Meditación del Papa Francisco en la bendición extraordinaria Urbi et Orbi

 27 de marzo, 2020

«Al atardecer» (Mc 4,35). Así comienza el Evangelio que hemos escuchado. Desde hace algunas semanas parece que todo se ha oscurecido. Densas tinieblas han cubierto nuestras plazas, calles y ciudades; se fueron adueñando de nuestras vidas llenando todo de un silencio que ensordece y un vacío desolador que paraliza todo a su paso: se palpita en el aire, se siente en los gestos, lo dicen las miradas.

Nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente.

En esta barca, estamos todos. Como esos discípulos, que hablan con una única voz y con angustia dicen: “perecemos” (cf. v. 38), también nosotros descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino solo juntos. Es fácil identificarnos con esta historia, lo difícil es entender la actitud de Jesús.

Mientras los discípulos, lógicamente, estaban alarmados y desesperados, Él permanecía en popa, en la parte de la barca que primero se hunde. Y, ¿qué hace? A pesar del ajetreo y el bullicio, dormía tranquilo, confiado en el Padre —es la única vez en el Evangelio que Jesús aparece durmiendo—.

Después de que lo despertaran y que calmara el viento y las aguas, se dirigió a los discípulos con un tono de reproche: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?» (v. 40). Tratemos de entenderlo. ¿En qué consiste la falta de fe de los discípulos que se contrapone a la confianza de Jesús? Ellos no habían dejado de creer en Él; de hecho, lo invocaron. Pero veamos cómo lo invocan: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» (v. 38).

No te importa: pensaron que Jesús se desinteresaba de ellos, que no les prestaba atención. Entre nosotros, en nuestras familias, lo que más duele es cuando escuchamos decir: “¿Es que no te importo?”. Es una frase que lastima y desata tormentas en el corazón. También habrá sacudido a Jesús, porque a Él le importamos más que a nadie. De hecho, una vez invocado, salva a sus discípulos desconfiados.

La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. Nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad.

La tempestad pone al descubierto todos los intentos de encajonar y olvidar lo que nutrió el alma de nuestros pueblos; todas esas tentativas de anestesiar con aparentes rutinas “salvadoras”, incapaces de apelar a nuestras raíces y evocar la memoria de nuestros ancianos, privándonos así de la inmunidad necesaria para hacerle frente a la adversidad.

 Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar; y dejó al descubierto, una vez más, esa (bendita) pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Señor, esta tarde tu Palabra nos interpela y se dirige a todos. En nuestro mundo, que Tú amas más que nosotros, hemos avanzado rápidamente, sintiéndonos fuertes y capaces de todo. Codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber por lo material y trastornar por la prisa.

No nos hemos detenido ante tus llamadas, no nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo. Hemos continuado imperturbables, pensando en mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo.

Ahora, mientras estamos en mares agitados, te suplicamos: “Despierta, Señor”. «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Señor, nos diriges una llamada, una llamada a la fe. Que no es tanto creer que Tú existes, sino ir hacia ti y confiar en ti. En esta Cuaresma resuena tu llamada urgente: “Convertíos”, «volved a mí de todo corazón» (Jl 2,12).

Nos llamas a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás.

Y podemos mirar a tantos compañeros de viaje que son ejemplares, pues, ante el miedo, han reaccionado dando la propia vida. Es la fuerza operante del Espíritu derramada y plasmada en valientes y generosas entregas. Es la vida del Espíritu capaz de rescatar, valorar y mostrar cómo nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo.

Frente al sufrimiento, donde se mide el verdadero desarrollo de nuestros pueblos, descubrimos y experimentamos la oración sacerdotal de Jesús: «Que todos sean uno» (Jn 17,21). Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos. La oración y el servicio silencioso son nuestras armas vencedoras.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. No somos autosuficientes; solos nos hundimos. Necesitamos al Señor como los

antiguos marineros las estrellas. Invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza.

Al igual que los discípulos, experimentaremos que, con Él a bordo, no se naufraga. Porque esta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. Él trae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca muere. El Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido a estas horas donde todo parece naufragar.

El Señor se despierta para despertar y avivar nuestra fe pascual. Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor. En medio del aislamiento donde estamos sufriendo la falta de los afectos y de los encuentros, experimentando la carencia de tantas cosas, escuchemos una vez más el anuncio que nos salva: ha resucitado y vive a nuestro lado.

El Señor nos interpela desde su Cruz a reencontrar la vida que nos espera, a mirar a aquellos que nos reclaman, a potenciar, reconocer e incentivar la gracia que nos habita. No apaguemos la llama humeante (cf. Is 42,3), que nunca enferma, y dejemos que reavive la esperanza.

Abrazar su Cruz es animarse a abrazar todas las contrariedades del tiempo presente, abandonando por un instante nuestro afán de omnipotencia y posesión para darle espacio a la creatividad que sólo el Espíritu es capaz de suscitar. Es animarse a motivar espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitir nuevas formas de hospitalidad, de fraternidad y de solidaridad.

