El oficio de escribir, ¿un arte para privilegiados?

Es común escuchar, en la mayoría de la gente una expresión con respecto a los que escriben artículos, columnas, ensayos o libros. Esta afirmación en que se suele decir: “Debe ser muy difícil escribir y poner por escrito lo que piensas de un asunto en concreto”.

Recuerdo a un profesor de la Preparatoria que nos daba la materia de Gramática y Oratoria, que nos lanzó un reto a todos los alumnos, la propuesta de salir a la palestra a exponer un tema determinado. Nos quedamos todos como “idolítos aztecas”. Nadie se daba por enterado y nadie reaccionaba. Como aquel “jueguito” infantil de “estatuas mudas, sordas e inmóviles”.

Entonces el profesor de Gramática, tomó la iniciativa y le dijo al líder de una banda de música pop: “A ver compañero, lo reto a que hable 5 minutos de la revolución musical que han provocado los Beatles en los años sesenta”.

Al principio, mi compañero titubeó, pero luego comenzó a hablar y hablar con soltura hasta que el profesor Navarro le dijo: “Hasta aquí porque ya lleva casi 15 minutos de exposición. Y concluyó el maestro: “Ven cómo es importante exponer algún tema que se domine y así se pierde “el pánico escénico”.

A partir de ahí, el profesor Navarro nos fue encargando a cada uno de los alumnos a exponer diversos temas que nosotros eligiéramos. De este entrenamiento salieron los candidatos al certamen final de Oratoria.

Llevo muchos años en el mundo del periodismo y he animado a muchos jóvenes a escribir. Cuando observo que se acobardan o titubean, les comento lo mismo que nos decía el profesor Navarro: ¿qué tema dominas? ¿qué afición o “hobbie” tienes? ¿cuál es tu deporte favorito? ¿qué libros te gustan? ¿qué películas te apasionan y por qué?

Cuando a manera de excusa algunos alumnos me comentan: “Mi papá es agricultor o ganadero? ¿De qué voy a escribir?” Les respondo: Tienes unos temas riquísimos para redactar porque México lleva siglos siendo un gran país agricultor y ganadero.

Otros me dicen: “A mí sólo me gusta la guitarra, no sé de qué escribir”. Les contesto: “Estamos viviendo los años más prolíficos de la música con guitarra eléctrica, tienes mucho sobre qué escribir”.

Por supuesto hay que tener a la mano un buen manual de gramática, de redacción, de sinónimos y antónimos, un libro de sintaxis y un diccionario actualizado.

Con esos estímulos prácticos y específicos, me da mucho gusto que a la vuelta de los años muchos amigos, compañeros y alumnos ya son articulistas, columnistas consagrados, Incluso algunos han dado un paso más para convertirse en autores de textos. Me piden páginas web para tener mayor bibliografía o también me solicitan qué libros les pueden servir para ampliar su cultura intelectual.

La generación de 1898

En el siglo XVI, cuando el imperio español estaba en su esplendor tenía territorios en los cinco continentes. En tiempos del Emperador Carlos V (rey de 1519 a 1556), se puso de moda la frase “El Imperio en el que nunca se pone el sol”.

Con el paso de los siglos, España fue perdiendo territorios y hubo un año dramático, 1898, en el que acabó de perder sus últimos dominios de ultramar: Filipinas, Puerto Rico y Cuba. Con estas derrotas, España mostró que no tenía un ejército moderno y bien equipado.

Intelectuales, periodistas, pensadores, científicos, políticos, catedráticos de la península ibérica mostraron su gran pesar y se creó “La Generación de 1898” con un ansia renovadora.

Surgieron literatos, pedagogos y filósofos como Miguel de Unamuno, Ramiro de Maeztu, José Martínez Ruiz (“Azorín”), Pío Baroja, Antonio Machado entre otros muchos.

¿Qué planteaban? Que España tenía que modernizarse y entrar en el progreso económico, industrial, tecnológico, agrícola, ganadero, minero; fomentar las exportaciones comerciales con el resto de Europa y otras naciones.

Antonio Machado sostenía que había que “contraponer la frívola España de la charanga y la pandereta que muere, con la laboriosa España del cincel y del martillo”.

Miguel de Unamuno (1864-1936) repetía la frase: “Me duele España” como una preocupación patriótica al considerar el atraso de su país frente al empuje y desarrollo del resto de Europa. Y animaba a sus conciudadanos a ponerse en marcha para mejorar esa deplorable situación de pobreza, atraso e ignorancia. Sus obras más conocidas son: “El Cristo de Velázquez”, “Rosario de Sonetos Líricos”, “Teresa” y su magnífico ensayo “Vida de Don Quijote y Sancho”.

Algunos como Ramiro de Maeztu (1875-1936) propusieron “la defensa de la Hispanidad” con la finalidad de exaltar los valores tradicionales, crear un orgullo por la Patria y depositar más fe en su futuro. Son conocidos sus ensayos sobre “La Celestina, “Don Juan”, “Don Quijote”.

“Azorín” (1873-1967) recomendó cuidar más el lenguaje y volver a los clásicos de la Literatura Española. Creó un lenguaje sencillo y llano. Su estilo consiste en frases cortas, separadas por el punto y como o el punto. Sus obras en las que describe, por ejemplo, a los pueblos son una delicia para el lector y un modo de aprender a redactar mejor el castellano.

