamente, en junio de 1870 falleció. Un mes antes, había sido recibido por la Reina Victoria y ella le confesó que era una profunda admiradora de sus obras literarias y no se resistió a preguntarle cómo fue que alcanzó tal notoriedad como novelista y periodista, sin haber pasado por las aulas universitarias. Dickens le respondió con sencillez que con ese talento se nace y se cultivan cuando se tienen grandes ideales en la vida.

León Tolstói y Fiódor Dostoyevski consideraban a Carles Dickens como a un autor cristiano, no tanto porque practicara mucho su religión, sino por las soluciones que aportaba a las tramas de sus novelas.

Una opinión unánime de los críticos literarios es que Dickens hizo más por los pobres, por los marginados debido a sus claras y valientes posturas en contra de la esclavitud laboral y racial; por sus denuncias ante las injusticias y tremendas diferencias socioeconómicas en la sociedad inglesa; por su permanente oposición a la pena de muerte, etc., de tal modo que su benéfica influencia ayudó a tomar conciencia nacional para que en el Parlamento , tanto en el siglo XIX como en el XX, se aprobaran leyes para resolver estas severas problemáticas.

Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura: 30 años después

Es increíble la ola de persecución que, el Premio Nobel de Literatura, Octavio Paz (1914-1998) sufrió desde que rompió con la ideología marxista-leninista a raíz de los atropellos y abusos que observaba en las acciones del dictador de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.). Es verdad que este poeta mexicano se unió a la causa republicana durante la Guerra Civil Española (1936-1939), como tantos intelectuales de los países occidentales.

Pero paulatinamente se fue desencantando ante los métodos violentos y arbitrarios que se utilizaban en nombre de una supuesta “causa popular”, como fueron los continuos fusilamientos, sin juicio previo, y las cárceles de tortura.

Los intelectuales de la izquierda internacional jamás le perdonaron “su traición”. Cuando yo preguntaba a algunos profesores en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde estudié “Lengua y Literaturas Hispánicas”, su opinión por la calidad literaria del autor de “Piedra de Sol”, se hacía un elocuente silencio. A alguno de ellos, recuerdo que le insistí: “Pero si acaba de renunciar como Embajador de México en la India, como consecuencia de los sucesos estudiantiles en Tlaltelolco y de publicar su libro “Posdata”, en el que profundiza sobre su postura política de rechazo a la decisión del Presidente Gustavo Díaz Ordaz”.  La única lacónica respuesta  que obtuve fue: “Paz es un oportunista”. Y, por lo tanto, se podría entender entre líneas que se trataba de un traidor a la causa comunista. Porque la mayoría de los profesores y muchos compañeros seguían la doctrina de Carlos Marx y Federico Engels.

Octavio Paz escribió muchas obras literarias en poesía, prosa y teatro, así como ensayos, de gran calidad. Cabe destacar: “Libertad Bajo Palabra”, “Salamandra”, “El Laberinto de la Soledad”, “Blanco”, “Ladera Este”, “Topoemas”, “Pasado en Claro”, “Árbol Adentro”, “El Arco y la Lira”, “Las Peras del Olmo”, “Signos de Rotación”, “Conjunciones y Disyunciones”, “El Ogro Filantrópico” (expone los graves errores del Comunismo), “La Llama Doble” (acerca de la fraternidad, el afecto humano y el amor a Dios), “Itinerario” (una breve biografía de su vida)

No obstante la conspiración del silencio contra Paz en su país natal, su obra literaria tuvo repercusión en muchos países del mundo y fue aclamada por filósofos, críticos de arte e intelectuales de diversas naciones. Un buen número de prestigiosas universidades le concedieron el Doctorado Honoris Causa. También, en España le fue otorgado el Premio Cervantes en 1981.

Cuando en 1990, se planteó la concesión del Premio Nobel de Literatura, muchos intelectuales del extranjero consideraron la posibilidad de entregárselo a Octavio Paz.

Cuando la Academia Sueca hizo público su nombramiento, los primeros sorprendidos fueron los intelectuales de izquierda mexicanos.

