Para que el trabajo profesional sea fecundo y eficaz

Con cierta frecuencia nos encontramos con personas que nos dicen que en su trabajo cotidiano experimentan aburrimiento, monotonía, rutina, pereza y ante un resfriado, un ligero desajuste estomacal o una pequeña desvelada dejan de ponerle intensidad a su actividad y comentan que no saben cómo superar esos obstáculos.

Conviene recordar que la personalidad humana posee razón y fuerza de voluntad al igual que los sentimientos. Es verdad que los estados de ánimo pueden ser volubles y tener altas y bajas, pero la fuerza de voluntad es la que debe imperar para vencer dichas dificultades. Por ello, hay que decidirse a enfrentar esa pasajera desgana con fortaleza y determinación, porque como dice el proverbio chino: “son meros tigres de papel”.

El célebre político inglés, Winston Churchill toda su vida padeció de una fuerte depresión nerviosa a la que denominó “su perro negro”. Pero comenta que en cuanto comenzaba a escribir un discurso o a redactar un artículo para la prensa o un nuevo capítulo para su próximo libro, recobraba la ilusión y terminaba bien su día. Satisfecho se decía así mismo: “Hoy he vencido a mi perro negro”.

Los trabajos que nos parecen arduos para poder realizarlos y que imaginamos que son como una especie de montaña, en cuanto nos concentramos en irlos resolviendo uno a uno, con paciencia y serenidad, nos damos cuenta que no son tan difíciles de resolver como inicialmente no daba esa impresión.

Al comenzar el día, conviene trazar un pequeño plan de los quehaceres prioritarios a realizar porque hoy en día es muy fácil evadirlos con tanto distractor, como el celular o las redes sociales, y se cae en el peligro de avocarse en asuntos secundarios, cuando lo importante -como se dice en términos taurinos- es “entrarle al toro por los cuernos”. Si no se sabe enfrentar lo que es prioritario y se pospone lo importante un día y otro día, de poco habrán servido esas jornadas.

¿Y los asuntos muy urgentes? Lo muy urgente debe de esperar porque una decisión precipitada puede llevarnos fácilmente a equivocarnos y podría tener serias consecuencias para la institución donde se labora. Dicho en otras palabras, esos asuntos conviene estudiarlos con calma para proponer la solución más acertada.

También en el trabajo debemos de ponernos metas realistas y optimistas porque caminar sin metas es como “tirar golpes al aire”. Una meta es un camino trazado, pensado y bien reflexionado.

Es interesante el ejemplo de Cristóbal Colón que buscando una ruta marítima hacia las Indias Orientales (Filipinas, China, India) encontró algo mucho mejor: el descubrimiento del Continente Americano. Tuvo una travesía muy accidentada en la que perdió el rumbo, pero luego lo recuperó. Por momentos los de la tripulación querían amotinarse, adueñarse de la nave y regresar a España. Colón los persuadió que ya estaban cerca de tierra firme y eso les animó.

A los pocos días, con aquel inolvidable grito del marinero Rodrigo de Triana: “¡Tierra a la vista!”, llegaron a la primera isla perteneciente a Santo Domingo y Haití que Colón le puso el nombre de “La Española”. Ahí los nativos le informaron que más adelante encontrarían la tierra firme del inmenso continente recién descubierto.

El ejemplo que nos dio Colón fue que siempre siguió adelante con optimismo, sin desánimos y, desde luego, su esfuerzo valió mucho la pena. Regresó con los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, para notificarles de su importante hallazgo y que era importante organizar nuevas expediciones para conocer la dimensión de los nuevos territorios.

Otro aspecto destacado en el trabajo consiste en aprovechar bien el tiempo, viviendo en primer lugar la puntualidad para rendir al máximo. Conocí al Dr. Carlos Llano Cifuentes, fundador del IPADE y la UP. Me llamaba mucho la atención que cada año publicara un nuevo libro. Un día le pregunté que cómo se organizaba para lograr ese importante logro en medio de tanto quehacer que tenía. Me respondió que evitaba perder su tiempo en internet, y que, si lo usaba, iba directo a encontrar la información que requería. Vivía el mismo criterio con respecto a las revistas y periódicos.

Me comentaba que los capítulos de sus libros los iba elaborando cuando los fines de semana subía los montes circundantes a la Ciudad de México –que era su gran afición- y al volver de regreso a su casa, anotaba las ideas centrales sobre lo que había reflexionado. De esta manera iba desarrollando y madurando su nuevo libro. Después elaboraba un borrador general de su publicación y finalmente se lo entregaba a un corrector de estilo.

Por otra parte, nos encontramos con “minutos heroicos” que debemos de vivir durante el día. Tanto al momento de iniciar la jornada como al concluir a tiempo para atender a la propia familia, que es otro importante trabajo que tenemos entre manos para dedicar el tiempo necesario a la esposa y a la atención de los hijos. Con ella, escucharla y cambiar las impresiones del día; ayudar a los hijos en sus tareas escolares; contribuir en las labores cotidianas del hogar. Otro “minuto heroico” es aprender a ir a descansar a la hora conveniente, de tal manera que se duerma el tiempo necesario para comenzar el día siguiente con nuevos bríos. En medio de todo, imprimir alegría y buen humor a nuestra labor diaria, de tal manera que se desee retornar con ilusión para sacar adelante las metas planeadas y contagiar de esa visión positiva a los colegas de la oficina. Con este enfoque, el trabajo jamás se considerará como un “peso insoportable” que hay que cumplir, sino como un gustoso quehacer que nos llena de entusiasmo y satisfacción.

