Esposo quiero que seas sensato

*Juan Alberto Echeverry

Esposo quiero que seas sensato

En cuanto a ustedes, los esposos, sean comprensivos con sus esposas. Denles el honor que les corresponde, teniendo en cuenta que ellas son más delicadas y están llamadas a compartir con ustedes la vida que Dios les dará como herencia. Háganlo así para no poner estorbo a sus propias oraciones.

Sé que es difícil controlar y gobernar las pasiones, los malos hábitos y sobre todo, la mala formación que hemos arrastrado a nuestro propio hogar; pero es bien importante y necesario para el mundo entero, ser muy sensatos y sabios para elevar nuestro hogar al estatus divino.

Los frutos de este estatus, no se hacen esperar en cada uno de nosotros, en nuestros hijos y en las siguientes generaciones, con abundantes bendiciones afectivas, sociales, económicas y de salud. Faltar al respeto a tu esposa, es faltarte al respeto a ti mismo.

Ser infiel a tu esposa, es ser infiel a ti mismo y a tus hijos. Ser tacaño con tu esposa, es ser tacaño contigo mismo. Ser agresivo con tu esposa e hijos, es ser agresivo contigo mismo, pues tú y ella junto con tus hijos, son una sola carne, dignos de todo respeto y amor de Dios.

Con tu voluntad, la gracia de Dios y con la fuerza del Espíritu Santo, puedes comenzar a educar y controlar tu propia naturaleza; y para ello, es importante que hagas esfuerzos superiores. Así, además de conquistar la paz en tu hogar, tendrás vía libre para tus oraciones.

Ahora la pregunta es: ¿Esposa eres en realidad, delicada, tierna, apacible y dócil, a la cabeza del hogar que es tu esposo? Si no es así, tú también puedes comenzar a ocupar el lugar que Dios ha querido darte, para que seas exaltada y cuidada por tu esposo.

Los dos pueden y tienen la obligación, de ayudarse a entrar a la eternidad con la verdadera altura de hijos de Dios. ¡No pisoteen mutuamente la dignidad de hijos de Dios!

*Facilitador católico
Director de la FUNDACION CATÓLICA IMMAH

Mi esposo(a) me dejó 17 consejos

De cada 10 correos de consejería que se reciben, cuatro son referentes a este dolor; pero, ¿qué hacer cuando esto sucede?

*Juan Alberto Echeverry

No podemos generalizar todos los casos, pero en la gran mayoría hay unos elementos comunes que debemos tener en cuenta, así como unas acciones concretas que deberíamos hacer como creyentes:

1 Un abandono o separación siempre tiene una causa que nos debe llevar a preguntarnos con objetividad: ¿En qué fallé?

Celos, cantaleta, descuido personal, abandono del hogar, falta de comunicación, irrespeto, rutina, negación sexual, etc.

De ser así, sea que nuestra pareja regrese o no, debemos hacer un propósito firme de cambio radical para mejorar en nuestra vida.

2 Tener claro que no podemos obligar a nadie a que nos ame o esté a nuestro lado, pues el amor nunca se entrega por obligación.

3 Por ningún motivo es conveniente rogar, hacer pataleta o shows de dramáticos para que la persona regrese, eso empeora las cosas.

4 Hacer un contacto profundo con Dios y con la espiritualidad cristina católica, pues ella nos llevará a darle el verdadero orden a nuestra vida, consolando nuestro corazón y mostrándonos que sólo Dios no nos defrauda; de esta manera, recuperaremos el orden de los afectos en nuestra vida, y tendremos la madurez y la sabiduría para manejar nuestras relaciones interpersonales.

5 En caso que la separación no tenga ninguna explicación lógica, podemos comenzar un proceso de batalla espiritual con el objetivo de deshacer la obra del maligno. Esta batalla espiritual debe estar apoyada con Rosario, consagración de la pareja a la Virgen, a San José. Utilización de sacramentales como sal, agua y aceite exorcizados. Oraciones de liberación.

6 Tratar de tener una rutina edificante basada en lectura, oración, deporte, estudio, trabajo etc, que nos permita recuperar la auto estima.

7 Tratar por todos los medios que nuestra ex-pareja nos vea bien en todos los aspectos, equilibrio emocional, aspecto físico y progreso en todas las áreas.

8 Intentar con todos los esfuerzos, tener una relación pacífica y amigable con la pareja, especialmente cuando hay hijos por medio. No hay cosa que más dañe a los hijos y a la sociedad en general que las agresiones de pareja.

9 Recordar que Dios siempre quiere la salvación eterna de todos y por ello, debemos hacer oración de intercesión por la salvación de nuestra pareja.

10 Si se tiene el vínculo del sacramento del matrimonio católico, clamar el poder de ese sacramento en nuestra oración, así como pedir al ángel de la guarda de nuestra pareja, que lo(a) traiga de regreso y que le hable de la santidad de vida.

11 Estar dispuesto(a) a perdonar toda ofensa o herida del pasado, para evitar enfermar y poder tener la esperanza de una nueva oportunidad en la relación, en caso de que ella se dé.

12 No odie ni maldiga a la otra persona que se llevó a su pareja, esto empeorará las cosas y te hará perder el equilibrio y la lucidez en tus actos y palabras.

13 Por ningún motivo consulte a brujos o hechiceros que le prometan traer de regreso a su pareja, esto trae graves consecuencias.

14 En caso de prolongada y grave injusticia económica, proceda por las vías legales, sin tener que agredir o faltar a la verdad.

15 En caso de tener hijos, trate por encima de todo tener una muy buena relación con ellos y nunca les hable mal a ellos de su papá o mamá. Esto genera unas huellas imborrables. No llore, grite o hable mal con sus amigas delante de ellos.

16 No entre en el terreno de la venganza, buscando otra persona para desquitarse de su pareja, esto le hará sentirse peor de lo que está y genera huellas irreparables en su vida.

17 Rodéate de personas de oración y buenas que intercedan por tu hogar y te apoyen; no recibas consejos de cualquier persona.
Rom 12,16 Vivan en armonía unos con otros. No sean orgullosos, sino pónganse al nivel de los humildes. No presuman de sabios.
17 No paguen a nadie mal por mal. Procuren hacer lo bueno delante de todos.

18 Hasta donde dependa de ustedes, hagan cuanto puedan por vivir en paz con todos.

19 Queridos hermanos, no tomen venganza ustedes mismos, sino dejen que Dios sea quien castigue; porque la Escritura dice: “A mí me corresponde hacer justicia; yo pagaré, dice el Señor.”

20 Y también: “Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber; así harás que le arda la cara de vergüenza.”

21 No te dejes vencer por el mal. Al contrario, vence con el bien el mal.

*Facilitador católico
Director de la FUNDACION CATÓLICA IMMAH