A modo de ejemplo, se encuentran sus obras “Castilla”, “Los pueblos”, “Don Juan”, “Doña Inés”, “Félix Vargas”. En teatro son conocidas sus obras: “La Muerte en lo Invisible”, “El Tiempo en Angelita” y “Ensueño en Cervantes o la Casa Encantada”.

Algunas novelas de Pío Baroja (nacido en 1872) son de carácter psicológico en las que estudia cuidadosamente el pensamiento de algunos personajes que reflejan las ideas del novelista. Por ejemplo, “Camino de Perfección” y “El Árbol de la Ciencia”.

En sus novelas históricas, que tienen una clara influencia de su antecesor, Benito Pérez Galdós (1843-1920), tratan de episodios de la historia de España, desde la Guerra de Independencia hasta la fecha en que fallece en 1956. Es famosa su novela “Memorias de un hombre de Acción”.

Antonio Machado (1875-1939) es el llamado “Poeta de Castilla”. Fue catedrático de los institutos en Soria, Baeza y Madrid.

Escribe con sobrios y bellos versos. Su paisaje es descrito con los más adecuados matices.

Su estilo poético es grave y reflexivo. No busca la perfección externa, sino la sinceridad y la emoción. En su poesía gusta de filosofar, utilizando muchas veces proverbios y dichos populares. Sus pensamientos, que pone en boca de “Juan de Mairena” se expresan a veces en prosa y alcanzan una notable profundidad ideológica.

A Machado no le interesa el “preciosismo” de la forma que tanto buscan sus contemporáneos, los poetas modernistas. Por el contrario, es un poeta meditabundo y grave que canta el paso del tiempo en la vida humana y busca la transparencia en su expresión y no los primores de estilo.

Un botón de muestra:

“Converso con el hombre que siempre va conmigo / -quien habla solo, espera hablar a Dios un día; / un soliloquio es platica con este buen amigo / que me enseñó el secreto de la filantropía /. (…)

“Y cuando llegue el día del último viaje / y esté al partir de la nave que nunca ha de tornar, / me encontraréis a bordo, ligero de equipaje, / casi desnudo, como los hijos de la mar”. /

Los literatos de la “Generación de 1898” ejercieron una importante influencia en el pensamiento y en los escritores de los años posteriores y sembraron la conciencia de modernizar a España.

Gilbert Keith Chesterton: Maestro del sentido común y el buen humor

El escritor inglés, Gilbert Keith Chesterton nació en Londres en 1874 y falleció en Beaconsfield (Reino Unido) en 1936. Fue periodista, poeta, novelista y ensayista. De joven fue agnóstico y simpatizaba con el espiritismo. Después se incorporó a la iglesia anglicana. Posteriormente, mantuvo constante correspondencia con el intelectual Maurice Baring y el Padre Ronald Knox. Después de un largo itinerario, terminó por convertirse a la Iglesia Católica en 1922, al igual que su esposa.

Su conversión causó un enorme revuelo en Inglaterra. Sufrió malos tratos y persecución por este hecho. Debido a ello escribió: “¿Por qué soy católico?” en la que demuestra, entre otros muchos temas, porqué la católica es la verdadera y que en la religión no hay una incompatibilidad entre fe y razón y menos fanatismo. Por ello escribía, con cierta ironía: “La iglesia nos pide que al entrar en ella nos quitemos el sombrero, pero no la cabeza”.

Sus obras más conocidas son: “La Esfera y la Cruz”, “Ortodoxia”, “El Hombre Eterno”, “El Hombre que fue Jueves”, “El Hombre Vivo” (aborda la importancia de la fidelidad conyugal), el serial de novelas sobre el sacerdote y detective, “Padre Brown” (una especie de Sherlock Holmes), “El Napoleón de Notting Hill”, etc.

Chesterton poseía un imponente sentido común, “que es el menos común de los sentidos”, como afirmaba el intelectual francés, Reginald Garrigou-Lagrange. Y, además, a este autor inglés se le admira en todas sus obras por su chispeante alegría, gracia y sentido de humor. Afirmaba con seguridad que “la alegría es el gran secreto del cristianismo”. Chesterton era optimista por naturaleza y escribía con firme persuasión: “El optimista cree en los demás y el pesimista sólo cree en sí mismo”.

Era un sabio y un apologista nato, pero era consciente de que se podía equivocar y conservó siempre su sencillez y humildad. Dos anécdotas dan prueba de este hecho. Era un hombre bastante obeso y sabía reírse de sí mismo por esta realidad. Comentaba divertido que era el hombre más caballeroso de Gran Bretaña porque cuando se levantaba del autobús de pasajeros, dejaba dos lugares libres (y no sólo uno) para un par de señoras. Otra anécdota es que cada vez que daba una conferencia y con su masa corpulenta se sentaba en una mesa frente al micrófono, cuando se dirigía a su nutrido auditorio, solía afirmar -en tono jocoso- que, su obesidad no era sino el efecto de una distorsión del micrófono que tenía frente a él y que no le dieran mayor importancia.

Fue un gran promotor de la vida humana, de la adecuada educación de los hijos y de la familia. Afirmaba: “El lugar donde nacen los niños y mueren los hombres, donde la libertad y el amor florecen, no es en una oficina ni en un comercio ni una fábrica. Ahí veo yo la importancia de la familia”.