El historiador, Enrique Krauze, sostenía que debemos «seguir descifrando (…) la historia mexicana con las claves que Octavio Paz nos dio» (“El Universal”, sección «Cultura», 28/III/2014).
Pero también pienso que sus aportaciones sirven, no sólo para interpretar el pasado, sino para mirar hacia delante; para reflexionar y aprender lecciones en el presente y prever el futuro. Paz, supo ir a contracorriente, en muchos casos a un alto precio, porque se convenció de que por encima de las ideologías, ante todo había que salvaguardar la libertad del ser humano
 
Cuando me preguntan, qué obra poética me parece más recomendable de Octavio Paz, sin dudar, recomiendo “Piedra de Sol” (1957). ¿Por qué? Porque recibió la influencia de los grandes poetas europeos, sobre todo, de Thomas S. Eliot y Paul Valéry.

Con este magno poema busca el poeta presentar la realidad de su país y del mundo al que pertenece a modo de un mosaico de imágenes vivas y significativas. Al igual que “La Tierra Baldía” de Thomas S. Eliot, es un poema escrito en forma de “verso libre” que conlleva una rima interior y que rompe con la poesía tradicional. Por ello se afirma que se trata de un poema revolucionario.

Este brillante intelectual mexicano impartió numerosas conferencias por todo el mundo advirtiendo sobre la amenaza permanente de las dictaduras y la necesidad de buscar sistemas políticos más civilizados, como la democracia estadounidense, francesa o de Alemania occidental o el Parlamentarismo al estilo inglés. Al sistema político mexicano del Partido Revolucionario Institucional (P.R.I.), al igual que el otro Premio Nobel, Mario Vargas Llosa, le llamaron “la dictadura perfecta”.

Pero a la vez, Paz reconocía las serias deficiencias que tiene también la democracia occidental. Insistía que en este terreno no hay dogmas, sino que hay que intentar encontrar nuevas fórmulas políticas que respeten la dignidad de la persona humana porque el llamado «capitalismo salvaje» de muchos gobiernos occidentales que se dicen libres y se autoproclaman como «países modelo» son igualmente reprobables, injustos e inhumanos.

A la vuelta de 30 años, la figura de este Nobel de Literatura mexicano se agiganta con el tiempo. En los últimos años de su vida, Paz tuvo una conversión interior y comenzó la búsqueda de la Trascendencia, “La Otredad”, como le gustaba llamar. En la India intentó encontrar a Dios, a través del budismo, pero confiesa que no encontró sino vacuidad. En cierta ocasión y de forma casual, en que entró a una iglesia católica en Goa (India), mientras un sacerdote celebraba la Santa Misa, concluyó con sencillez que “esa era su verdadera identidad histórica”.

A cuarenta años del libro “El ogro filantrópico” de Octavio Paz

En estos tiempos en que están retornando los regímenes populistas, demagógicos y totalitarios, en los que gobierna un líder máximo y en el que cada ciudadano del no es más que un pequeño engranaje de la inmensa maquinaria anónima, desprovista de personalidad y representatividad, viene bien recordar dos libros claves a este respecto: “1984” del escritor inglés George Orwell, quien estuvo en la Guerra Civil Española (1936-1939) de parte del frente comunista o republicano, y al darse cuenta de que toda era una farsa de los soviéticos para convertir a España en un país marxista-leninista, decidió regresarse a la Gran Bretaña a redactar esta novela magistral.

Una suerte parecida recorrió Octavio Paz. De joven, abrazó con entusiasmo la causa comunista como muchos intelectuales de Occidente combatiendo en la península ibérica del lado de los republicanos, pero relata Paz que cuando la autoridad máxima de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (U.R.S.S.), José Stalin, a quien tanto admiraba, decidió repartirse Polonia junto con el Fúhrer de la Alemania nazi, Adolfo Hitler se sintió profundamente decepcionado y rompió radicalmente con el marxismo.