En su Cruz hemos sido salvados para hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y sostenga todas las medidas y caminos posibles que nos ayuden a cuidarnos y a cuidar. Abrazar al Señor para abrazar la esperanza. Esta es la fuerza de la fe, que libera del miedo y da esperanza.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Queridos hermanos y hermanas: Desde este lugar, que narra la fe pétrea de Pedro, esta tarde me gustaría confiarlos a todos al Señor, a través de la intercesión de la Virgen, salud de su pueblo, estrella del mar tempestuoso. Desde esta columnata que abraza a Roma y al mundo, descienda sobre vosotros, como un abrazo consolador, la bendición de Dios.

Señor, bendice al mundo, da salud a los cuerpos y consuela los corazones. Nos pides que no sintamos temor. Pero nuestra fe es débil Señor y tenemos miedo. Mas tú, Señor, no nos abandones a merced de la tormenta. Repites de nuevo: «No tengáis miedo» (Mt 28,5). Y nosotros, junto con Pedro, “descargamos en ti todo nuestro agobio, porque sabemos que Tú nos cuidas” (cf. 1 P 5,7).

¿Para qué propone el Papa un “mestizaje cultural”?

Hubo un gesto del Papa Francisco, en su reciente reunión con los representantes de los pueblos indígenas del mundo, que pasó muy desapercibido en las noticias. El Pontífice esbozó un programa para reconciliar las tradiciones indígenas con el mundo civilizado y así superar la crisis ecológica.

1. Un reunión peculiar. El pasado jueves 14 de febrero, el Papa visitó la sede de la FAO en Roma, para inaugurar la 42° sesión del Consejo de los Gobernadores del Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (FIDA), un organismo de la ONU.
En este marco, el Pontífice se reunió con un grupo de 38 delegados de 31 pueblos indígenas de América, África, Asia y el área Pacífico. La reunión duró unos veinte minutos. El Papa Francisco saludó a los presentes uno por uno y algunos de ellos le donaron estolas artesanales. (aica.org, 14 feb. 2019)

2. Un reconocimiento a los pueblos originarios. En su discurso a estos representantes de los pueblos indígenas, Francisco puso de manifiesto las aportaciones que pueden proporcionar las comunidades originarias para el cuidado del planeta, nuestra casa común.
El Papa afirmó que los pueblos originarios, “con su copiosa variedad de lenguas, culturas, tradiciones, conocimientos y métodos ancestrales”, se convierten para todos en “una llamada de atención” que advierte que el ser humano “no es el propietario de la naturaleza, sino solamente el gerente”.
El significado de estas palabras es desafiante. Francisco da a entender que las soluciones al problema ecológico deben contar con las tradiciones y la cultura de los pueblos que viven desde hace siglos en el campo, pues su sabiduría es un factor clave para aprender a respetar la naturaleza.

3. Aprender a dialogar con la tierra. En este mismo discurso, el Obispo de Roma destacó un aspecto de relación del hombre con la tierra, que quizá conocemos muy poco quienes vivimos en ambientes urbanos.
Se trata del “diálogo” con la tierra. Esto significa que la relación con el entorno es mucho más profunda que la explotación agrícola y las ganancias económicas. Y en esto, los habitantes de las zonas rurales, que saben contemplar los ciclos de la naturaleza, nos dan una gran lección.
Francisco explicó que “la tierra sufre y los pueblos originarios saben del diálogo con la tierra, saben lo que es escuchar la tierra, ver la tierra, tocar la tierra”. El Pontífice también señaló que los pueblos indígenas “saben el arte del bien vivir en armonía con la tierra”, y nos invitó a los que “quizás estemos tentados en una suerte de ilusión progresista a costillas de la tierra” a aprender de ellos.

4. Un nuevo tipo de mestizaje. El Papa advirtió que “en el imaginario colectivo” existe el peligro de considerar a los pueblos civilizados “de primera” y a los pueblos así llamados originarios o indígenas “de segunda”.
De esta manera, Francisco salió al paso del prejuicio de que los pueblos indígenas no tendrían nada que aportar en el cuidado de la naturaleza, dado que sus conocimientos no son sistemáticos o académicos.
Y advirtió que ese es “el gran error de un progreso desarraigado, desmadrado de la tierra”. Y entonces hizo una propuesta de que los pueblos civilizados dialoguen y reciban la sabiduría de aquellos otros pueblos: “Hoy urge un ‘mestizaje cultural’ donde la sabiduría de los pueblos originarios pueda dialogar al mismo nivel con la sabiduría de los pueblos más desarrollados”.

Epílogo. Quizá durante mucho tiempo hemos vivido con el paradigma de que las zonas rurales son básicamente una bodega de recursos naturales, como una primera etapa de la actividad económica, que pueden ser explotadas cada vez con mayor eficiencia mediante el uso de la tecnología.

Pero la crisis ecológica nos obliga a pensar de otra manera. Y aquí Francisco nos da una gran pista: dejar de ver la naturaleza como fuente de materias primas, para verla con la sabiduría de los pueblos indígenas, que han aprendido –durante siglos– el arte de tratar a la tierra con respeto y armonía, pues han entendido que los bosques, campos y ríos son “nuestra casa común”.