Admiraba profundamente la naturaleza y todo lo creado por Dios. Se identificaba con los niños por asombrarse ante lo más elemental y sencillo: un amanecer, el fluir del agua en un río, el mar impetuoso, un cielo estrellado, la belleza de un bosque o de un jardín, el cantar de las aves… Por ello escribía: “La mediocridad, posiblemente, consiste en estar delante de la grandeza y no darse cuenta”.

Pero también era una persona extrovertida y amiguera. Todos los días frecuentaba a sus amigos e intelectuales en el típico “pub” (bar) inglés y ahí discutía y polemizaba sobre innumerables temas e intercambiaban sus respectivos escritos. Sabía divertirse sanamente y le gustaba la buena cerveza. Tal vez por eso afirmaba: “Beban porque son felices, pero nunca porque se consideren desgraciados”.

Fue un hombre que se adelantó a su tiempo y tuvo una visión profética sobre la familia y la situación política de Europa. Sostenía que si se destruyera la familia, se afectaría gravemente a la sociedad. Sobre el ateísmo, consideraba que “cuando se deja de creer en Dios, pronto se cree en cualquier cosa”. Por ello consideraba que era necesario mantenerse congruentes y firmes en la verdad.

Frente a las ideologías imperantes del Positivismo y el Liberalismo, sostuvo con soltura y agudeza que la inteligencia humana es un poderoso instrumento que las personas tenemos para debatir mediante argumentos convincentes y que la capacidad de razonar supera con creces todas esas visiones reduccionistas y distorsionadas de la realidad.

También fue un gran promotor de la democracia y de la libertad. Escribía: “No puedes hacer una revolución para tener la democracia. Debes tener la democracia para hacer una revolución”. Aunque murió en 1936, profetizó la Segunda Guerra Mundial que estalló el primero de septiembre de 1939. Y veía en Adolfo Hitler -si las naciones no lo frenaban- a un dictador que llevaría al mundo a una conflagración internacional.

Lo sorprendente de este autor inglés es que sus obras se siguen reeditando y los jóvenes las buscan con particular interés. Considero que su gran secreto para argumentar ha consistido en respetar con amabilidad al contrincante y nunca perder la alegría y el sentido de humor. Esa afortunada mezcla de elementos ha hecho que Gilbert Keith Chesterton sea considerado un escritor inmortal.

Fiódor Dostoyesvki, el padre de la novela psicológica

El llamado padre de la novela psicológica y filosófica nació en Moscú en 1821 y falleció en San Petersburgo en 1881. Fue un explorador del alma humana como nunca antes lo había hecho ningún autor. Se adentra en las raíces del bien, del mal, del sufrimiento, del dolor, de la crueldad humana dentro de unos abismos inimaginables.

Recuerdo que cuando leí la novela “Crimen y Castigo” (publicada originalmente en 1866) me causó un fuerte impacto porque el escritor introduce al lector en la mente del asesino y transmite todo lo que ocurre en su perturbada alma. En ella, su protagonista Rodión Raskólnikov asesina a una anciana prestamista, usurera,, vil y egoísta. En un principio, Raskólnikov considera que ha realizado un bien a la humanidad al exterminar una persona con esa despreciable conducta. Pero luego le invaden oleadas de arrepentimiento, de angustia y dudas; psicológicamente le afecta mucho al punto que le vienen fiebres altas, mareos, alucinaciones; queda perturbado y obsesionado por el homicidio cometido. Al final, decide entregarse -por su cuenta y libremente- a las autoridades y es condenado a la prisión en Siberia.

Sobre su obra, Friedrich Nietzsche y Sigmund Freud consideran que fue un psicólogo del cual habían aprendido mucho. El pensador José Ortega y Gasset considera que este autor ruso no sucumbió a las situaciones dramáticas que nos describe, sino que se instaló en lo más alto para brindarnos una visión panorámica sobre la misteriosa condición humana. Ejercieron gran influencia en Dostoyevski grandes literatos como Shakespeare, Pascal, Víctor Hugo, Hoffman y Friedrich Schiller.

Le afectó mucho el pronto fallecimiento de su madre y la crueldad de su padre tanto para con él y sus hermanos y como con los siervos que laboraban en el campo agrícola. Era un odiado terrateniente por inhumano, cruel e injusto. A este joven universitario lo envía, contra su voluntad, a estudiar Ingeniería. Facultad que pronto abandonaría para dedicarse de lleno a la Literatura. Por esos años le aparece una marcada enfermedad: la epilepsia, que se le incrementaría hasta el final de sus días. Pero su genio literario supo transformar la adversidad en una oportunidad ya que muchos de sus personajes literarios son epilépticos. Y el escritor confiesa que tenía una particular luminosidad mental después de esas duras crisis.

En 1849 se unió a un grupo intelectual llamado “Círculo Petrashevski” de corte liberal, socialista y contra las ideas monárquicas del Zar Nicolás I. Pronto fue detenido, encarcelado y condenado a ser fusilado. Pero a última hora, el Zar cambió de opinión y lo envió a Siberia. Con motivo de sus experiencias en esas gélidas tierras y su convivencia con los prisioneros escribe “Humillados y Ofendidos” (1861) y “Recuerdos de la Casa de los Muertos” (1861-1862).

Es interesante su testimonio de cómo descubre que entre delincuentes, asesinos y ladrones existen personas de buen corazón, que se arrepienten de sus malos actos y están dispuestos a corregirse.