Su postura tan determinante le valió el repudió de la mayoría de los intelectuales mexicanos. No hay que olvidar que existía –por esos años- un verdadero sectarismo por captar a nuevas personas y convencerlas que se hicieran comunistas. Y quien decidía abandonar esta doctrina era boicoteado de las cátedras universitarias, de las editoriales para publicar sus libros, de recibir galardones y reconocimientos. Paz recibió la amargura de la indiferencia y de las acerbas críticas de sus colegas.

En 1979, quien sería el Premio Nobel de Literatura en 1990, Octavio Paz, sacó a la luz un libro con un título retador y atrevido que despertó una gran polémica, publicado en nuestro país por la editorial Joaquín Mortiz, y luego, por el Fondo de Cultura Económica.

La tesis sigue siendo válida para nuestro tiempo: ante un Estado que pretende controlar la política, la educación, la economía, los medios de comunicación, la producción agrícola, la vida empresarial es muy difícil que no pueda ceder ante esa “tentación totalitaria” y acaba por asfixiar la libertad individual y las iniciativas de los particulares.

El Estado pasa a convertirse en ese ser “grotesco”, en ese “ogro” que describe Paz, que supuestamente quiere hacer el bien pero como no sabe delegar ni reconocer que los ciudadanos también pueden realizar muchas otras empresas valiosas, en plan solidario, con creatividad e ingenio, acaba por entorpecer y monopolizarlo todo y sobreviene una gran parálisis en su funcionamiento como ocurrió, en su tiempo, con la U.R.S.S.

Tanto “1984” de George Orwell como “El Ogro Filantrópico” de Octavio Paz me parece que son dos lecturas indispensables que resultan claves para comprender los fenómenos económicos y sociopolíticos que vivimos en nuestra época.

Miguel León-Portilla: Un gran intelectual y un mexicano universal

Hace unos días falleció una de las luminarias del pensamiento y la literatura náhuatl, Don Miguel León Portilla (1926-2019). Además, fue un destacado filósofo e historiador mexicano. Su fama y prestigio han atravesado las fronteras de nuestro país y ha recibido numerosos reconocimientos, también en el extranjero.

Son uno de esos intelectuales honrados, cordiales, con don de gentes, que todo el mundo apreciaba y estimaba y contaba con muchos discípulos. Fue formado en su tesis doctoral por el célebre historiador, Don Ángel María Garibay, quien le exigió en el rigor de la ciencia histórica (así lo relata él mismo) y le transmitió muchas de sus inquietudes intelectuales. Estudió en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Recuerdo, al inicio de mis estudios universitarios, que leí dos de sus libros más conocidos: “La Filosofía Náhuatl estudiada en sus Fuentes” y “La Visión de los Vencidos”. Me percaté que me encontraba no sólo ante un humanista sino frente a un visionario antropólogo, pensador, filósofo y maestro.

Este par de libros constituyeron como una “revolución en los estudios sobre la cultura náhuatl” por su originalidad y valiosas aportaciones.

Así como el maestro de la guitarra clásica, Andrés Segovia, tuvo la audacia de anunciar en España, y luego en México, que daría una serie de conciertos sobre algunas piezas de Bach, Mozart, Vivaldi, etc., en los tiempos en que la guitarra se usaba sólo para acompañar canciones populares, algunas personas asistieron a sus conciertos con la retorcida intención de lanzarle una rechifla, pero al final, el maestro Segovia recibió cerradas ovaciones por las cátedras que brindó en el dominio de la guitarra interpretando música clásica.

Algo semejante ocurrió con muchos intelectuales cuando se enteraron o vieron en las vitrinas de los aparadores de las librerías expuesto su libro sobre Filosofía Náhuatl. La pregunta obligada era, “¿Cómo se atreve Miguel León-Portilla de asegurar que, los pobladores del Valle de Anáhuac, escribieron filosofía, tal y como se entiende en el mundo occidental? ¡Qué disparate!”

Pero, en efecto, este reconocido intelectual realizó una magnífica selección de temáticas y textos, y a partir de ahí, escribió su libro que causó una gran sorpresa a nivel internacional.

Cuando leí “La Visión de los Vencidos” comprendí un nuevo modo de mirar la conquista de México. Sobre el trauma colectivo que sufrieron los pobladores de este Nuevo Mundo al ver que su cultura era suplantada por otra. A la vez capté el hermoso lirismo con que los autores de las crónicas de la literatura náhuatl habían relatado estos hechos.