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La nueva relación de ciencia y religión

Después de siglos de desencuentros entre los científicos y la religión católica, el Papa Francisco propone un nuevo esquema de cooperación entre los dos ámbitos, para el cuidado del planeta y el desarrollo de la sociedad.

  1. Un nuevo modelo de diálogo. Aunque es muy conocido el Caso Galileo, quizá pocos saben que la Santa Sede cuenta con una institución para fomentar el diálogo con los científicos: la Academia Pontificia de las Ciencias, que tiene entre sus miembros a varios ganadores del Premio Nobel.

Durante la Asamblea plenaria de este año (el 12 nov.), el Papa dirigió un histórico mensaje a la comunidad científica, en el que propuso un paradigma de cooperación social como modelo de relación entre las ciencias y la religión.

Francisco explicó que el mundo de la ciencia, que antes tenía “actitudes de desconfianza hacia los valores espirituales y religiosos”, hoy día ha cobrado consciencia de ser parte de la sociedad, y por eso le recordó que está llamado “a servir a la familia humana y su desarrollo integral”.

  1. Un panorama enorme para la ciencia. Francisco, un Papa muy sensible a los problemas sociales que hacen sufrir a los pueblos, propuso a la comunidad científica algunos temas para servir mejor a la sociedad.

Las situaciones más urgentes son la “inmensa crisis del cambio climático en curso” y la amenaza nuclear, junto con “salvaguardar la salud del planeta y de las poblaciones”, ya que la salud que está en peligro “por todas las actividades humanas que utilizan combustibles fósiles y la deforestación del planeta”.

Ante este amplio horizonte, el Papa les recordó a los académicos que tienen como vocación “identificar avances innovadores en todas las disciplinas principales de la ciencia de base y reconocer las fronteras entre los diversos sectores científicos, en particular en física, astronomía, biología, genética y química”.

  1. Compartir el conocimiento con los países en desarrollo. Con una frase de Pablo VI, el Papa Francisco pidió a los científicos que vivan la “caridad del conocimiento”, es decir, que compartan con los pueblos menos desarrollados los logros científicos “en materia de nutrición, salud, educación, conectividad, bienestar y paz”.

Francisco, les pidió a nombre de esos pueblos, que su “investigación pueda beneficiar a todos”, para que los países sean “alimentados, saciados la sed, curados y educados”; y también exhortó a políticos y economistas a que atiendan las indicaciones de la ciencia para proceder con mayor certeza hacia el bien común, en beneficio especialmente de los pobres y necesitados, y hacia el respeto al planeta.

Epílogo. El Papa Francisco ha convertido las crisis sociales en el “lugar de encuentro” por excelencia. Así como ha fomentado que las religiones trabajen juntas en la ayuda a los pobres y a los migrantes, ahora el Pontífice propone que la relación de las ciencias con la religión se base no sólo en el diálogo académico, sino también en la ayuda para buscar soluciones a los problemas sociales. Trabajar juntos por los más necesitados es un novedoso y excelente modelo de diálogo.

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¿Una Iglesia sin jóvenes?

Inicia el sínodo de los obispos para hablar de la vinculación de los jóvenes con la Iglesia, en un momento en que los escándalos están ahuyentando de la fe a las nuevas generaciones. ¿Cómo podrá el Papa volver a acercar a los jóvenes a la Iglesia?

  1. Un contexto complejo. En medio de una crisis mundial por las denuncias de abuso sexual, inicia el Sínodo de Obispos de la Iglesia católica cuyos temas centrales son los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional.

Durante la reciente visita apostólica a Estonia, Francisco reconoció que la “Iglesia debe renovar su vínculo con los jóvenes y escuchar mejor”. El Pontífice lamentaba que los recientes escándalos de abusos por parte del clero hayan alejado de la fe a los llamados “millennials”.

El cardenal brasileño Sergio Da Rocha, relator de este evento, afirmó durante la presentación del Sínodo que “se escuchan voces que culpan a los jóvenes de haberse alejado de la Iglesia, pero muchos han vivido situaciones que les han llevado a afirmar que es la Iglesia la que se aleja de ellos”.

  1. Un sínodo dirigido a los jóvenes. Estas circunstancias hacen más compleja la reunión de obispos cuya temática sobre los jóvenes ya estaba programada desde el año pasado. En este sínodo, están presentes 266 obispos de todo el mundo, junto con 23 expertos y 36 jóvenes.

 Se debatirán los temas que preocupan a las nuevas generaciones. El documento preparatorio (Instrumentum laboris), acepta que “muchos jóvenes católicos no siguen las indicaciones de la moral sexual de la Iglesia”, y recomienda que “la cuestión de la sexualidad debe discutirse más abiertamente y sin prejuicios”.