Después viajó por las principales capitales europeas con una extraña ambición: apostar en las casas de juego en forma compulsiva pensando que de un golpe de suerte se volvería muy rico y pagaría todas sus deudas.  Como era de esperarse, esa oportunidad nunca llegó y se endeudó aún más. Pero esa tendencia la tuvo de forma reiterativa, por muchos años, hasta el punto de convertirse en un ludópata.

En 1864 publica “Memoria del Subsuelo” sobre la larga enfermedad, penosa agonía y muerte de su esposa tuberculosa.

Es interesante observar cómo todas las obras del escritor captan al lector desde el primer instante, aunque esté describiendo la fealdad humana, lo vil y despreciable. Sus personajes son seres atormentados por tres sucesos autobiográficos: la falta de dinero para pagar a sus acreedores, el tremendo sufrimiento que padecía (epilepsia) y la soledad, ya que las esposas o amantes le rehuían porque era difícil soportar a un ludópata incurable.

Contra lo que se dice que este escritor era caótico y desordenado, hay que señalar que fue perfeccionista en sus textos, muy exigente consigo mismo; comenzaba sus textos y volvía a reiniciar sus novelas. Tuvo la fortuna de contratar a una taquígrafa, Ana, quien le ayudó no sólo a redactar sus novelas sino a poner, por fin, orden en sus cuentas. Gracias a ella, concluyó “El Jugador” (1866), “El Idiota” y “El Adolescente” (1867). Posteriormente se casó con la joven y valiosa Ana.

Por esos años comienza a redactar “Diario de un Escritor” en la que expone sus puntos de vista sobre la situación política, social, económica y cultural de Rusia. Es decir, se trataba de una obra más periodística que literaria.

En 1870 comienza a redactar su obra cumbre: “Los Hermanos Karamazov”. Es una novela filosófica y psicológica ambientada en la Rusia de finales del siglo XIX, cuyos personajes entran en los debates éticos sobre Dios, el libre albedrío, la moralidad. Así como las pugnas ideológicas relacionadas con la fe, la duda, el juicio, la razón y el trasfondo de esas discusiones giran en torno al parricidio cometido por los Hermanos Karamazov. Esta novela es un retrato de la Rusia de su tiempo.

A este escritor le preocupaba la Rusia en proceso de modernización; que corría el peligro de perder sus valores perennes y que la amada Patria perdiera su verdadera identidad. Todos sus cuestionamientos se enfilaban en preguntarse: ¿quiénes somos? ¿cuál es el significado de la vida? En términos positivos, ¿qué se puede aprender del sufrimiento humano y de la presencia del mal en el mundo?

Desde la publicación de esta obra, ha sido aclamada como una de las obras más importantes de la Literatura Universal. Su esposa, Ana, lo acompañó con cariño y fielmente hasta el momento de su muerte. A su entierro asistieron las grandes celebridades de la cultura rusa.

George Orwell y sus profecías sobre los regímenes totalitarismos

El escritor George Orwell (1903-1950) fue un periodista y escritor inglés de la primera mitad del siglo pasado. Ha sido un autor célebre, sobre todo, por dos de sus obras: “Rebelión en la Granja” (1945) y “1984” (1949).

Su biografía ha sido azarosa y cambiante. Tenía mucha sensibilidad por las cuestiones sociales. En un principio apoyó a los movimientos de izquierda. Posteriormente, junto con otros muchos intelectuales, artistas y periodistas se unió a las “Brigadas Internacionales” cuando estalló la Guerra Civil Española (1936-1939) para apoyar la causa de la república. Por esos años escribió “Homenaje a Cataluña” (1938) haciendo una alabanza del anarquismo español, que se caracterizaba –entre otros muchos aspectos- por cometer actos terroristas por toda la geografía del territorio nacional.

Pero pronto se percató que los dirigentes de la república española, habiendo comenzado con un socialismo moderado, paulatinamente se fueron radicalizando y se vieron arrollados por el marxismo-leninismo de José Stalin, quien desde el Kremlin (Moscú) dictaba órdenes al Partido Comunista Español.

Como buen analista político fue desentrañando el modo cómo se manipulaban a los medios de comunicación y, a través de ellos, se difundían numerosas y graves mentiras. Dicho en otras palabras, tanto los discursos políticos, las manifestaciones multitudinarias, así como los medios masivos se utilizaban como mera propaganda para engañar al pueblo.

Este escritor, en un principio, se resistía interiormente a aceptar este hecho y en comprender de fondo cómo se instrumentalizaban periódicos, libros, revistas, posters, panfletos, programas de radio, etc. con una finalidad perfectamente planeada y dirigida hacia una supuesta “búsqueda del bien de causas populares”. Así que Orwell, ya convencido de la manipulación colectiva, cambió de giro y comenzó trabajar publicando sus escritos en los que delataba estos abusos políticos.

Pero, en 1937, sufrió un grave atentado en Barcelona, el que estuvo a punto de ser asesinado. Orwell asegura que el autor intelectual fue el propio Presidente del Gobierno de la II República, Juan Negrín, el llamado “Lenin Español” –quien gobernó de 1937 a 1939-. Ese suceso le cambió su visión de la política y de los grupos socialistas y marxistas. De inmediato, salió huyendo hacia Gran Bretaña.

Desde este hecho se dedicó a denunciar a los gobiernos totalitarios, como el de la Alemania nazi de Adolfo Hitler, el de la Italia de Benito Mussolini y la dictadura de José Stalin de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.).