Don Miguel León-Portilla, me abría un nuevo horizonte de nuestro pasado histórico y considero que los mexicanos debemos de agradecer su valioso esfuerzo y dedicación por rescatarlo.

Thomas S. Eliot: El pensador y poeta que más influyó en su tiempo

Thomas Stearns Eliot (1888-1965) es uno de esos poetas cuya obra ha permanecido a lo largo de muchas décadas. ¿Por qué? Porque no se concretó a transmitir sentimientos, emociones, afectos, anhelos hacia la mujer amada sino que utilizó su creación literaria para filosofar sobre las claves de la crisis de valores del mundo occidental.

Fue poeta, ensayista, crítico literario, escribió cuentos, guiones; fue periodista. Sus obras principales son: “La Tierra Baldía”, “Cuatro Cuartetos”, “Asesinato en la Catedral”, etc. Revolucionó el arte de escribir poesía mediante la creación del “Verso Libre”. En 1948 recibió el Premio Nobel de Literatura.

Algunos de sus versos más célebres de “La Tierra Baldía” son: “¿Cuáles son las raíces que arraigan, que ramas crecen/ en estos pétreos desperdicios? Oh, hijo de hombre/ no puedes decirlo ni adivinarlo; tú sólo conoces un montón de imágenes rotas/ (…) Te mostraré el miedo en un puñado de lodo. (…) Ciudad irreal/ bajo la niebla del amanecer invernal/ una muchedumbre fluía por el puente de Londres ¡eran tantos! / Nunca hubiera creído que la muerte se llevara a tantos/ Exhalaban cortos y rápidos suspiros/ y cada hombre clavaba su mirada delante de sus pies/ DENSE PRISA POR FAVOR YA ES HORA/ Deberías avergonzarte, dije, de parecer tan vieja/ (y no tienes más que treinta y un años) / no es culpa mía, dijo poniendo cara triste. / Son esas píldoras que tomé para abortar, dijo/ DENSE PRISA POR FAVOR YA ES HORA”.

En concreto estos versos nos expresan cómo en nuestro tiempo se ha perdido el derecho y respeto por la vida del niño no nacido; que se está resquebrajando la unidad y fidelidad conyugal; que ya no se busca formar una familia sino -en muchos casos- sólo tener un placer inmediato y sin ninguna responsabilidad; que se han abandonado los valores humanos y trascendentes del ser humano que por siglos han cimentado nuestra civilización y, como una música de fondo, Thomas Eliot insiste en subrayar a las personas que la vida es breve y fugaz, que todos estamos de paso, que nadie puede tomarse a la ligera su existencia sobre la faz de la tierra, que tarde o temprano moriremos, por eso escribe dos versos muy significativos: “Te mostraré el miedo en un puñado de polvo” y “DENSE PRISA POR FAVOR YA ES HORA”.

A los ojos de algún lector del siglo XXI, le podría parecer que T. S. Eliot resulta “obsesivo” al abordar el tema de la muerte y de los valores, pero lo que pretendía es emplear su obra poética como un poderoso vehículo para transmitir ideas, conceptos y sacudir a toda una sociedad que se encontraba aburguesada y somnolienta en su estado de confort y bienestar. Pienso que lo logró con creces.

El gran descubrimiento del literato existencialista Albert Camus

Recuerdo haber leído en mis años de Preparatoria, la novela del escritor francés “El Extranjero” de Albert Camus. (1913-1960) y reconozco que me impactó negativamente porque muestra a un protagonista que no encuentra sentido alguno a su existencia. La obra se desarrolla en Argelia y describe con pesimismo a cada persona que conoce destacando su mezquindad y fealdad. Luego de un largo y sinuoso viaje en un apretujado y desvencijado autobús de pasajeros, llega a su lugar de destino: la funeraria donde se encontraba el cuerpo de su madre, fallecida la noche anterior. Durante el velorio comenta que interiormente no sentía ningún afecto por ella; que le parecía un absurdo la muerte, lo mismo que el estar tantas horas sentado recibiendo el pésame de gente hipócrita y en un recinto en el que hacía un calor insoportable. Y en ese tono continúa esta novela. Otras de sus obras conocidas son “La Peste”, “El Mito de Sísifo”, “Calígula”. En 1957 le fue concedido el Premio Nobel de Literatura.