No faltarán tampoco preocupaciones constantes en el discurso de Francisco: la inmigración, el trabajo y la llamada “cultura del descarte”, junto con el problema de la migración de los jóvenes. (La razón, 3 oct. 2018)

  1. La estrategia del Papa. Para poder ayudar a los jóvenes en su camino hacia la fe, Francisco ha marcado el método a seguir durante esta reunión eclesial: escucharlos. “Una Iglesia que no escucha –afirmó en la inauguración del sínodo– se muestra cerrada a la novedad, cerrada a las sorpresas de Dios, y no podrá resultar creíble, en especial, para los jóvenes que, inevitablemente, se alejarán en lugar de acercarse”.

El Pontífice comentó que las fases previas a este sínodo pusieron en evidencia una Iglesia “en deuda de escucha” a los jóvenes. Y reconoció que por eso, muchas veces, las nuevas generaciones “no se sienten comprendidos en su originalidad y, por tanto, no escuchados como son en realidad y, en ocasiones, incluso rechazados”.

Epílogo. Los jóvenes de hoy están abiertos a Dios, a lo sobrenatural, a algo más allá,  pero muchas veces no conectan con el modo de transmisión que utilizan los pastores de la Iglesia, los catequistas y los propios padres de familia.

Por eso, el gran reto de hoy para atraer a las nuevas generaciones consiste en escucharlos. Y al mismo tiempo, para ser escuchada, la Iglesia tiene otro desafío: la autenticidad, el testimonio de coherencia entre lo que se profesa y lo que se vive. Sólo así se superará el grave problema de los escándalos.

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Termina el “cisma” de la Iglesia en China

Luego de 60 años de conflicto entre el gobierno comunista chino y la Santa Sede, ambas partes llegan a un Acuerdo provisional sobre el nombramiento de obispos. Ofrecemos hoy un breve análisis para comprender el alcance de este pacto, que logra reunir de nuevo a los católicos chinos.

  1. El origen del problema. Después de la llegada del comunismo a China, el régimen consideró a Roma y al Papa como influencias externas al país, que podrían provocar desacuerdos con el gobierno. Por eso, el régimen creó la Asociación Católica Patriótica China en 1957, para coordinar a todos los obispos de ese país.

La situación se tornó crítica cuando esta Asociación nombró obispos sin el permiso de Roma y dando lugar a la llamada “Iglesia oficial”. Esos obispos automáticamente quedaron excomulgados, dando lugar a un cisma.

Esa mismo deseo de control directo del gobierno chino, más allá de las funciones legítimas de los poderes del Estado, hizo que apareciera el fenómeno de la “Iglesia clandestina”, que son las diócesis cuyos obispos está reconocidos por Roma pero no por el Gobierno, y por eso son perseguidos y arrestados.

  1. La solución provisional. Después de muchos años de pacientes negociaciones, el pasado día 22 de septiembre, la Santa Sede y la República Popular China alcanzaron un Acuerdo provisional, que tiene como núcleo el complicado tema del nombramiento de obispos.

El vocero del Vaticano, Greg Burke, señaló que “el objetivo del acuerdo no es político, sino pastoral, permitiendo a los fieles tener Obispos que estén en comunión con Roma y, al mismo tiempo, que sean reconocidos por las autoridades chinas”.

Este Acuerdo permitirá que desde ahora será el Papa quien nombre a los obispos chinos, como enfatizó Francisco en la conferencia de prensa en el vuelo de regreso del viaje a los países bálticos. Se tratará de un proceso en que el gobierno chino podrá proponer candidatos, que deberán ser aceptados o rechazados por el Papa.

  1. Una medida no fácil de entender. Desde comienzos de este años, cuando se rumoraba la firma de este acuerdo, algunos católicos chinos clandestinos, como el Card. Joseph Zen Ze-kiun, manifestaron que se sentían “abandonados” por la Santa Sede, a pesar de su resistencia a los embates del gobierno.

Por eso, Francisco dirigió una Carta a los católicos chinos, el pasado 26 de septiembre, en la que explica los motivos del Acuerdo. El Pontífice ahí manifiesta que es “consciente de que semejante torbellino de opiniones y consideraciones habrá provocado mucha confusión, originando en muchos corazones sentimientos encontrados”.

Añade que “en algunos, surgen dudas y perplejidad; otros, tienen la sensación de que han sido abandonados por la Santa Sede y, al mismo tiempo, se preguntan inquietos sobre el valor del sufrimiento vivido en fidelidad al Sucesor de Pedro”(n. 1).

Y, por eso, los invita a ellos y a toda la comunidad católica china a “permanecer unida, para superar las divisiones del pasado que tantos sufrimientos han provocado y lo siguen haciendo en el corazón de muchos pastores y fieles”. Y les pide “que todos los cristianos, sin distinción, hagan ahora gestos de reconciliación y de comunión” (n. 6).

Epílogo. En todo pacto de paz cada una de las partes pierde algo para poder ganar lo más grande, recordó el Papa Francisco, con motivo de este acuerdo. Aunque el “precio” fue caro (pedir a la Iglesia clandestina acoger a los obispos oficiales, gesto doloroso para los que tuvieron que resistir la persecución), la ganancia para la Iglesia fue muy grande: garantizar la comunión de todos los obispos chinos con la Santa Sede. Así ha desaparecido el cisma “de facto” que existía en la Iglesia católica china.