De esta manera, de ser un simpatizante de los gobiernos de izquierda, a través de su aguda pluma, pasó convertirse en una voz de denuncia contra los gobiernos totalitarios y manifestó su postura en favor de la democracia. Afirmaba que el gobierno de Stalin representaba una permanente amenaza en contra de las libertades de los países de Occidente. Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) trabajó para la “BBC” de Londres y el periódico “Tribune”. Por esos años redactó su obra “Diarios de Guerra” (1940-1942).

“Rebelión en la Granja” (1945) es una novela satírica, una fábula mordaz sobre el régimen de José Stalin quien corrompe las ideas originales de seguir el pensamiento de Karl Marx, de Friedrich Engels y de Vladimir Lenin hasta imponer un gobierno dictatorial, conocido como el “estalinismo”, con un enorme culto hacia su persona.

El argumento se centra en que un grupo de animales de una granja se rebelan contra unos dueños humanos déspotas. Los expulsan, pero en poco tiempo, la granja se convierte en un gobierno mucho peor, con una dictadura inmisericorde y brutal. Se trata de un análisis –sencillo pero profundo- del poder político y los peligros de ceder ante la tentación totalitaria.

En la novela “1984”, este autor muestra las múltiples herramientas que los Estados modernos poseen para ejercer un control absoluto y férreo sobre sus ciudadanos. Aparece “El Gran Hermano”, quien todo lo vigila, lo observa meticulosamente, y si la autoridad suprema considera que algún ciudadano ha atentado contra el régimen es rápidamente castigado con la prisión o con la muerte.

En mi opinión es una obra profética. El protagonista, Winston Smith, aparece como el símbolo de la rebelión frente al «Gran Hermano». Éste se ha llegado a apoderar de la vida y la conciencia de todos sus súbditos, incluso interviniendo en las esferas más íntimas de los sentimientos humanos. Winston es descubierto en su inconformidad contra este sistema de permanente observación policiaca y es conducido a una “clínica psiquiátrica”.

En ella es sometido a diversas torturas mentales. Y concretamente se le advierte amenazadoramente, que se le destruirá y cambiará su personalidad por su actitud rebelde ante el Estado. Concretamente se le dice: «Nunca podrás volver a experimentar el sentimiento humano. Todo habrá muerto en tu interior. Nunca más serás capaz de amar, de cultivar las amistades, de disfrutar de la vida, de reírte, de sentir curiosidad por algo, de tener valor, de ser un hombre íntegro. Estarás hueco. Te vaciaremos de ti y te rellenaremos de ¡nosotros!».

No obstante que la novela “1984” fue publicada en 1949, las amenazas de “El Gran Hermano” contra el personaje Winston Smith -a la vuelta de más de 70 años- todavía resultan estremecedoras. Este tipo de supuestas “clínicas psiquiátricas” contra los disidentes de los diversos regímenes comunistas fueron empleadas por décadas en la U.R.S.S., en algunos países de Europa del Este, en Vietnam, en China, y todavía, se emplean en Cuba y Venezuela. Las palabras de George Orwell han resultado proféticas y, sin duda, el peligro de la tentación totalitaria sigue vigente en nuestros días.

Solzhenitsyn: Un Premio Nobel de Literatura incomprendido en Occidente

Este año se cumple el 50 aniversario en que el escritor ruso, Alexandr Solzhnitsyn (1918-2008), fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura. En un artículo anterior he relatado cómo fue perseguido y encarcelado en Siberia por las autoridades rusas, entonces, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.) por sus comentarios críticos hacia el dictador José Stalin.

Sus obras más célebres son: “Un día en la vida de Iván Denísovich”, “Pabellón de Cáncer”, “El Primer Círculo””, “Agosto de 1914”, “La Casa de Matriona”, y “Archipiélago Gulag”. En este último detalla -con datos precisos- la amplia red de campos de concentración que la U.R.S.S. tenía a lo largo y lo ancho de su territorio.

En toda su obra literaria no hizo sino describir la verdad sobre la situación de la sociedad rusa, en lo político, económico y social, bajo un gobierno marxista-leninista. Por esta razón, Rusia condenó al escritor disidente al exilio.

Pero pocas personas están suficientemente enteradas que también en los países occidentales fue bastante incomprendido. Estados Unidos, Inglaterra, Francia y otras naciones esperaban que fueran permanentes sus críticas hacia el gobierno ruso y “utilizarlo” como una especie de bandera anticomunista.

En efecto, en un principio narró los horrores y aberraciones que acontecían en su país natal. Posteriormente, comenzó a dar conferencias en diversos ámbitos analizando la crisis de los países desarrollados en Occidente, muchas veces ausente de valores y con una marcada orientación hacia el materialismo hedonista.

En su memorable discurso en la Universidad de Harvard (8-06-78) afirmó que los Estados Unidos había llegado a un Estado de Bienestar en el que los ciudadanos tenían tal cantidad de bienes materiales que se había generado un consumismo compulsivo y de irracional derroche.

Todos esos excesos de dinero, posesión de bienes materiales, el culto al tiempo libre, la ilimitada libertad en los placeres, estaban mostrando su máscara perniciosa, particularmente en los jóvenes.