Pero Albert Camus era un pensador en permanente crisis personal. Le atormentaban temas como la presencia del mal en el mundo, del dolor, de las enfermedades, de las guerras. Se deja llevar por la corriente en boga: la filosofía existencialista cuyos ideólogos consideran que Dios no existe, que la vida no tiene sentido alguno, que no hay ni verdad ni mentira y recibe la influencia del filósofo Jean Paul Sartre (1905-1980) quien concluye que ya que la existencia es completamente absurda (“el hombre es una pasión inútil”) no quedan sino dos soluciones: la búsqueda afanosa y compulsiva del placer o el suicidio.

A todos estos filósofos les afectó en forma considerable los horrores, masacres y genocidios de la Segunda Guerra Mundial. Eso los condujo a tener una concepción trágica, desilusionada y pesimista del hombre.

Pero Camus era un pensador honesto, que buscaba encontrar la verdad sobre sus cuestionamientos vitales. Tuvo la enorme fortuna de conocer en París al pastor metodista Howard Mumma. Se hicieron amigos y entablaron largas conversaciones en las que de manera paulatina le fue resolviendo a este Nobel muchas de sus dudas. El pastor Mumma comenta que un día le dijo Camus: “Amigo mío, ¡voy a seguir luchando por alcanzar la fe!”.

Este Premio Nobel de Literatura falleció en 1960 a consecuencia de un accidente automovilístico. Años después, Howard Mumma publicó un libro, titulado: “El Existencialista Hastiado. Conversaciones con Albert Camus”. En su valioso e inédito testimonio asegura que este escritor encontró un bautismo que la Iglesia reconoce como “pasaporte” válido para la entrada en el Reino de Dios: el bautismo de deseo. Es decir que llegó el momento en que Camus aceptó y quiso ser bautizado, sólo que antes le llegó la muerte, de forma inesperada.

El hecho es que Albert Camus murió en paz con Dios porque, por fin, había aclarado sus incógnitas, superado su crisis personal porque descubrió el sentido trascendente de la existencia humana y encontró la Verdad plena.

La otra revolución de Europa del este

El Baile Tras la Tormenta, es el original título del libro del reconocido y prolífico escritor, José Miguel Cejas (Editorial Rialp). Expone numerosos relatos de disidentes de algunos países de Europa Septentrional y del Este. Ésta obra suya tiene un particular mérito porque le llevó tres años de continuos viajes, encuentros y entrevistas hasta recoger sesenta relatos de mujeres y hombres de Lituania, Letonia, Estonia, Suecia, Finlandia, Noruega y Rusia.

Son personas de los más variados ambientes sociales, económicos y culturales: músicos, pintores, directores de cine, actores de teatro; reporteros de guerra; catedráticos de universidades; pastores luteranos; líderes sociales, historiadores, escritores; cantantes de rock, de rap…

El mérito de este texto consiste en amalgamar la pluralidad de las narraciones y presentarlas bajo la óptica de dos rasgos en común: la rebeldía ante el sistema político establecido y la fidelidad a sus propias convicciones.

Muchos de ellos tuvieron que luchar contra las dictaduras totalitarias (nazismo, comunismo, socialismo) que oprimieron la libertad de millones de ciudadanos en Europa del Este; otros, se han tenido que enfrentar a la sutil dictadura del materialismo hedonista y al capitalismo salvaje, que pretende extirpar de raíz sus creencias, tradiciones y todo rastro de espiritualidad.

Son testimonios de personas que han sufrido cárcel, torturas físicas o psicológicas; numerosos rechazos sociales; negativas rotundas de tener un trabajo apropiado acorde con sus respectivas profesiones, o también, que han sido condenados al exilio.