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El desafío de Francisco a la mafia

En su reciente viaje a Palermo, “capital” de la mafia siciliana, el Papa condenó al crimen organizado. Dijo que un mafioso “con su vida insulta el nombre de Dios”. ¿Por qué el Pontífice desafía a estos criminales?

1. El motivo del viaje. Francisco hizo este viaje, el pasado 16 de septiembre, para honrar la memoria del padre Giuseppe Puglisi, llamado afectuosamente “don Pino” por sus feligreses, pues se cumplieron 25 años de que fuera asesinado por la mafia, pues el hoy beato se opuso al control de la organización criminal sobre los barrios más conflictivos de Palermo.

Don Pino rechazó los donativos que hacían los grupos mafiosos y se opuso con firmeza a los honores que se les concedía a los “capos” durante las fiestas patronales que, tradicionalmente, empleaban para sus propios intereses.

Además, el P. Puglisi organizó un hogar para salvar de la mafia a cientos de niños del barrio Brancaccio, pues eran utilizados para transportar droga. El 15 de septiembre de 1993, cuando cumplía 56 años, don Pino fue asesinado por la mafia siciliana frente a su parroquia en Palermo. Fue beatificado por Francisco el 25 de mayo de 2013. (Nota)

2. Ante una sociedad dañada. Para entender correctamente el gesto de Francisco de ir a la tierra de la mafia es importante entender el contexto. No se trataba de un acto de bravuconería del Papa, sino de una visita para llevar esperanza a los sicilianos en medio de una crisis social.

El Papa dijo a los miles de feligreses ahí reunidos que “no son pocas las heridas que los afligen”. Y las enunció: “subdesarrollo social y cultural, explotación de los trabajadores y falta de una ocupación digna para los jóvenes, migración de núcleos familiares completos, usura, alcoholismo y otras dependencias, juego de azar, ruptura de los lazos familiares”.

El Pontífice reconoció que frente a tanto sufrimiento, “la comunidad eclesial puede presentarse, en ocasiones, confusa y cansada”, y por eso invitó a reflexionar sobre “las heridas de la sociedad y de la Iglesia”, para encontrar en ellas a Cristo y vivir la caridad en esas circunstancias concretas. (Nota)

3. Más que una condena, una invitación a cambiar. En la homilía pronunciada en el Foro Itálico, donde Juan Pablo II hizo una histórica condena a la mafia, el Papa Francisco dijo con toda claridad que no se puede creer en Dios y ser mafioso.

La razón es clara: “Quien es mafioso no vive como cristiano, porque blasfema con la vida el nombre de Dios-amor”. Explicó también la diferencia entre la actitud de un mafioso y la de un cristiano: “Hoy tenemos necesidad de hombres de amor, no de hombres de honor; de servicio, no de opresión; de caminar juntos, no de perseguir el poder”.

El Papa insistió en el contraste entre un criminal y un cristiano: “Si la letanía mafiosa es: ‘tú no sabes quién soy yo’, la oración cristiana es: ‘Señor, ayúdame a amar’”. Entonces, Francisco hizo la siguiente invitación a los malhechores.

“Por ello, a los mafiosos les digo: ¡Cambien! Dejen de pensar en ustedes mismos y en su dinero. ¡Conviértanse al verdadero Dios de Jesucristo! De otro modo, su vida quedará perdida y será el peor de los fracasos”.

Epílogo. Además de afrontar día a día la dura crisis actual de la Iglesia católica, Francisco continúa con su agenda de llevar el Evangelio a una sociedad también en crisis. El Papa cuida del Pueblo de Dios y de la sociedad, y propone el mensaje de Jesucristo como la gran respuesta a nuestra época.

Dado que el tejido social de América Latina también está dañado por grupos criminales que trafican personas, distribuyen drogas y secuestran y matan a millares de inocentes, extorsionan a migrantes, etc., el mensaje de Francisco también se aplica a aquí: no se puede ser cristiano y narcotraficante, ni sicario, ni tratante de personas. También hay que decir a los criminales de acá que es tiempo de mirar a Dios y cambiar de vida, para que juntos reconstruyamos la sociedad.

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¿Cuál son los anhelos del Papa Francisco sobre las familias?

Del 21 al 26 de agosto de 2018, se llevará a cabo en Dublín, Irlanda, el “Encuentro Mundial de las Familias”, bajo el lema: “El Evangelio de la Familia: Alegría para el Mundo” al que asistirá el Santo Padre.

Este evento internacional tiene la característica que habrá actividades para toda la familia: 1) Para los adultos: conferencias, talleres, charlas, testimonios, debates. 2) Para jóvenes se les plantearán –en forma interactiva- los retos y desafíos para enriquecer y potenciar a la familia en el inicio del siglo XXI; 3) Para los niños, divertidas, entretenidas y formativas actividades para que, en forma didáctica, capten la importancia del cariño y de la unión que debe existir entre los papás y sus hijos. 4) También habrá celebración diaria de la Eucaristía, actividades de oración, ferias, eventos culturales y conciertos de música y todo dentro de un contexto de cordialidad, fraternidad, grata convivencia y alegría.