¿Por qué se genera y desarrolla el estrés?

Existen muchos factores por los que se genera el estrés. Algunas veces porque la persona tiene un sistema nervioso endeble; o porque es susceptible, muy aprehensiva, impresionable o temperamental.

Otras veces porque aquello joven tiene una desproporcionada carga de trabajo; no tiene un minuto libre; trabaja descuidando las comidas y hasta altas horas de la noche. Esto comprueba que la persona es realmente humana, con sus limitaciones y no un mero robot.

Es típico el consejo de las personas mayores y experimentadas a los profesionales jóvenes: “No intentes comerte el mundo a puños porque te vas a enfermar. Ve a tu paso y no te estés continuamente comparando con los demás”.

Otro aspecto que genera ansiedad es pretender un meteórico ascenso en la empresa donde labora y, si no lo logra en breve tiempo, viene el desaliento, desánimo o desesperación.

Ponerse metas en la vida concretas, asequibles y realistas. Tenía un amigo abogado que se había puesto la meta de ser Presidente de la República a los 40 años. Lógicamente no lo logró y me llamó bastante la atención el estado de frustración en que cayó. No me imaginaba que se había puesto esa meta completamente en serio. Tuve varias conversaciones con él para que se diera cuenta que debería ponerse otras metas más fáciles de conseguir. Creo que al final logré convencerlo.

Otro factor importante es convertir las dificultades en desafíos o áreas de oportunidad. Y no visualizar los problemas como “montañas” que producen sensación de malestar e impotencia.

Desde luego un elemento que causa tensión son las deudas económicas. Por ello es clave el cuidar los ingresos y egresos. Cuidar el no gastar más de la cuenta para que esas deudas no se conviertan en un “quebradero de cabeza”.

Muchas personas dicen sentirse “amargadas” porque no se encuentran a gusto en su trabajo o piensan que no se les reconoce lo suficiente. Y se pasan años por el “callejón de la amargura”. Hasta que un día, un buen amigo, les comenta: “Cómo me gustaría tener tu trabajo: ganas bien, tienes prestaciones, vacaciones, un horario flexible, En cambio yo trabajo como esclavo de sol a sol. ¡No sabes cómo te envidio!”

Otro factor de gran trascendencia es tener amigos y cultivar las relaciones sociales. Las personas hurañas al final se dan cuenta de que no son felices porque no son capaces de entregarse a los demás, sin pedir nada a cambio. Los que conviven con muchas personas de ordinario tienen muchos amigos y gozan y disfrutan de sus relaciones sociales.

La atención a la familia.es medular en el desarrollo de la personalidad madura como padre, esposo, como hijo, como hermano. Hay que atender adecuadamente a todos particularmente a las personas mayores y enfermas. El estar pendientes de los cumpleaños, santos, aniversarios de bodas y felicitar a los interesados es algo que no se olvida. Me contaba hoy una doctora que tiene la costumbre de encargarse y coordinar los festejos familiares y, en medio de la pandemia, las tertulias son por “zoom” con familiares de México, Austria y Estados Unidos. La que se queda más contenta es la abuelita porque tiene oportunidad de conversar con sus hijos y nietos, que de otro modo no podría. Es increíble que los detalles pequeños contribuyan a la felicidad grande de los demás.

Curiosamente hay profesionales que se ponen nerviosos cuando salen de vacaciones porque imaginan que ocurrirán grandes desgracias sin no se encuentran presentes en la empresa. Y hay que decirles: “Mira tú descansa y olvídate de todo. No se va a caer el mundo con tu ausencia por tan pocos días.”.

“Aprender a decir que no” dice este valioso consejo un conocido pensador de nuestro tiempo. ¿A qué se refiere? A que la capacidad de asumir responsabilidades tiene un límite. Ir más allá de esa frontera atenta contra el estado de salud general

Otros muchos desprecian el tiempo de esparcimiento como una “soberana tontería” propia de la gente ociosa. Y están equivocados ya que es una necesidad del organismo y las capacidades tanto físicas como mentales para recuperarse y renovar el trabajo con nuevas energías

“El perfeccionismo” es un mal de nuestro tiempo que altera la conducta, produce un estado de malestar y la sensación de no haber terminado bien las tareas y responsabilidades.  Lo mejor es enemigo de lo bueno. .No se debe estar rizando el rizo una y otra vez porque se cae en una obsesión compulsiva.

Continuar poniéndose metas e ideales en la vida, no importa la edad que se tenga. Lo peor es perder el interés por la vida que es maravillosa y está llena de aventuras.

También es importante cuidar el orden y el aprovechamiento del tiempo para alcanzar las metas trazadas y no posponerlas indefinidamente porque produce caos y confusión personal.

Podríamos seguir enumerando factores que generan estrés pero me parece que con éstos basta para hacer una autoevaluación y llegar a algunas conclusiones personales de mejoría.