En definitiva, son disidentes que se han negado a realizar “lo políticamente correcto”, con la firme determinación de afrontar con valentía todas las consecuencias que sus valores trascendentes y posturas sociopolíticas llevan consigo.

El título evoca un baile gozoso después de una tormenta. El autor comenta que ha conocido, de primera mano, ese particular espíritu de fiesta y liberación que se vive en estas naciones tras la dura tormenta que se ha prolongado a lo largo de numerosas décadas. Fue como salir de un cautiverio para respirar el aire fresco de la libertad.

Pero sus vidas muestran algo enormemente enriquecedor y positivo: las hondas convicciones de una Europa desconocida, llena de vigor, jovialidad y creatividad, que contrasta con la decadencia y el cansancio vital en tantos lugares de Occidente y nos muestra con claridad que ningún sistema totalitario o hedonista puede acallar las profundas voces del espíritu humano.

La formación de los hijos a través de las buenas lecturas

Con la invasión de las tecnologías digitales en jóvenes y niños, es fundamental que los padres de familia no pierdan de vista la prioridad que entraña el fomentar el hábito de las buenas lecturas. Y pongo énfasis en llamarlas “buenas lecturas” porque hay libros que resultan perniciosos y desorientadores en la formación de los chicos.

¿Qué es lo que activa en el cerebro el despertar la afición por las lecturas? En primer lugar, hay que tomar en cuenta que la inteligencia tiene una capacidad asombrosa de aprender fechas, lugares, historias de personajes, anécdotas, etc. Si los hijos no la ejercitan es similar a cuando se tiene un coche de carreras Fórmula 1, con un motor imponente, y se prefiere guardarlo en la cochera, quedando la mente entelarañada y perezosa. 2) En cambio, cuando se practica la lectura se tiene una participación muy activa dentro de la trama, ya que el lector va hilvanando ideas y conceptos y sacando sus propias conclusiones. 3) Las lecturas contribuyen a expresarse mejor, a mejorar la sintaxis y la ortografía. 4) También avivan la creatividad, el ingenio y la imaginación, herramientas claves para el posterior desarrollo académico. 5) Es notorio que cuando un chico no lee, se manifiesta en que le falta lógica en su discurso y no discurre con facilidad. 6) Y, finalmente, carece de un bagaje cultural tan necesario en el desempeño profesional.

¿Qué lecturas básicas recomiendo? Me he dado a la tarea de elaborar un elenco de lecturas formativas y recomendables. Comencemos por la Literatura Clásica: “La Ilíada” y “La Odisea” de Homero; “La Eneida” de Virgilio; “Historia de Roma” de Tito Livio, “Los Diálogos” de Platón.

Sobre la Literatura de la Edad Media: “La Divina Comedia” de Dante Alighieri, “Los Milagros de Nuestra Señora” de Gonzalo de Berceo, “Las Cantigas” de Alfonso X, el Sabio. Escritores españoles del siglo XVI-XVII: “Naufragios” de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, “Cartas de Relación” de Hernán Cortés, “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, “La Vida es Sueño” de Calderón de la Barca.

Lecturas recomendables del siglo XIX: “Oliver Twist” y “David Copperfield” de Charles Dickens; “Moby Dick” de Herman Melville, “La Isla del Tesoro” de Robert Louis Stevenson, “La Dama de Blanco” de Wilkie Collins; “Los Hermanos Karámazov”, “El Jugador”, “Crimen y Castigo” de Fiódor Dostoyevski; “La Guerra y la Paz” y “Cuentos Escogidos” de León Tolstói, “Narraciones Extraordinarias” de Edgar Allan Poe; “Las Aventuras de Sherlock Holmes” de Arthur Conan Doyle; las obras completas de Julio Verne y Emilio Salgari.