En una Carta que el Romano Pontífice escribió al Cardenal Kevin Farrell, Prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, reflexiona: “¿El Evangelio sigue siendo alegría para el mundo? (…) ¿La familia sigue siendo una buena noticia para el mundo de hoy?” Y añade con seguridad: “¡Yo estoy seguro de que sí!” Y en otro reciente texto señalaba: “Es el ‘sí’ de Dios a la unión entre el hombre y la mujer, abierta a la vida y al servicio de ella en todas sus fases. ¡Sueño con una Iglesia en salida, no autorreferente, una Iglesia que no pase lejos de las heridas del hombre, una Iglesia misericordiosa que anuncie el corazón a la revelación de Dios Amor que es la Misericordia”.

El Papa desea que en las familias se cultiven en los hijos -mediante el propio ejemplo de sus padres- virtudes y valores, tales como: generosidad, caridad, comprensión, capacidad de perdonar y disculpar, espíritu de servicio y de llevar la alegría del Evangelio a otras familias del entorno social, particularmente en las personas más necesitadas.

No puedo dejar de mencionar, que hace pocos días, un amigo Ingeniero Civil me relataba un hecho que me conmovió profundamente. Resulta que habitualmente su esposa y él iban a comprar a la misma carnicería y habían hecho amistad con el encargado. Un día se percataron de que una pequeña niña le solicitaba “los sobrantes” de los trozos de carne. Al retirarse la pequeña, este matrimonio le pidió más explicaciones al carnicero. Y éste les comentó que se trataba de una familia que vivía en pobreza extrema y que “esos sobrantes” eran el único alimento diario para ese hogar. También se enteraron que su padre los había abandonado hacía tiempo. Su madre no tenía trabajo y que eran cuatro chiquillos que vivían en una humilde choza.

Entonces, este matrimonio decidió por propia iniciativa, solicitarle al encargado de la carnicería que diariamente preparara una suculenta canasta con víveres que alimentara bien a esa familia que estaba pasando serios apuros económicos y que ellos pagarían todos los gastos por adelantado. Y le pidieron al carnicero que simplemente le explicara a la niña: “Que se trataba de un regalo de un matrimonio que los quería mucho, a ella y a toda su familia”.

El asunto no paró ahí, porque un día que coincidieron la niña y el matrimonio en este local, el carnicero le dijo a la pequeña: “Éste es al matrimonio que les regala diariamente la canasta con alimentos”. Y tomando la iniciativa el encargado, le dijo al matrimonio: “Les recomiendo que esta pequeña les muestre “el lugar” dónde vive con su familia porque no es una casa ni de cemento ni de adobe, sino que son unas cuantas láminas, colocadas de cualquier forma, y es increíble la tremenda pobreza en la que viven.

Así que, siguiendo esta buena sugerencia, acompañaron a la niña hasta la choza de láminas y se dieron cuenta que sólo constaba de un pequeñísimo espacio –de pocos metros cuadrados- que la hacía de lugar para dormir, para cocinar, para convivir o estar reunidos.

Mi amigo, Ingeniero Civil, de inmediato tomó cartas en el asunto y, con la autorización de la madre de esa familia, buscó un terreno cercano donde pudiera construir –con la ayuda generosa de otros Ingenieros y varias familias que se enteraron de este dramático hecho- una casa de cemento bien construida, con cocina, habitaciones para dormir, baños, sala de estar, etc.

Eso contribuyó a que esos niños, con el paso del tiempo –ya que la ayuda de este matrimonio continuó con los años- quisieran estudiar, no sólo sus estudios básicos y de educación media, sino también una carrera profesional. Porque estaban convencidos y comentaban: “Así como el Ingeniero, su esposa y muchas otras personas nos apoyaron para salir adelante, también nosotros queremos continuar ayudando a nuestra mamá; llevar una vida digna construyendo nuestras propias casas donde vivan bien nuestros hijos y poder servir también a los demás que han pasado por una situación tan dura como la nuestra”.

Considero que esta anécdota ilustra acertadamente los anhelos que están en el corazón del Papa: “Que las Familias sean la Alegría para el Mundo”, que cada vez más, se tiendan mutuamente su ayuda y colaboración desinteresada para elevar el nivel económico, social, educativo, así como sus valores humanos y espirituales. De esta manera, como externa el Santo Padre y que es el sueño que lleva en su corazón con el lema para este próximo “Encuentro Mundial en Irlanda”: “La Familia seguirá siendo una buena noticia para el mundo de hoy.”

Para dar voz a los migrantes

Hace cinco años, Francisco, recién elegido Papa, nos sorprendió con un viaje a la isla de Lampedusa, icono del drama de los que emigran hacia Europa. Esa visita marcó un aspecto central de su pontificado: la defensa de los migrantes. ¿Qué solución propone el Pontífice?