Que se había perdido la distinción entre el bien y el mal; ya no se buscaba lo que es verdadero ni cuál es el fin de la existencia humana. Muchos parecían decir con sus conductas: “Lo que es legal, es lo correcto”. Es decir, se había caído en una estructura meramente legalista, o como se dice en nuestro tiempo, acepto “lo políticamente correcto”, lo que hoy y ahora me conviene, independientemente de que sea justo, honrado o no.

También comentó este escritor que observaba un abuso de la libertad que se había convertido en libertinaje y en decadencia en los valores, que se manifestaba en “violencia moral contra los jóvenes bajo la forma de películas repletas de pornografía, crimen y horror”.

Coincidió con el reconocido psiquiatra vienés, Dr. Víktor Frankl en que afirmaban que: “Occidente debe de defender no tanto los derechos humanos sino las obligaciones humanas”.

Es innegable la presencia del mal en los países occidentales. Comentaba que es asombroso el número de crímenes, asaltos, secuestros, robos, fraudes y demás actos ilícitos. Esta problemática está más acentuada en Occidente que en Rusia.

En este sentido reconoció: “Es cierto que hay multitud de prisioneros en nuestros campos de concentración (Gulags) acusados de ser criminales, pero la mayoría de ellos jamás cometió crimen alguno. Simplemente trataron de defenderse de un Estado ilegal que recurría al terror fuera del marco jurídico”.

También tuvo la valentía de afirmar que la vida de las naciones desarrolladas occidentales no eran un modelo para Rusia por sus existencias vacías, superficiales, sin sentido y en la que reinaba el capitalismo salvaje.

Que lo que proponía era formar ciudadanos con carácter firme y convicciones bien determinadas; con ideales trascendentes, más profundos.

En otra ocasión, durante una entrevista, comentó que la publicidad le parecía desagradable y sumamente banal. Decía que no comprendía que, en la radio y en la televisión, dedicaran tanto tiempo en anuncios sobre jabones, pastas de dientes, desodorantes, lociones, tintes para el cabello, etc. cuando en tantas partes del planeta necesitaban de una urgente ayuda social y asistencial; de personas que se estaban muriendo por falta de medicinas o alimentos, o bien, en promover programas que subieran el nivel cultural de la población..

Después de transmitir estos mensajes, tan claros y directos, en muchas naciones, foros universitarios, sindicatos de trabajadores; entre políticos y en los medios intelectuales,  Solzhenitsyn fue duramente boicoteado y no se le quiso invitar a más participaciones ni a entrevistas.

La razón era sencilla: estaba criticando la esencia del capitalismo y sus funestas consecuencias. Por otra parte, Estados Unidos, y su entonces Secretario de Estado, Henry Kissinger, deseaban tener un mayor acercamiento con China y Rusia y este escritor disidente estaba estropeando sus planes diplomáticos.

Así que el Premio Nobel se recluyó, con su esposa, en una casa campirana en el estado de Vermont. Años después regresó a Rusia y, posteriormente, el Presidente Vladimir Putin le rindió un homenaje nacional destacando su valentía en denunciar las atrocidades cometidas por el gobierno comunista de la U.R.S.S.

Sus hijos son sus hijos y la literatura barata

«El que regala un buen libro, ya ha ganado mérito incomparable ante Dios». San Juan Bosco

Hace muchos años, en una conversación, al preguntarle mi madre a un amigo de la familia sobre sus nietos, él exclamo: “¡Son seres libres! Uno no puede limitarlos”. Es curioso como aseveraciones tan simples han servido a infinidad de padres de familia para evadir las responsabilidades más primarias con los hijos.

¿No lo cree? En recientes días, sobre la polémica que generó el “pin parental” en España, infinidad de usuarios de las redes sociales mencionaron el famoso poema de Khalil Gibran de “Tus hijos no son tus hijos”. Naturalmente, un entendimiento limitado y negligente de las responsabilidades paternas, solo podía tener como bandera un poema que es parte de la literatura muy pobre que abunda por doquier; que saquea sus bolsillos, que ocupa un inmerecido espacio en su biblioteca y lo vuelve estulto para los temas más básicos.

El poema en cuestión, habla de que aunque los hijos estén con los padres, éstos no les pertenecen; pueden darles su amor, pero no sus pensamientos, pues ellos tienen los propios. En otras palabras, los padres han de mantenerlos pero no entrometerse en sus asuntos, ni educarlos ya que son seres independientes. Pero ¿qué clase de amor deja a su suerte a los hijos? Desde luego un amor falso predicado por un autor que mezclo en sus obras el panteísmo, ideas sufís y la Biblia.

Sin embargo, no debe subestimarse la mala literatura, ella permea en el pensamiento, envenenándolo todo. Siempre escuchamos que leer es importante; pero entonces, ¿cómo identificar una buena lectura provechosa? Nicolás Gómez Dávila lo describe a la perfección:

“Leer es recibir un choque, es sentir un golpe, es hallar un obstáculo. Es sustituir a la ductilidad pasiva y perezosa de nuestro pensamiento, los inflexibles carriles de un pensamiento ajeno, concluido y duro”.

En las obras de Khalil Gibran no hallara jamás ortodoxia, ni compromiso alguno, solo “libertad” y la nada; una espiritualidad si Dios, sin sacrificio y sin salvación ¿Quién quieres eso?