Libros interesantes del siglo XX: “El Principito” de Antonio de Saint-Exupéry; “1984” y “Rebelión en la Granja” de George Orwell; “Don Camilo” de Giovanni Guareschi; “Un día en la vida de Iván Denísovich”, “Pabellón de Cáncer” y “Cuentos en Miniatura” de Alexandr Solzhenitsyn; “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury, “Matar a un Ruiseñor” de Harper Lee, las obras completas de Agatha Christie, “El Viejo y el Mar” de Ernest Hemingway, “La Tierra Baldía” de Thomas S. Eliot; “El Señor de los Anillos” de J. R. R. Tolkien; “El Diario de Ana Frank” de Anne Frank; “La Sombra del Ciprés es Alargada”, “La Señora de Rojo sobre Fondo Gris” y “El Príncipe Destronado” de Miguel Delibes.

La lista se podría extender mucho más, pero me parece que con estas obras célebres de la Literatura Universal que he mencionado, podrían contribuir a despertar en los hijos el hábito por las buenas lecturas.

Miguel Delibes: sonata sobre el amor y la fidelidad conyugal

Pocos escritores recientes muestran una relevante talla humana e intelectual como el autor español, Miguel Delibes (Valladolid, 1920-2010).

Por una parte, aborda la dignidad y la libertad humanas como el eje rector de su obra literaria. Además, hace un análisis crítico de la sociedad consumista, como un nuevo modo de alienación, y denuncia el permanente peligro de que las autoridades gubernamentales no apoyen el desarrollo y fortalecimiento del campo agrícola, como medio de sustento económico de una porción importante de la población.

¿Qué ocurre entonces? -se pregunta Delibes. Nos enfrentamos -como sucede en México y otros países de América Latina- al drama cotidiano del desarraigo de la tierra y que miles y miles de personas del campo emigren a las grandes urbes, habitualmente con un crecimiento monstruoso, anárquico, desordenado. Donde impera el anonimato y esos ciudadanos pierden su calidad de “personas” y se convierten en “un número más en la estadística”.  Suelen vivir en “gigantescas torres-colmenas” con una existencia indigna de la condición humana, en medio del tráfago citadino, con tal de tener una modesta fuente de ingresos.

Su apasionada sinceridad, su anhelo de justicia social, su compromiso ético con los valores humanos, le valieron numerosas censuras de parte del régimen franquista, como en sus obras: Aún es de Día, El Camino, Las Ratas, El Disputado Voto del Señor Cayo, La Hoja Roja, Las Guerras de Nuestros Antepasados…y, también, como director del periódico “El Norte de Castilla”.

Con la publicación de su obra La Sombra del Ciprés Alargada recibió el Premio Nadal en 1947. Cinco Horas con Mario (1966) es considerada como su obra maestra, novela en la que una mujer vela a su difunto esposo y, a lo largo de la noche, como en un juego de espejos, ella va recordando numerosos episodios biográficos que pasó junto a su marido.

Miguel Delibes fue Miembro de la Real Academia Española. Recibió, entre otros muchos reconocimientos, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1982), Caballero de la Orden de las Artes y de las Letras (Francia, 1985), Premio Miguel de Cervantes (1993) y varios Doctorados Honoris Causa por destacadas universidades…

Pero, de intento, me quiero detener en su magistral obra Señora de Rojo sobre Fondo Gris (1991). En la historia personal de este autor, contrajo matrimonio con Ángeles de Castro (1946) y formaron una familia. Ella se convirtió en fuente de sus mayores inspiraciones literarias, pero falleció en 1974, después de una larga, penosa y dolorosa enfermedad a los 50 años. Este hecho marcó profundamente al escritor por el resto de sus días, quien vivió hasta casi los 90 años.

A lo largo de esta novela, en forma de monólogo, un narrrador va relatando a su hija –en el contexto de una pausada y afectuosa remembranza- la notable belleza y las gratas virtudes de su fallecida madre, de nombre Ana, hasta en sus más pequeños gestos, gustos y detalles, que enseguida se intuye que el escritor está describiendo a su propia esposa.

La manera en que está escrito este libro, da la impresión de ser como una bella sonata de amor de un consorte enamorado que ha permanecido delicadamente fiel a su cónyuge y, con el tiempo, su afecto se ha templado ante las adversidades. Sin duda, se trata de una obra con una profunda lección de humanismo, madurez y plenitud artística que sólo Miguel Delibes podía brindarnos.

1 2