1. A cinco años de Lampedusa. Fue el 8 de julio de 2013, a sólo tres meses del inicio de su Pontificado, cuando el Papa visitó la isla italiana de Lampedusa, puerto por donde llegan cada día centenares de balseros a Europa y, a la vez, sitio donde mueren ahogados muchos de ellos.
En aquella ocasión, Francisco expresó que hacía esa visita para “despertar nuestras conciencias, para que lo que ha sucedido no se repita”. Para recordarlo, el reciente 6 de julio, el Papa celebró una Misa en la Basílica de San Pedro, en la que participaron migrantes y socorristas.

2. Una respuesta a medias. En la homilía de esa Misa, el Pontífice recordó que en aquel viaje hace cinco años, él se hizo eco del “perenne llamado a la humana responsabilidad”, tomado de Génesis 4: “¿Dónde está tu hermano?, la voz de su sangre grita hasta mí”. Y lamentó que las respuestas a esta llamada –aun siendo generosas– “no han sido suficientes” y, en consecuencia, “hoy nos encontramos llorando a millares de muertos”.

3. Injusticias contra los migrantes. El Papa denunció también el silencio ante las injusticias que se comenten contra los migrantes. Se trata más bien de muchos silencios: “el silencio del sentido común, el silencio del ‘siempre se ha hecho así`, el silencio del ‘nosotros’ contrapuesto al ‘vosotros’.”

Francisco, una vez más, insistió que los migrantes y los refugiados “son víctimas de esa cultura del descarte”, es decir, de una mentalidad que considera que las personas son seres desechables cuando no se les considera útiles.

También habló de la “hipocresía estéril” de quien no quiere “ensuciarse las manos”, la cual es una “tentación muy frecuente también en nuestros días”, que se traduce en “una cerrazón respecto a quienes tienen derecho, como nosotros, a la seguridad y a una condición de vida digna, y que construye muros ―reales o imaginarios― en vez de puentes”.

4. Una respuesta práctica. El Obispo de Roma repitió su propuesta práctica para ayudar a los migrantes. “Frente a los desafíos migratorios de hoy, la única respuesta sensata es la de la solidaridad y la misericordia”, dijo.

Según el Papa ésta es “una respuesta que no hace demasiados cálculos”, pero exige “una división equitativa de las responsabilidades, un análisis honesto y sincero de las alternativas y una gestión sensata”.

Se trata de “una política justa es la que se pone al servicio de la persona, de ‘todas’ las personas afectadas; que prevé soluciones adecuadas para garantizar la seguridad, el respeto de los derechos y de la dignidad de todos; que sabe mirar al bien del propio país teniendo en cuenta el de los demás países, en un mundo cada vez más interconectado”.

Epílogo. La voz del Papa, en este mundo globalizado, sigue siendo “la voz de los que no tienen voz” (frase acuñada por Juan Pablo II). La cercanía de Francisco a los migrantes es fundamental, porque los migrantes quedan en “tierra de nadie”: lejos de su patria y sin derechos en un país ajeno.
Por ahora, la voz del Pontífice es un medio importante para que la opinión pública internacional no deje a los migrantes en el olvido y para que exigir que sean respetados los derechos de quienes quedan al desamparo, lejos de su tierra, lejos de los suyos.

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¿Qué piensa el Papa sobre la mujer?

Con motivo del Día internacional de la Mujer, Francisco volvió a señalar la visión positiva que tiene la Iglesia sobre las mujeres y su papel en la sociedad. Presentamos hoy algunas de las más importantes afirmaciones del Papa sobre la mujer.

1. La mujer hace más humana a la sociedad. En días pasados, para unirse al festejo internacional sobre la mujer, el Pontífice publicó este mensaje en su cuenta de Twitter: “¡Muchas gracias a todas las mujeres que cada día tratan de construir una sociedad más humana y acogedora! (Tuit, 8 mar. 2018)

Y en una de sus meditaciones diarias en la Casa “Santa Marta”, el Papa explicó que el mundo es más bello gracias a las mujeres. Dijo que “el hombre no trae la armonía” que es la mujer “la que trae la armonía, que nos enseña a valorar, a amar con ternura, y que hace que el mundo sea una cosa hermosa”. (Homilía, 9 feb. 2017)

2. El Papa aprende de las mujeres. En libro-entrevista de Dominique Wolton, publicado en París, en septiembre de 2017, Francisco dijo que “haber mantenido siempre una relación con las mujeres me ha enriquecido”.

Explicó también que suele recurrir a la opinión de las mujeres para tomar algunas decisiones. Contó que “ya en la edad adulta he aprendido que las mujeres ven las cosas de una manera diferente a los hombres. Por este motivo, ante un decisión, ante un problema, es importante escuchar a los dos”.

3. La presencia de la mujer beneficia a la Iglesia y a la sociedad. En una asamblea para el diálogo interreligioso, celebrada en el Vaticano, el Papa habló el papel de la mujer para ayudar a una educación que lleve a la fraternidad universal.

En su intervención el Pontífice explicó que “la creciente presencia de las mujeres en la vida social, económica y política a nivel local, nacional e internacional, así como en la eclesial” es un “proceso beneficioso”.