Ahora bien, los padres de familia deben entender que sus hijos son sus hijos; deben amarlos, formarlos y darles buen ejemplo; son su responsabilidad, les guste o no; deberán dar cuentas graves a Dios por ellos. Los padres han de esforzarse en amar realmente a los hijos, sin debilidad, sin egoísmo, sin predilecciones. Deben formar en el hijo tanto el cuerpo como el alma, lo primero para mantenerlos sanos físicamente y lo segundo, en la formación del alma, se halla la formación de la inteligencia (instrucción) y la formación moral (educación). Y dicho deber es de los padres y no del Estado.

El consejo por tanto, es que tomen las riendas en la formación de sus hijos, que nutran  la inteligencia con literatura valiosa. Si el estándar es muy bajo, terminaran leyendo a Khalil Gibran, Antonio de Mello, Paulo Coelho, José Antonio Pagola, étc. Y peor aún, tomándolos como bandera para defender las medidas que el Estado toma en contra de su autoridad paterna y en detrimento de sus hijos.

La importancia de leer buenos libros radica en que nuestro pensamiento se ve influenciado por el tipo de lecturas que frecuentamos. Un libro puede ayudarnos a acrecentar una virtud y el debido discernimiento o fomentar un vicio y envilecernos…

Thomas S. Eliot: El pensador y poeta que más influyó en su tiempo

Thomas Stearns Eliot (1888-1965) es uno de esos poetas cuya obra ha permanecido a lo largo de muchas décadas. ¿Por qué? Porque no se concretó a transmitir sentimientos, emociones, afectos, anhelos hacia la mujer amada sino que utilizó su creación literaria para filosofar sobre las claves de la crisis de valores del mundo occidental.

Fue poeta, ensayista, crítico literario, escribió cuentos, guiones; fue periodista. Sus obras principales son: “La Tierra Baldía”, “Cuatro Cuartetos”, “Asesinato en la Catedral”, etc. Revolucionó el arte de escribir poesía mediante la creación del “Verso Libre”. En 1948 recibió el Premio Nobel de Literatura.

Algunos de sus versos más célebres de “La Tierra Baldía” son: “¿Cuáles son las raíces que arraigan, que ramas crecen/ en estos pétreos desperdicios? Oh, hijo de hombre/ no puedes decirlo ni adivinarlo; tú sólo conoces un montón de imágenes rotas/ (…) Te mostraré el miedo en un puñado de lodo. (…) Ciudad irreal/ bajo la niebla del amanecer invernal/ una muchedumbre fluía por el puente de Londres ¡eran tantos! / Nunca hubiera creído que la muerte se llevara a tantos/ Exhalaban cortos y rápidos suspiros/ y cada hombre clavaba su mirada delante de sus pies/ DENSE PRISA POR FAVOR YA ES HORA/ Deberías avergonzarte, dije, de parecer tan vieja/ (y no tienes más que treinta y un años) / no es culpa mía, dijo poniendo cara triste. / Son esas píldoras que tomé para abortar, dijo/ DENSE PRISA POR FAVOR YA ES HORA”.

En concreto estos versos nos expresan cómo en nuestro tiempo se ha perdido el derecho y respeto por la vida del niño no nacido; que se está resquebrajando la unidad y fidelidad conyugal; que ya no se busca formar una familia sino -en muchos casos- sólo tener un placer inmediato y sin ninguna responsabilidad; que se han abandonado los valores humanos y trascendentes del ser humano que por siglos han cimentado nuestra civilización y, como una música de fondo, Thomas Eliot insiste en subrayar a las personas que la vida es breve y fugaz, que todos estamos de paso, que nadie puede tomarse a la ligera su existencia sobre la faz de la tierra, que tarde o temprano moriremos, por eso escribe dos versos muy significativos: “Te mostraré el miedo en un puñado de polvo” y “DENSE PRISA POR FAVOR YA ES HORA”.

A los ojos de algún lector del siglo XXI, le podría parecer que T. S. Eliot resulta “obsesivo” al abordar el tema de la muerte y de los valores, pero lo que pretendía es emplear su obra poética como un poderoso vehículo para transmitir ideas, conceptos y sacudir a toda una sociedad que se encontraba aburguesada y somnolienta en su estado de confort y bienestar. Pienso que lo logró con creces.

Octavio Paz: “Un mexicano universal”

Se cumplen ciento cinco años del natalicio del Premio Nobel mexicano de la Literatura, el poeta, ensayista y prolífico escritor, Octavio Paz.

En su magistral libro, “El Ogro Filantrópico” (1979), Paz desmontó a detalle y con un admirable orden lógico, el serial -casi inagotable- de falacias y contradicciones del marxismo-leninismo. Vaticinó la autodestrucción de este sistema político, muchos años antes de “La caída del Muro de Berlín” (1989).

            Este brillante intelectual mexicano impartió numerosas conferencias por todo el mundo advirtiendo sobre la amenaza permanente de las dictaduras y la necesidad de buscar sistemas políticos más civilizados, como: la democracia norteamericana, la de Francia, de Alemania, o bien, el sistema Parlamentario  inglés… Pero a la vez reconocía que, también, la democracia occidental tenía sus serias deficiencias. Y que en este terreno no había dogmas, sino que había que intentar encontrar nuevas fórmulas políticas que respetaran la dignidad de la persona humana porque el llamado “Capitalismo Salvaje” de muchos gobiernos occidentales -que se decían libres y se autoproclamaban como “países modelo”- eran igualmente reprobables, injustos y atentaban contra los más elementales derechos humanos.