Francisco hizo también una importante afirmación sobre el pleno derecho que tienen las mujeres “a participar activamente en todos los ámbitos” y añadió que este derecho “debe ser afirmado y protegido también a través de los instrumentos legales donde se revelen necesarios.” (Discurso, 9 jun. 2017)

4. Hacia un equilibrio. El Papa ha condenado en diversas ocasiones el machismo; sin embargo, no el Pontífice no se considera un feminista, sino que plantea un equilibrio en la reflexión sobre el varón y la mujer.

En el prólogo del libro “Diez cosas que el Papa Francisco propone a las mujeres”, editado por Publicaciones Claretianas y escrito por María Teresa Compte Grau, Doctora en Ciencias Políticas y Sociología, el Papa habló de esa visión armónica.

Francisco ahí manifestó, “siguiendo el pensamiento de mis antecesores”, que es “necesaria una renovada investigación antropológica que incorpore los nuevos progresos de la ciencia y de las actuales sensibilidades culturales para profundizar más y más no sólo en la identidad femenina, sino también en la masculina, para así mejor servir al ser humano en su conjunto”.

Epílogo. Es maravilloso ver que Francisco continúa con la misma línea de los pontífices recientes, que han visto en la mujer un don de Dios para la Iglesia y para la sociedad. Aunque desafortunadamente en muchos casos concretos vemos que las mujeres son tratadas con discriminación, es muy consolador que a nivel institucional la Iglesia promueve la dignidad y la participación de las mujeres.

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Francisco en Chile, ¿éxito o fracaso?

Francisco realizó una visita apostólica muy especial a una “Iglesia herida” por escándalos mediáticos, en la que ha disminuido la participación de los fieles. ¿Qué podía hacer el Papa para revitalizar a la Iglesia chilena?

1. Un viaje complicado. El cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado vaticano, declaró unos días antes de que el Papa Francisco comenzara su visita a Chile y Perú: “No va a ser un viaje fácil”.
Según la cadena alemana Deutsche Welle (DW), “los casos de pederastia y la incapacidad mostrada hasta ahora por la jerarquía católica para acabar con esta lacra han abierto una herida en la relación de muchos chilenos con la Iglesia”. (dw.com, 18 ene. 2018)

Otros analistas, en cambio, destacaron que la falta de entusiasmo por la visita fue generada por la política interna y por los partidos, “todos en crisis de credibilidad”, porque temían que el Papa mencionara el tema de la muy larga controversia entre Santiago y La Paz con respecto a la solicitud de esta última de una salida al Pacífico. (Vatican Insider, 3 ene. 2018)

2. Violencia contra la Iglesia. La visita del Papa generó protestas por parte de grupos laicos e indígenas, así como de víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes. El viernes 12 de enero, grupos no identificados atacaron cuatro iglesias católicas en Santiago de Chile y dejaron amenazas al papa Francisco.
Por su parte, las autoridades manifestaron su desacuerdo con los ataques. La Presidenta chilena, Michelle Bachelet, pidió que el Pontífice sea respetado, mientras que el Presidente electo, Sebastián Piñeira, pidió al pueblo recibir al Papa “con alegría y con paz”. (BBC.com, 12 ene. 2018)

3. Sintonía con la nueva generación. Fue muy llamativo que hubiera miles de jóvenes que participaron como voluntarios en la organización y desarrollo de la visita apostólica, pues antes del viaje papal los medios más bien parecían reflejar desinterés por parte de la juventud.
Francisco tuvo un evento masivo con los jóvenes, a los que se dirigió en términos muy usuales para ellos. Al hablarles de las dificultades de la vida, cuando se quedan “sin conexión” o cuando se quedan “sin batería”, les recordó cuál es “la contraseña” para conectarse Dios: hacerse la pregunta “¿qué haría Cristo en mi lugar?”

4. Por una Iglesia cercana a la gente. Un momento especial de la visita fue cuando el Papa manifestó su “dolor y la vergüenza ante el daño irreparable causado a niños por parte de los ministros de Iglesia”. Horas más tarde, el Pontífice se reunió en privado con varias de estas víctimas.
Al igual que en muchos países de mayoría católica, en Chile se suele confundir la Iglesia con la jerarquía (los obispos y sacerdotes) como si los fieles laicos no fueran parte de ella. Por eso, Francisco les recordó a los clérigos que no forman una élite, sino que ellos también son parte del santo Pueblo fiel de Dios.
El Pontífice explicó que la misión cristiana “es de toda la Iglesia y no del cura o del obispo”, y aclaró que los fieles laicos no peones, ni empleados de los sacerdotes, y que por eso no tienen que repetir como “loros” lo que dicen los miembros de la jerarquía.

Epílogo. Aunque algunos comentaristas atribuyen sólo a los obispos la lejanía entre las autoridades de la Iglesia chilena y la gente, en realidad, se trata de una crisis global de descristianización que también ha afectado a Chile.
A pesar de que algunos medios locales, basados sólo en la escaza asistencia a los eventos de Temuco e Iquique, consideran que ese viaje apostólico fue un fracaso, la aportación de Francisco a los católicos chilenos ha sido muy grande, pues les planteó una renovada visión de la relación de los obispos con los fieles y dio un nuevo impulso a los creyentes que pertenecen a la llamada generación digital.

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