            Octavio Paz nació el 31 de marzo de 1914 en el entonces pueblo de Mixcoac, cercano a la Ciudad de México. A través de diversas lecturas y conversaciones con amistades de ideología comunista, pronto simpatizó con el sistema marxista-leninista y sentía admiración por José Stalin, sucesor de Lenin, en el gobierno de la U.R.S.S. (Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas). Así que decidió –junto con su esposa, Elena Garro- apoyar a la España Republicana durante la Guerra Civil (1936-1939) y se trasladaron a Madrid, como también lo hicieron muchos otros intelectuales de países occidentales, entre ellos, George Orwell y Ernest Hemingway.

            El punto de quiebre, fue cuando Adolfo Hitler de la Alemania Nazi y el dirigente soviético José Stalin acordaron repartirse “como botín de guerra” el territorio de Polonia. Alemania, en pocos días, invadió ese país y fue el detonador de la Segunda Guerra Mundial. Octavio Paz se sintió hondamente defraudado y se convenció que Stalin era tan sólo un ambicioso dictador como lo era Hitler y tantos otros a lo largo de la historia.

            Así que decidió convertirse en “un buscador de nuevos caminos”. Los intelectuales de izquierda tanto de México como de muchos otros países, lo consideraron como “un traidor de la causa” y cortaron su relación con él. De hecho, su nominación al Nobel de Literatura en 1990 vino, sobre todo, a petición de muchos poetas e intelectuales de otros países, con quienes trabó una gran amistad, y lo invitaban con frecuencia a que diera lectura a sus obras poéticas y ensayos en numerosas universidades de Europa y Estados Unidos. Por ello, cuando le fue concedido el Premio Nobel, causó sorpresa en ciertos medios de intelectuales mexicanos que no compartían su postura política.

¿Qué nos aportan sus obras maestras, como: “Piedra de Sol”, “Itinerario”, “El Arco y la Lira”, “Libertad bajo Palabra”, “Pasado en Claro”, “Árbol Adentro”, “La Llama Doble”…Pienso que sus reflexiones nos dejan una valiosa herencia cultural no sólo para los mexicanos sino para la humanidad entera y nos ayudan a interpretar el pasado, a la vez que mirar hacia delante; para reflexionar y aprender lecciones sobre el presente y prever el futuro. Por ello se afirma, con acierto, que “Octavio Paz es un mexicano universal”.

El gran descubrimiento del literato existencialista Albert Camus

Recuerdo haber leído en mis años de Preparatoria, la novela del escritor francés “El Extranjero” de Albert Camus. (1913-1960) y reconozco que me impactó negativamente porque muestra a un protagonista que no encuentra sentido alguno a su existencia. La obra se desarrolla en Argelia y describe con pesimismo a cada persona que conoce destacando su mezquindad y fealdad. Luego de un largo y sinuoso viaje en un apretujado y desvencijado autobús de pasajeros, llega a su lugar de destino: la funeraria donde se encontraba el cuerpo de su madre, fallecida la noche anterior. Durante el velorio comenta que interiormente no sentía ningún afecto por ella; que le parecía un absurdo la muerte, lo mismo que el estar tantas horas sentado recibiendo el pésame de gente hipócrita y en un recinto en el que hacía un calor insoportable. Y en ese tono continúa esta novela. Otras de sus obras conocidas son “La Peste”, “El Mito de Sísifo”, “Calígula”. En 1957 le fue concedido el Premio Nobel de Literatura.

Pero Albert Camus era un pensador en permanente crisis personal. Le atormentaban temas como la presencia del mal en el mundo, del dolor, de las enfermedades, de las guerras. Se deja llevar por la corriente en boga: la filosofía existencialista cuyos ideólogos consideran que Dios no existe, que la vida no tiene sentido alguno, que no hay ni verdad ni mentira y recibe la influencia del filósofo Jean Paul Sartre (1905-1980) quien concluye que ya que la existencia es completamente absurda (“el hombre es una pasión inútil”) no quedan sino dos soluciones: la búsqueda afanosa y compulsiva del placer o el suicidio.

A todos estos filósofos les afectó en forma considerable los horrores, masacres y genocidios de la Segunda Guerra Mundial. Eso los condujo a tener una concepción trágica, desilusionada y pesimista del hombre.

Pero Camus era un pensador honesto, que buscaba encontrar la verdad sobre sus cuestionamientos vitales. Tuvo la enorme fortuna de conocer en París al pastor metodista Howard Mumma. Se hicieron amigos y entablaron largas conversaciones en las que de manera paulatina le fue resolviendo a este Nobel muchas de sus dudas. El pastor Mumma comenta que un día le dijo Camus: “Amigo mío, ¡voy a seguir luchando por alcanzar la fe!”.

Este Premio Nobel de Literatura falleció en 1960 a consecuencia de un accidente automovilístico. Años después, Howard Mumma publicó un libro, titulado: “El Existencialista Hastiado. Conversaciones con Albert Camus”. En su valioso e inédito testimonio asegura que este escritor encontró un bautismo que la Iglesia reconoce como “pasaporte” válido para la entrada en el Reino de Dios: el bautismo de deseo. Es decir que llegó el momento en que Camus aceptó y quiso ser bautizado, sólo que antes le llegó la muerte, de forma inesperada.

El hecho es que Albert Camus murió en paz con Dios porque, por fin, había aclarado sus incógnitas, superado su crisis personal porque descubrió el sentido trascendente de la existencia humana y encontró la Verdad plena.

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